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MEMORIA HISTÓRICA

Benach defiende en Argentina la necesidad de que España recupere la memoria histórica

Benach defiende en Argentina la necesidad de que España recupere la memoria histórica

El presidente del Parlament, Ernest Benach, participó ayer en la capital argentina, Buenos Aires, en un homenaje en memoria de los exiliados y de los republicanos que lucharon contra el franquismo en el que destacó la necesidad de que “España recupere la memoria histórica”, “Tengo esperanzas de que España ponga empeño para recuperar la memoria y se logre sanar las heridas. Hay que conocer la verdad para poder cerrar este capítulo de la historia”, afirmó Benach, que hoy finaliza su visita de tres días a Argentina.

El presidente del Parlament acudió la noche del sábado al Casal de Catalunya en Buenos Aires, donde se proyectó el documental “Les Fosses del Silenci”, que relata la iniciativa del gobierno catalán de abrir las fosas ubicadas en distintas zonas de la comunidad donde se presume que se encuentran cuerpos de personas desaparecidas desde la dictadura franquista.

“La reacción de los españoles ante esta iniciativa es positiva. Antes existía temor acerca de qué podría ocurrir al tomar esta decisión. Pero los que podrían estar en contra de la apertura de las fosas ya no tienen peso”, señaló Benach, que arribó el pasado viernes a Buenos Aires.

El presidente de la cámara catalana sostuvo además que la dictadura franquista “fue muy dura”, por lo que es necesario que ahora “se sepa la verdad para que los afectados tengan derecho al dolor porque existen personas que aún no lo pueden hacer”. “Es un paso más hacia la normalización de España”, indicó Benach, quien ayer viajó a la provincia argentina de Santiago del Estero para presentar el documental en el Festival Internacional de Cine y Vídeo de Derechos Humanos.

Antes de su vuelta, Benach se reunirá hoy , con el vicepresidente argentino y presidente del Senado, Daniel Scioli, representantes de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y visitará el cementerio que la comunidad catalana tiene en Argentina.

El largometraje presentado pertenece a una trilogía de documentales que tratan sobre las víctimas y la represión de la dictadura franquista, producidos por Televisió de Catalunya. “En España ha habido un despertar muy importante en los últimos tiempos sobre nuestro pasado. Ahora se empieza a asumir el grado de violencia existente durante la dictadura”, resaltó la directora de la película, Montserrat Armengou. En este sentido, afirmó que “en España había una democracia basada en el silencio” y señaló que “no se tenía conciencia del número de desaparecidos”.

“Hablamos de aspectos que no se conocían de la represión franquista”, amplió la directora del documental. “Al ver que no se sabían tantas cosas del pasado de España, comenzó a aparecer una demanda social de conocer lo ocurrido, aunque aún existen aquellos que se oponen a investigar esta época”, dijo Armengou.

El guerrillero Manuel Zapico “el Asturiano” ha muerto

El guerrillero Manuel Zapico “el Asturiano” ha muerto

Manuel Zapico “El Asturiano” , superviviente de la guerrilla asturiana y de León-Galicia ha muerto el día 28 de agosto de 2004, en París, en el exilio sin retorno, en la prolongación del exilio, sin haber visto cumplidas las reivindicaciones pendientes del estado español conla guerrilla antifranquista.

Manuel tenía 12 años cuando las tropas franquistas entraron en Asturias, era el año 1937. Su familia ya actuaba como enlace y punto de apoyo para las operaciones militares de los guerrilleros. A los 7 años trabajaba en el campo y a los 15 cuando comenzó a trabajar en la mina, en Sama de Langreo, ya tenía organizado su trabajo clandestino y su militancia en el Partido Comunista, como tantos jóvenes en la época. La policía empezó entonces a seguir sus pasos. En aquellos duros años la clandestinidad significaba jugarse la vida: organización de consejos de resistencia, sabotajes contra las líneas ferréas y de avituallamiento, mítines en los pueblos ocupados por la Falange y el ejército fascista. Manolo decidió seguir la lucha y se fue con los guerrilleros, la única posibilidad que entonces, en aquellos terribles años, le quedaba a un resistente, enfrentarse con las armas en la mano a un poderoso ejército que intentaba minar sistematicamente la esperanza de libertad de un pueblo. Así, formó parte de la Federación de Guerrilleros de León-Galicia, creada el 17 de julio de 1942 en Ferradillo, en la que se integraban guerrilleros anarquistas, comunistas y socialistas, manteniendo esta guerrilla galaico-leonesa una constante unidad de acción contra la represión franquista.

La Federación estuvo viva hasta la salida hacia Francia de los socialistas asturianos en 1948. Desde entonces, Manuel Girón, el mítico guerrillero del XIV Cuerpo de Guerrilleros de la República, asesinado por un infiltrado de la guardia civil llamado José Rodríguez Cañueto, disparándole un tiro en la nuca y por la espalda, el 2 de mayo de 1951, fue quien comandó la guerrilla de León-Galicia, teniendo como punto fuerte y cuartel general La Cabrera.

Cincuenta años después, en mayo de 2001, la Asociación Archivo Guerra y Exilio (AGE) de la que formaba parte Manuel Zapico, organizo un homenaje a Girón en Ponferrada, al que acudieron los numerosos enlaces y puntos de apoyo y sus tres últimos guerrilleros: Manuel Zapico “el Asturiano”, Pedro Juan Méndez “Jalisco” y Francisco Martínez “Quico”. Ellos tres, con Silverio Yebra “el Atravesao”, cruzaron la frontera hacia Francia en 1952. A manuel lo deportaron a España, para entregarlo a Franco, consiguió huir tirándose del tren. Ninguno de ellos consintió en alistarse en la legión, al contrario desde el encierro hicieron propaganda en contra. Ahora, después de la muerte de “Silverio Yebra, y de Manuel Zapico, los compañeros Quico y Jalisco siguen la dura batalla, por conseguir que el reconocimiento de su lucha, aprobado en el Congreso de los Diputados el 16 de mayo de 2001, se haga realidad y no siga siendo un acto de intenciones.

Las intenciones ya no las podrá ver nunca nuestro querido compañero Manuel Zapico “el Asturiano”. En nombre y representación de los guerrilleros, los enlaces y los puntos de apoyo de la guerrilla antifranquista que desde AGE siguen luchando por la memoria y la justicia


Dolores Cabra (AGE)

«Nuestra guerra fue por la libertad, la de ahora es a causa del petróleo»

«Nuestra guerra fue por la libertad, la de ahora es a causa del petróleo»

«Los falangistas odiaban a los asturianos. Era oír el nombre de Asturias y volverse locos» «Soy republicano, pero Juan Carlos I es un gran Rey. Se ganó mi respeto en la jornada del 23 de febrero de 1981»

Después de 85 años de batallas, fugas y exilio francés, se enfrenta a las dos semanas con más carga emotiva de su vida. Desde mañana al 7 de setiembre, la plácida jubilación de Manuel Fernández Arias en la Bretaña francesa se verá convulsa por dos actos significativos: esta semana, el Ayuntamiento de París le concede la medalla conmemorativa de los 60 años de la liberación de la ciudad del yugo nazi. Seguidamente, en la jornada previa al Día de Asturias, el Gobierno regional le entregará la Medalla de Plata de Asturias. Su patria de adopción y la de su cuna, Ibias, se unen en el tiempo para darle las gracias por una juventud dedicada a la lucha contra el fascismo. La única pena entre tanto festejo es que 'su' Paulette no le acompañará. Su mala salud la impide viajar.

-Homenaje en París y en Asturias, ¿está preparado?

-Estoy sorprendido. Sé que el Ayuntamiento de París prepara algo grande para conmemorar los 60 años de la liberación de la ciudad. Pero no sé qué van a hacerme. Tampoco esperaba la Medalla de Plata de Asturias. Es el honor más grande para un asturiano.

-¿Llegan tarde estos homenajes?

-(Risas) Nunca es tarde si la dicha es buena.Yo estoy encantando porque, insisto, me parece un honor, sobre todo el asturiano.

-Insiste en el honor de ser asturiano, pero mantiene su residencia en Francia.

-Porque ya soy muy mayor. Si hubiera intentado volver antes de 1975, Franco me hubiera dado en la cabeza (risas). Y después, yo tenía aquí mi vida, mi trabajo, mi mujer, Paulette, y en España no había nada para mí.

-Entonces, ¿hasta la muerte de Franco no volvió a ver a su gente?

-Tuve mucha suerte. Mi mujer trabajaba en la Agencia Press y logró un salvoconducto para que pudiéramos venir de visita en 1957. Se pidió permiso al Ministerio del Interior español y dio su conformidad.Además, el embajador francés nos protegía, con lo que no podía pasar nada.

-A pesar de la protección, ¿no tuvo miedo?

-¿Muchísimo! (Carcajadas) Cuando llegamos a la frontera y di mi pasaporte estaba un poco preocupado, pero cuando vi que el funcionario se marchaba y que dos guardia civiles se colocaban a mi lado me temí lo peor. Me volví a Paulette y le dije, 'hasta aquí hemos llegado'. Pero ella fue muy firme y dijo, si te hacen algo, llamo inmediatamente a París.

-¿Y qué pasó?

-Afortunadamente, nada. Yo no figuraba en ninguno de los ficheros que tenían, así que seguimos camino hasta Ibias.

«Nos asesinaban»

-¿Y qué recuerda de aquel primer reencuentro?

-Una gran tristeza. Durante todo el trayecto sólo vimos hambre y pobreza. Llevábamos en el coche 10 kilos de caramelos para los niños de mi familia, pero los fuimos repartiendo por el camino. Los críos no sabían qué era aquello que les dábamos.

-¿Qué lleva a un chaval de 18 años a ir a la guerra?

-No había otra opción. Teníamos que defendernos de las matanzas a que nos sometían los gallegos. Eran auténticas carnicerías. Mataban, robaban, los fascistas eran terribles.

-¿Cuál es su peor recuerdo?

-Sin duda, el campo de concentración de San Marcos, en León. Aquello era el infierno. Los fascistas nos hacían de todo. A los asturianos nos odiaban. Era oir Asturias y ponerse como locos, agresivos.

-¿Cree que puede volver a pasar?

-Espero que no.

-Lo espera, pero ¿qué cree?

-Creo que no, aunque, tampoco pensé que hubiera tantos criminales en España como vi en la Guerra Civil.

-Como soldado, ¿qué opina de la guerra de Irak?

-Eso ha sido una fanfarronada de Aznar ¿Qué pintábamos los españoles allí? ¿Nada!

Héroe en Francia

-Pero usted también fue a la guerra en el extranjero: luchó contra la ocupación nazi de París.

-Sí, nuestra guerra fue por luchar por la libertad. Por poder hablar y leer en libertad. Ahora sólo van a la guerra por el petróleo. Nada más.

-¿Con qué se queda de su experiencia en Francia?

-Con el compañerismo. Aunque muchos han muerto, todavía tengo amigos de aquella época. Y con Paulette, mi mujer, que por salud no podrá venir a Asturias.

-Usted participó en el desembarco de Normandía.

-Sí, pero no en el Día-D. Nosotros desembarcamos el 1 de agosto y la batalla fue muy dura. De hecho, un cañonazo me destrozó el hombro el día 14 y ya no pude participar en la liberación de París, que ya la teníamos ganada.

-Luchó contra el fascismo español y contra el alemán, ¿cuál fue peor?

-El fascismo es igual de terrible en todas partes. De los españoles no esperaba tanta maldad, pero la vida me ha permitido ver cómo desaparecían todos.

-Como republicano, ¿qué le parece tener una Princesa de Asturias asturiana?

-Yo soy republicano, pero Juan Carlos I es un gran rey. Se ganó mi respeto, y creo que el de todos los españoles, el 23 de febrero de 1981, cuando hizo frente al golpe de Tejero. Creo que él y su familia están trabajando mucho y muy seriamente por este país, por lo que merecen todo mi respeto.

-Acabamos. Cuando venga a Asturias, ¿qué le gustaría llevarse, además de la medalla?

-¿Qué echo más de menos de Asturias? (Carcajadas) ¿El chorizo! Me encanta el chorizo asturiano. De hecho, a mi sobrina ya le pedí un cocido para el día que llegue.

BIOGRAFIA:
85 años: Manuel Fernández Arias nació en Ibias, en 1919. Sin embargo, de sus 85 años, en su pueblo natal sólo estuvo hasta los18. A esa edad se fue con su padre a luchar en la Guerra Civil, desde el bando republicano ¿La razón? «Para defendernos de las matanzas a que nos sometían los gallegos».

Penurias: desde su entrada en el conflicto bélico y hasta su fuga de España, 30 meses después, su vida fue un canto al dolor. Perdió a su padre, fue apresado y sufrió cárcel y torturas en el campo de concentración de La Harinera, en Gijón, y, sobre todo, en el de San Marcos, en León. De este último dice que fue «un auténtico infierno».

Francia: desde Pirineos, donde cumplía trabajos forzados, logró fugarse y llegar a su patria de adopción. En Francia se incorporó a la Legión extranjera, que le llevó a Túnez, tras la rendición del mariscal Petain ante Hitler. Formó parte de la división militar del general Leclerc que desembarcó en Normandía, (aunque no el Día-D) y no llegó a participar en la liberación de París porque fue herido de gravedad el 14 de agosto de 1944.

Paulette: tras un año en el hospital militar, recuperándose del destrozo que un cañonazo le hizo en el hombro, Manuel Fernández fue 'adoptado' por los franceses, que le llenaron de condecoraciones. La mejor de ellas tiene nombre de mujer, Paulette, la persona que lleva a su lado media vida y que, por problemas de salud, no podrá estar en el Auditorio Príncipe Felipe cuando su marido reciba la Medalla de Plata del Principado.

Arrasatearras en el acto por unos fusilados en Asturias

Arrasatearras en el acto por unos fusilados en Asturias

Entre los fusilados en octubre del 37 en el Alto de Fito podrían hallarse dos mondragoneses del Batallón Larrañaga El homenaje tuvo lugar el día 20 de agosto en recuerdo de 32 fusilados

El 20 de agosto en el alto del Fito en Asturias la Asociación Memoria Histórica Asturiana (AHMA) organizó un homenaje a 32 republicanos asesinados tras ser ocupada Asturias por los franquistas en el mes de octubre de 1937. Al acto asistió una representación de la Comisión de Familiares de Fusilados y Desaparecidos del Alto Deba.

El homenaje culminó con la inauguración de un monolito en cuya leyenda se lee el siguiente texto: «En recuerdo de las víctimas del odio y la intransigencia que pagaron con su vida la defensa de la legitimidad democrática republicana y de la libertad».

La AHMA recordó cómo a finales del mes de octubre de 1937 un total de 32 republicanos, 30 asturianos y dos vascos que estaban detenidos en la Tellería de Arriondas, fueron conducidos al alto del Fito y asesinados. Sus restos yacen aún en este lugar en una fosa común.

Tras la ofrenda floral de los familiares y la intervención de los alcaldes de Colunga, de Caravia, de Parres y del viceconsejero de Bienestar Social del gobierno asturiano, un gaitero interpretó el Himno de Riego y se puso broche final al acto al grito de ¿Viva la República!

Una nieta del asesinado José Manuel Marina mostró su satisfacción por tener «al fin un sitio donde poner flores a nuestro abuelo».

En el acto participó también un preso que salvó la vida. Ángel Gutiérrez contó cómo «a finales del mes de octubre de 1937 estaba detenido en la Tellería de Arriondas y trajeron a dos vascos, les habían detenido al intentar pasar el río Sella, cuando volvían por monte hacía el País Vasco. Nos dijeron que eran de Mondragón, del batallón Larrañaga, que, junto al batallón Isaac Puente, habían combatido hasta perder Gijón. «Entre ellos -recordaba Gutiérrez- hablaban en vascuence. Los falangistas enseguida dijeron que estos dos vascos, si habían llegado a Asturias, eran comunistas, y sin más, sin juicio y sin nada, junto a otros 30 compañeros, fueron sacados una noche de la cárcel, trasladados al alto del Fito y asesinados». Entre los desaparecidos de Mondragón en Asturias en aquellas fechas se encuentran los hermanos Felipe y Rogelio García Lumbreras y Andrés Fernández Bilbao.

Testigo y cronista del exilio de los republicanos

Testigo y cronista del exilio de los republicanos

Silvia Mistral, fallecida a los 90 años, fue una de las primeras cronistas de las vicisitudes de los exiliados españoles tras la Guerra Civil. De nombre real Hortensia Blanch Pita, vivió con su familia en Galicia y La Habana hasta que en 1931 se instaló en Barcelona. A los 18 años ya escribía columnas para Las noticias y El día gráfico, y publicó también críticas de cine en las revistas Popular Film, Films Selectos y Proyector.
Con la guerra, se exilió en el Gard francés y empezó su obra fundamental, en la que relata sus últimos días en Barcelona y las miserias del desarraigo. Al terminar la contienda, se embarcó junto a su compañero Ricardo Mestre, rumbo a Veracruz, México.Gracias a las gestiones del presidente Lázaro Cárdenas, miles de españoles rehicieron sus vidas.

La obra escrita en Francia apareció inicialmente por entregas en la revista Hoy; en 1940 vería la luz en forma de libro, con el título Exodo, diario de una refugiada española, prologado por el poeta León Felipe y publicado en Minerva, la editorial que había fundado Mestre.

Instalada en la colonia Roma de la capital, Mistral publicó cuentos en la revista Aventura. También hizo novelas rosa, de las cuales Violetas imperiales tuvo un éxito singular. A este título le siguieron La cola de la sirena, El niño de la banda, Madréporas y La cenicienta china.

Además, retornó a la crítica cinematográfica en la revista Arte y plata, se convirtió en columnista del matutino Excélsior y colaboró también con la publicación anarquista cubana El Libertario, uno de los últimos medios independientes clausurados por Fidel Castro.

Silvia Mistral, escritora cubana, nació en La Habana en 1914 y falleció en México D. F. en agosto de 2004.

EMILIO GODOY
EL Pais

"Granado y Delgado: un crimen legal", Historia de un documental

"Granado y Delgado: un crimen legal", Historia de un documental

La Historia de Francisco Granado y Joaquín Delgado no interesaba a nadie. No aparecía en los libros de historia. Preferían que no apareciera nunca. Además, la investigación de su caso, podía llegar a demostrar que, efectivamente, los dos jóvenes libertarios eran inocentes de los actos por los que fueron condenados y ejecutados, y, quizá, abrir una brecha de reclamaciones legales, de revisiones de juicios, de acusaciones concretas y probadas de las criminales injusticias cometidas durante la dictadura de Franco.
Ningún dirigente de las televisiones a las que acudimos en busca de financiación se expresó con tal claridad, pero estaba claro que su interés era nulo. Llegaron a decir que era una historia "muy humana", que hiciéramos una película, que no les cabía en la programación, que les parecía muy interesante pero que si queríamos que se divulgara, lo debía hacer un equipo designado por ellos, que había que hacerlo en poco tiempo, etc. Un sin fin de patrañas que pretendían obstaculizar - sobre todo - nuestro interés de investigar el caso y divulgarlo públicamente, denunciando a los responsables del régimen con la máxima contundencia y rigor posibles.

Esta actitud oficial no suponía nada nuevo. Desde la muerte del dictador, un pacto de silencio, entre los partidos de izquierda y la derecha franquista, impedía reflexionar e investigar sobre el pasado. Fue un pacto contra la historia. Nos negaban la memoria histórica, la posibilidad de analizar de dónde veníamos para entender mejor el presente. Y, sobre todo, nos negaban la posibilidad de pedir explicaciones, de señalar y denunciar a los antiguos criminales reconvertidos en demócratas. La derecha franquista maquillada, la misma que ahora gobierna, sabía perfectamente que el desconocimiento del pasado absuelve al presente. Querían la impunidad para actuar, y la consiguieron. La tienen.
Finalmente, el canal ARTE francés fue receptivo a nuestra propuesta y, con la participación de Ovideo TV, de Barcelona, y Point du Jour, de París, pudimos investigar a conciencia los hechos y realizar el documental. Granado y Delgado eran inocentes, lo demostramos en nuestro trabajo, gracias a las declaraciones de Antonio Martín y Sergio Hernández, y a la investigación realizada a partir del Sumario del Consejo de Guerra y otros testigos directos de los acontecimientos.

Se emitió en Francia y nos dieron un premio Fipa de Plata en el festival de televisión de Biarritz. No obstante, Televisión Española hizo todo lo que pudo por no emitirlo. La prensa española se hizo eco de esta actitud y la criticó ampliamente. El canal ARTE les obligó, merced a un acuerdo de colaboración que habían firmado recientemente. Finalmente se vio, de noche, a altas horas de la madrugada, casi clandestinamente. Ahora niegan la revisión judicial del caso. Razonan como los franquistas. La guerra continúa. Y Manuel Fraga Iribarne también. El entonces Ministro de Información de Franco se negó a ser entrevistado por nosotros, hecho que subrayamos en el documental. Sigue siendo Presidente de Galicia, elegido democráticamente por un pueblo que no ha podido saber o que ha olvidado su pasado fascista.

Xavier Montanyà
Periodista y co-autor de "Granado y Delgado. Un crimen legal"

El Tribunal Constitucional y la memoria histórica

El Tribunal Constitucional y la memoria histórica

El 17 de agosto de 1963, la dictadura de Franco ejecutaba a los anarquistas Francisco Granado Gata y Joaquín Delgado Martínez, miembros de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias. Tras ser salvajemente torturados durante seis días, se les aplicó la pena de muerte por un delito de terrorismo, consistente en "provocar explosiones para atentar contra la seguridad pública y perturbar la tranquilidad, el orden y los servicios públicos, empleando medios y artificios capaces de ocasionar grandes estragos". A pesar de las condiciones de la detención, en todo momento afirmaron su inocencia.

En 1996, en un programa de la televisión franco-alemana Arte, y tras una previa declaración ante notario, Antonio Martín Bellido y Sergio Hernández declararon que eran ellos los verdaderos autores de la instalación de los explosivos en 1963. Esta revelación se reprodujo en otros medios de comunicación españoles y también en un programa de TVE en 1997.

Todo ello consta en los antecedentes de la sentencia de la Sala Primera del Tribunal Constitucional 123/2004, de 13 julio, pronunciada con el acuerdo de la mayoría de sus miembros, tras su reciente renovación, que estima el recurso de amparo presentado por familiares de uno de los dos anarquistas ejecutados en el sentido siguiente: se reconoce a los demandantes el derecho a utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa, de acuerdo con lo que establece el artículo 24.2 de la Constitución; se declara la nulidad del auto de la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo de 1999, por el que el máximo órgano de la jurisdicción ordinaria denegó a los demandantes la autorización para interponer recurso de revisión contra la sentencia de 13 de agosto de 1963 del consejo de guerra, dictada en un procedimiento sumarísimo que llevó a la muerte a los dos anarquistas; y, finalmente, dado que se reconoce que los familiares recurrentes no pudieron utilizar todos los medios de prueba pertinentes para sustentar sus pretensiones, el Tribunal Constitucional ordena al Tribunal Supremo retrotraer las actuaciones al momento procesal inmediatamente anterior a aquél en el que la Sala de lo Militar debió resolver en relación con las diligencias probatorias solicitadas por los recurrentes, para continuar la tramitación del procedimiento de revisión de la sentencia de 1963, de conformidad con el derecho a utilizar todos los medios de prueba que procedan.

Es decir, lo que jurídicamente pretendían los familiares, a la luz de las declaraciones de los también anarquistas Martín Bellido y Hernández -y en aplicación de lo establecido por la vigente Ley Orgánica 2/1989 Procesal Militar- era que se revisase una sentencia que contenía un error en el fallo. Un error que supuso la ejecución de dos penas de muerte. No hay duda de que la cuestión que plantea esta sentencia del Tribunal Constitucional es de una gran relevancia, más allá de las muy legítimas pretensiones de los familiares de los anarquistas ejecutados, destinadas a reparar su memoria y, probablemente, también a poner de manifiesto cómo se aplicaba la justicia contra el opositor político en aquella infame dictadura. Porque la estimación de este recurso de amparo, que obliga al Tribunal Supremo a reconocer en toda su integridad el derecho a utilizar los medios de prueba pertinentes, también constituye un peldaño más en la recuperación de la memoria histórica de aquellos ciudadanos que se opusieron a la dictadura. Y permite arrojar más luz al conocimiento de las instituciones jurisdiccionales franquistas como los consejos de guerra, sus integrantes y las resoluciones que dictaban, así como del arsenal de normas e instituciones de las que se dotó el régimen de Franco para la represión y, en su caso, la aniquilación de la oposición.

Por supuesto, el caso de estos dos anarquistas no era desconocido antes del recurso de revisión. En los antecedentes de la sentencia constan las referencias a diversos medios de comunicación que en España y fuera de ella han abordado el asunto. E incluso ha sido publicado un libro sobre el caso. Y ello a pesar del tiempo transcurrido, circunstancia que aquí resultó inevitable hasta el fin de la dictadura y sus coletazos. En este mismo sentido, alguna televisión autonómica se hizo eco en época todavía reciente de las declaraciones al respecto de un alto cargo de la seguridad del Estado franquista en aquellos tiempos, en las que no tenía empacho en afirmar que si bien no había certeza sobre la autoría de los atentados imputada a los anarquistas, la ejecución de las penas de muerte tenía un valor ejemplarizador y, en todo caso, una función disuasoria. No se olvide que eran unos tiempos -los inicios de la década de los sesenta- en los que tras las huelgas de Asturias de 1962 y la aparición en escena de las clandestinas Comisiones Obreras, el régimen respondía con la dureza habitual, ejecutando si era preciso a los opositores como mejor método disuasorio.Así, entre otros casos, en abril de 1963 ejecutaban al dirigente comunista Julián Grimau; en 1967 moría en las dependencias policiales Rafael Guijarro, y en 1969, el estudiante madrileño Enrique Ruano perecía al ser defenestrado tras un registro policial domiciliario. Mientras, en 1964, la dictadura celebraba los XXV años de su paz.

Pues bien, y volviendo al caso de los anarquistas, a pesar de los elementos de prueba citados, en 1999 la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo consideró que las pruebas aportadas sobre la autoría real del delito fueron escasas y débiles, por su carácter testifical, por el momento en que se propusieron y por la carencia de todo apoyo objetivo. Razón por la cual se consideró que no era posible evidenciar un error patente y manifiesto en el fallo de la sentencia del consejo de guerra de 1963. Pero hay que hacer notar que el Tribunal Supremo hizo abstracción de una parte de las pruebas testificales aportadas y, además, rechazó sin motivación explícita la solicitud de una comisión rogatoria para tomar declaración en Francia a uno de los dos inculpados, Sergio Hernández, residente en París, quien se negaba a hacerlo aquí -a pesar del tiempo transcurrido- por temor -según él- a la justicia española (sic). Secuelas, sin duda -por excesivo que pueda parecer- de los efectos colaterales de la larga noche franquista.

Ahora, el Tribunal Constitucional considera que la valoración por la jurisdicción ordinaria de las pruebas propuestas por los familiares de estos anarquistas no fue respetuosa con el derecho a la tutela judicial, en la medida en que vulneró el derecho de los demandantes a utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa. Porque, en efecto, la denegación sin mayor justificación de las pruebas relativas a las declaraciones de los diversos testigos acerca de la no autoría en la comisión de un delito por el que nada menos que fueron ejecutados Delgado y Granado, impidió a sus familiares fundamentar en toda su integridad la procedencia del recurso de revisión de la sentencia del consejo de guerra de 1963. A este respecto, el canon

interpretativo empleado por el tribunal, ya reiterado en su jurisprudencia, resulta de todas formas de especial interés para el caso, a saber: la revisión de sentencias firmes constituye una derogación del principio de cosa juzgada, que es una exigencia del principio constitucional de la seguridad jurídica, esto es, de la previsibilidad que ha de caracterizar al derecho. Por esta razón, la revisión es un recurso de carácter excepcional, que ha de ser objeto de una interpretación estricta.

En este sentido, la jurisprudencia constitucional ha insistido en que la revisión de sentencias penales está sometida, tanto en el ordenamiento jurídico español como en el derecho comparado, a una serie de cautelas, cuyo objeto no es otro que el de mantener un necesario equilibrio entre las exigencias de la justicia y de la seguridad jurídica. En el caso de estos anarquistas, la cuestión debatida se centra en procurar una decisión justa, que habría de pasar, eventualmente, por una revisión de la sentencia del consejo de guerra de 1963, pero de acuerdo a criterios con base constitucional. Y para ello es preciso que la revisión se fundamente en pruebas que muestren el error en la decisión judicial.

Y lo que ha dicho el Tribunal Constitucional es que, hasta el momento, ello no ha sido posible, porque la falta de motivación por parte del Tribunal Supremo a su negativa a practicar determinadas pruebas ha impedido a los demandantes hacer uso de todos los medios de prueba pertinentes. A este respecto, resulta de especial relevancia la posición jurídica adoptada por la jurisdicción constitucional, según la cual la revisión de sentencias no es tanto un recurso como una vía de impugnación autónoma que se aproxima al derecho del recurrente a acceder a la jurisdicción ordinaria, en este caso, al Tribunal Supremo. Por tanto, con la presentación de un recurso de revisión no se trata de apreciar, prima facie, desde ese primer momento procesal, si existen pruebas indubitadas suficientes para evidenciar el error en el fallo, sino de valorar si hay una base bastante para dar curso a la revisión.

En el caso planteado por los familiares de los anarquistas ejecutados, el Tribunal Constitucional ha considerado que siendo las pruebas propuestas pertinentes por su relación con los hechos, y resultando clara su relevancia, no puede entenderse razonable su denegación por la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo. Por esta razón, éste ha violado el derecho a la tutela judicial. Y sin que en defensa de su posición pueda argüirse que la Constitución no se aplica retroactivamente.

Por tanto, esas pruebas deberán tramitarse por el Tribunal Supremo y del resultado de las mismas habrá que deducir -entonces sí- si hay base suficiente para el recurso de revisión de la sentencia del consejo de guerra. Sólo por eso, que ya es importante, la sentencia de la Sala Primera del Tribunal Constitucional es una referencia para el lento proceso de recuperación de la memoria histórica de la represión.

Marc Carrillo es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Pompeu Fabra.

El ejército de Franco y de Juan Carlos

El ejército de Franco y de Juan Carlos

Introducción. El Ejército y el Estado

El Estado es un vasto organismo parasitario que se ciñe como una red al cuerpo de la sociedad y le tapona todos los poros. Cuatro burocracias componen la artificiosa maquinaria del Estado español, eso que ha venido denominándose «el Régimen de Franco», o con otra fórmula más breve, «el Régimen» a secas.

Estas cuatro burocracias, que se encuentran fuertemente entrelazadas, son las siguientes por orden de efectivos aproximados y de importancia:

Burocracia Número de Individuos Observaciones
1. Civil 540.000 Incluyendo 360 000 de la Administración central y 190 000 de la Administración local
2. Militar 200.000 Incluyendo los efectivos de los tres Ejércitos, Policía y Guardia civil, pero sin contar con los 260000 reclutas del reemplazo anual.
3. Eclesiástica 150.000 Incluyendo novicios, seminaristas, conventos de clausura, así como el clero regular y secular de ambos sexos
4. Sindical 110.000 Incluyendo funcionarios sindicales, Instituto Nacional de Previsión. Mutualidades y organismos parasindicales
Total 1.000.000

El aparato del Estado en España está formado, pues, por un Ejército de 200 000 individuos, la burocracia militar, junto a otro ejército de funcionarios, que suma más de medio millón de individuos, la burocracia civil; más 150 000 de la burocracia eclesiástica y 110 000 de la burocracia sindical.

La burocracia civil ha adquirido en España, por medio de la férrea centralización de la Dictadura, una ubicuidad y una omnisciencia extraordinarias. Falto de elasticidad y autonomía, este aparato burocrático que forma parte integrante del Estado es un verdadero ejército civil de más de medio millon de individuos, que arrastra tras de él -si no se olvidan sus familias- una masa ingente de intereses y existencias. (1) Las instituciones políticas que nacieron de la guerra civil son fácilmente caracterizables por su extremado autoritarismo y responden, en general, a los siguientes principios: privilegios en favor de la clase dominante, centralización absoluta y tendencia a transformar los servicios administrativos en servicios policiales del Estado. (2)

Hace algún tiempo podía decirse que las instituciones reales más sólidas del país eran la burocracia militar y la burocracia eclesiástica. Pero hoy nadie se atreve a decir otro tanto. La burocracia eclesiástica, con un total de miembros evaluado en cerca de 150 000 individuos de ambos sexos, ha sufrido en escasos años un deterioro político considerable: la crisis de la burocracia eclesiástica ha conmovido al Régimen en sus cimientos a partir de 1970.

La burocracia militar tampoco ha escapado del inevitable proceso de desgaste político que se ha agudizado recientemente, de forma extraordinaria, con el golpe de Estado militar en Portugal y el ocaso biológico de Franco.

La burocracia sindical sigue aún formada, en gran parte, por los supervivientes de la naufragada burocracia falangista, cuyos militantes estaban encuadrados en la FET y de la JONS, el partido único desaparecido legalmente en 1966. El aparato de la burocracia sindical proviene de la ordenación totalitaria y por corporaciones de todos los trabajadores españoles, copia de los sindicatos fascistas instalados antaño en Alemania e Italia. Aplicando fielmente la ideología leninista numerosos miembros de las Comisiones obreras, todavía clandestinas, están ocupando cargos de representación sindical y desplazando progresivamente a los residuos falangistas. El aparato sindical se refuerza, en definitiva, con esas nuevas inyecciones de savia burocrática.

Las Fuerzas armadas, la burocracia militar, han sido el centro político de inspiración y de organización del Estado desde 1936; y de ahí que surgieran para calificar al Régimen denominaciones castrenses tales como la de «democracia orgánica». Hablando en términos sumarios, suele decirse que el Ejército español se sublevó en 1936. Esto es inexacto. Se sublevaron ciertos jefes y muchos oficiales en conexión con un aparato de conspiración política que sirvió de catalizador a ese y a otros elementos menos decisivos. Una parte numéricamente considerable del Ejército secundó a los oficiales pioneros por ideología y, en algunos casos, por espíritu de cuerpo. Una parte poco menos numerosa permaneció leal al gobierno de la segunda República o se marginó del conflicto creado. Un porcentaje elevado entre los altos mandos rehusó dirigir el movimiento y, en muchos casos, aquellos mandos fueron liquidados por los oficiales promotores. Basta recordar que muchos de los que a lo largo de la guerra habían de mandar grandes unidades comenzaron aquélla de tenientes coroneles. (3) El año 1936 señaló el advenimiento de las Fuerzas armadas a un papel de predominio político absoluto en España. El Ejército de Franco acrecentó durante la guerra el volumen y la complejidad de su estructura burocrática, su vinculación con la oligarquía y un control efectivo sobre todos los aspectos de la vida en la sociedad española. Terminada la guerra, Franco decidió mantener en pie de guerra un Ejército de un millón de hombres, pero en el decreto del 25 de agosto de 1939 ordenó que el 80°/o de todos los puestos burocráticos del Estado fuesen reservados a «los cruzados» desmovilizados, consiguiendo así el Régimen que el personal de la Administración estuviese compuesto, en una alta proporción, por los combatientes militares de la «cruzada».

Las Fuerzas armadas y de Orden público forman la burocracia militar en España. Según la Ley orgánica del Estado franquista, «las Fuerzas armadas de la Nación, constituidas por los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire y las Fuerzas de Orden público, garantizan la unidad e independencia de la Patria, la integridad de sus territorios, la seguridad nacional y la defensa del orden internacional. Y un Alto Estado Mayor, dependiente del presidente del gobierno, será el órgano técnico de la Defensa nacional, con la misión de coordinar la acción de los Estados Mayores de los tres ejércitos».

Aunque las Fuerzas armadas constituyen un solo Ejército, existen en el gobierno tres ministerios correspondientes a los ejércitos de Tierra, Mar y Aire. Los tres ministros militares han ejercido desde la guerra civil hasta 1975 un mando delegado por el general Franco, carismático jefe del Estado que ha ostentado el título de generalísimo de los Ejércitos.

Un organismo sedicioso militar, la Junta de Defensa nacional, fue el trampolín político utilizado por el general Francisco Franco para alcanzar la jefatura del Estado en 1936. La Junta de Defensa nacional, creada el 24 de julio de 1936, era un organismo netamente militar y fue el embrión del actual Régimen. El general Miguel Cabanellas fue su primer presidente y la formaban como vocales los generales Saliquet, Ponte, Mola, Queipo de Llano y los coroneles Montaner y Moreno Calderón. El general Franco se incorporó tardíamente como vocal, pero logró imponerse sobre el resto de los generales, por la potencia del «Ejército de África» y, a nivel de intrigas, ayudado, sobre todo, por su hermano.

Así, reunidos los componentes de la Junta de Defensa nacional el 12 de septiembre de 1936 en el aeródromo de San Fernando, cerca de Salamanca, acordaron establecer el mando único que fue ocupado por el entonces general de división, Francisco Franco Bahamonde. La transmisión de poderes se celebró en Burgos, el 1 de octubre de 1936. El mismo día, Franco disolvió la Junta de Defensa nacional creando la Junta técnica del Estado, compuesta de personalidades civiles «independientes», con un general como presidente que sometería sus dictámenes a la aprobación de Francisco Franco, autoerigido jefe del Estado. El general Dávila fue designado presidente de la Junta técnica y jefe del Estado Mayor General del Ejército, aunque el cargo decisivo era el de secretario general de la Junta técnica del Estado, ocupado por Nicolás Franco.

Luego, en enero de 1938, se constituyeron las once carteras ministeriales que compondrían el primer gobierno de Franco. La Junta de Defensa nacional fue de nuevo creada por el artículo 5° de la Ley de 8 de agosto de 1939 para que actuara, esta segunda vez, como órgano consultativo o de asesoramiento. (4)

Las Fuerzas armadas españolas, lo que todavía puede denominarse con toda propiedad el Ejército de Franco están constituidas fundamentalmente por los ejércitos de Tierra, Mar y Aire, los tres ejércitos; más las llamadas Fuerzas de Orden público, el cuarto ejército, formado por la Guardia civil, la Policía gubernativa y la Policía Armada.

Jesús Ynfante

1. Ynfante, Jesús: La prodigiosa aventura del Opus Dei: génesis y desarrollo de la Santa Mafia, Ruedo ibérico, París, 1970, p. 187.

2. Tierno Galván, Enrique: « Espagne, dénazifier 1'enseignement supérieur avant d'entreprendre toute reforme technique », Le Monde Diplomatique, París, septiembre de 1968.

3. Revista Mañana, no 11, enero de 1966

4. Según la Ley Orgánica del Estado de 1966, «una Junta de Defensa Nacional integrada por el presidente del gobierno, los ministros de los departamentos militares, el jefe del Alto Estado Mayor y los jefes de Estado Mayor de los ejércitos de Tierra, Mar y Aire, propondrá al gobierno las líneas generales concernientes a la seguridad y defensa nacional. A esta Junta de Defensa nacional podrán ser incorporados los ministros o altos cargos que, por el carácter de los asuntos a tratar, se considere conveniente».

La Junta de Defensa nacional, que no ha tenido especial relieve político hasta nuestros días, adquirió importancia como órgano supremo de consulta militar en 1975 cuando, durante la larga agonía de Franco, sobrevino !a crisis del Sáhara.