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MEMORIA HISTÓRICA

Las playas de Normandía

Las playas de Normandía

Ya han celebrado el sesenta aniversario del desembarco de Normandía y ya ha vuelto el pensamiento neoliberal a recordarnos que aquel día de junio Norteamérica liberó por segunda vez a Europa, en esta ocasión del nazismo y del comunismo.

La Historia es un juez venal; si no no se entendería que la escriban los herederos intelectuales de los canallas que mediados los años treinta veían en Musolini al hombre de moda y se sentían íntimamente seguros y regocijados con Hitler en el poder y un grupo de militares asfixiando la legalidad republicana en España.

Los fascistas no surgieron por generación espontánea. Como señaló un autor que tuvo que soportarlos, detrás de cada nazi había un liberal asustado. Y ahora, son esos mismos liberales los que pretenden que olvidemos para llevar el agua al molino de sus nuevos temores.

No me importaría especialmente quién tiene el poder para escribir la historia si no fuera porque su versión expulsa a las tinieblas el sacrificio de miles de europeos que no desmerecieron en noblez frente a los manidos muchachos de Dakota, Indiana y Oklahoma.

Este país, que no fue liberado en Normandía y que doce años después del desembarco vio pasearse la rubicunda sonrisa de Eisenhower por las calles de un Madrid atribulado y ceniciento al lado de un dictador sanguinario, este país, digo, vivirá en la paradoja mientras no cancele adecuadamente su historia. No se entiende que Soldados de Salamina fuera el libro más vendido hace unos años y que, sin embargo, su verdad más íntima haya calado tan poco.

Y eso que Miralles, el personaje de Cercas, aún tendría un 'pero' a los ojos de los republicanos que simboliza. Mariano Constante, un crío de veinte años en aquella época turbulenta, lo ha narrado: cuando Francia, en 1939, ofrece a los refugiados españoles la posibilidad de enrolarse en la Legión Extranjera, en el campo de Argeles se celebraron asambleas y, respetando la decisión de cada uno, se impuso como criterio mayoritario declinar la oferta del gobierno galo porque como excombatientes del Ejército Popular de la República, los españoles no podían aceptar la condición de mercenarios y luchar por un sueldo. Se integraron masivamente en los Batallones de Trabajadores Internacionales y fueron trasladados al norte para intervenir en la construcción de la Línea Maginot. La derrota aliada y la impetuosa irrupción de las columnas blindadas nazis obligaron a aquellos veteranos de Guadalajara y del Ebro a tomar nuevamente las armas y hoy es verdad cada vez más aceptada que su experiencia aportó una providencial serenidad en la debacle general.

Algunos, los menos, fueron repatriados con los ingleses en Dunquerque y tiempo después darían con sus huesos en un maladado desembarco en Noruega cubriendo, otra vez, la retirada. Otros escaparon al interior de Francia y destacaron en la organización de la Resistencia. Pero un nutrido grupo cayó prisionero y hubo de protagonizar la, quizás, más terrible historia que cupo en suerte a los españoles en el siglo XX.

Internados en Mauthausen, los roter spanien debían ser exterminados en lo que se conoció como Operación Noche y Niebla. Trabajando y muriendo en la cantera, sin estatuto político ni gobierno que los reconociera, solo los judíos, y más tarde los rusos, fueron objeto de peor trato que ellos. Y, empero, aquellos jóvenes, a los que al contrario que a los americanos la vida les negaba el derecho a encarar la muerte con un semblante de alegre confianza, no se rindieron. Condenados al peor infierno creado por el hombre, al poco de llegar ya organizaban el primer acto de protesta colectivo y ante el estupor de sus guardianes impusieron, en cerrada formación, un minuto de silencio por la muerte del primer caído.

Boix, el fotógrafo de eterna sonrisa adolescente que rayó a la altura de Capa, estuvo allí. Él fue el único español en Nüremberg y ni su menguada figura atormentada por dos guerras, ni su nervioso francés apresurado, son capaces de mermar la dignidad de su porte alzándose en el banquillo para señalar a los verdugos.

Pero no fue el único. Los españoles organizaron la resistencia clandestina y lo que llamaron Aparato Militar Internacional, el AMI, que operó bajo el mando de un jacetano formado en la Academia Militar de Zaragoza, el comandante Malle Julvez.

En este país no se conoce suficientemente un dato: Mathausen no fue liberado. Cuando el coronel Seybl, el oficial americano que comandaba la columna, llegó al campo de exterminio, se topó con las imágenes pavorosas que esperaba encontrar, pero halló también a unos hombres famélicos, semidesnudos, de mirada febril y con el cráneo acribillado de mataduras, desplegados a lo largo del Danubio en escalonamiento defensivo y a uno de ellos que con una solemnidad entre trágica y patibularia, le hacía formal entrega del campo y de un tesoro: un recio puente tendido sobre el río que permitía el paso de los blindados. Toda la noche anterior, el AMI, precariamente armado, había defendido aquel puente repeliendo a los S.S. que intentaban su voladura.

Constante, con cierta perplejidad, insiste en el empeño de Malle por preservar el puente. Confieso que a mí también me inquietaba esa fijación obsesiva, pero creo hallarle una explicación desoladamente humana. Malle Júlvez era un hombre de la 43 División, la Pirenaica, que tras defender la Bolsa de Bielsa con el frente aragonés desmoronado, se replegó a Francia y se reincorporó al Ejército Popular en plena Batalla del Ebro. La 43 estaba en el alto de Caballs, frente a Gandesa, cuando la artillería franquista realizó uno de los más intensos bombardeos de nuestra contienda y, retirado el V Cuerpo de Ejército, aún volvió a repasar el Ebro para colaborar en el repliegue del XV. No es disparatado imaginar que en la madrugada del 15 al 16 de Noviembre de 1938, Malle Júlvez viera el resplandor de la voladura del puente de Flix que Tagüeña había ordenado dinamitar. Y estoy persuadido que para Malle Júlvez, aquella detonación, el postrer acto de la batalla, sonó como el final lapidario de la guerra. Siete años más tarde, a las orillas de otro río tan lejano del suyo aragonés, defender un puente era mostrarle los dientes a la historia y retenerlo, una revancha frente a un destino de derrotas, cobrada en nombre de los muertos.

Ni Malle, ni Boix, ni Ponzán, ni Tagüeña, ni tantos miles como fueron, estuvieron en las celebraciones de Caen. Su memoria no parece preocupar a los nuevos 'bolonios' que reescriben la historia. No importa; si Normandía está llamada a ser un mito europeo, estará, como Itaca, cuajada de playas ignotas a las que arribaremos todos como Ulises, aparentemente sin memoria, pero con el viaje cumplido. Los impíos filósofos cortejarán a Penélope que les entretendrá en tejer y destejer la historia. Nosotros sabremos el nombre de los nuestros.

JESÚS RODRÍGUEZ RUBIO. MIEMBRO DE INICIATIVA CIUDADANA

Guardianes de la historia

Guardianes de la historia

El origen del actual Archivo de la Guerra Civil de Salamanca está en la documentación recogida por Franco para utilizarla en tareas represivas.

TODO impreso o escrito con datos que vincularan a cualquier persona con partidos y sindicatos 'rojos' iba a parar a un organismo llamado Servicios Documentales de la Presidencia del Gobierno, creado en 1937. Este fondo documental era una de las principales fuentes de información utilizadas por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo. Este organismo desapareció en 1977, pues no tenía razón de ser en una democracia.

«Como se hace en estos casos, su fondo documental se integró en la red histórica del Estado, como una división independiente del Archivo Histórico Nacional», explica Miguel Ángel Jaramillo, director del Archivo de la Guerra Civil Española. Este archivo fue creado como tal, por Real Decreto, en 1999 a partir de aquella división. «El núcleo del archivo actual, el 90% de los documentos, viene de aquel organismo franquista», subraya Jaramillo. Los legajos están clasificados con criterios policiales, divididos en dos secciones. Por un lado, «la sección especial o masónica, fruto de una de las obsesiones del general Franco». Por otro, «el grueso, la sección político social». «Su función era obtener antecedentes de personas. Hay un enorme fichero de tres millones de cédulas con datos personales».

Desde 1979 el archivo salmantino creció con nuevas aportaciones y donaciones: «Se han ido sumando pequeños fondos y colecciones relacionados con la Guerra Civil y sus consecuencias. Fundamentalmente con el exilio».

Así, han ingresado registros documentales «como el de la Segunda Sección del Estado Mayor del Ejército de la II República, el del comisario general de la flota, Bruno Alonso, y el archivo de Dionisio Ridruejo».

El volumen de documentación depositada en Salamanca es impresionante. «Ocupa tres kilómetros de estanterías. La mayor parte es papel», describe su director. La excepción son los formatos que recogen los fondos nuevos, «como las entrevistas con exiliados o con brigadistas norteamericanos, que están registradas en vídeo y en audio». Además, hay varias colecciones de carteles y fotografías.

La masonería -«una de las obsesiones del general Franco», explica el director del Archivo-, ocupa toda una sección especial. «Aunque se ocupaba fundamentalmente de la masonería, también se dedicaba a otra serie de entidades cuya característica común es la disidencia ideológica respecto al catolicismo oficial»

En Internet

El archivo no es un cementerio de papeles. Para facilitar su consulta y conservación, desde hace veinte años se trabaja en la microfilmación de los documentos y en la actualidad se están digitalizando los fondos. «Se puede acceder a muchos documentos a través de Internet -detalla Jaramillo-. Nosotros trabajamos en red, y cada vez que un archivero describe un documento, esa información está disponible automáticamente».

En muchos casos, ya no es necesario desplazarse a Salamanca para realizar una investigación, aunque queda mucho por hacer. «Digitalizar tres millones de fichas es un problema técnico, por la carga de imagen que supone, pero también presupuestario», apunta Jaramillo.

Del interés de los documentos custodiados en Salamanca dan fe las numerosas consultas que atiende el centro: «El año pasado tuvimos en torno a 1.100 consultas presenciales. Es decir, de gente que utilizó la sala de investigadores». El archivo también atiende a distancia y, en el mismo periodo, «2.200 personas realizaron consultas por correo electrónico u ordinario».

Julio Arrieta
http://www.nortecastilla.es/pg040713/prensa/noticias/Castilla_Leon/200407/13/VAL-CAS-108.html

La Guerra Civil en Aragón (1936-1939)

Los numerosos estudios sobre la Guerra Civil en Aragón han fijado su atención más en los acontecimientos bélicos que en la huella que la contienda dejó en la sociedad aragonesa. Hoy contamos ya con algunas investigaciones en esta línea, investigaciones que, por otra parte, han roto la tradicional interpretación de la guerra como el producto de la fracasada gestión republicana, y han hecho suya la tesis de que la explosión de violencia fue la culminación de la crisis del Estado español, incapaz de canalizar los intereses del sector obrero y campesino frente a la prepotencia de la oligarqufa terrateniente y su aliada la burguesía industrial. Este núcleo social dominante boicoteó, mientras le fue posible, la actividad reformista de la República en el Parlamento, y, cuando las circunstancias se lo impidieron (triunfo del Frente Popular en febrero del 36), recurrieron al Ejército y contaron con el beneplácito de la Iglesia a todas sus acciones posteriores.

La sublevación

Con el encuentro de Mola y Cabanellas el 7 de junio de 1936 en las Bardenas quedaba garantizada la fidelidad de la V División al alzamiento. Tras las primeras noticias sobre el golpe, el general Núñez de Prado, recién llegado de Madrid, fracasó en su intento de mantener a Cabanellas al lado del Gobierno. La situación, muy poco clara en los primeros momentos se definió cuando a las 5 de la madrugada del 19 de julio se declaraba el estado de guerra en Zaragoza.

En Huesca y Teruel la sublevación se decidió cuando, sin encontrar apenas resistencia, se sumaron al movimiento la Guardia Civil y los Guardias de Asalto. Algo distintos fueron los hechos en Jaca, que se hizo fuerte hasta que murió su alcalde, Muro, y en Barbastro, que permaneció fiel al Gobierno.

Esta situación inicial de adhesión al alzamiento quedó modificada por la llegada de columnas de milicianos, procedentes de Cataluña y el País Valenciano, que recuperaron para la República la mitad oriental de Aragón.

Así pues, los cambios que Aragón sufrió en su organización social sólo pueden entenderse si se tiene en cuenta que la región permaneció dividida por un frente que se mantuvo prácticamente estabilizado durante casi dos años.

El Aragón republicano

El vacío de poder que se produjo al derrotar a los sublevados permitió que sindicalistas catalanes y dirigentes anarquistas zaragozanos establecieran el colectivismo: al margen del Estado republicano surgieron comités revolucionarios protegidos por las milicias de la CNT.

La implantación de un nuevo orden social y político, que hay que entender en conexión con la coyuntura excepcional de la guerra y no como resultado de una imposición violenta en todos los casos, fue acompañada de la eliminación física de grandes propietarios e industriales, falangistas, miembros de Acción Popular Agraria y de la Iglesia.

Sin embargo, el proceso de consolidación de las colectividades se vio truncado por factores como el fracaso de los intentos por controlarlas desde el gobierno, la pugna entre diferentes formas de concebir la política agraria y las repercusiones de los sucesos de mayo del 37, que motivaron que el gobierno Negrín las disolviera por la fuerza con el apoyo de los comunistas. Esto y la disolución del Consejo de Aragón, (órgano del gobierno regional presidido por Ascaso) mediante un decreto de agosto del 37 formó parte del proceso de centralización del poder republicano ante las necesidades que imponía la situación bélica.

El avance del frente

La militarización de las columnas, finalizada en abril de 1937, hizo que la guerra se conviertiera en un enfrentamiento entre dos ejércitos organizados; tal fenómeno coincidió con el inicio de la movilidad en el frente de Aragón.

Este frente, que mantuvo a la región dividida desde agosto del 36, entró en acción con la fracasada ofensiva republicana sobre Huesca en junio de 1937 y con el ataque a Fuendetodos y Belchite, cuya rendición obtuvo en septiembre. En diciembre, el deseo de hacer fracasar los planes de Franco sobre Madrid llevó a los gubernamentales a proyectar con éxito la conquista de Teruel; la batalla marcó un hito en su historial bélico al ser la única capital que consiguieron sustraer del bando insurgente.

No obstante, la reconquista de esta ciudad por el ejército franquista (22-2-38) fue el punto de partida del desplome del frente de Aragón; en marzo se avanza por Belchite y Quinto; luego caen Alcañiz, Montalbán y Caspe; en el norte se rompe la línea Tardienta-Alcubierre y Fraga es ocupada. Menos en Bielsa, donde el comandante Beltrán (el Esquinazao) resistió hasta el 6 de junio, y en el extremo meridional de Teruel, la guerra está finalizada a la altura de abril de 1938.

A partir de esta fecha Varela inicia el ataque por Aliaga-Ejulve, de modo que en mayo ha conseguido ocupar toda la provincia menos el rincón de Puebla de Valverde y Mora de Rubielos, escenario de los últimos enfrentamientos hasta septiembre. El avance del ejército de Franco ponía fin así a los experimentos revolucionarios, sirviéndose para ello de la violencia y del envío de muchos aragoneses al exilio.

BIBLIOGRAFÍA

CASANOVA, J. (1985): Anarquismo y revolución en la sociedad rural aragonesa, 1936-1938. Madrid.

FRASER, R. (1979): Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Barcelona (2 tomos).

MARTÍNEZ BANDE, J. (1973): La gran ofensiva sobre Zaragoza. Madrid.

--- La batalla de Teruel, Madrid.

M. SIMONI, E. y R. (1983): Cretas. La colectivización de un pueblo aragonés durante la guerra civil española, 1936-37 Alcañiz.

THOMAS, H. (1976): La guerra civil española. Barcelona (2 tomos).

TUÑÓN DE LARA, M. (1986): La batalla de Teruel. Teruel.

--- (1981): Voz «Guerra civil», Gran Enciclopedia Aragonesa, vol. VI, pp. 1615-1624. Zaragoza

El Bloc solicitará en los ayuntamientos la devolución de los documentos valencianos ubicados en Salamanca

El Bloc solicitará en los ayuntamientos la devolución de los documentos valencianos ubicados en Salamanca

El Bloc presentará mociones en todos los ayuntamientos valencianos en los que goza de representación para reclamar la devolución de la documentación relativa a sus municipios que se encuentra en el Archivo de Salamanca y no descarta acudir a la vía judicial para solicitar que se cumplan los acuerdos que aprueben las corporaciones locales, según informó el secretario de Cultura de la formación, Albert Girona.

Además, el partido nacionalista reclama la constitución de una comisión mixta de expertos, con participación de la Generalitat valenciana y del Gobierno central, que se encargue de elaborar un informe sobre todos los documentos valencianos tanto de carácter institucional como privado que se hallan depositados en Salamanca, como paso previo a su vuelta a la Comunidad.

Girona denunció en rueda de prensa que tanto el PP como los socialistas "ni han hecho ni están haciendo nada" para conseguir el retorno de la documentación valenciana que existe en el Archivo General de la Guerra Civil, y, respecto del PSOE, aseguró que, pese a las "declaraciones retóricas", lo cierto es que existe una "grave resistencia" en determinados sectores del partido a que se haga efectiva esta reivindicación.

El secretario de Cultura del Bloc e historiador explicó en rueda de prensa que la formación nacionalista ha elaborado un extenso informe en el que se concretan los documentos de valencianos que figuran catalogados en el Archivo de Salamanca -que dispone, según precisó, de datos que afectan a prácticamente todos los municipios valencianos- y concretó que las mociones municipales incluirán la petición detallada de la documentación que les afecta. Además, reclamarán no sólo el retorno los archivos de carácter público, sino también la devolución a sus legítimos propietarios de los archivos privados.

Girona señaló que esta reivindicación viene avalada por las opiniones de la archivística internacional y de la propia Unesco, que "taxativamente" recomienda la devolución de documentos que hayan sido objeto de expolio en periodos de guerra, y recordó que en países como Alemania, Francia y Bélgica se han seguido también estos criterios. El argumento de la necesaria unidad del archivo, esgrimido por el PP, constituye además una "auténtica barbaridad" indicó el representante del Bloc, ya que, según añadió, los actuales métodos de reproducción permiten la duplicidad de los documentos y no existen razones para no devolver los archivos incautados.

Además, señaló que el conseller de Cultura, Esteban González Pons, muestra un "gran desconocimiento" del Archivo de la Corona de Aragón cuando se plantea solicitar los documentos del antiguo Reino de Valencia si se hace efectiva la devolución a sus lugares de origen de los del Archivo de Salamanca. Girona precisó que el primero es un archivo de carácter institucional de las administraciones que conformaron la antigua Corona de Aragón, por lo que "no es resultado de ningún tipo de expolio".

VILA-REAL

Las iniciativas que el Bloc presentará en las corporaciones municipales irán en la línea de la ya aprobada en el ayuntamiento de la localidad castellonense de Vila-real, el municipio en el que primero se ha presentado esta moción, y que prosperó con los votos favorables de Bloc, Esquerra Unida y PSPV y la abstención del PP. La portavoz de la formación en Vila-real, Maria Gràcia Molés, explicó que trasladarán este acuerdo tanto al Ministerio de Cultura como al Archivo de Salamanca y, si no se efectúa la devolución, se estudiarán "acciones legales".

Molès explicó que el Archivo de Salamanca dispone de documentos de Vila-real pertenecientes no sólo a la Guerra Civil, sino que se remontan a 1928 y aseguró que la población reinvindica con ellos parte de su historia. Se trata de numerosos documentos incautados durante el "robo masivo" de material efectuado bajo el régimen franquista para "facilitar su tarea represora", así como "la elaboración de lo que hoy se consideraría como ficheros policiales".

Europa Press

El govern català exhuma la primera fossa comuna de la Guerra Civil a la comarca d'Osona

El govern català exhuma la primera fossa comuna de la Guerra Civil a la comarca d'Osona

El gobierno ha exhumado la primera fosa común de la Guerra Civil en la comarca de Osona, cerca de una masía, según ha podido saber Catalunya Información. La zanja se abrió en junio y se encontraron los restos de 7 soldados republicanos, que ahora se están identificando. La prueba piloto se ha hecho con motivo de la moción aprobada al Parlamento el 27 de marzo del año pasado, que instaba el ejecutivo catalán a elaborar un censo de desaparecidos por el franquismo, y la localización y exhumación de fosos comunes.

Los trabajos de exhumación de esta primera fosa cerca de una masía en la comarca de la Osona del junio pasado fueron a cargo de Josep Arimany, director del Instituto de Medicina Legal de Catalunya. Arimany ha explicado que de los resultados de esta prueba piloto se desarrollará un protocolo de apertura de fosos comunes.

Los cuerpos corresponderían a siete soldados republicanos en retirada. El informe final de esta prueba piloto, que se espera tener en septiembre, servirá de base para elaborar un protocolo que regule el proceso de apertura de las fosas comunes. A estas alturas, el gobierno ya está trabajando y prevé tener a punto este protocolo de exhumaciones a finales de año o principios del otro.

Una moción aprobada por el Parlamento el 27 de marzo del año pasado instó al ejecutivo catalán a elaborar un censo de desaparecidos por el franquismo y a localizar y exhumar las fosas comunes.

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El govern ha exhumat una primera fossa comuna de la Guerra Civil a la comarca d'Osona, a prop d'una masia, segons ha pogut saber Catalunya Informació. La rasa es va obrir al juny i s'hi van trobar les restes de 7 soldats republicans, que ara s'estan identificant. La prova pilot s'ha fet amb motiu de la moció aprovada al Parlament el 27 de març de l'any passat, que instava l'executiu català a elaborar un cens de desapareguts pel franquisme, i la localització i exhumació de fosses comunes.

Els treballs d'exhumació d'aquesta primera fossa prop d'una masia a la comarca de l'Osona el juny passat van anar a càrrec de Josep Arimany, director de l'Institut de Medicina Legal de Catalunya. Arimany ha explicat que dels resultats d'aquesta prova pilot se'n despendrà un protocol d'obertura de fosses comunes.

Els cossos correspondrien a set soldats republicans en retirada. L'informe final d'aquesta prova pilot, que s'espera tenir al setembre, servirà de base per elaborar un protocol que reguli el procés d'obertura de les fosses comunes. A hores d'ara, el govern ja hi està treballant i preveu tenir a punt aquest protocol d'exhumacions a finals d'any o principis de l'altre.

Una moció aprovada al Parlament el 27 de març de l'any passat va instar a l'executiu català a eleaborar un cens de desapareguts pel franquisme i a localitzar i exhumar les fosses comunes.

http://www.telenoticies.com/noticia/not153738044.htm

Breve historia de la Fosa Común de Oviedo

Breve historia de la Fosa Común de Oviedo

La evolución de los movimientos políticos en Asturias parece estar condenada al mes de Octubre: si en Octubre de 1934 la Revolución hizo tambalearse los cimientos más sólidos del poder, en Octubre de 1937 comenzó el más vergonzoso episodio de la guerra civil y la represión franquista en Oviedo, que a su vez terminaría en otro Octubre, el de 1952: la inhumación sistemática en una gran fosa común de unos 1.316 cadáveres identificados de combatientes republicanos o simplemente hombres y mujeres de izquierdas, ejecutados tras consejos de guerra que no eran sino meras representaciones teatrales. Identificados unos, porque más de un centenar de personas acabaron en la fosa sin tan siquiera conocerse su identidad. En ese apartado de sus archivos se puede aún leer "procedente de la cárcel" o "paisanos rojos". Era bastante.

La fosa común de Oviedo está emplazada el cementerio civil, que durante décadas estuvo separado del católico por fuertes muros de piedra. Solo en 1970 se derribó la mayor parte de esa separación vergonzosa, quedando ambos cementerios comunicados. La fosa, de 21 metros de largo por 12 de ancho, mantiene en secreto su profundidad, pero no así el número de los allí enterrados, una cifra que hace pensar en una excavación realmente profunda. En esa profundidad yace el espíritu de aquélla Asturias que sufrió en sus carnes la más despiadada persecución por su abanderamiento de ideales revolucionarios. De los allí enterrados, muchos fueron transportados con vida al exterior del cementerio, y asesinados allí mismo, en un emplazamiento mirando a la sierra del Aramo; un lugar por lo general ignorado, pero nunca olvidado por quienes vivieron marcados por la tragedia, ni por sus descendientes. Las flores que los familiares dejaban en ese lugar de ejecución eran con frecuencia pateadas y pisoteadas por oficiales a caballo. Los que tenían la desgracia de no morir en el mismo fusilamiento eran enterrados moribundos, sin tiro de gracia, cubiertos de cal viva y a menudo quedando al aire miembros que eran comidos por los perros y los cuervos. Los gritos de dolor de los desgraciados que aún no habían muerto podían ser escuchados por quienes vivían en las cercanías.

Otros habían sido secuestrados, paseados y ejecutados en otros lugares, transportados sus cadáveres en camiones, dejando restos de su sangre por las calles de Oviedo, y llevados a la fosa para cerrar episodios oscuros y a menudo anónimos. Y lo que está claro es que no todas las víctimas de la represión fascista en Oviedo están en la fosa: muchos fueron los que desaparecieron y murieron de forma extraoficial, siendo "paseados" y asesinados tanto por civiles como por militares, sin dejar constancia escrita y con flagrante impunidad y complicidad de las autoridades, ya terminada la guerra.

No todos los combatientes republicanos "oficialmente" asesinados fueron a parar a la fosa, ya que a los que confesaban y comulgaban antes de su ejecución se les adjudicaba un nicho en el cementerio católico. El total oficial de republicanos o izquierdistas asesinados en Oviedo o cercanías desde 1937 hasta 1952, sumando los más de 200 "arrepentidos" asciende a más de 1.600 personas. Existen además hasta doce sepulturas individuales junto a la fosa común, de víctimas ejecutadas entre 1948 y 1952. A su vez varios cuerpos fueron extraídos de la fosa a petición de sus familiares para su pertinente traslado, y por otra parte, hay en la fosa cuerpos inhumados que no tuvieron nada que ver con la República y la defensa de sus ideales, y que sin embargo terminaron en el mismo lugar: militares del bando nacional fusilados por rebelión o agresiones a superiores, o simplemente civiles acusados de atraco a mano armada o asesinato. Todos estos datos nos indican que ni son todos los que están, ni están todos los que son.

Desde el momento en que la fosa comenzó a acoger cuerpos, comenzó también el juego trágico de los familiares que querían visitar con dolor la tumba de sus seres queridos, al tener que esquivar la presencia de la Guardia Civil que vigilaba su acceso y convertía la honra a los muertos de izquierdas en algo clandestino. Prohibido acercarse a la fosa, prohibido llorar, prohibido tener memoria. Incluso las flores debían ser arrojadas desde el exterior, al estar siempre cerrada la puerta del cementerio civil. Viudas que tenían allí enterrados al marido, a los hijos o a todos, eran repelidas violentamente por la Benemérita. Solo el tiempo consiguió aplacar los odios de las autoridades franquistas de Oviedo, que poco a poco empezaron a permitir las visitas a la fosa. Poco a poco empezaban a permitir recordar.

Así, en 1967, familiares de los allí enterrados, en un alarde de valor dados los tiempos que corrían, solicitaron la construcción de un cerco de piedra como el que hoy día delimita la fosa; negada rotundamente la ayuda municipal, llegaron a publicar en la prensa un anuncio de la apertura de una cuenta corriente a tal efecto. No era poco, conseguir que el recinto tuviese unos límites reconocidos y separados del resto del cementerio civil; era tanto como rendir el primer homenaje a los allí sepultados, en plena dictadura. Ni que decir tiene que la respuesta fue tajantemente negativa por parte del Gobierno Civil, que automáticamente ordenó cancelar dicha cuenta. Con todo, el gesto de valentía merece ser recordado, y ahí está hoy día el cerco de piedra para dar fe de la constancia y de la memoria.

Ya en democracia, en vísperas del día de la Republica de 1986, se inauguró el monumento que actualmente domina el escenario de la fosa desde el centro de la misma, y que puede verse en la fotografía de la izquierda: un monumento dedicado a los Defensores de la República y del Frente Popular en Asturias. Antes del acto, algún franquista tan ruin y cobarde como esquizofrénico se entretuvo en embadurnar de verde la inscripción que los familiares de los fallecidos pusieron al pie de la fosa en memoria de todos, pero la vida y la historia no se detienen, y hechos así solo deben verse como anécdotas de la intransigencia.

El último y más importante homenaje a los asesinados se llevó a cabo el Día de la República de 2001: gracias al trabajo y el tesón de la Junta Directiva de la Asociación de Familiares y Amigos de la Fosa Común, se instalaron enormes placas de mármol en los muros que rodean la fosa, placas que contienen los nombres, edades y procedencia de todos los allí sepultados de los que se tiene conocimiento oficial, y que están ahí por haber defendido ideales de República y Libertad. Una iniciativa emocionante, digna de elogio y que por fin restituye el honor y la memoria de todos los que murieron por defender sus ideas frente al fanatismo ciego. Más información y fotografías AQUÍ.

El presente y futuro de la fosa de Oviedo pasa por dos fechas al año en los que esta gran tumba se llena de vida y de color: el día de los difuntos y -¡cómo no!- cada 14 de Abril, Día de la República. En ambos días los familiares y amigos de los allí sepultados rinden homenaje y demuestran su fidelidad hasta el fín, cubriendo la fosa de incontables ramos de flores y desplegando al aire banderas tricolor de aquella República Española que creía en la democracia y en la libertad y que fue asesinada por el fascismo. Aún hoy, pasado más de medio siglo, la memoria permanece viva en todos nosotros, y no dejaremos que el tiempo se lleve los recuerdos. Alguno puede perdonar, incluso pasar página, pero nunca debemos olvidar.

En conclusión, en la fosa común del cementerio de Oviedo yacen los cuerpos de hombres, mujeres, jóvenes y mayores, asesinados todos en distintos lugares de la capital asturiana y sus alrededores, en la guerra y en la represión fascista de la post-guerra. La fosa denuncia la mayor vergüenza que puede sentir un pueblo: la de la guerra civil, y su sola presencia basta para que siempre lo recordemos. Al fin y al cabo, se dice que el pueblo que olvida su historia está obligado a repetirla.

Herminio J. García-Riaño Fernández
Asociación de Familiares y Amigos de la Fosa Común

La Guijarrosa. El Foro saca a la luz los 17 cadáveres

La Guijarrosa. El Foro saca a la luz los 17 cadáveres

Encontradas balas y objetos que ayudarán a la identificación
IU pide a la Junta que se aceleren las indemnizaciones a republicanos


Los restos de los 17 fusilados aparecidos en una fosa excavada en el cementerio de San José en La Guijarrosa serán entregados a sus familiares, una vez hayan sido convenientemente identificados. Las investigaciones han permitido localizar los nombres de las diecisiete víctimas, de las que sólo una era natural de La Guijarrosa, 15 de Santaella y otro de fuera de la comarca, entre ellos, el último alcalde republicano de la localidad.

El cementerio fue ayer nuevamente centro de una intensa actividad en torno a la fosa donde fueron enterrados los 17 fusilados la noche del 11 de septiembre de 1936. El hallazgo y la recuperación de los restos ha sido posible gracias a las actuaciones de los miembros del Foro para la Memoria Histórica, quienes han procedido a retirar la tierra que ha cubierto los cadáveres durante 68 años.

Familiares y responsables del Foro han mantenido una reunión para proceder a la identificación de las víctimas y a la entrega sin pérdida de tiempo por motivos humanitarios.

Los estudios realizados han permitido encontrar algunos elementos que ayudarán a la identificación. Han aparecido también algunas balas, carteras y objetos personales. Asimismo, según el coordinador de las actuaciones, se han encontrado indicios de que, al menos algunos de los represaliados, pudieron ser torturados antes de su fusilamiento.

El responsable provincial de Participación Ciudadana, Antonio Rodríguez Borrego, ha pedido a la Administración judicial que se agilicen las actuaciones y se evite un excesivo rigor administrativo que pudiera incidir en una demora en la entrega de los restos.

Algunos familiares permanecían ayer junto a la fosa a la espera de encontrar signos de identificación. En esta situación, Valle Gómez, de Santaella, esperaba junto a sus hijos y nietos venidos de Vinaroz encontrar los restos mortales de su padre, fusilado cuando era sólo una niña.

Por otra parte, el diputado andaluz de IU por Córdoba José Manuel Mariscal dirigirá en septiembre una pregunta parlamentaria a la consejera de Justicia, María José López, para que "acelere el decreto de indemnización destinado a ayudar a las personas que lucharon por la legalidad de la República".

Mariscal, que ayer estuvo en La Guijarrosa, indicó que "el decreto está fechado el 19 de mayo y no comprendemos el retraso injustificado en su ejecución".

JOSE MARIA LUQUE (Diario de Córdoba)

La memoria histórica de todos

La memoria histórica de todos

Los grupos reunidos en el pozo Grajero durante el tercer aniversario del sellado de la sima acuerdan solicitar una reunión con el presidente del Gobierno

El carácter público del patrimonio que representa la memoria histórica de una época tan delicada como la que comprende la Guerra Civil Española y la posguerra fue uno de los temas centrales que trataron ayer los representantes de los grupos vinculados a la recuperación de la memoria histórica en el pozo Grajero de Lario, presentes durante el tercer aniversario del sellado de la sima y de la colocación de la placa conmemorativa en honor de los represaliados por el régimen franquista que convocó la Agrupación Grajero.

Según explicó el portavoz de los grupos allí reunidos, Julián Morante, una de las preocupaciones principales de estos colectivos es que el patrimonio que supone lo ocurrido en esa época no se deje exclusivamente en manos de colectivos privados, instando a las administraciones a protagonizar las investigaciones de manera que éstas adquieran la adecuada trascendencia pública e imparcial.

«Es necesario que se trabaje con rigor histórico, vinculando a entidades públicas como las universidades, evitando que esto se convierta en un juego de intereses partidistas o en moneda de lucro editorial», manifestó Morante.

Vincular a Zapatero

Durante la reunión de ayer, a la que asistieron representantes de la Asociación Guerra y Exilio (AGE), Caídos por la Libertad, de la Región de Murcia y de otros colectivos vinculados a la recuperación de la memoria histórica, familiares de represaliados e investigadores del tema, los participantes acordaron solicitar una reunión con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, del que esperan encontrar el talante y la sensibilidad propios de una persona cuyo abuelo fue represaliado duante la guerra, apareciendo una inscripción con su nombre en una trinchera del Alto de Aralla defendida por anarquistas leoneses, donde se materializó el homenaje.

Para Julián Morante, este aspecto es fundamental en un asunto donde el lado humano, además del político, tiene una gran relevancia.

«Visto el talante mostrado por Zapatero en el homenaje realizado en Aralla a su abuelo, el capitán Lozano, quien consiguió que su nombre fuera vindicado, esperamos que el ahora presidente tome cartas en el asunto para que se pueda hacer lo propio con la causa que defendieron aquellos que murieron defendiendo la legalidad», manifestó.

El interés de otros países

Morante también quiso transmitir la sensación de astío que produce a los familiares de las víctimas del franquismo ver que en otros países como Israel, Francia o Italia se demuestra un interés especial por lo que supuso la defensa de la República y la Guerra Civil, siendo motivo permanete de estudios y homenajes financiados por las instituciones públicas, mientras que en España los escasos homenajes realizados se costean «a escote» entre los familiares de las víctimas quedando la investigación también en manos privadas.

«Parece que en España no se ha producido tadavía la transición a la democracia y las administraciones dejan translucir a veces unos gestos que fuera de nuestras fronteras son vistos como complejos derivados de los restos de la época franquista», manifestó Julián Morante.

Otro mensaje que se transmitió por parte de los organizadores del homenaje es la idea de que sus actuaciones no tienen nada que ver con la nostalgia, sino con la justicia que se debe esperar, en un Estado democrático y de derecho, de la reinstauración de la dignidad de aquellos que lucharon por una democracia legítima.