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17/08/2004
El acto de inauguración oficial del nuevo monolito en memoria de los represaliados del franquismo en Quilós, en el municipio de Cacabelos, quedó ayer suspendido por la polémica suscitada entre el Ayuntamiento y los promotores de la iniciativa. El monumento de granito, situado en los aledaños del antiguo cementerio local, ha levantado «ampollas» durante las últimas semanas y provocó una fuerte batalla dialéctica entre el equipo de gobierno del PSOE e IU en el Ayuntamiento de Cacabelos y el colectivo que promovió el monolito. El consistorio autorizó que se erigiese pero se niega a que aparezcan nombres de víctimas del franquismo ni que refleje una frase conmemorativa a favor de «los que lucharon por la República», según explica el promotor de la iniciativa, Evangelino Fernández. Éste criticó, ayer, duramente la actitud del equipo de gobierno y asegura que luchará para que el monumento pueda ser inaugurado.  Varias incógnitas sobre la muerte de Federico García Lorca, como la fecha exacta en la que fue fusilado o si se le torturó antes de su ejecución, planean aún sobre la figura del poeta y dramaturgo granadino al cumplirse el 68 aniversario de su asesinato. En declaraciones realizadas, Eduardo Castro, periodista de TVE y autor de varios libros de investigación sobe la muerte de Lorca, explicó que, aunque oficialmente se ha aceptado el 18 de agosto como la fecha de su muerte, "no existe unanimidad a la hora de determinar cuándo murió Federico, ya que algunas versiones apuntan a que fue la noche del 18 al 19 (de agosto de 1936), mientras que otras aseguran que tuvo lugar en la madrugada del 17 al 18". "Mi teoría, al igual que la primera expuesta por Ian Gibson, es que ocurrió en la madrugada del 19", explicó el autor de los libros "Muerte en Granada. La Tragedia de Federico" (Madrid, 1975), "Versos para Federico" (Murcia, 1986 y Granada, 1998) y a su vez miembro de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). Otros de los aspectos sin resolver es si fue torturado antes de ser fusilado, o de si los cuatro que se suponen enterrados en el barranco de Víznar -Joaquín Arcollas, Francisco Galadí, Dióscoro Galindo y Federico García Lorca- fueron sepultados juntos o, por el contrario, como sostiene otra teoría, de dos en dos -Arcollas y Galadí en una y Galindo y Lorca en otra-. En este último caso "la identificación de los restos de Federico sería facilísima, no haría falta ni recurrir al ADN, porque Dióscoro Galindo, el maestro vallisoletano, era cojo, así que bastaría con identificar cuál de los dos lo era", apuntó el periodista, quien añadió que se trata de "incógnitas que no serán resueltas hasta que se exhumen sus restos". Castro consideró "legítimas" las dos posturas enfrentadas en la actualidad por la posibilidad de que los restos de García Lorca vean la luz, después de que familiares de Galindo y Galadí solicitaran la exhumación de ambos cuerpos el pasado 16 de julio. "Hay que tener en cuenta que quienes piden la exhumación de la fosa son dos familias, mientras que a ella se opone una sola, la de Federico García Lorca", apuntó el escritor, quien consideró que "lo que no podemos permitir es que el apellido de una familia se anteponga al derecho de dos". A pesar de la oposición de sus familiares, Castro no descartó, incluso, que los restos de Lorca sean analizados si finalmente ven la luz. "Será finalmente un juez quien habrá de decidir qué debe estar por encima, si los deseos de una familia particular o la constatación de una verdad histórica", apuntó. A juicio del escritor, la oposición de los familiares de Lorca a que sus restos vean la luz no reside tanto en su rechazo a que se investiguen las circunstancias que rodearon su muerte como en "el miedo que tienen a que su exhumación se convierta en un circo mediático". "Nosotros les hemos garantizado que esto no va a ocurrir" apuntó Castro, quien subrayó que la exhumación, de llevarse a cabo, estaría en manos de expertos de reconocido prestigio internacional, entre ellos científicos de la Universidad de Granada, "lo que avala la seriedad de esta investigación".  Un total de 12 voluntarios han trabajado durante 15 días para recuperar un campamento militar republicano en Pujalt (Barcelona) en el que han descubierto restos de tiendas de estilo suizo, munición, un nido de ametralladoras, la zona del cuerpo de guardia y material cotidiano de los soldados. Los trabajos, que finalizaron hoy, sirven para recuperar el centro de instrucción militar que el ejército popular de la Segunda República tenía en Pujalt. El coordinador del grupo, Pere Tardà, explicó que las tareas han servido para delimitar la estructura, acondicionar la evacuación de aguas fluviales y los accesos, así como recuperar la estructura que los sustentaba y el muro de contención, según informó hoy el diario comarcal 'Regió 7'. Los voluntarios intervinieron en tres tiendas y todavía quedan diez tiendas más que tendrán que limpiarse en próximas ediciones del campo de trabajo. En cada tienda dormían entre 20 y 25 personas y en su interior, se recuperaron objetos que formaban parte del día a día de los soldados. Tardà detalló que, entre otras cosas, encontraron munición, latas de conserva, un vaso de aluminio, un botón y piquetas de hierro para sujetar lonas. Estos restos se suman a los que ya se encontraron en la primera semana del campo, cuando actuaron en el emplazamiento de un nido de ametralladoras y una trinchera de 30 metros de largo que conducía a un espacio en el que dos soldados hacían guardia de forma permanente. Aquí también encontraron munición y una lata de sardinas de aluminio de Noruega. Según las previsiones, en la próxima edición del campo se intervendrá en otro nido de ametralladoras y, posteriormente, se habilitará un museo. El Ayuntamiento de Pujalt se hace cargo de los costes y la organización cuenta con la colaboración del Servicio Civil Internacional y de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Francia olvida a los veteranos españoles que la ayudaron a vencer al Ejército alemán de ocupación. El catalán Luis Royo es el único superviviente de la liberación de París. Los republicanos españoles, los grandes olvidados de los fastos del 60° aniversario del desembarco aliado en Normandía --donde estuvieron representadas todas las naciones implicadas en la lucha contra Hitler, incluida Rusia-- brillan hoy de nuevo por su ausencia en la conmemoración del desembarco en Provenza, el 15 de agosto de 1944. Francia sigue recuperando la memoria histórica con un homenaje a los antiguos combatientes africanos y magrebís, pero persiste en ignorar los miles de españoles que se batieron también "en combate por la libertad". Oficialmente, la ausencia de referencia a los combatientes españoles se debe a que "la España franquista de la época no estaba representada en tanto que tal", explica un portavoz del Elíseo. Es cierto que entre los 230.000 soldados del Ejército de África, 100.000 eran indígenas de las antiguas colonias francesas y el resto franceses y voluntarios de diversas nacionalidades. Pero, como explica el comandante Raymond Dronne, que tuvo bajo su mando La Nueve (novena compañía) de la 2ª División Blindada del general Leclerc, "los españoles, refugiados recientes de la guerra civil, y franceses de origen español instalados durante generaciones en el sur de Francia y Argelia, desempeñaron un papel importante en la lucha de Francia de 1939 a 1945". La División Leclerc Se calcula que unos 3.500 españoles lucharon con las fuerzas francesas libres y que entre 8.000 y 10.000 lo hicieron en la Resistencia. Combatieron contra el fascismo y por la libertad "en los ejércitos regulares y en las guerrillas, y honraron a su país España, a la España de todos los tiempos y regímenes", subraya Dronne. Estuvieron en todos los frentes, de Noruega a Túnez, de Normandía a París y de Estrasburgo a Berchtesgaden (el nido de águilas de Hitler). A pesar del olvido de la historia oficial, hay testimonios que relatan, por ejemplo, la sorpresa de los parisinos ante la llegada de los primeros blindados aliados con nombres como Guadalajara, Teruel, Guernica y Madrid. Aquellos soldados supuestamente franceses vestidos con uniformes americanos "chapurreaban la lengua de Molière porque eran los republicanos españoles de la División Leclerc", escribe en sus memorias Leo Hamon, miembro del Consejo Nacional de la Resistencia. Un catalán, Luis Royo, es el último superviviente de la avanzadilla que entró en París. "Sólo quedo yo, pero estoy en forma y dispuesto a dar guerra para rato", asegura. Herido en el pecho el 19 de setiembre de 1944, Royo acabó su campaña en Estrasburgo y fue trasladado a París, donde vive todavía. Su pequeño apartamento está situado cerca de la carretera por la que entró en la capital al volante del blindado Madrid. "Le dimos ese nombre por lo de la batalla de Madrid, aunque éramos catalanes", explica Royo. "Nací en Barcelona. Tenía 17 años cuando me fui a la guerra, a la División 60ª. Me hicieron cabo porque sabía leer y escribir. Entré en combate en la ofensiva de Balaguer. Fue un fracaso porque no teníamos medios. No se puede luchar con escobas contra cañones..." La historia de Royo es la de muchos soldados republicanos. "Estuvimos en el Ebro, reemplazamos a los internacionales en Tortosa y después de la retirada pasé la frontera con seis compañeros". En Francia fue internado en el campo de Adge y salió de allí gracias a unos familiares lejanos que le dieron trabajo. Cuando París firmó el armisticio, para no ser detenido se enroló en la Legión, con la que tuvo que luchar contra los norteamericanos en África, pero en cuanto pudo desertó con otros compañeros y se pasaron a las tropas aliadas. Luego los devolvieron a Argelia, donde entraron en la División Leclerc, e hizo el resto de la guerra con La Nueve. Banderas para el entierro En su baúl de los recuerdos conserva una foto: la del general Leclerc en el arco del Triunfo y él en tercer o cuarto plano; más de medio metro de bandera republicana y una cinta con las cuatro barras: "quiero que me entierren con ellas, por eso las tengo siempre a mano", explica. Luis vive estos días un momento muy dulce y muy excitante. La Alcaldía de París que dirige el socialista Bertrand Delanoë ha decidido reparar en parte el olvido y agradecer a La Nueve su participación en la liberación de la capital con una placa que será inaugurada en el muelle Henri IV en presencia de numerosas personalidades francesas y españolas, así como de los últimos supervivientes de la mítica compañía de Dronne. MONTSE CAPDEVILA El Periódico de Catalunya  La subdelegada del Gobierno en Burgos, Berta Tricio, no ha garantizado que el Gobierno central vaya a sufragar los gastos de exhumación de las fosas comunes de los fusilados durante la Guerra Civil española. Tricio ha explicado que antes de tomar cualquier tipo de medida hay que valorar la situación de las fosas y de las familias afectadas a través del estudio que llevará a cabo una comisión integrada por varios ministerios y asociaciones. La subdelegada del Gobierno en Burgos ha realizado estas declaraciones en su visita a la exhumación de la fosa común de La Lobera de Aranda de Duero donde se hanrecuperado hasta el momento 37 cuerpos. El equipo científico de la Universidad de Burgos que lleva a cabo la exhumación de la fosa desde el día 26 de julio explicó a Tricio las características del enterramiento. El director del proyecto, Ignacio Fernández de Mata, ha indicado que todos los cuerpos pertenecen a varones, con edades comprendidas entre los 16 y 50 años. No todos fueron enterrados al mismo tiempo y los trabajos de investigación indican que los enterramientos se realizaron por tandas, de manera que hay dos niveles de cuerpos en la fosa de 30 metros de longitud. En la primera fase se han recuperado los cuerpos del primer nivel y mañana comenzará la exhumación del segundo nivel, donde no se tiene constancia de los cuerpos que puede haber enterrados. La identificación de los cuerpos va a ser prácticamente imposible, porque sería necesario practicar las pruebas de ADN. La exhumación se completará con el estudio de las fuentes documentales y orales que aportan los familiares que han reclamado los cuerpos. La fosa de La Lobera ha permanecido abierta para los familiares, quienes recibieron explicaciones por parte de los profesionales de la Universidad de Burgos. El equipo científico está formado por especialistas en antropología social, arqueología, historia contemporánea y antropología forense. Felipe González tuvo la ocasión, en los años 80, de honrar la memoria de la guerra civil española, acaecida 50 años antes, pero no lo hizo porque la prioridad era "que España funcionara". Luego lo lamentó, como confiesa a Juan Luis Cebrián en El futuro no es lo que era , cuando dice sentirse "responsable en parte de la pérdida de nuestra memoria histórica".
A su amigo Helmut Kohl, a la sazón jefe de Gobierno de la República Federal Alemana, le ocurrió la misma amnesia cuando le sorprendió el medio siglo de la segunda guerra mundial, en los años 90, digiriendo la reunificación alemana, que era la prioridad política. La gravedad de ese olvido queda bien patente cuando la fecha del 8 de noviembre, que hasta la caída del muro en 1989 era recordada como "la noche de los cristales rotos", pasó a ser celebrada como el día del asalto popular al muro de la vergüenza.
Pero lo que los alemanes no hicieron cuando tocaba --los 50 años de cualquier acontecimiento no suelen pasar en vano-- lo están haciendo ahora, al cumplirse los 60: enfrentarse a la parte más dolorosa de su propio pasado. Para entender lo que significa para el pueblo alemán la memoria conviene tener presente la diferencia entre historia y memoria. La historia es un asunto del conocimiento, mientras que la memoria es una actitud moral. Libros alemanes de historia sobre lo ocurrido en Europa en esos 31 años que van de 1914 a 1945 --lo que el historiador Eric Hobsbawm llama la "era de la catástrofe"-- hay muchos y bien podemos decir que lo sabemos todo. La memoria, sin embargo, es un gesto moral que se encierra en dos palabras: duelo y deuda.
El duelo consiste en volver la mirada a la barbarie y fijar la mirada en las víctimas y sus herederos. Es lo que ha hecho Gerhard Schröder yendo hasta Varsovia para confesar públicamente la vergüenza de los alemanes actuales ante los polacos por la destrucción de su ciudad por los nazis, ante la pasividad, por cierto, del Ejército soviético. Willy Brandt ya se había humillado ante las víctimas del gueto de Varsovia, pero faltaba honrar a las víctimas polacas. Duelo igualmente por los generales autores de un atentado fallido el 20 de julio de 1944 y por un puñado de militares y civiles --entre ellos el famoso teólogo protestante Dietrich Bonhöffer-- que intentaron sin suerte un golpe de Estado en marzo de 1943 y fueron ahorcados unas semanas antes del final de la guerra. Esas víctimas no fueron traidores sino servidores de una eminente conciencia cívica.
Las víctimas no tienen colores políticos. Lo propio de la víctima es que es inocente y hay inocentes en todos los campos de batalla. Uno de los aspectos más reseñables que nos traen estos 60 años de distancia es el de haber abierto la mirada compasiva hacia las víctimas alemanas causadas por los vencedores en general y por el Ejército soviético en particular. Los sevicias que se cometieron contra alemanes de los Sudetes, por ejemplo, una vez acabada la guerra, están a la altura de las torturas en los campos de exterminio judío, como narra alguien tan poco sospechoso como el intelectual y dirigente socialista Peter Glotz. Duelo pues también por esas víctimas y con sus feudos en nombre de la justicia.
La deuda completa el duelo al reconocer la vigencia de la injusticia cometida a esas víctimas. La democracia posterior, la que hoy disfruta la sociedad alemana, tiene una deuda con estos compatriotas que arriesgaron su vida para acabar con la de Hitler. Es una deuda que no admite pago equivalente --¡habría que devolverles la vida!--, pero que tiene sentido si las generaciones posteriores se sienten deudores de esos gestos extremos y establecen una relación entre la democracia actual y la decisión de los Stauffenberg o Bonhöffer de poner fin al hitlerismo. Sólo entonces, sólo tras el ejercicio colectivo de duelo y deuda podemos convertir la memoria de la barbarie nazi en el mejor antídoto contra nuevas formas de opresión.
¿Y España? Tenemos por delante duelo y deuda con las víctimas de la guerra civil de la que hay mucha historia y poca memoria.
Cuando Felipe González confesaba su responsabilidad por la amnesia colectiva respecto de nuestro pasado más doloroso, pensaba en el daño que ese olvido infligía a los jóvenes: pueden crecer y vivir y hasta ser un día responsables políticos "sin que (el pasado) les conmueva porque ni siquiera conocen lo que ocurrió". Se les priva del antídoto más eficaz contra el peligro de repetición de la barbarie. Creerán que la democracia es un producto tan natural como las setas o hasta una emanación biológica de la dictadura. Les habremos privado de la gran lección moral que se desprende de la historia europea del siglo XX: que quien olvida la catástrofe está condenado a repetirla. Alemania, el país del hitlerismo, es consciente de esa lección y los españoles no deberíamos olvidar que nuestra guerra civil es una clave mayor de esa "era de la barbarie".
REYES MATE Diario de Córdoba
19/08/2004
El alcalde socialista encargó al dramaturgo francoargentino Jerome Savary la puesta en escena. Los festejos comenzarán formalmente hoy. Los legendarios tanques Sherman volverán a rodar por las calles y el día 25, se escuchará otra vez el emocionante discurso de Charles de Gaulle. Bertrand Delanoe, el alcalde socialista de París, encargó al dramaturgo francoargentino Jerome Savary una gigantesca puesta en escena para celebrar el 60 aniversario de la liberación de la ciudad de la ocupación nazi. Los festejos, de los que participarán casi 2.000 artistas y voluntarios, comenzarán formalmente hoy, fecha del inicio de la insurrección por parte de las Fuerzas Francesas del Interior. En el acto de apertura, la cantante lírica Mireille Mathieu interpretará La Marsellesa, tras lo cual recorrerán las calles 116 vehículos militares, entre ellos los legendarios tanques Sherman. Dentro de las actividades previstas también sobresalen un desfile de automóviles de época provistos por coleccionistas, la repetición del discurso que el general Charles De Gaulle ofreció el día de la liberación -el 25 de agosto de 1944-, y una suelta de palomas blancas. PRESENCIA ARGENTINA Savary, director de la Opera Comique, montará la "escenografía" de la conmemoración. Así, por ejemplo, recreará las dos columnas de soldados que ingresaron a París, una estadounidense y la otra francesa, para lo cual contará con actores que atravesarán de sur a norte la ciudad, protagonizando pequeñas historias de 3 minutos. "Estoy a cargo de la ceremonia no-oficial, que será más emotiva y focalizada en algunos datos que no son bien conocidos por la mayoría del público", explicó. Uno de esos datos es "el contenido internacionalista" de la insurrección, reflejada en la numerosa presencia de efectivos españoles en las tropas que combatieron a las huestes de Hitler en la capital gala. "Durante la investigación que realicé para este espectáculo, descubrí que el 80 por ciento de los efectivos de la 9x compañía de la división que comandaba el general Leclerc, eran republicanos españoles", aseveró este artista, afincado en Francia desde su niñez. En ese contexto, decidió dedicarle un homenaje especial a los españoles antifascistas que integraban la columna del capitán Raymond Dronne: la actriz argentina radicada en Francia, Sandra Rumolino, leerá fragmentos del diario íntimo de una miembro de la resistencia, Isabel Romero, famosa por capturar a 13 uniformados alemanes. Además, el guitarrista español Paco Ibañez interpretará una canción republicana. La celebración terminará con un espectáculo en la Bastilla, donde habrá un baile popular "con mucho swing y boogie boogie". Diario la Prensa Digital
20/08/2004
 El diagnóstico de amnesia a esclerosis múltiple es aplicable sólo a esos jóvenes fervorosos por consumir,que desprecian a nuestros mayores: esos sabios consejeros. Como alumno de Bachillerato en los años 70, me engañaron en la asignatura de Historia española, y como yo, supongo que la mayoría de los que estudiaron en esa época: las escuelas nos presentaron un modelo de transición ejemplar y exportable a países como Chile, donde parece que también se lo creyeron. Nos enseñaron que pasamos de una dictablanda -término costoso de aclarar- a una democracia, con unas figuras políticas -por ejemplo Suárez- a las que el pueblo debía de estar agradecido, por evitar derramamientos de sangre. La jubilación de los escuadrones de la muerte -como la triple A o el batallón vasco- no fué tarea fácil. ¿Una soterrada ley de punto final? Aparentemente, resulta incomprensible el paso de una dictadura a una democracia sólo mediante diálogo y buenas mañas -haría falta ser un mago con un buen conejo de la suerte para que todo salga bien- y es que cuando analizas con un poco de profundidad te enteras de que no cuadran las cuentas. La estampida de artistas como Picasso o Buñuel, Miguel Hernández en prisión, el corredera, el asesinato de García Lorca son sólo los casos más conocidos. La clandestinidad -un partido comunista de siniestra trayectoria como revela el papel que desempeñaron en esos años y cuya legalización implicó muchas más cosas-, Intelectuales rumbo a México o la Argentina, claro indicativo de las cabezas pensantes que pasaron a gobernar el país, que siguen ejerciendo su influencia, lo cual explica la trayectoria actual de la cultura, de la política, de las relaciones humanas... En los caminos de la historia hay paralelismos que son inevitables; ¿Tendrá la historia de España aspectos en común con la operación cóndor en el cono sur latinoamericano? Quizás el miedo, el uso del terror y los silencios pactados; los juicios sumariales sin garantías legales, el secuestro de obreros sindicales en horas de madrugada. Un patrimonio que va cambiando de dueño de la noche a la mañana, sin respeto a la sacrosanta propiedad privada. Campos de concentración como el de Gando o las Isletas, ambos en la isla de Gran Canaria, con fotos que son testimonios evidentes. Si en Chile eran lanzados desde un avión militar, en Gran Canaria eran empujados por un desfiladero, incluído un experto en lucha canaria que arrastró consigo al militar que lo empujaba a golpe de bayoneta: anécdota popular que sólo los viejos cuentan. Este desfiladero tiene por nombre la cima de Jinámar, y todavía algunos mayores recuerda,pero enseguida se les inundan los ojos de lágrimas. Tortugas de caparazón duro que no hablan mucho, algunos tampoco olvidan. Te los puedes encontrar en cualquier pueblo. El silencio pactado de las fosas comunes que ahora se empiezan a destapar revela la otra historia,la de una matanza de perfil ideológico. El contraargumento de que en una guerra tanto mataron falangistas como republicanos, todos por igual, -colorín colorado y corremos el telón apresuradamente- es un contraargumento falso. Si recuperamos la memoria histórica nos percatamos de que en 1936 triunfó el Frente popular; una coalición de centro izquierda, con iniciativas legislativas como las de proclamar un estado laico, una reforma militar y una reforma agraria. Altos oficiales del ejército, potentados terratenientes, y un sector de la burguesía financiera, con la venia de la Iglesia, están dispuestos a defender sus intereses a como dé lugar, iniciando el golpe militar de julio 1936, con una represión meticulosamente planeada. Refrescando la memoria nos encontramos con que quienes inician la guerra, creando caos y desorden, son esas fuerzas militares, aliadas con sectores de la burguesía, con el beneplácito de la Iglesia Católica, frente a un gobierno Republicano elegido por el pueblo, cuyas medidas no favorecían los intereses de estos sectores. Cada vez que se toman medidas populares, buscando atender las necesidades de la mayoría, la sospecha de derrocamiento está presente. Esclareciendo: nos encontramos con otra historia muy diferente de la que nos contaron en las escuelas. Isidro Espinosa Rebelión El Ayuntamiento de Albacete ha cambiado numerosos nombres franquistas. Aún quedan diversos restos de la memoria del régimen anterior.Mientras en países como Alemania tanto los restos de la dictadura de Hitler como su memoria han sido prácticamente borrados de las calles y libros de historia y su recuerdo sólo permanece en la cabeza de grupos alienados, tipo skin-heads, España, y por supuesto Albacete, está plagada, todavía de restos del negro periodo de la dictadura franquista. Restos que permanecen en, por ejemplo, nombres de calles y barrios dedicados a militares, civiles y alcaldes y concejales franquistas, iglesias, placas inaugurales o conmemorativas de instituciones públicas, monumentos, lápidas y vidrieras, estas últimas en lugares como los edificios de Hacienda y la ahora cerrada sede del Banco de España en Albacete. Ya en marzo de 2002 el actual regidor albaceteño, Manuel Pérez, se interesó por conocer los aspectos históricos correspondientes a un determinado número de calles de al ciudad. Encargo que llevó a cabo por el Instituto de Estudios Albacetenses Don Juan Manuel que remitió una documentación en la que detallaba la relación de algunos nombres de calles y travesías con hechos referidos a la Guerra Civil y más en concreto con el bando que a la postre resultó vencedor en la contienda. Estudio Entre las denominaciones citadas y encontradas por el IEA entonces y a las que se les cambió el nombre después del acuerdo plenario tomado en abril de 2003 se encontraban: Alcázar de Toledo (hoy Juan Guspi), Defensores de Simancas (Antigona), Batalla del Ebro (Albasit), De la Cruzada (De la Luna), Capitán Cortés (Paseo de la Circunvalación) y Teniente Rueda, Capitan Escario Bosch (Pozo de la Nieve), Capitán Gómez Descalzo (Alarcón), Capitán Martínez García (Desengaño), Capitán Rodríguez Cubas (Amparo), Comandante Molina (Mariana Pineda), Comandante Padilla (De la Estrella), Unificación, Liberación, Comandante Vargas María Moliner), General Mola (El Depósito en Albacete y Del Sol en Argamasón), José Antonio (Juan Ramón Colmenero Navarro en Albacete y Las Vïñas en Argamasón), Plaza de José Antonio (Plaza de ala Iglesia en Argamasón), Millán Astray (La Unión, en Santa Ana), Pilar Primo de Rivera (El Pilar, en Santa Ana), Caudillo/Generalísimo (Plaza de la Constitución y Calle Rommel Fernández, en Tinajeros), Moscardó (hoy Albacete, en Tinajeros) y General Sanjurjo (Doña Nati, en Tinajeros), La Cruzada ( La Fragua, en Aguas Nuevas), Plaza del Caudillo (Plaza de la Constitución). De las citadas, al menos dos, según el callejero que el Ayuntamiento de Albacete permite consultar en su página en Internet (www.amialbacete.com) permanecen en la actualidad: Teniente Rueda, quien acompañó al Capitán Cortés en el Santuario de Santa María de la Cabeza y Unificación, que recuerda la fusión de los dos grandes núcleos políticos e ideológicos, adheridos al alzamiento militar (falangistas y carlistas), disolviendo los demás partidos políticos y sindicatos. Entre los nombres de los barrios con reminiscencias franquistas permanecen los de Pedro Lamata y Hermanos Falcó, además de algún grupo de viviendas. Además de las denominaciones de calles, otros símbolos permanecen en la ciudad, aunque estos son más difíciles de retirar puesto que la Ley 33/1981 de 5 de octubre advierte, en su disposición transitoria segunda de que: «Se mantendrán los escudos existentes en aquellos edificios declarados monumentos histórico-artísticos» y «en aquellos monumentos, edificios o construcciones de cuya ornamentación formen parte sustancial o cuya estructura pudiera quedar dañada al separar los escudos». Aquí cabría citar los escudos que conservan el Palacio de Justicia y la delegación de Hacienda, las placas del Instituto Nacional de la Vivienda con el yugo y las flechas que todavía conservan algunos edificios, la Cruz de los Caídos en el Parque de Abelardo Sánchez, una lápida que se encuentra en el interior del Casino Primitivo, o las vidrieras antes citadas de Hacienda y el Banco de España, además del desmontado monumento a la División Azul que se encontraba en la Plaza del Caudillo, hoy de la Constitución. AGUSTÍN VICO La Verdad Digital Se llama Juan José Menéndez García. Nació en Ciaño (Langreo) y es ingeniero técnico industrial y abogado. Como tantos otros asturianos de las comarcas centrales, lleva ya un tiempo jubilado de la minería. Al pasar a disponer de todo su tiempo, decidió dedicarse a escribir y acaba de terminar la primera biografía del general José Miaja, un ovetense nacido en la antigua y céntrica calle de Las Dueñas que defendió Madrid durante tres años frente al ejército franquista y que se convirtió en una figura militar mítica durante la guerra civil española. Juan José Menéndez García, que es vecino de Oviedo, sumará con este estudio el cuarto libro de su carrera. Dos han visto ya la luz --las biografías de los socialistas Belarmino Tomás y Ramón González Peña-- y el tercero, la vida de Pura Tomás, que fuera concejal del Ayuntamiento de Oviedo, está en trámite de entrar en imprenta, de donde saldrá con un prólogo doble de Felipe González y José Angel Fernández Villa. -- Quién fue el general Miaja? --El general José Miaja nació en Oviedo y fue, sobre todo, un republicano. Como militar, quizás su trayectoria no fue muy brillante pero pasó a la historia por la defensa de Madrid durante la guerra civil, con una actuación casi imposible de llevar a cabo desde el bando republicano, cercado como estuvo desde el inicio por las tropas franquistas. Incluso el gobierno legítimo que presidía Largo Caballero se marchó a Valencia, dejando a la capital de España en manos de Miaja, un general que estaba un tanto desprestigiado, sin mucha esperanza respecto a que pudiera aguantar mucho tiempo, pensando que en dos o tres días, o en una semana a lo más, Madrid caería en poder del ejército de Franco. Sin embargo, no sólo Miaja no entregó Madrid en un pispás, como creía el Gobierno republicano, sino que la defendió durante tres años. -- Miaja tiene descendientes en la actualidad? --Sí, el general después de exiliarse, como tantos otros en aquella época, se fue para México, tras pasar por Francia y Cuba, donde le ayuda mucho, por cierto, el dictador Batista, hasta que Lázaro Cárdenas le invitó a trasladarse a México donde se instaló con su familia. En la actualidad quedan hijos y sobrinos en México. Incluso una sobrina vive actualmente en Madrid. --Para las biografías que viene publicando de destacados socialistas asturianos siempre busca prologuistas de pegada. En esta ocasión, en quién ha pensado? --Quizás le sorprenda pero he pensado en pedírselo a Gabino de Lorenzo, alcalde de Oviedo. Primero porque José Miaja es ovetense y segundo porque un prólogo sobre su figura escrito por Gabino de Lorenzo creo que le daría al libro un tono de imparcialidad, y no porque sea el alcalde del PP, sino porque a estas alturas un general ovetense es una figura de nuestra historia moderna y unas frases del alcalde de la capital darían, insisto, un toque muy interesante al libro. Para mí sería un honor y una satisfacción que lo hiciera. --He oído que a la familia de Miaja le gustaría que una calle en Oviedo llevara el nombre del general, es así? --Sí, creo que es hasta un poco obsesión. Tuvo un sobrino que también fue militar y estuvo de ayudante de él y que hace años escribió un libro en el que sólo narra los años del exilio; este sobrino, al que no conozco personalmente pero que es muy amigo de Urcesino y de Belarmino Tomás, que también vive en México, con el que me une una gran amistad, siempre está tratando, como sobrino de Miaja, de que se acuerden del general en su ciudad natal y le pongan su nombre a una calle. -- Cuáles fueron los primeros pasos de Miaja? --Vivió toda su infancia en Oviedo hasta que fue a la academia militar. Curiosamente su primer destino fue también en Oviedo, en el cuartel de Santa Clara; posteriormente, en periodos cortos, volvería con otros destinos a su ciudad natal. Su padre y su madre eran también ovetenses. El padre era un maestro armero de la fábrica de armas de Oviedo, aunque había nacido en Trubia. -- Cuándo muere? --Ya tenía casi ochenta años; fallece en el año 1958 en México donde está enterrado en el cementerio español, como tantos otros. -- Cuánto tiempo empleó en la realización de esta biografía? --Un año. Me entrevisté con la sobrina en Madrid y trabajé en documentos que el sobrino donó al Archivo de Indianos en Colombres. Desde luego lo más difícil fue el inicio; esos años fueron muy complicados de investigar. Tuve la suerte de que la partida de nacimiento está en el Registro Civil de Oviedo. A partir de ella, tirando del hilo, fui consultando una documentación muy amplia hasta finalizar hace unos días el libro. También me facilitó datos muy interesantes el padre Patac al que llegué a conocer personalmente poco antes de morir. -- Qué rasgo destacaría en la personalidad del general Miaja? --Le llamaban Pepe el tranquilo . Así que es lo que era, fundamentalmente tranquilo en situaciones muy difíciles como las que vivió en la defensa de Madrid. El libro llevará un título muy simple: El general Miaja, el asturiano que defendió Madrid . JOSE VARONA La Voz de Asturias El acto de conmemoración del LXVIII aniversario del fusilamiento de Blas Infante por tropas franquistas, en la Huerta de las Clarisas del kilómetro 4 de la carretera de Sevilla a Carmona, después de haber sido detenido el día 2 de agosto de 1936 en su propia casa, se convirtió esa tarde en una reivindicación de la nacionalidad andaluza. El homenaje, que comenzó a las 20.30 horas, con la izada de la bandera de Andalucía bajo los acordes del himno de la comunidad y con una ofrenda floral de todas las autoridades y diversas entidades, en el monumento dedicado al Padre de la Patria Andaluza, fue presentado por el dramaturgo Salvador Távora, que comenzó indicando que Blas Infante "sigue siendo un sueño" y que sus palabras "nos suenan más a utopía, lo que indica que estamos a menos de la mitad del camino para conseguir el sueño de don Blas". Del mismo modo, indicó que "andamos despacio, aburguesados, acomodados y resignados por la situación que vivimos y no debe ser así" y lamentó que la mayoría de los andaluces "muestran su indiferencia" a actos como éste. Távora, miembro de la Fundación Blas Infante, dijo que la Comunidad Autónoma "parece no querer andar por el camino de la muerte de Infante y que la Constitución española les brinda" y que el nombre del Padre de la Patria "no puede quedarse en calles o plazas como un sueño realizado", por lo que expuso que "todos debemos tener un compromiso con el sueño", porque toda participación "es positiva". En este sentido, afirmó que "se puede matar a un hombre, pero no una idea, algo que debemos tener presente si queremos llevar a cabo el sueño utópico de Infante, pero posible si se desea" y que esperaba que este acto fuese el punto de partida para hacer de Andalucía "un país, una nación o una región sin privilegios", pero sin renunciar a sus singularidades, con respecto al resto de las comunidades españolas. Posteriormente, intervino la presidenta de la Fundación Blas Infante e hija del Padre de la Patria Andaluza, María de los Angeles Infante, que comenzó dando la bienvenida a estos actos a la presidenta del Parlamento andaluz, María del Mar Moreno, y mostrando "un recuerdo muy cariñoso" para el presidente de la Junta, Manuel Chaves, que no asistió al acto, recordó la reunión mantenida en Casares (Málaga) el 11 de agosto de 1979 en la que se manifestó que el Gobierno andaluz "hacía suyo el legado" de su padre y en la que se apuntó la necesidad de trabajar por conseguir el Estatuto de Autonomía. ANDALUCIA COMO NACIONALIDAD Infante aseveró que "uno no puede venir aquí sin reivindicar el 28 de febrero", momento en que Andalucía "conquistó" el rango de Autonomía, exponiendo que la Constitución española "garantiza la autonomía para las comunidades, sin especificar ningún nombre" y afirmando que en ella la región andaluza "debería figurar como la nacionalidad que es". Por su parte, la presidenta del Parlamento andaluz, María del Mar Moreno, pidió a los distintos partidos políticos andaluces que no se aborde la reforma del Estatuto de Autonomía de Andalucía "desde posturas inamovibles ni desde posiciones indiscutibles". En su intervención, Moreno expuso que todos los años se recuerda la obra de Infante, con la que "ensalzamos esa Andalucía que todos queremos", que "se autogobierna sin más proa que el bienestar de los andaluces" y que, "entre todos, debemos hacer más irradiadora de luz"; y afirmó que "el proyecto andaluz" requiere todos los días del acuerdo de los andaluces "de todos los campos y partidos". Así, se refirió al proceso de reforma del Estatuto de Autonomía, recordando que ya se ha constituido en la Cámara andaluza "la ponencia plural" que la impulsará "en un contexto nacional en el que otros territorios de España también plantearán sus nuevos horizontes de autogobierno"; destacó que los grupos parlamentarios "tienen una cita importante con el futuro" de Andalucía; y sostuvo que "no se defiende mejor el futuro desde posturas inamovibles ni desde posiciones indiscutibles". Por el contrario, dijo que la Comunidad Autónoma necesita de la "fortaleza del diálogo político y social" y de la "musculatura de la concordia para llevar al espacio de discusión nacional una posición sólida y sin fisuras con la que se identifiquen el conjunto de los andaluces". El acto, en el que militantes de IU protestaron por la "terrible" deuda de los ayuntamientos, después de mantener un encierro en la sede del Parlamento andaluz por la mañana, finalizó nuevamente con el himno de Andalucía. ASISTENTES A la conmemoración de este LXVIII aniversario de la muerte de Blas Infante asistieron los consejeros de la Presidencia y Gobernación de la Junta, Gaspar Zarrías y Evangelina Naranjo, respectivamente; el subdelegado del Gobierno en Sevilla, Faustino Valdés; y el Defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo. Asimismo, entre los asistentes se encontraron el presidente, la vicepresidenta, el secretario general y el coordinador general del PP-A, Javier Arenas, Teófila Martínez, Juan Ignacio Zoido y Antonio Sanz, respectivamente; el secretario general del PA, Antonio Ortega; el coordinador general de IU en Andalucía, Diego Valderas, junto a la portavoz del grupo parlamentario de IU, Concha Caballero, y el diputado Antonio Romero; y el portavoz del PSOE en el Parlamento de Andalucía, José Caballos. También acudieron al acto el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín; el portavoz del PP y el portavoz adjunto de IU en el Ayuntamiento hispalense, Jaime Raynaud y Antonio Rodrigo Torrijos, respectivamente; y el diputado socialista en la Diputación Provincial de Sevilla, Jesús Téllez, entre otros. Canal SueWeb
21/08/2004
El nieto del Dictador español, Francisco Franco Bahamonde y las tramas del juego en España...Muller, quien también fue acusado, dejó su puesto en la Dirección Estatal de Juegos en agosto del año pasado. "En ese momento fue cuando las luces rojas se encendieron", dijo la portavoz de la Dirección Estatal de Juegos, Christa Severns. "Sabíamos que era éticamente incorrecto, pero necesitábamos probar que también era ilegal". La licencia de la compañía fue suspendida desde el incidente y se ordenó una revisión del caso, explicó la funcionaria. Severns expresó que la compañía tenía pendientes solicitudes de permiso para operar máquinas tragamonedas en varios otros estados. Pérez, cuyo abuelo gobernó España desde 1939 hasta su muerte en 1975, fue acusado de una serie de delitos en conexión con la firma Visix Gaming LLC. Está acusado de alterar o dañar miles de archivos de computadoras relacionados con sus intenciones de comprar o llevar a cabo una fusión con esa empresa y utilizar fondos en forma inapropiada. EE.UU.: Encarcelan a nieto de dictador español Franco Fuente :Reuters Joaquín Franco Pérez, presidente de la firma con sede en Phoenix R. Franco USA, enfrenta cargos de manipulación informática, fraude y robo. PHOENIX.- El nieto del fallecido dictador español Francisco Franco fue arrestado en Estados Unidos bajo cargos de sobornar a un funcionario de la Dirección Estatal de Juegos sobre la solicitud del permiso para operar en el estado de Arizona que hizo su compañía de fabricación de máquinas tragamonedas, dijeron el viernes las autoridades. Joaquín Franco Pérez, presidente de la firma con sede en Phoenix R. Franco USA, también enfrenta cargos de manipulación informática, fraude y robo a partir de sus manejos con otras empresas de juegos que eran objeto de posible adquisición. Estaba retenido con una fianza de un millón de dólares. Pérez, cuya firma es la sede norteamericana de la compañía multinacional de juegos Recreativos Franco S.A. de Madrid, fue arrestado el jueves en la noche y enfrenta hasta 15 años de prisión si es declarado culpable. Está previsto que comparezca ante un juez el miércoles en la corte superior del condado de Maricopa, en centro de la ciudad de Phoenix, en el estado de Arizona. Uno de los abogados de Franco no devolvió las llamadas que se le hicieron el viernes para que comentara sobre el caso y representantes de las oficinas de la compañía en Phoenix y Las Vegas declinaron comentar el caso. Los documentos de la acusación alegan que el acusado, conocido como "Kino" Franco, ofreció al empleado de la Dirección Estatal de Juegos Daniel Muller un trabajo con su compañía con la intención de "ejercer influencia corrupta" en su revisión de la solicitud del permiso solicitado por el fabricante de máquinas tragamonedas. Muller, un investigador financiero que trabajó para el estado de Arizona durante 20 años, informó que se marchaba de su puesto en tres semanas, después de que la empresa Franco USA fue certificada para operar en los casinos de Arizona. Muller, quien también fue acusado, dejó su puesto en la Dirección Estatal de Juegos en agosto del año pasado. "En ese momento fue cuando las luces rojas se encendieron", dijo la portavoz de la Dirección Estatal de Juegos, Christa Severns. "Sabíamos que era éticamente incorrecto, pero necesitábamos probar que también era ilegal". La licencia de la compañía fue suspendida desde el incidente y se ordenó una revisión del caso, explicó la funcionaria. Severns expresó que la compañía tenía pendientes solicitudes de permiso para operar máquinas tragamonedas en varios otros estados. Pérez, cuyo abuelo gobernó España desde 1939 hasta su muerte en 1975, fue acusado de una serie de delitos en conexión con la firma Visix Gaming LLC. Está acusado de alterar o dañar miles de archivos de computadoras relacionados con sus intenciones de comprar o llevar a cabo una fusión con esa empresa y utilizar fondos en forma inapropiada. Reuters Manuel Fernández, que luchó en la división que liberó París, asistirá al 60.º aniversario de la batalla. El asturiano Manuel Fernández asistirá la próxima semana al tributo que, 60 años después, rendirán los parisinos a los exiliados españoles de la División Leclerc, estrella de la liberación de la capital francesa. Manuel Fernández, de 85 años, pertenecía a la III Compañía de acompañamiento, y fue gravemente herido en Normandía el 14 de agosto de 1944, por lo que no pudo participar en la liberación de París. «Quiero estar presente. Pienso que también me lo he merecido», explicó Fernández desde Bretaña, donde vive. El consejero de Economía, Jaime Rabanal, asistirá al homenaje. Junto al veterano asturiano también asistirá un superviviente de La Nueve, la compañía que entró en el París ocupado el 24 de agosto de 1944. Se trata del catalán Luis Royo, último superviviente español residente en Francia de La Nueve. Royo podría recibir de manos del presidente francés, Jacques Chirac, la Legión de Honor. El próximo martes, ante una delegación oficial de España integrada por el presidente del Senado, Javier Rojo, y miembros de los gobiernos catalán, vasco y asturiano, será descubierta una placa en honor de los combatientes españoles. Manuel Fernández, exiliado republicano, se alistó en la Legión francesa al acabar la guerra civil española porque tenía «cuentas que saldar con los alemanes». Recibió la Medalla Militar de manos del propio De Gaulle y, hace dos años, la Legión de Honor. Confiesa que le da «mucha alegría» el tributo en París, y espera con emoción el acto de entrega de la Medalla de Plata de Asturias. La Nueva España A Pozán Vidal Recientemente, J. A. Pina (artículo publicado en El Periódico de Aragón nos ha recordado la vida del maestro libertario oscense Paco Ponzán, discípulo, amigo y compañero del anarcosindicalista Ramón Acín. Ambos se enfrentaron al fascismo y ambos fueron asesinados por ello. Hoy, todos reconocemos la trayectoria humana, política y artística de Ramón Acín, pero no así la figura de Ponzán, un aragonés olvidado en su tierra y, sin embargo, reconocido con múltiples distinciones póstumas por los gobiernos de EE.UU., Gran Bretaña, Bélgica y Francia. Gracias a su Red de Evasión, formada por exiliados anarquistas, pudieron salvar la vida cientos de perseguidos políticos de toda Europa, principalmente pilotos de aviación aliados, judíos y altos mandos militares, que lograron cruzar los Pirineos y escapar via Gibraltar o Portugal gracias a los guías y bases de apoyo de la Red Ponzán. Ponzán, como tantos otros antifascistas anónimos, dio su vida por un mundo nuevo, sin pedir nada a cambio, y aún hoy, 60 años después de su muerte, en su tierra se sigue sin reconocer su lucha. Mientras tanto las instituciones políticas parecen mirar hacia el otro lado y en vez de trabajar por recuperar la memoria histórica y rescatar del olvido a los héroes del pueblo, se dedican a homenajear a "ilustres" alcaldes franquistas. El 17 de agosto de 1944, los nazis asesinaban y quemaban vivo a Ponzán y cincuenta guerrilleros más en Buzet, junto a Toulouse (Francia), dos días antes de la liberación de la ciudad por la resistencia. Existen dos preciosos libros que narran su vida: "Lucha y muerte por la libertad 1936-1945", escrito por su hermana y colaboradora en la red Pilar Ponzán, y "La red de evasión del grupo Ponzán", del escritor y maquis libertario Antonio Téllez Solá. Rectificando al amigo J. A. Pina, Ponzán no es natural de Jaca, sino nacido circunstancialmente en Oviedo el 30 de enero de 1911. Pasó su infancia y se crió junto a su madre y hermanas en Huesca, donde es detenido por la insurrección de Jaca de diciembre de 1930. Es maestro interino en Ipas, junto a Jaca, militando en los sindicatos cenetistas de Jaca y Sabiñánigo, siendo encarcelado y juzgado en 1932 por apoyar la huelga de la industria química de Sabiñánigo. Su hermana Pilar obtuvo plaza fija de maestra en Jaca en 1934, siendo encarcelada allí durante un año en 1936. Esta es su vinculación a la ciudad altoaragonesa cuna de la Segunda República. Ponzán escribió su testamento en la prisión de Toulouse, que dice así: "deseo que mis restos sean trasladados un día a tierra española y enterrados en Huesca, al lado del profesor Ramón Acín". CNT. Huesca.  Las actividades tendrán lugar en el cementerio y el Centro de Día, con cine y un recital poético El Ayuntamiento de Casas Ibáñez ha organizado para la jornada de hoy sábado un homenaje a las víctimas del franquismo, en el marco de las actividades previas a la Feria y Fiestas 2004 que tendrán lugar del 24 al 29 de agosto. El primero de los actos programados se celebrará a partir de las siete de la tarde en el cementerio municipal, donde se realizará un homenaje a las 19 personas fusiladas en ese mismo lugar el 25 de noviembre de 1939. Desde las ocho de la tarde, el Centro de Día de la localidad será escenario de un homenaje como «reconocimiento moral de todos los hombres y mujeres que fueron víctimas y padecieron represión por parte del régimen franquista, y reconocimiento a los voluntarios de las Brigadas Internacionales», según se expone en el programa oficial de actos. A continuación Ángel Corpa, fundador, componente y compositor del grupo Jarcha, ofrecerá un concierto-recital con un repertorio de poemas de Miguel Hernández, Antonio Machado, Rafael Alberti o Mario Benedetti, y de canciones de Serrat, Alberto Cortez, Luis Eduardo Aute y canciones propias. El acto de homenaje tendrá su continuación a partir de las 23 horas, también en el Centro de Día, con la proyección del cortometraje Pelonas y de la película La lengua de las mariposas. También desde las ocho de la tarde podrán visitarse en la Caja Rural las exposiciones de fotografías Imágenes de nuestro ayer, y de la obra pictórica de Pérez Esteban y de Víctor Grassa. Para el domingo Por otro lado, entre los actos previstos para mañana domingo destaca la celebración del VIII Concurso de Pintura al Natural de Casas Ibáñez, cuyas inscripciones podrán realizarse desde las ocho de la mañana, mientras que las obras se presentarán entre las 16 y las 17 horas en el Centro Social. También se ha programado un concurso de pesca infantil, en el coto de pesca La Terrera, desde las ocho de la mañana, y el torneo local de petanca, a las 9,30 horas en la zona ferial. Por la tarde, entre las 18 y las 21 horas se realizará el IV Encuentro de Bolillos en el Paseo de la Cañada, y a partir de las 20,30 horas un espectáculo de variedades con la Asociación de Teatro Armonía, en Pista Cañada. Semprún recibió la Medalla de la UIMP en un concurrido homenaje a «su compromiso moral con la libertad» El autor de 'El largo viaje' evocó su niñez en Santander al recoger la distinción académica a «su lucidez analítica»
«Otra vez Santander aquí me tienes descansando en la paz de tu Bahía». Jorge Semprún acostumbraba a recordar poesías mientras estuvo cautivo durante dos años en el campo de concentración de Buchenwald. Los poemas, y sobre todo «los sonetos», le ayudaban a combatir «la soledad» y «conquistar mi intimidad». Los anteriores versos tal vez no sean «los mejores», pero evocan a la perfección una infancia vivida en Cantabria. Unos recuerdos que también ayer vinieron a la cabeza de un autor para quien vida y obra son indivisibles. Jorge Semprún, recibió ayer la Medalla de Honor de la Universidad Internacional en un acto que, pasado el mediodía, abarrotó el Vestíbulo de La Magdalena. El homenaje, que congregó a numerosas personalidades del mundo de la educación y la cultura, se constituyó en una de las citas académicas que mayor expectación ha despertado durante este verano. El autor de 'Veinte años y un día' recibió la distinción universitaria que reconoce «al intelectual autoexigente y solidario, activo partícipe en algunas de las mayores utopías del siglo XX, testigo de algunas de sus mayores iniquidades». El acta del Consejo de Gobierno de la institución académica especificó que la Medalla de Honor a Jorge Semprún se concedía en reconocimiento «a su compromiso moral con la libertad y a su capacidad como escritor, para expresar con belleza literaria y lucidez analítica las experiencias más duras vividas en la Europa del siglo XX». Semprún recibió su galardón de manos del rector de la institución, tras escuchar los discursos dedicados a su trayectoria, «llenos de cosas bonitas» que corren el riesgo de «convertirse en tópicos». Sin duda, sus palabras no lo fueron. Santander en el recuerdo Tras recitar los versos de José del Río Sainz, 'Pick', amigo de su padre, el político republicano José María de Semprún y Gurrea, el narrador ahondó más en su relación con Santander. «Es comprensible que este acto me emocione especialmente», dijo el escritor en su discurso improvisado. «Aquí me encuentro en casa», continuó el autor de 'El largo viaje'. Una casa con vistas al mar en la que, junto a su familia, Semprún se acostumbró a pasar las vacaciones hasta que la madre del escritor murió y «nos trasladamos a Lekeitio porque a mi padre le traía demasiados recuerdos», confesó. En Santander fue también donde su padre pronunció 'El Norte contra el faccioso', «su última intervención pública antes del exilio» obligado por el estallido de la guerra civil española. Pasaron muchos años desde que Jorge Semprún fuese liberado de Buchenwald por el Ejército del general Patton, hasta que se decidiera a plasmar por escrito lo que había vivido y sentido. Fueron exactamente 19 años. Pero, ¿por qué se decidió a hacerlo?. Ayer lo explicó en el Palacio de La Magdalena: «Mi motivo para escribir es hacerlo en nombre de los muertos». Y sobre todo de aquellos españoles que perecieron en los campos de concentración y que «fueron olvidados durante la dictadura franquista, tratados sólo como rojos», añadió el autor. Escuchándole en la sede santanderina de la UIMP estaban amigos que «me han permitido ser lo que soy». Y, quiso compartir la autoría de una frase que encabezó manifiestos y que tradicionalmente le ha sido aplicada a él: «Nosotros, hijos de los vencedores y de los vencidos». «No es sólo mía, también lo es de Javier Pradera y quiero compartirla con él», concluyó Semprún ante la presencia de su amigo periodista. El rector de la UIMP, José Luis García Delgado destacó que el de ayer fue un acto de «homenaje demorado», el cual dos anteriores rectores -Santiago Roldán y Ernest Lluch-hubieran querido tributar al ex ministro de Cultura. El actual mandatario académico subrayó en su intervención (reproducida de forma íntegra en la sección de opinión) la mirada del escritor Semprún, «su escritura que proporciona voz al silencio de los que la perdieron, la escritura que combate el olvido, la escritura que es intencionada comunión de valores y emociones». Páginas de memoria La laudatio corrió a cargo del profesor de Historia y biógrafo de Semprún, Felipe Nieto, quien evocó algunos de los episodios más significativos de la trayectoria del escritor, cuyas obras «le han convertido en un referente de la literatura de nuestro tiempo». Bajo el significativo epígrafe 'La escritura de su vida', Nieto aludió a Santander como escenario de muchas de las páginas de la memoria de Semprún y se aventuró a establecer un paralelo simbólico entre el territorio santanderino y la historia sempruniana, «como si La Magdalena fuera en un trasunto de su vida». Nieto ensalzó al Semprún que «ha denunciado crímenes y miseria sobrevenidos como consecuencia de la aplicación del sueño-pesadilla comunista y del sometimiento integral de los hombres al espíritu de partido». Todo, mediante el arte de los relatos semprunianos, «adquiere dimensiones únicas de profundidad, misterio y belleza». Hay en él «persistencia de unos valores constantes» que, más allá de la peripecia temporal, invitan a la reflexión y conforman el «legado de la escritura y la vida semprunianas». Así, apuntó: «la curiosidad insaciable, la solidaridad con los que se oponen y enfrentan a la opresión, la defensa insobornable de la libertad individual frente a las corrientes dominantes». Previamente, el vicerrector de los cursos para extranjeros, Antonio Sánchez Trigueros, se hizo eco del sentir del Consejo de Gobierno de la UIMP y reflejó el espíritu que se desprendía tras la distinción a Semprún: «el homenaje a una de las más respetables personalidades de nuestra época, intelectual europeo, ejemplo vivo de multiculturalidad dialógica». Sánchez Trigueros atravesó la trayectoria literaria de Semprún, desde 'El largo viaje', su primera novela, hasta 'Veinte años y un día', la última, magnífico ejemplo de su demostración de la fuerza de su pulso narrativo». El Diario Montañés
23/08/2004
 El presidente del Senado, Javier Rojo, viajará el martes 24 de agosto a París para asistir con carácter oficial y en representación del Estado Español, a los actos conmemorativos del 60 Aniversario de la liberación de la capital francesa tras la II Guerra Mundial, que se celebrarán en dicha ciudad durante dos días. Rojo estará acompañado por los consejeros de los gobiernos autónomos de Cataluña, País Vasco y Asturias, Joan Saura, Miren Azcárate y Jaime Rabanal, así como por el escritor Jorge Semprún y por dos grupos de ex combatientes españoles. La delegación encabezada por Rojo asistirá a las celebraciones que se inauguraron oficialmente el 19 de agosto coincidiendo con el día de 1944 en que las Fuerzas Francesas del Interior, nombre de la resistencia, decretaron la movilización general contra el invasor alemán, facilitando la llegada de las tropas aliadas. Presencia española significativa La presencia española fue significativa en este acontecimiento, pues fue la novena compañía, enteramente formada por republicanos españoles exiliados a Francia al final de la Guerra Civil. De hecho, las autoridades municipales han decidido instalar una placa en memoria de los españoles que participaron. El alcalde de París Bertrand Delanoe recibirá a Rojo. LEvante Mientras en Francia se homenajea a la resistencia española durante la II Guerra Mundial, en la España democrática se sigue negando el merecido reconocimiento a los luchadores antifascistas, decenas de miles aún yacen en fosas comunes, los pocos que aún quedan vivos son olvidados por la Administración, aún tienen antecedentes penales como vulgares delicuentes o asesinos, eso sí las calles, plazas y parques de las ciudades del Estado español siguen plagadas de nombres de sanginarios generales franquistas, de sanginarios políticos como Arias Narro (el carnicerito de Málaga) o de estatuas ecuestres o no del dictador Franco. Mientras aquí hace bien poco, Pedro J. director del diario EL MUNDO, escribía en una editorial que no había que remover el pasado, que había que olvidar... "¡París!, París ultrajado, París roto, París martirizado, pero también París liberado, liberado por sí mismo, liberado por su pueblo con la ayuda del Ejército francés, con el apoyo de toda Francia, de la Francia que lucha, la única Francia, la auténtica Francia, la Francia eterna". Son las palabras pronunciadas por el general Charles de Gaulle hace 60 años, el 25 de agosto, desde el balcón del Ayuntamiento de la capital francesa. Celebraba la liberación de la ciudad pero también intentaba darle un sentido histórico. De Gaulle reconocía el papel jugado por la Resistencia interior, es decir, por grupos sobre los que él ejercía un control muy relativo, al tiempo que procuraba reforzar el aspecto estrictamente nacional de la gesta. París se libera sin ayuda de nadie. La presencia de tropas estadounidenses, canadienses o británicas, desembarcadas en Normandía desde el 6 de junio, o de los 300.000 soldados franceses procedentes del Ejército colonial y que, con la ayuda aliada, avanzaban desde Provenza a partir del 15 de agosto, es olvidada por De Gaulle. Los parisienses que el día 24 de agosto ocupaban el Ayuntamiento salieron a recibir tres blindados que, a las 21.22, habían ocupado la plaza delante del edificio. Eran los liberadores llegados del exterior, los que iban a garantizar el éxito de la rebelión parisiense comenzada el día 10 a través de una huelga de ferroviarios, a la que se sumó la policía y, un día después, los empleados de correos. "Creíamos que eran americanos. Hablaban mal el francés pero resultaron ser españoles, los republicanos españoles de la División Leclerc", explica Léo Hamon, un resistente francés. Uno de esos republicanos, Lluís Royo Ibáñez, catalán, hijo de aragoneses, militante de Esquerra Republicana, había vivido una sorpresa semejante en noviembre de 1942. "Entonces estaba en Marruecos. Había cruzado la frontera [francesa] de Prats-de-Mollo tres años antes, después de la debacle, apenas cumplidos los 18. Durante casi un año, tras pasar unos meses por el campo de concentración de Agde, había podido trabajar como payés cuidando viñedos, pero tras la derrota francesa ante los alemanes la prefectura no quería renovarme los papeles. Los gendarmes empezaron a hacerme chantaje: o bien me iba a trabajar a Alemania reemplazando a un francés, o bien me expulsaban hacia España. Quedaba una tercera opción: apuntarse a la Legión extranjera". Y la Legión le llevó primero a Argelia, luego a Marruecos. "Ahí viví la llamada Operación Torch, el desembarco aliado en África. Los primeros americanos que vi hablaban español. ¡Eran mexicanos! Ellos tenían cigarrillos y yo chocolate. Yo estaba con un belga, teníamos que defender una posición con un mortero, pero ni él ni yo sabíamos manejarlo. Además, ¡no íbamos a dispararles a los aliados!". La nueva situación africana le permitió abandonar la Legión y sumarse a la mítica 2DB, la II División Blindada del general Leclerc, que venía de Chad. "Me integré en la novena compañía, la nueve, en español, porque ahí todos éramos españoles, excepto el capitán Dronne, que lo chapurreaba pero lo entendía todo. Él hablaba muy bien el alemán". Y muy pronto todos embarcaron para el Reino Unido. "No, Inglaterra no. Desembarcamos en Gales y luego nos llevaron a entrenar a Escocia. El trayecto marino, con un barco de fondo plano, es uno de los peores recuerdos de mi vida". Lluís Royo dice no haber tenido nunca miedo durante toda la II Guerra Mundial. "Todo el miedo posible ya lo había gastado durante la batalla del Ebro, en la trinchera, casi enterrado bajo tierra, aguantando cañonazos durante más de una semana". Llegar a Normandía en su blindado -"como todos los de la nueve, tenía un nombre de batalla española: Belchite, Guadalajara, Teruel, Guernica... Después de entrar en París los rebautizaron. El mío pasó a llamarse Libération"- no le impresionó, aunque guarda un mal recuerdo de "las exigencias reglamentarias de los yanquis, que te hacían saltar tan cargado de material que, si caías al agua, te ahogabas". Para Lluís Royo, que se ha quedado a vivir en Cachan, en las afueras de París, al lado de la calle dedicada a la División Leclerc, la misma calle por la que él transitó para liberar París, "la II Guerra Mundial era la continuación de la Guerra Civil de España. Yo no luché por liberar Francia, sino contra Hitler, Mussolini y Franco. Y esa lucha pasaba por entrar en París". En la capital tuvo que desalojar a los alemanes que ocupaban el edificio de Les Invalides, pero de eso no quiere hablar, prefiere recordar "a los soldados mutilados que estaban albergados allí: ciegos, sin piernas o sin brazos, desfigurados. Era espantoso". La liberación de París no fue un paseo, aunque los alemanes pusieron un empeño escaso en conservar la ciudad. La 2DB tendrá 130 bajas. Unos mil resistentes parisienses también perdieron la vida, así como 600 ciudadanos anónimos, atrapados por la batalla. Las bajas alemanas serán superiores a los 2.000 muertos. "La 2DB estaba integrada por 14.500 soldados, de los cuales unos 3.500 éramos españoles. De la nueve soy el único que sigue con vida". Royo no llegó, como alguno de sus camaradas, hasta Berchtesgaden, el refugio de Hitler. "Me hirieron en el Mosela, una región francesa que los alemanes consideraban alemana. Aún tengo metralla en los pulmones. Querían internarme en un hospital francés, pero mi capitán me envió a Inglaterra. Allí tenían penicilina y aquí, en Francia, todo lo arreglaban a base de agua y buenas palabras". Las buenas palabras para los españoles fueron escasas. Su condición de soldados de un Ejército derrotado, el republicano, les dejó sin glosadores. Los franceses andaban empeñados en evitar el oprobio de una Administración americana, como la que dirigía Italia. De Gaulle ponía todo el énfasis en la participación francesa en las operaciones militares que iban a llevar a los aliados hasta el corazón de Alemania. "Pero fueron los americanos los que no quisieron que los aliados cruzaran los Pirineos y acabaran con Franco, como sí acabaron en cambio con Hitler y Mussolini. Algunos de mis colegas de la nueve, una vez en París, dejaron el Ejército para participar en la tentativa guerrillera de liberación del Valle de Arán. La verdad es que entonces los franceses ya no nos necesitaban. En París había miles de jóvenes que querían enrolarse". Lluís Royo, que no volvió a España hasta finales de los años cincuenta -"mi familia había venido varias veces a verme aquí pero yo, cuando fui a Barcelona, recibí la visita de la policía, y si iba a visitar a viejos amigos luego ésos también eran interrogados por la policía"-, vive de una modesta pensión que cobra del Estado francés. "Y con una de mis hijas, que me cuida muchísimo". Está contento de que ahora Francia y París les recuerden, pero piensa "que todo eso había que haberlo hecho diez años después de acabada la guerra, cuando el poder francés ya estaba consolidado y nosotros ya hacía tiempo que no éramos ninguna amenaza para Franco". Como el Miralles de la novela de Javier Cercas, Soldados de Salamina, Royo ha combatido en medio mundo, bajo distintas banderas, pero siempre a favor de la libertad. Ahora es uno de los protagonistas de un filme de Jorge Amat para la televisión francesa, le conceden la Legión de Honor y una placa en la fachada del Ayuntamiento recordará el acento español de los libertadores de 60 años atrás. La fiesta de la historia El presidente francés, Jacques Chirac, y el alcalde de París, Bertrand Delanoë, presidirán el día 25 el acto central de conmemoración de la liberación de París. Un espectáculo musical de Jérôme Savary ocupará la plaza de la Bastilla y todos los parisienses han sido invitados a sumarse al baile vestidos a la moda zazou, la de principios de los años cuarenta. Antes, el día 24, se descubrirá la placa con la que el Ayuntamiento de la capital rinde homenaje a los republicanos españoles que entraron en la capital. El presidente del Senado español, Francisco Javier Rojo, acompañará al alcalde. La iniciativa que rinde homenaje a quienes comenzaron el combate en España en 1936 tiene un cierto valor de reparación, tal y como lo reconoce Anne Hidalgo, primera teniente de alcalde de París e hija de una familia de republicanos españoles. "Es una parte de la historia que ha sido ocultada. Estoy muy contenta de que se haga luz sobre los hechos precisamente durante mi mandato. Sólo lamento que no pueda estar presente Étienne Roda-Gil, que hubiera leído sus poemas. Para él, la causa de la República española era una parte importante de su vida". El poeta y letrista Roda-Gil, hijo de anarquistas catalanes, falleció el pasado mayo, sin poder hacer realidad la Fundación de Ayuda a la Creatividad que quería crear en Perpiñán. "¿QUÉ DE EXTRAÑO tiene que hayamos quemado iglesias? ¿Son controlables las masas desbordadas ante la injusticia y el atropello?" "TENEMOS LA seguridad de que no se producirán luchas fraticidas que puedan malograr mañana la obra revolucionaria" La realidad es ésta: un enemigo apoyado internacionalmente por potencias fascistas. Frente a este enemigo, un pueblo valiente, un pueblo entusiasta, un pueblo que, además de luchar contra el fascismo, comprende que ha sonado la hora de las grandes transformaciones sociales y que construye sobre la marcha. Junto a este pueblo, dos naciones unidas en la lucha a favor del proletariado español. El enemigo, armado y apoyado internacionalmente por esa farsa de neutralidad, ha conseguido algunas victorias; y aunque no las hubiera conseguido, ha concentrado su esfuerzo máximo en la conquista de Madrid, que representa para él la legalidad de la insurrección facciosa y para que los países legalicen su existencia de gobierno faccioso. Es preciso que todo el pueblo de Catalunya, es preciso que Barcelona y España entera, que tienen la seguridad de la victoria por su heroísmo y energía y además por el apoyo de todo el mundo antifascista, se una en un esfuerzo máximo para batir de una vez para siempre esta intentona suicida. Abordaré también con resolución otro de los aspectos del problema: hasta hoy, la revolución ha sido identificada con un sentido un poco frívolo. Pasadas las heroicas jornadas del 19 y 20 de julio, pasado este momento en que Barcelona supo conquistar los reductos en que se habían atrincherado los facciosos, se ha sucedido un momento de calma. Es preciso que todos se reintegren a la gran obra revolucionaria, impuesta por las circunstancias. Es preciso que termine este momento frívolo, en que los momentos se aprovechan viviendo lo mejor posible y preocupándose lo menos posible. Tenemos la seguridad absoluta de que no se producirán entre nosotros luchas fratricidas que puedan malograr mañana la obra revolucionaria. Estamos aquí reunidos UGT, CNT, FAI y PSU; están aquí escuchándonos representantes de todos los partidos republicanos, desde los más extremistas a los más moderados, unidos en el mismo sentimiento que ha levantado al pueblo español contra el fascismo, ante la convicción clara de que el fascismo representaba la anulación de todos los derechos elementales conquistados por el pueblo. La España militarista, de clérigos, de pollos bien, de cocotas aristocráticas y burócratas, que ha arrastrado siempre su roña, sus piojos y sus vicios..., frente a esta España vieja y muerta se levanta la España nueva: la España del trabajo y de las organizaciones obreras conscientes de su misión y pleno espíritu de responsabilidad, para forjar sus destinos. ¿Era posible esto? ¿Sería posible esta reconstrucción, esta autocreación de España, sin que estuviéramos unidos de una manera lógica? Hemos aspirado constantemente, UGT y CNT, a conseguir esta unidad sagrada, unidad a la cual no va unida solamente la victoria contra el fascismo, sino también la reconstrucción de España. Se necesitaba una revolución, que no se hizo el 14 de abril y la hacemos ahora. Esto no podrá conseguirse por los cauces legales. Los compañeros socialistas se habrán dado cuenta y por esto se lanzaron a la calle, a la lucha, y a nosotros los anarquistas también nos ha enseñado la experiencia que no era posible una transformación si no nos poníamos frente a los órganos del poder; esto han debido reconocerlo todos. Lo hemos reconocido y sostenido siempre. Hoy, en realidad, las diferencias ideológicas que nos separaban han desaparecido, por cuanto nosotros hemos aceptado los hechos consumados, que nos obligaban a tomar parte en la dirección del país; de los hechos que demostraban que sin la unión de las masas no podía insinuarse en España el socialismo. Quisiera, camaradas; quisiera, trabajadores; quisiera, mujeres antifascistas, quisiera que todos vosotros os dierais cuenta de lo que nosotros somos en este instante para el mundo entero. Individualmente considerados, somos seres ni más ni menos que los otros; somos, en una palabra, hombres y mujeres condenados a ver transcurrir su vida, como transcurre la de los animales; pero, colectivamente, ¿sabéis lo que somos como pueblo enfrentado no sólo contra el fascismo interior, sino también contra el exterior? ¿Sabéis lo que es España con su lucha heroica, con su combate incesante? Si el fascismo triunfara en España, pronto esta Francia que tan poca solidaridad nos ha prestado, y que es una ofensa para España, pronto esta Francia sería víctima del fascismo, y lo sería también el pueblo belga. Por lo tanto, es necesario presentar esta unión a los ojos del mundo como un ejemplo para el triunfo de la clase trabajadora. Si vemos fijos en nosotros los ojos afiebrados de todos los trabajadores; si nosotros representamos la esperanza de la resurrección espiritual democrática; si nosotros representamos esto, nuestra vida individualmente considerada no tiene importancia alguna; tiene importancia grandiosa nuestra existencia como colectividad y como pueblo, como nación rebelde colocada frente al fascismo internacional, en defensa de los derechos del hombre, continuadora del espíritu de la revolución rusa. Como colectividad y pueblo, nosotros lo somos todo, y a ello sometemos nuestra existencia individual. Si cada uno de vosotros sintiera desintegrarse, crecer dentro de sí mismo, este sentimiento de responsabilidad, estoy segura de que aunque nos faltaran las armas y la solidaridad internacional integrada por Rusia y México, tengo la seguridad, repito, de que hasta inermes venceríamos al fascismo. La victoria y el triunfo lo conquistan siempre los pueblos cuando quieren. Cuantos hayáis leído la revolución francesa, sabréis que para tomar la Bastilla fue preciso llenar los fosos de cadáveres; y cuando estuvieron llenos, el pueblo entró como un alud en la Bastilla, que no pudo resistir su ímpetu formidable. ¿Sabéis lo que ha sido la entrada de los fascistas en las poblaciones, valiéndose de los moros que han traído a España y de los soldados del Tercio, presidiarios reclutados en todas las penitenciarías del mundo? Pues sabed que en Villafranca de Bidasoa entraron los fascistas tras una lucha de muchas horas; ¿y sabéis lo que hicieron con una muchacha de quince años? La cogieron, la violaron, la crucificaron y, pareciéndoles poco, un mercenario le clavó la navaja en las partes, abriéndola hasta la barbilla. ¿Sabéis lo que hicieron con un compañero las bestias del requeté? Le cogieron, le torturaron, le mataron, le despedazaron y lo mandaron en una caja a los milicianos de Irún. ¿Sabéis lo que hicieron los fascistas en La Coruña al camarada Villaverde? Pues le prepararon una muerte digna de Vercingétorix; después de haberle fusilado, lo ataron a la cola de un caballo y lo arrastraron por las calles del pueblo. Otro ejemplo del sadismo de estos canallas: vivía en Ceuta un naturista, Miguel León; muchos de vosotros lo conoceréis, un viejo de luengas barbas; pues le cogieron y le fusilaron despúes de haberle arrancado pelo a pelo toda la barba... Nosotros hemos hecho fusilamientos, pero ningún tormento, ningún refinamiento de crueldad, y lo hemos hecho porque, o matamos nosotros, o nos matan ellos. ¡Pero jamás se ha deshonrado la revolución o las milicias con el atropello o la violación! Al contrario, por exceso de generosidad hemos respetado a muchas mujeres, que luego hemos encontrado en los frentes sirviendo al espionaje. La crueldad, el sadismo, la barbarie, están en la reacción; el espíritu del fascismo, el espíritu de Anido y Arlegui, revividos en la figura de esos frailes trabucaires, en la persona de esos frailes que no vacilaron en traer a España regulares moros, alemanes e italianos, que no vacilaron en despedazar a España, ofreciendo a Alemania, Italia y Portugal trozos de nuestro suelo a cambio del apoyo más descarado. En cuanto a los periodistas extranjeros, ávidos de cazar noticias, es preciso decirles que los obispos no son de los nuestros, no del pueblo, del pueblo generoso y notable. ¿Qué de extraño tiene que en España hayamos quemado conventos e iglesias? ¿Acaso son controlables las masas desbordadas ante la injusticia y el atropello? En España no se ha destruido; y si se ha matado, ha sido por la convicción de que era preciso y con pleno conocimiento de causa. En Rusia, en los primeros días de la revolución, el pueblo lo destruyó todo y tardaron dos años en reconstruir las máquinas y vaciar de agua las minas, que el furor de las masas había anegado. Aquí no se ha hecho esto, y que lo sepan los periodistas extranjeros que recorren los frentes. Obreros de las fábricas, de los talleres, del campo, técnicos e intelectuales, que sentís en vosotros el sentimiento de la dignidad humana enfrentándola contra quienes prostituyen la libertad y el derecho, sumaos a nuestro movimiento gigantesco; ayudadnos a luchar en el frente. Os lo pedimos por solidaridad, por nosotros, que os movilicéis individualmente y colectivamente, y que todos se sientan soldados, no sólo para defender España contra el fascismo, sino para conseguir un máximo de bienestar, de justicia entre todos. Os lo pedimos a vosotros que representáis a la España donde se exaltan y se manifiestan los valores auténticos de la raza ibérica; os lo pedimos como españoles incluso. Dentro de cada uno de nosotros, aunque sea socialista, anarquista o republicano, hay el orgullo de una raza fuerte, que tiene características étnicas y regionales bien definidas, que forman el conglomerado de razas más bravas del mundo. El pueblo ha sido desde los tiempos más remotos el realizador de obras únicas y formidables. Sabemos de las pirámides de Egipto, pero no sabemos de parias, de ilotas que arrastraron los grandes bloques y que murieron aplastados bajo ellos. Las grandes obras las hemos hecho nosotros, las multitudes famélicas de todo el mundo, arrastrando el hambre y la sed de justicia que defendemos contra el fascismo, que es tiranía y destrucción de todos los valores morales y espirituales del hombre. -------------------------------------------------------------------------------- FEDERICA MONTSENY Primera mujer que ocupó una cartera ministerial en Europa. La participación de los anarquistas en el gobierno republicano, en contra de su ideario, se ha de entender en el clima excepcional que siguió al levantamiento militar. Es este clima de euforia, tras haber parado el golpe militar, el que se palpa en el mitin de la Monumental, el 25 de octubre de 1936, donde los líderes de las principales organizaciones obreras, Montseny por la FAI, exaltan la unidad de acción como el camino para el triunfo de la revolución. (Extracto) Artículo publicado en La Vanguardia en la sección "Grandes discursos del siglo XX"
24/08/2004
 La investigación histórica tiene una importante deuda para con el pasado reciente de Ceuta., Melilla y el Protectorado Español en Marruecos, especialmente con los períodos de la II República, la Guerra Civil y, sobre todo, la represión derivada de ésta. Por primera vez sale a la luz los datos de la represión en esta zona, con nombres y apellidos. Este libro viene, en gran media a saldar esa deuda y trata, con especial relevancias unos acontecimientos que pudieron cambiar el curso de la historia como el frustrado atentado al general Franco en un acuartelamiento de Ceuta, a los pocos días del golpe militar, o los primeros momentos de la sublevación en Melilla y la citación crítica por la que atravesó Ceuta durante el bombardeo del día de Santiago de 1936. La resistencia al golpe del primo del general Franco, de la Puente Bahamonde en el aeródromo de Tetuán (Marruecos) que le costó la vida. El trágico final de personajes muy emblemáticos en Ceuta, como el Doctor Antonio López Sánchez-Prado. Este libro seguro que no defraudara, muy al contrario, a los lectores y lectoras habituales de la investigación histórica, muy especialmente a los que están interesados por nuestra reciente Historia encontrarán en estas páginas unas fuentes inéditas de sucesos y acontecimientos. -------------------------------------------------------------------------------- CAPÍTULOS 1. De la crisis de la monarquía a la segunda república ·Hacia la República ·Elecciones municipales ·Proclamación de la II República ·1º de mayode 1931 ·Sánchez-Prado hijo adoptivo de Ceuta 2. El Bienio Republicano-Socialista ·Elecciones a Cortes constituyentes ·Situación de la CNT ·Dimite el alcalde Manuel Olivencia Amor ·David Valverde primer Alcalde socialista ·Gil Robles con la derecha de Ceuta ·Monumento a Galán y García Hernández ·Rotary club ·Dimisión del alcalde ·Visita del Presidente de la República 3. El Bienio Radical-Cedista ·Nuevo Gobierno Republicano ·Constitución de Izquierda Republicana ·Autonomía de Ceuta a debate. ·Octubre de 1934. ·El Sargento ceutí, Vázquez, fusilado. ·ElGeneral Franco destinado a Ceuta ·Reorganización de los partidos de izquierda. ·La enseñanza durante la II República. ·Apuntes para la Masonería 4. El Frente Popular ·Convocatoria de elecciones generales ·La campaña electoral ·16 de febrero de 1936 ·Nombramiento del delegado del gobierno ·Partido Comunista de Ceuta ·Sánchez-Prado, militante del Partido Comunista ·Manifestación del 1º de Mayo ·Huelga general 5. Inicio de la Guerra Civil ·Sublevación militar en melilla ·La situación en Ceuta ·La sublevación en Tetuán ·La situación en Larache ·Primeras tropas pasan el Estrecho ·Atentado contra Franco en Ceuta ·Fallece el Comandante General teniente coronel Gautier ·Asalto a la prisión de garcía Aldave ·Ataques navales y aéreos a Ceuta ·Un Convoy marítimo pasa el Estrecho de Gibraltar 6. La Represión ·Ciudad llena de miedos y recelos ·La Falange ·Represión contra la Masonería ·La fosa común ·Fusilado el Comandante de la Puente Bahomonte y el Alto Comisario ·Ejecuciones en la vía pública ·Fusilados 93 militares ·Antonio Parrado Gil ·Presidente de las Juventudes Socialistas ·Fusilamiento masivos en 1937 ·Topos y Huidos ·Ejecuciones de tres miembros del partido Comunista en 1944 ·Apuntes para el exilio Ceutí ·Tribunal regional de responsabilidades políticas ·Conclusiones finales sobre la represión DOCUMENTOS -Consejo de Guerra al Alcalde de Ceuta Sánchez-Prados APÉNDICES -Índice cronológico fusilados en Ceuta -Índice cronológico de fusilados en la circunscripciónoccidental del Protectorado Español en Marruecos AUTOR: Francisco Sánchez Montoya (Ceuta, 1955), es miembro numerario del Instituto deEstudios Ceutíes, Premio nacional Edc 2001, Manuel Azaña de investigación histórica. Miembro de la Sociedad de Historia de la Fotografía Española (Sevilla). Sus investigaciones se centran en la Historia Contemporánea, especializándose en la II República, Guerra Civil y Masonería. Autor de libros y estudios sobre la Historia de Ceuta y el Protectorado Español en Marruecos en las IV Jornadas de Historia del IEC,“Ceuta en los Siglos XIX y XX” (2001). El Congreso Los campos de concentración y el mundo penitenciario durante la guerra civil y el franquismoen la Universidad Autónoma de Barcelona (2002), Edc. Crítica 2003. X SymposiumInternacional, La Masonería en España, del siglo XVIII al XXl en la Universidad Carlos III (Madrid,2003).I Jornadas de Recuperación de la Memoria Histórica (Algeciras,2004). Otras obras suyas son, Real Álbum de Ceuta (1992), Cuadernos del Rebellín nº8 (1993), Más de un siglo de Historia (1995,1996,1997) yCuadernos del Archivo Municipal (1998), entre otros. 553 páginas, más de 200 fotos y documentos ISBN: 84-932986-3-8 Editorial Natívola. España http://www.guerrayrepresion-ceuta-protectorado.com CUATRO CABOS y varios soldados planearon asesinar a Franco en Ceuta el 18 de julio de 1936 para detener el alzamiento. Horas antes de la acción fueron delatados y finalmente ejecutados.(Foto) Franco, en el centro, flanqueado por el jefe del Estado Mayor (izq.) y el alcalde de Ceuta, José Victori Goñalons, en 1935. El 17 de abril de 1937, tras 10 meses de duros interrogatorios, concluyó un consejo de guerra sumarísimo contra 37 militares y dos civiles. Se les acusaba de organizar un complot en Ceuta para atentar contra la vida del general Franco y detener el alzamiento del 17 y 18 de julio del año anterior. Su acción pudo haber cambiado el curso de la Guerra Civil y sólo el testimonio a última hora de un soldado permitió abortarla. A pesar de ello, los detalles de aquel episodio han permanecido inéditos hasta ahora. Todo comenzó al filo de la medianoche del 17 de julio de 1936, cuando las tropas del acuartelamiento legionario de Dar Riffien, al mando del teniente coronel Juan Yagüe, recibieron la orden de tomar Ceuta. Los diferentes cuerpos militares se distribuyeron para controlar la ciudad y al Regimiento de Infantería del Cerrallo Nº 8 de Ceuta se le ordenó salir a la calle para «defender a España». Pero no todos los integrantes del batallón tenían la misma idea de lo que significaba «defender a España». El acuartelamiento solía ser destino de soldados de reemplazo y de veteranos peninsulares, en su mayoría jóvenes que buscaban en el Ejército un futuro mejor, sin olvidar por ello sus sentimientos republicanos. Como los cabos veteranos José Rico y Pedro Veintemillas, quienes en su ronda por las calles de Ceuta observaron cómo patrullas de falangistas detenían a civiles y asaltaban varias sedes de partidos políticos o cómo en las paredes de la ciudad se habían fijado bandos firmados por el general Franco en los que se comunicaba al pueblo el estado de guerra, la disolución de los partidos y la prohibición de reuniones. Cuando Rico y Veintemillas volvieron al cuartel, en las primeras horas del 18 de julio, se reunieron en una pequeña habitación de la compañía con los también cabos veteranos Anselmo Carrasco y Pablo Frutos. Durante varias horas estudiaron cómo frustrar el alzamiento, pero no fue hasta un segundo encuentro durante el mismo día cuando el cabo Rico presentó el plan para matar a Franco. Cuando entrara en el patio central del acuartelamiento para revistar las tropas, él mismo le dispararía. Los demás implicados, desde la primera planta del cuartel, apuntarían al resto de militares para inmovilizarlos. Acto seguido, otro grupo saldría hacia la ciudad para informar del atentado y recabar el apoyo del pueblo. En la tarde del 18 de julio el cabo Rico, jefe del complot, pidió entrar de guardia en la puerta principal del cuartel con el fin de ser el primero en enterarse de la llegada de Franco. Compartía vigilancia con el cabo Rodríguez, quien confesó en el consejo de guerra: «José Rico me preguntó qué me parecía el movimiento.Le contesté que llevaba dos días de servicio y que no me había informado, y él respondió que este movimiento iba contra el Gobierno, y que si nosotros fuéramos hombres deberíamos ponernos a favor de ellos e ir contra nuestros oficiales y jefes. Añadió que ya había implicado a los seis centinelas de la guardia. Y en el momento en que empezaran los disparos, me tenía que poner a las órdenes de Anselmo Carrasco y Pedro Veintemillas». Los cabos y soldados implicados en la intriga lo tenían todo planificado. Sabían que Franco aterrizaría en Tetuán y en unas horas llegaría al cuartel de Ceuta. Pero la tensión en los jóvenes soldados ante la trascendencia del atentado hizo que uno de ellos decidiera hablar con el coronel jefe del cuartel para informarle de la trama. Éste, alarmado, avisó al cuerpo de guardia y echó por tierra el complot horas antes de que Franco llegara. Las detenciones no tardaron en sucederse y, según se detalló en el consejo de guerra, el total de acusados fue de más de 50 militares y civiles. La Guardia Civil se hizo cargo de los detenidos, quienes, custodiados por la legión, fueron trasladados a unos viejos barracones para tomarles declaración. Así lo recuerda uno de los supervivientes, el anarquista Sánchez Téllez: «Entré en un pequeño despacho sin ventanas y un brigada me tomó la filiación y comenzó a interrogarme.Aún no había terminado la primera pregunta cuando sobre mi espalda sentí un golpe de vergajo. Para que me recuperara me echaban agua de un botijo, pero yo lo negaba todo». Hasta las tres de la madrugada del 20 de julio los acusados estuvieron en los barracones declarando. Más tarde los hicieron subir a un camión, los colocaron de rodillas y los trasladaron a la fortaleza-prisión militar del Monte Hacho, también en Ceuta. El 26 de julio empezaron los autos de procesamiento. El juez teniente coronel Ramón Buesa fue tajante en su exposición: «Según se desprende de lo actuado entre algunos cabos y soldados del Regimiento de Infantería, existía complicidad para la organización de un movimiento sedicioso con el fin de atentar contra la vida del excelentísimo señor jefe de las Fuerzas Militares Francisco Franco Bahamonde». En la madrugada del 21 de enero de 1937, cuando aún no se había celebrado el consejo de guerra, una patrulla de falangistas llegó a la fortaleza del Hacho. Con total impunidad, sacó de sus celdas a los cabos Veintemillas y Marcos. Horas después sus cuerpos yacían, con un tiro en la cabeza, en el depósito de cadáveres del cementerio, donde fueron enterrados en una fosa común. JUICIO SIN TESTIGOS Dos meses más tarde, todos los detenidos fueron trasladados al Cuartel de Sanidad, donde tuvo lugar el consejo de guerra. Lo presidió el teniente coronel Ricardo Seco. El juez permanente teniente coronel Buesa dictaminó el veredicto de culpabilidad.«Fue un juicio aparente, sin testigos ni nada», cuenta Téllez. «Lo que más me quedó de la sentencia fue que el juez se levantó de su asiento y, con voz ronca y odio, nos dijo: "No sois españoles, sois todos unos cobardes traidores a la patria", a lo que el cabo Rico replicó: "Juré defender una España democrática y la defiendo porque soy español; los traidores a la patria sois vosotros"». El epílogo de esta inédita conjura lo pone la muerte de un grupo de militares fiel a la República y que esperaba que con la muerte de Franco en su acuartelamiento se detendría la sublevación de sus mandos. Podría haber cambiado la Historia de España, pero lo único cierto es que, en la madrugada del 17 de abril de 1937, fueron fusilados el sargento Garea, los cabos Rico, Carrasco y Lombau y el soldado Navas. La ejecución fue obra de un piquete del Grupo de Regulares de Ceuta en el exterior de la fortaleza del Monte Hacho, situada en la Puerta Málaga. -------------------------------------------------------------------------------- LAS CLAVES EL ALZAMIENTO 17 y 18 de julio. El asesinato del político José Calvo Sotelo, el 13 de julio de 1936, impulsó a Franco a adelantar el golpe que se preparaba para finales del mes. El 17 se rebeló el Ejército de Africa, y ésta fue la señal para la sublevación general de los días 18 y 19. LA TRAMA En el cuartel. El día en que se alzó el Ejército, cuatro cabos leales a la República del cuartel del Regimiento de Infantería del Cerrallo nº 8 de Ceuta (a la dcha., lo que queda de él) planearon frustrar el pronunciamiento asesinando a Franco mientras pasara revista a las tropas el día 18. EL FRACASO Detenidos. Un soldado reveló al coronel jefe del regimiento los planes de los cuatro cabos horas antes de que Franco llegara al cuartel. Se detuvo a más de 50 personas entre militares y civiles mientras el pronunciamiento se extendía por ciudades de la Península. LA SENTENCIA Fusilados. Finalmente fueron procesados 41 hombres: dos de ellos fueron ejecutados por patrullas falangistas antes de que se celebrara el consejo de guerra; cinco fueron condenados a morir fusilados; ocho, a cadena perpetua; 13, a penas de cárcel y 13 fueron absueltos. LA REPRESION Víctimas. Los siete fusilados no fueron las únicas víctimas de la represión en Ceuta. Entre 1936 y 1944 hubo 248 represaliados en la ciudad. Algunos estudios apuntan que en toda España, la cifra de represaliados por ambos bandos durante la guerra y la posguerra fue de unos 190.000. EL OTRO INTENTO Kim Philby. El corresponsal de The Times en la guerra civil trabajaba desde 1933 para el servicio de inteligencia de la Rusia de Stalin y planeaba en secreto el asesinato de Franco. Ironías de la Historia, el general condecoró a Philby por sus crónicas en favor del bando nacional.  Junto con el de Auschwitz, Mauthausen fue el más sanguinario campo de exterminio del holocausto nazi. Durante la Segunda Guerra Mundial, en sus cámaras de gas dejaron su vida no solo judíos, también republicanos españoles, más de 7.000. Entre ellos, aproximadamente 1.100 eran andaluces y 148 malagueños, que escaparon del final de una Guerra Civil, perdida en 1939 ante Franco, para acabar muriendo a manos Hitler. Corría 1940. Había estallado la Segunda Guerra Mundial. En un vagón de madera, en el que apenas cabían 40 personas, viajaban durante tres días y tres noches, sin escalas. De pie, sobre sus propios excrementos, se hacinaban centenares de republicanos procedentes del campo de refugiados de Argelès, en Francia. Desconocían que su destino era Mauthausen, Austria. La muerte. Los oficiales de la SS abrían las puertas y, a culatazos, los conducían por el camino de cuatro kilómetros que los separaba del campo. «¿Rotspanier!». Con el tiempo descubrían qué significaban cada uno de los insultos de sus carceleros. «¿Rojos españoles!». Cuentan los que sobrevivieron a Mauthausen que allí olía a carne quemada y a almendras amargas -el gas de de la muerte. Difícil de olvidar. Al llegar al campo, los desnudaban en el patio donde, en el más crudo invierno, se registraban 12 grados bajo cero. Después, se separaban a los hombres de las mujeres y a los jóvenes de los viejos. Los ancianos, considerados inútiles para trabajar en la cantera, eran los primeros en ser gaseados. Al resto, se les despiojaba y vestía con el 'drillich', el traje a rayas, marcado con un número, un triángulo azul y una 'S' blanca, de 'Spanien'. Tortuoso camino Álvaro Mayén, de San Pedro, cuyas cenizas descansan hoy en Mauthausen, fue uno de aquellos republicanos españoles. Asunción, su hermana, a sus 91 años, solo sabe que un día de 1937 su hermano pequeño marchó a una guerra fratricida y que jamás regresó. No conoce la senda que siguieron sus pasos. «Solo hacíamos correr y correr para huir», dice mientras una lágrima resbala por su mejilla. Un día sus caminos se separaron. En 1939, la derrota republicana era inevitable. La batalla del Ebro fue el golpe definitivo que necesitaba el ejército nacional. Las tropas republicanas retrocedieron buscando el amparo de los Pirineos a través de Tarragona y Barcelona. Procesiones kilométricas de refugiados cruzaron la frontera francesa en busca de auxilio y se asentaron en los campos de refugiados de Argelès Sur Mer, Varcarès o Vernet. En esos meses de 1939 en los que se luchó contra el hambre y la enfermedad estalló la Segunda Guerra Mundial y se instauró en Francia el gobierno colaboracionista de Vichy. Los republicanos españoles fueron obligados a marchar a la primera línea de combate, bajo la amenaza de ser entregados al gobierno franquista. Otras veces, engañados, caían directamente en manos de la Gestapo. Ése fue el viaje de 148 malagueños, desde su tierra, con estación final en Mauthausen. FRANCISCO GÓMEZ CAÑETE Estación de Cártama, 22-04-1941 Una carta que presagió la tragedia En cada golpe de azada se dejaba el alma. Francisco Gómez era un padre para sus cuatro hermanos y se sentía responsable de llenar cada día la cesta del pan de su madre, María Cañete. En el Cortijo Supraviela, en la Estación de Cártama, con apenas 17 años, trabajaba de sol a sol porque un día su progenitor marchó a buscar fortuna en América. Nunca volvió. «No sabemos por qué no regresó. Nos quedamos huérfanos», dice la hermana de Francisco, Remedios Gómez. A sus 91 años, conserva una memoria prodigiosa. Tanta que aún recuerda qué ocurrió con su Francisco, como ella lo llama, mientras sujeta con mano temblorosa su fotografía con uniforme de miliciano. «Lo reclutaron a la fuerza, él no se quería ir a luchar a la Guerra Civil». Cuenta cómo se aferraba a su pecho otra Remedios, la que por aquel entonces era su novia. El otro varón de la familia, Antonio, acompañó a Francisco al campo de batalla; no quiso dejarlo solo. Antonio fue encarcelado en Valencia, donde se separaron sus caminos. Nada se volvió a saber de Francisco en casa de los Gómez Cañete. Hasta 1940. «A mi abuela le llegó una carta desde Francia -recuerda ahora la hija de Remedios- en la que mi tío les contaba que lo habían cogido prisionero los nazis». Un día tras otro, María Cañete se aferraba a la esperanza de que Francisco volvería. «Enviaba cartas al consulado alemán en España», comenta su nieta. Hasta que en el 62, llegó otra carta. No era de Francisco, ni siquiera del consulado, sino de Cruz Roja Internacional. Francisco Gómez Cañete había muerto en Mauthausen. Tres mil pesetas al mes a cargo del gobierno alemán nunca fueron pago suficiente para una familia en la que «San Francisco siempre era día de luto». María Cañete nunca pudo creer en aquella carta. Austria estaba demasiado lejos de Cártama. «Murió esperando ver a su Francisco entrar por la puerta», dice Remedios. (continúa en la página siguiente) LAUREANO VALLEJO ROMÁN Málaga, 14-10-1941 El puzle completado desde Rusia Laureano Vallejo llegaba a casa harto de atender clientes en los ultramarinos La Riojana de la calle Císter, pero tenía tiempo de coger en brazos a su hermano Antonio, el pequeño de la casa, su favorito. «Lo recuerdo poco, yo solo tenía nueve años», dice hoy un Antonio ya octogenario. Con 20 años, Laureano se encargaba de mantener a la familia, porque su padre era transportista con un camión en Alfarnate. Cinco hermanos y una madre eran muchas bocas que alimentar. Además, Manuel, el mayor, estudiaba Magisterio. Los nacionales comenzaron a avanzar y ellos dos lo dejaron todo para luchar en el frente. «Se alistaron juntos y, mientras, nosotros huimos hasta Almería». Los hermanos permanecerían juntos hasta la batalla del Ebro. Su familia volvería a Málaga una vez acabada la guerra. «Mi madre suponía que habían cruzado la frontera francesa», comenta Antonio. No daba nada por perdido. «Cosas de las madres», añade. Mantuvo la esperanza de ver con vida a sus hijos hasta que la carta de Cruz Roja llegó un fatídico día de 1950. «Laureano había sido apresado por la Gestapo cuando luchaba en la resistencia francesa». Murió en Mauthausen. Pero, ¿dónde acabó Manuel?. Llegó otra carta. «Casi no lo creía. ¿Traía sello de Rusia y era de mi hermano Manuel!». Durante la Segunda Guerra Mundial había luchado junto a los aliados estadounidenses y, para escapar de la represión en España, se quedó a vivir en Rusia. Hoy, Manuel ya ha muerto. «Visitó España un par de veces y me contó cómo fue su camino y lo poco que vivió con Laureano». Manuel pudo completar la historia de Laureano. EDUARDO DÍAZ LAGOS Torre del Mar, 7-03-1941 «Imposible escribir: prisionero de guerra» Se acercaba el verano. Eduardo Díaz estudiaba bachillerato en Torre del Mar y una de las cosas que más le gustaba era disfrutar de la playa. Lo recuerda hoy con 72 años su hermano Ricardo, que en aquel 1936 contaba con solo cinco años. «El avance del ejército era inminente. La familia al completo, los ocho hermanos y mis padres, cogimos la carretera de Almería y nos marchamos», recuerda. Corría el año 37. En cada puesto de comandancia un Eduardo con 18 años recién cumplidos le decía a su madre: «Mamá, si me quieren llevar a la guerra, deja que me vaya». Los Díaz Lagos llegaron a Cataluña. En Gandesa, la partida de Eduardo hacia el Ebro se hizo inevitable. «¿Escribe!», fue lo poco que pudo decir su madre entre sollozos. Y lo hizo. La familia tardó poco en regresar a Málaga. Eduardo, como tantos republicanos, se replegaría buscando el abrigo del país vecino. Su primera carta llegó desde el campo de refugiados de Argelès. «Nos contaba que estaba bien y que había cruzado la frontera montado en una bicicleta», comenta su hermano. Como compañera de viaje llevaba a una chica que conoció en Gandesa y que se convirtió en su novia. «La Vicenta», recuerda. Aquellas cartas las rompió porque su madre borró la tinta de llorar sobre ellas.«Las tiré todas por no verla sufrir más». Cuando los alemanes ocuparon Francia, dejó de escribir. Sus padres intentaron contactar con cuantos sitios pudieron para saber de él. Una nueva carta: Vicenta iba a tener un hijo. Tras esa alegría fugaz, cuando la Segunda Guerra Mundial parecía inminente, una última misiva anunció lo peor. «Imposible escribir: prisionero de guerra». Cada vez que alguien llamaba a la puerta, su madre siempre tenía la esperanza de que fuera Eduardo, o Vicenta, o el hijo del que decía estar embarazada. En 1957, Cruz Roja les informó de la muerte de Eduardo en Mauthausen. De su esposa, de su hija, jamás se supo. ÁLVARO MAYÉN CUÉLLAR Y JOAQUÍN RODRÍGUEZ MAYÉN San Pedro. El primero murió ( 3-06-1943). El segundo escapó con vida. Una muerte fingida para huir del infierno «Tío: si tú te vas, yo me voy contigo», cuenta Asunción Mayén que le dijo su sobrino, Joaquín, a Álvaro. Tenía tan solo 15 años, pero admiraba el arrojo de sus tíos Ramón, Pedro y Álvaro, que se alistaron en el ejército republicano sin dudarlo un segundo. Cada fin de semana iba a verlos tocar con la banda municipal de San Pedro Alcántara en la plaza del pueblo. Estaban a punto de entrar los nacionales en la provincia. Obligados por las circunstancias y en plena huida, Álvaro y su novia Isabel apresuraron su boda. Hoy Asunción, con 89 años, recuerda cómo Joaquín no paraba de llorar. La familia halló refugio en Cataluña, mientras los hombres luchaban en distintos frentes. Ramón y Pedro volvieron a San Pedro acabada la guerra, después de que retornara la familia. Habían pasado por prisión, uno en Valencia y otro en Ceuta. Pero un oscuro futuro esperaba a Álvaro y Joaquín. El destino quiso que ambos se reencontraran en el campo francés de Saint-Cyprien en 1939. Joaquín abrazó a su tío. «¿Enhorabuena! ¿Has sido padre! Tu hija está a salvo en casa». La próxima estación sería Austria. La muerte esperaba en Mauthausen a tío y sobrino. Álvaro fue gaseado en 1943. «A Joaquín también lo dimos por muerto hasta que un día llegó una carta de Francia», recuerda su tía Asunción. La historia increíble de un adolescente que, al borde morir de hambre, fue dado por desahuciado y apilado en un montón de cadáveres. «Se arrastró -relata su tía- hasta un camino, donde unos campesinos lo recogieron». Estuvo oculto hasta el final de la ocupación. Volvió a Francia, país que jamás abandonaría hasta su muerte, salvo para visitar San Pedro. «Nunca quiso contarnos lo que vivieron en aquel infierno», cuenta su tía. FRANCISCO DÍAZ BURGOS Fuengirola, 23-11-1941 Un hermano en la trinchera enemiga Acostumbrado a llevar el mineral en vagones desde la cantera de Los Boliches al puerto, Francisco Díaz jamás pensó que acabaría sus días en otra cantera, la de un campo de exterminio nazi. Su padre murió cuando él era pequeño y junto con su hermano Clemente, agricultor, se encargaron de sacar adelante una familia de seis miembros. Vivía en Fuengirola y cada domingo se escapaba con Modesta, su novia. «Un día los periódicos anunciaron que la guerra iba a estallar. No se alistaron, se los llevaron», lamenta su hermano pequeño Diego, que hoy tiene 76 años. Entonces él solo tenía ocho, y no entendía por qué Clemente y Francisco, que tenían poco más de 18, se marchaban y Modesta y su madre no dejaban de llorar. Clemente luchó con los nacionales; Francisco, con los republicanos. Sus caminos se separaron pronto. «No supimos nada de ellos mientras combatieron en España hasta que llegó una carta de Francia», explica la mujer de Diego, Antonia Cortés. Clemente cayó en el frente de Ávila; Francisco acabó en un campo de refugiados francés. «Nos contaba que pasaba mala vida, que había hambre y enfermedades. Incluso mandó una foto en la que lucía un crespón negro en señal de luto por su hermano», comenta. Como en todas las historias, las noticias de Francisco desaparecen con la ocupación nazi. «Enviamos cartas a un abogado francés que nos ayudaba a buscar a Francisco», explica Antonia. Su madre murió sin saber que él había fallecido en Austria. El abogado descubrió que Francisco acabó en Mauthausen. La espina clavada que le queda a Diego es que pudo viajar a Ávila a recoger los restos de Clemente para traerlos a Fuengirola. Nunca podrá recuperar las cenizas de Mauthausen.  Asi describía el periódico La Nación, uno de los actores políticos más importantes de Buenos Aires[1], el clima reinante el domingo 5 de noviembre cuando se corrió el Gran Premio Carlos Pellegrini, la cumbre de la temporada hípica local: "El camino hacia el hipódromo era ayer el que emprendía la gente desde todos los ámbitos de la ciudad y pueblos circunvecinos. La corriente de público se centralizaba en la avenida Alvear, donde los vehículos después de haber salvado con rapidez las vías convergentes, se atascaban allí, en medio de un roncar de bocinas que pedían paso en vano, porque no había forma de concedérselo. Así, eran muchos los que llegaban a pie al circo de Palermo para buscar en seguida ubicación en las tribunas desde la cual pudieran observar cómodamente el desarrollo del programa...."[2] Sin embargo, ese mismo día, los ecos de la guerra llegaban a Buenos Aires "Dió término ayer tarde [domingo 5 de noviembre] en nuestro puerto el viaje que inició en la Pellice (sic) el 18 de octubre último el vapor francés "Massilia" cuyo paradero se desconoció durante varios días y cuyo rumbo ignoraban los mismos pasajeros cuando se embarcaron en aquel puerto que no es el de salida habitual. La travesía se hizo desprovisto el barco de cualquier indicio que pudiera hacerlo perceptible desde larga distancia y durante la noche permaneció siempre en la mas absoluta oscuridad. Durante todo el viaje intercontinental el pasaje estuvo carente en absoluto de noticias que le informaran de algún acontecimiento, del mismo modo se le advirtió al pasaje que estaba vedada cualquier clase de correspondencia. De este modo, la llegada a Rio de Janeiro fue un verdadero alivio, pues significaba que todo peligro había desaparecido en lo que se refiere al posible torpedeamiento del barco por los sumergibles nazis."[3] Todos los diarios del domingo a la tarde y el lunes 6 de noviembre anunciaron que, el premio Carlos Pellegrini, corrido sobre 3000 metros, había sido ganado por Romántico. Este caballo no era el favorito en Palermo aquel domingo. En días anteriores, Noticias Graficas había dado a conocer las opiniones de prestigiosos cronistas de Montevideo, La Plata y Buenos Aires. Diez sobre 14 auspiciaban el triunfo de Embrujo, 2 el de Romántico, 1 el de Bon Vin.[4] Sin embargo, Romántico dió la gran sorpresa, segundo Partido, tercero Bon Vin y cuarto Embrujo. "Romántico alcanza el disco de triunfo con una cabeza de ventaja sobre Partido, al cabo de una larga lucha que adquirió relieves de inenerrable emoción..."[5] Los premios fueron 50.000$ para el primero, 10.000$ al segundo y 5.000$ al tercero. En ese mismo domingo, a bordo del Massilia, anclado en el puerto de Buenos Aires, había 147 españoles republicanos. Todos ellos se hallaban en tránsito, con diversos destinos: 132 a Chile, 6 al Paraguay y 9 a Bolivia. Permanecían alojados a bordo, hasta que pudieran tomar los trenes internacionales respectivos o el vapor de carrera con destino a Asunción. De este conjunto se destacaban unos 60 intelectuales, entre ellos Ramón Hidalgo Pontones (pintor), José Arbex Pomareta (ingeniero), José Fernández Cañizares (cinematografista), Luis de la Fuente (director de cine), Antonio Salgado y Salgado (periodista), José Ruiz de Toro (abogado y escritor), Mauro Cristóbal Artache (dibujante), Arturo Cuadrado Moure (ex-director de la revista "Resol"), Alberto López Barral (escultor), Gregorio Muñoz Montenegro (pintor-escenógrafo), Pedro Corominas Muntanya (abogado y legislador catalán), Severino Mejuto (actor), Clemente Cimorra (periodista), Eusebio de Gorbea, Pascual Guillén y Salvador Valverde (autores teatrales). "No permiten ni asomarse a los ojos de buey a los intelectuales españoles en tránsito", titulaba el diario radical Noticias Gráficas la noticia del arribo del Massilia al puerto de Buenos Aires, "Las medidas adoptadas contra el grupo de intelectuales y artistas españoles... son de un rigorismo que solamente tratándose de peligrosos confinados se hubieran aceptado....Un marinero nos informó que los españoles refugiados tenían orden de que nadie se aproximara a ellos y menos que se asomaran por los ojos de buey ...Es lamentable lo que ha ocurrido. No sabemos ni nos interesa saber quién ha dado la orden terminante de que ese grupo de gente que representa de modos distintos a la cultura y el cerebro de España permanezca en la sombría situación de los delincuentes incomunicados".[6] También el diario Crítica informó sobre la llegada del Massilia.[7] "En ese buque francés arribaron mas de 60 intelectuales españoles que tratarán de reconstruir sus vidas en Chile". El relato de una exiliada española que estaba a bordo del Massilia nos acerca a las trayectorias que habían llevado a ese grupo hasta el puerto de Buenos Aires. MC abandonó España casi al finalizar la Guerra Civil, cuando las tropas franquistas entraban en Barcelona. Estaba embarazada de 6 meses y fue llevada a un campo de concentración en el departamento de los Pirineos Orientales en el sur de Francia. Su marido fue a parar a otro campo. Como MC había estado en Paris para la Exposición Universal en 1937 tenía un tipo de ropa moderna que la hacía confundirse con la población local, además hablaba bien francés. Junto con dos chicas catalanas decidió emprender la aventura de escapar a Paris. Para obtener el pasaporte español, era necesario primero llegar a Perpignan donde todavía funcionaba el Consulado español ya que el gobierno de Franco no habia sido reconocido todavía por las autoridades francesas. Casi milagrosamente, sin ser descubiertas pudieron abordar el tren y llegar a Perpignan donde MC encontró amigos entrañables que le facilitaron el dinero para llegar a Paris. El dinero era importante pero no era el único problema. MC no consiguió los documentos, pero aún sin papeles, luego de una noche en la estación pudo tomar el tren a Paris. Paris era otro mundo, allí no había españoles hacinados ni gendarmes vigilando y tenía amigos que la alojaron. Reunirse con su marido fue otra aventura. G. estaba alojado en Argelés, aunque lo trasladaron varias veces. Entonces el problema era saber dónde estaba, y por supuesto si estaba bien. Cuando lo ubicaron, junto a los amigos de Paris, fue a buscarlo y burlando las reglas de seguridad y disciplina del campo, partieron desde Orleans a Paris. En Paris debieron esperar el nacimiento de su bebe, una niña con la que emprenderían la gran aventura americana. La familia, que tenía buenas relaciones con Pablo Neruda, entonces embajador de Chile en Francia, había logrado integrar el contingente del "Winnipeg", un barco que aquél había fletado, pero no llegaron a tiempo. El barco salió de Francia antes de que MC. hubiera dado a luz a su hija. Como los cuáqueros habían costeado sus pasajes lograron ahora ya con mas tiempo integrar el grupo de los que partirían en el "Massilia", también con destino a Chile en octubre de 1939, al mes siguiente del estallido de la II Guerra Mundial. En el Massilla iban muchos artistas, escritores y periodistas españoles. Con ellos viajaban numerosos refugiados judíos polacos e italianos. Juntos compartían la tercera clase en condiciones deplorables de hacinamiento y promiscuidad. El viaje fue largo. Ver por última vez las costas españolas fue muy triste, pero era la libertad. El grupo se integró maravillosamente, no se conocían de antes ni tenían en definitiva nada en común, salvo la guerra. Todos sintieron un profundo odio hacia la tripulación francesa que los trataba mal, y que "tanto odiaban a los rojos como a los judíos". Fueron horribles las peripecias vividas a bordo ante la amenaza constante de los submarinos nazis. Finalmente, el Massilia atracó en Buenos Aires, desde donde seguirían viaje a sus destinos finales en otros países. MC recuerda que, mientras los pasajeros esperaban a bordo el inicio de la nueva etapa de su viaje, se presentó en el puerto Natalio Botana, director del periódico Crítica que, sorpresivamente, ofreció a los españoles una suma importante de dinero para facilitar su asentamiento en la Argentina.[8] Natalio Botana, de origen uruguayo, había llegado a la Argentina a comienzos de la década de 1910, luego de abandonar el Seminario Jesuita, la carrera de Derecho y de haber participado en la guerra civil de 1904. Perteneciente a una familia tradicional de ricos campesinos, logró una vez en Buenos Aires, gracias a contactos familiares entrar a trabajar en el diario La Razón para cubrir notas sociales. Su experiencia no fue exitosa y al poco tiempo fue despedido. Comenzó entonce a escribir para la revista P.B.T. donde se convirtió en un periodista de nota. Con la experiencia periodística y contactos que había logrado durante esos años, en 1913 fundó Crítica, "el diario más moderno de Latino América".[9] "Botana había hecho una importante campaña a favor de España Republicana y él conocía a algunos de los que veníamos en el barco, a mi marido lo conocía porque había trabajado en medios gráficos, sabía que Mariano Perla había dirigido un periódico que se llamaba Mundo Obrero, en fin, conocía a alguna gente. Entonces, cuando apareció en el puerto y dijo al comisario de a bordo que quería subir al barco a vernos, éste le dijo que no podía visitar a nadie. El le dijo: Ud. no sabe quién soy yo. A mi no me importa quién es Ud, le respondió el comisario, pero estos señores son rojos peligrosos y los llevará de aquí el tren internacional. Mi misión es vigilarlos y que nadie salga. Entonces Botana le respondió, no sólo voy a venir a darle el dinero a los refugiados, sino que los voy a bajar a todos."[10] Natalio Botana, era también propietario de "Romántico", el ganador del Gran Premio Carlos Pellegrini que se acababa de correr. Nuestra testigo une así en su relato las dos historias con las que comenzamos nuestro trabajo: "Quiso el azar que un caballo propiedad de Botana hubiera ganado recientemente una importante carrera en el hipódromo local. Botana decidió, entonces, donar el importe del premio a los españoles del Massilia, consiguiendo también del presidente Ortiz el permiso para que ese puñado de hombres, mujeres y niños pudieran afincarse legalmente en el pais. Así nos quedamos en la Argentina, gracias a un caballo que ganó... No teníamos programado venir a la Argentina, eso fue una cosa que surgió, así de un modo puramente casual... Todos teníamos nuestra visa para Chile pero ya que la cosa surgió nos pareció mejor la Argentina, que era un pais más atractivo".[11] El azar aparece así como protagonista absoluto del asentamiento de los españoles llegados en el Massilia, el conjunto más numeroso de exiliados españoles llegados a la Argentina antes de 1940. La trama sin embargo era mucho más compleja. Intentaremos construir una estructura significativa con las diversas versiones de lo sucedido aquél domingo 5 de noviembre. La Argentina, que había recibido a millones de inmigrantes desde 1880, cerró sus puertas a partir de 1930. Cuando se produjo el estallido de la Guerra Civil española en 1936, apareció en el gobierno argentino la preocupación por el posible ingreso de los refugiados españoles, considerados "extranjeros indeseables". Estos eran visualizados como una amenaza para la población nacional, y el Estado argentino debía estar alerta para no convertirse en "el receptáculo de personas indeseables" por el peligro ideológico que representaban.[12] Durante 1938 se incrementaron las trabas para los extranjeros que quisieran emigrar a la Argentina, en particular los refugiados, tanto judíos como españoles republicanos. Los cónsules argentinos en el exterior fueron instruidos para suspender visas de ingreso al pais, e incluso permisos ya acordados en Buenos Aires fueron revisados y en muchos casos anulados.[13] El fin de la Guerra Civil en abril de 1939 y el estallido de la Segunda Guerra Mundial a los pocos meses no hizo más que empeorar la situación de los republicanos españoles exiliados en Francia. Miles de solicitudes de ingreso fueron rechazadas debido a la suspensión y caducidad de permisos de ingreso. Esto originó una serie de protestas por parte de diputados del campo opositor, socialistas y radicales, que levantaron sus voces en defensa de los refugiados españoles y judíos.[14] Dentro de este frente se ubicaba el diario Crítica, el diario popular de Buenos Aires, que junto con El Mundo, fundado en 1928 se constituyeron en los dos diarios modernos que crearon un nuevo estilo periodístico más adecuado a la expansión y demandas del público. En ambos se entrelazaba el nuevo periodismo de noticias breves, grandes titulares, donde se filtraba la vida cotidiana, la información sobre delitos y accidentes en la sección policial, las mujeres, los chicos a los que Crítica dedicaba un suplemento semanal, los espectáculos y deportes, con notas de escritores e intelectuales de vanguardia (incluyendo a los de origen patricio como Borges) y de la literatura social. [15] Crítica y su director Natalio Botana llegaron a constituirse en los principales actores en la defensa de la República Española primero y de los refugiados republicanos después. Desde el estallido mismo de la guerra el diario publicó notas editoriales, columnas de opinión y colaboraciones que expresaban un abierto apoyo al gobierno republicano, criticando con dureza la actuación del ejército franquista. En una nota titulada "El norte de España es ya una colonia ítalo-germana" denunció el apoyo alemán e italiano a Franco.[16] Criticó asimismo la actitud prescindente de los gobierno democráticos europeos, acusando a los mismos por el desenlace de la Guerra. El 4 de marzo de 1938 Crítica denuncia que España será aplastada por la neutralidad de los países democráticos. El 27 de febrero de 1939 dedica un largo artículo para explicar que la traición anglo-francesa ha terminado la guerra civil. Consecuente con su entusiasta defensa de la República española, el diario sesgaba las noticias provenientes de la península con el objetivo de sobredimensionar los triunfos leales y ocultar o relativizar los avances rebeldes. El propio Manuel Azaña en sus Memorias políticas y de guerra, se muestra sorprendido ante la visita de Eduardo Toribio Bedoya director de Crítica, en agosto de 1937, solicitándole escribiera un artículo para el periódico "explicando la estupenda obra que realiza el Gobierno español y el heroísmo del pueblo" [subrayado de Azaña]. El asombro de Azaña se deriva del gran conocimiento y encendido entusiasmo mostrado por Bedoya sobre el desarrollo de la Guerra Civil.[17] Es significativa, por ejemplo, la información brindada por el diario durante enero de 1939. A inicios del mes sus primeras páginas hablan de grandes triunfos leales, información que va combinando lentamente con otras que indican un cierto avance de Franco en Cataluña. Casi inesperadamente, el 25 de enero informa de la caída de Barcelona.[18] Crítica se comprometió editorial y materialmente con los organismos e instituciones argentinas de ayuda al "legítimo gobierno español" y participó en todo tipo de actividades solidarias. Terminada la guerra Civil, la posición del periódico se continuó en tres líneas editoriales paralelas. En primer lugar, el apoyo a los republicanos españoles refugiados en Francia. Denunciaba, por otro lado las atrocidades cometidas por el franquismo triunfante. Crítica informaba sobre lo que llamaba "la obra de destrucción de España" realizada por Franco en su primer año de gobierno, "nueve fusilados por minuto los primeros dias, 400.000 exiliados en Francia, miles de intelectuales por el mundo".[19] Finalmente, el diario ofrecía un lugar significativo a información de problemas y enfrentamientos dentro del gobierno franquista y sobre el descontento popular en España. Consecuente con su actitud opositora al gobierno franquista, Crítica auguraba la pronta desaparición del ilegítimo gobierno rebelde, asegurando que "más pronto de lo que algunos suponen, España tendrá su tercera república".[20] Esta posición del periódico y de Botana fue reconocida por los republicanos españoles en diferentes oportunidades. Así, a propósito de su irrupción en el Massilia dice otro de los pasajeros "Jamás olvidaré lo que hizo Botana por nosotros. Quién se animaba en aquel momento a presentarse así suelto de cuerpo y pedir por los rojos republicanos?. El sabía cómo moverse y estaba dispuesto a jugarse, era un verdadero antifascista"[21] Ya desde el estallido de la guerra el diario había comenzado una suscripción popular a favor de la Cruz Roja Española; Crítica encabezaba los aportes con $ 1000, Natalio Botana, $ 1000 y el personal del diario, $454,40.[22] Durante los tres años de la guerra las páginas del diario publicaron noticias sobre la ayuda argentina hacia las fuerzas leales y de los actos realizados en el pais por algunos organismos a favor de la España Republicana. La visita de Indalecio Prieto, líder socialista, representante de la República española en enero de 1939, a pocos días del derrumbe de Barcelona, ocupó las paginas centrales del diario.[23] Segun Helvio Botana, hijo de Natalio, Prieto había sido enviado a la Argentina por la República Española con un mensaje secreto: "La guerra estaba irremediablemente perdida, y se continuaba en retirada, pues sabían que no habría piedad para los vencidos y había que tratar de que llegaran a Francia como refugiados. Estaban más que agradecidos a Natalio, pero pragmáticamente consideraban que sería conveniente a sus intereses, que los abandonara y cambiara de frente, teniendo para ello el tiempo que quedaba hasta la derrota final que podian ser dos o tres meses. Crítica podría ir llevando la opinión del diario, de beligerante a neutral, para no caer en la situación negativa que significa para una empresa el estar ligada a una causa política perdida. Natalio Botana, agradecido, les demostró que lo de España era únicamente una batalla de la guerra, que se desencadenaría no bien Hitler tuviese a España a su favor."[24] Efectivamente, Botana hizo caso omiso del consejo de Prieto. El diario apoyó fervientemente las gestiones de la Comisión Argentina para Niños Españoles, que intentaba el traslado de niños y refugiados españoles, integrada por Marcelo T. de Alvear, Alfredo Palacios, José Peco, Mariano Castex y Carlos Saavedra Lamas.[25] El diario se mostraba optimista sobre la posibilidad de que la Argentina recibiera a una gran cantidad de niños españoles. El 18 de febrero de 1939 Crítica publicó una extensa entrevista al Presidente de dicha Comisión bajo el título, "Centenares de niños españoles van a ser conducidos a nuestro pais". Ese mismo dia Crítica informaba de la entrega por los miembros de la Comisión de una nota a la Cancillería solicitando al gobierno argentino que se permitiera la entrada de niños desamparados, ciudadanos españoles con familias en la Argentina que dispongan de recursos, trabajadores del campo e intelectuales. La informacion de Crítica va mostrando, lentamente, la realidad contra la que debieron enfrentarse los sectores que propician el ingreso de los republicanos españoles. Las noticias sobre proyectos de radicación van dando lugar a los reclamos al gobierno para que permitiera la entrada de los refugiados. A partir del derrumbe definitivo de la República, Crítica encabezó una verdadera cruzada en favor de los exiliados. Esta campaña del diario se evidenció por primera vez en enero de 1939 y se mantuvo en forma constante hasta mediados de 1941.[26] El 27 de enero de 1939, dos días después de la caída de Barcelona en poder de Franco, Crítica comenzó a publicar noticias y comentarios sobre la situación de los refugiados españoles en Francia. Estas noticias se combinaban con detalles sobre la continuidad de la guerra en el frente madrileño y el fin de la Guerra Civil. El periódico informaba detalladamente sobre la situación de los refugiados. Contaba para ello con corresponsales directos como el representante de la FUA (Federación Universitaria Argentina) ante el estudiantado español, Guillermo Delgado, quien informó al regresar al pais la vida horrible en los campos de concentración para refugiados que habilitó Francia, confirmando al mismo tiempo, las denuncias de Crítica sobre el mal comportamiento de los funcionarios de la Cancillería argentina.[27] También publicaba cables de agencias internacionales que denunciaban el mal trato a que eran sometidos los refugiados en Francia, donde morían de hambre y frio y sin ningún tipo de atención médica.[28] A partir de ese momento comenzó a plantear la mejor opción para poner fin a las penurias de los españoles en Francia: "Desgarradoras voces de auxilio lanzan los refugiados españoles...Quieren venir a trabajar..."[29] Crítica concentrará todos sus esfuerzos en lograr que puedan ponerse a salvo de sus penurias en la Argentina. En abril de 1939 se anuncia desde Córdoba la realización de un mitin organizado por la Liga de los derechos del Hombre y por el Comité Pro Ayuda al pueblo español en donde se pedía la apertura de las fronteras argentinas para la entrada de españoles republicanos.[30] Al mismo tiempo Crítica informaba sobre la actitud intimidatoria del gobierno argentino ante las instituciones pro-republicanas, denunciando la detención de 70 personas de distinta filiación política en un Festival Pro España Leal. [31] Crítica acusaba al gobierno argentino de tratar de modo benevolente a los grupos franquistas reaccionarios.[32] A fines de abril de 1939 apareció la primer mención del diario criticando la política inmigratoria del gobierno argentino, clamando por la necesidad de abrir las puertas a los hombres laboriosos del mundo.[33] A partir de junio inicia una campaña sistemática sobre el tema, ilustrando las notas con las fotos de Juan Baustista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento.[34] Crítica habla de tres categorías de inmigrantes, los que vienen a buscar trabajo sin mas capital que sus brazos, los que poseen un pequeño capital y están dispuestos a invertirlo en el pais, y el perseguido político, que no es un delincuente, sino un hombre al que le hacen la vida imposible las tiranías europeas, porque, "como nosotros, ese hombre es un demócrata". Que vengan todos es la opinión de Crítica.[35] El diario denunció al Comité Consultivo de la Dirección de Inmigraciones por tomar medidas inconstitucionales que violan la vieja hospitalidad argentina y son contrarias a las necesidades del pais.[36] Consecuente con su posición, Crítica apoya a los diputados radicales y socialistas que, el 9 de agosto de 1939, interpelaron a los Ministros de Agricultura y Relaciones Exteriores y Culto y denunciaron la política de puertas cerradas del gobierno argentino.[37] En julio de 1939 se abre un capítulo especial en la lucha por el libre ingreso a la Argentina de los refugiados españoles en Francia. El 14 de ese mes Crítica hace un llamado urgente. "Debemos acudir en ayuda de los intelectuales españoles. Universitarios, profesionales, escritores y artistas figuran entre los refugiados en Francia, sin destino fijo. Para contribuir a salvar lo mejor de la cultura española, actualmente en los campos de concentración [en Francia] abre Crítica una suscripción de carácter nacional". Crítica inicia la suscripción con $5 000. El mismo día pedirán al presidente, Dr. Ortiz que se permita la entrada al pais de los intelectuales españoles. La campaña se inicia con un reportaje a Enrique Banchs, Presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) donde éste solicita a Ortiz que realice gestiones en favor de los escritores españoles que se encuentran en Francia y otros paises, permitiendo la entrada en el pais de los intelectuales que quieran radicarse en la Argentina. Desde ese momento y hasta fines de agosto, aparece diariamente una página dedicada al tema. Incluye datos sobre los intelectuales refugiados en Francia, la lista de donaciones recibidas, la adhesión a la colecta de diferentes instituciones e información sobre festivales y actos de apoyo. A 72 horas de iniciada, la colecta llega a $13 286.[38] El 9 de agosto de 1939 el total acumulado asciende a $34 870,40.[39] El 13 de noviembre se informa sobre el destino de los fondos: "A pedido de entidades de ayuda a los intelectuales Crítica distribuyó el producto de la colecta Suscripción Pro-intelectuales españoles entre exiliados del Massilia. En la Argentina, agregaba, quedaron unas 50 personas, siguiendo viaje a Chile otros 70 intelectuales."[40] El total recaudado se repartió entre las 50 personas que se instalarían en nuestro país ($29 212,60) y los 70 intelectuales que seguirían viaje a Chile ($10 000) A estos fondos Botana probablemente agregó parte del premio de $50000 que su caballo Romántico había obtenido en el Gran premio Carlos Pellegrini. Su hijo, Helvio Botana, recuerda... "El regalo masivo llegó en el vapor Marilia (sic), casi un centenar de refugiados (sic) que iban rumbo a Chile.... Natalio consiguió en seguida la residencia para todos, y lo completó a su estilo: a medida que iban bajando del vapor, en la pasarela fueron recibiendo un sobre con suficiente dinero para vivir con dignidad dos meses, período calculado para conseguir trabajo. Los periodistas pasaron casi todos a Crítica, donde fueron una inyección de pureza idiomática, y de otras líneas de imaginación creadora"[41] Curiosamente, el resto de la prensa nacional no hizo alusión al hecho inédito de que los intelectuales del Massilia, se quedaran en Buenos Aires. Sólo en la sección "Teatro" del diario La Nación se menciona la llegada de tres autores teatrales de actuación celebrada en España: Eusebio de Gorbea, Pascual Guillén y Salvador Valverde y al escenógrafo Gori Muñoz, sin aclarar que se trataba de pasajeros del Massilia.[42] Sin embargo, el hecho no pasó desapercibido en la Embajada de la Argentina en España, desde la cual un funcionario anónimo informaba a un destinatario también desconocido, pero que podemos suponer era integrante del gobierno franquista, lo siguiente: "Hay que señalar la maniobra comunista desarrollada en Buenos Aires por los elementos avanzados argentinos, con los emigrados españoles del vapor Massilla. Iban destinados a Chile y se quedaron en Buenos Aires, en vista de que una manifestación de argentinos provocada por el Director de Crítica, así lo pidió. He calificado de 'maniobra comunista' ésta del desembarco en Buenos Aires, y así parece. Se recuerdan las consignas del Komintern al SERE [Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles], orientadas a la creación de grandes núcleos de comunistas en Argentina y México, de donde habían de irradiar una fuerte propaganda sobre toda América y procurar el entorpecimietno del comercio con Francia e Inglaterra. Y aquí radica la maniobra del desembarque, Hasta ahora, la Argentina se había negado rotundamente a visar pasaportes rojos y a conceder permisos de estancia en el territorio. En vista de ello, han acudido a este medio de la manifestación."[43] El funcionario diplomático argentino, integrante de una representación diplomática de netas simpatías pro-franquistas, apuntaba en ese texto al carácter colectivo de la solidaridad que reclamaba por el derecho de los españoles a instalarse en la Argentina. El carácter del complot, tildado como "maniobra comunista", sugiere un plan claramente elaborado por la Unión Soviética, para expandir sus ideas en Argentina y México. La acción de Botana ya no es más la del protagonista solitario sino la del instigador de una acción colectiva. Ninguno de nuestros testigos menciona la existencia de la "manifestación" a la que alude el texto. El gobierno no deseaba que quienes vinieran al país "sean vencidos que buscan asilo a sus fracasos" [44] e insistía que "el perseguido político no es un inmigrante y que no se puede pretender que el gobierno de la república [argentina] cree, con olvido de sus deberes fundamentales, un problema inexistente a título de resolver un problema existente en otros países". [45] Sin embargo, el presidente Ortiz finalmente otorgó la autorización para que los españoles del Massilia se quedaran. Crítica remarca el gesto del Poder Ejecutivo de permitir el ingreso de algunos de los exiliados del Massilia, señalando que "El presidente Ortiz interpretó el sentir de nuestra república al ofrecerles hogar democrático a los refugiados de España."[46] También la Federación de Entidades Democráticas Españolas envió una carta al presidente para "expresarle su reconocimiento por la resolución adoptada con algunos españoles llegados al puerto de Bs.As. a bordo del vapor Massilia... y que expresando su deseo de quedarse en la Argentina, fueron autorizados para ello, con generosa interpretación por parte del Sr. Presidente de lo dispuesto en materia inmigratoria..." [47] La Federación de Entidades Democráticas Españolas da una versión en la cual la iniciativa pasa de la decisión individual de Botana o de la "manifestación" organizada, al deseo de algunos pasajeros de quedarse, pasando de este modo todo el protagonismo al Dr. Ortiz y a la benévola decisión de autorizar su ingreso. Maria Rosa Oliver propone en sus Memorias, una hipótesis propia respecto de la vinculación entre Botana y el presidente Ortiz y los motivos que llevaron a éste último a favorecer a los republicanos del Massilia: "La admisión masiva se debió a la campaña que hizo Crítica y a la acción decidida de su director, Natalio Botana, con quien el gobierno tenía una deuda pendiente: Crítica había preparado el terreno para que tuviera éxito la asonada militar que el 6 de septiembre de 1930 derrocó al gobierno de Yrigoyen."[48] Efectivamente fue en las instalaciones del diario donde se realizaron reuniones de políticos opositores y desde donde salieron manifestaciones callejeras antiyrigoyenistas en los días previos al golpe. Mientras otros medios como La Nación o La Prensa, limitaban su accionar a la agitación intelectual, Crítica apostó a un rol más activo, "como organizador material de la ruptura institucional".[49] La activa participación de Crítica en la coyuntura de 1930 implicó una reformulación de su carácter ya que a pesar de ser un diario periodísticamente moderno, apareció jugando un definido rol político, reactivando una práctica que había criticado desde su fundación. Si bien su intervención fue elogiada y su influencia e impacto reconocidos, las relaciones de Crítica con el nuevo gobierno no fueron de ninguna manera armoniosas, iniciando una larga etapa de denuncias, pedidos de elecciones, etc.[50] Durante los últimos años de la década del 30, Crítica seguía siendo un actor político de peso, jugando un rol activo en la configuración de la opinion pública. En el plano nacional, el diario denunció los fraudes electorales y restricciones a la actividad política y sindical, mostrando una simpatía moderada hacia la Unión Cívica Radical. Apareció apoyando al Partido Socialista Obrero durante la campaña electoral de 1938.[51] El diario denunció las condiciones de vida y trabajo de la población rural así como los negociados y estafas en el ámbito gubernamental. Apoyó la decisión del Poder Ejecutivo de declarar en comisión al personal de la Dirección de Inmigración, a los que acusaba de obstaculizar el ingreso al país con trabas burocráticas y medidas demasiados estrictas para poder solicitar coimas.[52] Crítica denunció la infiltración nazi en la Argentina y realizó una gran campaña reprobando la política inmigratoria argentina, defendiendo el libre ingreso de inmigrantes y refugiados.[53] En el plano internacional, la posición del periódico se caracterizó por una clara y combativa posición antifascista, que se sintetiza en la nota a pie de página que apareció diariamente a partir de la invasión alemana a Polonia: "Nuestra posición: con Francia, con Inglaterra y con los paises democráticos de Europa. Crítica seguirá una ruta ya de antiguo trazada. No admitimos los tonos grises: deseamos el triunfo de la civilización y el aplastamiento de las dictaduras".[54] Es difícil suponer que habiendo transcurrido nueve años desde el momento del golpe que derrocó a Yrigoyen, el hecho de que Ortiz fuese de alguna manera heredero del proceso político iniciado entonces pudiera convertirlo en deudor de Botana. En todo caso, es más probable que haya influído la importancia de Crítica en la formación de la opinión pública y su rol como actor político de perfiles muy definidos, reafirmando, como señala Sylvia Saitta, la existencia de un nuevo escenario periodístico en el cual la prensa diaria tenía una activa participación en la resolución de cuestiones políticas.[55] Indudablemente Crítica instaló el tema de la Guerra Civil Española en la sociedad argentina, como bien lo recuerda su hijo, Helvio Botana[56] "..mi padre convirtió la guerra española en problema argentino, pues así se lo tomó ... Por influjo de Crítica nuestra población tomó partido en pro o en contra de Franco. Así fue, en toda la República una beligerancia polémica nos invadió. Y como en toda guerra, hubo hechos notables y ridículos; abnegados y aprovechados. El "no te metas" desapareció. La Argentina vibró y se vivió pasionalmente un suceso que fue nuestro." La intervención personal de Natalio Botana en el caso del Massilia también ha suscitado interpretaciones menos benevolentes. Francisco Ayala, exiliado en la Argentina entre 1940 y 1945 ha escrito que: "Al dueño de Crítica, diario vespertino tan popular como sensacionalista....en vista de que los intelectuales exiliados se hallaban en situacion financiera bastante precaria, se le ocurrió formar un ramillete con unas cuantas personalidades, escritores, políticos de los mas conocidos, para encargarles, a cada cual, un artículo espléndidamente pagado, detalle de mecenazgo que, claro está, debía redundar en su autoglorificación y en prestigio de su rotativo. La fatalidad hizo que este protector de los grandes intelectuales desvalidos, el opulento señor Botana, muriera poco después en un accidente de automóvil, ocasionando con ello la consternación de quienes esperaban ver repetirse de un modo u otro el beneficio por él discernido a las letras republicanas."[57] A pesar de opiniones como ésta, Botana se convirtió para todos los republicanos que llegaron a la Argentina en una figura legendaria. A pocos dias de su muerte en 1941, España Republicana, el diario del Centro Republicano Español de Buenos Aires, publicó la siguiente nota: " La muerte de Natalio Botana en un accidente automovilístico ha producido un vivo pesar en la colectividad española. El Sr. Botana, fundador y director-propietario de Crítica, dedicó siempre a los problemas de nuestro pais una viva atención y dio el mas resuelto apoyo a las luchas de nuestro pueblo....Las columnas de Crítica han estado siempre a disposición de los republicanos españoles. Y en la casa de Crítica han encontrado un nuevo hogar periodístico muchos de nuestros compañeros y una tribuna muchas figuras destacadas de la República. En Crítica han escrito y escriben Diego Martínez Barrio, Angel Ossorio y Gallardo, Indalecio Prieto, Augusto Barcia, Julio Alvarez del Vayo, Manuel Blasco Garzón, Mariano Gómez, Basilio Alvarez, Alfonso Castelao, José Venegas, etc. A la actual redacción y al cuadro de colaboradores de Crítica pertenecen el general Vicente Rojo, Rodrigo Soriano, Corpus Barga, Manuel Fontdevila, Juan G. Olmedilla, Carlos Sampelayo, Clemente Cimorra y otros compatriotas. Debemos a Crítica una gratitud inextinguible y fue don Natalio Botana quien resueltamente puso la enorme fuerza popular de su diario al servicio de la causa republicana española. Su fervor hacia España lo compartieron su esposa, Salvadora Medina onrubia, en cuyas recientes obras literarias se expresaba el mismo sentimiento, sus hijos Helvio y Jaime y su hijo político, el diputado Damonte Taborda quien incluso asistió a la última reunión de las Cortes Españoles en el castillo de Figueras."[58] Un año después, comentando los actos organizados para conmemorar el primer aniversario de su muerte, España Republicana afirmaba: "Los españoles republicanos tienen con Botana una deuda de gratitud que no olvidarán jamás. Antes de la guerra, en la guerra y después de la guerra, Natalio Botana estuvo de corazón a nuestro lado. Su diario se puso al servicio de nuestra causa con una generosidad ejemplar....Su fe por España no decayó un momento. Dias antes de morir hablaba con algunos de nuestros más adictos amigos expresando sus esperanzas en el triunfo de la Revolución en España en un porvenir cercano. De este triunfo quería ser partícipe, como un español más."[59] Botana se convirtió así en el protector de los republicanos españoles y cual el Cid siguió ganando batallas aún después de muerto, al menos en la memoria de nuestros entrevistados. GFZ, recuerda su venida a la Argentina al finalizar la II Guerra Mundial, después de haber hecho la resistencia en Francia[60] " En el 46 logré salir de Francia gracias a las gestiones de Gori Muñoz, que estaba en la Argentina desde fines del 39.... Para que yo pudiese ir a la Argentina necesitaba un contrato de trabajo y como él estaba trabajando en el Estudio San Miguel decidió mandarme un contrato de técnico cinematográfico. ... Me reuní con mi esposa en Portugal, y con mi hija que ya tenía diez años...A pesar de tener un contrato de trabajo tuvimos grandes dificultades para el visado del pasaporte....En el consulado argentino se negaron rotundamente a hacernos el visado, finalmente conseguimos visado para Chile con tránsito por la Argentina. Al llegar a Buenos Aires nos estaban esperando los amigos... alguien había intercedido para conseguir nuestra visa: Natalio Botana. Estaremos siempre agradecidos por su gestión." Botana había muerto cinco años antes. Otra clara "deformación" del recuerdo se presenta en el testimonio de quien reduce el incidente del Massilia en la narrativa de su exclusiva salvación personal: "Yo iba a Chile, Pablo Neruda, de quien era gran amigo me había conseguido la visa para ir allí. Pero cuando llegamos a Buenos Aires, Botana apareció en el puerto de Buenos Aires cuando atracó el Massilia y preguntó por mi, no pude decir que no, fui el único de ese barco que quedó en Buenos Aires" [61] Este "error" de la memoria nos ayuda a entender en toda su dimensión el significado de su figura y accionar para los republicanos españoles. Botana fue el salvador de los republicanos mas allá de su temprana y dramática muerte. Lejos de constituir una dificultad, estos "errores" ayudan a dar sentido a la construcción de las narrativas personales. Muchos de los republicanos españoles que llegaron a la Argentina fueron ayudados por Botana. Este reconocimiento se constituyó en un elemento central de la reconstrucción histórica de la llegada a la Argentina. La figura "mítica" de Botana aparece en el relato de muchos de nuestros entrevistados. Escuchamos la misma historia, con algunas variantes contada una y otra vez con un gran realismo. Sabemos, sin embargo, que un relato realista no es siempre un relato verdadero. Los diversos testimonios, incluyendo sus fabulaciones, interpretaciones distintas y "errores", nos permiten entender el proceso a través del cual los individuos construyen sus memorias. Los testimonios orales y su confrontación con otro tipo de fuentes nos han permitido reconstruir la compleja trama de esa experiencia. Tras la alusión de una de nuestras entrevistadas al caballo que ganó "por una cabeza", gracias al cual pudieron quedarse en la Argentina, aparece en toda su magnitud la acción del diario Crítica y su director Natalio Botana. Para nuestra entrevistada, el azar es explicación suficiente de la inflexión en su trayectoria personal, que se había iniciado con la derrota de la Guerra Civil, continuó con la amenaza del avance nazi en Francia y la persecución de los submarinos alemanes durante el traumático cruce del Atlántico. En cambio, para otro entrevistado no hubo azar. La acción de Botana se reduce a un hecho magnífico pero puntual, destinado a la exclusiva salvación de quien narra. Finalmente, para quien llegó a la Argentina en 1946, la obra de Botana se vuelve atemporal y trasciende su propia muerte. El relato condensa todo el simbolismo de Botana como figura salvadora para los republicanos españoles que vinieron a la Argentina Los testimonios orales mostraron su doble utilidad en la reconstrucción de esta historia. Nos han permitido por un lado, recuperar la experiencia de los actores y trasmitir el significado de sus vivencias pasadas, confrontadas con la dimensión de sus recuerdos presentes. Por otro lado, pudimos, verificar y explicar cómo en este caso fue perforada la barrera de la prohibición inmigratoria, estableciendo la distancia entre la dura legislación inmigratoria y su implementación y descubrir una sociedad civil compleja, evidentemente plural y solidaria. El celo puesto en la elaboración de una rígida reglamentacíon migratoria y el control minucioso de los ingresos para "... disminuir o atenuar el grave peligro de la introducción al pais de elementos exóticos y perturbadores del orden social"[62], no impidió que las normas fueran vulneradas. Como bien lo señalaba el Ministerio de Agricultura, "... la inmigración regulada por medio de los permisos de libre desembarco ha sido en parte desvirtuada por el ingreso de pasajeros clandestinos, turistas que no eran tales y personas que debiendo transitar por la república para dirigirse a un país vecino se quedaron luego en ella" [63] El Massilia es un ejemplo colectivo de esto último. Sin embargo, en el marco de una política inmigratoria restrictiva los exiliados republicanos llegaron a la Argentina a cuentagotas. La experiencia del Massilia es excepcional, constituyendo, como ya lo hemos señalado, el grupo más numeroso de republicanos que llegó a la Argentina antes de 1940. El diario Crítica y su director Natalio Botana fueron actores decisivos de esta experiencia. Botana tuvo la lúcida y profunda convicción de que la Guerra de España era la antesala de la Guerra Mundial y decidiría, en caso de su derrota el ascenso de los totalitarismos de derecha. Su militante solidaridad con la España republicana y luego con los exiliados a los que ayudó a entrar e instalarse en la Argentina se inscribe en el contexto de sus convicciones antifascistas. La reconstrucción de otras historias permite ubicar diversos actores que jugaron un rol importante en la recepción de los republicanos españoles en la Argentina.[64] El estallido de la Guerra Civil en España despertó en la Argentina una gran movilización. Cuando el comienzo de la misma en el verano de 1936 distintos sectores de la sociedad argentina asumieron actitudes diversas. Las fuerzas de la derecha, incluyendo al gobierno del General Agustín P. Justo que llegó al poder en 1932, mostraron muy rápidamente sus simpatías por el bando nacionalista, liderado por Franco.[65] Una de las primeras reacciones fue el envío de una nota a la junta revolucionaria de Burgos de los miembros conservadores del Senado en el que le manifestaban: "Nuestro mensaje de aprecio y solidaridad a España, que obedeciendo el mandato de su historia, lucha contra el comunismo, lo cual es el deber ineludible de nuestra civilización."[66] En octubre de 1936, el presidente del P.E.N. Club de Buenos Aires, Sr. Carlos Ibaurguren, conocido escritor nacionalista, envió una carta al Ministro de Relaciones Exteriores Dr. Ramón S. Castillo solicitándole se realizaran gestiones para salvar la vida de José Antonio Primo de Rivera, por tratarse de "un alto espíritu que honra a la cultura española".[67] Desde el comienzo mismo de la guerra el gobierno argentino fue reacio a la posibilidad de acoger exiliados republicanos. Más aún, como hemos señalado, reforzó expresamente sus mecanismos de control para que los elementos considerados políticamente "indeseables" no se infiltraran en el pais, y se ocupó especialmente en diferenciar al inmigrante del refugiado con el objetivo de "evitar ser el receptáculo de lo peor que expele Europa", o sea, judíos centroeuropeos escapados del nazismo y a los derrotados de la Guerra Civil, considerados "rojos" y por tanto excluídos de la noción de la hispanidad". [68] Sin embargo, diversos sectores de la sociedad argentina, incluyendo a la numerosa comunidad española inmigrante y sus instituciones, partidos políticos, revistas literarias, actuaron como un importante contrapeso, creando un poderoso movimiento de solidaridad con la España republicana primero, y con los exiliados republicanos después. La Guerra Civil contribuyó a aglutinar a los partidos opositores al gobierno, militantes de la causa antifascista y a agudizar críticas y reclamos de los partidos liberales y de izquierda que mostraron abiertamente su simpatía por la causa republicana. El Partido Radical visualizaba el alzamiento de los Nacionalistas en España como un fenómeno similar a la sublevación armada que había terminado con el gobierno de Irigoyen en 1930. El partido Socialista y las organizaciones que controlaba como la C.G.T. defendieron con enorme fervor la causa republicana. La prensa socialista y los telegramas de apoyo al gobierno de Madrid, junto a la organización de la ayuda material fueron prueba contundente de esta actitud. También el Partido Comunista tomó como propia la causa republicana y la ayuda canalizada a través de la Federación de Organismos de Ayuda a la República Española (FOARE) alcanzó enormes proporciones. Finalmente, el Partido Demócrata Progresista tuvo una clara simpatía por la causa republicana.[69] Todas estos actores crearon la trama de las prácticas de solidaridad que permitió que los republicanos españoles entraran en la Argentina. En este contexto, el protagonismo que los testigos atribuían a Botana y Crítica se redimensiona y adquiere otro sentido como parte de la compleja trama de la masiva solidaridad antifascista que se gestó en la Argentina durante esos años. (Publicado en: Estudios Migratorios Latinoamericanos, 37, CEMLA, Buenos Aires, 1997, pp. 423-447: reproducido en Exils et migrations ibériques au XXe siecle, 5, Ceric, Centre d'études et de recherches inter-européennes contemporaines, Université Paris 7, Paris, 1998, pp. 249-273.) -------------------------------------------------------------------------------- [1] Así lo caracteriza Ricardo Sidicaro, La política mirada desde arriba. Las ideas del diario La Nación 1909-1989, Buenos Aires, 1993. El diario La Nación fue durante esos años un excelente interlocutor de los gobiernos de turno y defensor de los intereses de los principales sectores dominantes, aunque como señala Sidicaro, "...la compleja trama de los sectores dominantes, carentes de unidad aumentó su grado de autonomía con respecto a ellos". op.cit. p.11. El diario La Nación junto con La Prensa eran los dos diarios de mayor tiraje a nivel nacional. [2] La Nación, lunes 6 de noviembre de 1939. [3] La Vanguardia, órgano del Partido Socialista, lunes 6 de noviembre de 1939. [4] Noticias Gráficas, diario de tendencia radical, jueves 2 de noviembre de 1939. [5] Noticias Gráficas, domingo 5 de noviembre de 1939. [6] Noticias Gráficas, lunes 6 de noviembre de 1939. [7] Crítica, 5 de noviembre de 1939. Sobre la caracterización de Crítica véase más adelante. [8] Entrevista a MC, Buenos Aires, 12 abril de 1985. [9] La afirmación es de Roberto A. Tálice, 100 000 ejemplares por hora. Memorias de un redactor de "Crítica" el diario de Botana. Buenos Aires, 1989, p.17. Los datos biográficos sobre Botana los he tomado del libro escrito por su hijo, Helvio I. Botana, Memorias. Tras los dientes del perro. Buenos Aires, 1977. pp.19-34. [10] Entrevista a MC, op. cit. [11] Entrevista a MC, op.cit. [12] Ministerio de Agricultura, Memoria, 1936, Tomo III, p.471. [13] cfr. L. Senkman, "La política inmigratoria argentina ante el Holocausto (1938-1945)", en Indice. Centro de Estudios Sociales. No. 2, 2da época. Buenos Aires, Noviembre 1989, pp.15-44. p.19. [14] cf. Diario de Sesiones de las Cámaras de Diputados y Senadores de la Nación. (1936-1939) [15] Beatriz Sarlo, Borges, un escritor en las orillas, Buenos Aires, 1995, pp. 39-40. [16] Crítica, 28 de marzo de 1938. [17] Manuel Azaña, Memorias políticas y de guerra, T. II, Barcelona, 1981, pp.233-234. Manuel Azaña fue Presidente de la República entre mayo de 1936 y febrero de 1939, cuando renunció a su cargo después del reconocimiento del gobierno del General Franco por parte de Francia e Inglaterra. Debo esta referencia a la gentileza de Natalio Botana, destacado historiador argentino, sobrino del ex-director de Crítica. [18] Crítica, 25 enero 1939. [19] Crítica, 26 de enero de 1940. [20] Crítica, 14 de abril de 1940. [21] Entrevista a A.C., Buenos Aires, 14 julio 1994. [22] Crítica, 31 julio 1936. [23] Crítica, 8 de enero de 1939. El 14 de enero, Crítica publica el discurso completo que Prieto pronunció en un acto en el Luna Park. [24] Helvio Botana, op.cit., pp.184-185. [25] Crítica, 18 de febrero de 1939. Se trataba de un Comité integrado por prestigiosas figuras de la política y la sociedad nacionales de alineamientos frecuentemente enfrentados. Entre ellos, el ex-presidente radical Dr. Marcelo T. de Alvear, el Dr. Carlos Saavedra Lamas, Premio Nobel de la Paz en 1936 y ex-canciller, el dirigente máximo del Partido Socialista Dr. Alfredo Palacios, el Dr. José Peco, diputado nacional de la Unión Cívica Radical y el Dr. Mariano Castex, destacado médico y profesor universitario. [26] Momento en que se produce la muerte de Natalio Botana en un trágico accidente automovilístico, el 6 de agosto de 1941. [27] Crítica, 9 de abril 1939. [28] Crítica, 22 de abril de 1939. [29] Crítica, 18 de abril de 1939. [30] Crítica, 1 de abril de 1939. [31] Crítica, 3 de abril de 1939. [32] Crítica, 18 de abril de 1939. [33] Crítica, 25 de abril de 1939. [34] Crítica 15 de junio de 1939. [35] Crítica 14 de junio de 1939. [36] Crítica 16 de junio de 1939. [37] Se refiere a la interpelación Parlamentaria a los Ministros de Relaciones Exteriores y Culto y de Agricultura. Debates parlamentarios, Cámara de Diputados. Diario de Sesiones. 9 y 10 de agosto de 1939. Tomo II. [38] Crítica, 17 de julio 1939. [39] Crítica, 9 de agosto de 1939. [40] Crítica, 13 de noviembre de 1939. [41] Helvio I. Botana, Memorias. Tras los dientes del perro, Buenos Aires, 1977, p.181. [42] La Nación, 6 de noviembre de 1939. [43] Nota con membrete de la Embajada de la Argentina en España.(sin firma y sin fecha) LEG.R-1913. No.1 Archivo Ministerio de Asuntos Exteriores. Madrid, España. [44] Ministro de Agricultura, en la interpelación parlamentaria realizada el 9-10 de agosto de 1939. Cámara de Diputados, Diario de Sesiones, 1939, T II, pag. 851 [45] Diputado Lima, en la interpelación parlamentaria realizada el 9-10 de agosto de 1939. Cámara de Diputados, Diario de Sesiones, 1939, T II, pag. 902/3 [46] Crítica, 16 de noviembre de 1939. [47] Diario Galicia, órgano de la Federación de Entidades Gallegas, 9 de diciembre 1939. Firman la carta Augusto Barcia, Presidente y R. Martinez Redondo, Secretario. [48] María Rosa Oliver, Mi fe es el hombre, Buenos Aires, 1981, p.26. [49] Ricardo Sidicaro, op.cit. pp.116-117. El diario La Prensa era un vocero de los sectores oligárquicos. [50] Sobre el diario Crítica en la década del 30 ver, Sylvia Saitta, "Crítica en los años 30: entre la conspiración y el exilio", Entrepasados, 2, 1992, Buenos Aires, pp.25-41. [51] El apoyo se complementa con una serie de notas firmadas por el fundador del P.S.O., Benito Marianetti, Crítica, marzo-abril de 1938. [52] Crítica, 22 febrero de 1940. [53] Crítica, 30 marzo de 1938. [54] Crítica. Pie de página. Todas las ediciones entre agosto y noviembre de 1939. [55] Sylvia Saitta, op.cit., p.34. [56] Helvio Botana, op. cit. p.185. [57] Francisco Ayala, Recuerdos y olvidos. 1. Del paraíso al destierro, 2. El exilio, 3. Retornos, Madrid, 1988, pp.272-273. [58] España Republicana, 9 de agosto de 1941. [59] España Republicana, 8 de agosto de 1942. [60] Entrevista a GFZ, Madrid, 29 de noviembre de 1985. [61] Entrevista a AC, Buenos Aires, 23-11-94. [62] De Carlos Brebbia al Subsecretario de Relaciones Exteriores, Carlos Ibarra Mitre. Buenos Aires, 5 de setiembre de 1936. Formalidades entrada al pais personas extranjeras procedentes de España. División Política. España. Política Interna. Legajo IV. Expediente 1. Caja 8. Archivo Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Buenos Aires, Argentina. [63] Ministerio de Agricultura, Memoria, 1940, T II, pag. 295 [64] La participación de esos actores está analiza en detalle en mi libro en preparación sobre el exilio republicano en la Argentina. [65] cf. Ronald H. Dolkhart, "The right in the Década Infame, 1930-1943", en Sandra McGee Deutsch and Ronald H. Dolkhart(comp), The Argentine Right. Its history and intellectual origins, 1910 to the present, Wilmington, 1993. pp.65-99.. También el artículo de Mark Falcoff, "Argentina" en Mark Falcoff and Frederick B.Pike (eds) The Sapnish civil war, 1936-39. American Hemispheric Perspectives, Iniversitiy of Nebraska Press, 1982. pp.291-348. [66] La Fronda, periódico nacionalista, 2 de septiembre de 1936. [67] España. Política interna. Legajo I. Guerra Civil. Tomo III. Desde el 17 de setiembre al 25 de octubre de 1936. MREyC. [68] Sobre el tema de la hispanidad en el discurso político argentino, cfr. Marisa Gonzalez de Oleaga, "Panamericanismo e hispanidad en la política exterior argentina de la Segunda Guerra Mundial: la confrontación política en la creación de identidades colectivas", Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe, Vol. 5, No.1, enero-junio 1994, Universidad de Tel Aviv, pp.59-83. [69] Se trataba de un partido regional, cuya base estaba en la Provincia de Santa Fe. Cfr. Carlos Malamud, "El Partido Demócrata Progresista: un intento fallido de constuir un partido nacional liberal-conservador", Desarrollo Económico, Vol. 35, Julio-setiembre 1995, No.138, Buenos Aires. pp.289-308. Dora Schwarzstein, Universidad de Buenos Aires (REDER (Red de Estudios y Difusión del Exilio Republicano))"
25/08/2004
SANTAELLA LOS RESTOS DE LOS FUSILADOS SIGUEN A LA ESPERA EN EL CEMENTERIO MUNICIPAL. La titular del Juzgado de Instrucción de Montilla ha rechazado el recurso presentado por el Foro por la Recuperación de la Memoria Histórica para que se haga cargo de los restos de los fusilados encontrados en los cementerios de Santaella y La Guijarrosa, según ha asegurado a este periódico uno de los responsables de la excavación, el concejal Francisco Urbano. Ahora, el caso ha pasado a manos de la Audiencia Provincial, a donde ha vuelto a recurrir el Foro por la Memoria. Mientras, los restos de los más de 20 fusilados localizados se encuentran a la espera de una decisión definitiva en el cementerio de Santaella, "en un lugar fresco y sin humedad para evitar su degradación", según Francisco Urbano. Los familiares y los responsables del Foro solicitaron al juzgado montillano que abriera un archivo sobre el caso y autorizara las pruebas de ADN a los cuerpos. La juez negó este extremo al no encontrar indicios de muerte violenta --a pesar de que se han encontrado balas incrustadas en huesos-- y porque ella no fue la que autorizó la excavación, sino el Ayuntamiento de Santaella. Mientras, los familiares continúan con sus reuniones para ultimar los detalles sobre el enterramiento que van a realizar y los homenajes que se van a encargar, siempre a expensas de la decisión judicial, que, según Urbano, puede llegar a final de verano. En principio, el Foro baraja el otoño como fecha para organizar unas jornadas en las que será presentado el documental de Jean Ortiz sobre la excavación. Aparte, también se trabaja en el diseño de una escultura para homenajear a los santaellanos que perdieron la vida durante la Guerra Civil y la represión franquista. ALFONSO ALBA Diario de Córdoba Stuart Christie publica, 40 años después, un libro donde relata su aventura.
Debajo de su espeso jersey de lana llevaba adosado a su sudoroso pecho, con cintas adhesivas, la promesa de asesinar a Francisco Franco y cambiar así el curso de la Historia española.Pero la dolorosa eficacia de la policía del régimen pronto hallaría aquellos explosivos plásticos traídos desde Francia. Su aventura encaminada a terminar con la vida del Generalísimo encontraría, en ese mismo momento, su final. Sin embargo, la adversidad de la experiencia no parece haber dejado un sabor amargo en su recuerdo, 40 años después de haber sido desbaratado el atentado. «El arresto fue algo que sucedió para bien. Probablemente así hice más por la causa antifranquista que si lo hubiera matado», afirma el ahora calvo Stuart Christie. El escocés que decidió ocultar esas bombas bajo su prenda de invierno en pleno verano contaba con 18 años. Tenía muchas ganas de transformarse en un prohombre del anarquismo, cuando se embarcó en la odisea que signaría su existencia para siempre. Su temprana obsesión con Franco había nacido algunos años antes, en los albores de su adolescencia, cuando sus familiares y su círculo de amigos adultos nutrían sus reuniones con anécdotas sobre la Guerra Civil. Especialmente, hablaban de la Brigada Internacional en la que algunos de ellos se habían integrado. Pero quien más influyó en su vocación anarquista y antifranquista no fue ninguno de estos ex combatientes, sino una figura mucho más fuerte y determinante en el ideario de Christie: su abuela.«Básicamente, lo que ella hizo fue proveerme de un barómetro moral en el que se fusionaban el socialismo libertario y el anarquismo.Ella me dio la estrella que siempre seguí», comentó el activista británico en un reportaje publicado ayer por el periódico The Guardian. En él se promocionaba su último libro Mi abuelita me hizo un anarquista. Fue así como, siempre guiado por su curiosa musa inspiradora, Christie comenzaría a contactar con algunos exiliados de la España franquista en Bristol, a quienes pronto les confesaría su más íntimo deseo. «Quiero hacer algo más que protestar y repartir panfletos», les dijo, y sus nuevas amistades no demorarían en complacerle. En agosto de 1964, cuando su mundo aún no se extendía más allá del sur de Inglaterra, Christie recibió instrucciones para cumplir con su primera misión internacional. Debía entrar en España desde Francia con un cinturón de explosivos que, una vez en Madrid, le entregaría personalmente a otro contacto de la red junto con una carta que el escocés pasaría antes a buscar por las oficinas de American Express. Pero la tarea no era nada sencilla. Después de recolectar los explosivos en París, Christie debía viajar en tren hasta Toulouse, de allí a Perpignan y, luego, intentar ingresar en automóvil a España. En su libro, Stuart Chrisite relata con todo lujo de detalles la experiencia hasta Madrid, que, tal vez algo edulcorada con el paso del tiempo, es presentada por el autor como una ajetreada epopeya. Durante el camino, vivió algunos sobresaltos como la revisión a la que fue sometido por la guardia franquista en la frontera entre Francia y España, hasta que el agente estampó su sello aprobatorio en el pasaporte de Christie. El protagonista de la historia no deja de resaltar el importante papel de su jersey.En él, y al menos en una primera instancia, pudo ocultar exitosamente las cinco pequeñas bombas, de un peso aproximado a los 200 gramos por unidad. Sin embargo, a pesar del alentador comienzo, Christe fue apresado en plena calle por la policía, unos minutos después de que pasara a buscar la carta por las oficinas de American Express. Esa primera visita a España le costaría a Christie tres años y medio de prisión, que fue reducida por una carta de su madre en la que pedía clemencia al mismísimo Franco. Hoy, su sentido del anarquismo se ha encauzado por los carriles del sistema democrático, y se ha manifestado como un seguidor del partido izquierdista Respect. ADRIAN SACK El Mundo En Castilla y León se construyeron durante la Guerra Civil, de 1936 a 1939, diecinueve campos de concentración, la mayoría estables y muchos los más importantes de España. Sólo su nombre recuerda imágenes de judíos con la cabeza rasurada y un triste uniforme gris que tapaba unos cuerpos esqueléticos. En la Segunda Guerra Mundial se desarrollaron en su plenitud los campos de concentración pero, aunque su conocimiento es menor, tres años antes empezaron a surgir en la España sumida en la Guerra Civil y más en concreto en Castilla y León, comunidad donde se concentraron los más importantes. Edificios que ahora albergan paradores, monasterios de recogido silencio o campos que se han convertido en grandes fábricas fueron el terrible escenario de humillaciones, palizas y trabajos forzosos en los que miles de prisioneros de guerra, que siguieron sin libertad incluso al finalizar el conflicto, vivieron en condiciones «infrahumanas, incluso peor que animales». Así lo recuerda uno de ellos, Félix Padín Badillo que pasó tres meses de su vida en el campo de Miranda de Ebro (Burgos), el más duradero e importante del régimen de Franco y que mantuvo abiertas sus puertas durante 10 años, desde 1937 hasta 1947. Allí, unos seis barracones, construidos con las piezas que dejaron abandonadas los dueños de un circo, servían de cobijo para más de 2.800 personas, más del doble de su capacidad. Esta situación se repetía en todos los campos que se encontraban bajo el mando del bando franquista donde la media era de un 151% de ocupación, según fijó el jefe sanitario de la época a partir de los datos de capacidad por reparto de agua y por espacio físico. No había camas ni baños que contar y, en la mayoría, eran sustituidos por paja o barro en el suelo para dormir y una pequeña explanada al lado del río para las necesidades físicas que terminaba cubierta de heces y sangre que no se limpiaba. Prisioneros de toda España Según los datos recogidos por el historiador Javier Rodrigo en el libro «Campos de concentración franquista: entre la historia y la memoria», Castilla y León fue la sede de 19 campos donde llegaron prisioneros capturados en toda España según avanzaba la guerra en sus distintos frentes. Entre los campos estables de Castilla y León, según los datos recogidos por Javier Rodrigo, se encuentran el de San Pedro de Cardeña (Burgos) y Soria, ambos construidos en 1936; Miranda de Ebro y Aranda de Duero (Burgos); San Marcos y Santa Ana en la capital leonesa; Valencia de Don Juan; Monasterio de la Santa Espina y Medina de Rioseco, ambos de Valladolid; Palencia, y Burgo de Osma (Soria), todos abiertos en el 37. En 1939 se crearon los estables de Toro, Zamora, Valbuena de Duero (Valladolid) y Ciudad Rodrigo (Salamanca), de 1939. Junto a ellos funcionaron, pero de forma provisional, el de Ávila, Salamanca y Medinaceli. Hoy no queda ninguna huella de la función que estos lugares cumplieron hace años; un solo monumento escondido al lado de las vías del tren recuerda a los trabajadores de Miranda de Ebro. Seis mil presos en San Marcos En ellos el número de prisioneros era mucho mayor a sus posibilidades. Así, el de Miranda de Ebro, con capacidad para 1.200 prisioneros, tenía 2.810; el de San Pedro de Cardeña estaba «preparado» para 1.200 y contaba con 2.541; el de San Marcos podía acoger 4.000 y tenía 6.700; el de Lerma para 500 y tenía 779, y el de Medina de Rioseco para 750 y contaba con 980. Por último, en el de Aranda de Duero la capacidad era de 2.000 y el de Soria para 600, según el historiador. A pesar de que sus funciones fueron cambiando según avanzaba el conflicto, en sus primeros momentos se concibieron como lugares destinados a recibir y clasificar a los prisioneros de guerra que eran detenidos por razones militares, no políticas. Esta situación cambió en noviembre de 1937, cuando el bando franquista se dio cuenta de que la guerra sería más larga de lo esperado y comenzaron a arrestar a todo el que fuera contrario al régimen, según Rodrigo. Desde ese momento, los campos de concentración provisionales comenzaron a recibir en sus escasas instalaciones a miles de prisioneros que se clasificaban en cinco tipos: A, adictos; AD, adicto dudoso; B, desafecto con responsabilidades; C, desafecto sin responsabilidades, y D, criminales comunes. Mónica G. Pérez Diario de León Los restos de seis vecinos de la localidad burgalesa de Adrada de Aza que fueron fusilados durante la Guerra Civil Español se han localizado en el paraje Virgen de la Vega en el termino municipal de Roa, según confirmó hoy el responsable de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en la Ribera del Duero, José María Rojas. Rojas indicó que las primeras tareas de búsqueda se llevaron a cabo en el verano del año pasado, pero en dos jornadas de trabajo no se encontraron indicios y explicó que ahora han sido los familiares los que han dado con los primeros restos humanos. En este sentido, manifestó que el tema ya se ha puesto en conocimiento del juzgado competente, por lo que a principios del mes de septiembre se comenzarán con los trabajos de exhumación de estos seis cuerpos a cargo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Las seis personas enterradas en esa fosa común eran vecinos del municipio de Adrada de Aza, entre ellos dos padres con sus hijos, con edades de entre 16 y 50 años, fusilados en el verano de 1936. Rojas insistió en que la ARMH sigue trabajando en otras zonas de la ribera burgalesa, en concreto ahora se intenta localizar los restos de tres vecinos de Fuentecén enterrados en la localidad de Valdezate. Europa Press Nueve hombres y una mujer de Pajares de Adaja que fueron fusilados en el verano de 1936 durante la Guerra Civil -Ángel Maroto Sáez, Antonio García Martín, Celestino Puebla Molinero, Emilio Caro García, Gerardo Ruiz Martín, Pedro Ángel Sanz Martín, Román González Enríquez, Valerico Canales Jorge, Víctor Blázquez del Oso y Flora Labajos Labajos-, serán homenajeados el sábado. Después de 68 años de olvido, sus cuerpos serán enterrados en el cementerio de la localidad, aunque solo se han encontrado algunos huesos de las seis personas que murieron en Aldeaseca. El acto, que lleva preparándose desde el año pasado y al que acudirán familiares, historiadores y representantes de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Valladolid (ARMH), no se ha celebrado hasta que no han finalizado las excavaciones e investigaciones que se estaban llevando a cabo para identificar las fosas y los cuerpos sepultados en ellas. Las primeras exhumaciones se llevaron a cabo en Aldeaseca, donde se encontraron los cuerpos de una mujer y seis hombres, vecinos de Pajares de Adaja, que fueron fusilados el 20 de agosto de 1936 y arrojados a un pozo. Sin embargo, tan solo se han encontrado algunos pequeños huesos de manos y pies, un cráneo muy fragmentado, algunas minas de lápiz pertenecientes a los dos tenderos y un dedal de la mujer; el resto de los cuerpos fueron trasladados al Valle de los Caídos. Otras tres personas murieron en circunstancias similares en Barromán y las localidades segovianas de Melque de Cercos y Martín Muñoz de las Posadas, aunque sus restos no han podido ser identificados. Problemas para identificar los cuerpos Las cunetas, tierras de labor y hasta los cementerios civiles han custodiado durante años los cuerpos de los muertos de guerra. Según Juan Luis González Robledo, nieto de uno de los fallecidos y concejal en el Ayuntamiento de Pajares de Adaja, “el cuerpo del hombre que estaba enterrado en Melque de Cercos en una fosa junto a otras personas debería haber aparecido íntegro, teniendo en cuenta las indicaciones de algunos testigos que aseguraban que la sepultura no se había tocado, pero al comenzar las excavaciones se encontró un osario y todos los restos estaban mezclados”. También en Barromán se han realizado algunas catas en una cuneta, pero la ampliación de la carretera ha complicado la búsqueda de unos restos que pudieron quedar sepultados bajo el asfalto o esparcidos por la superficie colindante al remover el terreno. Del mismo modo, en Martín Muñoz de las Posadas se ha identificado una fosa en la que fue enterrado un hombre natural de Pajares, aunque la zona ha sido arada y sembrada de pinos y los huesos no han sido encontrados. “Lo que se pretende es recuperar no solo los cuerpos, sino también la memoria de estas personas, dar a conocer las circunstancias en las que murieron y cerrar un capítulo de la historia y las heridas que están abiertas desde entonces”, ha asegurado González Robledo. María Cuenca Ávila Digital Al proclamarse la Segunda República en 1931, las mujeres españolas empezaron a vislumbrar la esperanza de ver cumplido el viejo sueño de la igualdad con los hombres. En efecto, la constitución republicana les otorgaría el sufragio, protección laboral y otros derechos que intentarían redimirlas del lugar que habitualmente habían ocupado en la tradicional sociedad española. En este libro, pionero en la bibliografía de nuestro país, al hilo de las memorias y los textos de muchas de las que protagonizaron un cambio histórico en el metabolismo de España, se traza un apasionante e iluminador recorrido por la larga travesía en el desierto de unas mujeres que ayudaron a sentar las bases de un Estado moderno en 1931, vivieron las contradicciones, euforias y violencias de la Segunda República, pelearon en los frentes de la Guerra y Civil y finalmente sufrieron la represión y el ostracismo con la llegada de la dictadura franquista. Sin embargo, Con voz y voto quiere ser también reflejo objetivo del amplio abanico de ideologías que poblaron la vida política española entre 1931 y 1945 y, lejos de centrarse tan sólo en las voces de las mujeres progresistas, da con frecuencia la palabra a personalidades tradicionalistas, de tal modo que el libro consigue recrear el estimulante debate que se vivió en la época en torno a la figura, autonomía e independencia de la mujer. María Teresa León, Margarita Nelken, Dolores Ibárruri, Juana Doña, Pilar Primo de Rivera o María Urraca Pastor son algunas de esas figuras del pasado a las que se vuelve a dar vida en estas páginas. Autora: Carmen Domingo Ed. Lumen  El día 15 de enero de 1939 las tropas del general Yagüe tomaron Tarragona, y por la brecha abierta en lo que ya no podía considerarse frente republicano, se lanzaron hacia el Norte varios cuerpos de ejército. La aviación nacional bombardeó de nuevo Barcelona. Bajo las bombas, grupos de soldados, muchachos y muchachas, intentaban levantar barricadas con los adoquines arrancados del pavimento de las calles. Era un último esfuerzo desesperado de defensa. Faltaban las armas, se carecía de fusiles y de ametralladoras. Las armas que estaban depositadas en la frontera, y que el Gobierno francés había autorizado para que entraran en Cataluña, no llegaron nunca. El Estado Mayor comunicó al Gobierno, en la noche del 21 al 22, que el frente ya no existía. Había quedado roto en Solsona, en Garraf y en el sector de Igualada-Manresa. Como consecuencia, el Gobierno ordenó que abandonaran Barcelona todos los organismos oficiales. La confusión en la capital era enorme. No se sabía quién mandaba y la orden de evacuación de los dos mil hombres que componían el Cuerpo de Guardias de Asalto sembró el pánico y el espíritu de derrota se extendió por todas partes. Millares de vehículos cargados de gentes militares y civiles, y millares de civiles y militares a pie, se lanzaron hacia Gerona. El día 22, un decano de la Universidad de Barcelona se presentó en "Torre Castañer", la villa que ocupaba don Antonio Machado y su familia en la capital, en el paseo de San Gervasio, donde les instaló el profesor Wenceslao Roces, para invitarle, a él y a los suyos, a abandonar la ciudad, de acuerdo con las autoridades republicanas. El mensajero le informa que saldrían todos formando parte de una expedición de escritores y profesores. Una vez aceptada por el poeta la invitación, fue a recogerles un coche enviado por el comisario general de Sanidad Militar, Gómez de Lara. A él subieron don Antonio, su madre, doña Ana Ruiz, su hermano José y la esposa de éste. Entre la confusión que invadía las calles, el coche llegó a la Dirección de Sanidad. Era ya de noche y la aviación enemiga volaba una y otra vez sobre Barcelona. Los reflectores barrían el cielo nocturno en tanto algunas piezas de la defensa antiaérea disparaban contra los aviones nacionalistas. Bajo esta fantasmagórica situación, y por la carretera invadida por los fugitivos, confundido entre la marabunta de camiones y coches que se adelantan, caen a las cunetas o chocan entre sí, el auto que conduce a los Machado intenta también llegar a Gerona. Cuando amanece entran en la ciudad. "Gerona —refiere Teresa Pámies— era un manicomio: llena de forasteros acorralados, de vehículos sin gasolina o estropeados... Los caminos estaban llenos de baches y resultaba más seguro ir en bicicleta que sobre cuatro ruedas... Sobre las majestuosas escaleras de la catedral dormían niños y mujeres, de la riada del éxodo. Las calles estrechas de la parte alta estaban tan llenas de militares en desbandada que habría sido difícil buscar desertores entre ellos. No todos, sin embargo, eran desertores. Había soldados que perdieron su unidad, aturdidos, físicamente agotados, pero buscando todavía un jefe militar, un batallón, una compañía en la que poder hacer el último gesto o para no encontrarse solos. Las escenas eran conmovedoras". La expedición de la que formaban parte los Machado había sido organizada por el doctor Trías. Su propósito era llegar a la frontera. Y formaban parte de ella, entre otros, Tomás Navarro Tomás (director de la Biblioteca Nacional), los profesores Juan Roura, José y Joaquín Xirau (catedrático de Filosofía de la Universidad de Barcelona); Enrique Rioja, José M. Sacristán (neurólogo), Royo Gómez (geólogo), Ricardo Vinós, José Puche (rector de la Universidad de Valencia), José Pous y Pagés y los escritores Caries Riba y Corpus Barga. Al atardecer pudieron hacer alto en un caserón de Cerviá de Ter. El día 26, una ambulancia leslleva hasta la masía "Max Feixat", cerca de Viladásens. Mientras la riada continúa y sigue fluyendo, los Machado y sus amigos descansan ante el fuego. Otra vez era la noche. Corpus Barga, cronista excepcional de este dramático viaje junto a José Machado, hermano del poeta, y Enrique Rioja, escribió: "Fuimos de noche... una hermosa, y debía haber sido abundante masía catalana... Estaba Antonio Machado con su madre, su hermano José, el pintor, y la mujer de éste... Machado tenia su inseparable bastón entre las piernas... Ni mientras esperábamos en la masía, ni luego en la expedición, aquella misma noche, y al día siguiente, habló de la guerra y de la situación en que nos encontrábamos si no era provocado por alguna pregunta, y contestaba brevemente y como de pasada, volviendo a la conversación que llevaba sobre temas de la vida y las letras". Don Antonio se acomodó junto al fuego, sobre un diván, entre la luz mortecina. Surgió el tema de Valle-Inclán. Se le oía repetir: "Tenemos que dejarnos de hablar así de Valle-Inclán; su obra está pidiendo que hablemos de ella y de él muy en serio". En plena catástrofe, el poeta se volvía a los poetas. Intentaba ocultar o disimular sus preocupaciones inmediatas, como había hecho siempre, a no ser en sus escritos y sus intervenciones públicas, desde que la guerra había comenzado. En Barcelona, en el crudo invierno de 1938, al atardecer, le gustaba recibir algunos amigos, entre los que eran asiduos Navarro Tomás y el maestro Tornar. Y, junto a la chimenea, escasa de carbón, pero siempre abastecida por el cuidado de los que le querían, disfrutaba leyendo en voz alta o escuchando de labios de algún concurrente páginas del "Quijote", obra que siempre tenía a mano "y en la que cada día encontrábamos nuevas facetas: Shakespeare, Tolstoi, Dostoyevsky, Dickens... De poesía, a Bécquer y a Rubén Darío". LA PRIMAVERAMás fuerte que la guerra —espanto y grima cuando con torpe vuelo de avutarda el ominoso trimotor se encima, y sobre el vano techo se retarda, hoy tu alegre zalema el campo anima, tu claro verde el chopo en yemas guarda. Fundida irá la nieve de la cima al hielo rojo de la tierra parda. Mientras retumba el monte, el mar humea, da la sirena el lúgubre alarido, y en el azul el avión platea, ¡cuán agudo se filtra hasta mi oído, niña inmortal, infatigable dea, el agrio son de tu rabel florido! ANTONIO MACHADO (1) , HACIA COLLIOURESegún Corpus Barga, desde la masía gerundense a la frontera tardaron casi un día completo. La marcha se hacía cada vez más difícil sobre una situación siempre la misma. "Delante —refiere José Machado— había toda clase de vehículos casi empotrados unos en otros, formando un tapón que impedía todo avance. Hubo que hacer un alto en el camino, sin esperanza de poder continuar. Caía la tarde. Definitivamente, ya no se podía reanudar la marcha". Las gentes se lanzaban fuera de los coches y los camiones empujados por el ansia de alcanzar cuanto antes el límite fronterizo. Desde este punto existen diferencias entre el relato de Corpus Barga y el del hermano de don Antonio. Mientras éste asegura que Machado y sus compañeros de ruta abandonaron también el auto en que viajaban para unirse a la multitud que les arrastraba, aquél afirma que ni el poeta ni su madre llegaron a descender del vehículo y sólo lo hicieron para cruzar la frontera. Barga escribe que don Antonio pasó a Francia con equipaje. Sea como quiera, lo que sí parece cierto es que todo el grupo cruzó el puesto aduanero por debajo de una "pesada cadena de hierro" que sostenían dos enormes senegaleses. Desde allí, Barga y los hermanos Xirau se adelantaron hasta la caseta en la que se encontraba el comisario de policía. Y regresaron con buenas noticias: el grupo puede entrar en territorio francés. Corpus Barga tuvo que explicarle al policía quién era la persona que traían con ellos. "Se trata —le dijo— de don Antonio Machado, un viejo poeta que es en España lo mismo que Paul Valéry en Francia, y que se encuentra enfermo y tan achacoso como su madre". "Y le rogué —agrega— que tuviese a su buena chimenea de leña a Machado y a su madre mientras yo y mis amigos bajábamos a Cerbére, que no está tan cerca, a buscar un carruaje cualquiera para trasladarlos. El comisario me contestó que no necesitábamos molestarnos, pues irían en su automóvil. Así ocurrió". El comisario les dijo que aguardaran y que serían llamados por su nombre. Enrique Rioja ha referido: "Para no agravar la impaciencia de las gentes que esperaban pasar a Francia, que eran muchas, aguardamos al caer la noche para salvar el medio kilómetro, o poco más, que nos separaba de la frontera. Llegado el momento, cada uno de nosotros avanzó con sus familiares. A don Antonio y a los suyos se les hizo pasar apenas llegaron; a muchos de los demás se les fue llamando nominalmente". En el coche del policía, entre filas de soldados, llegaron a la estación de Cerbére, y allí fueron alojados en un vagón de ferrocarril, en el que pasaron la noche, ya que en la ciudad fue imposible encontrar alojamiento. Entre la milicia francesa y los refugiados españoles han ocupado todos los locales hábiles. Una noche ciega de frío y de lluvia. La primera noche en el exilio. Al bajar del automóvil, doña Ana, con sus ochenta y ocho años, con la cabellera chorreando agua, era, según el profesor Xirau, una belleza trágica. La anciana repetía a sus hijos, como una niña: "¿Llegaremos pronto a Sevilla?". Iba muriendo el 27 de enero de 1939. Por la mañana, turbia de nubes, desayunaron en la cantina de la estación. El relato de Corpus Barga prosigue diciendo que los Machado no llevaban moneda francesa, pero que al día siguiente se la facilitaron y que, desde Perpignan, donde se había desplazado, Navarro Tomás le trajo a don Antonio una carta del ministro de Estado de la República Española en la que decía que la Embajada republicana en París "tomaba a su cargo todos los gastos de él y su familia". Pero el poeta no quiso aceptar y prefirió quedarse en cualquier pueblecito cercano del mediodía. Barga le conducirá, con los suyos, hasta Collioure. Por este relato —y como hace observar Aurora de Albornóz— puede verse que, en ningún momento, en aquellas dramáticas jornadas, se sintieron desasistidos Antonio Machado y sus familiares. Desde que la situación en Barcelona se hizo insostenible —los "camisas negras" del general Gambara y las tropas de Yagüe y de Solchaga entraban en la ciudad el día 26 bajo la protección de sus aviones— contaron con la protección de las autoridades, que les facilitaron los medios necesarios de transporte y les organizaron el viaje a Francia. Y tuvieron, además, a su lado amigos fieles que les resolvieron impedimentos y obstáculos y les condujeron, finalmente, hasta un lugar tranquilo. LA POLITICA Y EL POETA Cuando Antonio Machado llegó a Collioure llevaba tres años fuera de su casa de Madrid, tantos como para él había durado la guerra civil. Se había instalado en la capital a raíz de proclamarse la República, cuando fue fundado el Instituto Nacional de Segunda Enseñanza Calderón de la Barca, al ser triplicado el número de éstos en toda España. Don Antonio venía de Segovia, donde había enseñado francés, asignatura que siguió explicando en Madrid. En Segovia, junto a unos cuantos amigos, había sido uno de los que izaron la bandera republicana en el balcón del Ayuntamiento el 14 de abril. Siempre se había sentido adherido al bando antimonárquico y sus ideas políticas, en el curso de los años, fueron acendrándose y hasta radicalizándose en una especie de aperturismo, diríamos ahora, hacia la izquierda. A los sesenta y tres años evocaba con admiración y respeto la figura humana de Pablo Iglesias, el fundador del partido socialista, al que había visto y oído en un mitin cuando sólo contaba catorce. A vueltas con la memoria, escribiría: "De lo único que puedo responder es de la emoción que en mi alma iban despertando las palabras encendidas de Pablo Iglesias, Al escucharle, hacia yo —escribió en 1938— la única reflexión que sobre su oratoria puede hacer un niño: 'Parece que es verdad lo que este hombre dice"'. EL POETA RECUERDA LAS TIERRAS DE SORIA ¡Ya su perfil zancudo en el regato, en el azul el vuelo de ballesta, o, sobre el ancho nido de ginesta, en torre, torre y torre, el garabato de le cigüeñal... En la memoria mía tu recuerdo a traición ha florecido; y hoy comienza tu campo empedernido el sueño verde de la tierra fría, Soria pura, entre montes de violeta. Di tú, avión marcial, si el alto Duero a donde vas recuerda a su poeta, al revivir su rojo Romancero; ¿o es, otra vez, Cain, sobre el planeta, ajo tus alas, moscardón guerrero? ANTONIO MACHADO Desde aquel encuentro, a tan temprana edad, don Antonio fue siempre demócrata fiel abierto a la evolución de sus ideales. Y a éstos estuvo entregado, consecuentemente, como lo demuestran sus escritos de la guerra y de antes de la guerra en los años más trágicos de la historia española contemporánea, No fue nunca un militante, no se afilió nunca a ningún partido, Pero ya en 1915 —como ha estudiado Aurora de Albornoz— aparece su firma al pie de un documento político. Se trataba de un manifiesto aliadófilo. Un acontecimiento que le hizo meditar profundamente fue la revolución rusa del 17. Y en 1918 participó en una manifestación en favor de los presos políticos condenados por la huelga de agosto del año anterior, Largo Caballero, Anguiano, Besteiro y Saborit. En 1922 figura como fundador de la Liga de Derechos del Hombre; cuatro años más tarde firma el Llamamiento de Alianza Republicana y toma parte posteriormente en campañas en favor de la Republica. A principios de los años treinta escribe varias reflexiones sobre la vida política española y sucesos tales como la insurrección del 34 en Asturias y Cataluña. Aurora de Albornoz nos ilustra también sobre su adhesión al Comité de Escritores para la Defensa de la Cultura, de clara tendencia izquierdista (1935), y de su firma en el Manifiesto de la Unión Universal por la Paz (1936), junto a Manuel Azaña, Ángel Ossorio, Julio Álvarez del Vayo y el doctor Hernando. Unas declaraciones suyas, aparecidas en el diario madrileño "Ahora", en octubre de 1936, no dejan lugar a dudas sobre su evolución hacia un socialismo humanista y, digámoslo así, populista. En sus primeros años madrileños, en esta etapa de su vida, don Antonio se dedica a sus clases, en el Instituto, a pasear y frecuentar tertulias en diversos cafés, a escribir y a adorar a su "Guiomar", el amor de su vejez. En 1934 comienzan a aparecer en el periódico "Diario de Madrid" las primeras entregas de "Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo", que luego continuarían en "El Sol" y que se publicarían en libro poco antes de estallar la sublevación militar. Por esa misma época, firma la convocatoria a un banquete-homenaje a Rafael Alberti, a quien dos años antes había enviado, para su revista "Octubre" (Escritores y Artistas Revolucionarios) un artículo "Sobre una posible poesía comunista venida de Rusia". DE MADRID, A VALENCIA La guerra civil supuso para Machado una interior y viva crispación que se transformó inmediatamente en un profundo y público compromiso. Ese compromiso no llegaría a terminar más que con la muerte. En su casa de la calle General Arrando, 4 —hoy Goded—, don Antonio se sintió sacudido por un impulso juvenil y desde los primeros momentos se dispuso a "ejercerlo" con su pluma. Su primer escrito desde esta actitud fue el poema que dedicó a García Lorca, que debió ser escrito en el mes de septiembre de 1936 y que fue publicado por vez primera en el semanario "Ayuda", de Madrid, al mes siguiente. Fue el poema más largo y mejor compuesto de cuantos escribió durante la guerra, lo que demuestra hasta qué punto se sintió conmovido por el asesinato del poeta de Granada. Mientras tanto, los combates habían ido aproximándose a Madrid, y a Machado le tocó vivir las más graves circunstancias de aquellos momentos. La ciudad, en los últimos días de octubre, se encontraba a tiro de cañón de las tropas nacionales que mandaba el general Varela. El día 25 fue cortado el ferrocarril del Sur, por Ciempozuelos. El ejército del general Mola avanzaba desde Ávila. Madrid comenzó a ser bombardeado Intensamente y, como protesta por estas acciones, Machado firmó, con Menéndez Pidal, José Gaos, los profesores Márquez, Moles, Millares, Medinaveitia, Cuatrecasas, Navarro Tomás, el escultor Victorio Macho y el poeta Moreno Villa, un documento que fue dado a conocer en el extranjero. El 4 de noviembre, Varela ocupó Alcorcón Leganés y Getafe. Todo el mundo esperaba la caída de Madrid de un momento a otro. El día 5 los nacionalistas tomaron el Cerro de los Ángeles. En Carabanchel se luchaba casa por casa. El Gobierno republicano tuvo que abandonar la capital, instalándose en Valencia. Y se hicieron llamamientos para que salieran todas aquellas personas que no fueran necesarias para la defensa. Los combates decisivos se produjeron los días 7 y 8. Del primero de ellos data el segundo poema escrito por Machado durante la guerra, cuatro versos repletos de trágico aliento. Las órdenes de evacuación alcanzaron también a los intelectuales y don Antonio Machado, como otros muchos escritores, artistas y profesores, fueron invitados a trasladarse a la nueva sede del Gobierno, a orillas del Mediterráneo. Rafael Alberti fue encargado de visitar a don Antonio. "A la Alianza de Intelectuales —escribió— se le encomendó, entre otras cosas, la visita a Antonio Machado para comunicarle la invitación. Y una mañana bombardeada de otoño (era en los últimos días de noviembre), el poeta León Felipe y yo nos presentamos en su casa. Salió Machado, grande y lento, y tras él, como la sombra fina de una rama, su anciana madre. No se comprendía bien cómo de aquella frágil, diminuta mujer pudo brotar roble tan alto. La casa, lo mismo que cualquiera, rica o pobre, de aquellos días de Madrid, estaba helada. Machado nos escuchó concentrado y triste. "No creía él —nos dijo al fin— que había llegado el momento de abandonar la capital". ¿Escasez, crudeza del invierno que se avecinaba? Tan malos los había sufrido toda su vida en Soria u otras ciudades y pueblos de Castilla. Se resistía a marchar. Hubo que hacerle una segunda visita. Y ésta, con apremio. Se luchaba ya en las calles de Madrid... Después de insistirle, aceptó. Pero insinuando, casi rozado de pudor, con aquella dignidad y gravedad tan suya, salir también con sus hermanos Joaquín y José...". Y pidió también que con él fueran los ocho hijos de los dos matrimonios. Todos los intelectuales reunidos se concentraron en el cuartel del 5.° Regimiento. Los nombres de la lista llegan a abrumar. Y después de una cena de despedida, en autocares, salieron para Valencia. En la capital levantina fueron alojados en un edificio que desde aquel dia pasó a llamarse Casa de la Cultura. Allí vivieron, más o menos tiempo, investigadores, profesores, arquitectos, pintores, médicos, pensadores, escritores y poetas. Don Antonio Machado y los suyos permanecieron en Valencia sólo unos días porque en seguida les proporcionaron un chalet en el pueblecito de Rocafort, muy cerca de la ciudad. Se llamaba "Villa Amparo", y tenia un jardín con palmeras, naranjos y limoneros. LA CASA DE LA CULTURALa Casa de la Cultura se convirtió inmediatamente en el centro intelectual más importante del país. Todos sus huéspedes se entregaron al trabajo en medio de la guerra. Escribían, dictaban conferencias, celebraban exposiciones artísticas y coloquios, y los médicos atendían los hospitales y los laboratorios. Las conferencias se daban en la Universidad o en otros lugares acondicionados. Recordemos algunos nombres: Dámaso Alonso, que disertó sobre "Los héroes épicos y el pueblo"; Navarro Tomás, sobre "El espíritu del pueblo en la formación del idioma"; Ots y Capdequí, decano de la Facultad de Derecho, sobre "El elemento popular y las minorías gobernantes en la obra de la expansión española en América"; Julián Bonfante, del Instituto de Lenguas Clásicas del Centro de Estudios Históricos, sobre "La cuestión de los arios"; Juan Peset, catedrático de Medicina de la Universidad valenciana, sobre "Las individualidades y la situación en las conductas actuales"; León Felipe, sobre "Universalidad y exaltación", etcétera. La Casa de la Cultura tuvo su revista, que llevaba el título de "Madrid". Era una publicación que carecía de antecedentes, como rezaba el texto de su presentación. Había nacido de unas muy concretas y trágicas circunstancias y, por no inscribirse en ninguna especialidad, las incluía todas. En ella colaboraron científicos y poetas, investigadores, escritores y arquitectos, pintores y pedagogos. Así, en sus páginas, se encontraban sin clasificación, despreciándola, y, al mismo tiempo, superándola en demostración de emergencia, firmas como las de Gutiérrez Solana, Arteta, Victorio Macho, Cristóbal Ruiz o Capuz, bajo dibujos; o como las de Antonio Machado, Juan José Domenchina, Manuel Azaña, José Bergamín, Angel Ossorio, Emilio Prados, José F. Montesinos o José Gaos al pie de textos literarios, o como las de los sabios M. Márquez, E. Moles, Del Río Hortega, A. Duperier, J. M. Sacristán, Gonzalo R. Lafora, José Giral o Antonio Medinaveitia al final de estudios científicos. La colección de esta revista —recientemente editada en facsímil— constituye un auténtico documento de la cultura en la guerra española. AMANECER EN VALENCIA(Desde una torre) Estas rachas de marzo, en los desvanes —hacia la mar— del tiempo; la paloma de pluma tornasol, los tulipanes gigantes del jardín, y el sol que asoma, bola de fuego entre morada bruma, a iluminar la tierra valentina... ¡Hervor de leche y plata, añil y espuma, y velas blancas en la mar latina! Valencia de fecundas primaveras, de floridas almunias y arrozales, feliz quiero cantarte, como eras, domando a un ancho río en tus canales, al dios marino con tus albuferas, al centauro de amor con tus rosales. ANTONIO MACHADO Desde su refugio de "Villa Amparo", Machado se entregó también al trabajo. Enviaba comentarios y artículos a "Madrid", y desde enero de 1937 a la revista "Hora de España", otra publicación excepcional, en la que no dejó de colaborar hasta su desaparición, en Barcelona, donde fue trasladada, en 1939. Otras colaboraciones suyas aparecieron en "Servicio Español de Información", el diario "La Vanguardia" y diversas publicaciones del frente y la retaguardia. En ese mismo año apareció su libro "La guerra", en una preciosa edición, cuidadísima, con dibujos de su hermano José, en el que reunió todos sus escritos en prosa publicados hasta entonces. En "Villa Amparo" le visitaban amigos y gentes que iban a conocerle. Al principio se sentía enfermo y nervioso, pero poco a poco fue reponiéndose y se entregó a sus quehaceres literarios con temperamento juvenil. Escribe más poemas, entre ellos un himno a las juventudes y un soneto en el que se le va el alma hacia su amada "Guiomar", a la que evoca instalada en un "finisterre", ante "otro mar, la mar de España / que Camoens cantara, tenebrosa". Con la guerra por medio, no dejaba de gritarle su corazón de anciano enamorado. Su lugar para escribir era el comedor del chalet. "En el amplio comedor —escribe el poeta Pla y Beltrán— se quedaba todas las noches ante su mesa de trabajo y, como de costumbre, rodeado de libros. Metido en su gabán desafiaba el frío escribiendo hasta las primeras horas del amanecer, en que abría el gran ventanal para ver la salida del sol o, en otras ocasiones, y a pesar de estar cada día menos ágil, subía a lo alto de la torre para verlo despertar allá lejos, sobre el horizonte del mar". Pocas veces salía de Rocafort. Una de ellas fue para intervenir en un acto público que se celebró en la plaza de Castelar, en Valencia, y en donde, desde una improvisada tribuna, pronunció un corto discurso ante una multitud ingente que le aclamaba. Otra fue con motivo del II Congreso Internacional de Escritores, que tuvo lugar en julio del mismo año 1937. El primero de estos Congresos, organizados por la Alianza de Intelectuales para la Defensa de la Cultura, se había celebrado en París en 1935, pero la decisión de que el segundo tuviera España como sede se tomó en una reunión posterior, a propuesta de los delegados españoles. El anuncio del II Congreso lo firmaron Romain Rolland, Henrich Mann y André Malraux, entre otros. A la asamblea de 1935 se quería que hubiesen asistido Antonio Machado, Azorín, Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti, García Lorca y Ramón J. Sender, pero, al final, por diversas causas, no acudieron ninguna de estas personalidades, y la delegación española estuvo a cargo de Julio Alvarez del Vayo, Luis Araquistain, Arturo Serrano Plaja y Andrés Carranque de Ríos. Don Ramón del Valle-Inclán envió un telegrama de adhesión. El II Congreso se celebró en Valencia y Madrid y fue clausurado en Barcelona. Vinieron escritores de todo el mundo: Bertold Brecht, Hemingway, César Vallejo, John Dos Passos, Julián Benda, llya Ehrenburg, Tristan Tzara, Juan Marinello, Octavio Paz, Vicente Huidobro, Anna Seghers, Stephen Spender, Langston Hughes, Pablo Neruda, Ludwig Renn, Hermann Hesse, etcétera. Corpus Barga, Alberti, Max Aub y Bergamín fueron sus principales organizadores, y en las sesiones tomaron parte destacada Andersen Nexo (que lo presidió), Malcolm Cowley, Jef Last, André Chanson, Fedor Kelyin y algunos de los citados anteriormente. Los jóvenes escritores y artistas españoles presentaron una "ponencia colectiva" que estaba firmada por A. Sánchez Barbudo, Emilio Prados, Juan Gil-Albert, Miguel Hernández, Arturo Serrano Plaja, Eduardo Vicente y otros más. El discurso de clausura, en las sesiones de Valencia, lo pronunció Machado; el de la inauguración, el danés Nexo. Entre las adhesiones que se recibieron estaba la de Albert Einstein. LA MUERTE DEL NIÑO HERIDOOtra vez en la noche... Es el martillo de la fiebre en las sienes bien vendadas del niño. —Madre, ¡el pájaro amarillo! ¡las mariposas negras y moradas! —Duerme, hijo mío. —Y la manita oprime la madre, junto al lecho. —¡Oh, flor de fuego! ¿quién ha de helarte, flor de sangre, dime? Hay en la pobre alcoba olor de espliego; fuera, la oronda luna que blanquea cúpula y torre a la ciudad sombría. Invisible avión moscardones. —¿Duermes, oh dulce flor de sangre mía? El cristal del balcón repiquetea. —¡Oh, fría, fría, fría, fría, fría! ANTONIO MACHADO CAMINO DE LA MUERTEEn el mes de abril de 1938 los ejércitos nacionalistas avanzaban hacia el Mediterráneo, camino de Castellón. La zona republicana iba a ser cortada en dos y el Gobierno se trasladó a Barcelona. Con él marcharon casi todos los intelectuales refugiados en Valencia, y entre ellos don Antonio Machado. La guerra estaba decidiéndose en los campos de batalla, aunque todavía faltaban por producirse los grandes combates del Ebro. Machado, en esta segunda etapa de su itinerario bélico, había empeorado de salud. Cuando salía a pasear por el jardín de "Villa Amparo" se fatigaba y cada vez acortaba más las salidas. Había enflaquecido y su rostro ya no se parecía al de sus fotos de pocos meses antes. En una de sus entrevistas con Pla y Beltrán, le había confesado: "Tengo la certeza de que el extranjero significaría mi muerte". Una tarde de aquel mismo mes recibió un telegrama de Barcelona urgiéndole a abandonar Rocafort. Al día siguiente, al atardecer, los Machado llegaban al hotel Majestic, donde residieron provisionalmente, hasta que, al cabo de un mes, les instalaron en la residencia del paseo de San Gervasio, propiedad de la duquesa de Moragas. Pero, a pesar de los achaques, de su malestar, continúa escribiendo en aquellos salones vacíos de su nuevo albergue. Inicia sus colaboraciones en "La Vanguardia" y autoriza una edición popular de su romance "La tierra de Alvargonzález", destinada a los soldados del frente. Para que pudiera resguardarse del frío invierno que madrugaba, le llevaron carbón. Don Antonio no abandonaba nunca su viejo abrigo, con el que se envolvía arrellanándose en su sillón. Visita frecuente en aquellos días era la de León Felipe. Y entre fríos, trabajos llegando con los amigos trabajos llegando el día de la partida definitiva de España. LISTERJefe en los ejércitos del Ebro Tu carta —oh noble corazón en vela, español indomable, puño fuerte—, tu carta, heroico Listar, me consuela de esta, que pesa en mí, carne de muerte. Fragores en tu carta me han llegado de lucha santa sobre el campo ibero; también mi corazón ha despertado entre olores de pólvora y romero. Donde anuncia marina caracola que llega el Ebro, y en la peña fría donde brota esa rúbrica española, de monte a mar, esta palabra mía: "Si mi pluma valiera tu pistola de capitán, contento moriría". ANTONIO MACHADO Antonio Machado, acompañado de los suyos y conducido por Corpus Barga, llegó a Collioure el 28 de enero del 39. Desde la estación al pueblo, Barga tuvo que llevar en brazos a doña Ana Ruiz. Al llegar a la plaza principal encontraron el hotel Bougnol-Quintana, en el que quedaron alojados y del cual ya no saldrían ni el poeta ni su anciana madre. Para que el grupo pudiera desenvolverse mejor, la esposa de José Machado cargó con las maletas y don Antonio y doña Ana quedaron en una tienda de antigüedades hasta que Barga, José y la mujer de éste volvieron por ellos. En el pequeño hotel —sólo tiene dos plantas— les recibieron la señora Quintana y su hijo, que les ofrecieron habitación en la planta alta. Al día siguiente, Sarga tomó el tren de París. Los Machado quedaron solos. Doña Ana apenas si puede moverse de la cama, y don Antonio permanece largas horas junto a ella. A veces la deja al cuidado de la hotelera, mientras él y su hermano pasean por las callejuelas del pueblo o van a contemplar el mar. Collioure es alegre, pero para ellos su alegría blanca y azul nada significan. A la hora del almuerzo y de la comida, don Antonio ruega a la señora Quintana que ponga la radio para escuchar las noticias de lo que está ocurriendo en España. La señora Quintana se afana por cuidar a sus huéspedes y les atiende con cariño. Don Antonio, dándose cuenta de su desvalimiento económico, le dice: "Ya que no tengo dinero para pagarte, le haré un poema". El 9 de febrero le escribió a José Bergamín. En la carta le da cuenta de su situación: "Después de un éxodo lamentable, pasé la frontera... en condiciones empeorables (ni un solo céntimo francés), y hoy me encuentro en Collioure... y gracias a un pequeño auxilio oficial, con recursos suficientes para acabar el mes. Mi problema más inmediato es el de poder residir en Francia hasta encontrar recursos para vivir en ella de mi trabajo literario o trasladarme a la URSS, donde encontraría amplia y favorable acogida". Le pide que muestre su agradecimiento a la Asociación de Escritores franceses e insiste en que le solucione su situación económica. Pero, "realmente —refiere José Machado— venía herido de muerte del fatal éxodo... Su grandeza espiritual se sobrepuso a tantas fatigas —espirituales y corporales— con la resignación de un verdadero santo". El cansancio del poeta es inmenso y en uno de sus paseos, le dice al hermano: "¡Quién pudiera vivir ahí tras una de esas ventanas, libre ya de toda preocupación!". Fue su última salida. Cayó en cama. El 18 de febrero empeoró su neumonía, complicándosele con una gastroenteritis. Con lo ojos cerrados y ya delirante, repetía: "Merci, madame; mercí, madame", agradeciéndole a la señora Quintana sus cuidados. Sus últimas palabras fueron: "Adiós, madre". Murió a las cuatro de la tarde del día 22. Su hermano encontró, en uno de los bolsillos de su gabán, unos papelitos escritos y arrugados. En uno de ellos recordaba a "Guiomar"; en el otro podía leerse un solitario verso: "Estos días azules y este sol de la infancia". Como Collioure estaba llena de refugiados españoles, la noticia de la muerte del poeta se corrió inmediatamente, y hasta su cuarto del hotel llegaron oficiales y soldados, que cubrieron su cadáver con una bandera tricolor y lo rodearon de flores. Desde París, Jean Cassou pidió que fuera trasladado a la capital francesa para ofrecerle un entierro con gran pompa, pero la familia se negó. Y fue sepultado al día siguiente. El féretro fue llevado a hombros por seis milicianos. Toda la población, hasta el alcalde, le acompañaron al cementerio. Doña Ana Ruiz falleció tres días después que su hijo. Y fue enterrada a su lado, en un panteón que había ofrecido una señora francesa, amiga de la señora Quintana. Pablo Corbalán Todos los poemas que aparecen recuadrados a lo largo de este trabajo fueron escritos por Antonio Machado en Rocafort durante el mes de marzo de 1938. Únicamente el dedicado a Líster vio la luz en Barcelona, tres meses después. La publicación original de todos ellos, y algunos más, se efectuó en la revista "Hora de España'", número XVIII.
26/08/2004
 Cuando podía pensarse que se conocía casi todo respecto a nuestra guerra 1936-1939, la obra de Francisco-Félix Montiel descubre facetas desconocidas, particularmente del final. Mentiras y misterios de la guera de Stalin en España. Tal es el subtítulo acertado y preciso. Y es que por encima no sólo del gobierno de la República, sino del verdadero centro de poder que en los últimos tiempos de la guerra fue el partido comunista, figuraba no la política, sino la metapolítica del partido comunista de la Unión Soviética. Y de su motor y cerebro: Stalin. Desde 1938, el hoy denominado «ejército republicano», era republicano en una medida cada vez más exigua. Con propiedad su calificación era la de «ejército rojo». En la batalla del Ebro, los mandos de los cuerpos del ejército pertenecían al partido comunista en su totalidad. Y al producirse los sucesos de marzo de 1939 en Madrid, de los cuatro cuerpos de ejército de la zona Centro, tres estaban bajo el mando del partido comunista. Además, las unidades blindadas, las unidades guerrilleras, y la aviación tenían su inequívoco control por el PCE. La influencia del partido comunista español sobre el gobierno republicano alcanzó una extensión y profundidad inmensas. Dicho gobierno poco o nada podía hacer frente al partido. Si añadimos el colaboracionismo de su presidente Juan Negrín, mucho más util desde su teórica adscripción socialista que si hubiese sido miembros del partido, no ya el colaboracionismo, sino la entrega de ministros como Álvarez del Vayo, de quien en 1998 se sabe ya su papel no sólo al servicio del partido, sino de la simbiosis servicios de información-policía política: N.K.V.D. El control comunista de la República era casi absoluto. El partido comunista español era una simple correa de trasmisión de la Internacional comunista -la Komintern-. Y ésta, perdido con la derrota trotskysta su papel internacionalista, era un instrumento al servicio del partido comunista de la Unión Soviética, a las ordenes de Stalin. El profesor Montiel acierta plenamente con el subtítulo de mentiras y misterios de la guerra de Stalin en España. El testimonio es esclarecedor, pues Montiel fue miembro del aparato del partido. Conoce sus entresijos. No la verdad oficial, sino la de los que dirigen la función entre bastidores. Desmitifica a Casado, rompe los esquemas clásicos, deshace los tópicos sobre el final de nuestra guerra. ¿Podía Segismundo rodeado de fuerzas comunistas enormemente superiores levantarse contra el gobierno, es decir, contra los comunistas sin perder la cabeza en la aventura? pregunta Montiel con considerables dósis de lógica. Casado fue un mero instrumento, aunque él se creyera bien intencionadamente, héroe. Sin él saberlo, utilizándole, manipulándole, se convirtió en un modo de poner fin a la guerra de acuerdo con el plan comunista. Mas no de un plan pensado por José Díaz, Jesús Hernández, o por esa mujer histérica y delatora de sus propios camaradas -hoy magnificada en la España del PP de 1998-, la Pasionaria, o por otros miembros del buró político. Casado fué utilizado según las instrucciones dadas sin posibilidad de réplica por Palmiro Togliatti -el cruel y sanguinario Togliatti como también se le ha conocido a finales de los 90, con datos incontrovertibles-. Y naturalmente por encima de Togliatti, el lider supremo: Stalin. Montiel aporta datos desconocidos: El partido comunista, desde las intenciones de Stalin de llegar a un pacto con Hitler, se encuentra a un coronel llamado Segismundo. Odiado y vilependiado por los comunistas, antes de mayo de 1938, pasa a ser promovido por el verdadero poder -el partido- a jefe fantasma del Ejército del Centro. «Es difícil imaginarse una alimaña más cobarde y escurridiza que el coronel Segismundo Casado», calificaría la Pasionaria. O «masón, politicastro…» Tales son los epítetos que le adjudican. Francisco Félix Montiel quien ocuparía cargos importantes en el PCE hasta que abandona el comunismo en 1948, analiza desde dentro. Con documentos propios, de primerísima mano, señala las contradicciones en que tal personaje, de repente, sea promovido con la anuencia indispensable del partido a puestos militares de máxima importancia. Cumplido su papel, mediante la función dirigida e interpretada desde Moscú, Segismundo de nuevo será insultado con mayor fuerza todavía. Montiel, empleando irónicamente la palabra de Calderón, «Segismundo resultará segismundeado». Obra indispensable para conocer el fin de la guerra española en el lado vencido desde dentro no ya del gobierno, sino desde dentro de las altas esferas del partido, pues el militante de base y los mandos intermedios serían meras comparsas destinadas a sufrir las durezas de la derrota. Los miembros del buró-político, por el contrario, tienen sus aviones disponibles para desde Monóvar huir de la derrota. La aportación de documentos confiere un valor extraordinario a la obra de Montiel. No es historia más o menos fidedigna. Es la exposición vivida en primera persona por quien era el director del aparato de propaganda gubernamental de la república. Por tanto del responsable del aparato de propaganda del partido comunista, dueño del gobierno en los días finales de aquel régimen. MONTIEL, Francisco-Félix: Un coronel llamado Segismundo. Mentiras y misterios de la guerra de Stalín en España. Ed. Criterio-Libros. Apartado 3.198, Madrid. 1998. 236 págs. A pesar de la cantidad de publicaciones existentes sobre la guerra civil española, carecemos de estudios globales sobre los ejércitos en liza, así como de monografías sobre aspectos concretos de ellos. Hasta ahora, se han publicado breves artículos del especialista en historia española contemporánea Ricardo de la Cierva y del coronel Ramón Salas, en la compilación de artículos dirigida por el profesor R. Carr (The Republic and the Civil War in Spain, MacMillan, 1971), y en The Spanish Revolution, del profesor S. Payne (Weidenfeld & Nicolson, 1970), hay un capítulo dedicado al ejército republicano. Un estudio de importancia, sobre el ejército republicano del coronel Salas, apareció demasiado tarde para que pudiésemos consultarlo, salvo en lo que se refiere a algunos detalles ocasionales, aunque ya se habían publicado adelantos de su información en la Historia ilustrada de la guerra civil española, de Ricardo de la Cierva (Madrid, 1970) y en La guerra de España desde el aire, de J. Salas (Barcelona, 1969). Asimismo, en la revista Historia y Vida (Madrid-Barcelona) han aparecido ocasionalmente interesantes aclaraciones del coronel Salas y del profesor de la Cierva, normalmente en forma de respuestas a preguntas de los lectores o a partir de artículos sobre aspectos de la guerra. Igualmente, el coronel Salas ha tenido la atención de proponernos, a título personal, algunas referencias. Las fuentes documentales del ejército republicano han sido utilizadas por el coronel J. M. Martínez Bande en su serie de monografías sobre campañas concretas (véase la Bibliografía), pero sus trabajos son de historia militar y se sirve de la documentación para hacer una historia de la guerra más que de los ejércitos. Presumiblemente, también utilizó fuentes documentales el jefe del Estado Mayor del ejército republicano, Vicente Rojo, para sus libros España heroica (Buenos Aires, 1942) y Así fue la defensa de Madrid (México, 1967). Es también probable que las obras sobre la guerra de los dirigentes comunistas de Milicias Enrique Líster (Nuestra guerra, París, 1966) y Juan Modesto (Soy del Quinto Regimiento, París, 1969), así como del subsecretario de Defensa en la parte final de la guerra, Antonio Cordón (Trayectoria: memorias de un artillero. París, 1971), se basen igualmente en alguna medida en fuentes documentales. Aparte de estas obras, pocos hombres de quienes se podría esperar que escribiesen memorias importantes lo han hecho. Los libros de Indalecio Prieto, ministro de Aire y Marina y posteriormente de Defensa nacional, son en realidad reimpresiones de artículos o discursos, y, a decir verdad, no tratan, como él mismo los llama, más que de los entresijos de la guerra, aunque como tales resulten muy útiles. Las memorias de Largo Caballero son decepcionantemente poco informativas, y Juan Negrín no dejó sus recuerdos. Esta carencia de biografías y autobiografías resulta para el historiador un obstáculo tan grande como la falta de memorias militares. Con la excepción de Rojo, el general Gámir y el coronel Casado, los oficiales superiores profesionales no han escrito sus recuerdos. No tenemos nada de Miaja, Hernández Sarabia, Matallana, Prada, Llano, Perea, ni de otros muchos. Y, entre las fuentes impresas, las de Rojo resultan poco informativas porque dicen bien poco acerca de los problemas cotidianos o acerca de lo que él opinaba, y Casado y Gámir escribieron simples apologías. No existe un libro semejante a los diarios publicados por generales de otros ejércitos después de guerras de importancia. Y tampoco, salvo de modo efímero, han registrado sus experiencias los soldados sin graduación. Ello se ha debido a las circunstancias de la vida española desde el final de la guerra, y sólo recientemente han aparecido en España algunas obras de combatientes republicanos. Otros problemas los han constituido las dificultades materiales de publicación en el exilio y la especial reticencia de los españoles. Es para pensar que muy pocas personas escribieron diarios, y, además, las implicaciones emotivas de la guerra civil, la amargura entre los derrotados y exiliados y el temor a las consecuencias de sus revelaciones han disuadido a los perdedores de escribir. Y, naturalmente, todo lo escrito aparece sobrecargado de una parcialidad emocional. La historia militar general de la guerra resulta apropiadamente tratada por los estudios, relativamente no tendenciosos y muy profesionales, del coronel Martínez Bande. Asimismo, se han publicado y han tenido una vasta audiencia estudios politicomilitares de este periodo. Las obras de Hugh Thomas (The Spanish Civil War, Eyre & Spottiswoode, 1961), Gabriel Jackson (The Spanish Republic and the Civil War, Princeton, 1965) y P. Broué y E. Témime (La révolution et la guerre d'Espagne, París, 1961) son los más importantes. Se han hecho algunos estudios económicos de la España republicana durante la guerra (F. Mintz, L'autogestión dans 1'Espagne républicaine, París, 1971, por ejemplo), y han publicado estudios sobre la implicación soviética y no soviética en la guerra española Patricia Van der Esche (The International Repercussions of the Spanish Civil War, La Haya, 1951), B. Bolloten (The Grand Camouflage, Hollis & Carter, 1961) y otros varios estudiosos norteamericanos. Así pues, parece que un estudio de uno de los ejércitos contendientes sería una útil contribución a la historiografía de la guerra civil española. El presente no es un estudio de historia militar o social, sino que, fundamentalmente, pretende examinar el desarrollo de una institución, sus diversas características y aspectos peculiares y su hundimiento. Confío en que arroje luz sobre un periodo de la historia que interesa tanto al lector común como al historiador. La parte más importante del trabajo de investigación realizado para esta obra ha consistido en el estudio de obras primarias y secundarias sobre la guerra civil española, así como en el examen de los archivos del Ejército republicano disponibles en la actualidad aunque dudo que en su totalidad, en Madrid. Este trabajo ha sido completado con la utilización de documentos oficiales en España, así como con correspondencia personal y entrevistas con hombres cuyos recuerdos y opiniones tienen alguna importancia. El examen de la abundante prensa y de los folletos editados por el ejército republicano ha sido muy valioso. Debo profundo agradecimiento al profesor Hugh Thomas, quien me sugirió el tema, leyó el manuscrito y me alentó constantemente; también al Politécnico Central de Londres, por su ayuda para permanecer en España durante otoño de 1971. La Escuela de postgraduados en Estudios Europeos Contemporáneos de la Universidad de Reading y la Dirección General de Enseñanza de Londres me proporcionaron una ayuda financiera que agradezco muy de veras. Igualmente deseo dar las gracias a los responsables españoles de los archivos militares y de la Hemeroteca municipal de Madrid. (1) Y entre mis informadores quisiera dar las gracias al profesor Stanley Payne, a Serafín y Miguel González Inestal y al fallecido Manuel Tagüeña, así como a todos aquellos a quienes menciono por sus iniciales porque desean conservar el anonimato. Toda opinión que no se atribuya directamente a sus fuentes es, naturalmente, mía propia. Por último, agradezco a mi esposa su aliento y la ayuda que me ha prestado con el manuscrito. Michael Alpert Londres, agosto de 1976 1. En el Servicio Histórico Militar se me facilitó la información que deseaba y se me abrieron los archivos con toda amabilidad, con la excepción de cierta información sobre determinadas personas concretas. Es posible que existan documentos sin catalogar. En la Biblioteca nacional de Madrid pude consultar, después de mucho insistir, y bajo la mirada vigilante de un encargado del servicio, varios interesantes folletos editados por el Ejército popular. Resultan extrañas esas precauciones y el que se hayan "extraviado" otros folletos mencionados en los Cuadernos Bibliográficos del profesor Palacio Atard, cuando otros ejemplares de los mismos se pueden consultar con toda libertad, sin ni siquiera exhibir la documentación, en el Ministerio de Información y Turismo. Me consta que hoy ya no se puede consultar la prensa militar del Ejército popular en la Hemeroteca municipal de Madrid, aunque yo no tuve ninguna dificultad para hacerlo en 1971, cuando me presenté con una carta de recomendación, la cual era un requisito indispensable para conseguir el carnet de lector. De los Servicios documentales de Salamanca no puedo hablar porque las limitaciones de mi estudio y del tiempo de que disponía en España no me dieron ocasión a solicitar permiso para consultar esas fuentes. Ahora bien, lo que si diría es que los archivos españoles no son públicos en el sentido de que estén abiertos a cualquier estudioso. Hay que establecer un status e ir recomendado, y dudo mucho de que un escritor que demuestre una actitud hostil hacia el régimen político actual o haya empleado los archivos contra el gusto de las autoridades vuelva a obtener permiso para trabajar en ellos. INDICE Abreviaturas Prefacio 1. El Ejército en 1936 I. Efectivos, eficacia militar y oficiales. Las Juntas de Defensa y el conflicto entre africanistas y peninsulares II. La segunda República: 1931-1936 III. Conclusiones 2. Las fuerzas militares y paramilitares el 18 de julio de 1936 I. Organización II. Las fuerzas militares y paramilitares en el esfuerzo bélico republicano 3. El periodo miliciano: de julio a diciembre de 1936 I. Orígenes de las milicias II. Las milicias de Aragón y Levante III. Las milicias en el norte IV. El Quinto Regimiento V. Las milicias anarquistas VI. Los logros de las milicias VII. Las milicias y los oficiales profesionales VIII.Los comunistas y los oficiales IX. Conclusiones 4. La militarización I. La situación militar II. Reorganización y nombramientos III. El Alto Mando y el Estado Mayor Central IV. La militarización de las milicias V. Las Brigadas mixtas VI. La organización militar posterior VII. L'Exèrcit de Catalunya VIII. La militarización en el norte. Euzkogudarostea IX. Conclusiones X. La situación militar 5. Los oficiales profesionales del Ejército republicano I. Los generales II. Los oficiales III. Los mandos del Ejército republicano IV. Adictos a la causa del pueblo, leales geográficos y desafectos al régimen V. El Gabinete de Información y Control VI. Su capacidad VII. Conclusiones 6. Un nuevo cuerpo de oficiales I. Ascensos II. Los jefes III. Los oficiales IV. Los oficiales de milicias V. Oficiales superiores de milicias VI. Algunos jefes de milicias VII. Escuelas de formación de oficiales y suboficiales VIII.Uniformes e insignias IX. Conclusiones 7. Los comisarios políticos I. Su institución II. Los comunistas y el Comisariado III. El papel de los comisarios IV. La prensa militar V. La salud VI. Educación VII. Los comisarios del Ejército del Ebro VIII.Deserciones IX. Justicia militar X. Conclusiones 8. Los comunistas I. La política comunista en el Ejército II. La reacción de Largo Caballero y Prieto III. La reacción comunista IV. Juicio V. Discusiones posteriores a la guerra VI. Los agravios de la CNT VII. Los consejeros rusos VIII.Armas IX. Las armas rusas X. El SIM XI. Conclusiones 9. Reorganización, derrota, rendición y consecuencias I. Reorganización II. Guerrillas III. Reorganizaciones posteriores IV. La rebelión de Casado V. Negociaciones de paz y acontecimientos posteriores 10. Conclusiones generales Apéndices  Ian Gibson relata los detalles de una historia real que parecía sabida, pero que, efectivamente no se conoce en profundidad : la muerte de Federico García Lorca. Una muerte más de la guerra civil española, pero que, por la calidad de la persona asesinada y por las circunstancias que en el hecho concurrieron, ha terminado convirtiéndose en un símbolo ; un símbolo que arropa un dato exacto : la represión franquista ; más exactamente, el valor de la represión como base sobre la que se asienta el poder del Estado en España desde 1939. Hay que convenir en que sobre el valor abstracto « Lorca-símbolo » se había alzado una mitología de signo contrario, pero usada indistintamente a derecha e izquierda. Y no parece obvio advertir que al nacimiento de esta mitología no había sido ajeno, ni mucho menos, el mismo poeta. Con García Lorca moría Ignacio Sánchez Mejías y en García Lorca se asesinaba a Antoñito el Camborio; figuras, una de la vida taurina y otra de ficción, que habían sido pretexto para que el poeta se recrease (de volverse a crear) a sí mismo. ¿ Aquel « andaluz tan claro, tan rico de aventura», era el Ignacio emparentado con los « Gallos » o el mismo Federico ? Pero, avancemos de menor a mayor. Tal mitología personal, legítima en cualquier poeta, se enriqueció o se ensombreció por la historia real, turbia y contradictoria. En 1954, aparecía en Madrid la primera edición de las Obras completas (Aguilar) de Lorca ; en la biografía cronológica que se incluye, al llegar al mes de julio de 1936, aparece esta palabra : « Muere » ; aparte el abultado error temporal (Lorca fue asesinado el 19 de agosto de 1936) casi podría resultar encomiable el laconismo, tan poco usual en las letras hispanas. Gibson cuenta en su libro cómo muere Lorca ; más correctamente, cómo fue asesinado. Para ello, ha realizado una laboriosa tarea, la única, además, objetivamente adecuada para desarrollarla con honestidad y con rigor científico. Vivió en Granada, más de un año ; habló con los más próximos al poeta, aún vivos ; reconstruyó el ambiente granadino, desde febrero de 1936 (las elecciones del Frente Popular) hasta el mes de agosto del mismo año; y, por último, se entrevistó con los muy aparentemente responsables del crimen. Varias eran, hasta ahora, las hipótesis « oficiales » en torno al suceso de Granada. Franco, el 26 de noviembre de 1937, había declarado a La Prensa de México: «Lo cierto es que en los primeros momentos de la revolución en Granada, ese escritor (se refiere, sin nombrarlo, a Lorca) murió mezclado con los revoltosos ; son los accidentes naturales de la guerra.» Nos hallamos ante los dos polos de una misma falsedad : Lorca, revoltoso (revolucionario); Lorca, víctima de un « accidente », de los elementos incontrolados. El trabajo de Gibson, muy superior a todos los anteriores (Claude Couffon, Marcelle Auclair, por citar a dos de los más divulgados), y que sigue los pasos a Gerald Brenan, tiene el gran mérito de dejar bien claros dos extremos : García Lorca no fue un revolucionario, y mucho menos un revoltoso. El grado de compromiso de un poeta, de cualquier intelectual, sólo puede medirse por su actividad política personal o por su obra escrita y publicada. Con respecto a lo primero, Lorca era un hombre « irreal », en el sentido más amplio y lírico del término, dotado de una gran conciencia humanista (« Yo siempre seré partidario de los que no tienen nada... ») ; bagaje que, siempre hay que recordarlo, era más que suficiente por otra parte para asesinar a una persona en la retaguardia andaluza de la guerra civil. Habría que insistir, como hace Gibson, en la vida y en el ambiente de las provincias andaluzas (y, en general, de todas las provincias españolas), que pueden resumirse con dos palabras : envidia y mediocridad. Y también habría que recordar otra constante del fascismo que se repite en todas sus versiones nacionalistas : el anti-intelectualismo. Puede afirmarse que, prácticamente, cuando se inicia la guerra civil, García Lorca no era un temible enemigo político en Granada, ni tampoco un intelectual arrojado a la aventura de la praxis revolucionaria ; pero que tanto por su postura personal, como por su ideología humanista, era un enemigo objetivo del fascismo español que comenzaba entonces su larga vida. Lo demás, las teorías acerca de lo que habría sido García Lorca de no haber sido asesinado, no son admisibles ni a nivel histórico, ni a nivel científico. El segundo extremo, también aclarado por Gibson, es la especie tan hábilmente propalada, de que Lorca murió a manos de unos elementos irresponsables, de un puñado de fanáticos «un accidente natural de la guerra». Gibson determina, de una vez para siempre, que el poeta permaneció desde la tarde del 16 de agosto de 1936 hasta la madrugada del día 19, en el edificio del gobierno civil granadino. No fue, por tanto, una vendetta particular, ni un penoso accidente; Valdés Guzmán, gobernador civil, tuvo largo tiempo para meditar su acción, así como sobre los resultados de la misma. Gibson avanza también la hipótesis, basada en algunas confidencias personales, de que el general Queipo de Llano tuvo conocimiento de la detención de Lorca y que recomendó su fusilamiento. No hubo, pues, accidente, sino crimen premeditado. Ahora bien en torno al Lorca asesinado se ha cernido una conspiración complicada, unas veces por el silencio y otras por las contradicciones. Por ahora, seguimos sin conocer los motivos inmediatos que provocaron el asesinato, así como permanecen ocultos los nombres de los más directos responsables. Gibson ha conversado largamente con Luis Rosales, en cuya casa familiar granadina se refugió Lorca y donde fue detenido, y también con Ramón Ruiz Alonso, diputado cedista que procedió personalmente al acto físico de la detención. Las declaraciones de ambos, en grados distintos, son una ilustración evidente de inconsecuencia, de irresponsabilidad y, hasta diríamos, de un inconcreto miedo físico. Los dos niegan su responsabilidad y se consternan ante el crimen perpetrado hace ya más de treinta años. Pero de las entrelineas de las dos declaraciones, queda flotando algo palpable : que los dos saben más de lo que dicen y que ambos callan, que silenciosos se irán a la tumba con un secreto posiblemente comprometedor. En consecuencia: García Lorca, que sobre el papel no era un temible enemigo político sino un honrado idealista, fue fría y premeditadamente asesinado. Y que en España, todavía hoy existen personas que conocen los motivos, así como los inductores y los autores directos del crimen. En el libro de Gibson estos puntos, unas veces por prueba evidente y otras por omisión, quedan suficientemente establecidos. Gibson rebate también otra tesis muy difundida y que, recientemente, desempolvó Jean Louis Schonberg : la muerte de Federico García Lorca, según el autor mencionado, se debió a un turbio ajuste de cuentas entre homosexuales granadinos. Para nosotros, esta última versión es tan digna de respeto como las anteriores o, por el contrario, tan escasamente fidedigna. Es decir, o tan intrascendente o tan fundamental. Sobre la homosexualidad de Lorca parece que no cabe discusión alguna, sin necesidad de la ya tópica referencia literaria a la Oda a Walt Whitman ; tampoco estimamos seria la maniquea teoría de los homosexuales buenos y de los homosexuales perversos ; tesis tan reaccionaria como aquella otra que divide a los negros en buenos y en malos, en función de su arado de sometimiento al poder establecido. Un análisis político de la muerte de García Lorca exige que se asuma plenamente su condición de homosexual, como también debe tenerla en cuenta una critica literaria de su obra. Algo similar a lo que Octavio Paz realizó en su espléndido ensayo sobre Luis Cernuda, publicado en Cuadrivio, bajo el titulo de «La palabra edificante». Tocamos aquí un punto medular de la natural idiosincracia reaccionaria de1 español, de opuestas ideologías, que cuando ya no encuentra argumento con el que fulminar a su rival (profesional, político, intelectual, etc.), lo condena a las tinieblas, vociferando: «...y,ademas, es maricón» Pero, más terminante que nuestra afirmación son las palabras de Paz, en el artículo sobre Cernuda más arriba citado, cuando escribe sobre el poeta sevillano: « Homosexualidad se vuelve sinónimo de libertad ; el instinto no es un impulso ciego: es la crítica hecha acto. Todo, el cuerpo mismo, adquiere una coloración moral. En estos años [Cernuda] se adhiere al comunismo (1930). Adhesión fugaz porque en esta materia como en tantas otras, los troyanos son tan obtusos como los tirios. La afirmación de su propia verdad le hace reconocer la de los demás: «Por mi dolor comprendo que otros inmensos sufren», dirá años después. Aunque comparte nuestro comun destino no nos propone una panacea. Es un poeta, no un reformador» (Octavio Paz, Signos de rotación, Madrid, 1971, p. 144) Queremos decir, con todo lo que antecede, que tan execrable nos parece el asesinato de Lorca por ser un granadino triunfador en los escenarios madrileños y causante de la envidia de sus paisanos, por ser un socialista convencido gracias a su universal humanismo, como por ser y asumir plena y libremente su condición de homosexual. En España, se mata por las ideas políticas; pero el español también mata por machismo. Y el fascismo español es la sublimación del machismo ibérico. Es una lástima que Gibson no se haya detenido en este aspecto concreto de nuestra historia. Para finalizar, queremos señalar otra virtud, y no de las menores, del estudio de Gibson. Para los españoles que no vivimos la guerra civil, Lorca quizá tenga otra mitología que para aquellos que directamente la padecieron. Para nosotros, Lorca ha llegado a representar, como Antonio Machado y Miguel Hernández, la fe de bautismo de la represión practicada a escala nacional ; el nombre concreto, santo y seña, de millares de españoles anónimos igualmente asesinados por el fascismo. Por ello, es tremendamente valioso el análisis espectral que Gibson realiza de las fuerzas políticas granadinas entre marzo y agosto de 1936; asi como el Apéndice B: «Muertes atribuibles a la represión nacionalista de Granada». Ya es hora de devolver su nombre y su apellido a tantos muertos. Y, en el plano científico, pensamos que es la única fórmula para reescribir la historia de la guerra civil: descender provincia por provincia, nombre a nombre, y aproximarnos, sin literatura, a la represión. Máximo Ordóñez [Roberto Mesa]NOTA DE LA EDITORIALFederico García Lorca, el más célebre de los poetas andaluces, fue asesinado en agosto de 1936 por los rebeldes « nacionalistas » en su Granada natal. Tenía entonces 38 años. Durante más de 30 años, el misterio que rodeaba las circunstancias exactas de su muerte fue cuidadosamente mantenido por el gobierno del general Franco. Durante mucho tiempo, fueron sugeridas múltiples hipótesis para explicar su desaparición : venganza de la Guardia civil, herida en carne viva por el célebre Romance de la Guardia civil, turbia pelea entre homosexuales, etc. En 1965, un joven hispanista, que preparaba una tesis sobre la poesía de Lorca, se instaló en Granada para proseguir sus investigaciones. Las personas que interrogó (amigos o enemigos del poeta) lo dirigieron por un camino inesperado: el de las circunstancias históricas y políticas de la muerte de Lorca. Ian Gibson abandona su proyecto inicial y emprende sobre un tema nuevo, y durante varios años, investigaciones que hacen de su obra el mejor libro conocido sobre la sublevación militar y el terror en una capital de provincia española. Gibson esclarece de manera exhaustiva el papel de los falangistas, de los demócratas cristianos de la CEDA y de los militares en el asesinato del poeta. Analiza igualmente los motivos de ese crimen y los libera de la trama complicada y tenue en que los encerraban tanto la propaganda franquista como la republicana. La edición original en español de este libro fue publicada en París en 1971. En 1972 recibía el Premio Internacional de la Prensa en Niza. A este último propósito cuenta José Angel Escurra, director de Triunfo, lo siguiente: EL PREMIO INTERNACIONAL DE LA PRENSARecién comenzado el 72 recibí la invitación para formar parte, representando a Triunfo, del jurado que discernía el Premio Internacional de la Prensa con ocasión del Festival del Libro de Niza. Era una buena oportunidad para ampliar la presencia de Triunfo en el extranjero, lo que solía producir cierto respeto reverencial en algunos influyentes miembros de la Administración, especialmente en los que se consideraban "al día" de la actualidad cultural. Convocado por Le Nouvel Observateur, participaban en ese jurado los directores - o representantes - de The Observer (Terence Kilmartin), Newsweek (Edward Behr) Der Spíegel (Rolf Becker), La Tribune de Genève (Georges-Henri Martín), L'Espresso (Gianni Corbi, alguna vez Nello Ajello o Lilly Marx) y la revista yugoeslava Nin (Frane Barbieri, después Zika Bosganovic). Cada miembro presentaba una obra, a lo sumo dos, que aspiraban a aquel Premio que "recompensaba una obra histórica, un documento de actualidad o un testimonio". según rezaba la convocatoria. En Triunfo decidimos presentar el libro La represión nacionalista en Granada y la muerte de Federico García Lorca de Ian Gibson, un irlandés que era profesor de español en la Universidad de Londres. Había calado hondo en nuestro ánimo la investigación exaustiva de Gibson sobre los hechos que denunciaba ya en su título; se trataba de un libro escrito en un español impecable y editado en París por Ruedo Ibérico. Obviamente la obra de Gibson había sido prohibida en España. Sabíamos de las dificultades que entrañaba, vista desde nuestro país, la decisión de seleccionarla. Pero fue un riesgo calculado que prevaleció - como lo propuse, lo asumí - sobre cualquier otra cautelosa elección que seguramente hubieran comprendido nuestros colegas europeos. Ya en Niza, mantuve duras y largas discusiones con algunos miembros del jurado, pero sobre todo con el editor del Observateur, Claude Perdriel (que sustituía a Jean Daniel), realmente un correoso contradictor. Al fin, venció nuestro candidato frente a obras de autores como Arthur Koestler, María-Antonietta Macciocchi, Edgar Snow, Gilles Martinet, Roy Medvedev o Roberto Vacca, entre otros. Y, mientras toda la prensa europea se hizo eco del galardón alcanzado en Niza por un libro sobre la muerte de García Lorca, en España no se publicó - no se pudo publicar - una sola línea del acontecimiento. (In Triunfo en su época, ed. Alicia Alted y Paul Aubert, Madrid 1995, pp. 558-559 ) El libro consta de una presentación de Fierre Vilar, un prefacio del autor, una nota preliminar histórica y tres capítulos: El suceso, la controversia y las conclusiones. Siguiendo su costumbre, Southworth dedica mucho más espacio a la controversia (296 páginas) que al conjunto de acontecimientos y conclusiones (112 y 92 páginas, respectivamente). Termina el libro con una extensa bibliografía (13 páginas) y un índice patronímico (14 páginas). En el prefacio el autor nos indica que este libro nació como parte de una revisión de su anterior obra, "El mito de la cruzada de Franco", que comenzó en 1967. Añade Southworth que inicialmente se centró sobre las preguntas ¿cómo fue destruida Guernica? ¿Por quién fue destruida?, y más adelante decidió plantearse una tercera interrogante. ¿Por qué fue destruida? Si hacemos caso al autor, sólo mientras respondía a estas cuestiones se dio cuenta de que debía hacer un esfuerzo adicional para explicar la controversia que sucedió a la catástrofe y ahondar en los orígenes, características y asombrosa duración de esta polémica, en especial el diferente tratamiento que tuvo la noticia en Francia y los países anglosajones. En la nota preliminar, Scuthworth presenta un breve estudio geográfico-histórico de las provincias vascas desde 1930 a 1937, con unas breves alusiones a las guerras carlistas del siglo XIX y sus consecuencias político-económicas. Termina con un breve párrafo sobre la villa de Guernica, su posición geográfica, valor económico y significado regional. Southworth divide el primer capítulo en cuatro apartados, en los que estudia sucesivamente las noticias procedentes de Bilbao, la respuesta de Salamanca, las condiciones de trabajo de la prensa extranjera en la zona nacionalista y las noticias enviadas desde Vitoria. En el primer apartado, Southworth analiza los informes de los corresponsales británicos Steer, Holme y Monks y del belga Corman, que representaban a "The Times", "Renter", "Daily Express" y "Ce Soir", respectivamente. Holme y Monks habían sido expulsados de la zona nacional, y de creer a Peter Kemp igual habría sucedido con George Steer, aunque Southworth pone en duda esta afirmación; en cuanto a Corman, había estado en Asturias cuando la revolución de Octubre de 1934 y en 1936 hizo acto de presencia en los frentes de Aragón y Madrid y en abril de 1937 estaba terminando su libro "Salud, camarada". Ninguno de los cuatro estuvo en Guernica durante el bombardeo. Tuvieron conocimiento de la noticia en Bilbao, a la hora de la cena del 26 de abril de 1937, y en seguida recorrieron tan pronto como les fue posible los 30 kilómetros que median entre ambas villas vizcaínas. Monks, Corman y Holme enviaron sus telegramas desde Bilbao a tiempo para que pudieran ser incluidos en los diarios británicos de la tarde del 27. El que tuvo más éxito inicial fue Holme, ya que su telegrama a la agencia Reuter sirvió de base a los textos que publicaron dicha tarde los diarios "News Chronicle", "Evening News" y "Evening Standard". Un cuarto diario de la tarde publicó la noticia, "The Star", pero su relato no se ajusta al texto de Reuter y en él se dice que su corresponsal estaba en Guernica a las cinco de la tarde y que presenció el bombardeo. Southworth escribe que no ha podido identificar a este corresponsal y que Holme le ha asegurado recientemente que no recuerda a ningún corresponsal de "The Star" en aquellos días, pero a Jesús Salas no le ha resultado trabajoso localizar al autor de dicho relato y comprobar que también llegó a Guernica cuando los aviones ya habían vuelto a sus bases. Southworth ilustra a continuación al lector de que en la mañana del 28 de abril "The Times" publicó la versión de Steer, "Daily Express", la de Noel Monks, y el telegrama de Reuter fue reproducido por "The Glasgow Herald", "Manchester Guardian" y "Daily Herald". "Daily Post", "Daily Mail" y "Daily Telegraph", y el comunista "Daily Worker" también dieron noticias del bombardeo. De la prensa de habla francesa sólo el comunista "Ce Soir" publicó la noticia en la tarde del 27. En la mañana del 28 dos diarios franceses ("L'Humanité" y "L'0euvre") y uno argentino ("La Nación") reprodujeron un telegrama de la agencia Havas procedente de Bilbao. Otros tres diarios franceses recibieron la noticia de la agencia progubernamental española Espagne y dos más utilizaron las publicaciones británicas como fuente de información. La prensa norteamericana se benefició de las cinco horas de retraso horario y así el "Chicago Daily Tribune" pudo incluir en su última edición de la mañana del 27 una noticia urgente acerca del bombardeo de Guernica. Todos los diarios de la tarde tuvieron a su disposición los resúmenes de las tres agencias norteamericanas "Associated Press", "United Press" y "Universal News Service". El 28 la noticia se extendió por todo el mundo. En cuanto a las informaciones de origen vasco, Southworth sólo alude a las dos declaraciones del Presidente Aguirre (la primera a mediodía del 27 y la segunda dos días después), a la actividad posterior del canónigo Alberto Onaindía ("Padre Olaso") en París y a la emisión de radio del 4 de mayo, en la que intervinieron el ministro vasco de Justicia, Leizaola, y algunas personalidades guerniquesas. Ni rastro de las noticias de la prensa de Bilbao. El primer mentís provino de Radio Requeté, a las nueve de la noche del 27, que se refirió a las declaraciones de Aguirre por Radio Bilbao y achacó el incendio de la villa a sus seguidores. Radio Salamanca añadió esta misma noche que los aviones nacionales no habían podido despegar en todo el día a causa del mal tiempo. Queipo de Llano insistió en el mismo tema y, según Southworth, aludió el siri-miri (sic), viento (sic) característico de la región. El autor cree que no fueron Vicente Gay ni Manuel Arias Paz los que prepararon el comunicado de Radio Salamanca, sino Luis Bolín, y que esta misma persona escribió el artículo "El incendio de Guernica", que apareció en la prensa nacional el 30 de abril, al día siguiente de la ocupación de la villa por las brigadas navarras. El 2 de mayo la censura de Salamanca aprobó un comunicado de la agencia Reuter que publicaron el "Morning Post" del mismo día y "The Times" del 4 de mayo, en el que se aceptaba como posible "que algunas bombas hayan alcanzado Guernica en los días en que nuestros aviones operaban contra objetivos militares importantes". Termina Southworth este segundo apartado del capítulo primero con unas reiterativas e innecesarias demostraciones de que la Aviación Nacional sí que voló el 26 de abril de 1937, pues este hecho ha sido afirmado por todos los tratadistas españoles serios desde 1969 y nunca había sido negado con anterioridad (Radio Salamanca aseguró que la Aviación Nacional no voló el 27, pero no dijo nada de la jornada anterior). En el apartado tercero del capítulo primero, Southworth trata de patetizar al máximo la situación de los corresponsales progubernamentales en zona nacional y nos presenta a Luis Bolín como una fiera desenjaulada en busca de presa. No se plantea el tema de qué hubiera sucedido a corresponsales pronacionales de habérseles ocurrido tratar de enviar desde zona gubernamental reportajes ajustados a sus ideas. El apartado cuarto del primer capítulo estudia las noticias procedentes de Vitoria después de las visitas a las minas de Guernica de los corresponsales italianos, alemanes, anglosajones y franceses (días 29 de abril y 1 y 3 de mayo). Dedica una decena de páginas al suceso Berniard. Después estudia los despachos de Botto (agencia Havas), Mévil, Massot, Holburn y Corney. Southworth divide el capítulo segundo en controversia durante la guerra civil (polémica pública en los países anglosajones y en Francia y secreta en los papeles diplomáticos) y controversia entre 1939 y 1974. El exhaustivo comentario a la controversia durante la guerra aporta pocos datos nuevos a los planteamientos iniciales, por lo que, a efectos de esclarecer la verdad, carece de interés aunque sirve para que Southworth nos abrume con su poco útil erudición. Como excepción, debemos destacar el valor documental de un libro publicado en Londres en 1938, "Guernica: The Official Report", versión inglesa del informe de la Comisión oficial nacionalista del año anterior, que no llegó a editarse en España. En el apartado segundo del capítulo segundo, Southworth, al estudiar los libros de la posguerra, se muestra escéptico ante un párrafo del libro de Belforte en el que se alude a que los bombarderos italianos de Soria atacaron a pesar de que este dato fue reproducido en la segunda edición del libro de Guido Maffioti. En cuanto a los frentes alemanes, cita Southworth una hipotética conversación de Goering con los americanos Sander y Joseph Maier en la prisión de Nüremberg, que el autor cree existieron realmente, aunque reconoce que nadie los ha visto desde 1949. Se apoya luego en la conferencia del arquitecto de Regiones Devastadas Gonzalo de Cárdenas Rodríguez, dada en Madrid el 3 de julio de 1940, para asegurar que 271 casas de Guernica quedaron totalmente destruidas (el 65 por 100 de todas las arrasadas en Vizcaya, que fueron 401). El primer testimonio importante de la posguerra que aduce Southworth es el de Adolf Galland en 1953, quien reconoció que a su llegada a Vitoria, en mayo de 1937, la moral de la Legión Cóndor era baja como consecuencia del fracaso de Guernica, ya que en vez de destruir un puente que los republicanos usaban para el transporte de sus tropas y evitar daños en lo posible a la población civil, que era la orden recibida, los resultados del ataque fueron los contrarios. Por ello, añadía Galland, nadie hablaba de buen grado sobre Guernica. Dos años después se publicó en España el libro de Galland, con algunos cortes en el texto, pero manteniendo el reconocimiento del bombardeo alemán. Simultáneamente, Monks editó sus memorias y mantuvo su relato de 1937. Hugh Thomas, en su conocida síntesis de 1961, expuso la teoría de que la Legión Cóndor, amparada en las instrucciones de Mola del 31 de mayo de 1937, bombardeó la villa deliberadamente, con idea de destruirla, para comprobar los efectos de un ataque devastador. Este mismo año entró en escena el concienzudo historiador alemán Manfred Merkes, que admite el bombardeo alemán basado en las obras de Beumelburg y Galland; su obra tuvo poca difusión fuera de Alemania. Aznar admitió el bombardeo en la segunda edición de su "Historia", aparecida este mismo año. En 1962 el americano Robert Payne aportó interesantes extractos de las memorias inéditas del sargento vasco Aristarco Yoldi. Al año siguiente salen a la venta en España las traducciones de las obras del francés Georges Roux y del inglés Cleugh, que admiten el bombardeo, aunque el primero lo achaca a una escuadrilla alemana y el segundo a la aviación de Mola. La traducción española de la biografía de Franco escrita por Claude Martin, que vio la luz en 1965 incluye una nota a pie de página que no tenía el original francés, en la que se dice que el bombardeo produjo numerosas víctimas. El mismo año 1965, el norteamericano Gabriel Jackson aceptó la versión de Steer en su forma más exagerada y dio por seguro que los puntos esenciales de esta versión habían sido confirmados por muchos oficiales alemanes durante el proceso de Nüremberg, aunque es bien sabido que en dicho proceso no se trató del tema Guernica. El primer español que se hizo eco de las versiones extranjeras fue Carlos Rojas, que dedicó a Guernica el noveno capítulo de su novela "Diálogo para otra España", publicado en 1966, siguiendo las tesis progubernamentales de Steer y Holme y las más independientes de Hugh Thomas y Cleugh. Este mismo año aparece la traducción española del libro del germano Dahms, que acepta la culpabilidad alemana incluso sobre hechos que no llevaron a cabo, da muchos datos inexactos y admite una cifra de muertos en Guernica, que ya no era sustentada por Hugh Thomas en la segunda edición de su famoso libro. En 1967 ni Crozier, en su biografía de Franco, ni Luis Bolín, en sus memorias, aportaron menos datos de interés. Elena de Souchère, en su artículo en "Fígaro Littéraire", presenta un nuevo testimonio, el de Ángel Ojanguren y Celaya, empleado vasco del Consulado británico en Bilbao, que acompañó al cónsul Ralph Stevenson en su visita a Guernica el 27 de abril de 1937. Hills, otro biógrafo de Franco, aceptó no sólo la destrucción de la villa por la Legión Cóndor, como acto voluntario e independiente de las autoridades españolas, sino también la cifra de muertos que admitió Hugh Thomas en la primera edición de "The Spanish Civil War"; expuso por primera vez que Franco había tenido una tempestuosa entrevista con Von Funck, con motivo de esta extralimitación de los aviadores alemanes. La "Crónica de la guerra de España" dedicó su cuaderno 62 al tema de Guernica, que trató en su habitual método de presentación de textos de tesis encontradas. Bernardo Gil Mugarza es el primer español que rechaza la teoría de que las tropas en retirada colaboraran en la destrucción de Guernica ("España en llamas", 1968), y el primero que reproduce extractos del posterior libro de Vicente Talón. En 1969 Merkes publicó una segunda edición de su obra "Die deutsche Politik gegenüber dem Spanischen Bürgerkrieg", tan ampliada, que casi puede considerarse como una obra nueva. En ella publicó testimonios adicionales del bombardeo, los de Von Richthofen, Jaenecke, Meise y von Beust, que no aclaran suficientemente los hechos, pues los pocos detalles concretos suministrados no son concordantes. Este magnífico libro no tuvo la difusión que merecía. En España no lo citan V. Talón, Martínez Bande, Ricardo de la Cierva, ni Ramón Salas; Jesús Salas sólo lo hace en su segundo libro ("Intervención extranjera en la guerra de España"), que se puso a la venta en 1974. En el extranjero, Gabriel Jackson aún no lo conocía en 1975, según pudo comprobar el critico personalmente. A partir de este año 1969, Southworth abandona el orden cronológico, sin justificar convincentemente el cambio de método. Resalta con exceso unas declaraciones y cartas de Ricardo de la Cierva a los diarios "Arriba" y "El Pensamiento Navarro" y a la revista "Historia y Vida" y comenta prioritariamente los libros de Jaime del Burgo ("Conspiración y Guerra Civil") y Martínez Bande ("Vizcaya"), cuyas referencias a Guernica son marginales y deja en segundo plano el libro específico de Talón "Arde Guernica" que, a pesar de sus errores, representó, sin duda, la mayor contribución al esclarecimiento de lo que realmente había ocurrido el 26 de abril de 1937. Continúa luego Southworth comentando otros cuantos textos sin interés histórico alguno, pero no incluye en su libro los últimos descubrimientos de los hermanos Ramón y Jesús Salas, que aclaran lo fundamental de los hechos acontecidos, aunque aún dejen algunos puntos oscuros. El tercer capítulo del libro comentado está dividido en cuatro apartados, el primero de los cuales se dedica a enjuiciar las actuaciones de Steer y Holburn y a ensañarse con Botto y la agencia Havas. En el segundo apartado del capítulo, dedica 22 páginas al tema de los muertos causados por el bombardeo, sobre cuyo número no se define, zanjando la incertidumbre con la asombrosa conclusión de que los nacionales no han probado que fuera reducido. El tercer apartado tiene por finalidad, según Southworth, aclarar cómo y por qué fue destruida Guernica. En realidad no hace sino repetir las divagaciones anteriores, con la excepción de añadir unas citas al libro de Jesús Salas "La guerra de España desde el aire" (dando a entender que este libro es posterior a los de Talón, Martínez Bande y La Cierva, aunque debiera saber que se terminó de escribir en 1967 y vio la luz en 1970) y el fascículo número 39 de la "Actualidad Española" (en realidad quiere referirse al núm. 38), de este mismo autor, pero sin recoger su argumentación. Scuthworth analiza en el último apartado las razones de la persistencia de la controversia, que, según él, provienen fundamentalmente de que las acusaciones se publicaron en Inglaterra, en diarios conservadores, y fueron avaladas en Francia por un canónigo. JUICIO Escribe Fierre Vilar, en su presentación, que este libro de Southworth levantará cóleras. Nada más contrario a nuestra creencia. Para que una obra genere cóleras debe comenzar por apasionar y no creemos que este sea el caso de "La destrucción de Guernica". Es más, pensamos que aparte de algún crítico honrado, serán pocos los que agoten su lectura, aunque muchos compren el libro con la esperanza de encontrar la verdad sobre lo que ocurrió en la villa vizcaína, esperanza que pronto verán defraudada. Es inconcebible que una persona sepa tanto sobre todo lo que se ha escrito sobre el drama de Guernica y no se haya enterado de casi nada de lo que realmente ocurrió. Resulta también sorprendente que ahora que todos los historiadores alemanes y españoles recientes del suceso han reconocido los errores de la propaganda nacional de 1937, Southworth se empecine en mantener los errores de la propaganda de sus enemigos. No producirá cólera entre los historiadores esta desfasada actitud, señor Vilar, más bien originará estupefacción en unos y regocijo en otros. En lo que sí damos la razón al señor Vilar es en su opinión de que Southworth no admite que se presente como historia una mixtura de medias verdades y mentiras. Southworth exige que se acepten el 100 por 100 de las mentiras de la propaganda contraria al bando nacional. Allá él. Tenemos que agradecer al autor que el prefacio y la nota preliminar sean concisos, pues, en general, Southworth no parece compartir con Gracian la idea de que "lo breve, si bueno, dos veces bueno". Como prueba de buena voluntad inicial pasaremos por alto frases como la siguiente: "Su ejército (el de Mola) no se componía sólo de soldados de la Legión Extranjera, de moros, de tropas italianas, de armamento alemán nuevo, de aviones y pilotos italianos, sino también de hombres y de aviones de la Legión Cóndor". El capítulo primero es el más interesante, aunque el titulo no está de acuerdo con el contenido, pues a lo largo de sus 110 páginas no se nos dice lo que sucedió en Guernica, sino lo que los diversos informadores extranjeros dijeron que había sucedido, que, en general, tiene muy poco en común con la realidad. Un título más justo hubiera sido, pues, las noticias sobre el bombardeo. Para todas las personas que pretenden ahora conocer lo que se escribió sobre Guernica en 1937, este capítulo debe considerarse como sumamente valioso, a pesar de la grave laguna de no reproducir las informaciones de los diarios de Bilbao. Lógicamente hay que suponer que estos periódicos estarían mejor informados que los extranjeros, pero Southworth los ignora y hay que suponer que deliberadamente, pues sus noticias difieren esencialmente de las exageraciones que se publicaban fuera de España, e incluso en otras zonas peninsulares aisladas de Vizcaya: Se da el caso curioso de que algunas reproducciones de desorbitados artículos extranjeros aparecidos en diarios bilbaínos fueron censurados por las autoridades vascas, que no quisieron ver publicados datos que podrían ser refutados fácilmente por gran parte de los evacuados de Guernica. Estos decisivos hechos deberían haber hecho vacilar a Southworth, quien, aferrado a sus prejuicios, se limita a silenciarlos. El capítulo segundo es menos interesante que el primero, ya que, en general, la larga controversia de más de treinta años se centra en las mismas posturas iniciales, de forma que la exhaustiva recopilación de textos que nos presenta Southworth sólo es útil para eruditos con afición de coleccionistas. Eso sí, sirve a Southworth para ejercitar sus afiladas condiciones de crítico punzante, entre la reiterada falta de imaginación de los escritos pronacionales hasta los años 60. Pero últimamente los términos se invierten, pues el descubrimiento por Ricardo de La Cierva del informe Herrán y la continua labor investigadora del alemán Merkes, de Vicente Talón y los hermanos Ramón y Jesús Salas da frutos y permite al último presentar una síntesis plausible, que deja claramente al descubierto las tergiversaciones de Steer y sus amigos, aceptadas a pies juntillas por Southworth, que ahora sólo puede evitar el quedar en evidencia ante sus lectores escamoteando los resultados de las últimas investigaciones y de las primeras informaciones de Bilbao. El capítulo tercero es, con gran diferencia, el peor de todos. La catadura moral de Southworth queda al descubierto con su inelegante y fácil diatriba contra Botto, que por estar difunto carece de posibilidades de reacción; este implacable alegato hubiera podido tener justificación de haber sido necesario para demostrar la existencia del bombardeo, pero es incalificable una vez que españoles y alemanes admiten que Guernica fue bombardeada. El segundo apartado del capítulo es, quizá, aún más sorprendente. Vicente Talón ha demostrado, sin lugar a dudas, que el número de muertos debidos al bombardeo de Guernica es intermedio entre 100 y 200, y más próximo a la primera que a la segunda cifra. Esto mismo fue afirmado por el informe Herrán en 1937 y a idéntica conclusión llega Jesús Salas. Los primeros informes de Bilbao indican, según hace resaltar este último autor, que las bajas eran pocas comparadas con los daños materiales. Incluso los despachos iniciales de Steer, Holme, Monks y Corman hablan de algunos centenares, no de muchos centenares; en seguida la prensa extranjera eleva la cifra a 800 y luego llega a citar el millar pero esto nunca es reproducido por los periódicos de Bilbao. La cifra de 1.654 que recogió Hugh Thomas en la primera edición de su libro es muy posterior. Claro que no es la mayor, pues hay quien la sitúa por encima de los tres millares. Southworth no se encuentra con valor para sostener estas desorbitadas cifras, pero despacha el tema diciendo que los escritores pronacionales no han probado que el número de muertos fuese reducido. Tampoco se molesta Southworth en consultar el Censo de 1930, para conocer la población de la villa de Guernica en 1936, que, como nos dice Jesús Salas, no llegaba a los 4.000 habitantes, en vez de los 7.000 que acepta Southworth. En el tercer apartado de este capítulo tercero, el autor admite, sin más, la versión que dieron los corresponsales Steer, Holme, Monks y Corman, sin desconfiar de que su visita conjunta a Guernica, horas después de que el bombardeo terminara, les permitiera tejer una explicación común, que presentaron con ligeras variantes. Steer ya había visitado Durango días después de que fuera atacado, pero no se enteró qué aviones lo habían bombardeado (Southworth sigue sin enterarse treinta y ocho años después). Dos semanas después conoció el derribo de dos bimotores alemanes, el 18 de abril, a la vuelta de una acción sobre Bilbao, noticia que ocupó mucho espacio en la prensa de esta capital. De aquí que no temiera errar al asegurar que los guerniqueses identificaron como alemanes los aviones atacantes, a pesar de la insistencia en que la villa no había sido nunca bombardeada con anterioridad, por ser una ciudad abierta. Si no había soldados en Guernica y la aviación enemiga no la había sobrevolado nunca ¿Reconocieron sus habitantes a los aviones alemanes por ciencia infusa? Hay que insistir en lo difícil de la identificación, pues la mayor parte de los aparatos participantes en la oleada principal (Junkers-52 y Heinkel-51) eran tipos usados indistintamente por españoles y germanos. Algunos relatos concretan que ciertos testigos vieron cruces gamadas pintadas en los aviones, aunque es bien sabido que ese emblema no fue nunca usado por la Legión Cóndor. Más extraño es que reconocieran como alemanes a los tres primeros bombarderos que actuaron sobre el puente de Rentería, ya que Ramón Salas ha demostrado, sin lugar a dudas, que fueron tres Savoia-79 italianos. Si Steer nos cuenta lo que quiera en un tema relativamente intrascendente como éste y los testigos se equivocan de lleno ¿qué se puede pensar de relatos provocativos como el de las pasadas reiteradas de grandes masas de aviones durante más de tres horas, el ametrallamiento a la población civil en el Ferial de la villa, etc.? Jesús Salas nos recuerda que la primera noticia de la prensa de Bilbao cuenta el bombardeo masivo de la villa entre las 18.30 y las 19.00, y fue precedido, según concreta el padre Onaindía y otros muchos testigos, por un ataque de bombarderos aislados a partir de las 16.50. Este ataque es el que realizaron los tres aviones italianos que despegaron de Soria y operaron sobre el puente en columna de a uno. A las 16.50 no había nadie en el Ferial por dos razones: la primera y principal porque el 26 de abril fue prohibido previsoriamente el mercado por el Delegado Gubernativo, señor Lazcano, como ha explicado Vicente Talón y la segunda, porque el mercado habría acabado a esa hora aunque no hubiera sido cancelado. Pero, de haber permanecido alguien allí a una hora tan tardía (el mercado era matinal; a esa hora de la tarde casi todos los varones solían estar presenciando en el frontón los partidos de pelota que ese día también fueron prohibidos por el señor Lazcano), el bombardeo del no muy lejano puente de Rentería por los tres aviones italianos los hubiera desperdigado. Aquí debemos recordar que Southworth sigue escribiendo que esta presencia italiana no tuvo lugar y que tampoco quiere saber que la Legión Cóndor llegó con 18 bombarderos como máximo (demostrado por Ramón Salas) hora y media después, como indicó la prensa de Bilbao, y estuvieron sobre la villa de 18.30 a 19.03 (en realidad bastante menos tiempo como ha razonado Jesús Salas recientemente, aunque probablemente dentro de este margen). Es normal que el aviso de fin del bombardeo no sonase hasta media hora después de que los aviones se alejaran, como nos recuerda el mismo Jesús Salas, lo que explica que los testigos dieran como hora de terminación del raid las 19.30 e incluso las 19.45. Esta es le explicación a las tres horas de permanencia sobre Guernica, que en realidad se redujo a breves periodos que no llegaron a treinta minutos en total. En cuanto a los daños el propio Southworth admite que los edificios en llamas al acabar el bombardeo sería de 40 a 50, como mucho, y añade que finalmente llegaron a quedar destruidas 271. Nadie ha explicado hasta ahora, según ha razonado Jesús Salas, por qué no llegaron los bomberos de Bilbao antes de las 11 de la noche (seis horas después de iniciado el ataque) y regresaron a la capital a las 3, tras cuatro horas de casi nula eficacia. Vicente Talón admite la posibilidad de que se fueran espontáneamente, tras la evacuación de la población de la villa y de las tropas en retirada, por miedo a caer en manos del enemigo, pero Jesús Salas no considera aceptable esta explicación dado el gran número de autoridades bilbaínas que había aquella noche en Guernica, que cita en su trabajo. Southworth critica duramente, más adelante, a los escritores que admitieron una doble motivación a la destrucción de la villa: el bombardeo y el incendio deliberado. Pero no puede alegarse que exista una decisiva diferencia entre provocar un incendio y hacer poco o nada por extinguirlo (impedir que fuera contrarrestado, como algunos testigos declararon). Que Guernica no era una ciudad abierta lo ha demostrado Martínez Bande, que sitúa en el plano de la villa los acuartelamientos de tres batallones, y Vicente Talón, que nos dice el nombre del servidor de una de las ametralladoras antiaéreas que la defendían. Que un bombardeo aéreo era previsible, escribe Jesús Salas no necesita otra justificación que la existencia de los refugios antiaéreos y de las ametralladoras antiaeronaves. Todas estas razones son olímpicamente ignoradas por Southworth. A pesar de lo que escribe Southworth, podemos afirmar, de acuerdo con Jesús Salas, que el bombardeo de Guernica no fue ordenado por Berlín (allí no sabrían ni que esta villa existía), ni por Salamanca (nunca se inmiscuyó el Cuartel General del Generalísimo, ni siquiera la Jefatura del Aire, en señalar los objetivos de las acciones tácticas). Fue debido a una petición de las tropas de tierra a las Fuerzas Aéreas del Norte, que deseaban se interceptase el paso por el puente de Rentería, bien a las tropas que intentasen impedir el desplome del frente Lequeitio-Marquina o a las que trataran de retirarse de dichos sectores. La misma petición se hizo a la Aviación Legionaria y envió tres trimotores. Siguiendo el razonamiento de Jesús Salas, parece encontrarse una diferencia de criterio entre ambas aviaciones en la diferencia de potencia de la formación lanzada sobre el objetivo, seis veces mayor la de la Legión Cóndor, aunque no debe olvidarse que la Aviación Legionaria sólo contaba con los tres bombarderos rápidos que utilizó y que la distancia de Soria a Guernica podría explicar la no participación de los bombarderos pesados, que ese día actuaron sobre Alcala de Henares. Pero debe descartarse el propósito deliberado de destruir el centro urbano, ya que, según ha demostrado Jesús Salas, la Legión Cóndor sólo bombardeó el puente de Rentería y la parte de la villa situada entre la carretera y el ferrocarril Guernica-Amorebieta, desde el puente citado hacia el sur. La carga de bombas, contra lo que escribe Southworth, fue la habitual, aunque los resultados vinieran a ser totalmente diferentes por el cúmulo de factores que se reunieron la noche del 26 de abril de 1937. En lo que está acertado Southworth es en achacar el gran éxito de la versión por él sustentada a que fuese divulgada por diarios anglosajones nada prosistas y avalada en Francia por un canónigo vasco, aunque hay otras razones de sobra conocidas, que no cita, que contribuyeron asimismo en gran medida. Autor: R. Southworth, Herbert [sic] Editor: Ruedo Ibérico. Lugar y fecha: Paris, 1975. Páginas: XXIV + 535.  El Diario de la guerra España de M. Koltsov es el testimonio más Impresionante que se hayo escrito sobre el primer periodo de la guerra civil española. Koltsov había escrito tres libros de su Diario cuando quedo interrumpida su actividad literaria en 1938. Detenido por las autoridades soviéticas en 1938 es fusilado en 1942 a consecuencia de las purgas de Stalin, sin haber acabada su obra. Los editores de la último edición rusa - de acuerdo con las ideas del autor- han recogido en un cuarto libro las crónicas que Koltsov publicó en Pravda entre julio y diciembre de 1937. Ruedo ibérico presenta hoy la traducción castellana de esta edición. Koltsov, corresponsal extraordinario de Pravda en España, fue testigo ocular de los acontecimientos que narra. Estrechamente ligado a la política contemporánea del partido comunista ruso y periodista fuera de lo común, unió a una gran valentía personal, dotes políticas y militares excepcionales, una innegable profundidad de análisis, una lengua exacta y poética. Su papel en España fue mucho más importante que el que se puede esperar de un simple corresponsal de guerra, y sus actividades le situaron en más de una ocasión en el plano más elevado de la acción política. Esta insólita posición le arrostra a cometer -en contadas ocasiones- errores de juicio que el lector ha de descubrir fácilmente con desagrado. Pero el conjunto del Diario está escrito con una valentía y una honradez, doblemente apreciables si no se olvida la significación politico -y militante- del autor. El paisaje de Koltsov tiene una manera especial en la que se mezcla la repreentación visual del objeto, la emoción lírica provocada por el mismo y la cacterización política de todos sus elementos. Muestras acabadas de esta estilística son las descripciones de Barcelona, de Toledo, los paisajes diurnos y nocturnos de Madrid sitiado, los campos de Aragón y de Castillo, los cuadros de batallas. Su maravillosa fuerza descriptivo desata irresistiblemente la emoción en los pasajes más duros del Diario: la muerte de Lukaks, la conversación con el aviador moribundo, el tanquista herido, el asalto frustrado al Alcázar... Pero nada supera, sin duda, la maestría de los retratos de Koltsov. Su pluma arranca los rasgos esenciales del modelo y fija definitivamente los hombres más significativos del campo republicano: Largo Caballero, Durruti, Alvarez del Vayo, Rojo, Malraux, García Olíver, Kléber, La Pasionaria, Casares Quiroga, Líster, Checa, Aguirre, José Díaz, junto a gentes de importancia menos señalada, con frecuencia anónimos: oficiales, soldados, mujeres, niños... Documento literario y político de un periodo -I936-I937- ayuda no sólo a revivirlo sino comprenderlo. Su complejo carácter de descripción, de testimonio histórico, de análisis, proyecta una viva luz sobre las siguientes etapas de la guerra civil que acabó con la derrota de la España republicana. Los editores han querido ilustrar la exposición literaria de Koltsov con numerosos documentos fotográficos -hoy desconocidos en su mayor parte para el publico español- y que ciñen con rigurosa disciplina el texto del autor a lo largo del libro. Mijail Koltsov Diario de la guerra de España Traducido del ruso. Cubierta de André Gürtler 496 pp., num. ilustr. Ft. 16x24 Paris 1963 Introducción. El Ejército y el EstadoEl Estado es un vasto organismo parasitario que se ciñe como una red al cuerpo de la sociedad y le tapona todos los poros. Cuatro burocracias componen la artificiosa maquinaria del Estado español, eso que ha venido denominándose «el Régimen de Franco», o con otra fórmula más breve, «el Régimen» a secas. Estas cuatro burocracias, que se encuentran fuertemente entrelazadas, son las siguientes por orden de efectivos aproximados y de importancia: Burocracia Número de Individuos Observaciones 1. Civil 540.000 Incluyendo 360 000 de la Administración central y 190 000 de la Administración local 2. Militar 200.000 Incluyendo los efectivos de los tres Ejércitos, Policía y Guardia civil, pero sin contar con los 260000 reclutas del reemplazo anual. 3. Eclesiástica 150.000 Incluyendo novicios, seminaristas, conventos de clausura, así como el clero regular y secular de ambos sexos 4. Sindical 110.000 Incluyendo funcionarios sindicales, Instituto Nacional de Previsión. Mutualidades y organismos parasindicales Total 1.000.000 El aparato del Estado en España está formado, pues, por un Ejército de 200 000 individuos, la burocracia militar, junto a otro ejército de funcionarios, que suma más de medio millón de individuos, la burocracia civil; más 150 000 de la burocracia eclesiástica y 110 000 de la burocracia sindical. La burocracia civil ha adquirido en España, por medio de la férrea centralización de la Dictadura, una ubicuidad y una omnisciencia extraordinarias. Falto de elasticidad y autonomía, este aparato burocrático que forma parte integrante del Estado es un verdadero ejército civil de más de medio millon de individuos, que arrastra tras de él -si no se olvidan sus familias- una masa ingente de intereses y existencias. (1) Las instituciones políticas que nacieron de la guerra civil son fácilmente caracterizables por su extremado autoritarismo y responden, en general, a los siguientes principios: privilegios en favor de la clase dominante, centralización absoluta y tendencia a transformar los servicios administrativos en servicios policiales del Estado. (2) Hace algún tiempo podía decirse que las instituciones reales más sólidas del país eran la burocracia militar y la burocracia eclesiástica. Pero hoy nadie se atreve a decir otro tanto. La burocracia eclesiástica, con un total de miembros evaluado en cerca de 150 000 individuos de ambos sexos, ha sufrido en escasos años un deterioro político considerable: la crisis de la burocracia eclesiástica ha conmovido al Régimen en sus cimientos a partir de 1970. La burocracia militar tampoco ha escapado del inevitable proceso de desgaste político que se ha agudizado recientemente, de forma extraordinaria, con el golpe de Estado militar en Portugal y el ocaso biológico de Franco. La burocracia sindical sigue aún formada, en gran parte, por los supervivientes de la naufragada burocracia falangista, cuyos militantes estaban encuadrados en la FET y de la JONS, el partido único desaparecido legalmente en 1966. El aparato de la burocracia sindical proviene de la ordenación totalitaria y por corporaciones de todos los trabajadores españoles, copia de los sindicatos fascistas instalados antaño en Alemania e Italia. Aplicando fielmente la ideología leninista numerosos miembros de las Comisiones obreras, todavía clandestinas, están ocupando cargos de representación sindical y desplazando progresivamente a los residuos falangistas. El aparato sindical se refuerza, en definitiva, con esas nuevas inyecciones de savia burocrática. Las Fuerzas armadas, la burocracia militar, han sido el centro político de inspiración y de organización del Estado desde 1936; y de ahí que surgieran para calificar al Régimen denominaciones castrenses tales como la de «democracia orgánica». Hablando en términos sumarios, suele decirse que el Ejército español se sublevó en 1936. Esto es inexacto. Se sublevaron ciertos jefes y muchos oficiales en conexión con un aparato de conspiración política que sirvió de catalizador a ese y a otros elementos menos decisivos. Una parte numéricamente considerable del Ejército secundó a los oficiales pioneros por ideología y, en algunos casos, por espíritu de cuerpo. Una parte poco menos numerosa permaneció leal al gobierno de la segunda República o se marginó del conflicto creado. Un porcentaje elevado entre los altos mandos rehusó dirigir el movimiento y, en muchos casos, aquellos mandos fueron liquidados por los oficiales promotores. Basta recordar que muchos de los que a lo largo de la guerra habían de mandar grandes unidades comenzaron aquélla de tenientes coroneles. (3) El año 1936 señaló el advenimiento de las Fuerzas armadas a un papel de predominio político absoluto en España. El Ejército de Franco acrecentó durante la guerra el volumen y la complejidad de su estructura burocrática, su vinculación con la oligarquía y un control efectivo sobre todos los aspectos de la vida en la sociedad española. Terminada la guerra, Franco decidió mantener en pie de guerra un Ejército de un millón de hombres, pero en el decreto del 25 de agosto de 1939 ordenó que el 80°/o de todos los puestos burocráticos del Estado fuesen reservados a «los cruzados» desmovilizados, consiguiendo así el Régimen que el personal de la Administración estuviese compuesto, en una alta proporción, por los combatientes militares de la «cruzada». Las Fuerzas armadas y de Orden público forman la burocracia militar en España. Según la Ley orgánica del Estado franquista, «las Fuerzas armadas de la Nación, constituidas por los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire y las Fuerzas de Orden público, garantizan la unidad e independencia de la Patria, la integridad de sus territorios, la seguridad nacional y la defensa del orden internacional. Y un Alto Estado Mayor, dependiente del presidente del gobierno, será el órgano técnico de la Defensa nacional, con la misión de coordinar la acción de los Estados Mayores de los tres ejércitos». Aunque las Fuerzas armadas constituyen un solo Ejército, existen en el gobierno tres ministerios correspondientes a los ejércitos de Tierra, Mar y Aire. Los tres ministros militares han ejercido desde la guerra civil hasta 1975 un mando delegado por el general Franco, carismático jefe del Estado que ha ostentado el título de generalísimo de los Ejércitos. Un organismo sedicioso militar, la Junta de Defensa nacional, fue el trampolín político utilizado por el general Francisco Franco para alcanzar la jefatura del Estado en 1936. La Junta de Defensa nacional, creada el 24 de julio de 1936, era un organismo netamente militar y fue el embrión del actual Régimen. El general Miguel Cabanellas fue su primer presidente y la formaban como vocales los generales Saliquet, Ponte, Mola, Queipo de Llano y los coroneles Montaner y Moreno Calderón. El general Franco se incorporó tardíamente como vocal, pero logró imponerse sobre el resto de los generales, por la potencia del «Ejército de África» y, a nivel de intrigas, ayudado, sobre todo, por su hermano. Así, reunidos los componentes de la Junta de Defensa nacional el 12 de septiembre de 1936 en el aeródromo de San Fernando, cerca de Salamanca, acordaron establecer el mando único que fue ocupado por el entonces general de división, Francisco Franco Bahamonde. La transmisión de poderes se celebró en Burgos, el 1 de octubre de 1936. El mismo día, Franco disolvió la Junta de Defensa nacional creando la Junta técnica del Estado, compuesta de personalidades civiles «independientes», con un general como presidente que sometería sus dictámenes a la aprobación de Francisco Franco, autoerigido jefe del Estado. El general Dávila fue designado presidente de la Junta técnica y jefe del Estado Mayor General del Ejército, aunque el cargo decisivo era el de secretario general de la Junta técnica del Estado, ocupado por Nicolás Franco. Luego, en enero de 1938, se constituyeron las once carteras ministeriales que compondrían el primer gobierno de Franco. La Junta de Defensa nacional fue de nuevo creada por el artículo 5° de la Ley de 8 de agosto de 1939 para que actuara, esta segunda vez, como órgano consultativo o de asesoramiento. (4) Las Fuerzas armadas españolas, lo que todavía puede denominarse con toda propiedad el Ejército de Franco están constituidas fundamentalmente por los ejércitos de Tierra, Mar y Aire, los tres ejércitos; más las llamadas Fuerzas de Orden público, el cuarto ejército, formado por la Guardia civil, la Policía gubernativa y la Policía Armada. Jesús Ynfante 1. Ynfante, Jesús: La prodigiosa aventura del Opus Dei: génesis y desarrollo de la Santa Mafia, Ruedo ibérico, París, 1970, p. 187. 2. Tierno Galván, Enrique: « Espagne, dénazifier 1'enseignement supérieur avant d'entreprendre toute reforme technique », Le Monde Diplomatique, París, septiembre de 1968. 3. Revista Mañana, no 11, enero de 1966 4. Según la Ley Orgánica del Estado de 1966, «una Junta de Defensa Nacional integrada por el presidente del gobierno, los ministros de los departamentos militares, el jefe del Alto Estado Mayor y los jefes de Estado Mayor de los ejércitos de Tierra, Mar y Aire, propondrá al gobierno las líneas generales concernientes a la seguridad y defensa nacional. A esta Junta de Defensa nacional podrán ser incorporados los ministros o altos cargos que, por el carácter de los asuntos a tratar, se considere conveniente». La Junta de Defensa nacional, que no ha tenido especial relieve político hasta nuestros días, adquirió importancia como órgano supremo de consulta militar en 1975 cuando, durante la larga agonía de Franco, sobrevino !a crisis del Sáhara.
27/08/2004
 La Historia de Francisco Granado y Joaquín Delgado no interesaba a nadie. No aparecía en los libros de historia. Preferían que no apareciera nunca. Además, la investigación de su caso, podía llegar a demostrar que, efectivamente, los dos jóvenes libertarios eran inocentes de los actos por los que fueron condenados y ejecutados, y, quizá, abrir una brecha de reclamaciones legales, de revisiones de juicios, de acusaciones concretas y probadas de las criminales injusticias cometidas durante la dictadura de Franco. Ningún dirigente de las televisiones a las que acudimos en busca de financiación se expresó con tal claridad, pero estaba claro que su interés era nulo. Llegaron a decir que era una historia "muy humana", que hiciéramos una película, que no les cabía en la programación, que les parecía muy interesante pero que si queríamos que se divulgara, lo debía hacer un equipo designado por ellos, que había que hacerlo en poco tiempo, etc. Un sin fin de patrañas que pretendían obstaculizar - sobre todo - nuestro interés de investigar el caso y divulgarlo públicamente, denunciando a los responsables del régimen con la máxima contundencia y rigor posibles. Esta actitud oficial no suponía nada nuevo. Desde la muerte del dictador, un pacto de silencio, entre los partidos de izquierda y la derecha franquista, impedía reflexionar e investigar sobre el pasado. Fue un pacto contra la historia. Nos negaban la memoria histórica, la posibilidad de analizar de dónde veníamos para entender mejor el presente. Y, sobre todo, nos negaban la posibilidad de pedir explicaciones, de señalar y denunciar a los antiguos criminales reconvertidos en demócratas. La derecha franquista maquillada, la misma que ahora gobierna, sabía perfectamente que el desconocimiento del pasado absuelve al presente. Querían la impunidad para actuar, y la consiguieron. La tienen. Finalmente, el canal ARTE francés fue receptivo a nuestra propuesta y, con la participación de Ovideo TV, de Barcelona, y Point du Jour, de París, pudimos investigar a conciencia los hechos y realizar el documental. Granado y Delgado eran inocentes, lo demostramos en nuestro trabajo, gracias a las declaraciones de Antonio Martín y Sergio Hernández, y a la investigación realizada a partir del Sumario del Consejo de Guerra y otros testigos directos de los acontecimientos. Se emitió en Francia y nos dieron un premio Fipa de Plata en el festival de televisión de Biarritz. No obstante, Televisión Española hizo todo lo que pudo por no emitirlo. La prensa española se hizo eco de esta actitud y la criticó ampliamente. El canal ARTE les obligó, merced a un acuerdo de colaboración que habían firmado recientemente. Finalmente se vio, de noche, a altas horas de la madrugada, casi clandestinamente. Ahora niegan la revisión judicial del caso. Razonan como los franquistas. La guerra continúa. Y Manuel Fraga Iribarne también. El entonces Ministro de Información de Franco se negó a ser entrevistado por nosotros, hecho que subrayamos en el documental. Sigue siendo Presidente de Galicia, elegido democráticamente por un pueblo que no ha podido saber o que ha olvidado su pasado fascista. Xavier Montanyà Periodista y co-autor de "Granado y Delgado. Un crimen legal"  El 17 de agosto de 1963, la dictadura de Franco ejecutaba a los anarquistas Francisco Granado Gata y Joaquín Delgado Martínez, miembros de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias. Tras ser salvajemente torturados durante seis días, se les aplicó la pena de muerte por un delito de terrorismo, consistente en "provocar explosiones para atentar contra la seguridad pública y perturbar la tranquilidad, el orden y los servicios públicos, empleando medios y artificios capaces de ocasionar grandes estragos". A pesar de las condiciones de la detención, en todo momento afirmaron su inocencia. En 1996, en un programa de la televisión franco-alemana Arte, y tras una previa declaración ante notario, Antonio Martín Bellido y Sergio Hernández declararon que eran ellos los verdaderos autores de la instalación de los explosivos en 1963. Esta revelación se reprodujo en otros medios de comunicación españoles y también en un programa de TVE en 1997. Todo ello consta en los antecedentes de la sentencia de la Sala Primera del Tribunal Constitucional 123/2004, de 13 julio, pronunciada con el acuerdo de la mayoría de sus miembros, tras su reciente renovación, que estima el recurso de amparo presentado por familiares de uno de los dos anarquistas ejecutados en el sentido siguiente: se reconoce a los demandantes el derecho a utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa, de acuerdo con lo que establece el artículo 24.2 de la Constitución; se declara la nulidad del auto de la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo de 1999, por el que el máximo órgano de la jurisdicción ordinaria denegó a los demandantes la autorización para interponer recurso de revisión contra la sentencia de 13 de agosto de 1963 del consejo de guerra, dictada en un procedimiento sumarísimo que llevó a la muerte a los dos anarquistas; y, finalmente, dado que se reconoce que los familiares recurrentes no pudieron utilizar todos los medios de prueba pertinentes para sustentar sus pretensiones, el Tribunal Constitucional ordena al Tribunal Supremo retrotraer las actuaciones al momento procesal inmediatamente anterior a aquél en el que la Sala de lo Militar debió resolver en relación con las diligencias probatorias solicitadas por los recurrentes, para continuar la tramitación del procedimiento de revisión de la sentencia de 1963, de conformidad con el derecho a utilizar todos los medios de prueba que procedan. Es decir, lo que jurídicamente pretendían los familiares, a la luz de las declaraciones de los también anarquistas Martín Bellido y Hernández -y en aplicación de lo establecido por la vigente Ley Orgánica 2/1989 Procesal Militar- era que se revisase una sentencia que contenía un error en el fallo. Un error que supuso la ejecución de dos penas de muerte. No hay duda de que la cuestión que plantea esta sentencia del Tribunal Constitucional es de una gran relevancia, más allá de las muy legítimas pretensiones de los familiares de los anarquistas ejecutados, destinadas a reparar su memoria y, probablemente, también a poner de manifiesto cómo se aplicaba la justicia contra el opositor político en aquella infame dictadura. Porque la estimación de este recurso de amparo, que obliga al Tribunal Supremo a reconocer en toda su integridad el derecho a utilizar los medios de prueba pertinentes, también constituye un peldaño más en la recuperación de la memoria histórica de aquellos ciudadanos que se opusieron a la dictadura. Y permite arrojar más luz al conocimiento de las instituciones jurisdiccionales franquistas como los consejos de guerra, sus integrantes y las resoluciones que dictaban, así como del arsenal de normas e instituciones de las que se dotó el régimen de Franco para la represión y, en su caso, la aniquilación de la oposición. Por supuesto, el caso de estos dos anarquistas no era desconocido antes del recurso de revisión. En los antecedentes de la sentencia constan las referencias a diversos medios de comunicación que en España y fuera de ella han abordado el asunto. E incluso ha sido publicado un libro sobre el caso. Y ello a pesar del tiempo transcurrido, circunstancia que aquí resultó inevitable hasta el fin de la dictadura y sus coletazos. En este mismo sentido, alguna televisión autonómica se hizo eco en época todavía reciente de las declaraciones al respecto de un alto cargo de la seguridad del Estado franquista en aquellos tiempos, en las que no tenía empacho en afirmar que si bien no había certeza sobre la autoría de los atentados imputada a los anarquistas, la ejecución de las penas de muerte tenía un valor ejemplarizador y, en todo caso, una función disuasoria. No se olvide que eran unos tiempos -los inicios de la década de los sesenta- en los que tras las huelgas de Asturias de 1962 y la aparición en escena de las clandestinas Comisiones Obreras, el régimen respondía con la dureza habitual, ejecutando si era preciso a los opositores como mejor método disuasorio.Así, entre otros casos, en abril de 1963 ejecutaban al dirigente comunista Julián Grimau; en 1967 moría en las dependencias policiales Rafael Guijarro, y en 1969, el estudiante madrileño Enrique Ruano perecía al ser defenestrado tras un registro policial domiciliario. Mientras, en 1964, la dictadura celebraba los XXV años de su paz. Pues bien, y volviendo al caso de los anarquistas, a pesar de los elementos de prueba citados, en 1999 la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo consideró que las pruebas aportadas sobre la autoría real del delito fueron escasas y débiles, por su carácter testifical, por el momento en que se propusieron y por la carencia de todo apoyo objetivo. Razón por la cual se consideró que no era posible evidenciar un error patente y manifiesto en el fallo de la sentencia del consejo de guerra de 1963. Pero hay que hacer notar que el Tribunal Supremo hizo abstracción de una parte de las pruebas testificales aportadas y, además, rechazó sin motivación explícita la solicitud de una comisión rogatoria para tomar declaración en Francia a uno de los dos inculpados, Sergio Hernández, residente en París, quien se negaba a hacerlo aquí -a pesar del tiempo transcurrido- por temor -según él- a la justicia española (sic). Secuelas, sin duda -por excesivo que pueda parecer- de los efectos colaterales de la larga noche franquista. Ahora, el Tribunal Constitucional considera que la valoración por la jurisdicción ordinaria de las pruebas propuestas por los familiares de estos anarquistas no fue respetuosa con el derecho a la tutela judicial, en la medida en que vulneró el derecho de los demandantes a utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa. Porque, en efecto, la denegación sin mayor justificación de las pruebas relativas a las declaraciones de los diversos testigos acerca de la no autoría en la comisión de un delito por el que nada menos que fueron ejecutados Delgado y Granado, impidió a sus familiares fundamentar en toda su integridad la procedencia del recurso de revisión de la sentencia del consejo de guerra de 1963. A este respecto, el canon interpretativo empleado por el tribunal, ya reiterado en su jurisprudencia, resulta de todas formas de especial interés para el caso, a saber: la revisión de sentencias firmes constituye una derogación del principio de cosa juzgada, que es una exigencia del principio constitucional de la seguridad jurídica, esto es, de la previsibilidad que ha de caracterizar al derecho. Por esta razón, la revisión es un recurso de carácter excepcional, que ha de ser objeto de una interpretación estricta. En este sentido, la jurisprudencia constitucional ha insistido en que la revisión de sentencias penales está sometida, tanto en el ordenamiento jurídico español como en el derecho comparado, a una serie de cautelas, cuyo objeto no es otro que el de mantener un necesario equilibrio entre las exigencias de la justicia y de la seguridad jurídica. En el caso de estos anarquistas, la cuestión debatida se centra en procurar una decisión justa, que habría de pasar, eventualmente, por una revisión de la sentencia del consejo de guerra de 1963, pero de acuerdo a criterios con base constitucional. Y para ello es preciso que la revisión se fundamente en pruebas que muestren el error en la decisión judicial. Y lo que ha dicho el Tribunal Constitucional es que, hasta el momento, ello no ha sido posible, porque la falta de motivación por parte del Tribunal Supremo a su negativa a practicar determinadas pruebas ha impedido a los demandantes hacer uso de todos los medios de prueba pertinentes. A este respecto, resulta de especial relevancia la posición jurídica adoptada por la jurisdicción constitucional, según la cual la revisión de sentencias no es tanto un recurso como una vía de impugnación autónoma que se aproxima al derecho del recurrente a acceder a la jurisdicción ordinaria, en este caso, al Tribunal Supremo. Por tanto, con la presentación de un recurso de revisión no se trata de apreciar, prima facie, desde ese primer momento procesal, si existen pruebas indubitadas suficientes para evidenciar el error en el fallo, sino de valorar si hay una base bastante para dar curso a la revisión. En el caso planteado por los familiares de los anarquistas ejecutados, el Tribunal Constitucional ha considerado que siendo las pruebas propuestas pertinentes por su relación con los hechos, y resultando clara su relevancia, no puede entenderse razonable su denegación por la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo. Por esta razón, éste ha violado el derecho a la tutela judicial. Y sin que en defensa de su posición pueda argüirse que la Constitución no se aplica retroactivamente. Por tanto, esas pruebas deberán tramitarse por el Tribunal Supremo y del resultado de las mismas habrá que deducir -entonces sí- si hay base suficiente para el recurso de revisión de la sentencia del consejo de guerra. Sólo por eso, que ya es importante, la sentencia de la Sala Primera del Tribunal Constitucional es una referencia para el lento proceso de recuperación de la memoria histórica de la represión. Marc Carrillo es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Pompeu Fabra.  Silvia Mistral, fallecida a los 90 años, fue una de las primeras cronistas de las vicisitudes de los exiliados españoles tras la Guerra Civil. De nombre real Hortensia Blanch Pita, vivió con su familia en Galicia y La Habana hasta que en 1931 se instaló en Barcelona. A los 18 años ya escribía columnas para Las noticias y El día gráfico, y publicó también críticas de cine en las revistas Popular Film, Films Selectos y Proyector. Con la guerra, se exilió en el Gard francés y empezó su obra fundamental, en la que relata sus últimos días en Barcelona y las miserias del desarraigo. Al terminar la contienda, se embarcó junto a su compañero Ricardo Mestre, rumbo a Veracruz, México.Gracias a las gestiones del presidente Lázaro Cárdenas, miles de españoles rehicieron sus vidas. La obra escrita en Francia apareció inicialmente por entregas en la revista Hoy; en 1940 vería la luz en forma de libro, con el título Exodo, diario de una refugiada española, prologado por el poeta León Felipe y publicado en Minerva, la editorial que había fundado Mestre. Instalada en la colonia Roma de la capital, Mistral publicó cuentos en la revista Aventura. También hizo novelas rosa, de las cuales Violetas imperiales tuvo un éxito singular. A este título le siguieron La cola de la sirena, El niño de la banda, Madréporas y La cenicienta china. Además, retornó a la crítica cinematográfica en la revista Arte y plata, se convirtió en columnista del matutino Excélsior y colaboró también con la publicación anarquista cubana El Libertario, uno de los últimos medios independientes clausurados por Fidel Castro. Silvia Mistral, escritora cubana, nació en La Habana en 1914 y falleció en México D. F. en agosto de 2004. EMILIO GODOY EL Pais Entre los fusilados en octubre del 37 en el Alto de Fito podrían hallarse dos mondragoneses del Batallón Larrañaga El homenaje tuvo lugar el día 20 de agosto en recuerdo de 32 fusiladosEl 20 de agosto en el alto del Fito en Asturias la Asociación Memoria Histórica Asturiana (AHMA) organizó un homenaje a 32 republicanos asesinados tras ser ocupada Asturias por los franquistas en el mes de octubre de 1937. Al acto asistió una representación de la Comisión de Familiares de Fusilados y Desaparecidos del Alto Deba. El homenaje culminó con la inauguración de un monolito en cuya leyenda se lee el siguiente texto: «En recuerdo de las víctimas del odio y la intransigencia que pagaron con su vida la defensa de la legitimidad democrática republicana y de la libertad». La AHMA recordó cómo a finales del mes de octubre de 1937 un total de 32 republicanos, 30 asturianos y dos vascos que estaban detenidos en la Tellería de Arriondas, fueron conducidos al alto del Fito y asesinados. Sus restos yacen aún en este lugar en una fosa común. Tras la ofrenda floral de los familiares y la intervención de los alcaldes de Colunga, de Caravia, de Parres y del viceconsejero de Bienestar Social del gobierno asturiano, un gaitero interpretó el Himno de Riego y se puso broche final al acto al grito de ¿Viva la República! Una nieta del asesinado José Manuel Marina mostró su satisfacción por tener «al fin un sitio donde poner flores a nuestro abuelo». En el acto participó también un preso que salvó la vida. Ángel Gutiérrez contó cómo «a finales del mes de octubre de 1937 estaba detenido en la Tellería de Arriondas y trajeron a dos vascos, les habían detenido al intentar pasar el río Sella, cuando volvían por monte hacía el País Vasco. Nos dijeron que eran de Mondragón, del batallón Larrañaga, que, junto al batallón Isaac Puente, habían combatido hasta perder Gijón. «Entre ellos -recordaba Gutiérrez- hablaban en vascuence. Los falangistas enseguida dijeron que estos dos vascos, si habían llegado a Asturias, eran comunistas, y sin más, sin juicio y sin nada, junto a otros 30 compañeros, fueron sacados una noche de la cárcel, trasladados al alto del Fito y asesinados». Entre los desaparecidos de Mondragón en Asturias en aquellas fechas se encuentran los hermanos Felipe y Rogelio García Lumbreras y Andrés Fernández Bilbao. «Los falangistas odiaban a los asturianos. Era oír el nombre de Asturias y volverse locos» «Soy republicano, pero Juan Carlos I es un gran Rey. Se ganó mi respeto en la jornada del 23 de febrero de 1981»Después de 85 años de batallas, fugas y exilio francés, se enfrenta a las dos semanas con más carga emotiva de su vida. Desde mañana al 7 de setiembre, la plácida jubilación de Manuel Fernández Arias en la Bretaña francesa se verá convulsa por dos actos significativos: esta semana, el Ayuntamiento de París le concede la medalla conmemorativa de los 60 años de la liberación de la ciudad del yugo nazi. Seguidamente, en la jornada previa al Día de Asturias, el Gobierno regional le entregará la Medalla de Plata de Asturias. Su patria de adopción y la de su cuna, Ibias, se unen en el tiempo para darle las gracias por una juventud dedicada a la lucha contra el fascismo. La única pena entre tanto festejo es que 'su' Paulette no le acompañará. Su mala salud la impide viajar. -Homenaje en París y en Asturias, ¿está preparado? -Estoy sorprendido. Sé que el Ayuntamiento de París prepara algo grande para conmemorar los 60 años de la liberación de la ciudad. Pero no sé qué van a hacerme. Tampoco esperaba la Medalla de Plata de Asturias. Es el honor más grande para un asturiano. -¿Llegan tarde estos homenajes? -(Risas) Nunca es tarde si la dicha es buena.Yo estoy encantando porque, insisto, me parece un honor, sobre todo el asturiano. -Insiste en el honor de ser asturiano, pero mantiene su residencia en Francia. -Porque ya soy muy mayor. Si hubiera intentado volver antes de 1975, Franco me hubiera dado en la cabeza (risas). Y después, yo tenía aquí mi vida, mi trabajo, mi mujer, Paulette, y en España no había nada para mí. -Entonces, ¿hasta la muerte de Franco no volvió a ver a su gente? -Tuve mucha suerte. Mi mujer trabajaba en la Agencia Press y logró un salvoconducto para que pudiéramos venir de visita en 1957. Se pidió permiso al Ministerio del Interior español y dio su conformidad.Además, el embajador francés nos protegía, con lo que no podía pasar nada. -A pesar de la protección, ¿no tuvo miedo? -¿Muchísimo! (Carcajadas) Cuando llegamos a la frontera y di mi pasaporte estaba un poco preocupado, pero cuando vi que el funcionario se marchaba y que dos guardia civiles se colocaban a mi lado me temí lo peor. Me volví a Paulette y le dije, 'hasta aquí hemos llegado'. Pero ella fue muy firme y dijo, si te hacen algo, llamo inmediatamente a París. -¿Y qué pasó? -Afortunadamente, nada. Yo no figuraba en ninguno de los ficheros que tenían, así que seguimos camino hasta Ibias. «Nos asesinaban» -¿Y qué recuerda de aquel primer reencuentro? -Una gran tristeza. Durante todo el trayecto sólo vimos hambre y pobreza. Llevábamos en el coche 10 kilos de caramelos para los niños de mi familia, pero los fuimos repartiendo por el camino. Los críos no sabían qué era aquello que les dábamos. -¿Qué lleva a un chaval de 18 años a ir a la guerra? -No había otra opción. Teníamos que defendernos de las matanzas a que nos sometían los gallegos. Eran auténticas carnicerías. Mataban, robaban, los fascistas eran terribles. -¿Cuál es su peor recuerdo? -Sin duda, el campo de concentración de San Marcos, en León. Aquello era el infierno. Los fascistas nos hacían de todo. A los asturianos nos odiaban. Era oir Asturias y ponerse como locos, agresivos. -¿Cree que puede volver a pasar? -Espero que no. -Lo espera, pero ¿qué cree? -Creo que no, aunque, tampoco pensé que hubiera tantos criminales en España como vi en la Guerra Civil. -Como soldado, ¿qué opina de la guerra de Irak? -Eso ha sido una fanfarronada de Aznar ¿Qué pintábamos los españoles allí? ¿Nada! Héroe en Francia -Pero usted también fue a la guerra en el extranjero: luchó contra la ocupación nazi de París. -Sí, nuestra guerra fue por luchar por la libertad. Por poder hablar y leer en libertad. Ahora sólo van a la guerra por el petróleo. Nada más. -¿Con qué se queda de su experiencia en Francia? -Con el compañerismo. Aunque muchos han muerto, todavía tengo amigos de aquella época. Y con Paulette, mi mujer, que por salud no podrá venir a Asturias. -Usted participó en el desembarco de Normandía. -Sí, pero no en el Día-D. Nosotros desembarcamos el 1 de agosto y la batalla fue muy dura. De hecho, un cañonazo me destrozó el hombro el día 14 y ya no pude participar en la liberación de París, que ya la teníamos ganada. -Luchó contra el fascismo español y contra el alemán, ¿cuál fue peor? -El fascismo es igual de terrible en todas partes. De los españoles no esperaba tanta maldad, pero la vida me ha permitido ver cómo desaparecían todos. -Como republicano, ¿qué le parece tener una Princesa de Asturias asturiana? -Yo soy republicano, pero Juan Carlos I es un gran rey. Se ganó mi respeto, y creo que el de todos los españoles, el 23 de febrero de 1981, cuando hizo frente al golpe de Tejero. Creo que él y su familia están trabajando mucho y muy seriamente por este país, por lo que merecen todo mi respeto. -Acabamos. Cuando venga a Asturias, ¿qué le gustaría llevarse, además de la medalla? -¿Qué echo más de menos de Asturias? (Carcajadas) ¿El chorizo! Me encanta el chorizo asturiano. De hecho, a mi sobrina ya le pedí un cocido para el día que llegue. BIOGRAFIA: 85 años: Manuel Fernández Arias nació en Ibias, en 1919. Sin embargo, de sus 85 años, en su pueblo natal sólo estuvo hasta los18. A esa edad se fue con su padre a luchar en la Guerra Civil, desde el bando republicano ¿La razón? «Para defendernos de las matanzas a que nos sometían los gallegos». Penurias: desde su entrada en el conflicto bélico y hasta su fuga de España, 30 meses después, su vida fue un canto al dolor. Perdió a su padre, fue apresado y sufrió cárcel y torturas en el campo de concentración de La Harinera, en Gijón, y, sobre todo, en el de San Marcos, en León. De este último dice que fue «un auténtico infierno». Francia: desde Pirineos, donde cumplía trabajos forzados, logró fugarse y llegar a su patria de adopción. En Francia se incorporó a la Legión extranjera, que le llevó a Túnez, tras la rendición del mariscal Petain ante Hitler. Formó parte de la división militar del general Leclerc que desembarcó en Normandía, (aunque no el Día-D) y no llegó a participar en la liberación de París porque fue herido de gravedad el 14 de agosto de 1944. Paulette: tras un año en el hospital militar, recuperándose del destrozo que un cañonazo le hizo en el hombro, Manuel Fernández fue 'adoptado' por los franceses, que le llenaron de condecoraciones. La mejor de ellas tiene nombre de mujer, Paulette, la persona que lleva a su lado media vida y que, por problemas de salud, no podrá estar en el Auditorio Príncipe Felipe cuando su marido reciba la Medalla de Plata del Principado.
30/08/2004
 Manuel Zapico “El Asturiano” , superviviente de la guerrilla asturiana y de León-Galicia ha muerto el día 28 de agosto de 2004, en París, en el exilio sin retorno, en la prolongación del exilio, sin haber visto cumplidas las reivindicaciones pendientes del estado español conla guerrilla antifranquista. Manuel tenía 12 años cuando las tropas franquistas entraron en Asturias, era el año 1937. Su familia ya actuaba como enlace y punto de apoyo para las operaciones militares de los guerrilleros. A los 7 años trabajaba en el campo y a los 15 cuando comenzó a trabajar en la mina, en Sama de Langreo, ya tenía organizado su trabajo clandestino y su militancia en el Partido Comunista, como tantos jóvenes en la época. La policía empezó entonces a seguir sus pasos. En aquellos duros años la clandestinidad significaba jugarse la vida: organización de consejos de resistencia, sabotajes contra las líneas ferréas y de avituallamiento, mítines en los pueblos ocupados por la Falange y el ejército fascista. Manolo decidió seguir la lucha y se fue con los guerrilleros, la única posibilidad que entonces, en aquellos terribles años, le quedaba a un resistente, enfrentarse con las armas en la mano a un poderoso ejército que intentaba minar sistematicamente la esperanza de libertad de un pueblo. Así, formó parte de la Federación de Guerrilleros de León-Galicia, creada el 17 de julio de 1942 en Ferradillo, en la que se integraban guerrilleros anarquistas, comunistas y socialistas, manteniendo esta guerrilla galaico-leonesa una constante unidad de acción contra la represión franquista. La Federación estuvo viva hasta la salida hacia Francia de los socialistas asturianos en 1948. Desde entonces, Manuel Girón, el mítico guerrillero del XIV Cuerpo de Guerrilleros de la República, asesinado por un infiltrado de la guardia civil llamado José Rodríguez Cañueto, disparándole un tiro en la nuca y por la espalda, el 2 de mayo de 1951, fue quien comandó la guerrilla de León-Galicia, teniendo como punto fuerte y cuartel general La Cabrera. Cincuenta años después, en mayo de 2001, la Asociación Archivo Guerra y Exilio (AGE) de la que formaba parte Manuel Zapico, organizo un homenaje a Girón en Ponferrada, al que acudieron los numerosos enlaces y puntos de apoyo y sus tres últimos guerrilleros: Manuel Zapico “el Asturiano”, Pedro Juan Méndez “Jalisco” y Francisco Martínez “Quico”. Ellos tres, con Silverio Yebra “el Atravesao”, cruzaron la frontera hacia Francia en 1952. A manuel lo deportaron a España, para entregarlo a Franco, consiguió huir tirándose del tren. Ninguno de ellos consintió en alistarse en la legión, al contrario desde el encierro hicieron propaganda en contra. Ahora, después de la muerte de “Silverio Yebra, y de Manuel Zapico, los compañeros Quico y Jalisco siguen la dura batalla, por conseguir que el reconocimiento de su lucha, aprobado en el Congreso de los Diputados el 16 de mayo de 2001, se haga realidad y no siga siendo un acto de intenciones. Las intenciones ya no las podrá ver nunca nuestro querido compañero Manuel Zapico “el Asturiano”. En nombre y representación de los guerrilleros, los enlaces y los puntos de apoyo de la guerrilla antifranquista que desde AGE siguen luchando por la memoria y la justicia Dolores Cabra (AGE)  El presidente del Parlament, Ernest Benach, participó ayer en la capital argentina, Buenos Aires, en un homenaje en memoria de los exiliados y de los republicanos que lucharon contra el franquismo en el que destacó la necesidad de que “España recupere la memoria histórica”, “Tengo esperanzas de que España ponga empeño para recuperar la memoria y se logre sanar las heridas. Hay que conocer la verdad para poder cerrar este capítulo de la historia”, afirmó Benach, que hoy finaliza su visita de tres días a Argentina. El presidente del Parlament acudió la noche del sábado al Casal de Catalunya en Buenos Aires, donde se proyectó el documental “Les Fosses del Silenci”, que relata la iniciativa del gobierno catalán de abrir las fosas ubicadas en distintas zonas de la comunidad donde se presume que se encuentran cuerpos de personas desaparecidas desde la dictadura franquista. “La reacción de los españoles ante esta iniciativa es positiva. Antes existía temor acerca de qué podría ocurrir al tomar esta decisión. Pero los que podrían estar en contra de la apertura de las fosas ya no tienen peso”, señaló Benach, que arribó el pasado viernes a Buenos Aires. El presidente de la cámara catalana sostuvo además que la dictadura franquista “fue muy dura”, por lo que es necesario que ahora “se sepa la verdad para que los afectados tengan derecho al dolor porque existen personas que aún no lo pueden hacer”. “Es un paso más hacia la normalización de España”, indicó Benach, quien ayer viajó a la provincia argentina de Santiago del Estero para presentar el documental en el Festival Internacional de Cine y Vídeo de Derechos Humanos. Antes de su vuelta, Benach se reunirá hoy , con el vicepresidente argentino y presidente del Senado, Daniel Scioli, representantes de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y visitará el cementerio que la comunidad catalana tiene en Argentina. El largometraje presentado pertenece a una trilogía de documentales que tratan sobre las víctimas y la represión de la dictadura franquista, producidos por Televisió de Catalunya. “En España ha habido un despertar muy importante en los últimos tiempos sobre nuestro pasado. Ahora se empieza a asumir el grado de violencia existente durante la dictadura”, resaltó la directora de la película, Montserrat Armengou. En este sentido, afirmó que “en España había una democracia basada en el silencio” y señaló que “no se tenía conciencia del número de desaparecidos”. “Hablamos de aspectos que no se conocían de la represión franquista”, amplió la directora del documental. “Al ver que no se sabían tantas cosas del pasado de España, comenzó a aparecer una demanda social de conocer lo ocurrido, aunque aún existen aquellos que se oponen a investigar esta época”, dijo Armengou.  Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) tiene intención de presentar en el Congreso de los Diputados, pasado el verano, una iniciativa para devolver los bienes incautados a las logias masónicas durante el franquismo, al igual que se ha hecho con los sindicatos y los partidos políticos. El líder de ERC, Josep Lluís Carod Rovira, adelantó a Europa Press que desde su partido "intentarán defender que todo aquello que en su momento fue patrimonio de las distintas organizaciones masónicas del Estado español puedan recuperarlo sus legítimos herederos, si se puede demostrar que existen estos herederos". Carod Rovira, advirtió que esta iniciativa irá dirigida exclusivamente a los masones y apuntó que en la sociedad catalana "el concepto de respeto a la diversidad forma parte del paisaje electoral". MASONES EN ERC Y EN OTROS PARTIDOS Aseguró que en ERC siempre se habla de masones porque su tradición política va asociada a planteamientos de carácter progresista, pero recalcó que también había muchos republicanos y dirigentes de partidos de izquierda que se consideraban masones en los años 30. Aunque dijo no ser masón, Carod Rovira reafirmó su apuesta por el laicismo que, a su juicio, "es el respeto absoluto a las vivencias y creencias religiosas de cada uno como norma en la que todos encontramos terrenos común". Añadió que ERC no quiere que estas vivencias o creencias religiosas se conviertan en ley para nadie "sea cual sea el signo, el origen y la orientación de dicha creencia" EUROPA PRESS Un profesor represaliado por el franquismo viaja de Oviedo a un pueblo de León para reencontrarse con sus antiguos alumnosEl documental «La escuela fusilada» ha reencontrado esta semana a sus antiguos alumnos con un maestro republicano represaliado por el franquismo. La cita tuvo lugar en la localidad leonesa de Villafeliz de Babia, donde Paulino Rodríguez Hidalgo realizaba su labor docente hasta que la sublevación militar del 18 de julio de 1936 le obligó a huir a Asturias tras comprobar la suerte que corrieron muchos de sus colegas. Se calcula que sólo en la provincia de León fueron fusilados más de treinta maestros. Paulino Rodríguez, que actualmente tiene 92 años y vive en Oviedo, no había vuelto a ver a muchos de sus antiguos pupilos desde hacía casi 70 años. La noticia de que el «señor maestro» estaba en el pueblo con un equipo de grabación corrió como la pólvora y en pocos minutos Rodríguez Hidalgo se vio rodeado por un grupo de octogenarios que había asistido a sus clases durante los años de la República. «La primera desgracia que trajo la guerra a este pueblo fue perder a este maestro», manifestó emocionado Alberto Rodríguez, uno de sus antiguos alumnos. El maestro de Villafeliz nació en el pueblo leonés de Candemuela en 1912 y heredó la vocación docente de su padre. Durante la contienda civil, Paulino Rodríguez, que aún se define como un hombre comprometido con los ideales republicanos, alcanzó el grado de capitán de artillería y fue destinado a la defensa de San Pedro del Romeral, cerca del puerto del Escudo, que separa Cantabria de Burgos. Tras la caída del Frente Norte, en octubre de 1937, fue apresado por las tropas italianas que combatían con Franco y sometido a un consejo de guerra que le condenó a muerte. Después de 21 meses de angustia, la pena máxima le fue conmutada por 30 años de cárcel, de los que acabó cumpliendo nueve en varios penales del país. Durante su periplo carcelario conoció al dramaturgo Buero Vallejo, con el que mantuvo amistad y contacto periódico hasta su muerte en el año 2000. La Comisión Depuradora Provincial de León le apartó con carácter definitivo de la docencia y sólo tras la amnistía de 1977 pudo reintegrarse al magisterio. Después de casi 40 años, Paulino Rodríguez volvió a pisar una escuela nacional en la localidad asturiana de Mieres, destino en el que le llegó la jubilación. El proceso de depuración sufrido por todos los sectores de la sociedad a raíz de la guerra civil se cebó con especial saña en el magisterio español. Las autoridades franquistas lo consideraron la punta de lanza de la difusión de los ideales de la República al tiempo que lo readaptaron como mejor aliado para el adoctrinamiento del nuevo régimen nacional catolicista. El historiador Francisco Molero Valente calcula, en su obra «La depuración del magisterio nacional», que 16.000 de los 61.000 maestros de la época padecieron las consecuencias del proceso depurador, al que se vio sometido todo el colectivo. Es decir, nadie podía ejercer la docencia, ni pública ni privada, sin haber superado un expediente de depuración en el que lo que había que probar no era la «culpabilidad» sino la «inocencia» de cualquier sospecha republicana o izquierdista. El documental, que en estos momentos rueda la productora leonesa Imagen Industrial, indaga en la peripecia histórica de miles de maestros apartados de la docencia. Casos de Asturias, Cantabria, Castilla y León, Cataluña o Madrid suponen, hasta el momento, la espina dorsal de este proyecto. LA NUEVA ESPAÑA El secretario provincial de Izquierda Unida, José Manuel Mariscal, se ha preguntado si "el pasado familiar de la juez de Montilla le ha supuesto algún lastre a la hora de tomar una decisión" en el caso de los fusilados de Santaella y La Guijarrosa, después de rechazar el recurso interpuesto por el Foro por la Recuperación de la Memoria Histórica para que autorizara la ejecución de las pruebas de ADN a los restos, solicitadas por los propios familiares. Mariscal ha asegurado que "estas decisiones demuestran que la Trancisión no ha llegado todavía a los poderes judiciales españoles" y ha calificado de "impresentable" la decisión de la titular del Juzgado de Instrucción número uno de Montilla "por no haber visto indicios de muerte violenta después de que el Foro haya desenterrado una fosa común con más de 20 fusilados en la Guerra Civil" y encontrado varias balas incrustadas en los restos. José Manuel Mariscal advierte de que "poco puede hacer la Junta de Andalucía" al intentar reconocer la lucha de los republicanos españoles "cuando nos encontramos con decisiones judiciales de este tipo" que desmontan todo el trabajo al respecto. DIARIO DE CóRDOBA
31/08/2004
Figols es el primer pueblo de España en que se proclama, aun cuando sea únicamente por cinco días, el comunismo libertario. Eduardo de Guzmán. Tiempo de Historia, Num 14.1976 LA CATASTROFE Todo sucede en contados segundos. A las nueve y media de la mañana del lunes 3 de noviembre de 1975, el primer turno de mineros llega a su lugar de trabajo: una galería de más de un kilómetro de longitud a mil metros de profundidad. Hace calor, mucho calor, tanto calor como los demás días porque la ventilación es deficiente; nadie le concede, sin embargo, la menor importancia. Están todos acostumbrados a esta temperatura y saben que la mina está clásificada oficialmente entre las «no grisosas». Tranquilamente, cada uno va a ocupar su puesto y uno de ellos oprime el pulsador que pone en marcha la gran excavadora de fabricación soviética. La mayoría de los hombres que están en la galería no llegan a enterarse de lo que ocurre a continuación. Una formidable explosión estremece las entrañas de la montaña; el aire se incendia en el acto y un viento huracanado arrastra una gigantesca bola de fuego a lo largo de toda la galería. Los que no perecen en la explosión son aplastados por la onda expansiva contra las paredes del túnel o se convierten en antorchas humanas. Veinticinco mueren en el acto y nada pueden hacer por ellos quienes, alertados por el estruendo, descienden poco después, afrontando a pecho descubierto todos los riesgos, al fondo de la galería siniestrada. Unos pocos heridos son sacados con vida al aire libre; varios fallecen también unos minutos o unas horas después. Treinta muertos en total: la mayor catástrofe minera registrada en España en los últimos cincuenta años. La espantosa tragedia no tiene por escenario ninguna de las grandes cuencas carboníferas nacionales. Son muchos los españoles e incluso los catalanes que ignoran que en la parte alta del Llobregat, a ciento treinta kilómetros de Barcelona, existen unos yacimientos de lignitos. Cuando se habla de riquezas mineras en Cataluña, la gente piensa inevitablemente en las potasas. Todo el mundo sabe que en el Alto Llobregat y su afluente el Cardoner, hay bajo el suelo una riqueza potásica incalculable y que no lejos de Cardona se alza la fantástica Montaña de Sal, una de las maravillas de la naturaleza. En cambio, pocos fuera de la comarca del Bergadá saben de la existencia de un pueblecito minero llamado Figols, asentado en la falda de una montaña un centenar de metros por encima del cauce angosto y retorcido del río. Menos aún están enterados de que millar y medio de obreros de todas las procedencias se ganan allí el pan en la más ingrata y peligrosa de las profesiones. Como en todas partes, el trabajo en las minas nada tiene de agradable en Figols. Penetrar por un negro agujero en las entrañas de la tierra, recorrer kilómetros enteros por un túnel oscuro, descender luego varios centenares de metros y laborar varias horas cada día, cinco días a la semana, lejos del aire, del sol y de la luz, envueltos en el polvillo pegajoso del carbón, crea una sensación de claustrofobia que siembra la inquietud y el desasosiego en los ánimos mejor templados. El minero sabe que está en constante peligro; que cuando no es el grisú agazapado en el último rincón de la galería que se convierte de pronto en un tigre de fuego que lo devora todo a su paso, como ocurrió el día 3 de noviembre. está el riesgo de los derrumbamientos, que en estas galerias costaron no hace mucho un puñado de vidas. Y cuando uno tiene la suerte de no perecer en cualquier acciente, siempre queda la silicosis como amenaza permanente y riesgo inevitable que acabará destrozando los pulmones. UNA HISTORIA OLVIDADA Todos los periódicos hablan, naturalmente, de la tragedia de Figols. Pero hablan mucho menos de lo que merecía la magnitud de la catástrofe. Hasta en esto, los mineros muertos han tenido mala suerte. Porque su desgracia coincide en el tiempo con otras graves preocupaciones nacionales. El mismo lunes 3 de noviembre, es operado a vida o muerte en El Pardo el jefe del Estado Francisco Franco. El mismo día también, llega a su culminar la tensión determinada por la marcha marroquí sobre el Sahara y celebra una reunión el Consejo de Seguridad para tratar de la grave amenaza que representa para la paz. Los españoles viven pendientes de los partes médicos que se dan cada hora, de las crónicas de Nueva York que reflejan el nerviosismo de las Naciones Unidas y de las noticias que señalan el avance a través del desierto de las multitudes movilizadas por Hassan II. Son acontecimientos de excepcional importancia que casi monopolizan el tiempo y el espacio de los medios de comunicación. Como inevitable consecuencia, lo ocurrido en el Alto Llobregat es relegado aun segundo plano e informado en forma reducida y esquematlca. Apenas si los periódicos mencionan el nombre de los muertos y las causas determinantes de la tragedia. Insinúan que al no trabajarse el sábado ni el domingo, el grisú pudo acumularse en cierta cantidad en una de las galerías e incendiarse el lunes al comenzar a trabajar la excavadora por alguna chispa desprendida de ésta. Algunos dicen también que los treinta trabajadores muertos dejan una veintena de viudas y medio centenar de huérfanos; que una caja de ahorros ha abierto una suscripción en favor suyo y que los familiares de las víctimas percibirán íntegras las prestaciones pecuniarias establecidas por la Seguridad Social. Añaden poco más en días sucesivos (1). Al entierro asisten varios millares de trabajadores de las cuencas mineras del Cardoner y el Llobregat; los funerales son presididos por las autoridades provinciales y tres ministros que vienen en avión y helicóptero desde Madrid y retornan por el aire apenas terminada la ceremonia, porque los momentos son de tensión nacional e internacional. Unos cámaras de televisión toman vistas de la boca de la mina siniestrada y del interior de las galerías; del dolor lacerante de las mujeres y los chicos que han perdido al marido o al padre, de los tristes cuarteles en que residen las familias mineras y del espléndido panorama de las estribaciones de la sierra de Cadí y del Llobregat de aguas claras e impetuosas, harto distintas de las turbias que arrastrará a su paso por las cercanías de Barcelona próximo ya a su desembocadura en el mar. No hay más, ni era lógico esperar que la hubiese dadas las circunstancias por que atraviesa el país en la primera decena de noviembre de 1975. Si acaso una petición sindical para que se investiguen a fondo las causas de la catástrofe y las medidas que deban tomarse para evitar su repetición y algunos comentarios breves, doloridos y un poco rutinarios de condolencia por la desgracia. Una semana después, es inútil buscar en las páginas de los periódicos o las informaciones de radio y televisión la menor referencia al pueblo minero. Figols vuelve a hundirse en el polvo del olvido. Sin que nadie, absolutamente nadie, haya recordado siquiera que Figols es un nombre significativo e importante en la historia social de nuestro país y del movimiento obrero internacional. Porque Figols es, hace ya más de cuarenta y tres años, el primer pueblo del mundo en que se proclama, aun cuando sea únicamente por cinco días, el comunismo libertario. REBELION EN LAS MINAS Los sucesos tienen lugar en la semana que va del 18 al 25 de enero de 1932. Figols Se compone entonces de tres núcleos claramente diferenciados. Abajo, junto a la carretera y el río, el pueblo pequeño, unas fábricas textiles y la llamada colonia en que viven los que laboran en los talleres. A media ladera de la montaña, tras media hora de penosa ascensión, San José; todavía más arriba, trescientos metros más alto, San Cornelio. En San José y San Cornelio están las instalaciones mineras: las bocas de las galerías, los lavaderos de mineral y los cuarteles donde se hacinan los trabajadores. Desde arriba el panorama es soberbio. Por todas partes se elevan las crestas montañosas besadas por el sol y cubiertas de nieve en la invernada. A lo lejos otras cimas todavía más elevadas que forman la linea fronteríza con Francia. Abajo, el Llobregat casi recién nacido. Pero lo idílico del panorama no guarda la menor relación con la dureza de la vidade los obreros. En Figols, como en Berga, Gironella, Balsareny o Sallent, en todos los pueblos y colonias que se alinean a orillas del río, la situación económica es mala y la tensión social aumenta por días. La segunda crisis internacional, desencadenada en 1929 con el crack de la bolsa de Nueva York, repercute en España. Acentuando sus perniciosos efectos está la evasión masiva de capitales y las maniobras de una plutocracia interesada en crear problemas a la República instaurada tan sólo nueve meses atrás. A mediados de enero crece la tensión en toda la comarca porque las fábricas textiles del Llobregat no sólo niegan un aumento pedido por los obreros en proporción al aumento del coste de la vida, sino que pretenden rebajar los salarios y disminuir las plantillas. El lunes 18 de enero los obreros de las fábricas de Figols se declaran en huelga pacífica. Los somatenistas salen a la calle para restaurar un orden que nadie ha perturbado todavía y se producen algunos incidentes. Entonces una comisión de huelguistas, en la que forman varias mujeres, sube a San José y San Cornelio para solicitar que los mineros se solidaricen con ellos. Los mineros están un tanto revueltos. De un lado porque la empresa ha despedido a treinta hombres que se niega a readmitir; de otro, porque las condiciones de trabajo son más duras en 1932 que cuarenta y tres años después. Afirman que los servicios de ventilación son deficientes, que dentro de los tajos la temperatura alcanza con frecuencia los 30 y los 35 grados, que abundan los accidentes y que los sueldos son bajos. Reunidos a la salida de las galerías deciden prestar ayuda inmediata a los trabajadores textiles. Empiezan por desarmar a los capataces y dirigentes de las explotaciones mineras que tienen pistolas o revólveres y bajan resueltos al pueblo. Van casa por casa exigiendo a los somatenistas que les entreguen las armas y se adueñan del ayuntamiento. No chocan con la Guardia Civil porque ésta, refugiada en su cuartel, en lugar un tanto apartado del pueblo, permanece expectante deseosa de evitar una lucha sangrienta. Los trabajadores no la atacan, convencidos de que su movimiento se extenderá y que los propios guardias acabarán uniéndose a ellos cuando se convenzan de que la revolución ha triunfado en toda España. El martes el movimiento se extiende como un reguero de pólvora por la comarca. En Manresa declaran la huelga general y cortan todas las comunicaciones. En las cuencas del Alto Llobregat y del Cardoner los trabajadores textiles, apoyados por los mineros de Sallent, Suria y Cardona, se hacen dueños de la situación. En ninguna parte se producen choques aislados ni se ocasionan víctimas. Los trabajadores desarman a sus enemigos de clase, se apoderan de los pueblos, forman comités que se posesionan de los ayuntamientos y empiezan a organizar la vida de la comunidad sobre bases revolucionarias. Alma del movimiento en Figols es Manuel Prieto, asturiano de origen que lleva más de treinta años trabajando como minero. Tiene ya cuarenta y tres años y es hombre de mediana estatura, recia complexión, un tanto envejecido por los sufrimientos y ligeramente cojo a consecuencia de un derrumbamiento de tierras. Carácter entero, presto siempre a sacrificarse por los demás, goza de sólido prestigio entre sus compañeros. Anarquista convencido, abomina de la violencia que considera fruto lógico de las injusticias sociales; cree en la bondad intrínseca de los hombres y en el triunfo final de las doctrinas emancipadoras. Tiene sobre sus hombros una larga serie de persecuciones, cárceles y destierros. Pero cuando puede considerarse dueño de la situación en un pueblo determinado, no siente odios ni experimenta deseos de venganza. Predica la paz y el respeto a todo lo viviente Así cuando un grupo de mineros trata de -ejercitarse en el manejo de las armas disparando sobre un arbusto, se opone resuelto: -No. sobre ese árbol no, por que también tiene vida y siente. Tirad si queréis contra cualquier roca o al aire; pero a ese arbusto no, porque no tenéis derecho a matarlo. COMUNISMO LIBERTARIO En Figols primero, en otros pueblos de la comarca después, se proclama por vez primera en la historia, el comunismo libertario. No dura más que unos días, es cierto pero no por ello deja de revestir importancia. Los obreros son dueños de la situación por espacio de una semána en media docena de lugares en enero de 1932. En ningún sitio se cometen robos, asesinatos ni violaciones. En todos se da el mismo espectáculo. Los trabajadores saludan con alborozo el triunfo de la revolución. Se incautan de los ayuntamientos, izan banderas negras y rojas, anulan el dinero y compran por medio de vales. Pero ni un sólo momento los obreros creen que el éxito les libera de la necesidad de seguir trabajando. La organización abarca en la experiencia de Figols tres aspectos distintos: militar, económico y administrativo o político. El primero se resuelve -bien en contra de la voluntad de Prieto que las considera totalmente inútiles- con la constitución de unas milicias que defenderán a la comunidad en caso de ser atacada; el segundo, con la formación de un comité encargado de la producción y del consumo; y el tercero, con unas elecciones destinadas a la estructuración de la comuna libre. Es preciso realizar determinadas tareas de conservación tanto en las minas como en las fábricas y los obreros las realizan voluntariamente en beneficio de la comunidad. Más adelante, cuando asegurada la transformación social se organice la nueva sociedad, tendrá como base el trabajo libre y voluntario de cuantos deban intervenir en las faenas productivas. El consumo se organiza a base del economato. Como se ha abolido el dinero, los pagos se hacen con vales que autoriza el comité revolucionario de acuerdo con las necesidades de cada individuo. (Prieto hace especial hincapié en que nadie pida más de la imprescindible y es obedecido. La prueba es que todo el pueblo de Figols no consume en el economato en el transcurso de la semana víveres ni mercancías por valor superior de las tres mil quinientas pesetas). Las elecciones para designar los hombres que habían de dirigir la comuna libre se celebran el miércoles. Votan hombres y mujeres y los chicos mayores de dieciséis años. Por mayoría absoluta se designa al delegado general y ocho ayudantes suyos que entran en funciones inmediatamente. (Todo esto ocurre -repitámoslo-- hace cuarenta y tres años. Visto hoy, con las dolorosas experíencias vividas desde entonces, tiene un aire de conmovedora ingenuidad. Sus protagonistas, que no ocasionaron una sola víctima, eran auténticos idealistas que soñaron posible la realización incruenta de sus más bellos sueños. Que ahora, con una perspectiva de cerca de medio siglo, comprendamos que sus ilusiones carecían de toda posibilidad de realizarse, no obsta para que ellos confiaran en su triunfo. Incluso que durante unos días creyeran realmente haber triunfado). Pero el despertar no tarda en producirse. El mismo Manuel Prieto comprende que la realidad tiene poco que ver con sus esperanzas cuando el jueves baja como puede hasta Barcelona y se encuentra que la vida de la gran ciudad discurre con absoluta normalidad. El suyo ha sido un movimiento espontáneo de unos millares de mineros y obreros textiles, condenado desde el primer instante a un inmediato e ineludible fracaso. De nada sirve para impedirlo que los obreros barceloneses se lancen a la huelga al final de la semana Como expresión de solidaridad. El gobierno de la República, el gobierno que preside en estos momentos don Manuel Azaña. ha reaccionado tras unos días de general estupor al tener noticia de lo que sucede y el general Batet, que manda la IV Región Militar, recibe órdenes, que cumple inmediatamente, de mandar unos batallones y unas baterías que acaben con la rebelión del Alto Llobregat. Manuel Prieto retorna el viernes, hundido y desilusionado, a Figols y da cuenta a sus compañeros de lo que ocurre. Las tropas están ocupando sin lucha ni necesidad de disparar un sólo tiro, todos los pueblos vecinos. Muchos mineros están dispuestos a resistir allí. Tienen algunos rifles y pistolas y gran cantidad de dinamita; y los más exaltados hablan de hacerse matar en las alturas de San Cornelio. No sin grandes esfuerzos, Prieto consigue hacerles desistir de su locura. La lucha sangrienta sería más que inútil, contraproducente para las ideas defendidas. No ha llegado el momento de la revolución y nada justificaría el sacrificio estéril de un puñado de vidas. Tras larga deliberación acuerdan quedarse en Figols los que se consideren menos comprometidos y tratar de ganar la cercana frontera los restantes. Manuel Prieto marcha con estos últimos. Pero cuando ya está apunto de pisar la raya francesa se despide de sus corripañeros. Considera su deber entregarse para responder personal mente de lo lo sucedido, y se entrega. DEPORTADOS AL SAHARA Los sucesos del Alto Llobregat, el comunismo libertario declarado en Figols, tiene claras e importantes repercusiones en la política nacional de 1932. Como respuesta a lo ocurrido, el gobierno decide aplicar con todo su rigor la recién aprobada ley de Defensa de la República. Manuel Prieto y medio centenar más de los protagonistas del alzamiento son conducidos al «Buenos Aires», un viejo trasatlántico anclado para ser desguazado en el puerto de Barcelona. A ellos no tardan en unírsele otro medio centenar de militantes conocidos de la Confederación Nacional del Trabajo para ser deportados. La deportación provoca un acalorado debate en las Cortes Constituyentes y la decisión gubernamental es aprobada por 162 votos a favor y 16 en contra. Entre los que se oponen están los diputados Sediles, Franco, Soriano, Botella Asensi, Barriobero, Eduardo Ortega y Gasset, Samblancat, Balbontín, Castelao y Luis de Tapia. El " Buenos Aires" sale del puerto de Barcelona con 108 deportados a bordo, al amanecer del 10 de febrero. Días más tarde hace escala en Cádiz, donde otros once hombres se unen a los deportados. Protegiendo al barco que los conduce va el destructor "José Luis Díez". Entre los deportados figuran militantes confederales tan conocidos como Buenaventura Durruti, los hermanos Ascaso, Cano Ruiz, Juan Arcas, Rueda, Bruno Lladó, Ballesteros y Ortiz. En principio el «Buenos Aires» se dirige a Bata; pero al llegar a Guinea recibe orden de dirigirse al Sahara. Tras veintitantos días de navegación los deportados desembarcan en Villa Cisneros, donde permanecen por espacio de varios meses. Durante su estancia en el Sahara hay un diputado -el comandante de aviación Ramón Franco Bahamonde- que va a verlos para denunciar seguidamente en el Parlamento la triste situación en que se encuentran. Todo esto es lo que trae forzosamente a nuestra memoria el nombre de Figols, que en los primeros días del pasado noviembre volvió a adquirir tan dolorosas resonancias en la vida nacional. (1) Salvo para comunicar que la cuenta corriente abierta por "Justicia y Paz" en beneficio de los familIares de las víctimas, había sido anulada por el Gobiemo Civil de Barcelona. A las Barricadas Manuel Fraga, de 81 años de edad, antiguo ministro del ex dictador Francisco Franco y presidente regional de Galicia (noroeste, España) desde hace 14 años, anunció este lunes que volverá a presentarse como candidato del Partido Popular a las elecciones regionales del 2005. ''Don Manuel'', tal como se le conoce mayoritariamente entre el electorado de su conservadora y rural Galicia natal, confirmó a la prensa el rumor que corría tras su reciente entrevista con el secretario general del PP, Mariano Rajoy, quien aseguró su ``apoyo incondicional''. Para los responsables del PP, del que es uno de los fundadores, nadie mejor que Fraga para lograr una quinta mayoría absoluta consecutiva en la región. Antes de instalarse en su puesto de dirigente regional, Fraga fue entre 1962 y 1969 ministro de Información y Turismo del dictador Francisco Franco, al igual que él originario de Galicia. Una cartera que lo convirtió a la vez en primer censor de España, conocido y temido por los periodistas, y promotor de un sector que comenzaba a convertirse en la primera industria española. En 1962, el ministro Fraga nombró director de la Radio Nacional de España a un periodista radiofónico experimentado llamado Manuel Aznar, padre del ex presidente del gobierno español José María Aznar, del que será mentor político cerca de 30 años más tarde. Tras la vuelta de la democracia, Fraga fundó en 1977 la Alianza Popular, antecesor del Partido Popular, una formación que reúne a todo el espectro de la derecha española, incluida la extrema-derecha. Figura tutelar de los conservadores reconvertidos a la democracia, Fraga eligió como sucesor a José María Aznar, a quien instaló en 1990 a la cabeza del PP. Aznar honró al patriarca, al igual que hizo con el británico Tony Blair, haciéndole testigo de la fastuosa boda de su hija Ana, en septiembre del 2002. Al confirmar este lunes su decisión de presentarse a las elecciones regionales del próximo año, que podrían mantenerlo en el poder hasta los 86 años, Fraga recordó al canciller alemán Konrad Adenauer, quien se retiró a los 87 años. ''Estoy en plena forma'', dijo a los periodistas, ``prepárense para soportarme al menos hasta la próxima legislatura''. Agence France Presse  El presidente del Parlamento de Catalunya, Ernest Benach, participo ayer en Senado de la presentación del documental "Los niños perdidos del franquismo", que participó del Festival Internacional de cine de Derechos Humanos que se realiza en Santiago del Estero. La obra refleja el destino de miles de niños que en la guerra civil española sufieron la apropiación de su identidad tras ser secuestrados por el franquismo, algo similar a lo ocurrido en la Argentina durante la dictadura militar. Por eso también participó del acto la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto. Bencah y los directores del documental, Montse Armengou y Ricard Belis, fueron invitados por la sendora del Frepaso, Diana Conti. El documental fue proyectado esta tarde en el salón Illia del Senado, con la participación de otros legisladores y representantes de la comunidad catalana residente en la Argentina. La película refleja la reconstrucción de la tragedia vivida y desconocida por la mayoría de los españoles. Ello se logra mediante el relato de algunos de los sobrevivientes que cuando niños fueron arrancados de su padres enrolados en las filas republicanas y criados por familias cercanas al poder franquista. Algunos de ellos pudieron recuperar su identidad cincuenta años después, mientras que se desconoce el destino de miles de ellos. "Ver esta película es muy fuerte. Queda claro que la historia se repite", señaló Carlotto al finalizar la proyeccción. Y agregó: "El motivo por el cual lo hicieron es el mismo que en la Argentina: disgregar y destruir a la oposición". Armengou, directora de la obra, reconoció que cuando la película se proyectó por primera vez en Barcelona "algunos descubieron que en España había ocurrido algo similar a lo que sucedió en la Argentina, con la apropiación de hijos de desaprecidos". La diferencia con el caso argentino es que las víctimas del horror en este caso tienen más de 60 años, lo que llevó a decir a Carlotto que "la película demuestra que no hay edad para recuperar la memoria".
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