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MEMORIA HISTÓRICA

Amado Granell, el electricista alicantino que liberó París

Amado Granell, el electricista alicantino que liberó París

Granell, un héroe olvidado por la Historia. Su blindado del ejército gaullista llegó el primero a las playas de Normandía; también fue el primer oficial de la División Leclerc que entró en París el día de su liberación; y su vehículo abrió la marcha en el desfile de la victoria por los Campos Elíseos. Tales honores le correspondieron al teniente Amado Granell, un electricista alicantino que mereció ser condecorado con la medalla de la Legión de Honor de la República Francesa y con la Cruz de Guerra.

Paradojas del destino: tras batirse con arrojo legendario en mil y una batallas, Granell fue dado de baja por problemas síquicos y se instaló en Alicante para regentar un pequeño negocio de electrodomésticos. Falleció, hace ahora treinta años, al volcar su coche cuando se dirigía desde su casa de Alicante al Consulado de Valencia para reclamar el cobro de una pensión como oficial del ejército galo.

Con la Guía Michelín

«¿Resistid, ya llegamos!». 24 de agosto de 1944. Al caer la tarde, Granell y sus hombres divisan la Torre Eiffel. A las 20,45 horas da la noticia a sus superiores: «Ya estamos en París. Enviad refuerzos». Con la ayuda de un vecino y, curiosamente, de la Guía Michelín, logran llegar al Ayuntamiento, donde se reúne con dirigentes de la resistencia. Esa noche, Granell y sus soldados son entrevistados por Radio Francia Libre. Eran protagonistas de uno de los momentos más emotivos de la Segunda Guerra Mundial. A la mañana siguiente, el diario «Liberation» abría con la noticia de la liberación y una foto de Granell. La buena nueva corre por toda Francia como un reguero de pólvora: París ha sido liberada.

Personaje de excepción de esta gesta fue el electricista alicantino, entonces teniente del ejército francés tras haber llegado a comandante de la 48 Brigada Mixta del Ejército Popular de la República española. Flaco y desgarbado, de clara inteligencia, tuvo una infancia y adolescencia ásperas en un humilde hogar español. «Pero su coraje sólo admitía parangón con su sentido de la justicia», cuentan las crónicas.

Se alistó en el Tercio de la Legión Extranjera Española para escapar de la pobreza rural. En él aprendió los secretos del arte de la guerra, que le servirían de mucho durante la contienda civil española al frente de la 49 División del Ejército Republicano «cuyos soldados ignoraban el significado de una palabra: rendición».

Amado Granell embarcó en Alicante rumbo a África el último día de la guerra civil española. Era uno de los miles de españoles que buscaron exilio en Francia y en sus dominios africanos. Convertido pronto en joven y brillante oficial galo, revolucionaba las teorías de la guerra con su propuesta de uso masivo de loa blindados. Quiso volver a enfrentarse con la causa antifascista y antinazi uniéndose a los Cuerpos Franceses de África, incorporados al III Batallón de Marcha del Chad, en la Segunda División Blindada del general Leclerc.

Gracias a su experiencia en la Guerra Civil española, este alicantino de adopción -nació en Burriana- fue nombrado jefe de una compañía de blindados «a cuyo frente consumó proezas de valor y sacrificio que hicieron leyenda... y también inmerecido silencio», según fuentes que recuerdan la historia del conflicto mundial. «Los españoles comandados por Leclerc se juramentaron para vengar la derrota a manos de los nazifascistas en España y se propusieron participar en la liberación de París, Berlín y Madrid».

Así, la compañía de Granell (conocida como «la Novena», porque muchos de sus componentes eran soldados españoles) siempre destacaba por su enorme coraje y valentía. Sus soldados fueron los primeros en entrar en la Orán liberada; el blindado del entonces teniente Granell fue el primero del ejército gaullista en tocar las playas de Normandía, al inicio de la liberación de Francia, y también el primero en anunciar a los parisinos que había llegado su liberación.

Pero ¿cómo recoge la Historia la entrada de los libertadores (es decir, de Granell y sus soldados) en la capital del Sena? Ese caluroso día del 24 de agosto, Leclerc ordena al valeroso teniente español que sus veintidós tanques exploren los suburbios de París, sin esperar a que los aliados de Eisenhower completen el cerco a la ciudad previo al asalto final. Granell y sus 120 hombres llegan al Ayuntamiento. «Al vernos, la gente se encerró en sus casas creyendo que éramos alemanes. Hasta que un viejo se acercó confundiéndonos con americanos. Al decirle que éramos la División Leclerc casi enloquece de entusiasmo», relataba Granell, años después. Poco a poco, una multitud llenó las calles a su paso: les aplaudían, cantaban la Marsellesa, les besaba y les abrazaba.

Las campanas de Notre Dame y demás iglesias repicaban, con sabor a victoria y a liberación.

La historia oculta sobre los trabajos forzoso

La historia oculta sobre los trabajos forzoso

Perdieron la guerra, fueron hechos prisioneros y les obligaron a trabajar en condiciones inhumanas para el régimen golpista, padeciendo hambre y mil penalidades. Es la historia de los esclavos del franquismo, una historia que ha permanecido ocultada por el poder y que varios investigadores tratan de sacar a la luz.

La guerra provocada por el golpe de Estado de Francisco Franco se dio por concluida en abril de 1939, pero la represión contra las personas disconformes con el nuevo régimen militar siguió su curso durante muchos años más. Miles y miles de prisioneros fueron obligados a realizar trabajos forzosos para las autoridades franquistas y para grandes empresas, provocando situaciones de auténtica esclavitud.

A mediados de 1939 había casi 100.000 prisioneros en batallones de trabajos forzosos en diversos lugares de la Península Ibérica y del norte de Africa. Las fuerzas franquistas les obligaban a levantar fortificaciones, reconstruir edificios, abrir canales, construir vías de ferrocarril y carreteras, o trabajar en minas y fábricas.

Este aspecto de la represión franquista ha estado silenciado y ocultado durante décadas, privando del reconocimiento público y de las compensaciones económicas a quienes lo padecieron. Hoy en día aún se trata de un episodio histórico muy poco conocido en Euskal Herria, menos incluso que en el Estado español, a pesar de que, sobre todo en Nafarroa, hubo hechos estremecedores, como el que entre 1939 y 1941 vivieron 2.000 prisioneros obligados a construir la carretera entre Igari (Igal) y Bidangoze en condiciones inhumanas.

Hace un par de años un equipo de investigadores, integrado por dos profesores de Historia, una socióloga y una antropóloga, se propuso recuperar la memoria histórica de aquellos hechos. Se trata de Fernando Mendiola, Edurne Beaumont, Hortensia Serrano y Maite Huarte, a quienes posteriormente se han ido añadiendo diversos colaboradores a título personal, asociaciones de todo tipo y una docena de ayuntamientos de Nafarroa y Bizkaia.

«Comenzamos a investigar con la idea de hacer un libro, luego comentamos el asunto a personas de Eguzki Bideoak y así surgió la idea de hacer un vídeo sobre la construcción de aquella carretera, porque les pareció muy interesante», recuerda Fernando Mendiola.

Más tarde, a raíz de que comenzaron a dar algunas charlas en la zona de Erronkari-Zaraitzu sobre aquel episodio casi desconocido de la dictadura franquista, se planteó «hacer algo» para que no quedase en el olvido. Así se formó el colectivo ''Memoriaren Bideak'', que propuso colocar una escultura y una placa conmemorativa en el puerto de Igari, punto más alto de aquella carretera construida por prisioneros republicanos entre hambre, enfermedades y represión.

Según los datos recabados por el equipo investigador, esos casi 2.000 prisioneros fueron trasladados hasta los valles de Erronkari y Zaraitzu desde Bizkaia (245 hombres), Granada (211), Jaen (165), Asturias (126), Córdoba (78) y el resto de otras zonas del Estado español.

Casi todos ellos eran combatientes republicanos represaliados y estaban englobados en los Batallones de Trabajadores nº 106 y 127 y, a partir de 1940, en los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores nº 6 y 38. Obligados a la fuerza, en condiciones de esclavitud, excavaron la caja por la que transcurre la actual carretera entre Igari y Bidangoze, y también parte de la que debía unir esta última localidad con Erronkari, pero este trayecto quedó finalmente abandonado.

Según los datos recabados hasta ahora, tres de aquellos hombres murieron por disparos y cinco más por enfermedades, pero se ha constatado que en el conjunto de Nafarroa fallecieron otros 50 prisioneros más obligados a realizar trabajos forzosos.

De hecho, la construcción de esa carretera entre los valles de Zaraitzu y Erronkari no fue la única obra en la que se utilizó mano de obra forzosa. Según los datos recabados hasta ahora por este grupo de investigadores, y dados a conocer por Edurne Beaumont, entre los años 1937 y 1945 unos 10.000 esclavos realizaron trabajos de este tipo en Nafarroa.

Entre ellos figuran las obras del ferrocarril del Irati, en Iruñea; caminos y carreteras en Azagra, Milagro, Zarrakaztelu y Aibar; alcantarillado en Tutera; campo de aviación en Ablitas; canalizaciones de regadío en Cortes y Alesbes; carretera entre los pueblos de Iragi y Egozkue; inicio de la carretera entre Irurita y Eugi; reparación de la vía férrea en Castejón; trabajos en la vía férrea de Altsasu, Olazti y Ziordi; carretera entre Lesaka y Oiartzun, atravesando el puerto de Aritxulegi; pistas y fortificaciones en Bera, Amaiur y Erratzu, y obras del pantano de Aiesa (Yesa) por presos condenados.

Aunque aquellos sucesos no han quedado en el olvido de las gentes que los vivieron, «todavía sigue habiendo miedo para hablar de ellos», constata Juantxo García de Acilu en nombre de la asociación Memoriaren Bideak. «La gente mayor lo conoce pero se lo ha callado, y los jóvenes no tienen ni idea de aquellos hechos. Nosotros queremos que se conozcan para que no se vuelvan a repetir aquellas salvajadas», afirma.

Las peticiones de colaboración de esta asociación han encontrado una «adhesión formidable» en el Valle de Zaraitzu, pero en el de Erronkari sólo un ayuntamiento se ha adherido al manifiesto que será leído el día 19 en el puerto de Bidangoze.

Esta labor para tratar de recuperar la memoria histórica ha sido completada por un vídeo realizado por Eguzki Bideoak, que tras varios meses de trabajo ha recogido testimonios de esclavos, familiares y escoltas, «jóvenes que hacían el servicio militar vigilándoles», según explica Maider Sukunza. Por su parte, el Parlamento de Nafarroa debatirá el próximo día 17 una propuesta sobre esta cuestión.

El día 19 de junio, sábado, tendrá lugar en el puerto que une Igari (Igal) y Bidangoze un homenaje a todas las personas que fueron forzadas a realizar trabajos durante el franquismo.

La jornada comenzará a las 9.30 con sendas marchas montañeras que saldrán de ambas localidades, y habrá servicio permanente de autobús para las personas que no puedan efectuar el recorrido a pie. A las 13.00 se inaugurará en el puerto una escultura de 2.000 kilos de peso realizada por Xabier de Zerio, con una placa conmemorativa en euskara, castellano, catalán y gallego.

Los dantzaris de Otsagi y el grupo Itxartu, de Getxo, interpretarán un aurresku de honor y otras dantzas en homenaje a los esclavos del franquismo. Se espera la presencia de varios de ellos, últimos supervivientes, que si lo desean podrán exponer allí sus testimonios, los cuales serán grabados por Eguzki Bideoak.

La jornada continuará con una comida popular en Bidangoze a base de migas de pastor, queso de Erronkari y txistorra, y a las 18.00 se proyectará un vídeo y habrá un coloquio con vecinos de la zona, prisioneros, familiares e investigadores.

La organización de los actos de esta jornada ha corrido a cargo de la asociación Memoriaren Bideak. «Este homenaje lo hacemos por justicia y por solidaridad», explica su portavoz, Juantxo García de Acilu.

«Tenían tanto hambre que se comían las patatas de los cerdos»

El equipo de investigación de las condiciones en que se construyó la carretera de Igari a Bidangoze ha conseguido recabar testimonios de supervivientes y de vecinos que fueron testigos de aquellos hechos. «Entonces echábamos al caldero grande unas pocas berzas, una remolacha y encima una cesta de patatas cocidas para los cerdos. ¡Tenían tanto hambre los trabajadores que se nos comían las patatas! Y mi padre decía: ¡dejarles que se las coman!». Así lo recuerda Atanasia, una vecina de Bidangoze. A otro vecino de este mismo pueblo, Marcelino, se le quedó grabado el día en que mataron a un prisionero: «Mataron a uno al ladico de casa, y el padre y la madre nos decían: ''¡No salgáis!''. La sangre bajaba por la calle, y el padre y la madre no nos dejaban que miraríamos por la ventana». Pero los testimonios más crudos son los de los propios prisioneros. «Los ánimos los teníamos perdidos. No tienes defensa, estás tan acobardado que es igual que te hagan una cosa que otra. Es como el que está en el callejón de la muerte, que está esperando que le llegue. Unos picaban la piedra, otros con la pala a sacar la tierra y otros con un carretón la llevaban a la orilla. El que no terminaba la tarea le hacían ir de noche con un centinela, allí apuntándole, para que la terminara. Cuando estaba nevado, nos bañaban en el río». (Andrés Millán, de Granada). «El trabajo estaba vigilado por unos escoltas, con su fusil. Para ir a orinar o hacer otras necesidades, tenías que pedir permiso y no mentir, porque te iban persiguiendo. Los escoltas se quedaban con lo mejor, y a la caldera no iban más que los huesos. El que pillaba un hueso, lo roía, y luego otro lo seguía royendo, porque había mucha hambre» (Manuel Soriano, de Granada).

Sacar las investigaciones a la luz

En los últimos años la investigación histórica está sacando a la luz gran parte de los trabajos impuestos a los esclavos del franquismo, y este es también el objetivo de un ciclo de conferencias organizado por el Instituto Gerónimo de Uztariz bajo el título de ''Campos de concentración y trabajos forzados en la Europa fascista''.

Este ciclo se desarrollará entre los días 14 y 17 de junio en diversas localidades de Iruñerria, y concluirá el día 19 con una mesa redonda a las 18.00 en el Ayuntamiento de Bidangoze.

El día 14, lunes, los investigadores Edurne Beaumont y Fernando Mendiola hablarán en Zizur Nagusia sobre los esclavos del franquismo en Nafarroa; el día 15 se expondrán en Atarrabia diversas experiencias en los campos de concentración nazis; el día 16 Javier Rodrigo, de la Universidad de Florencia, dará una conferencia en Berriozar sobre los campos de concentración franquistas, y el día 17, en Burlata, se dedicará a los esclavos del Guadalquivir.

Antonio Machado: "A todos los españoles"

Antonio Machado: "A todos los españoles"

En la patriótica emisión de radio que diariamente se da con el título «La Voz de España», ha sido divulgada la siguiente alocución del ilustre poeta don Antonio Machado:

A todos los españoles:
Más de una vez he dicho, y nunca me cansaré de repetirlo, que mi ideario político se ha limitado siempre a aceptar como legítimo solamente el Gobierno que representa la voluntad del pueblo, libremente expresada. He de añadir que la palabra `pueblo' no tiene para mí una marcada significación de clase: del pueblo español forman parte todos los españoles. Por eso estuve siempre al lado de la República Española, en cuyo advenimiento trabajé en la modesta medida de mis fuerzas y dentro de los cauces que yo estimaba legales. Cuando la República se implantó en España, como una inequívoca expresión de la voluntad política de nuestro pueblo, la saludé con alborozo y me apresté a servirla, sin aguardar de ella ninguna ventaja material. Si ella hubiera venido como consecuencia de un golpe de mano, como imposición de la astucia o de la violencia, yo hubiera estado siempre enfrente de ella. Yo sé muy bien que dentro de una República se plantean problemas mucho más hondos que el estrictamente político --son ellos de índole económica, social, religiosa, cultural, en suma--, y que, dentro de esa República, caben ideologías no sólo diversas, sino hasta encontradas. Pero por muy honda y enconada que sea la lucha, la República conserva su legitimidad mientras la voluntad del pueblo, libremente expresada, no la condene. Por eso cuando un grupo de militares volvió contra el legítimo Gobierno de la República las armas que de él había recibido para defenderla de agresiones injustas, yo estuve, sin vacilar, al lado de ese gobierno desarmado. Sin vacilar, digo, y también sin la menor jactancia; porque creía cumplir un deber estricto. Los profesionales de las armas no eran ya el ejército de España; el ejército de España era entonces, para mí, aquel que el pueblo hubo de improvisar con los mejores de sus hijos; un ejército tan débil e insuficientemente armado por fuera, como fuerte y superabundantemente provisto, por dentro, de razón y de energía moral. Improvisado, digo, con los mejores de sus hijos, y no vacilo en añadir: con un pequeño grupo de voluntarios propiamente dichos, de hombres abnegados y generosos que venían a España, sin la más leve ambición material, a verter su sangre en defensa de una causa justa.

Con todo ello, y convencido de la ceguera, de los errores, de la injusticia de nuestros adversarios, de cuya índole facciosa no dudé un momento, confieso que nunca pude aborrecerlos; con todos sus yerros, con todos sus pecados, eran españoles; y el lazo fraterno, hondamente fraterno de la patria común, no podía romperse ni con la más enconada guerra civil.

ºPero se inició el hecho monstruoso de la invasión extranjera. De un modo subrepticio y cobarde, la invasión se produjo, y fue tomando cuerpo y realidad innegable a medida que el tiempo avanzaba. Dos pueblos extranjeros habían penetrado en España para disponer de su destino futuro y para borrar por la fuerza y la calumnia su historia pasada. En el trance trágico y decisivo que hoy vivimos, no puede haber dudas ni vacilaciones para un español. Ya no le es dado elegir bando ni bandería: Ha de estar necesariamente con España y en contra de los invasores. Dejemos a un lado la parte de culpa que en la invasión de España hayan podido tener los españoles mismos. Si este pecado existe, alguien lo cometió conscientemente, es de índole tal que escapa al poder de sanción de todo tribunal humano.

Reparad también en que ni siquiera he hablado del fascismo ni de marxismo. No creo que haya nadie en España que diste más que yo del ideario fascista. Siempre he creído, sin embargo, que, desde un punto de vista teórico, cabe ser fascista sin por ello dejar de ser español. Mas siempre he afirmado que no se puede ser español y entregar el territorio y los destinos de España a la codicia imperialista del fascio italiano o del racismo alemán. No creo que nadie, hoy, en España, pueda pretender honradamente que esto sea posible.

Se nos ha calumniado, dentro y fuera de España, diciendo que nosotros también servimos una causa extranjera; que trabajamos por cuenta de Rusia. La calumnia es doblemente pérfida, pero tan grosera, que no ha podido engañar a nadie que no sea perfectamente imbécil. Porque todos saben (están hartos de saber) que Rusia, ese pueblo admirable, que renunció a su imperio para libertar a sus pueblos, no atentó nunca a la libertad de los ajenos y que no tuvo jamás la más leve ambición territorial en España. Esto lo saben todos, aunque muchos disimulen ignorarlo.

Ha llegado el día, hombres de España, de España entera --quiero decir de todos los pueblos hispánicos cuyo territorio está invadido-- en que hemos de reconocer esta verdad inconcusa: nuestro deber más imperioso es luchar por nuestra independencia terriblemente amenazada. Y España es fuerte, mucho más fuerte de lo que piensan nuestros enemigos, porque, como he dicho una vez, y no me importa repetirlo. España no es una invención de la diplomacia extranjera o la resultante de tratados de paz más o menos ineptos. Lleva siglos de vida propia, perfectamente definida por su raza, por su lengua, por su geografía, por su historia y por su aportación a la cultura universal. No dudéis un momento que traiciona a su patria quien se niega a defenderla contra la invasión extranjera.

El gobierno de nuestra República, en el ejercicio de un derecho incuestionable, y en el cumplimiento de su más alto deber, ha formulado en el documento del doctor Negrín, de todos conocido, las líneas generales de los fines de guerra para España entera. Nada en ellos se prejuzga; nada en ellos implica coacción o amenaza. Todo en ellos significa atención y respeto para todas las buenas voluntades de España. Meditadlo bien. Y escuchad, al par, el dictado de vuestra conciencia. El os señalará el único camino para ser españoles.

JUAN PUJOL, EL ESPÍA QUE DERROTÓ A HITLER

JUAN PUJOL, EL ESPÍA QUE DERROTÓ A HITLER

Javier Juárez escribe esta apasionante y minuiciosa biografía sobre la vida de uno de los espías más fascinantes pero desconocidos de la Segunda Guerra Mundial: el Gran Garbo. Juan Pujol García, fue hijo de un industrial catalán que peleó al lado de Franco durante la Guerra Civil. Juan Pujol, quien odiaba a los alemanes, pensaba que sólo con la victoria Aliada podía España liberarse de Franco. Ofreció sus servicio a los británicos, pero inicialmente fue rechazado y por tanto optó por ofrecerse como agente a la Abwehr alemana que dirigía el Almirante Canaris. Partió de Madrid en 1941 con dirección a Lisboa portando material escrito, listas de preguntas, dinero y direcciones donde hospedarse. Realizó muchos esfuerzos por comunicarse con la inteligencia británica, pero no lo logró. Mientras tanto, les comunicó a los alemanes que había llegado a Londres y desde Julio de 1941 escribió y envió a la Anwehr, informes acerca de asuntos navales británicos. Pujol se valió de un mapa de Inglaterra, un diccionario de términos militares, la Guía Azul de navegación marítima y una publicación portuguesa llamada Flota Británica. En 1942 Garbo aún estaba en Lisboa, pero finalmente entró en contacto con oficiales de inteligencia del MI5 y se ofreció como agente doble. Después de vencer la resistencia del Servicio de Inteligencia MI6 y luego de definir bajo ordenes de quién estaría, finalmente llegaron a un acuerdo y se trasladó a Londres en abril de 1942, donde permaneció hasta el fin de la guerra. Su esposa e hijo se reunieron con él en la capital inglesa. Garbo estuvo bajo el mando del Comité XX, que confundiéndolo con los números romanos, ha sido muchas veces llamado erróneamente Comité 20. Pujol recibió el nombre en clave Bovril, pero fue cambiado a Garbo por sus superiores, que lo consideraban "el mejor actor del mundo", y por tanto digno de compararse con la estrella de cine Greta Garbo. El nombre en clave de Pujol para la Abwehr era Rufus. Una vez en Londres estableció la red ficticia de agentes para continuar engañando a los alemanes. Le dijo a la Abwehr que tenía 14 agentes y 11 contactos muy importantes. También "se asignó" un lugarteniente, un operador de radio suplente y varios ayudantes en toda Gran Bretaña. Entre los agentes, Garbo inventó un piloto alcohólico de la RAF y un lingüista del servicio de inteligencia que odiaba a los comunistas. Uno de los agentes imaginarios de Garbo se llamó "Wren" como se les llamaba a los miembros de la WRNS (Women's Royal Naval Service). Garbo le informó a la Abwehr que Wren había sido enviada al Cuartel General del Teatro de Guerra del Sureste Asiático en Ceilán desde donde ella le enviaría los informes para ser transmitidos a la Abwehr. Los alemanes a su vez pasarían esa información a las embajada japonesa en Berlín, que a su vez la retransmitiría a Tokio. Los alemanes estaban impresionados con los informes de Garbo. Los informes de Garbo llegaban a la Abwehr por correo, haciendo un periplo de Londres a Portugal, gracias a "la colaboración de un piloto de KLM, quien los enviaba a Berlín por correo desde Lisboa." Un informe que impresionó a los alemanes fue el que contenía los detalles sobre el desembarco anglo-americano en África, pero que manifestaron que "desafortunadamente, llegó demasiado tarde, por culpa del correo." La Abwehr decidió utilizar equipos de radio para las futuras comunicaciones. Las actividades de Garbo forzaron a los alemanes a revelar varios de sus verdaderos agentes en la inteligencia británica y en pago por sus servicios, los alemanes le enviaron 340 mil dólares para los gastos que la red de Garbo generaba. El español logró convencer a su superior en la Abwehr, Karl Kuehlanthal, que disponía de información de primera mano sobre los desplazamientos de las fuerzas británicas y norteamericanas, hasta el punto de ser condecorado con la Cruz de Hierro. La principal operación, según el informe del MI5 fue el engaño sobre el Desembarco en Normandía. Convenció a los alemanes de que las fuerzas aliadas disponían de 77 divisiones y de 19 brigadas en la costa sur de Inglaterra, es decir, un 50% más que la realidad. Para dar credibilidad a la idea de un desembarco en el norte de Francia, los británicos hicieron flotar frente a las costas de Dover barcos de aglomerado, construyeron puertos de cartón-piedra y tanques de caucho. La estrategia alemana estuvo basada en el desembarco en el Paso de Calais, puesto que Garbo les convenció que el desplazamiento de tropas en Normandía era sólo una operación de distracción. El Ejército de Patton, que sólo existía en el papel, pensaba que desembarcaría en Calais. Después de Normandía y a pesar de todo, los alemanes siguieron confiando en los informes de Garbo. Uno de los informes que envió, daba cuenta de un enorme depósito de armas en el sur de Londres que se intercomunicaba con un tren subterráneo. Después de la guerra, Pujol vivió con nombre ficticio en Venezuela por 40 años. Con Nigel West escribió un libro titulado El Espía del Siglo donde relata todas las peripecias de su vida como espía.

La mujer trabajadora en la II República

La mujer trabajadora en la II República

La mujer ha sido considerada tradicionalmente como un sector atrasado de la sociedad, baluarte de la Iglesia y de la reacción. Este carácter "atrasado" no es innato a la mujer, como nos han querido hacer creer. La explicación a esto no hay que buscarla en aspectos biológicos, sino en la doble explotación que sufre bajo el sistema capitalista, como bien explicaba Bebel : "En su conjunto, el sexo femenino sufre doblemente: de una parte sufre bajo la dependencia social de los hombres (...) y de otra parte, mediante la dependencia económica en que se hallan las mujeres en general, y las mujeres proletarias en particular, lo mismo que los hombres proletarios" (La mujer, A. Bebel).Pero la historia nos ha demostrado que en los períodos revolucionarios, las mujeres han estado siempre en primera línea, y en muchos casos han jugado un papel decisivo en la lucha. En la Revolución Francesa de 1789 las mujeres del Tercer Estado estuvieron en todos los acontecimientos importantes, reivindicando el derecho al trabajo, luchando contra la carestía de la vida; las mujeres de los suburbios de París participaron activamente en la toma de la Bastilla o en la Marcha sobre Versalles.En la Comuna de París en 1871 estuvieron en las barricadas junto al resto de los trabajadores, logrando impedir el avance de las tropas mandadas por Thiers que querían apoderarse de los cañones guardados en Montmartre y Belleville.Lo mismo ocurrió durante todo el proceso que culminó con la Revolución Rusa de 1917. El Día Internacional de la Mujer se celebró en Petrogrado con una manifestación de 10.000 obreras del textil, a la que se fueron uniendo trabajadores acabando en una huelga general: fue el inicio de la Revolución de Febrero. De la misma manera vimos este carácter combativo de la mujer en los acontecimientos que se desarrollaron durante los años 30 en el Estado español.

A diferencia de otros países industrializados de Europa como Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia, etc., en el Estado español la incorporación de la mujer al mundo laboral fue tardía, pero cuando ésta empezó, lo hizo imprimiendo su propio sello. A principios de siglo el Estado español era un país económicamente atrasado con dos tercios de la población dedicada a la agricultura. El hecho de mantenerse neutral en la I Guerra Mundial tuvo como consecuencia el aumento de las inversiones extranjeras que buscaban nuevos y más seguros mercados dentro de una Europa en guerra. Esto favoreció un auge económico que permitió el desarrollo de la industria y su expansión a otras provincias. Pero este auge no repercutió directamente en las condiciones de vida de la clase obrera y el campesinado, sino todo lo contrario.

La explotación de la mujer

En 1930 había aproximadamente seis millones de familias de las cuales el 85% eran familias obreras y campesinas. En cinco millones de éstas, las mujeres realizaban las tareas del hogar única y exclusivamente. La incorporación de la mujer al trabajo estaba jalonada de dificultades. Por un lado con una tasa de analfabetismo mayor que la de los hombres, superior al 50%, lo que la hacía estar en inferioridad de condiciones a la hora de conseguir un trabajo, y además sin ningún tipo de infraestructura que facilitase a las mujeres con hijos tal incorporación. No existían escuelas infantiles donde las mujeres pudiesen dejar a los niños durante su jornada laboral, y además se carecía de suficientes plazas escolares para todos los niños, menos por supuesto para los hijos de los trabajadores y campesinos. La burguesía no hacia nada para mejorar esta situación, en la medida que le interesaba mantener a la mujer entre las cuatro paredes del hogar, llevando adelante las tareas imprescindibles para la reproducción de la especie y la reposición de la fuerza de trabajo obrera. A pesar de todas estas dificultades, la población activa femenina fue aumentando progresivamente. Una de las razones era que según se iba desarrollando el proceso de industrialización y urbanización, las mujeres jóvenes y solteras emigraban a la ciudad buscando un empleo remunerado y una independencia económica difícil de encontrar en el campo. Además, el incremento del paro obrero en la agricultura, a causa de las malas cosechas y de la existencia de enormes latifundios sin cultivar, impedía que miles de mujeres pudieran acceder a un puesto de trabajo en el campo, donde incluso los patronos llegaban a prohibir expresamente la contratación de mujeres. En 1930 la población activa femenina era del 24% sobre el total. El 80% de estas mujeres eran solteras y viudas. Cuando el marido moría la mujer se veía obligada a trabajar para sacar adelante a sus familias, porque no existía ningún tipo de pensión de viudedad. Por otra parte las mujeres casadas se encontraban con más dificultades: había leyes que dificultaban su acceso al trabajo, necesitaban tener permiso del marido para poder trabajar, no podían disponer libremente de su salario, y si el marido se oponía a que la mujer cobrase el salario, lo podía cobrar él directamente, e incluso si se separaban judicialmente el marido seguía teniendo el derecho a cobrar el salario de la mujer. Dos tercios de las mujeres asalariadas eran trabajadoras temporales, o estaban en el servicio doméstico (que carecía de todo tipo de derechos laborales), y el otro tercio restante eran obreras cualificadas, fundamentalmente en el sector del textil y vestido (82%). En cuanto a derechos laborales la legislación existente en ese momento concedía pocos derechos a las mujeres por no decir que ninguno

Esperanzas en la II República

La llegada de la II República en 1931 trajo enormes esperanzas para los trabajadores y campesinos de este país, y de hecho en el terreno social se dieron pasos adelante, especialmente para las mujeres. En la Constitución de 1931 se reconoció el derecho al voto de la mujer y el derecho a ser elegidas para cualquier cargo público. En 1932 se aprueban la Ley de Matrimonio Civil y la Ley del Divorcio, en ese momento la más progresista de Europa, ya que reconocía el divorcio por mutuo acuerdo y el derecho de la mujer a tener la patria potestad de los hijos. Ambas leyes supusieron un duro revés para la Iglesia que veía recortadas sus funciones e influencia en el seno de la familia, y un gran paso adelante para que la mujer saliese de su órbita de influencia. En 1936 el Gobierno de la Generalitat de Catalunya despenalizó y legalizó el aborto. No es casualidad que esto se consiguiese en una zona donde las mujeres estaban más incorporadas al trabajo industrial. En 1935 se decretó la abolición de la prostitución reglamentada, dado que hasta ese momento el cuerpo de la mujer era considerado legalmente por la burguesía como una mercancía en venta, como lo podía ser un saco de patatas o una silla.En el terreno laboral se dieron algunos pasos adelante para todos los trabajadores, por ejemplo se reconoció el derecho a asociación y sindicación, y el 1 de julio de 1931 se decretó la jornada laboral de 8 horas. Además se regularizó el trabajo nocturno, obligando a los patronos a dar un descanso de 8 horas para dormir, y se aprobó la Ley del Descanso Dominical para todos los trabajadores, excepto para el servicio doméstico donde prácticamente todos eran mujeres. Se prohibió contratar mujeres en trabajos considerados como peligrosos o duros y que pudiesen minar su salud o su futura maternidad. Pero a pesar de todo, las condiciones laborales siguieron siendo duras para los trabajadores, y para la inmensa mayoría de las mujeres trabajadoras no supuso una gran mejora. El tercio que trabajaba en el sector doméstico quedó excluido de la jornada de 8 horas, no tenía derecho a las prestaciones de los seguros sociales, no tenía subsidio de paro, ni de maternidad, ni eran beneficiarias de la Ley de Accidentes de Trabajo; trabajaban casi en régimen de esclavitud para las "damas" de la burguesía. En los otros sectores, por ejemplo, el 35% de los telares incumplía la jornada de 8 horas, y se trabajaban más de 9 horas diarias; además en el textil, vestido, confección, etc., mientras que a los hombres se les pagaba por horas trabajadas, las mujeres tenían que trabajar a destajo, por kilogramos o unidades producidas, lo que las obligaba a trabajar a ritmos mayores si querían conseguir un salario mínimamente digno. En la práctica tampoco podían acceder al subsidio de desempleo. En 1933 cobraban el subsidio 200.000 obreros, de estos 100 eran mujeres (el 0,5%). Para poder cobrar este subsidio era necesario estar afiliados a las Sociedades Mercantiles y a éstas no podían afiliarse los trabajadores eventuales, caso de la mayoría de las trabajadoras de este país.Otro problema constante era la discriminación salarial que sufrían las mujeres, algo que continúa en la actualidad. En 1930, el salario de una jornalera en la recogida de la aceituna era el 50% del que cobraba un jornalero por el mismo trabajo; una obrera metalúrgica cobraba el 41,3%, y en el sector textil la diferencia era de un 47,6%. En todos y cada uno de los sectores, en ningún caso, el salario máximo de una trabajadora alcanzaba el mínimo de lo que cobraba un trabajador por el mismo trabajo. Y además había que unir a esto los trabajos que estaban considerados como "femeninos", fundamentalmente el servicio doméstico, el sector que sufría las mayores jornadas laborales y el que estaba peor remunerado. A pesar de todo, sí que se consiguieron derechos importantes para las trabajadoras con hijos, por ejemplo la Ley de Maternidad, que regulaba por primera vez el período de lactancia, el tiempo de baja por maternidad, etc.

La mujer participa en las luchas obreras

En el campo la situación no era mejor; en este sector trabajaba el 24% de la población activa femenina, que en muchos casos no recibían ninguna remuneración, ni tenían ningún derecho laboral, porque este trabajo era considerado oficialmente como "ayuda familiar".Durante todos estos años se sucedieron muchas luchas y huelgas por parte de los trabajadores, para intentar cambiar sus condiciones de vida y mejorarlas, y en todas, las mujeres participaron enérgicamente, por un lado en su condición de asalariadas junto a los trabajadores, reivindicando subidas saláriales, mejora de sus condiciones de trabajo, etc., y por otro, en su condición de esposa, madre, hermana... del trabajador, intentando mantener unas condiciones de vida dignas para sus familias. Por ejemplo en 1932, el 97,1% de las obreras participaron en huelgas junto con el 95,2% de los obreros, y en 1934 más del 50% de las horas perdidas en huelgas, lo fueron en el sector textil, confección, alimentación y tabaco, sectores donde predominaba la mano de obra femenina. Además las amas de casa durante todo este período protagonizaron multitud de luchas y manifestaciones, sobre todo contra la carestía de la vida, una constante en estos años, especialmente cuando subía el precio del pan, que era el alimento básico de las familias obreras, y que, entre 1931 y 1934, fue objeto de numerosos incrementos debido a la escasez de cereales producida por las malas cosechas. No sólo se hicieron manifestaciones, sino que en los primeros meses de 1933 se produjeron asaltos a los vagones, camionetas y tranvías que transportaban alimentos, confiscándolos y repartiéndolos entre las familias obreras, en Vizcaya, Almería, Málaga, Granada, Valencia... y Madrid donde las mujeres asaltaron los mercados de abastos.

Politización creciente

La mujer había dejado de tener una actitud pasiva y resignada para empezar a tomar parte activa en la lucha. Al mismo tiempo que aumentaba su incorporación al mundo laboral y a las movilizaciones, iba aumentando su participación en los sindicatos y partidos obreros. Hasta 1930 su afiliación estaba centrada en los sindicatos católicos, que contaban con 35.000 afiliadas, pero, según aumentaban las luchas y la radicalización, estos sindicatos no sólo dejaron de crecer, sino que vieron descender significativamente su militancia, tanto de hombres como mujeres, produciéndose al mismo tiempo un fortalecimiento del sindicalismo de clase. Los sindicatos obreros comienzan a comprender la necesidad de incorporar a la mujer a sus filas y atraerlas a la lucha de clases para conseguir la transformación de la sociedad. En el Congreso de la UGT de 1932 se aprobó bajar la cuota para la mujer como una manera de facilitar su afiliación, debido a la inferioridad de sus salarios, y también se aprobó incrementar la propaganda entre las trabajadoras, que hasta ese momento había sido más bien escasa. Es en este Congreso cuando por primera vez se incluye en su programa la consigna "A igual trabajo, igual salario".Esta orientación hacia las trabajadoras tuvo un rápido efecto: de 18.000 afiliadas que tenía la UGT en 1929, pasó a tener en los primeros meses de 1936 más de 100.000. La CNT siguió el mismo camino y en 1936 tenía más de 142.000 afiliadas. Una de las características más importantes en este proceso de incorporación de la mujer a la lucha, es que en todo momento lo que predominó fueron las reivindicaciones de clase. No hubo cabida para ningún tipo de reivindicación feminista burguesa. De hecho, el país de Europa donde menos eco tuvieron los movimientos sufragistas y feministas burgueses fue en el Estado español. El PSOE empezó muy pronto a incluir en su programa las reivindicaciones propias de la mujer obrera, uniéndolas a la lucha del resto de los trabajadores como la única manera de conseguir la igualdad, y ésta a su vez sólo se podía conseguir a través de la transformación socialista de la sociedad. En 1902 se crearon las Agrupaciones Femeninas Socialistas, pero no como organismos autónomos del partido cuya única función fuese reivindicar los problemas de las mujeres. Eran agrupaciones dependientes del partido y planteaban tres deberes básicos para sus afiliadas: hacer propaganda de los principios e ideas socialistas, leer y propagar la prensa obrera, El Socialista, y participar en todos los actos públicos que celebrase la clase trabajadora. No obstante, en el PSOE existían sectores que tenían una enorme confusión respecto a la cuestión de la mujer, aunque su programa parlamentario publicado en julio de 1931 sí incluía: "La igualdad de derechos entre uno y otro sexo"; defendía la necesidad de "creación de guarderías" y "la consecución de todos los derechos femeninos incluido el derecho al trabajo y esto solo se conseguiría completamente con la implantación de la sociedad socialista", (Programa Parlamentario del PSOE, julio 1931).En lo referente al derecho al voto de la mujer existían serias discrepancias. Indalecio Prieto y Margarita Nelken, entre otros, se oponían, porque pensaban que la mujer aún no estaba preparada para tal responsabilidad y concedérselo sería dar más votos a la reacción. En el movimiento anarquista el proceso fue más difícil ya que había distintos sectores con posturas bastante dispares. Desde aquellos que defendían que el único papel de la mujer era el de apoyar al hombre: "La mujer tiene que desempeñar un papel accesorio de apoyo al hombre militante. Su misión central es la de cuidar a sus hijos y compañero en el seno del hogar y, sobre todo, actuar de apoyo al hombre". (Tierra y Libertad, Delia, 5/12/1931). "Su misión es animar al hombre y actuar como un ángel tutelar". (La mujer y sus ideas, Salvador Majó, Solidaridad Obrera, 18/6/1932).A otros, entre los que destacaba Federica Montseny, que luchaban contra cualquier concepción feminista y negaban que existiese ningún problema específico de la mujer y por tanto no había que prestar demasiada atención a ese tema. También existía otro sector que sí defendía incorporar al programa de la CNT las reivindicaciones específicas de la mujer: defender su derecho al trabajo, al voto, etc.

La mujer en la Guerra Civil

El PCE desde sus comienzos tuvo una orientación decidida hacia la mujer, intentando su captación para el movimiento comunista, logrando pasar entre 1936 y 1938 de 179 afiliadas a 4.203.Al estallar la guerra civil en julio de 1936 se produce un cambio cualitativo. Al incorporarse miles de milicianos al frente, la mujer tiene que participar masivamente en la producción, ocupando los puestos de trabajo vacantes dejados por los hombres que iban al frente. Esto supuso un aumento importante de su conciencia de clase al integrarse al trabajo fuera del hogar y alcanzar en muchos casos una independencia económica que antes no tenía. Además no dudaron en participar decididamente en el frente, dentro de las milicias, no sólo como enfermeras, lavanderas... sino como soldados. Las primeras mujeres que se incorporaron al combate fueron las militantes anarquistas, las de UGT y las del POUM. Las milicias obreras fueron el segundo ejército del mundo que incorporó a la mujer, tras haberlo hecho el ruso por primera vez en 1917.Es precisamente en este período en el que se produce la mayor afiliación femenina a las organizaciones obreras. Incluso llegaron a existir organizaciones de mujeres de masas que estaban vinculadas y controladas por las organizaciones obreras. Mujeres Libres era una organización de la CNT-FAI. Surgió al principio como portavoz de un pequeño grupo de militantes anarquistas, con el único propósito de sacar un periódico y distribuirlo dentro del movimiento anarquista. En mayo de 1936 contaba sólo con 500 afiliadas, pero según iba avanzando la guerra y la revolución fueron creciendo rápidamente y se convirtieron en una de las organizaciones más importantes, llegando a contar con 30.000 afiliadas en 1938.Sus objetivos eran facilitar a la mujer los medios prácticos para que ésta pudiese incorporarse a la producción, creando para ello guarderías, comedores... que facilitaban las tareas de las mujeres, al mismo tiempo que proporcionaban formación técnica y profesional, para que pudiesen adquirir mayor cualificación en el trabajo.

La Unión de Mujeres Antifascistas

La organización femenina más importante en estos años fue la Unión de Mujeres Antifascistas (UMA). Surgió en 1933 como sección española de "Mujeres contra la Guerra y el Fascismo", creada por la Internacional Comunista tras el triunfo de Hitler en Alemania. Comenzaron a tener fuerza en 1934, y tras los acontecimientos de Octubre fue prohibida, aunque siguió existiendo con el nombre de "Pro Infancia Obrera", dedicada a ayudar a las mujeres e hijos de los mineros muertos o encarcelados en Asturias tras la insurrección. En 1936 pasó a denominarse UMA, y se fortalece notablemente cuando el gobierno republicano declara a Comisión de Auxilio Femenino, organización subsidiaria de la UMA, organismo encargado de la organización del trabajo de la mujer en la retaguardia, dependiendo directamente del Ministerio de Guerra. Aunque su militancia era heterogénea, un 80% eran militantes de la UGT, un 16% del PCE y un 4% de la CNT, su política estuvo dirigida en todo momento por el PCE y las Juventudes Socialistas Unificadas, que controlaban el 35% de los comités de la UMA. En este período su presidenta fue Dolores Ibárruri. No obstante, las posiciones políticas del estalinismo, negando la revolución española y sometiendo toda la acción del proletariado español al apoyo a la república democrático burguesa, tuvo sus consecuencias prácticas en la política de la UMA.En julio de 1936 tenían ya 50.000 afiliadas, pero en vez de incorporar a las mujeres a la revolución que estaba en marcha, y concienciarlas de que su liberación sólo se podría llevar adelante liberando al conjunto de la clase obrera en lucha por la transformación de la sociedad, basaron su política en limitar la acción de la mujer a un respaldo constante a las acciones y decisiones del gobierno del Frente Popular: Esto se tradujo inmediatamente en la aceptación de la desaparición de las milicias obreras y, por tanto, de la incorporación de la mujer como combatiente. La UMA y el PCE se opusieron a que la mujer luchase en el frente, defendiendo que el papel de la mujer en la lucha contra el fascismo se limitase a las tareas de la retaguardia, haciendo labores de cocina, lavandería, enfermería, producción, importantes sin duda alguna. Por ejemplo en la Columna Pasionaria, las más de 25 mujeres que se encuadraban en sus filas se dedicaban sólo a estas tareas (una continuación de las que hacían en su casa), y se las prohibía coger un arma para luchar.La postura del POUM era distinta. El Secretariado Femenino del POUM no defendía una organización de mujeres aparte y abogaban por un Frente Revolucionario de Mujeres Proletarias que tuviese un contenido revolucionario. Su principal objetivo era atraer a las mujeres al partido y plantear la lucha de las mujeres unida a la de los trabajadores, como la única forma de derrocar al sistema y hacer triunfar la revolución. Su actividad durante la guerra fue hacer propaganda para incorporar a las mujeres al frente, no sólo en labores de enfermería a través del Socorro Rojo, (organización creada por el POUM para proporcionar asistencia sanitaria en el frente), sino como soldado para lo cual daban cursillos de entrenamiento militar, además de otras tareas dedicadas al abastecimiento en tiempo de guerra. Su trabajo no estuvo exento de dificultades. A cada paso se encontraban con el boicoteo del estalinismo: en la Segunda Conferencia Nacional de Mujeres del PSUC celebrada en 1938, se especificó entre los quince intereses principales para las mujeres comunistas, la "lucha contra emboscados, provocadores y trotskistas", en clara alusión al POUM y otros sectores del proletariado revolucionario. (Treball, 4/10/1938).Cuando Largo Caballero, Ministro de Guerra en el gobierno del Frente Popular, apoyado por el PCE, y más tarde por los anarquistas, decretó la prohibición de que las mujeres luchasen en el frente y que su labor se limitase a realizar las tareas domésticas dentro de los batallones, produjo una enorme decepción y frustración entre miles de ellas, que iban al frente reivindicando la igualdad, y veían de nuevo que se las relegaba para las tareas de las que ansiaban salir. Pero no sólo fue una decepción para ellas. Los trabajadores se opusieron a esto y tuvieron que intervenir las direcciones de los sindicatos para poner fin a la situación de descontento que se estaba creando en el frente. Con esta política seguida por los dirigentes del Frente Popular y de los partidos obreros, frenando el ímpetu y la ofensiva revolucionaria, tanto de las mujeres como del conjunto de los trabajadores, no se ganaba la batalla, sino más bien todo lo contrario, se preparaba el camino hacia la derrota. Tras el triunfo de la contrarrevolución fascista más de 400.000 obreros fueron encarcelados o encerrados en campos de trabajo; unos 30.000 fueron fusilados después de la guerra; entre 1939 y 1940 había 30.000 mujeres encarceladas; sólo en la cárcel de Ventas, en Madrid, fueron fusiladas 1.000.Otro castigo reservado para las mujeres por la dictadura, no sólo para las que habían tomado parte activa en la lucha, sino también para las mujeres de los milicianos, para sus hijas, madres etc., fue que eran encarceladas, rapadas al cero y paseadas por las calles de sus pueblos y ciudades. Al mismo tiempo las mujeres retrocedieron más de medio siglo en sus condiciones de vida y en sus derechos, se prohibieron todas sus conquistas: el derecho al aborto, el divorcio, los matrimonios civiles; y además se las prohibió prácticamente el derecho a trabajar por medio del Fuero del Trabajo, quedando de nuevo confinada a las cuatro paredes del hogar.

Juana Cobo

Clara Campoamor Rodríguez

Clara Campoamor Rodríguez

Nace en Madrid el 12 de febrero de 1888. Huérfana de padre muy pronto, tuvo que dejar sus estudios y ponerse a trabajar. Fue modista, dependienta, empleada de Telégrafos..., etc, hasta que en 1914 hace oposiciones para profesora de adultas en el Ministerio de Instrucción Pública, ganándolas con el número uno. Pero sólo puede enseñar taquigrafía y mecanografía, ya que no tiene siquiera el Bachiller. Al mismo tiempo colabora en varios diarios, como El Sol, Nuevo Heraldo o El Tiempo. Entrar en el periódico progresista La Tribuna, fue decisivo para su actividad posterior.

En 1920, cumplidos ya los 32 años, se matricula como alumna de bachillerato en el Instituto Cisneros de Madrid, terminándolo en dos años, y a continuación en la Facultad de Derecho, concluyendo la carrera en otros dos. En 1924 obtiene su ingreso en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y meses después solicita su ingreso en el Colegio de Abogados, haciendo constar que desea ejercer su carrera, cosa que hace desde 1925. Asumió la defensa de los implicados en el levantamiento de Jaca.

Durante lo años que transcurren desde el comienzo de sus actividades como abogada y el final de la Dictadura primoriverista, Clara se dedica por entero a su profesión, rechazando su nombramiento para la Junta del Ateneo, lo que le obligó a pedir la excedencia en su cargo de Instrucción Pública. Entre 1928 y 1929 fue delegada del Tribunal de Menores.

Hasta 1930 desarrolló una intensa actividad en la Academia de Jurisprudencia. En 1925 fue nombrada Secretaria de la Sección Cuarta, formó parte de la Comisión de Trabajos Prácticos y de la de Publicaciones. El 30 de marzo de 1928 recibió el nombramiento de Académico Profesor. Paralelamente pronuncia conferencias y lleva a cabo numerosas intervenciones en las sesiones de trabajo que programa la Academia.

Aunque interviene en los temas más dispares, de manera especial le atraen los referentes a la situación jurídica de la mujer española. Su ideal se situaba en alcanzar en la ley la total equiparación de los sexos, sin que ninguno goce de un trato preferencial sobre el otro, ni siquiera cuando la beneficiada sea la mujer.

En 1929, tras la caída del Dictador, el anuncio de la vuelta a la normalidad constitucional había convertido al Colegio de Abogados de Madrid, al Ateneo y a la Academia, en centros de acción revolucionaria. Ese mismo año forma, con Matilde Huici, el Comité organizador de la Agrupación Liberal Socialista, la corta vida de este grupo, la llevó a enrolarse en las filas de Acción Republicana, pero, cuando se transformó en partido, Clara salió de él para afiliarse al Partido Radical, en cuya representación formó parte de la candidatura republicano-socialista, en 1931, para las Cortes Constituyentes, saliendo elegida diputada por Madrid.

Formó parte de la Comisión Constitucional, de 21 diputados, y peleó eficazmente por establecer la no discriminación por razón de sexo, la igualdad legal de los hijos habidos dentro y fuera del matrimonio, el divorcio y el sufragio universal. Todo lo consiguió menos el voto, que tuvo que debatirse en el Parlamento.

Intervino en el debate de varios artículos, sobre todo cuando éstos hacían referencia a la mujer. Destacan sus intervenciones en el artículo 36, siendo la única que defiende la concesión del sufragio femenino sin ningún tipo de limitaciones, pese a la posibilidad que existía de que el voto femenino se inclinase a favor de los partidos de derechas. Esta fue la causa del enfrentamiento dialéctico que mantuvo con Victoria Kent, partidaria de reconocer a la mujer su derecho electoral, pero con ciertas limitaciones prácticas. La Cámara dio su apoyo a "la Campoamor".

Aún tuvo tiempo para llevar a cabo otras actividades durante el bienio 1931-33. Fue delegada de España ante la Sociedad de Naciones y fundó la Unión Republicana Feminista, para trabajar por el voto femenino.

A pesar de toda esta actividad desarrollada dentro y fuera de la Cámara, no logra renovar su acta de diputada en las elecciones de 1933, además de sufrir las críticas de la prensa de izquierdas, que la acusa de ser culpable de la victoria de la derecha por su empeño en dar el voto a la mujer. A estos ataques contestó con una carta publicada en El Heraldo de Madrid, el 26 de noviembre, en la que analizando los resultados electorales de varias ciudades, llega a la conclusión de que la causa de la victoria electoral conservadora se debe a la escisión que se produce dentro del bloque republicano y en la falta de eficacia del gobierno en algunos aspectos, como la Ley Agraria, el caso de Casas Viejas, etc.

En diciembre de 1933 es nombrada Directora General de Beneficiencia, cargo del que dimite al año siguiente por discrepancia con el ministro. Por estas fechas tuvo lugar la rebelión de Asturias y Clara marchó a Oviedo con el fin de socorrer a los niños de los mineros muertos o encarcelados. La dura represión la lleva a salir del Partido Radical y es nombrada entonces presidenta de la Organización Pro Infancia Obrera, dedicada a atender y a colocar a los niños asturianos, víctimas inocentes de la crisis de octubre.

Presentó su solicitud de ingreso en Izquierda Republicana, que le fue denegada, lo que para ella fue un duro golpe, además deja también la Unión Republicana Femenina, con lo cual no puede presentarse a las Cortes.

Escribió entonces su obra: Mi pecado mortal. El voto femenino y yo, como medio de justificar sus actuaciones. También publicó El derecho femenino en España.

Cuando estalló la Guerra Civil en 1936, emigró a Francia, publicando en París en 1937 La revolución española vista por una republicana, en francés y nunca editado en español. Vivió en Buenos Aires dedicada a la literatura, escribiendo obras como Sor Juana Inés de la Cruz y Obra de Quevedo, editadas ambas en 1945. Anteriormente, en 1938, había aparecido La situación jurídica de la mujer española.

En 1947, 1951 y 1955 intentó regresar a España, pero la acusación de francmasonería impidió su asiento definitivo. Se fue a vivir a Lausanne (Suiza), donde murió el 30 de abril de 1972

Victoria Kent Siano

Victoria Kent Siano

BIOGRAFIA
Victoria Kent Siano nació en Málaga, en el año 1892 (aunque la fecha de su nacimiento está sujeta a cierta controversia, por hallarse datada de distinta manera según las fuentes: 1892?, 1897? 1898?); hija de Don José O’Kent Román, comerciante de ascendencia inglesa asentado en esta ciudad. Nació en el seno de una familia de clase media y talante liberal y democrático.

En Málaga, ciudad que había sido durante el siglo XIX cuna de muchos movimiento liberales y de gran tradición revolucionaria, vivió su infancia y primera juventud, hasta que cursados los estudios de grado medio que la capacitaban para ejercer de Maestra de primeras letras, se trasladó a Madrid en 1917, para seguir los estudios universitarios.

Sabemos que al llegar a Madrid con 19 años, se instala en la Residencia de Estudiantes para Señoritas, que vinculada a la Institución Libre de Enseñanza había sido fundada por la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas en 1915, Residencia que dirigía María de Maeztu. Ello nos muestra que Victoria Kent estaba bien informada, desde Málaga, de los movimientos intelectuales de la época y que había elegido para sí el más avanzado y libre.

Se doctoró en derecho por la Universidad Complutense de Madrid en el año 1924, solicitando su ingreso en el Colegio de Abogados de la Villa y Corte en diciembre del mismo año. Ella fue la primera mujer en ostentar este título, seguida de Clara Campoamor, que ingresó también en el Colegio de Madrid el 2 de febrero del año 1925.

Kent inicia su andadura profesional en plena Dictadura del General Primo de Rivera (1923-1930). Además del ejercicio de la profesión, sin duda desarrolló otras actividades, pues muchos hablan de su conocida labor social y de sus actividades como conferenciante sobre asuntos jurídicos.

Pero la intervención más destacada dentro de su profesión, la que le proporcionó fama, fue la defensa del político Álvaro de Albornoz, que estaba encausado por haber participado en la rebelión republicana de diciembre de 1930. El ser la primera vez que una mujer actuaba ante un Consejo de Guerra, y el haber obtenido la absolución para su defendido, la rodeó de un enorme prestigio.

Este prestigio, su compromiso social y su talante republicano y democrático, además de su militancia en el Partido Radical Socialista, la empujaron a la arena política en cuanto fue proclamada la República (14 de abril de 1931).

Ella misma nos cuenta cómo el Presidente de la República, Don Niceto Alcalá Zamora, la llamó por teléfono para decirle: "Victoria, quiere usted prestarnos su colaboración? Sin vacilar un momento le respondí: Con entusiasmo y toda mi voluntad, estoy a sus órdenes. Deseamos asignarle el puesto de Directora General de Prisiones. No tengo que decir que en el acto, con emoción, acepté el requerimiento del Presidente. Ningún otro cargo podía complacerme más. Lo acepté con la plena convicción de las dificultades que llevaba aparejado semejante cargo y principalmente por estimar que la reforma del Reglamento Penitenciario de España era uno de los grandes problemas que se debían acometer".

Este compromiso la mantuvo en el cargo de Directora General de Prisiones, dependiente del Ministerio de Justicia, los siguientes catorce meses.

Su faceta política se completa en este momento con su elección como diputada por Madrid en las elecciones a Cortes Constituyentes de junio de 1931, en la lista del Partido Radical Socialista. Obtuvo un total de 48.806 votos. La importancia de este hecho reside en que sólo otras dos mujeres, Margarita Nelken y Clara Campoamor, obtuvieron acta de diputadas en unas Cortes dominadas abrumadoramente por hombres. Habían sido unas elecciones en las que las mujeres españolas no tuvieron derecho al voto, aunque sí podían ser elegidas, bajo ciertos requisitos, para diputadas. Así estaban las cosas entonces.

Durante el primer año de la República, Victoria Kent desarrolló una actividad febril. Desempeñó de forma apasionada el cargo de Directora General de Prisiones, que no sólo consistía en llevar a cabo la reforma del régimen penitenciario español, sino también en atender cargos, como la Vocalía del Patronato de Protección de la Mujer, la del Comité Nacional de Mujeres Antifascistas, la asistencia a congresos internacionales, representando a España, etc.

Paralelamente desarrollaba su actividad política de diputada en Cortes, cargo que prometió el 27 de junio de 1931. Su participación en los debates parlamentarios no fue muy intensa, dado lo absorbente de su trabajo en el gobierno, pero sí muy controvertida. La postura que adoptó ante la concesión del derecho al voto a la mujer, al oponerse a que este derecho figurase dentro de la nueva Constitución republicana que se estaba elaborando, levantó una agria polémica. Ella era partidaria del aplazamiento, quizás porque su partido así lo defendía. Digamos que por disciplina defendió esta tesis tan contraria a los anhelos de emancipación que ella misma representaba.

En las siguientes elecciones, en las que ya pudieron votar las mujeres españolas, celebradas en 1933, la victoria de los partidos de la derecha imprimió un cambio radical a la política de reformas desarrollada por los primeros gobiernos de la República, de tendencia centro-izquierdista. Tanto Victoria Kent como Clara Campoamor quedaron sin escaño en el Congreso de los Diputados.

Victoria seguirá desarrollando su labor como penalista y abogada hasta que, en febrero de 1936, unas nuevas elecciones, que dieron el triunfo a las candidaturas de izquierda agrupadas en el Frente Popular, volvió a obtener escaño en el Congreso de los Diputados, por la provincia de Jaén.

Pero esta nueva singladura política y parlamentaria quedará truncada por la sublevación militar iniciada el 18 de julio de 1936 contra el gobierno de la República, que pronto derivará, ante su fracaso inicial, en una cruenta Guerra Civil (1936-1939), que habría de torcer definitivamente la vida de Victoria Kent y la trayectoria democrática y modernizadora de España.

En 1937, en plena guerra civil, el gobierno de la República la envía a París, como Secretaria de la embajada de nuestro país en Francia. Allí desarrollará durante cuatro años una inmensa labor: acoger a los niños y niñas españolas que abandonaban el país a medida que los ejércitos sublevados ocupaban el territorio, y alojarlos en campos de refugiados. No huyó de Francia, como podría haber hecho, cuando todavía era posible. En 1940, en plena Segunda Guerra Mundial (1939-1945), los ejércitos alemanes ocuparon Francia y Victoria Kent tuvo que pasar a la clandestinidad, perseguida por la policía política de los nazis (la Gestapo), que la tenían en la lista negra entregada por la policía franquista al gobierno colaboracionista de Vichy (la nueva capital de la Francia ocupada).

Liberado París en 1945 y acabada la guerra mundial, corrió la suerte de cientos de miles de españoles: el exilio. Viajó hasta México, donde será cálidamente acogida, como tantos otros, por el gobierno mexicano. Allí continuó su tarea como penalista durante dos años.

En 1949 la ONU le ofreció desempeñar un puesto en la sección de Defensa Social, que estaba relacionado con el estudio de cárceles de mujeres. Lo acepta, y en 1950 traslada su residencia a Nueva York. Pasados dos años abandona el cargo de la ONU, pero ya nunca abandonará Nueva York, ciudad en la que residirá hasta su muerte.

En esta ciudad se desenvuelve la última etapa de su vida. Con la ayuda de amigos norteamericanos, y fiel a sus ideales republicanos y demócratas, fundará una revista, Ibérica, que se convertirá en el medio más eficaz, que ella pudo encontrar, para luchar por el derrocamiento de la dictadura franquista y el restablecimiento de las libertades y la democracia en España. Con esa esperanza vivió el resto de su vida.

Cuando en 1975 muere Franco y se inicia la transición democrática en España, la revista deja de editarse. Había durado 21 años.

En 1977 Victoria Kent regresa, por primera vez desde 1937, a España. Habían transcurrido 40 años de exilio, cuarenta años de desarraigo que son la memoria viva de la tragedia que fue para nuestro país la guerra civil y la dictadura franquista.

Se sintió feliz por el restablecimiento de la democracia, pero volvió a los Estados Unidos, a la tierra que la había acogido, a los amigos que la habían ayudado, para morir el 25 de septiembre de 1987, a los 89 años de edad.

La primera abogada que ejerció en España
Tras finalizar sus estudios de Magisterio en Málaga se trasladará a Madrid, en 1917, y se instalará en la Residencia de Señoritas, que era la rama femenina de la Residencia de Estudiantes, idea altamente querida para los seguidores de la Institución Libre de Enseñanza, que intentaron hacer de ella un verdadero núcleo intelectual y cultural, que irradiara las más novedosas ideas europeas por el Madrid de la época. Victoria se dedicó de lleno a sus estudios jurídicos, rechazando con suavidad aquellas propuestas de trabajo vinculadas a labores pedagógicas. Se doctoró por la Universidad Complutense en 1924 y entre sus maestros más destacados figuran Don Luís Jiménez de Asúa (que luego sería Ministro de Justicia durante la República) y Don Felipe Sánchez Román. Continuando la lógica profesional presenta su solicitud de ingreso en el Colegio de Abogados el 23 de diciembre de 1924. La abogada Kent inicia su andadura profesional en Madrid en plena Dictadura del general Primo de Rivera (1923-1930). La supresión de la Constitución y la falta de libertades civiles determinan la vida política española y enmarcan la vida profesional de Victoria Kent. Para entonces era sobradamente conocida su reputación como persona de talante liberal y demócrata, de avanzadas ideas republicanas y socialistas.


Su salto a la fama, el que la sitúa en el primer plano de la actualidad política de la época, va a ser su defensa, ante el Tribunal de Guerra y Marina, de Don Álvaro de Albornoz, por su implicación en la intentona revolucionaria del 15 de diciembre de 1930. Este intento de implantar la República por medios militares y violentos fue producto de la importante desorganización y apasionamiento que reinaban en las filas republicanas. La caída de la Dictadura y la dimisión de Primo de Rivera habían provocado un verdadero "torbellino de pasiones" entre las filas de los demócratas y, muy especialmente, de los republicanos. Los capitanes Galán y García Hernández se sublevaron en Jaca, mientras el resto del movimiento quedaba paralizado por imprevisiones finales. La abogada Kent fue la primera mujer que tomaba parte como defensora en un Consejo de Guerra y su actuación fue notable y brillante, obteniendo la absolución de su defendido y granjeándole una gran popularidad en toda España.

Una de las tres primeras diputadas en las Cortes Españolas, junto con Clara Campoamor y Margarita Nelken.
El final de la Dictadura de Primo de Rivera (1930) y la dictablanda iniciada por el General Berenguer en los siguientes meses hicieron posible un cierto restablecimiento del clima de libertad que se había vivido en España hasta 1923. Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 dieron el triunfo a las candidaturas republicanas en casi todas las ciudades españolas y principales capitales de provincias; este hecho, y la identificación que el Rey Alfonso XIII había tenido con la dictadura, provocaron el final de la Monarquía. Alfonso XIII marchará al exilio, y el 14 de abril de 1931, en una ambiente de júbilo y en paz, se proclamó la República.

El cambio de régimen hizo necesaria la convocatoria de una Asamblea Constituyente que diera a España una nueva Constitución acorde con la forma de Estado republicana y con los anhelos de libertad, democracia y justicia social que se respiraban por todas partes.


Victoria Kent fue presentada y elegida diputada por Madrid en estas elecciones a Cortes Constituyentes, celebradas en junio de 1931, en las candidaturas del Partido Radical socialista, del cual formaba parte. (Paradójicamente las mujeres españolas podían ser elegibles pero no electoras para las Cortes Constituyentes. Y este era uno de los problemas o retos que las Cortes tenían que resolver).

Los principales impulsores del Partido Radical Socialista fueron Marcelino Domingo y Álvaro de Albornoz; ideológicamente se situaba a la izquierda. En estas elecciones consiguieron 89 diputados.

Victoria K. Obtuvo un total de 49.806 votos.

Sus intervenciones en estas Cortes no fueron muy numerosas, debido a su ocupación en la Dirección General de Prisiones, ni muy intensas. Tampoco formó parte de ninguna comisión constituyente. Sus escasas intervenciones en los debates constitucionales fueron: en la redacción del artículo que establecía la igualdad de sexos; el 29 de septiembre, cuando se habló del régimen de prisiones; el 1 de octubre, en el debate sobre la concesión del voto a la mujer; la cuestión de las actas de Badajoz; la incompatibilidad del cargo de concejal con el de diputado; la ampliación de la amnistía; la responsabilidad judicial y, por último, en la aprobación de los presupuestos de 1933.

Tampoco fue muy intensa su labor en la Academia de Jurisprudencia, donde ingresó recién proclamada la República.

Su labor al frente de la dirección General de Prisiones es lo que realmente consumió su tiempo y energías en estos primeros momentos. Su sentido de la justicia y su fe democrática le hizo esforzarse con entusiasmo y decisión en mejorar la vida de los presos, inspirándose para ello en los ideales humanistas de grandes penalistas, entre ellos la española Concepción Arenal, cuya tarea en el siglo anterior había quedado interrumpida.

Si Victoria K. Se hizo célebre como Directora General de Prisiones (su nombre aparecía en un chotis de la época), no lo fue menos como diputada en Cortes, por la singular postura que adoptó ante la concesión del voto a la mujer, al oponerse a que este derecho figurase dentro de la nueva Constitución republicana que se estaba elaborando. Ella pedía el aplazamiento de este derecho.

¿Por qué actuó así Victoria K.? ¿Fue por criterio propio o por disciplina de partido?

Cuando la entrevistó Josefina Carabias, con motivo de su nombramiento como Directora General de Prisiones, a la pregunta: "¿Contenta, Victoria?", contestó: "Sí, mucho. Pero más que por mí, por lo que esto representa para todas las mujeres españolas. ¡Hemos vivido en un atraso tan lamentable! Afortunadamente ya se ha roto el hielo. Las mujeres hemos trabajado por la República y esté usted segura de que la República no ha de negarnos ni uno sólo de los derechos que ya han conquistado las mujeres de otros países".

Eso fue el 25 de abril de 1931, y el debate sobre el voto en la Cámara, el 1 de octubre. ¿Había cambiado Victoria de forma de pensar en tan corto espacio de tiempo? Está claro que si su partido, el Radical Socialista, hubiese enarbolado la bandera del voto a la mujer, ella lo hubiese defendido con gusto, y hasta con pasión, por considerarlo consecuente con sus principios y los principios de la nueva Constitución que se estaba fraguando, pero en ella no estaba viva la veta feminista, como lo estaba en Clara Campoamor,y se plegó fácilmente a la consigna de su partido, pareciéndole razonable anteponer la posibilidad de un riesgo para la República, al derecho inalienable de votar que todo ciudadano tiene, aunque sea mujer.

Una decisión como esta debió de ser angustiosa, en la medida en que no tenía retorno. Sus palabras de autojustificación ante la Cámara lo revelan: "Es significativo que una mujer como yo…se levante en la tarde de hoy a decir a la Cámara sencillamente, que creo que el voto femenino debe aplazarse…Lo dice una mujer que en el momento crítico de decirlo renuncia a un ideal".

Es cierto que las palabras de Victoria K. Levantaron polvareda; la levantaron por ser mujer y por enarbolar la bandera del voto otra mujer, pero la oposición feroz estaba en una legión de hombres, de ilustres nombres masculinos a los que ella sucumbió. Fueron 121 hombres que votaron en contra en la primera votación, es decir, 120 porque el voto de Victoria era femenino.

Es preciso señalar que cuando los ecos de la lucha feminista llegaron a España, ya no eran tan novedosos. En el mundo occidental, incluso en una parte de ese mundo, las mujeres ya habían conseguido su objetivo principal: el voto. Los únicos países europeos que concedieron a la mujer igualdad de derechos con respecto al voto antes de la Primera Guerra Mundial, fueron Finlandia (1906) y Noruega (1913).

Cuando las mujeres españolas comenzaron a organizarse en grupos feministas, las feministas de otros países ya habían conseguido muchos de sus objetivos. Quizás una de las razones del fracaso del movimiento feminista español de esos años hay que buscarla en la lucha política de entonces; debido al tardío proceso de transición de un régimen liberal a uno democrático. Teniendo esto en cuenta, Victoria K. defendía que la concesión del voto a la mujer significaría un retroceso político en la vida española, un triunfo importante de las derechas, a las que mayoritariamente ofrecerían su voto las mujeres al estar en una situación tan poco emancipada y tan dependiente de la Iglesia Católica. Puede haber muchos prejuicios en estas afirmaciones, pero no carecían de fundamento en la realidad sociológica de la España de los años treinta.

A pesar de su oposición, el voto femenino salió adelante, y en la Constitución de 1931 el artículo que lo reconocía quedó así: "Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de 23 años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes".

El debate había estado marcado por una doble consideración: desde el punto de vista ideológico negar el voto a la mujer era inadmisible y antidemocrático; pero desde el punto de vista político estaban los que querían dar el voto a las mujeres como norma (los socialistas del PSOE), y los diputados de la derecha, que pensaban que las mujeres votarían por ellos (como sospechaba Victoria K.). Enfrente se encontraban los que lo consideraban inoportuno desde el punto de vista de la estrategia política (el Partido Radical Socialista, Acción Republicana, los Radicales, partido al que pertenecía Clara Campoamor, y que le retiró su confianza tras el debate sobre la concesión del voto). El diputado Álvarez Buylla, que presentó una enmienda a la totalidad del proyecto que recogía ese derecho, consideraba el voto femenino como "un elemento peligrosísimo para la República, porque la mujer española, como política, es retardataria, es retrógrada; todavía no se ha separado de la influencia de la sacristía y del confesionario". Clara Campoamor le contestará "que había olvidado el principio democrático que aquí estamos obligados a implantar sin distinciones aristocráticas de ninguna clase", y "el hecho eterno de que cada hombre define a la mujer a su manera…y es preciso dejarla que se manifieste para que por sus hechos se la pueda juzgar".

Otro diputado, Ossorio y Gallardo, decía: "Poneos de acuerdo, señores,…pero no condicionéis su voto con la esperanza de que os vote a vosotros…Dejad que la mujer se manifieste como es, para conocerla y para juzgarla; respetad su derecho como ser humano…".

Para concluir, oigamos a Clara Campoamor: "…Los sexos son iguales, lo son por naturaleza, por derecho y por intelecto; pero además lo son porque ayer lo declarásteis…".

Es evidente que nada puede reprocharse a tales argumentos desde la perspectiva de la igualdad, sería hipócrita. Pero no podemos resistirnos a contextualizar, de nuevo, la posición de Victoria K. en este duro debate. Oigamos algunas de las palabras que pronunció en la Cámara el 1 de octubre:

"En este momento vamos a dar o negar el voto a más de la mitad de los individuos españoles y es preciso que las personas que sienten el fervor republicano, el fervor democrático y liberal republicano, nos levantemos aquí para decir: es necesario aplazar el voto femenino. Y es necesario, Sres. Diputados, aplazar el voto femenino, porque yo necesitaría ver, para variar de criterio, a las madres en la calle pidiendo escuelas para sus hijos; yo necesitaría haber visto en la calle a las madres prohibiendo que sus hijos fueron a (la guerra de ) Marruecos; yo necesitaría ver a las mujeres españolas unidas todas pidiendo lo que es indispensable para la salud y la cultura de sus hijos. Por esto, Sres. Diputados, por creer que con ello sirvo a la República (…), como me he comprometido a servirla mientras viva, por este estado de conciencia es por lo que me levanto esta tarde a pedir a la Cámara que despierte la conciencia republicana, que avive la fe liberal y democrática y que aplace el voto para la mujer. (…) Son necesarios algunos años de convivencia con la República; que vean las mujeres que la República ha traído a España lo que no trajo la Monarquía; esas veinte mil escuelas de que nos hablaba esta mañana el Ministro de Instrucción Pública, esos laboratorios, esas Universidades Populares, esos Centros de Cultura donde la mujer pueda depositar a sus hijos para hacerlos verdaderos ciudadanos. (…) Cuando la mujer española se dé cuenta de que sólo en la República están garantizados los derechos de ciudadanía de sus hijos, de que sólo la República ha traído el pan que la Monarquía no les había dejado, entonces, Sres. Diputados, la mujer será la más ferviente (…) defensora de la República. (…) Por eso creo que es necesario aplazar el voto de la mujer".



Sometido a votación el artículo 34 (luego 36 de la Constitución), fue aprobado por 161 votos contra 121. Por 40 votos de diferencia, el sufragio femenino quedaba garantizado.

Aparte de esta actuación de Victoria K. en el debate sobre el voto femenino, presentó varias enmiendas, junto con otros diputados, a distintos artículos del Proyecto de Constitución; de las cuales vamos a transcribir tres, porque reflejan su forma de pensar en otros tantos asuntos clave.

Una es de 8 de septiembre de 1931, al artículo primero, que dice:

"España es una República de trabajadores, liberal en el principio, democrática en el fundamento y social en la orientación. El poder civil, único que existe, procede del pueblo. Toda autoridad y jerarquía social le está subordinada."

"Son los fines del Estado: velar por la integridad del territorio y por la independencia de la sociedad española, garantizando la libertad y los derechos de los ciudadanos, conservar el orden público y dirigir el progreso moral, intelectual y económico del país."

Esta enmienda, que define la política del país, marca su postura doctrinal y sintetiza los compromisos a cumplir, no fue recogida en el artículo primero de la Constitución más que en sus primeras palabras. El resto quedó diluido en declaraciones, y lo más particular, que es lo del "poder civil único" no se introdujo.

Otra enmienda de las presentadas fue sobre la familia. Lleva fecha de 29 de septiembre de 1931, y dice así:

"La familia está bajo la salvaguarda especial del Estado. El matrimonio se funda en la igualdad de derechos de ambos sexos y podrá disolverse por mutuo disenso a solicitud de la mujer o del marido, con alegaciones de justa causa." (…) "El Estado se obliga a proteger y asistir de la manera más amplia, a la infancia y a la maternidad, y a proteger, asimismo, a la juventud contra la explotación, contra el abandono moral, intelectual o físico".

Esta enmienda de Victoria k. prácticamente quedó recogida en su totalidad en el artículo 43 de la Constitución.

No ocurrió así con la enmienda presentada sobre la remuneración del trabajo de la mujer. Tiene fecha también de 29 de septiembre de 1931, y dice:

"Ante la igualdad en el trabajo, no habrá desigualdad alguna de remuneración entre el sexo femenino y el masculino."

La Constitución dice, en su artículo 46, que se regulará el trabajo de las mujeres, pero no garantiza ninguna igualdad.

Dentro de su actividad política también merece citarse su actuación ante la Cámara en defensa de Margarita Nelken, la otra de las tres mujeres que habían obtenido escaño en las Cortes Constituyentes. "Nada más; las que merecieron la graciosa condescendencia masculina" (según palabras de Clara Campoamor), pero Nelken no pudo prometer el cargo por problemas de nacionalidad. Nacida en España de padres alemanes, se consideraba tan española, que se había olvidado optar por esta nacionalidad al alcanzar la mayoría de edad.

Victoria K. la defendió frente a la protesta que contra ella había formulado el diputado Diego Hidalgo. Basó su defensa en que Margarita Nelken, además de haber actuado siempre como española, hasta el extremo de haber sido la primera mujer que fundó en España una Casa de Niños para recoger a los que eran pobres y estaban en la vía pública, había ocupado un cargo oficial en el Consejo de Instrucción Pública, representando a España como tal, usaba pasaporte español y ahora había aceptado el cargo de diputada. Y si este caso no estaba previsto por la legislación española, por el contrario sí lo estaba la pérdida de nacionalidad española por el español que ocupase cargos oficiales en un gobierno extranjero. El acta de Margarita Nelken fue admitida con la condición de que al hacer la promesa del cargo de diputada, solicitase el reconocimiento de su nacionalidad española.

¿Fue Victoria Kent feminista?
Sería fácil responder a esta pregunta con un "No"; pero sería demasiado rotundo y simplificador. Es cierto que la propia Victoria Kent no gustaba llamarse a sí misma "feminista", como otras muchas mujeres intelectuales de su época, que rompían moldes pero no aceptaban de buen grado que se les llamase feministas, quizás porque el término conllevaba una carga despectiva que ellas no estaban dispuestas a asumir. Ella decía: "No seamos feministas conscientes de nuestra capacidad y de nuestros derechos, que la justicia ampara nuestros deberes". Ella pensaba que una mujer nunca podría ser capitán de buque, ni piloto aviador con mando en líneas de importancia, ni bombero, por su menor capacidad física. Es evidente que una feminista radical nunca haría tales afirmaciones, sobre todo en los tiempos actuales. Pero la España de los años treinta era diferente, y eran otros los problemas que urgían una solución por parte de la sociedad española, destacando entre ellos, por supuesto, la necesaria emancipación de la mujer y la conquista de la igualdad civil sin discriminaciones de género. Pero este era un problema entre otros muchos de igual calibre.

También es cierto que su actividad política pone de relieve su concepción "poco feminista" del papel que la mujer podía jugar en la sociedad de su tiempo. Ella pensaba que "el hogar, base de nuestra sociedad europea, de toda sociedad democrática, es el patrimonio de la mujer". Cualquiera que hoy hiciera tales afirmaciones sería tachado de retrógrado y machista, y con razón!. Pero es necesario hacer algunas matizaciones que suavicen este semblante, que nos acerquen a la complejidad del pensamiento político y social de Victoria Kent, tan determinado por la época que le tocó vivir.

En la Segunda República el abismo que existía entre el ordenamiento jurídico y la realidad social creció y se hizo más patente por las ansias de modernización que existían en toda la sociedad española. Y esto se puso de manifiesto en una cuestión tan palpitante como la concesión del derecho al voto a la mujer. Dos de las tres mujeres que ocupaban escaños en el Congreso se enfrentaron por dicho motivo. Victoria Kent propuso que dicho derecho fuera aplazado por razones de utilitarismo político; la mujer, según ella, aún no estaba preparada para ejercer de forma consciente y libre este derecho; antes debía ser instruida. La instrucción sería la base de su emancipación. ¿Fue una posición personal o fue la posición del Partido político al que pertenecía, y que hubo de defender en los debates constitucionales?…no es fácil dar una respuesta. Clara Campoamor, por el contrario, mantuvo el principio teórico de la igualdad y llevó el peso de los debates casi en solitario, con la oposición de su propio partido, el Radical, y de la mayor parte de los republicanos. Eran muchos los que se oponían a la concesión del voto femenino: los partidos de la derecha tradicionalista y católica con argumentos biologistas y claramente machistas; los partidos republicanos desde posiciones utilitaristas, por considerar que las mujeres, demasiado influenciadas por sus curas confesores, acabarían votando a los partidos políticos de derechas, lo que no beneficiaría a la República, según su modo de ver las cosas entonces. Al final el asunto se resolvió con una apretada victoria de los partidarios del "voto femenino" frente a los que se oponían, por lo que la Constitución que las Cortes republicanas aprobaron reconocieron la plena igualdad jurídica y política entre hombres y mujeres. Pero la realidad presentaba otras aristas, estaba muy lejos la igualdad en la vida cotidiana (todavía hoy sucede algo parecido, aunque se han reducido las desigualdades reales…)

Pero esta polémica sufragista desarrollada en 1931 puede ser planteada desde otra perspectiva. En principio, el contraste entre las realidades femeninas (mujeres burguesas, mujeres de clase media, mujeres proletarias, donde se combinan las identidades de clase social y de género) y el mundo de intereses creados en la esfera pública, monopolizada por los hombres, es evidente.

Si en el Parlamento se discutía sobre lo divino y lo humano del voto femenino, había cuestiones mucho más agobiantes a ras de tierra, cuestiones que tenían que ver con la mera supervivencia. A ras de tierra la polémica sobre el sufragio femenino parecía suceder en otro planeta, en un escenario artificial donde se representaba un drama en el que participaba la burguesía, pero que se producía de espaldas a la realidad cotidiana de explotación y lucha por la vida en que transcurría la existencia de tantas familias y mujeres españolas de clase obrera o campesina. El contraste entre la incipiente legislación republicana sobre la mujer y la realidad era demasiado grande. El testimonio de una antigua trabajadora malagueña en las faenas de la almendra resulta significativo. No le llegó ninguna información sobre la posibilidad de votar y nunca votó. Su vida y las de sus compañeras transcurría de espaldas a la política en cualquiera de sus manifestaciones, salvo cuando sentían sobre ellas o sus familias el peso de la represión. Como contrapunto, existía una gran solidaridad entre las trabajadoras; esa solidaridad abarcaba determinados aspectos de la vida familiar, por ejemplo el cuidado de los hijos y de la casa, y la recíproca protección ante los malos tratos de los maridos. La miseria, la necesidad de sobrevivir impidieron a muchas mujeres ir más allá y plantearse soluciones políticas. Estaban demasiado atareadas en sobrevivir. La política no sólo era cosa de hombres; era, además, un asunto de las clases altas.

Con este telón de fondo, la posición aparentemente "antifeminista" de Victoria Kent se desvanece. Su compromiso político y social con los más desfavorecidos de la sociedad española demuestra claramente su voluntad transformadora. Puede verse su obra como Directora General de Prisiones en el primer gobierno republicano.

Pero es que, además, el feminismo español de los años treinta, en tanto que movimiento asociativo organizado quedó relegado por la aguda tensión social vivida en tiempos de la Segunda República; en tanto que fenómeno ideológico llegó domesticado por años de lucha en países extranjeros y en momentos de crisis, cuando Hollywood promocionaba arquetipos feminizadores y se imponía el culto a la "verdadera mujer"; en tanto que por su composición de clase, estaba condenado a ser tan débil como lo eran las clases medias y la propia revolución industrial en nuestro país.

El llamado "feminismo radical" tuvo que ser, en este contexto, forzosamente poco radical; su discurso entroncaba con el discurso igualatorio de raíz liberal-burguesa. Sus objetivos específicos, incluso la cuestión del voto, se vieron sacrificados por el bien de la España republicana; lo que se necesitaban eran mujeres instruidas e independientes al servicio de esa nueva España que debía ser modernizada. Anhelo compartido también por el "feminismo de izquierdas", impregnado de la concepción marxista que postulaba la igualdad una vez que se lograra eliminar la propiedad privada; de la concepción anarquista defendida por Federica Montseny, para la cual no existía un "problema femenino" sino un "problema humano". Sólo en este contexto ideológico, social y político cabe entender, y respetar porque ella así lo quiso, la aparente contradicción de una mujer que logró traspasar el camino que conducía del hogar a la esfera pública, alejándose del mito del eterno femenino y rompiendo, con su actitud valiente y comprometida, el modelo de mujer que por herencia cultural le correspondía asumir.

Directora General de Prisiones
Victoria Kent fue republicana, republicana convencida. "yo soy republicana de pura cepa, republicana de ayer, republicana de hoy y republicana de mañana", decía de sí misma. No obstante, no quería una República instaurada con violencia. Al volver a España en 1977 lo repitió : "Yo estaré con la decisión del pueblo". La instauración de la República o de la Monarquía por la fuerza lo consideraba un acto de traición. Lo importante estaba en la instauración de la democracia, garantía de las libertades.


Políticamente hablando fue mujer de partido. Perteneció al Partido Radical Socialista desde su fundación y por él presentó su candidatura a Diputada en Cortes los años 1931 y 1933. El Partido Radical Socialista se fusionó con acción Republicana el 2 de abril de 1934, tomando por nombre el de Izquierda Republicana. Ella formó parte de la Asamblea Constituyente de esta fusión, y su fidelidad, tanto antes como después de la misma, fue manifiesta.

Su vida y su obra son ejemplo vivo de entrega y fidelidad. Fidelidad a un ideal: el republicano; fidelidad a un partido: el Radical Socialista; fidelidad a una obra dentro de su profesión: la humanización de las cárceles; fidelidad a un imposible: el derrocamiento de la dictadura franquista y restauración de la República en España.



MEDIDAS Y DISPOSICIONES ADOPTADAS POR VICTORIA KENT PARA HUMANIZAR LA VIDA EN LAS CÁRCELES ESPAÑOLAS




Fue nombrada Directora General de Prisiones por Decreto de 18 de abril de 1931. Y dimitió de su cargo el 8 de junio de 1932. A lo largo de los catorce meses que permaneció en el puesto, desarrolló una ingente labor de reforma del sistema penitenciario que queda claramente reflejada en las siguientes disposiciones publicadas en la Gaceta Oficial (el equivalente al actual BOE):

Orden del 22 de abril de 1931, por la cual liberó a los recursos de la obligación que tenían de asistir a los actos religiosos católicos, y les permitió leer la prensa si no estaban incomunicados.

Orden del 12 de mayo de 1931, por la cual aumentó la ración alimenticia a los presos y dictó medidas de control que garantizasen su cumplimiento.

Orden del 13 de mayo de 1931, por la cual acuerda que se proceda con la mayor urgencia a retirar de las prisiones de toda clase, cuantas cadenas de las llamadas "blancas", "grillos y demás hierros" análogos existiesen en ellas.

Orden de 19 de mayo, por la cual prohibió a los funcionarios de prisiones ausentarse del lugar de su residencia oficial sin permiso especial.

Orden del 19 de mayo de 1931, por la cual se aclara cómo ha de aplicarse la libertad condicional.

Orden del 20 de mayo de 1931, por la cual ordena colocar en el patio central de cada prisión, o sitio de mucha circulación, un buzón de reclamaciones, cuya llave estaría bajo custodia del Inspector regional, de los Presidentes de Audiencia o de los Jueces de Instrucción, según el cual estos señores tenían la obligación de remitir cada quince días y bajo sobre cerrado las reclamaciones que se produjesen, directamente a la Dirección General de Prisiones.

Orden del 28 de mayo de 1931, por la cual acuerda que al acto de "extracción de los artículos del suministro y la entrega del pan" concurran uno o dos oficiales y un recluso.

Orden del 9 de junio de 1931, por la cual suprime las inspecciones regionales; la Inspección queda centralizada en la Dirección General, bajo cuya dependencia la ejercerá un Inspector General y cinco Inspectores Centrales.

Orden del 18 de junio de 1931, por la cual ordena que del Registro Central de Penados y Rebeldes desaparezcan las notas de condena de menores de 16 años, y fija en qué casos igual medida se aplicará a los mayores de dicha edad.

Orden del 13 de julio de 1931, por la cual autoriza a los funcionarios de prisiones a "mantener en prensa sus aspiraciones técnicas, administrativas, morales y económicas" como los demás ciudadanos; y a leer en horas de servicio nocturno, incluso de día, si el director considera que no perjudica la atención al preso. Por la misma orden se fija que la apertura y cierre de rastrillos y puertas de la prisión sea efectuada por presos de confianza, vigilados, y que el hecho conste en su expediente personal.

Orden del 24 de julio de 1931, por la cual se aprueban dos proyectos para la construcción de prisiones provinciales, una en Valladolid y otra en Santander.

Orden del 4 de agosto de 1931, por la cual disuelve al Personal de Capellanes de la Sección Facultativa del Cuerpo de Prisiones. No negó el culto a los reclusos, pero evitó el que siguiesen siendo presionados a pesar de la libertad (religiosa) establecida. Ahora serían atendidos por sacerdotes del lugar, cualquiera que fuese su religión.

Orden del 5 de agosto de 1931, por la cual regula los Economatos Administrativos de Prisiones Provinciales.

Orden del 6 de agosto de 1931, por la cual convoca concurso para proveer 40 plazas de guardianes de prisiones.

Orden del 19 de agosto de 1931, por la cual se autoriza revisar los jornales del presupuesto de obras de construcción de la prisión de Granada y la aprobación de un presupuesto adicional para que, dentro de las celdas proyectadas, los retretes quedasen aislados.

Orden del 22 de agosto de 1931, por la cual se convoca un concurso para la adquisición de 1.500 mantas de pura lana con destino a las prisiones.

Orden del 10 de septiembre de 1931, por la cual se aprueba el proyecto de construcción de una prisión provincial en Ciudad Real. Ese mismo día suprime 115 prisiones que no reunían las condiciones de habitabilidad exigidas.

Orden del 25 de septiembre de 1931, por la cual se extiende a todos los presos de las cárceles suprimidas, el derecho de ser trasladados por línea férrea, o por el medio más rápido y económico de que se disponga, pero nunca a pie.

Orden del 23 de octubre de 1931, por la cual se crea dentro del Cuerpo de Prisiones, la Sección Femenina Auxiliar. El 26 del mismo mes convoca concurso para la provisión de 34 plazas de dicha Sección Femenina.

Orden del 21 de noviembre de 1931, por la cual clausura la cárcel de Colmenar Viejo en tanto se repara o se construye otra.

Orden del 27 de noviembre de 1931, por la cual se aprueba el proyecto de construcción de una Prisión Provincial de Mujeres en Madrid con carácter urgente (hasta entonces las mujeres eran recluidas en conventos).

Orden del 30 de noviembre de 1931, por la cual se dispone el abono a los reclusos que queden en libertad de los gastos de viaje y de la ropa necesaria para salir de prisión, ello aunque tengan ahorros en su cartilla.

Orden del 10 de diciembre de 1931, por la cual se indulta a los penados que tengan más de 70 años.

Orden del 19 de diciembre de 1931, por la cual se anticipa la libertad condicional de los presos próximos a conseguirla, para que puedan pasar la Navidad fuera de la prisión.

Orden del 11 de enero de 1932, por la cual se condonan (perdonan) los correctivos que habían sido impuestos a funcionarios del Cuerpo de Prisiones.

Orden del 13 de enero de 1932, por la cual se declara que no pueden ser recusados los Inspectores en expedientes gubernativos.

Orden del 14 de marzo de 1932, por la cual anula todos los documentos de identidad para uso de armas, de que gozaban los funcionarios, tanto de la Dirección General como de Prisiones.

Orden del 22 de marzo de 1932, por la cual concede a todos los septuagenarios de buena conducta el derecho a pedir la libertad condicional.

Orden del 29 de marzo de 1932, por la cual se crea el trascendental Instituto de Estudios Penales, nombrándose Director del mismo al profesor Jiménez Asúa, que había colaborado en su estudio. La principal misión de este instituto era la formación del personal de prisiones que hubiese aprobado los exámenes de ingreso; allí cursaría estudios de materias especializadas: Penología, Sicopatología, Pedagogía Correccional, Derecho Penal, Procesal, y Criminal, Sistemas de Identificación Judicial, Administración y Contabilidad de Prisiones.



ANÁLISIS DE SU LABOR PENITENCIARIA



En esta corta, pero larga, y sobre todo, sustanciosa relación de disposiciones, se aprecia cómo quiso y comenzó a acometer la reforma de las prisiones con la nobleza, la sinceridad y el empuje de un toro, algo así como si temiese ver su labor truncada en cualquier momento, como si quisiese conseguirla en un tiempo récord, antes de que las "fuerzas del mal" se diesen cuenta y la imposibilitasen.

Para Victoria Kent las tres medidas que más sensación causaron de todas las que adoptó fueron: la recogida de cadenas y grilletes (esta medida borró para siempre la posibilidad de hacer chistes negros a costa de la figura del preso vestido a rayas y arrastrando tras de sí una gran bola de hierro), la supresión de 115 cárceles y los permisos de salida de los presos.

En cuanto a la primera medida, con el material requisado en las cárceles ordenó hacer un busto en hierro a Concepción Arenal (que ya había intentado reformar y modernizar el sistema penal español en el s. XIX).

En cuanto a la segunda medida, las cárceles suprimidas eran, en su mayoría, cárceles de partido, de pueblos pequeños, cuyos locales eran inmundos y, en muchas ocasiones, compartidos con escuelas, con casas particulares y con albergues de caballerías. Suprimió el penal de Chinchilla, en Albacete, instalado en el castillo, donde no había posibilidad de calentar sus habitaciones ni tenían agua corriente, argumentos que se vio obligada a alegar desde el balcón del Ayuntamiento de Chinchilla cuando los vecinos la recibieron con pancartas que decían: "queremos el penal".

En cuanto a la medida revolucionaria de conceder permisos de salida a los reclusos, permisos de ida y vuelta que nada tenían que ver con la libertad condicional, efectivamente causaron gran sensación y cierto terror, pero sin duda los casos eran escogidos con tanto cuidado y certeza, sujetos a la conducta del recluso y a sus circunstancias familiares, que "ni uno solo de los reclusos que disfrutó de este permiso dejó de presentarse en la prisión en la fecha que le fue fijada".



LA DIMISIÓN



Bruscamente, el 8 de junio de 1932, apareció en la Gaceta de Madrid (el BOE) la noticia de la dimisión de Victoria Kent.

Hasta entonces no había tenido dificultades para llevar a cabo su plan, habiendo recibido el apoyo político del que era Ministro de Justicia, Don Fernando de los Ríos. En esos momentos ocupaba el cargo un nuevo Ministro de Justicia, don Álvaro de Albornoz, precisamente al que ella había defendido durante la monarquía ante el Tribunal Supremo de Guerra y Marina, obteniendo su absolución, y que, además, pertenecía a su partido, el Radical Socialista.

La lógica nos lleva a pensar que el apoyo del nuevo Ministro de Justicia iba a ser, si cabe, mayor que el del anterior, pero no fue así; en lo que tal vez influyó el no estar familiarizado con la reforma. Dice Victoria Kent: "Mi propuesta asustó al Señor Albornoz, y la presentó al Consejo de Ministros. El Consejo la estimó audaz y no la aprobó, considerando que podía suscitar dificultades en varios sectores sociales...Albornoz me comunicó el criterio del gobierno y presenté mi dimisión. Sentarme en mi despacho a firmar órdenes y comunicaciones no favorecía la continuación de mis proyectos y, de otro lado, no podía aceptar de buen grado mi temperamento esta situación. No tengo noticias de que mis sucesores hayan introducido ninguna reforma apreciable".

El que era en ese momento Presidente del Gobierno, Manuel Azaña, tampoco se mostró demasiado sensible al proyecto de reforma penitenciaria desarrollado por Victoria Kent; lo consideraba demasiado humanitario. Oigamos lo que dejó escrito en sus memorias: "En el Consejo de Ministros hemos logrado por fin ejecutar a Victoria Kent, Directora General de Prisiones. Victoria es, generalmente, sencilla y agradable, y la única de las tres señoras parlamentarias simpática…Pero en su cargo de Directora General ha fracasado. Demasiado humanitaria, no ha tenido por compensación, dotes de mando. El estado de las prisiones alarmante. No hay disciplina. Los presos se fugan cuando quieren. Hace muchos días que estamos para convencer a su ministro Albornoz de que debe sustituirla. Albornoz, aterrado ante la idea de tener que tomar una resolución disgustosa para Victoria, se resistía. Pero la campaña de prensa contra la Kent ha continuado y está quedando muy mal. Sea como quiera, hoy se ha acordado la separación de la Kent y el nombramiento de Sol para sustituirla".

Las palabras no pueden ser más ligeras; como decía Concepción Arenal, cuando a ella la cesaron de Visitadora de Prisiones: "No quieren más que rutinas".

El exilio
Cuando estalló la guerra civil (1936), Victoria Kent fue destinada a la secretaría de la embajada española en París con una misión específica: alojar en colonias infantiles, conforme caían los frentes republicanos, a los niños y niñas que habían quedado sin familia y sin hogar.

Entre 1940 y 1944, Victoria Kent atravesó la época más difícil de su vida, como refleja en su libro "Cuatro años en París". Sola, rodeada de amigos, su intuición la ayudó a guiarse entre los hombres de la Gestapo (la policía política nazi), entre colaboracionistas con el régimen nazi de ocupación y delatores. Aprendió a desafiar la locura de vivir encerrada en la embajada de México; aprendió a vivir el riesgo de la libertad "sin papeles" en un apartamento del Bois de Boulogne. Victoria ya no es Victoria, ahora es "Plácido" (un seudónimo). Tiene que sobrevivir a cualquier precio, como un "perro callejero", según sus propias palabras.

Cuando París es liberado por los ejércitos aliados de la ocupación nazi, Victoria renace de nuevo. Su emocionado relato de la liberación de París no deja lugar a dudas:

"¿Y esos tanques? ¿Veo claro? ¿Son ellos? Sí, son ellos. Son los españoles. Veo la bandera tricolor; son los que atravesando el África, llegan hasta los Campos Elíseos. Los tanques llevan nombres que son una evocación "Guadalajara", "Teruel", y son los primeros desfilando por la gran avenida. París aplaude. París aplaude a los españoles curtidos en una lucha de nueve años, que sonríen hoy al pueblo liberado.

París aplaude a la España heroica de ayer, a la España libre, democrática y fuerte de mañana. Parece un sueño…Parece un sueño"

Liberado París, Victoria Kent sigue la suerte de todos los españoles (en torno a medio millón) que abandonaron España después de la guerra civil: el exilio. Largo tiempo vivieron en la esperanza de que la dictadura del general Franco caería de un momento a otro; en la esperanza de que el caso de España fuese atendido internacionalmente y llevado a abocar en una democracia, con retorno del gobierno republicano que funcionaba en el exilio, pero ese milagro no se produjo nunca. Y Franco moriría en su cama, para desesperación de los que habían luchado en la clandestinidad contra la dictadura.

Victoria Kent, como tantos otros ya lo habían hecho, y ella había intentado hacerlo cuatro años antes, salió para México, país donde los exiliados españoles eran bien recibidos y tratado con alta consideración.

En este país permaneció dos años y en él pudo desarrollar lo que en España le había costado el cargo de Directora General de Prisiones, es decir, formar adecuadamente personal de prisiones. El gobierno de México le encargó fundar una Escuela de capacitación para dicho personal. Fue su directora durante los dos años que permaneció en aquel país. Al mismo tiempo, impartía conferencias en la Academia Mexicana de Ciencias Penales y dio clases de derecho penal en la Universidad.

Su especialidad en estas materias la lleva a colaborar en Argentina con Jiménez Asúa, su antiguo profesor, y luego colaborador cuando ella desempeñaba el cargo de Directora general en España.

En 1949 la ONU (Organización de las Naciones Unidas) le ofrece desempeñar un puesto en la Sección de Defensa Social, que estaba relacionado con el estudio de las cárceles de mujeres. Lo acepta, y en 1950 traslada su residencia a Nueva York. Parece ser que el desempeño de dicho cargo no respondió a sus expectativas, pues no le permitía iniciativa alguna; era puramente "burocrático". Pasados dos años abandona el cargo de la ONU, pero nunca abandonará Nueva York; allí se afinca para el resto de su vida.

Y allí, por pura ideología, sentimentalismo y amor a España, realiza otra de sus grandes obras: la publicación de la revista Ibérica.

Victoria Kent, fiel a su ideología republicana, lo fue también a un ideal que se antojaba imposible: conseguir el derrocamiento de la dictadura franquista y la restauración de la República en España.

La fundación de la revista Ibérica debió de ser el medio más eficaz que encontró para alcanzar este propósito. La revista nació, en 1953, "con el fin de informar al pueblo americano sobre la situación de España bajo la dictadura franquista." "Veníamos comprobando diariamente, dice, que la prensa americana guardaba silencio sobre España."

En una reunión celebrada posteriormente en casa de Luisa Crane, la amiga norteamericana que prestó a la revista "su decidido apoyo incondicional y su ayuda económica" reunión a la que asistieron "excelentes amigos americanos que ofrecieron también su ayuda a nuestro esfuerzo", Salvador de Madariaga propuso que la revista se editase en dos lenguas, inglés y español, para que los españoles supieran "lo que ocurría en su casa y advertir a los países de Iberoamérica del peligro de un contagio posible del régimen dictatorial que imperaba en la MADRE PATRIA".

En enero de 1954 aparece el primer número de Ibérica en español. El profesor Madariaga publica en él su primera colaboración: "Declaraciones", que contiene una razón y un ruego: "Ibérica se publica en este país de hombres libres para recordar a todos que la libertad es indivisible y que la tiranía es contagiosa; y como una prenda viviente de la esperanza de que el país de hombres libres no abandone al pueblo español en su lucha por la libertad".

En los primeros números aparece Victoria kent como editora, y a partir del nº 9 como directora. Eran presidentes de Honor, Salvador de Madariaga y Norman Thomas.

Para Ibérica nuestra frontera estaba cerrada, la falta de libertades públicas y la censura de prensa hacían imposible su circulación. Con razón Victoria Kent en 1982, cuando prologó el libro que recoge los artículos que Madariaga publicó en Ibérica, manifiesta: "nos es permitido decir que estos artículos pueden considerarse inéditos para el público español, ya que fueron pocos los que conocieron la revista y menos los que pudieron recibirla clandestinamente""

La revista tuvo una vida en español de 21 años; nacida para combatir el régimen franquista, al terminar la dictadura en 1975 se consideró innecesario su publicación.

EL FINAL

El día 25 de septiembre de 1987 Victoria Kent fallecía a los 89 años de edad. Vivía entonces en casa de su entrañable amiga Luisa Crane, muriendo en el Hospital de Lennox Hills, de Nueva York.

El exilio cambió la vida de esta destacada jurista española, pionera de las mujeres profesionales del Derecho, hasta el extremo de llegar encontrarse muy a gusto fuera de su país, y lo que es más paradójico, en la ciudad de los rascacielos.

Había escrito estando encerrada en su refugio parisino. "El exilio sigue siendo una fuente inagotable de sufrimientos…el hombre fuera de su patria es un árbol sin raíces y sin hojas: lucha por mantenerse firme sobre la tierra y nadie puede descansar bajo su sombra. Ovidio dijo: "en saliendo de su patria, ¿quién puede decir que sigue siendo el mismo?"

Restablecidas las libertades en España, pudo volver del exilio; si no lo hizo fue porque lazos más fuertes la unían a Norteamérica. Allí había iniciado el desarrollo de una nueva vida que rondaba ya los cuarenta años; allí encontró calor humano, ayuda, comprensión y campo profesional para desarrollarlo.

Volvió a España, eso sí, para visitarla. Su discurso era corto, claro y seguro, su pisar fuerte todavía, su mirada contenida y frontal. Vino pero regresó; sin duda quería ser fiel a la libertad del país que la acogió, a las personas que le brindaron su ayuda y su amistad en él, a las que le prestaban apoyo en los ya últimos años de su vida; abandonarlas hubiese sido provocar un vacío en las dos partes.

Bibliografía
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RAMOS PALOMO, M.- "MEMORIAS DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA Y EL EXILIO. EL LENGUAJE DE LOS PERDEDORES". 1996.

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RAMOS PALOMO, M.- "LUCES Y SOMBRAS EN TORNO A LA POLÉMICA: LA CONCESIÓN DEL VOTO FEMENINO EN ESPAÑA (1931-1933)". 1987.

GARCÍA VALDÉS, C.- "SEMBLANZA POLÍTICA Y PENITENCIARIA DE VICTORIA KENT".

CARMEN DOMINGO. - "Con voz y voto, las mijeres y la polítia en España, 1931-1945". Ed. Lumen, 2004.

Buscan datos sobre la represión franquista en el archivo local

Buscan datos sobre la represión franquista en el archivo local

La asociación "Foro para la memoria histórica" dedicó ayer la jornada para recabar información y datos existentes en el archivo municipal de Jimena de la Frontera, con vistas al seminario que se celebrará el próximo sábado día 24 en el centro cultural Reina Sofía de la Estación de Jimena.

Esta asociación tiene establecido un convenio de colaboración con el Ayuntamiento para investigar y dar luz a la época de la guerra civil, posguerra y represión franquista en Jimena de la Frontera.

Este trabajo se realizará para la investigación de dicho asunto y la posible publicación si los trabajos se saldan positivamente.

A parte de esta asociación asisten al seminario representantes de la asociación cultural "Memoria histórica jerezana" y también la asociación "Papeles por la historia". El seminario se titulará "Guerra civil y represión de Jimena de la Frontera".

Para esta iniciativa se está fotocopiando información, tomando nota de los datos de interés con respecto a los batallones y situaciones de la época, de ajusticiados en el Marrufo y otras de índole similar que tuvieron lugar antes, durante y después de la guerra civil en Jimena y su entorno. El punto de interés más relevante por el momento es el Marrufo.