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MEMORIA HISTÓRICA

TVC graba dos capítulos de «Zona roja» sobre la guerra civil en Balears

TVC graba dos capítulos de «Zona roja» sobre la guerra civil en Balears

Un equipo de Televisió de Catalunya se encuentra estas semanas grabando en Balears cuatro episodios de la serie documental «Zona Roja» sobre la Guerra Civil. La serie, que se inició el año pasado con el rodaje y emisión de los capítulos centrados en Catalunya y la franja de Aragón, amplía ahora sus fronteras y prepara una nueva entrega de dos programas dedicados a Balears y dos al País Valencià.

En los capítulos se exponen por primera vez las diversas y complicadas circunstancias en que se vieron inmersos los isleños durante la Guerra Civil. Así, el equipo de TVC llegó la semana pasada en Mallorca para buscar localizaciones y entrevistas testimoniales que rodarán a partir de mañana en Palma, Manacor, Porto Cristo, Pollença, Inca, Maó, Ciutadella, Eivissa y en otras poblaciones significativas.

El equipo de investigación ha contado con la colaboración de algunos asesores históricos, conocedores del tema en profundidad. Entre ellos se encuentran David Ginard, Josep Massot y Muntaner, Llorenç Capellà, Miquel Duran o Sebastià Serra.

El capítulo séptimo de la serie, y primero dedicado a Mallorca, se titula «L'expedició de Bayo». Es una crónica de la aventura marítima que, a principios de agosto de 1936, llevó al capitán Bayo a intentar recuperar Mallorca, Eivissa y Formentera, que estaban en manos del bando franquista. Un episodio donde se exponen los motivos de esta expedición y las dificultades que encontró para cumplir su objetivo.

El segundo capítulo se dedica a Mallorca. En el mismo se explica el triunfo de los militares fascistas y las vivencias de los mallorquines, distintas a las de los habitantes de las otras islas. Con el levantamiento llegó a Mallorca Arconovaldo Bonacorsi, más conocido como el conde Rossi, enviado por los aliados italianos de Franco con la misión de crear los cimientos de una sociedad basada en los mismos postulados fascistas que Mussolini aplicó a Italia. El capítulo explica las vivencias de los mallorquines, víctimas de la imposición fascista y de los bombardeos republicanos.

Uno de los aspectos destacados de la aportación documental de la serie es la especial atención a todas las personas encerradas en prisiones, escondidas o que intentaron huir de la Isla, manteniendo el espíritu y los ideales republicanos, en un último reducto de la resistencia de la zona roja en Mallorca. Un movimiento poco estudiado y desconocido para la mayoría.

La serie «Zona roja» se emitirá a partir de octubre y, además de la nueva entrega, se repondrán los emitidos el año pasado.

La Asociación de la Memoria Histórica pide la prohibición de monumentos franquistas por apología de la violencia

El presidente de la Asociación Nacional para la Recuperación de la Memoria Histórica, Emilio Silva, planteó hoy la prohibición de los monumentos franquistas por apología de la violencia y rebelión.

"Sería impensable ver una estatua de Hitler en Alemania, como muchos otros personajes que han formado parte de la historia negra de muchos países no deberían tener un monumento público", indicó Silva, quien añadió que "erigir un monumento a un régimen que ejecutó a 55.000 personas y nos dejó sin democracia debería ser delictivo, porque para muchas personas es un insulto pasar junto a la estatua de una persona que asesinó a sus familiares".

Esta es una de las propuestas, según explicó, planteadas por esta asociación al Gobierno central para su puesta en marcha, junto al fomento de la enseñanza en colegios e institutos de lo acontecido durante la Guerra Civil, "porque muchos jóvenes no tienen ni idea de lo que fue la Segunda República, la Guerra Civil o el franquismo".

En este sentido, hizo referencia a la carta de un joven de 16 años publicada en un periódico en la que hacía referencia a sus conocimientos sobre las cifras de muertos de la Primera y Segunda Guerra Mundial y pedía que alguien le explicara lo que sucedió en la Guerra Civil española.

"La Transición ha sido muy benevolente con la historia de este país y ahora somos los nietos los que tenemos que poner las cosas en su sitio", indicó Silva tras su intervención en el curso de verano "El franquismo y su memoria: de la Transición a la actualidad", clausurado hoy en el centro de la UNED de Mérida.

Silva indicó que otra de las peticiones al Gobierno central es que se haga cargo de las exhumaciones de cuerpos al considerar que se trata de un servicio público "y de gran magnitud para muchos españoles, que aún no saben dónde están los restos de sus familiares".

Así, recordó que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica lleva tres años y medio buscando desaparecidos republicanos de la Guerra Civil y de la posguerra, en los que ha exhumado hasta ahora 300 cuerpos, a los que se sumarán 150 exhumaciones más previstas para este verano.

"Al acabar la Guerra Civil, Franco hizo cientos de exhumaciones en fosas buscando los cuerpos de personas que lucharon junto a él. En el siglo XXI es hora de que, con dinero público como se hizo entonces, se haga lo mismo con las familias que no han podido encontrar restos sus familiares", manifestó Silva, quien apuntó la necesidad de que la Audiencia Nacional investigue las desapariciones que se produjeron.

Igualmente, reseñó que las principales dificultades con las que se encuentra esta asociación viene dado por el acceso a los archivos de expedientes, cuya digitalización están reclamando también, "muchos de los cuales tienen fotos y cartas de estas personas que deben estar en manos de sus familiares".

Silva subrayó el apoyo institucional existente en Extremadura hacia esta causa y exigió que, sin detrimento de ello, exista un apoyo estatal a través de la creación de una comisión para saber las víctimas que ocasionó la Guerra Civil, puesto que aún no se ha abordado el asunto en 20 provincias "y el problema es que hasta que alguien no dé con los restos de estas víctimas, no son consideradas como tales".

Por otro lado, manifestó su convicción en que la sociedad está preparada para conocer lo acontecido durante la Guerra Civil y la posguerra, "y le ayudará a madurar más aún; lo que no puede ser es que esas víctimas no existan para la sociedad, ni es bueno que le escondan su pasado".

Finalmente, reconoció el miedo existente aún en algunos pueblos, por lo que consideró como "una necesidad" que se aborden estos hechos, "que todos sepamos lo que pasó, porque el pasado, y más el pasado del que no se habla, siempre estará presente", concluyó.

El juez fija en 480 euros la multa por arrojar huevos contra la placa golpista

El juez fija en 480 euros la multa por arrojar huevos contra la placa golpista

Los cuatro acusados por tirar huevos con pintura a la placa que conmemora el golpe de Estado de Franco, que hasta hace unos días se exhibía en la fachada del Gobierno Militar, han sido condenados a pagar una multa de 480 euros por una falta de daños, según el fallo judicial.

Además, los cuatro jóvenes tendrán que pagar las costas judiciales y los daños causados, para lo que se esperará por las facturas porque el juez considera imposible fijar una cantidad dado que el peritaje de la acusación y la defensa no se sostienen, el primero de 600 euros y el segundo de 50.

En cualquier caso sí consideró demostrado que el coste es inferior a 300 euros, lo que permitió considerar los hechos como una falta y no como un delito por el que el fiscal pedía la multa máxima, que ascendía a 35.000 euros.

La abogada defensora, Beatriz Trujillo, -quien había solicitado la libre absolución para los cuatro jóvenes-, anunció que la sentencia, a pesar de ser muy inferior a lo solicitado por el fiscal, es "inadmisible" y será recurrida.

Juan Carlos Navarro, uno de los condenados, aseguró que el grupo se "escandalizó" al comprobar cómo la Fiscalía "se implicó tanto políticamente en la defensa" de la placa, como en erigirse "portavoz de las personas que pudieran ver violado su derecho a la libertad de expresión", ya que "hoy en día -añadió- nadie reivindica el contenido de esa placa y hay una decisión del Gobierno central para quitarla".

"Las personas que hemos realizado esta acción -prosiguió- nos hemos hecho responsables" de la acción, pero se recurrirá la sentencia porque "no se ha cometido falta contra nadie y la Justicia no puede condenar la lucha social por la democracia, no puede ponerse del lado de lo que no es un bien sino un atentado y algo que no debe ser exhibido públicamente", aseveró tras conocer la sentencia.

Además, consideró legítima la acción de los jóvenes toda vez que estaba agotada la vía institucional y, tras 25 años de protestas, ni los gobiernos del PSOE ni del PP la habían quitado de la fachada del Gobierno Militar, situado frente al Parque San Telmo de la capital grancanaria.

Y "aún quedan huevos por tirar", apostilló el joven, que se refirió a las calles alusivas al franquismo existentes en las Islas, a las que se suma una cristalera con símbolos de la dictadura en el Tribunal Superior de Justicia de Canarias.

"Mientras no sean acciones violentas" la Justicia no se debe implicar en una acción utilizada por falta de atención institucional y realizada, además, "con bastante humor", consideró el joven.

El grupo apoyará "cualquier iniciativa por recuperar la memoria histórica y la desmilitarización de la sociedad", aseguró antes de considerar que "es imposible que vuelvan a colocar" la placa en la fachada del inmueble tras ser retirada supuestamente para limpiarla.

Las mentiras de la historia

Las mentiras de la historia

Destruir mitos se ha convertido en una de las obsesiones de la paranoica sociedad contemporánea, empeñada en transformar historia y actualidad en una suerte de conspiración universal. 'Desmontando la historia' (Volter) sirve a ese fin a la perfección. Sus autores, Ed Rayner y Ron Stapley, dos profesores británicos de Historia Contemporánea, intentan desenmascarar a granujas disfrazados de héroes, zanjar controversias de siglos y aclarar las tergiversaciones históricas más persistentes en la memoria colectiva.

Fieles a su origen, su trabajo desmitificador se centra sobre todo en capítulos de la historia de Gran Bretaña y Estados Unidos, además de dedicar especial atención a la Segunda Guerra Mundial, el nazismo y Stalin. En otros episodios al lector extranjero le parecerá que pecan de anglocentrismo, al dedicar capítulos a personajes del calibre del sheriff Wyatt Earp -que ni fue sheriff, ni un justiciero, ni sabía manejar el revólver-, al sitio del Álamo -ponen en duda la heroicidad de David Crockett y los suyos frente al ejército mexicano- o al general Custer. En los tres casos, Rayner y Stapley derriban de un plumazo la imagen que Hollywood se ha esforzado por dar de las leyendas de la corta historia estadounidense.

Tampoco falta el capítulo dedicado a la conspiración del siglo XX por antonomasia: el asesinato del presidente John F. Kennedy. Pero el lector no debe esperar grandes revelaciones en éste y otros misterios. Los autores no han intentado aportar teorías nuevas o extravagantes para descubrir la verdad oculta. No han hurgado en los archivos de la historia ni aprovechado la desclasificación de informaciones reservadas. Por el contrario, se atienen a las interpretaciones más lógicas de los acontecimientos. "La mejor teoría es la que explica los hechos de la manera más sencilla y completa con los datos de que se dispone en el momento", argumentan los autores en el prólogo del libro.


Wyatt Earp.
Tal es así que, a veces, dejan las cosas en la misma nebulosa histórica en que se encontraban. Así ocurre con el ataque de Pearl Harbor. Ponen en duda la versión oficial sobre el 'traicionero' ataque japonés, pero tampoco conceden credibilidad a la teoría conspiratoria de que Roosevelt se dejó bombardear para entrar en la guerra. Y abandonan al lector salivando por un poco más de intriga.

El 'Maine', Guernica, la Guerra Civil

España sólo aparece en tres ocasiones en el libro. La primera, para dar crédito a la versión española del hundimiento del 'Maine', que sirvió de excusa a Estados Unidos para declarar la guerra al Gobierno de Madrid el 25 de abril de 1898. En efecto, tal como enseñan los libros de historia que estudian los niños españoles y en contra de las múltiples informaciones publicadas entonces por los periódicos de EEUU ('Remember the Maine!'), el barco fue volado antes por insurgentes cubanos que por soldados nacionales. Pero tampoco se descarta la posibilidad de una explosión accidental, provocada por el mal estado de la munición que se almacenaba en el buque, o por la mezcla casual de oxígeno y polvo de carbón.


Mijaíl Gorbachov.
También confirma el libro que el bombardeo de Guernica durante la Guerra Civil española fue obra de la aviación alemana e inspirada por el bando nacional, pese a los múltiples intentos franquistas de negar su responsabilidad, durante y después de la contienda. Finalmente, Rayner y Stapley niegan que la Guerra Civil española sirviera de ensayo general de la Segunda Gran Guerra a las potencias mundiales. Aseguran que la participación de Italia y Alemania, de un lado, y Francia, Reino Unido, Unión Soviética y Estados Unidos, de otro, fue más bien limitada. Ni estaban especialmente interesados ni su aportación bélica fue significativa. Y las brigadas internacionales no llegaron a enviar los 80.000 hombres de que se ha hablado. Probablemente, dicen, fueron sólo 35.000.

Entre los mitos modernos, los autores se detienen en Ronald Reagan (¿hasta qué punto fue merecida su reputación?), Mijaíl Gorbachov (¿causó el hundimiento del comunismo y de la Unión Soviética?) y Margaret Thatcher (¿la esperanza blanca del conservadurismo británico?). Entre los hechos más actuales, no alcanzan más allá de la Guerra de las Malvinas (¿hizo bien Gran Bretaña?) y la Guerra de las Galaxias (¿acabó con la Guerra Fría?).

Un pastel de carne

Más sabrosas resultan al profano las anécdotas de la historia, pequeñas mentiras que han perdurado durante siglos en el imaginario colectivo. Por ejemplo, la Marcha de las Mujeres, que sacó del palacio de Versalles a la familia real francesa en 1789, estaba integrada por un puñado de hombres disfrazados. Y el primer ministro británico conocido como Pitt 'El Joven' no dijo en el lecho de muerte "mi patria, cómo voy a dejar mi patria", el 23 de enero de 1806. Su frase fue, por el contrario, mucho más prosaica: "Ahora me comería ese pastel de carne de cerdo de Bellamy".

Rayner y Stapley también echan por tierra el legendario final del almirante Nelson, quien antes de morir se dice que susurró a su capitán: "Kismet [destino, del persa qismat], Hardy". Nada más lejos de la intención del héroe británico, porque sus deseos eran otros: 'Kiss me [bésame], Hardy'...

Este verano se exhumarán 150 cadáveres republicanos

Este verano se exhumarán 150 cadáveres republicanos

El presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, Emilio Silva, afirmó ayer en Mérida que este verano se exhumarán alrededor de 150 cuerpos de civiles republicanos fallecidos durante la Guerra Civil y la postguerra, e instó al Gobierno central a tomar medidas que ayuden a la investigación, informa Efe.

Silva, que participó en el Curso "El franquismo y su memoria: de la transición a la actualidad" de la UNED de Mérida, subrayó que desde la creación de la Asociación nacional, que no cuenta con ningún tipo de subvención, se ha exhumado unos 300 cuerpos, lo que consideró "un trabajo de servicio público" del que se tiene que hacer cargo el Gobierno. Añadió que con el cambio político producido en las elecciones generales del 14 de marzo se puede producir un cambio en la historia de estas familias.

El Periódico de Extremadura
http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/noticia.asp?pkid=121296

Los mayores evocan la tragedia del polvorín

Los mayores evocan la tragedia del polvorín

Sesenta y cinco años después, el suceso sigue marcando cada 9 de julio que pasa

Viernes, 9 de julio del 2004. Para muchos ayer fue un día más en la rutina diaria, pero otros, los de más edad, fijaron su vista en el calendario y revivieron aquel domingo trágico de hace 65 años, cuando la explosión de un polvorín asoló la localidad.

Sólo tres meses después del final de la Guerra Civil, a las 11.20 horas, Peñaranda temblaba por el estallido de dos vagones cargados con material explosivo de la contienda, al que siguió el polvorín ubicado en la estación de Renfe. Más de un centenar de muertos y desaparecidos, miles de heridos y la destrucción sembraron el drama.

El valor de los que quedaron y el trabajo de todos permitió a Peñaranda resurgir de sus cenizas y reconstruirla casi por completo, partiendo de cero, pero con el futuro como esperanza.

Homenaje

Todas esas vivencias, y la intención de rendir un merecido homenaje a esos hombres y mujeres que sufrieron las consecuencias del polvorín, se quieren reflejar en una escultura, obra del artista Juan Francisco Pro, que se quiere colocar en la zona de la estación del tren. Por ahora, la idea sigue ahí y ayer se pidió de nuevo al ayuntamiento que no olvide la promesa de hacerla realidad algún día.

Viaje por la dignidad humana y el dolor

El MEIAC estrena una sobrecogedora exposición de objetos, documentos y fotos de familias que sufrieron las consecuencias de la guerra civil "Comienza la recuperación de la memoria histórica y no hay quien lo pare", declara Alfonso Guerra

El vestido de una niña muerta en la guerra, un par de botas, un cuaderno infantil, una cartilla de racionamiento, la carta de un padre despidiéndose de su hija y de su mujer antes de ser fusilado... Son retazos de la memoria histórica de España que se pueden contemplar hasta el 19 de septiembre en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC), en Badajoz, dentro de la exposición El exilio de los niños , un homenaje a los pequeños que sufrieron las consecuencias de la guerra civil.

Detrás de cada objeto y fotografía que jalonan las 70 vitrinas de la muestra se adivina una historia humana. Y es que el material donado por 50 supervivientes del exilio y más de 30 instituciones europeas, dan una idea del proceso de separación y la experiencia que tuvieron que vivir más de 100.000 niños españoles.

Organizada por las fundaciones Pablo Iglesias y Largo Caballero, la exposición fue inaugurada anoche en el MEIAC por Juan Carlos Rodríguez Ibarra y Alfonso Guerra.

"La memoria es un instrumento de construcción social; sobre el olvido no es posible cimentar una sociedad democrática, y la española ha tenido en olvido a quienes fueron expulsados de su país. Esos niños merecen respeto, afecto y sobre todo el recuerdo", afirmó Guerra. Y recordó que esos niños fueron acogidos "por Francia, Bélgica, Inglaterra, la URSS y México, por ese orden". La exposición, dijo, no pretende "abrir heridas, sino cicatrizarlas. Es un viaje a través de la dignidad humana".

Ibarra cuestionó si el silencio de la izquierda durante la transición fue bueno o malo: "Hicimos que lo debíamos", y aparecen "grietas por las que vuelven los recuerdos de lo que no debemos olvidar", dijo, e invitó a los maestros a "que vengan a ver la exposición con sus alumnos a ver la arqueología del dolor".

El presidente de la Fundación Largo Caballero, Antón Saracíbar, explicó que la muestra es "una de las más importantes que se han realizado relacionadas con el exilio" y representa "un esfuerzo de recuperación de la memoria histórica y para que los jóvenes conozcan lo que aconteció para que no se vuelva a producir".

La exposición analiza por secciones las políticas de solidaridad internacional; después, las evacuaciones de niños al extranjero, la estancia en cada país de acogida, la situación de los niños que se quedaron en España, las repatriaciones, y finalmente la organización de los niños ya adultos, un proceso que va desde 1937 hasta la actualidad.

A partir de abril de 1937 fueron evacuados en distintas expediciones 33.000 niños solos, sobre todo desde Gijón y Bilbao a los países citados. Después de la guerra, el éxodo de principios de 1939 llevó al exilio a otros 70.000 niños que abandonaron el país con sus familias.

La comisaria de la exposición, María José Millán, recordó que de Extremadura salió un número importante de niños hacia México, y aseguró que "los niños que peor lo pasaron no fueron los que se marcharon, sino los que se quedaron, huérfanos e hijos de presos".

El secretario general de UGT de Extremadura, Miguel Bernal, aseguró que "ésta exposición no deja indiferente" y mostró sus deseos de que quienes la visiten, fundamentalmente los más jóvenes, "sepan valorar lo que tenemos", informa Efe.

Esclavos del pasado

Esclavos del pasado

La mitología griega sitúa en los infiernos la llamada Fuente del Olvido o Fuente de Lete, la hija de Éride, la Discordia. En ella bebían los muertos para olvidar su vida terrestre, y también, según añadiera Platón, con su brebaje las almas se olvidaban del infierno antes de regresar a una nueva vida en la tierra. Una alegoría aleccionadora: en los tiempos míticos correspondía a los vivos beber de la Fuente de la Memoria (Mnemósine) y a la Historia cultivar los recuerdos, para escrutarlos o revivirlos, para expiarlos o para sufrirlos una y otra vez.

No son conscientes de esa idea los que no entienden la legitimidad y la fuerza que ha cobrado el -tal vez mal llamado- Movimiento por la recuperación de la memoria histórica. No lo son. Y sorprende que no lo sean a estas alturas de los tiempos -cuando la Guerra Civil terminó hace 75 años- esa mayoría de ayuntamientos del Valle del Roncal que, para justificar su negativa a apoyar en su tierra un homenaje a los 'esclavos del franquismo' que entre 1939 y 1941 realizaron la carretera que une las localidades de Roncal, Vidángoz e Igal, han aducido que semejante reconocimiento público es rechazable por tratarse de «una cuestión política». ¿Acaso siguen todavía mu- chos ediles roncaleses el consejo de aquel caudillo que no quería que nos metiéramos en política? Bromas aparte, ¿no sorprende que hoy por hoy se pueda explicar tan pobremente una actitud tan trascendente?

Sorprende según se mire. Tampoco en las más altas instancias de la vida política faltan los malos ejemplos. Porque ya éramos conscientes de que la Historia ni lo ilumina todo ni todo lo va superando. No lo hizo durante el franquismo y tampoco a lo largo de la transición. De hecho, pareciera que muchos hayan estado esperando a que llegara la era Aznar para bramar con más fuerza que nunca contra el franquismo, no tanto a favor de la reparación de una justicia histórica como contra el propio Aznar y lo que representa. Contra Aznar quisieron promover los estudios históricos mayormente en el País Vasco. Contra Aznar hablaron de recuperar la memoria de los silenciados. Y contra Aznar prometieron com- pensar económicamente a las víctimas de la represión franquista. ¿Y ahora qué?

Al menos en Euskadi ha resultado ser bastante falso (o una impostura o un incumplimiento, el tiempo lo acabará dilucidando del todo). Si hubieran cumplido sus promesas, nada se les podría reprochar. Pero tanto el consejero vasco de Izquierda Unida Javier Madrazo como el resto de miembros del Gobierno tripartito han demostrado ser bastante demagogos y puede que incluso algo necios. Madrazo prometió ayudas y, a la hora de la verdad, lejos de reconocer que se pasó de valiente y que no tiene fondos para acometerlas, ha decidido pasarse de listo y autojustificar los miles de rechazos de peticiones con argumentos impropios de la izquierda y con excusas historicistas que a veces recuerdan a Pío Moa o al mismísimo Ricardo de la Cierva. Lamentable.

Debemos ser duros en el juicio porque ese amagar y no dar del consejero Javier Madrazo no es sólo una actitud cicatera. Es pura hipocresía, una mentira manifiesta, por ejemplo, en lo que se refiere a esos represaliados que la historiografía más seria ya viene considerando 'esclavos del franquismo', esto es, miles de soldados de la República que una vez derrotados, sobre todo entre 1939 y 1941, fueron castigados a hacer 'otra mili' en Batallones de Trabajadores o Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores. Según han demostrado brillantemente los historiadores navarros Fernando Mendiola y Edurne Beaumont, aquellos soldados esclavizados fueron considerados por el régimen «las mulas de la Nueva España». Pero para Madrazo eran simples soldados de Franco que estaban haciendo la 'mili'.

Patético. Decepcionante. Y muy triste. Si Madrazo ha bebido de la Fuente del Olvido, si es la Discordia la que confunde al consejero, sólo cabe desearle que beba de la Fuente de la Memoria y que algún día la Historia lo perdone (o, como dirían esos otros: que no se meta en política de izquierdas).

PEDRO OLIVER/PROFESOR DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA EN LA UNIVERSIDAD DE CASTILLA-LA MANCHA