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MEMORIA HISTÓRICA

'El Canal de los Presos' rescata la memoria de una explotación

'El Canal de los Presos' rescata la memoria de una explotación

El salón regio de la Diputación acogio el 9 de junio la presentación en Cádiz del libro El Canal de los Presos (1940-1962). Trabajos forzados. De la represión política a la explotación económica. Un trabajo multidisciplinar editado por Crítica y auspiciado por la Confederación General del Trabajo de Andalucía que analiza con exhaustividad el caso de los presos políticos utilizados como mano de obra esclava durante la dictadura franquista para la construcción del Canal del Bajo Guadalquivir entre 1940 y 1962.

La publicación es el resultado de un trabajo de tres años en el que ha participado un amplio equipo de expertos de diversas especialidades, como el historiador José Luis Gutiérrez Molina, los geógrafos Gonzalo Acosta Bono y Leandro Moral, los antropólogos Angel del Río y José María Vacuente, la jurista Lola Martínez y Mari Villa Cuadrado, hija de un ex preso. Han colaborado asimismo en la obra los historiadores Antonio Miguel Bernal y Nicolás Sánchez Albornoz y el filósofo Reyes Mate.

Gutiérrez Molina y Gonzalo Acosta presentaban ayer el libro en Cádiz, acompañados de Cecilio Gordillo Giraldo -coordinador de la publicación y del programa de la CGT de Andalucía 'Recuperando la memoria de la historia social de Andalucía'- , de Carlos Perales, director de la delegación de Políticas de Igualdad de la Diputación y del hefe del área de Cultura de la institución, Antonio Rodríguez Cabaña . En sus 500 páginas, el libro recoge la argumentación ideológica y jurídica del franquismo en la que se sustentaba su política de utilización de mano de obra esclava por parte del régimen y sus más cercanos colaboradores.

Explica Gutiérrez Molina que "entre 1937 y 1962 más de 150 mil españoles presos trabajaron en un gran número de obras públicas en calidad de verdaderos esclavos como método para la reducción de condena. Asimismo, eran 'alquilados' por el Estado a particulares y empresas privadas en los más variados sectores productivos.Este libro es un homenaje a todos esos hombres y sus familiares, cuya memoria ha permanecido oculta durante demasiado tiempo".

La publicación que ayer se presentaba en Cádiz se centra en los presos que trabajaron entre 1940 y 1962 en la construcción del Canal del Bajo Guadalquivir, conocido popularmente como el "Canal de los Presos". Una obra de 159 kilómetros que puso más de 800 hectáreas en regadío entre las localidades de Peñaflor y Lebrija, en la provincia de Sevilla.

En ella trabajaron cerca de diez mil presos políticos de toda España. El minuciosos trabajo de investigación llevado a cabo por los autores de este libro ha logrado recabar cerca de tres mil nombres de estos presos, cuya relación aparece recogida en la obra, junto con sus lugares de origen y profesión y la descripción de su vida y de la de sus familias. Entre estos presos figuraban 164 gaditanos procedentes de las comarcas de la Campiña (23), la Sierra (31), La Janda (8), el Campo de Gibraltar (17), la bahía (5) y la Costa Noroeste (2).

El equipo redactor del libro y sus colaboradores, más de 50, han realizado un exhaustivo trabajo de investigación en diversos archivos, el más importante de los cuales, según indican sus autores, es el archivo del Servicio de Colonias Penitenciarias, que dependía directamente de la Presidencia del Gobierno y a través del cual se llevaba a cabo este programa de trabajos forzados "un mecanismo de explotación que el régimen disfrazaba con un traje de legalidad para la redención de pena". Destaca José Luis Gutiérrez Molina el papel cómplice que una parte de la Iglesia jugó en esta operación, como es el caso del sacerdote jesuita Juan Antonio Pérez del Pulgar, que fue el que dotó de contenido ideológico a este método de reducción de pena por el trabajo".

Especialmente enriquecedoras, explican los autores, han sido las entrevistas que para la realización de este libro han mantenido con los presos que trabajaron en el canal y con sus familiares. "Ha habido un intercambio muy positivo -afirma José Luis Gutiérrez Molina- porque ellos nos han aportado experiencias muy interesantes, algunas estremecedoras, y también han conocido cosas que nosotros hemos averiguado en nuestra investigación".

Subraya que "una de las cosas que más nos ha impactado es descubrir el importante papel que las mujeres jugaron en este episodio. Cuando empiezas a investigar crees que estás tratando sobre una historia de hombres y descubres la gran labor que desempeñaron las mujeres que siguieron a estos hombres con sus familias, llevándolas adelante, trabajando incluso para los oficiales que les custodiaban en los campos de concentración desde los que cada día los trasladaban a su trabajo en el Canal".

María de la O Lejérraga. La voz del silencio sonoro.

María de la O Lejérraga. La voz del silencio sonoro.

"... No es la Historia maestra de esperiencias; es,cuanto más, compenio de experiencias. Y la experiencia siempres es útil; si ajena, jamás puede ajustarse a nuestro caso particular; si propia, nunca nos avenimos a reconocer que nuestro caso actual sea repetición de un anterior conflicto ..."

María de la O Lejárraga más conocida como María Martínez Sierra estaba casada con el dudoso escritor Gregorio Martínez Sierra, con quien colaboró estrechamente en sus escritos. Hasta el punto de que fue ella la autora de numerosos éxitos teatrales que aparecieron firmados por su marido.

Ella fue una de las innumerables voces de la España Republicana que la guerra arrojó al exilio. Algunas tenían un doble registro: el literario y el del compromiso social. Este fue el caso de María: pedagoga, literata, dramaturga, periodista, dominadora de idiomas, fundadora de sociedades en defensa de la mujer, diputada socialista por Granada en 1933; agregada comercial en la embajada española en Bélgica, bajo cuya tutela estuvieron cientos de niños refugiados en la guerra.

María de la O Lejárraga y García nace en San Millán de la Cogolla (La Rioja), en 1874, pero se crió en el pueblo de Carabanchel. Estudió magisterio. A los veintitrés años se enamora de Gregorio Martínez Sierra, un joven de diecisiete años al que le gustaba el teatro y escribir poemas. María y Gregorio se casaron el 30 de noviembre de 1900. Ella publicó con su nombre Cuentos breves. Realiza su primer viaje al extranjero para estudiar pedagogía. "Bélgica fue mi iniciadora al socialismo", reconocería. Allí descubrió que los muchachos y muchachas de la clase media hacían causa común con los trabajadores y con ellos, entró por primera vez a una Casa del Pueblo. En 1906 Gregorio Martínez Sierra se enamora de la hermosa y joven actriz Catalina Bárcena. Rafael Cansinos-Assens recoge, en sus Memorias, este comentario del poeta Banco-Fombona: "Gregorio tiene alma de comerciante... Hasta aquí explotó el talento de su mujer... que es quien le escribe sus libros. Ahora va explotar la voz de oro de la Bárcena".

Escribía María en silencio para Gregorio y lo compartía en silencio con Catalina. Esta situación imposible se prolongó durante años, hasta que en 1922 Catalina tuvo una hija con Gregorio.

Entonces María se separó por fin y se fue a vivir a Francia pero siguió escribiendo para su marido. Con la aparición de la revista Helios, en 1904, se intensifica la amistad de María con Juan Ramón Jiménez. La confraternidad fue una de las cosas hermosas en la vida de María y el poeta, según se deduce de su epistolario. Manuel de Falla fue otro de los grandes corresponsales de María Lejárraga. Su amistad fue tan leal y profunda como para convertirse en su confidente.

Falla aceptó el humor de María de buen grado, quien le llamaba en andaluz Don Manué, y al músico le debía hacer tanta gracia como para firmarse él en sus cartas a María, Don Manué, y alguna vez añadió, er de las músicas.

María Lejárraga con Manuel de Falla y Joaquín Turina

La obra literaria de María de la O Lejárraga, bajo el nombre de Gregorio Martínez Sierra, es copiosa. Su novela Tú eres la paz, publicada en 1909, constituyó un best-seller. Tú eres la paz, forma parte del trío de novelas largas de la firma Martínez Sierra, con La humilde verdad y El amor catedrático. El 21 de febrero de 1911 se estrenó en el teatro Lara Canción de cuna. A partir de este éxito, la carrera teatral de la firma Martínez Sierra fue una de las más triunfales.

En el teatro Eslava se estrenaron o reestrenaron casi todos los títulos importantes de su producción: Amanecer, El arte de amar, La adúltera penitente, Sueños de una noche de agosto, Rosina es frágil, Cada uno y su vida, El corazón ciego, Don Juan de España, Mujer, Mamá, Para hacerse amar locamente, El reino de Dios, La torre de marfil... Al lado de estos títulos hay que destacar numerosos libretos que, en colaboración con los principales músicos y con los escenógrafos más audaces, dieron lugar a piezas escénicas tan memorables como El amor brujo y El corregidor y la molinera, de Falla; Las golondrinas, de Usandizaga o Navidad, de Turina.

Poco antes de la República, María empezó a dar charlas feministas. Era la Presidenta de la Asociación de Educación Cívica, cuyo objetivo principal fue despertar a las mujeres de la clase media. A estas mujeres de la clase media iba dirigido principalmente, su libro La mujer española ante la República, escrito en 1930. El libro lo inició con la siguiente cita: "La Patria, que para los hombres es La Madre, para las mujeres es El Hijo".

Fue elegida diputada en noviembre de 1933 por Granada. El hemiciclo de las Cortes Republicanas tuvo la oportunidad de oír la voz inteligente y sensible de María; la voz de una vocación incansable en contra de la injusticia y en favor de la igualdad. "Es preciso -decía María Lejárraga en la Cámara-, si se quiere libertar al pueblo, librarle de la esclavitud del hambre y de la esclavitud del terror". La noche del 17 de julio de 1936 al salir María del Ateneo, le informan que, en Marruecos se ha sublevado el general Franco. "... Nuestra bien nacida República. Nació en paz, y murió a mano armada", escribiría más tarde María Lejárraga. En el mes de noviembre de 1936 era designada a la Delegación de Berna, como agregada comercial para Suiza e Italia.

En otoño de 1937, María se hace cargo de una colonia de niños evacuados de España. Al finalizar la guerra comienza un largo exilio con la huida a Francia, donde durante la ocupación nazi, sufrió la clandestinidad, pasó hambre, y tras la liberación de París, vivió ciega, pobre y aislada del mundo.

En septiembre de 1950, María de la O Lejárraga se embarca rumbo a Nueva York, vivirá en México y se trasladará definitivamente a Buenos Aires, donde realiza nuevos proyectos literarios y periodísticos.

Cuando a los 78 años publica en el exilio su autobiografía Gregorio y yo, ya ha pasado para ella mucho dolor y mucha vida. Dos años más tarde publica Una mujer por caminos de España, que es también un libro biográfico en el que cuenta la campaña electoral: emocionante, en una España hambrienta y desgarrada. María de la O Lejárraga murió en Buenos Aires, el 28 de junio de 1974, pocos meses antes de cumplir los cien años. En una de sus últimas cartas, María decía:

"Las mujeres socialistas debemos enseñar, enseñar sobre todo una asignatura única: La solidaridad humana".

Francisco Arias Solis

El exilio español

El exilio español

En abril de 1939 no empezó la paz, sino la victoria. La victoria de un régimen que implicaba la cárcel, la muerte o el exilio de los vencidos.

Este libro, redactado por Julio Martín Casas y Pedro Carvajal Urquijo, habla de los españoles que tuvieron que exiliarse como consecuencia de la guerra civil. Son los propios exiliados los que, en primera persona, narran los avatares sufridos. Los numerosos testimonios muestran el factor humano del exilio, y eso es lo que dota de una intensa emoción a las páginas del libro.

El exilio español se extendió por medio mundo, por Europa y América, trabajando en campos, fábricas y comercios, enseñando en las universidades, luchando en la segunda guerra mundial y muriendo en los campos de exterminio nazi. "El español del éxodo y del llanto fue también el del trabajo, la iniciativa y la creación".

Si hay algo obligado a destacar de este libro, es que no trata de buscar la atención del lector por medio de los avatares sufridos por los grandes nombres, como Lorca, Salinas, Azaña, a causa del exilio. Los grandes personajes tienen su pequeño hueco, pero aquí, el protagonismo reside en las figuras de la gente desconocida, en la gente anómima que arrastra en su alma el dolor de la raíz de una España de la que la han expulsado.

El grueso del exilio se produce al finalizar la Guerra Civil, en 1939. Y al sufrimiento de la derrota se suma el duro trato recibido en Francia, donde son internados en improvisados campos de concentración. Los franceses miraban con desconfianza, incluso con un punto de racismo, a los rojos españoles que venían de una salvaje Guerra Civil. Aquella opinión cambió cuando la barbarie del fascismo les alcanzó a ellos y los españoles, curtidos en tres años de guerra, se convirtieron en una ayuda inestimable para montar y reorganizar La Resistencia. No obstante, la vida de los exiliados españoles no dejaría de ser una continua decepción. Lo sería cuando los aliados dieron la espalda a España y dejaron que Mussolini y Hitler dieran su apoyo al fascismo. Pero, por aún fue cuando tras haber colaborado en la II Guerra Mundial y en la Resistencia francesa, entendieron que ya nadie quería hacer nada para volver a instaurar la democracia en España. En ese momento nace la total desesperanza, la resignación de deshacer las maletas para quedarse ya siempre, de por vida, fuera de España.

Frente a la acogida francesa, México fue la verdadera patria de los exiliados. El presidente Lázaro Cárdenas se convirtió en sinónimo de solidaridad con la derrotada República española, admitiendo a todos los exiliados, sin condiciones previas.

El exilio reprodujo las grandezas y miserias de la República en todos sus aspectos. Si los exiliados dieron un ejemplo de abnegación, educación y capacidad de trabajo, también reprodujeron enseguida las divisiones políticas que caracterizaron a la República. Hasta el punto de que constituyeron dos organismos de ayuda a los refugiados, de distinto signo político.

Quizá, uno de los capítulos más interesantes de este libro sea el dedicado a la experiencia de los españoles en los campos de concentración y exterminio nazi, donde se compartieron la terrible suerte de tantos perseguidos y donde jugaron un papel decisivo, como fue el del caso de fotógrafo Francisco Boix, cuyas fotografías fueron utilizadas en el juicio de Nuremberg que condenó a los dirigentes nazis.

Un sinfín de testimonios, documentos e ilustraciones inéditas componen una imprescindible síntesis de la triste historia del exilio republicano español. Un libro que sirve cuando menos, para conservar la memoria.

El exilio español (1936 - 1978)
Julio Martín Casas y Pedro Carvajal Urquijo
Prólogo de Alfonso Guerra
Editorial Planeta

Vicente Rojo, el general que humilló a Franco

Vicente Rojo, el general que humilló a Franco

Dentro del grupo de cadetes que se formaron en la Academia de Infantería en las dos primeras décadas del siglo XX, están dos hombres bien distintos. Por un lado, Francisco Franco Bahamonde quien, durante su estancia desde 1907 a 1910, dejó constancia "de sus limitadas dotes intelectuales y de su escasa afición al estudio; nunca lograría destacar entre sus compañeros, que, ciertamente, lo consideraban un muchacho triste, introvertido y mediocre".

Por el otro, está Vicente Rojo Lluch quien, durante su ingreso como cadete desde 1911 hasta 1914, alcanzó el 4 número de su promoción, causó una excelente impresión en sus profesores y compañeros, que "supieron valorar su inteligencia, su capacidad de trabajo, su afición al estudio y también su rectitud moral".

"Vicente Rojo, el general que humilló a Franco", de Carlos Blanco Escolá desbanca al mismísimo Franco e intenta demostrar cómo Vicente Rojo, figura histórica recuperada en las páginas de este libro, superaba constantemente a Franco durante la guerra civil, a pesar de que sus méritos no le serían reconocidos oficialmente durante el período de la monarquía, cuya deplorable política militar "propició el encumbramiento de personajes tan mediocres como Francisco Franco".

La victoria nacionalista, dice el libro, no vendrá dada por las virtudes militares del supuesto "invicto caudillo", sino por la aplastante superioridad de medios. De hecho, a lo largo de la contienda española, Vicente Rojo tuvo ocasión de humillar muchas veces al Caudillo, a pesar de que Franco estaba apoyado por las potencias fascistas. Sin embargo, gracias a la acertada dirección de operaciones y a los dotes como organizador de Rojo, se compensó la abrumadora superioridad del bando nacional, consiguiendo que la guerra civil se prolongara durante casi tres años.

Vicente Rojo, al estallar la guerra civil luchó junto al bando republicano. Por Orden de 14/8/36 pasa al Estado Mayor del Ministerio de la Guerra de Hernández Saravia. Como teniente coronel fue jefe del Estado Mayor de la defensa de Madrid. Especialista en táctica y estrategia se convirtió en el más importante mando militar del bando rojo. Fue Jefe del Estado Mayor General en mayo de 1937 y en septiembre del 37 fue ascendido a general. Planificó las ofensivas de Brunete, Teruel y del Ebro. Al caer Cataluña, convencido de la derrota de su ejército, marchó a Francia. Fue profesor en la Academia Militar de Bolivia entre 1943 y 1956. En 1958 volvió a España.

Vicente Rojo fue uno de los exiliados que se establecieron en Sudamérica al final de la contienda española. En 1958 quiso regresar a España y solicitó al gobierno de Franco el correspondiente permiso que le fue concedido sin problemas. Salvo la mala salud de Rojo, todo parecía pronosticarle un final tranquilo hasta que, varios meses después de su llegada a nuestro país, fue procesado por un delito de rebelión y condenado a cadena perpetua; condena que no cumpliría al aplicársele los beneficios de un indulto. Carlos Blanco Escolá insiste en el libro en la fuerza arrolladora de Vicente Rojo frente a Franco y la injusticia con él cometida al no serles reconocidos sus méritos. Es más, Blanco Escolá continúa preguntándose qué razones llevarían a Franco a tener "un comportamiento tan mezquino" con el profesional más completo y brillante que ha dado el Ejército español en la pasada centuria, según su opinión reflejada en el libro.

¿Conocerá algún día la respuesta? Esperaremos al próximo libro.

Vicente Rojo, el general que humilló a Franco
Carlos Blanco Escolá
Editorial Planeta

Vázquez justifica su rechazo a la moción del BNG para quitar nombres franquistas en Coruña

Vázquez justifica su rechazo a la moción del BNG para quitar nombres franquistas en Coruña

El alcalde de A Coruña, Francisco Vázquez, justificó hoy la decisión del PSOE de rechazar ayer en este ayuntamiento y junto al PP, una moción del BNG que pedía cambiar los nombres y símbolos franquistas que permanecen en la ciudad, al considerar que esta propuesta era "tergiversadora".

Tras reunirse en Madrid con la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, y preguntado por los motivos que llevaron a los socialistas a rechazar la moción, Vázquez denunció las "mentiras" y la "intoxicación interesada" de un medio de comunicación "a través de sus corresponsales en Galicia".

Después, y visiblemente indignado, recalcó que lo que debe ponerse en valor es el ejemplo histórico de A Coruña que "ha hecho desde la tolerancia una recuperación de la historia" y que, según recordó, "es la única ciudad que ha sido capaz de abordar la construcción de un monumento a los fusilados y represaliados de la Guerra Civil".

Tras subrayar la existencia en el municipio de monumentos a Pablo Iglesias, Salvador de Madariaga y a Santiago Casares Quiroga y destacar la próxima construcción del Museo Republicano de España, el alcalde coruñés precisó que, además, en el callejero se ha introducido un homenaje, no solo a las personas e instituciones "comprometidas con la libertad y la democracia", sino también a las "represaliadas".

"No admito, por tanto, lecciones de ese tenor y denuncio una intoxicación interesada que intenta desvirtuar y manipular la realidad de una ciudad que es modelo y ejemplo de la recuperación ordenada de su historia, con respeto y sin generar crispación y confrontación", apostilló.

Finalmente, y tras la insistencia de los medios en los motivos de rechazo a la moción, Vázquez explicó que se trataba de una moción "tergiversadora" del BNG, y se negó detallar más esta cuestión.

«Durruti», o la memoria de un hombre de acción

«Durruti», o la memoria de un hombre de acción

UNA VIDA DE LEYENDA / Abel Paz detalla las vicisitudes del anarquista por París, México, La Habana y Chile / El autor de la frase «llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones» murió en 1936 atravesado por una bala misteriosa

Demasiado olvidado, como todo lo referido al anarquismo, Buenaventura Durruti es uno de los grandes mitos de la guerra civil (aunque murió en sus comienzos, en noviembre del 36) y del siglo XX español. Abel Paz le dedicó una monumental biografía, Durruti en la revolución española, que desborda sus aspectos personales para analizar los avatares políticos de las primeras décadas del siglo. Constantemente reeditada y traducida a diversas lenguas, la obra sale ahora en La Esfera de los Libros.
Buenaventura Durruti es, quizá, el ejemplo más acabado y radical del anarquismo español. Apolítico e incansable hombre de acción, no fue un revolucionario profesional en el sentido de liberado, de vivir pagado por la organización, ya que trabajó toda su vida.Pero sí lo fue en cuanto a que dedicó todas sus energías a la revolución y al ideal de la anarquía, meta en la que siempre se mostró intransigente.

Abel Paz sostiene lo que él mismo considera una teoría muy especial: que «el anarquismo español es la síntesis de Bakunin, Kropotkin y Malatesta; y Durruti es un representante de esa síntesis, por su ideario y por su forma de actuar». En todo caso, en Durruti predomina la acción.

Nacido en León en 1896, entra a trabajar en un taller mecánico a los 14 años, participando de las ideas socialistas y de las actividades del movimiento obrero. El socialismo «activo, revolucionario y finalista» que defendía lo identificó pronto con el anarquismo.Se integra en diversos grupos -Los Justicieros, Los Solidarios- con los que participa en atracos para proveerse de fondos. Estando él detenido, sus compañeros asesinan al gobernador de Bilbao, José Regueral, y al cardenal arzobispo de Zaragoza, Juan Soldevila.La policía habla ya, en los primeros años 20, de la banda de Durruti.

En 1924 está en París, y allí el grupo planea una acción guerrillera desde los Pirineos que acabará en fracaso. A finales de año, Durruti y su ya inseparable Francisco Ascaso embarcan hacia América.En Cuba, trabajando en una plantación de caña, matan al propietario como represalia y escarmiento por el apaleamiento de tres huelguistas.Firman su acción como Los Errantes, nombre que les hace plena justicia en ese tiempo. Asaltan bancos en México, La Habana y Valparaíso; participan del agitado movimiento anarquista argentino de la época.

De vuelta en París, Durruti y Ascaso preparan un atentado contra el rey Alfonso XIII, pero son detenidos; pasarán un año en la cárcel. Al siguiente, 1928, pasarán seis meses más. Con la llegada de la República, Durruti entra en una nueva etapa, encaminada directamente a la revolución. El período 1931-36 es de hiperactividad y de constantes entradas y salidas de la cárcel. Todos los años del período republicano pasa algunos meses en prisión, hasta un total de 33.

Se trataba de mantener una constante situación prerrevolucionaria, practicando lo que el grupo de Durruti -Nosotros es el nombre en ese momento- llamaba «gimnasia revolucionaria». Así, participa en un levantamiento anarquista en enero del 32 y, un año más tarde, en una nueva insurrección. El sindicalismo le parecía sólo un instrumento de lucha «en defensa de la peseta más y la hora menos», pero la meta final rebasaba esas reivindicaciones coyunturales. Por eso le parecía difícil que se entendieran «los sindicalistas a secas y los anarquistas». Le parecía que cualquier programa ponía límites a la revolución.

A esas alturas, Durruti es un prototipo anarquista, cuyas peripecias mejoran las ficciones de Chesterton o Conrad. ¿O no parecen sacados de sus páginas hechos como el que dos anarquistas fueran detenidos en la víspera del levantamiento y llevados a la jefatura que sus compañeros iban a volar al día siguiente? ¿O que un jefe de policía hubiera pertenecido a las filas anarquistas años antes y persiguiera a sus antiguos compañeros con especial saña?

Durruti vive entonces entregado a la causa; durante meses, duerme en una cama sin colchón, hace las tareas domésticas cuando no tiene trabajo y espera una hija. Por fin, la victoria del Frente Popular en febrero del 36. Durruti interviene activamente en la lucha por abortar el golpe militar en Barcelona. Si su nombre ya es famoso, ahora se agiganta con la creación de su Columna.En esos días, en una entrevista, pronuncia una frase que se hizo célebre: «Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones». La Columna Durruti cruza Aragón, camino de Zaragoza, y se va engrosando como se engrosaron las fuerzas de Espartaco cuando se dirigía a Brindisi.

En noviembre, la Columna se incorpora a la defensa de Madrid.Allí, una bala misteriosa acaba con su vida. Su muerte sigue siendo aún un enigma, aunque Abel Paz no tiene dudas. «Murió porque estorbaba a la gente, y más a Stalin; y Stalin se lo cargó».

«Fue pueblo de nacimiento/ y fue pueblo hasta el final,/ sin sombras, como el cristal,/ sin grietas, como el cemento./ Y no fue su esfuerzo vano,/ ni su ejemplo, ni su lucha;/ queda en esta tierra mucha/ siembra que sembró su mano». Son versos de un poeta, entonces comunista (Jesús Munárriz), escritos en 1966.

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Abel Paz: una biografía de novela
Abel Paz (seudónimo de Diego Camacho) le ha dedicado a Buenaventura Durruti muchos años de investigación, los cuales han cuajado en las más de 700 páginas de su libro. Un trabajo riguroso y, sin embargo, poco académico desde otros puntos de vista.

Abel Paz no peca de la imparcialidad que se espera de un historiador.Escribe, por ejemplo: «Estaba visto que Alfonso XIII no podía dar un paso sin que algún español sintiera el deseo de suprimirlo de la lista de los vivos», frase impensable en historiadores como Javier Tusell o Carlos Seco, por citar a dos especialistas en Alfonso XIII. O que «los hechos más importantes en materia de expropiación que conocemos de Durruti se relacionan con entidades bancarias y, en todos ellos, se evidenció cierta maestría». O, en fin, que «por desgracia» un anarquista falló en un atentado.

Nacido en 1921, Abel Paz comparte plenamente las ideas de Durruti.Incluso, sin llegar a la altura de éste, su vida es también la de un revolucionario. Relacionado con círculos anarquistas desde la adolescencia, vive la efervescencia revolucionaria de la Barcelona del 36 y, entre 1937 y 1938, la nueva vida en una colectividad agraria.

Sufre la derrota, el exilio y los campos de concentración franceses.Vive a salto de mata en la Francia ocupada por los nazis hasta que es detenido. Se escapa, y en junio del 42 entra en España con identidad falsa. Detenido en diciembre de ese año, pasará más de nueve años en la cárcel, de los 21 a los 31 de su vida, con apenas 114 días de libertad entre medias.

Siguió trabajando con la CNT y, más tarde, escribiendo libros como éste, que se ha convertido casi en un clásico, todo lo clásico que puede ser un libro dedicado a Durruti.

Recuperar la Memoria

Recuperar la Memoria

El pasado 25 de junio tuvo lugar en Madrid el encuentro “Recuperando Memoria”, que pretendía rendir un homenaje en vida a los supervivientes de quienes lucharon entre 1936 y la década de los cincuenta por defender la II República Española. Al evento acudieron combatientes y brigadistas internacionales que lucharon por la libertad, perdieron una guerra civil -probablemente la última guerra romántica de la historia- y sufrieron una casi interminable dictadura fascista.

Hoy, 28 años después de la muerte del General Franco, aún impactados por la cercanía de esos hombres y mujeres que lo dieron todo y a los que todo se les negó, recordamos la frase de S. Serrano respecto a los guerrilleros antifranquistas: “hay una manera de evocar el pasado que potencia la libertad, y otra que la colapsa”. En este sentido, la cercanía con estos hombres, que sólo a lo largo de los últimos años y cuando ya eran realmente ancianos han podido evocar y transmitir su pasado, nos está dando a las generaciones más jóvenes la libertad de conocer y comprender la historia que nuestros padres no tuvieron. Nos permite a los jóvenes españoles escenificar una ruptura real con el pasado franquista de nuestro país, frente a la reforma que nuestros padres y abuelos tuvieron que asumir en su día.

La historia parcial de los vencedores es un relato continuo de cómo la iglesia y el bando nacional (franquista) fueron perseguidos por la maldad intrínseca del ejército rojo y los milicianos que les apoyaban. Se mostraba a los milicianos de la República Española como seres sin piedad, sedientos de sangre, lanzados a una orgía de odio y muerte, cuando no eran en realidad más que hombres y mujeres que se limitaron a defender al gobierno legítimo de su país de la agresión de un ejército apoyado por Hitler y Mussolini. Desde muchas familias españolas y desde los sucesivos gobiernos se decidió educar a los jóvenes en el olvido y la mentira. Y desde la Universidad, se decidió utilizar un método “democrático” y, si cabe, más vergonzoso, en la teoría del 50% de responsabilidad compartida entre leales al gobierno democrático y fascistas.

Un relato en primera persona

Desgraciadamente, hemos sido pocos los que nos hemos sentado a leer y a escuchar a los viejos que tenían otra historia que contar. Contra reiteradas peticiones de silencio, contra insistentes peticiones familiares para olvidar cualquier cosa que tuviese que ver con aquella época, y a partir de la localización de ciertos papeles de mi abuelo, comencé a conocer parte de la historia de mi familia. Como pude leer en esos documentos, mi abuelo, a la sazón agente de información en retaguardia de la Falange Española, se desempeñó “con celo y sentido del deber en la búsqueda y persecución de rojos huidos por los montes”. Investigando y chocando una y otra vez contra el muro de silencio construido insistentemente en torno a la historia de España, he podido conocer un poco más de lo sucedido en aquellos años. Al menos, he podido escuchar un relato en primera persona.

La historia necesita ser reescrita, incluso desde lo más individual. Por eso, quiero pedirle perdón a esa mujer que hace apenas unos días me relató en primera persona cómo mi abuelo y su hermano -enfundados en sus uniformes falangistas de “camisa vieja”, correas y pistola al cinto-, irrumpieron en su casa para arrestar al señor Pedrayes, socialista asturiano cuyo único delito fue precisamente ése, ser socialista. Quiero pedir perdón por los insultos y los golpes que sus hijos recibieron sin saber qué estaba pasando; quiero pedir perdón por sentir que parte de mi familia fue responsable de que esta mujer y su hermano hayan crecido huérfanos y asustados, sin tener una tumba en la que depositar flores. Quiero pedir perdón porque esta mujer creció, cuando niña, sabiendo quiénes habían asesinado a su padre por un delito que nunca cometió. Fue insultada y vejada por ellos y nunca tuvo, presa del miedo, valor para contar su calvario personal. Quiero pedir perdón porque se acusó a su padre de asesinar en 1937 a un sacerdote que en realidad falleció por causas naturales en 1982.

Existen miles de historias como ésta, que no tiene absolutamente nada de original. Muchos tenemos historias familiares en la misma dirección. La mayoría de los abuelos se han muerto o están a punto de morirse sin haber dejado nunca constancia o relato de qué fue lo que realmente les sucedió a lo largo de aquellos oscuros años. Y si esta tendencia no se revierte, España continuará creciendo hacia el futuro sobre los miles de muertos sin nombre que yacen en las carreteras, por fuera de las tapias de los cementerios o en miles y miles de sumarios de los Tribunales de Excepción franquistas que condenaban al paredón bajo la acusación de “auxilio a la rebelión” a quienes en realidad defendían al gobierno legítimo de la República.

Causa perplejidad observar cómo, en Chile y Argentina, la justicia española -en función del principio de justicia sin fronteras y cuando se trata de crímenes de lesa humanidad- actúa, incluso contra la voluntad de sus gobiernos, para juzgar a los responsables de violaciones de derechos humanos en ambos países. Constituyendo éste un comportamiento que responde sin lugar a dudas a un afán de justicia y descubrimiento de la verdad, absolutamente elogiable, no es comprensible, en cambio, el mantenimiento de un silencio sepulcral sobre lo sucedido en España.

Ni el gobierno actual ni ninguno de los anteriores han comenzado a desenterrar los miles de fosas comunes que hay a lo largo y ancho del país para, al menos, cerrar la inmensa lista de desaparecidos y ejecutados sin causa que nuestra historia soporta. Cuando se pregunta por la verdad se califica de “querer abrir heridas del pasado”. La Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) -auténtico detonante de la apertura progresiva de fosas comunes-, continúa sin recibir apoyo público y sigue trabajando desde el desinteresado altruismo de sus miembros frente al silencio oficial. Esta asociación ha logrado la inclusión de algunos guerrilleros antifranquistas (“maquis”) en el informe del Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias de la Comisión de Derechos Humanos de la o­nU. Además, desde que la ARMH desenterró en 2002 la fosa con los “trece de Priaranza” en el Bierzo o se abrió la fosa de Valdediós en Asturias (que además cuenta con el relato preciso de la orgía de violaciones y torturas previas a la ejecución de los aproximadamente 35 trabajadores del Hospital de Valdediós que allí fueron asesinados), cientos de fosas han sido denunciadas y documentadas. ¿Cuántos cadáveres republicanos reposan en estas fosas?. Es imposible saberlo, pero contando con que sólo en la fosa común del cementerio de Gijón se habla de más de 3000 cuerpos o en la matanza de la plaza de toros de Badajoz se mencionan cifras similares, los desaparecidos que la democracia española debe recuperar superan según las diversas asociaciones la cifra de 30.000 personas.

En la mayoría de los casos, cuando se localiza una fosa común, no existen los medios económicos ni legales para recuperar e identificar los cadáveres. Aquí es donde el gobierno debe intervenir a través de la dotación de los medios técnicos y cobertura legal que permitan desarrollar con dignidad estos trabajos. Y hay prisa. Hay mucha prisa. Las personas que vivieron aquellos hechos superan en la gran mayoría de casos los 80 años. Y ellos son la única fuente de documentación existente sobre la localización de las fosas comunes. Lo que no se avance en estos próximos años quedará sepultado en un silencio absolutamente indigno e irrespetuoso para con las víctimas y sus familias. Como ha señalado recientemente en el diario “El País” el escritor Benjamín Prado, la apertura de la fosa de Federico García Lorca, perfectamente ubicada e identificada, constituiría un gran paso adelante en esta lucha debido a la relevancia pública del poeta. De cara a la opinión pública, sería probablemente el mejor detonante para que nadie pudiese excusarse ya de apoyar la continuación de los trabajos pendientes.

España sigue siendo un país sin memoria. Es necesario comenzar a hablar y conseguir que el homenaje del día 25 de junio en Madrid no sea el último que los viejos republicanos españoles puedan presenciar. Y además se debe garantizar que, al menos en los últimos años de su vida, los miles de personas que no tienen un lugar donde recordar a sus muertos puedan recuperar la dignidad que se les arrebató al arrojar a sus familiares inocentes en miles de fosas comunes.

* Alberto Arce. Analista de la Fundación CIDOB.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=1575

Defensor del Pueblo: informe 2003: 19.5. Exhumaciones de fosas comunes de la Guerra Civil

Defensor del Pueblo: informe 2003: 19.5. Exhumaciones de fosas comunes de la Guerra Civil

Durante 2003 se han recibido numerosas quejas de ciudadanos que reclamaban la colaboración de los poderes públicos para la localización e identificación de las víctimas de la Guerra Civil Española que permanecensepultadas en fosas comunes, solicitando individualmente, así como de forma colectiva a través de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, ser asistidos por la Administración para restaurar su derecho a dar sepultura digna a estas víctimas. De forma paralela en el tiempo fue presentada una Proposición no de Ley por los grupos parlamentarios, por la que se demandaba la colaboración de los poderes públicos con los familiares que solicitaran la exhumación de los cuerpos que se encuentran en fosas comunes a partir de 1936.

La Comisión Constitucional, en su sesión del día 20 de noviembre de 2002, acordó aprobar con modificaciones la referida Proposición no de Ley en los siguientes términos: "Tercero. El Congreso de los Diputados reafirma una vez más, el deber de nuestra sociedad democrática de proceder al reconocimiento moral de todos los hombres y mujeres que fueron víctimas de la Guerra Civil Española, así como de cuantos padecieron más tarde la represión de la dictadura franquista. Instamos a que cualquier iniciativa promovida por las familias de los afectados que se lleva a cabo en tal sentido, sobre todo en el ámbito local, reciba el apoyo de las instituciones, evitando, en todo caso, que sirva para reavivar viejas heridas o remover el rescoldo de la confrontación civil".

Con el objetivo de conocer las medidas adoptadas para dar observancia a la citada Proposición no de Ley, y de esta forma poder informar a las personas que individual o colectivamente han continuado dirigiéndose a esta Institución a lo largo de 2003, se efectuó una investigación ante la Subsecretaría del Ministerio de la Presidencia.

La información facilitada por este organismo sobre las decisiones y medidas adoptadas para apoyar, en cumplimiento de la referida Proposición no de Ley, cualquier iniciativa promovida por las familias de las víctimas de la Guerra Civil, se limitó a transmitir al Defensor del Pueblo el parecer sobre estas cuestiones de los Ministerios de Justicia, de Educación, Cultura y Deporte y del Interior, por ser los departamentos que informaron en su día la aludida iniciativa parlamentaria.

Tanto desde las Subsecretarías del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte como desde la del Ministerio de Justicia, se manifestó que las cuestiones a las que se refiere la citada Proposición son ajenas al ámbito competencial de ambos departamentos, si bien desde el Ministerio de Justicia se admitió la eventual competencia del Instituto de Toxicología, dada su capacidad técnica para llevar a cabo pruebas de ADN para identificación de restos humanos, si bien a solicitud de particulares y mediante el abono del correspondiente precio público.

Por su parte desde la Subsecretaría del Ministerio del Interior se señalaba que las competencias en materia de policía sanitaria mortuoria fueron traspasadas a las comunidades autónomas. Por otra parte y en lo que se refiere a la digitalización de los archivos relacionados con la Guerra Civil y a la posibilidad de consulta vía Internet, se comunicaba que el acceso a los archivos que puedan contener datos relativos a las personas a las que se refiere la repetida Proposición no de Ley debe hacerse en los términos previstos en la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común y en la Ley 13/1985, de 25 de junio, de Patrimonio Histórico Español, precisando a continuación que estas normas no establecen la obligación de digitalización de dichos archivos, ni tampoco la necesidad de facilitar su consulta o­n-line.

Estas respuestas ofrecen un resultado ciertamente desalentador para los ciudadanos afectados, y permite deducir que la iniciativa parlamentaria no ha tenido por el momento la repercusión que precisa su observancia.

Han transcurrido sesenta y siete años desde el comienzo de la Guerra Civil española, y veintiséis desde la aprobación de la Ley de Amnistía de 1977, que quiso poner fin a aquel enfrentamiento civil,

iniciándose a partir de entonces la publicación de numerosas disposiciones dirigidas a reparar, en la medida de lo posible, la dignidad de las personas que padecieron las tristes consecuencias de la guerra y a proporcionarles los recursos necesarios.

Sin embargo aún son decenas de miles los cadáveres de personas que perdieron la vida en la guerra y que todavía permanecen en fosas comunes. A juicio de esta Institución resulta imprescindible que las instituciones públicas faciliten la identificación de las víctimas, mediante el acceso de familiares y herederos a los archivos históricos de la Guerra Civil para posteriormente, y tras los estudios pertinentes, adoptar las medidas de actuación de los órganos judiciales competentes para exhumar, identificar, practicar las pruebas forenses necesarias y entregar a las familias los restos de las víctimas para que puedan recibir digna sepultura, y con tal convencimiento desde este informe, que se eleva al conocimiento de las Cortes Generales, el Defensor del Pueblo hace un llamamiento a los poderes públicos para que con la máxima urgencia se pongan en marcha los mecanismos que ello precise (0213146, 0301647, 0302111, 0303532, 0308060, 0308670, 0312197, 0314464, 0315028, 0317156, etc.).

informe completo en:

http://www.defensordelpueblo.es/