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MEMORIA HISTÓRICA

Congreso PSC.- Piden la supresión de los símbolos religiosos en los actos del Estado y de la financiación de la Iglesia

Congreso PSC.- Piden la supresión de los símbolos religiosos en los actos del Estado y de la financiación de la Iglesia

El X Congreso del PSC aprobó hoy por unanimidad que los socialistas "procuren" la "supresión de los símbolos religiosos en todos los actos del Estado" y de la financiación de la Iglesia Católica mediante un porcentaje del IRPF para avanzar progresivamente hacia un acuerdo Estado-Iglesia de financiación.

Estas propuestas fueron recibidas con aplausos en el pleno congresual al ser incorporadas al texto referente a la "España del siglo XXI" que fue presentado por la vicepresidenta primera del Congreso, Carme Chacón.

Bajo el epígrafe "Hacia una España laica", el PSC recuerda que la Constitución Española define España como un Estado aconfesional y, por tanto, "ninguna confesión religiosa tendrá carácter estatal". "Para la consecución efectiva de este objetivo se procurará" la supresión de los símbolos religiosos y articular un nuevo mecanismo de financiación de la Iglesia.

Además, se señala que "el estudio de la religión en el ámbito educativo no debe servir para fomentar el adoctrinamiento de una determinada religión, sino que debe abordarse como el estudio del hecho histórico que conforman todas las religiones" y se plantea la supresión de la figura del "sacerdote castrense dentro del ejército español", medida que también levantó aplausos.

En este apartado, también se establece la necesidad de adoptar medidas legales y educativas para "perseguir y erradicar los casos de mutilaciones físicas y discriminaciones que puedan sufrir niñas o mujeres derivadas de costumbres religiosas".

Por otra parte, este capítulo plantea, a partir de una enmienda de la sectorial de cultura, la resolución de "los contenciosos que en el terreno cultural todavía continúan pendientes con el Estado" como la creación del Patronato del Archivo de la Corona de Aragón, la "devolución de la documentación catalana expoliada por las tropas franquistas y depositada en Salamanca", la "construcción de los equipamientos pendientes, el traspaso a la Generalitat de la titularidad de los museos, bibliotecas y archivos provinciales, y la incorporación del Estado a los equipamientos estatales de referencia que deben formar parte de las redes estatales y europeas".

Las deudas de la Historia

Las deudas de la Historia

SANTIAGO MACÍAS VICEPRESIDENTE Y FUNDADOR DE LA ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA

EL PASADO 27 de junio el doctor en Derecho, Isidoro Álvarez, publicaba en estas mismas páginas una Tribuna bajo el título: La amnistía de la historia . Explicaba allí que las leyes promulgadas durante la transición habían resuelto los problemas de la sociedad española con el pasado de la guerra civil y de la dictadura franquista. Añadía el autor que esas leyes terminaron definitivamente con las discriminaciones y aludía a dos publicaciones acerca del «terror rojo»; además de indicar que la actual apertura de fosas comunes de republicanos era una forma de levantar el rencor. Pero a pesar de que el derecho debe guiarse por la concreción y por la ley, no se debe evitar una mirada más global sobre un tema de enorme trascendencia.

Una vez terminada la guerra civil el régimen franquista detuvo a cientos de miles de españoles que habían participado en el llamado bando republicano. Todos fueron juzgados por tribunales cuya legitimidad no había surgido de un proceso de selección en democracia si no de la victoria en una guerra. Las sentencias de esos tribunales llevaron a ser fusiladas a 55.000 personas («Morir, matar, sobrevivir» Julián Casanova y otros. Ed Crítica) que pagaron por los delitos que supuestamente cometieron durante la guerra civil.

Inmediatamente después del final de la contienda en 1939, se inició la llamada Causa General, encargada de averiguar quiénes y cuántas habían sido las personas muertas en la contienda sólo si habían luchado en el bando franquista o simpatizaban con los golpistas. La autoridades de la dictadura nombraron un fiscal especial que se dirigió a todos los ayuntamientos de España para solicitarles información acerca de quiénes había sido los muertos «por Dios y por España».

Está escrito y todavía se puede comprobar si alguien visita una hemeroteca y lee un periódico de tirada nacional entre los años 1939 y 1942. No habrá día en una semana en el que no aparezca la noticia de la exhumación de una fosa con restos de «caídos y mártires» o un homenaje a los mismos. Esos trabajos se llevaron a cabo con el dinero de todos los españoles, especialmente con el de los que perdieron la guerra civil y que fueron juzgados por una Ley de Responsabilidades Políticas que en muchos casos hizo que les fueran incautados todos sus bienes. Por el contrario, los familiares de los muertos franquistas tuvieron facilidades para reconstruir sus vidas: becas para estudios, puntos en oposiciones, puestos en la administración, etcétera. La dictadura franquista, que había derrocado a un sistema gobernado por un presidente elegido democráticamente, agradecía así los servicios prestados. Pero los millones de españoles que habían decidido democráticamente, en febrero de 1936, que Manuel Azaña fuera su presidente tuvieron que renunciar a sus derechos, sin poder enterrar dignamente a sus muertos y sin que la historia les diera la oportunidad de disfrutar de las libertades que habían conquistado sin pegar un solo tiro el 14 de abril de 1931. Hoy, los restos mortales de aquel brillante presidente yacen en una pequeña localidad francesa donde murió poco antes de ser apresado por la Gestapo para ser entregado a Franco. Éste, mientras tanto, reposa en el Valle de los Caídos, monumento faraónico construido, para más escarnio, con la sangre y el sudor de cientos de republicanos.

Pretender que con las leyes de amnistía de la transición los bandos quedan equiparados y «se acabaron las discriminaciones» como afirma Isidoro Álvarez es pretender perpetuar un agravio comparativo evidente.

Los miles de familias que desde hace unos años se han puesto en marcha para buscar a sus seres queridos y darles una sepultura digna tienen todo el derecho del mundo a hacerlo. Nadie debe estar enterrado en una cuneta o en un monte independientemente de las ideas políticas que tenga. Y ese derecho fundamente no puede verse derogado por unas leyes de amnistía que en buena parte fueron elaboradas por autoridades del régimen franquista que pilotaron y tutelaron la transición.

Ninguno de los franquistas que participó en violaciones de derechos humanos durante la guerra y la posterior dictadura se ha sentado jamás en un banquillo¿ y se trataba de delincuentes. Mientras, miles de republicanos fueron asesinados, encarcelados y enviados al exilio. Ninguna ley puede acabar con una discriminación de esa dimensión, porque las leyes no pueden cambiar el pasado. Lo que ahora piden los familiares de aquellos republicanos es dar una sepultura digna a sus muertos. Ninguna ley puede determinar que una persona enterrada en una cuneta está enterrada dignamente. Por eso lo que tiene que hacer una democracia madura, como cualquier persona responsable, es saldar sus deudas. Y luego, que cada uno opine lo que quiera y que lo pueda manifestar en una Tribuna igual de libre que ésta.

¡¡ Ay Carmena !! 114 de combate y más de 100 mil muertos

¡¡ Ay Carmena !! 114 de combate y más de 100 mil muertos

El heroísmo del pueblo español quedó demostrado en su lucha contra el fascismo, durante la Guerra Civil Española (1936-1939). Fernando Del Corro recuerda la Batalla del Ebro. Gloria a los caídos que resistieron al nazifascismo, al clericalismo sátrapa y a los militares golpistas del franquismo.

'El Ejército del Ebro,
rumba, la rumba, la rumba, ba,
el Ejército del Ebro,
rumba, la rumba, la rumba, ba,
una noche el río pasó, ¡Ay Carmela!, ¡Ay Carmela!,
una noche el río pasó, ¡Ay Carmela!, ¡Ay Carmela!,
y a las tropas invasoras,
rumba, la rumba, la rumba, ba,
y a las tropas invasoras,
rumba, la rumba, la rumba, ba,
buena paliza les dio, ¡Ay Carmela!, ¡Ay Carmela!,
buena paliza les dio, Ay Carmela!, ¡Ay Carmela!'.

Lamentablemente, la vieja canción de los guerrilleros españoles, nacida en 1808, en la lucha contra Napoleón I, y reflotada 130 años después por los soldados republicanos en la Guerra Civil (1936-1939), con una letra adecuada a los nuevos tiempos, pecó, como tantos otros sueños humanos, de un exagerado optimismo. La Batalla del Ebro, con sus 114 días ininterrumpidos, y no de trincheras, precisamente, tal vez la más larga de la historia humana, registró un saldo, entre ambos bandos, de 100.000 muertos, dejando exhaustas las fuerzas del ejército popular que tuvo en ella su última ofensiva.

Ese épico episodio del que solamente en Internet hay más de 3.000 relatos fue el postrer intento de la Republica por frenar los avances de la coalición de derecha, liderada por Francisco Franco, conformada a partir de la sublevación iniciada dos años antes, el 17 de julio de 1936, en Melilla por el jefe de la guarnición local, a la que se sumaron, al día siguiente, el futuro 'Generalísimo', desde las islas Canarias y otros altos oficiales, como Jorge Sanjurjo, que estaba exiliado en Portugal, quien se mató en el viaje en avión desde Lisboa cuando iba a asumir como jefe máximo de los golpistas.

La Batalla del Ebro tuvo su prólogo cuando el 23 de junio, un mes antes, las tropas franquistas lograron entrar en Castellón de la Plana, en la región valenciana. Con ello obtuvieron un éxito decisivo: cortar el territorio republicano en dos; por un lado Cataluña y por el otro los territorios gobernados desde Madrid. De ahí en más el ejército del frente de las derechas parecía tener expedito el camino para la toma de Valencia, la tercera gran ciudad que aún estaba en manos de las autoridades legales del Frente Popular. Entonces se planeó una contraofensiva destinada a cambiar el curso de los acontecimientos. Así 'el Ejército del Ebro una noche el río pasó', dice la canción.

Fue a las 00.15 del 25 de julio de 1938. Un total de 80.000 hombres, con no mucha logística, a las órdenes del general Juan Modesto, apoyados por 100 aviones caza de origen soviético, a bordo de todo tipo de embarcaciones, cruzaron el Ebro, en tres zonas diferentes, en un frente de 65 kilómetros dando inició a una de las batallas más recordadas, por muchas razones, de la historia humana. Al norte lo hicieron los 9.500 hombres de la '42 División' que lograron avanzar hasta el primero de agosto cuando reaccionaron los facciosos. Una reacción que les permitió obligar a 3.500 republicanos a que cruzaran el Ebro en dirección inversa el 6 de agosto.

En el sur los franquistas se resistieron con éxito desde un comienzo y los republicanos debieron replegarse. El gran éxito durante la fase inicial de la ofensiva de las tropas gubernamentales republicanas se produjo en la zona central del frente. En sólo dos días lograron una penetración de 50 kilómetros en el territorio enemigo, se adueñaron de siete poblaciones y estuvieron a punto de hacerlo con otras tres. En una de éstas, Gandesa, los franquistas lanzaron su contraataque centrado en los bombardeos de la aviación alemana enviada por Adolfo Hitler. De ahí en más hubo una agónica retirada, de mayor dramatismo aún ya que al romperse las esclusas del río se produjo un anegamiento en varios sectores del frente.

En distintos lugares hubo feroces combates, cada uno de varios días de duración. El 10 de agosto se inició uno de ellos en Pinell de Brai donde los republicanos, a las órdenes del general Enrique Lister (quien luego estuvo en importantes batallas de la Segunda Guerra Mundial como Stalingrado), pelearon durante cinco días sin parar con los franquistas, hasta que ambos pararon por cansancio pero con los sublevados ocupando la mejor posición.

El 19 de agosto una nueva contraofensiva franquista fue detenida pero, con más restos, los sublevados volvieron a la carga el 20 y esta vez lograron su objetivo. De ahí en más, y a lo largo de septiembre y octubre la lucha se concentró en los alrededores de Gandesa, Villalba de los Arcos y Corbera d'Ebre. Los republicanos resistían a pié firme pero la artillería franquista y la aviación nazi alemana lanzaban sobre ellos miles de toneladas de bombas.

Fue el 15 de noviembre, casi cuatro meses después del exitoso cruce, el que dio lugar a la optimista '¡Ay, Carmela!', cuando los últimos restos del XV Ejército Republicano debieron cruzar definitivamente el Ebro, pero en el sentido contrario al del 25 de julio. Los 80.000 soldados republicanos apoyados por 100 aviones no habían podido con una fuerza que los más que decuplicaba en todos los terrenos. La aviación fascista utilizó en la Batalla de Ebro nada menos que 1.300 aparatos.

De ahí en más se trató de una retirada continua hacia Barcelona y Madrid, hasta la derrota final. Pero el heroísmo del Ejército del Ebro quedó grabado para siempre en los anales. Nadie esperaba a esa altura que la República pudiera intentar semejante esfuerzo teniendo frente a sí al ejército sublevado, a las tropas italianas enviadas por Benito Mussolini y a la poderosa aviación hitlerista luego de dos años de una guerra terrible. La Batalla del Ebro como fue el canto del cisne a una ilusión de millones de hombres de todo el planeta.

Hoy, 65 años después, muchos de sus heroicos sobrevivientes, en algunos casos nonagenarios, se juntaron en Corbera d'Ebre, pueblo en ruinas desde entonces, en el sur catalán para conmemorar aquella gesta.

Allí llegaron viejos luchadores italianos de la 'Brigada Garibaldi', estadounidenses de la 'Brigada Abraham Lincoln', británicos de la 'Connoly Column', franceses de la 'Marsellesa', de todas las naciones de la 'XV Brigada Internacional' y muchos más que ahora, como entonces, se sumaron a los españoles. Allí esperó Lise London, la brigadista de 86 años a hombres y mujeres como Pierre René Landrieux, George Sossenko, Theo Francos y Lola González. También les hubiera gustado estar a mis viejos amigos búlgaros Jorge Pasha y Kosta Grecos; tal vez alguno de ellos escribió en la pared de la derruida iglesia el nombre de su país, como hoy puede leerse, según una reciente crónica de Higinio Polo. Y seguramente a brigadistas argentinos como el gran poeta Raúl González Tuñón, y el gran luchador que fue don Ramón Prieto, coronel del ejército republicano herido en el Ebro, integrante de la Columna Prestes en Brasil y mediador-factotum del Pacto Perón-Frondizi para las elecciones de 1958.

Fernando Del Corro

Seminario Guerra Civil y Represión en Jimena de la Frontera

Seminario Guerra Civil y Represión en Jimena de la Frontera

LUGAR: CENTRO CULTURAL "REINA SOFIA "(Estación de Jimena).

A los 10,30 h. Inauguración del Seminario, a cargo de: Sra. Directora General de la Consejeria de Justicia de la Junta de Andalucía.

A las 11,00 h. Antonio Morales Benítez y Fernando Sigler Silvera Licenciado y Doctor en Historia y miembros de la Asociación "Papeles de Historia "de Ubrique intervendrán sobre "Veinte años de investigación histórica. Testimonio oral y estudio documental: los fusilados de la Sierra de Cádiz. El caso del "Marrufo".

A las 11,30 h. Manuel Ramírez López En representación de la Asociación Memoria Histórica Jerezana y Jerez recuerda nos hablara sobre "Investigación para el esclarecimiento de los hechos acaecidos en la toma de Jimena por las tropas franquistas"

A las 12,00 h. José Manuel Algarbani Rodríguez, Licenciado en Historia nos hablara sobre como esta la investigación sobre la guerra civil y la postguerra en el Campo de Gibraltar (Archivos, Bibliotecas, Testimonios orales, etc). Igualmente se daran unas pautas de cómo adentrarse a estudiar estos periodos en el Campo de Gibraltar.

A las 12,30 h. Descanso.

A las 13,00 h. Mesa redonda y debate.

A las 14,30 h. Clausura del Ilmo. Sr. Alcalde y entrega de Diplomas a los participantes.

NOTA IMPORTANTE: Para información o inscripción del Seminario llamar al Ayuntamiento de Jimena y contactar con Diego Jiménez. Telf. 956640254.

Cómo llegar: http://www.elestrecho.com/ciudades/jimena.htm

La Junta recibe más de 40 solicitudes para localizar las fosas comunes de la Guerra Civil

La Junta recibe más de 40 solicitudes para localizar las fosas comunes de la Guerra Civil

Desde que a finales del pasado año la Junta aprobase el decreto para la recuperación de la memoria histórica, la Consejería de Justicia y Administración Pública ha recibido más de cuarenta solicitudes de asociaciones, ayuntamientos y universidades para el desarrollo de diversas actuaciones. No obstante, el número de instancias podría superar finalmente el medio centenar dado que las registradas en los últimos días -"bastantes", según fuentes de la Consejería- no han llegado aún a los servicios centrales de Sevilla. Es el caso de la petición de subvención presentada ayer en Granada para la exhumación de dos de los fusilados con Federico García Lorca (Dióscoro Galindo y Francisco Galadí).

La naturaleza de las iniciativas requeridas es variada: desde la investigación para el esclarecimiento de hechos ocurridos durante la Guerra Civil y la dictadura franquista a la localización de fosas comunes y su posible exhumación, pero es el levantamiento de monumentos o monolitos en memoria de los caídos en la contienda la actuación más reclamada.

En relación a este asunto, el coordinador de la Confederación General del Trabajo (CGT), Cecilio Gordillo, denunció en declaraciones a este diario que algunos altos cargos de la Junta "han vendido" que el decreto no subvenciona la recuperación de restos, lo que -a su juicio- explica la escasas peticiones de exhumación. Gordillo también criticó que la normativa "quita protagonismo al ciudadano" al no permitir que las solicitudes se hagan de manera individual, teniendo que articularlas a través de organismos o instituciones.

DIEGO LOZANO
Europa Press

IU apuesta por "otra unidad" del Archivo

IU apuesta por "otra unidad" del Archivo

IU demanda la creación de becas para estudiar la República.

Tras un pormenorizado estudio en el que han colaborado conocedores del Archivo y profesionales de la ciencia de la archivística, Izquierda Unida ha elaborado una serie de propuestas que posicionan a la coalición en el polémico asunto de la unidad del Archivo de la Guerra Civil.

A pesar de que defienden la cohesión del archivo, se desmarcan de las argumentaciones del Partido Popular por considerarlas "chauvísticas y trasnochadas". Según han declaran representantes de la coalicón, ellos, a diferencia del PP, se han basado en el análisis reflexivo y razonable de la historia de España".

Además de abogar por la unidad, Izquierda Unida propone un cambio de denominación. Considera que sería más correcto llamarlo Archivo de la Represión franquista ya que son muchos los técnicos que sostienen que fue gestado con la única intención de controlar, perseguir y encarcelar a los miembros del bando republicano y demócrata

Otra de las proposiciones que cabe destacar es la de la creación de un centro de estudios especializado en la II República, la masonería y la guerra civil, que debería estar gestionado por una fundación de la que formen parte las comunidades autónomas, los partidos políticos y los sindicatos de los que se requisase la documentación necesaria. En esta línea, el partido de izquierdas opina también que el medallón de Franco de la Plaza Mayor debería moverse de ahí para trasladarlo al Museo de la Guerra Civil y la Represión.

Por otro lado, los ciudadanos, tanto salmantinos como del resto de España, siguen incrementando el número de firmas acumuladas a favor de la unidad. Son ya 51.900 las recogidas.

Presentació llibre: "Con voz y voto", de Carmen Domingo

Presentació llibre: "Con voz y voto", de Carmen Domingo

En primer lloc, voldria començar agraint-li a la Inma Mayol la seva presència aquí i la presentació.

I m’agradaria fer-ho també per dos motius que són molt importants per mi. No sols en tant que dona d’esquerres, amb la qual em sento molt identificada, si no també perquè ella és la mostra més evident què la política no està vedada a la participació femenina, i que podem arribar –o al menys això vull creure- als mateixos llocs que l’home.

Aprofitant la relació que facilita aquesta presentació entre la participació de la dona en la política actual –personificada per la Inma- i la participació de la dona en la política dels anys trenta –tema del que tracta el llibre- m’agradaria explicar-vos, perquè se’m va ocorre escriure Con voz y voto.

Jo pertanyo a la primera generació que va començar la EGB amb la transició. Aquest fet hauria d’haver significat que 8 anys després, en plena democràcia, quan jo vaig començar el BUP, rebria unes classes d’història on m’explicarien des de l’arribada dels tartessos, fins a l’actualitat.

Res no va ser així.

Vam estudiar de tot (o gairebé) d’història mundial, una mica d’història antiga de la Península i, en arribar a la història de l’Espanya contemporània vam acabar amb la pèrdua de les colònies. I, des de el 98, ens vam retrobar de cop amb la participació d’Espanya a la Comunitat Econòmica Europea i la nefasta entrada a l’OTAN.

La veritat és que, en aquell moment, si he de ser sincera, no vaig trobar a faltar cap període històric. De fet no em vaig assabentar dels anys que ens saltàvem i va ser, poc a poc que vaig adonar-me que va haver un període, entre 1900 i 1976 que no estava gaire llunyà en el temps i del què jo desconeixia tot el que havia passat en aquest país, perquè ningú no en parlava, però que, sense cap mena de dubte, havia afectat i molt tant a la generació de la meva avia, com a la generació dels meus pares i el fet que nosaltres no l’estudiéssim ni haguéssim gairebé sentit a parlar d’ell volia dir que també ens afectaria.

Molt poc a poc, perquè a casa meva com a moltes altres cases, el tema de la guerra civil i la dictadura era gairebé tabú, vaig començar a comprendre per què a la meva família la presència femenina era molt més gran que la masculina i a què eren degudes aquestes absències i vaig començar a intuir per què no es parlava d’aquella època.

A partir d’aquell moment, estava clar que els llibres eren l’única forma que jo tenia de començar a assabentar-me i em vaig posar a llegir, aprofitant que entràvem a un període, mitjans dels noranta, en que cada vegada es publicaven més llibres sobre la guerra civil, la dictadura i la segona república es van posar de moda més trad. I coincidint amb una època en la que jo tenia cada vegada més inquietuds polítiques i per tant històriques.

I així vaig adonar-me que, casualment, tot el que llegia estava escrit per homes que ens donaven una versió de la història en la que podia semblar que ells eren els únics que havien participat.

Però, poc a poc, i de forma aïllada, anaven apareixent dones que militaven en aquest o aquell partit polític, que feien una o una altre reivindicació, o que creaven una associació, i van ser aquests noms els que em van servir a mi per començar a buscar directament el seu testimoni. Ja que, el que jo tenia clar és que alguna explicació i havia d’haver a la qual jo no arribava que m’aclarís per què alguna de les dones de la meva família havia estat empresonada o havia anat voluntària als hospitals del front de Madrid durant la guerra civil.

Si les dones, segons semblava, gairebé no participaven en res en aquells anys, què sentit tenia que rebessin la mateixa repressió que els homes i actuessin als mateixos llocs?

I així vaig veure que les dones en els anys trenta no només existien sinó que, i això ho vaig comprendre a mesura que llegia, vam tenir una participació molt més gran o més representativa fins i tot que la tenim avui, que encara estem demanant en molts sectors que ens tractin d’iguals.

Era evident que faltava informació, i molta, sobre la participació de la dona no sols en la seva intervenció a la guerra civil, si no també en la construcció de la societat republicana. I trenta anys de transició era temps suficient per a poder parlar, avui diríem sense acritud, no només de la dictadura, sinó també de la guerra civil i la república i de reivindicar el paper d’aquestes dones, gairebé silenciades des de les hores. I pel que a mi em sembla molt més modernes que moltes d’ara.

Vaig creure que havia arribat el moment que les dones que havien participat en aquells esdeveniments parlessin i els hi poguéssim reconèixer la seva lluita i els seus mèrits. I parlo de mèrits, perquè meritòria i molt va ser la participació de la dona en la formació de la construcció de l’Espanya moderna de la Segona República fonamentalment a un sector tradicionalment reservat als homes com és la política i gràcies a aquesta participació vam gaudir, no només del sufragi universal, sinó també, d’una legislació laboral igualitària, un dret a l’educació de nens i nenes, o una llei del divorci, entre d’altres millores. Una construcció d’Espanya en la que la dona es va sentir molt implicada perquè era la primera vegada que era tractada com a igual:

No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, el sexo, la filiación, la clase social, la riqueza, las ideas políticas, ni las creencias religiosas

Leeremos ya en la Constitución española del 31

Y en esta Constitución, y en muchas otras reformas, participaron mujeres tan conocidas internacionalmente, y con tanto peso político en aquel entonces como Victoria Kent, Margarita Nelken, Dolores Ibárruri, Federica Montseny o Clara Campoamor y, a pesar de ello, en España prácticamente no hemos oído hablar de su labor.

Y tan sorprendente, por abundante, me resultó la implicación de la mujer en la sociedad española, dentro de asociaciones, partidos, sindicatos, agrupaciones... que no pude más que seguir sorprendiéndome cuando en la biografía de Irene Falcón, leí:

En los estudios sobre la guerra se ha subestimado, en general, el papel de las mujeres. No se ha destacado el hecho de que las propias circunstancias hicieron que ocuparan puestos de responsabilidad en todas partes. En los frentes menos, porque aunque en principio sí hubo una avalancha de mujeres a la lucha, después se incorporaron a otros trabajos.

De hecho, añade Irene, «en todos los aspectos de la vida económica del país, los puestos importantes, decisivos, los ocuparon mujeres. Las organizaciones sindicales y los partidos políticos acabaron siendo dirigidos localmente por mujeres.

A pesar de ello, una vez finalizada la guerra civil, el ejército sublevado consigue que la misma mujer sea la encargada de obligar a otras mujeres a ser “el ángel del hogar”, situación contra la que tanto se había luchado, y la obligan a reducir su participación en la sociedad casi única y exclusivamente al ámbito familiar y al eclesiástico, cuando no deciden que aquellas que no piensen como ellas deben ingresar en prisión.

Y pasamos en menos de diez años de una afirmación rotunda hecha por Clara Campoamor que dice:

El siglo XX será, no lo dudéis, el de la emancipación femenina... Es imposible imaginar una mujer de los tiempos modernos que, como principio básico de individualidad, no aspire a la libertad.

a otra no menos contundente de Pilar Primo de Rivera en la que leemos

Las mujeres nunca descubren nada: les falta, desde luego, el talante creador, reservado por Dios para inteligencias varoniles, nosotras no podemos hacer nada más que interpretar mejor o peor lo que los hombres han hecho.

Y este cambio radical, que en el caso de la última cita se repitió hasta la saciedad a lo largo de cuarenta años, en el que se pasí de tener casi todo o poder pedir y reivindicar aquello que no se tenía, a no tener nada fue el que me ayudó a delimitar los años en los que centraría el libro: desde 1931, la instauración de la Segunda República, y la aplicación de legislación que competía y beneficiaba directamente a la mujer, hasta los primeros años de dictadura franquista, también con legislación específica dedicada a la mujer.

Todo ello interrumpido por un conflicto bélico, la guerra civil, en el que las mujeres, en este caso sólo las de iquierda, se implicaron en el frente y en otras tareas en la defensa de la constitucionalidad vigente igual que el hombre mientras pudieron.

Y, aunque toda la sociedad española sufrió las transformaciones en esos años, hice protagonista del libro a la mujer por cuatro motivos:
- no sólo porque había sido la que menos atención había recibido en los estudios históricos hasta el momento,
- sino porque era el sector que más afectado resultó con la entrada de la república y con la dictadura,
- porque se habían involucrado de forma muy clara en la política con el claro convencimiento de que era la única herramienta válida de mejorar la sociedad en que vivían
- y, en último lugar, porque tradicionalmente en España su papel no ha sido valorado.

Y ella es, ellas para ser más exactos, las que nos cuentan estos quince años en el libro y nos explican aquellos aspectos en los que están más claramente involucradas, cómo los viven, cómo inician sus primeras reivindicaciones, cómo defienden y luchan por la libertad y a favor de la democracia constitucional, cómo participan en el frente, y cómo, ante la sorpresa de la derrota, reciben los primeros castigos tras perder una guerra en la que se impone el ejército franquista o cómo se ven obligadas a exiliarse responsabilizándose, en la mayoría de casos no sólo de su propia supervivencia, sino también de la de sus hijos, padres o hermanos.

Sin embargo, antes de acabar, me gustaría aclarar que no es un libro en el que se quiere mostrar cómo escribir la historia sin la ayuda de los hombres, sino de cómo se puede aspirar a construir una sociedad con la participación de todos sus miembros, independientemente del sexo al que pertenezcan y de cómo los sueños de igualdad pueden verse truncados si la cultura de un país no insiste en el respeto a las distintas ideolgías. Y en el que, precisamente por eso, todas las tendencias ideológicas están reflejadas, porque todas formaban parte de la sociedad española (independientemente de que yo me sienta más o menos identificada con ellas), aunque algunas tuvieran que imponer la fuerza de las armas para lograrlo durante cuarenta años y, a pesar de que, en el caso de las franquistas, sólo aceptaron reivindicar la igualdad de la mujer cuando tuvieron que imponer penas de muerte o de cárcel.

Es un libro con el que he querido reconocerle a cada mujer el papel que tuvo, dejar que hablen voces que llevan años calladas, voces que sufrieron no sólo una guerra sino la injusticia de una dictadura que duró cuarenta años, voces que se soprenden de que occidente las deje solas, voces que tuvieron que callar porque las amenazas duraron prácticamente hasta 1976, voces que un día escribieron un diario o unas memorias de sus vivencias y que han permanecido, en el mejor de los casos, en un estante de biblioteca y en el peor ni siquiera nos queda un ejemplar de muestra.

En definitiva, un libro a través del cual he querido hacer un homenaje que permita reconocer y valorar a casi un centenar de mujeres, aunque la realidad nos demuestra que son sólo unas pocas voces las que reflejan los pensamientos, las vivencias y los sufrimientos de miles de ellas.

Con voz y voto es, en definitiva, un trabajo escrito desde el presente para entender el pasado, porque sin él dificilmente podremos construir un futuro libre. Es un libro en el que he querido devolverles la voz y el voto que les han negado durante más de cuarenta años a muchas mujeres que vivieron no sólo la alegría de la España republicana, sino también el drama de la guerra civil y la tremenda represión del franquismo.

Y ya, para acabar, me gustaría darle las gracias a Silvia Querini que ha confiado en mí y me ha dado la oportunidad de escribir sobre un tema con el que tenía una deuda pendiente y creo que he conseguido saldar.
Muchas gracias

Las últimas horas de vida de Victor Jara

Las últimas horas de vida de Victor Jara

Ha sido bastante difícil recopilar la información necesaria como para saber que fue lo que le paso a Víctor Jara esa cruenta semana de Septiembre, en 1973, pero finalmente, con un arduo trabajo, Joan Jara ha logrado recoger testimonios de refugiados chilenos en el exilio que compartieron momentos con Víctor y estuvieron con él . Gracias ha esto la viuda del emblemático cantautor nacional ha logrado reconstruir mas o menos lo que tuvo que soportar Víctor en ese período. He aquí una síntesis de lo que Joan dijo en una de sus entevistas:

Cuando la mañana del 11 de Septiembre llegó a la Plaza Italia, Víctor se enteró de que el centro de Santiago estaba acordonado por los militares, por lo que giró al sur por Vicuña Mackenna, dando un amplio rodeo para llegar al campus de La Universidad Técnica, situado al otro lado de la ciudad. Vio movimiento de tanques y tropas y oyó disparos y explosiones pero logró pasar. Debió llegar a la misma hora en que estaban bombardeando el palacio de La Moneda. Desde los edificios universitarios era posible ver los reactores Hawker Hunter y oír los proyectiles que estallaban al caer sobre la Moneda, donde Allende resistía. Después, Victor preocupado por su familia, esperó su turno en una larga cola para llamar a Joan por teléfono. Aquella mañana había cerca de 600 alumnos y profesores de la Universidad Técnica.

El presidente Allende tendría que haber pronunciado allí un importante discurso para anunciar su decisión de celebrar un plebiscito nacional a fin de resolver por medios democráticos el conflicto que amenazaba al país. Debido a que desde las primeras horas de la tarde entraría en vigor el toque de queda, el rector de la Universidad, el doctor Enrique Kerberg negoció con los militares la autorización para que los encerrados en el edificio permanecieran allí toda la noche, por su propia seguridad, hasta que a la mañana siguiente se levantara el toque de queda. Eso fue lo acordado y se dieron ordenes de permanecer en el recinto. Fue entonces cuando Víctor telefoneó a su esposa por segunda vez.

Durante las largas horas de la noche, mientras escuchaban las explosiones y el pesado fuego de ametralladoras que retumbaban por todo el barrio, Víctor intentó levantar la moral de los que lo rodeaban. Cantó y los hizo cantar con él. No tenían armas con que defenderse. Después Víctor intentó dormir un rato en la sala de profesores del viejo edificio de la Escuela de Artes y Oficios. El tableteo de las ametralladoras se prolongó durante toda la noche, algunas personas que intentaron salir de la universidad al amparo de la oscuridad fueron abatidas al acto, pero el ataque en serio sólo comenzó a primeras horas de la mañana siguiente, cuando los tanques dispararon sus cañones pesados contra los edificios, dañando la estructura de algunos, haciendo trizas las ventanas y destruyendo laboratorios, equipos, libros. No hubo disparos de respuesta, pues en el recinto no había armas. Una vez que los soldados entraron en el recinto universitario, procedieron a reunir a todos, incluso al rector, en un amplio patio que normalmente se usaba para practicar deportes. Obligaron a todos a echarse al suelo, con las manos en la nuca, golpeándolos con las culatas de los fusiles y dándoles de patadas.

Víctor estaba con los demás y tal vez fue al salir del edificio cuando se quitó de encima el carnet de identidad, con la esperanza de que no lo reconocieran. Luego de permanecer más de una hora en esa posición, los hicieron formar una fila india y correr, con las manos siempre en la nuca, hasta el Estadio Chile (ahora el actual estadio VICTOR JARA) situado a 6 manzanas de distancia. Por el camino los sometieron a insultos, patadas y golpes. Cuando estaban formados a la puerta del estadio, Víctor fue reconocido por uno de los suboficiales. "Tu eres ese maldito cantante ¿no?", dijo, al tiempo que golpeaba a Víctor en la cabeza, derribándole, y a continuación pateándole el vientre y las costillas. Víctor fue separado del resto mientras entraban en el edificio y destinado a una tribuna especial, reservada para detenidos "importantes" o "peligrosos". Los amigos que le vieron desde lejos recuerdan su amplia sonrisa a pesar de que tenía la cara ensangrentada y una herida en la cabeza. Más tarde lo vieron ovillarse en los asientos, con las manos apretadas bajo las axilas, para protegerse del frío. Otro testigo que aguardaba en el pasillo vio la siguiente escena: Cuando Víctor empujó las puertas para salir al pasillo, casi chocó con un oficial del ejército que parecía ser el segundo jefe del estadio. Era un hombre alto, rubio, evidentemente disfrutaba con el papel que le habían asignado. Algunos detenidos ya le habían apodado "El Príncipe". En el momento en que Víctor casi tropezó con él, el oficial dio muestras de reconocerle, sonrió irónicamente, imitó el acto de tocar la guitarra, rió y a continuación le pasó rápidamente el dedo por el cuello. Víctor permaneció sereno e hizo algún gesto de respuesta, pero el oficial gritó: "¿Qué hace aquí este hijo de puta?". Llamó a los guardias que le acompañaban y añadió: "No permitan que se mueva de aquí. Éste me lo reservo. Después Víctor fue trasladado al sótano, dónde se le ve fugazmente en un pasillo, el mismo en el que con tanta frecuencia había preparado para cantar, ahora cubierto de sangre y tumbado en un suelo cubierto de orina y excrementos.

Por La noche lo devolvieron a la parte principal del estadio y lo dejaron con los demás presos. Apenas podía caminar, tenía la cara y la cabeza ensangrentadas y amoratadas, al parecer le habían roto una costilla y le dolía el vientre, donde le habían pateado. Los amigos le limpiaron la cara y procuraron que estuviera cómodo. Uno de ellos tenía un frasco peque-ño de mermelada y algunas galletas. Los compartieron entre tres o cuatro, cogiendo la mermelada con los dedos y chupándoselos hasta que no quedó vestigio alguno. Al día siguiente, viernes 14 de septiembre, los presos fueron divididos en grupos de alrededor de doscientos, preparándolos para trasladar-los a el Estadio Nacional. Fue en ese momento cuando Víctor, ligeramente recuperado, preguntó a sus amigos si alguien tenía lápiz y papel, y comenzó a escribir su ultimo poema... Algunos de los hechos más horrorosos del golpe militar ocurrieron en el Estadio Chile durante aquellos primeros días, antes de que fuera visitado por la Cruz Roja, Amnistía Internacional y representantes de embajadas extranjeras.. A pesar de los recursos legales y de peticiones de información realizadas por abogados no se ha logrado averiguar el nombre de los oficiales que estuvieron al mando del Estadio Chile Durante días mantuvieron en esas condiciones a miles de prisioneros, prácticamente sin alimentos ni agua, les apuntaban constantemente con focos cegadores, hasta el punto de que perdieron toda noción del tiempo, E incluso del día y de la noche.

Montaron ametralladoras alrededor de todo el estadio y las disparaban intermitentemente contra el techo o so-bre la cabeza de los prisioneros, lanzaban ordenes y amenazas por los altavoces; el jefe era un hombre corpulento y solo divisaron su silueta cuando advirtió que habían apodado sierras de Hitler a las ametralla-doras porque podían partir a un hombre por la mitad , y lo harían si era necesario. Llamaban a los prisioneros de uno en uno y les hacían desplazarse de una parte a otra del estadio; era imposible descansar. La gente era golpeada con látigos despiadadamente y a culatazos. Un hombre que ya no pudo soportarlo más, se lanzó al vacío desde lo alto y encontró la muerte entre los prisioneros que estaban abajo. Otros sufrieron ataques de locura y fueron abatidos a balazos a la vista de todos. Víctor garabateaba a toda prisa e intentaba registrar parte del horror al que se estaba dando rienda suelta en Chile, a fin de que el mundo lo supiera...Sólo podía prestar testimonio de su pequeño rincón de la ciudad, , donde estaban presas cinco mil personas, e imaginar lo que debía de estar ocurriendo en el resto de su país. Seguramente comprendió el monstruoso nivel de la Operación militar, la precisión con que había sido preparada Pero hasta en ese momento Víctor abrigaba esperanzas respecto al futuro, confiaba en que a largo plazo el pueblo sería más fuerte que las bombas y las metralletas.... y al llegar a los últimos versos de su poema-"¡Canto qué mal me sales/cuando tengo que cantar espanto"- para los cuales ya tenía la Música en su interior, lo interrumpieron. Un grupo de guardias fue a buscarlo y le separó de los que estaban a punto de ser trasladados al Estadio Nacional . Le pasó de prisa el papelito a un compañero sentado a su lado y éste, a su vez, lo escondió en el calcetín mientras se lo llevaban. Cada uno de los amigos intentó aprenderse de memoria el poema a medida que era escrito, para sacarlo consigo del estadio. No volvieron a ver a Víctor. A pesar de que muchos fueron trasladados a otros campos de prisioneros, el Estadio Chile seguía lleno a tope pues constantemente llegaban nuevos contingentes de detenidos , tanto hombres como mujeres. Luego fue, una vez más insultado y golpeado, en público; al borde de la histeria y perdido el dominio de sí el oficial apodado "El Príncipe" le gritó "!Canta ahora si puedes, hijo de puta!".

Después de cuatro días de sufrimiento Víctor sonó en el estadio para cantar un verso de "Venceremos", el himno de la unidad Popular. A continuación fue golpeado y evacuado a rastras para someterle a la última etapa de su agonía. El estadio de boxeo se encuentra a pocos metros de la principal línea ferroviaria del Sur ,que al salir de Santiago, atraviesa el barrio obrero de San Miguel,. siguiendo la tapia que limita con el cementerio metropolitano. Fue allí donde a primeras horas de la mañana del domingo 16 de septiembre los habitantes de la población encontraron seis cadáveres que yacían en ordenada fila. Todos presentaban espantosas heridas y habían sido baleados con metralletas. Observaron los rostros intentando reconocer los cadáveres y súbitamente una de las mujeres exclamó: "!Este es Víctor Jara!!" Era un rostro conocido y querido por ellos. Una de la mujeres incluso había tratado personalmente a Víctor, pues cuando visitó la población para cantar, ella le invitó a Su casa, a comer un plato de porotos. Mientras se preguntaban qué podían hacer apareció una furgoneta. Temerosa, la gente de la población se ocultó tras un muro, pero vio cómo un grupo de hombres vestidos de civil arrastraban los cadáve-res tirando de los pies y los arrojaban al interior de la furgoneta. Desde allí el cuerpo de Víctor debió de ser trasladado al depósito municipal con el título de cadáver anónimo, listo para desaparecer en una fosa común, Pero afortunadamente también fue reconocido por una de las personas que trabajaban allí...

Somos cinco mil en esta pequeña parte de la ciudad. Somos cinco mil ¿ Cuántos seremos en total en las ciudades y en todo el país? Solo aquí, 10 mil manos que siembran y hacen andar las fábricas. ¡Cuánta humanidad con hambre, frío, pánico, dolor, presión moral; terror y locura! Seis de los nuestros se perdieron en el espacio de las estrellas.

Un muerto, un golpeado como jamás creí se podría golpear a un ser humano., Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores uno saltando a vacío otro golpeándose la cabeza contra el muro, pero todos con la mirada fija de la muerte. ¿Qué espanto causa el rostro del fascismo! Llevan a calo sus planes con precisión artera sin importarles nada. La sangre para ellos son medallas. La matanza es acto de heroísmo. -¿Es este el mundo que creaste, dios mío?

¿Para esto tus siete días de asombro y de trabajo? En estas cuatro murallas sólo existe un número que no progresa, que lentamente querrá más la muerte. Pero de' pronto me golpea la conciencia y veo esta marca sin latido, pero con el pulso de las máquinas y los militares mostrando su rostro de matrona lleno de dulzura. ¿Y México, Cuba y el mundo? ¡Que griten esta ignominia! Somos diez mil manos menos que no producen. ¿ Cuántos somos en toda la Patria? La sangre del compañero Presidente golpea más fuerte que bombas y metrallas Así golpeará nuestro puño nuevamente. ¡Canto qué mal me sales cuando tengo que cantar espanto!

Espanto como el que vivo cómo el que muero, espanto. De verme entre tantos y tantos momentos del infinito en qué el silencio y el grito son las metas de éste canto. Lo que veo nunca vi, lo que he sentido y lo que siento hará brotar el momento....

Estadio Chile, Septiembre de 1973