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MEMORIA HISTÓRICA

Recuperado un campamento militar republicano en Pujalt (Barcelona)

Recuperado un campamento militar republicano en Pujalt (Barcelona)

Un total de 12 voluntarios han trabajado durante 15 días para recuperar un campamento militar republicano en Pujalt (Barcelona) en el que han descubierto restos de tiendas de estilo suizo, munición, un nido de ametralladoras, la zona del cuerpo de guardia y material cotidiano de los soldados.

Los trabajos, que finalizaron hoy, sirven para recuperar el centro de instrucción militar que el ejército popular de la Segunda República tenía en Pujalt.

El coordinador del grupo, Pere Tardà, explicó que las tareas han servido para delimitar la estructura, acondicionar la evacuación de aguas fluviales y los accesos, así como recuperar la estructura que los sustentaba y el muro de contención, según informó hoy el diario comarcal 'Regió 7'.

Los voluntarios intervinieron en tres tiendas y todavía quedan diez tiendas más que tendrán que limpiarse en próximas ediciones del campo de trabajo. En cada tienda dormían entre 20 y 25 personas y en su interior, se recuperaron objetos que formaban parte del día a día de los soldados.

Tardà detalló que, entre otras cosas, encontraron munición, latas de conserva, un vaso de aluminio, un botón y piquetas de hierro para sujetar lonas.

Estos restos se suman a los que ya se encontraron en la primera semana del campo, cuando actuaron en el emplazamiento de un nido de ametralladoras y una trinchera de 30 metros de largo que conducía a un espacio en el que dos soldados hacían guardia de forma permanente. Aquí también encontraron munición y una lata de sardinas de aluminio de Noruega.

Según las previsiones, en la próxima edición del campo se intervendrá en otro nido de ametralladoras y, posteriormente, se habilitará un museo.

El Ayuntamiento de Pujalt se hace cargo de los costes y la organización cuenta con la colaboración del Servicio Civil Internacional y de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

Incógnitas sobre la muerte de Lorca planean en el aniversario de su fusilamiento

Incógnitas sobre la muerte de Lorca planean en el aniversario de su fusilamiento

Varias incógnitas sobre la muerte de Federico García Lorca, como la fecha exacta en la que fue fusilado o si se le torturó antes de su ejecución, planean aún sobre la figura del poeta y dramaturgo granadino al cumplirse el 68 aniversario de su asesinato.

En declaraciones realizadas, Eduardo Castro, periodista de TVE y autor de varios libros de investigación sobe la muerte de Lorca, explicó que, aunque oficialmente se ha aceptado el 18 de agosto como la fecha de su muerte, "no existe unanimidad a la hora de determinar cuándo murió Federico, ya que algunas versiones apuntan a que fue la noche del 18 al 19 (de agosto de 1936), mientras que otras aseguran que tuvo lugar en la madrugada del 17 al 18".

"Mi teoría, al igual que la primera expuesta por Ian Gibson, es que ocurrió en la madrugada del 19", explicó el autor de los libros "Muerte en Granada. La Tragedia de Federico" (Madrid, 1975), "Versos para Federico" (Murcia, 1986 y Granada, 1998) y a su vez miembro de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH).

Otros de los aspectos sin resolver es si fue torturado antes de ser fusilado, o de si los cuatro que se suponen enterrados en el barranco de Víznar -Joaquín Arcollas, Francisco Galadí, Dióscoro Galindo y Federico García Lorca- fueron sepultados juntos o, por el contrario, como sostiene otra teoría, de dos en dos -Arcollas y Galadí en una y Galindo y Lorca en otra-.

En este último caso "la identificación de los restos de Federico sería facilísima, no haría falta ni recurrir al ADN, porque Dióscoro Galindo, el maestro vallisoletano, era cojo, así que bastaría con identificar cuál de los dos lo era", apuntó el periodista, quien añadió que se trata de "incógnitas que no serán resueltas hasta que se exhumen sus restos".

Castro consideró "legítimas" las dos posturas enfrentadas en la actualidad por la posibilidad de que los restos de García Lorca vean la luz, después de que familiares de Galindo y Galadí solicitaran la exhumación de ambos cuerpos el pasado 16 de julio.

"Hay que tener en cuenta que quienes piden la exhumación de la fosa son dos familias, mientras que a ella se opone una sola, la de Federico García Lorca", apuntó el escritor, quien consideró que "lo que no podemos permitir es que el apellido de una familia se anteponga al derecho de dos".

A pesar de la oposición de sus familiares, Castro no descartó, incluso, que los restos de Lorca sean analizados si finalmente ven la luz.

"Será finalmente un juez quien habrá de decidir qué debe estar por encima, si los deseos de una familia particular o la constatación de una verdad histórica", apuntó.

A juicio del escritor, la oposición de los familiares de Lorca a que sus restos vean la luz no reside tanto en su rechazo a que se investiguen las circunstancias que rodearon su muerte como en "el miedo que tienen a que su exhumación se convierta en un circo mediático".

"Nosotros les hemos garantizado que esto no va a ocurrir" apuntó Castro, quien subrayó que la exhumación, de llevarse a cabo, estaría en manos de expertos de reconocido prestigio internacional, entre ellos científicos de la Universidad de Granada, "lo que avala la seriedad de esta investigación".

Suspendida la inauguración del monolito a los fusilados

Suspendida la inauguración del monolito a los fusilados

El acto de inauguración oficial del nuevo monolito en memoria de los represaliados del franquismo en Quilós, en el municipio de Cacabelos, quedó ayer suspendido por la polémica suscitada entre el Ayuntamiento y los promotores de la iniciativa.

El monumento de granito, situado en los aledaños del antiguo cementerio local, ha levantado «ampollas» durante las últimas semanas y provocó una fuerte batalla dialéctica entre el equipo de gobierno del PSOE e IU en el Ayuntamiento de Cacabelos y el colectivo que promovió el monolito. El consistorio autorizó que se erigiese pero se niega a que aparezcan nombres de víctimas del franquismo ni que refleje una frase conmemorativa a favor de «los que lucharon por la República», según explica el promotor de la iniciativa, Evangelino Fernández. Éste criticó, ayer, duramente la actitud del equipo de gobierno y asegura que luchará para que el monumento pueda ser inaugurado.

Abel Caballero presenta una novela sobre la Guerra Civil

Abel Caballero presenta una novela sobre la Guerra Civil

El autor afirma que es una obra basada en los sentimientos.
José Blanco fue el encargado de desvelar algunos de los contenidos del libro


El que fuera ministro de Transportes socialista entre los años 1985 y 1988, Abel Caballero, presentó ayer su última novela, El invierno de las almas desterradas (editorial Belacqva). El libro fue apadrinado por el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, en la Casa de Galicia de Madrid. Al evento también acudió la ministra de Agricultura, Elena Espinosa, que, como desveló ella misma, fue su alumna en la etapa universitaria.

«Esta novela me enganchó desde las primeras páginas, me atrajo como lector de obras de ficción y como político que ha estudiado un período crucial en la historia de España», afirmó José Blanco en referencia a una obra que se mueve entre la República, la Guerra Civil, el exilio, la posguerra y la Segunda Guerra Mundial. El mismo autor afirma que con este libro ha querido mostrar cómo los protagonistas de la época vivieron los acontecimientos y de qué forma afectó a sus sueños e intereses. «Se han escrito muchos libros sobre nuestra contienda, pero hay pocos que reflejen los sentimientos de las personas, qué es lo que les ocurría por dentro», subrayó el escritor pontevedrés.

«Es la descripción cariñosa y justa del espíritu de miles de ciudadanos anónimos que lucharon por unos ideales», afirmó Blanco, quien añadió que durante la lectura de la novela se le hizo difícil diferenciar al compañero del autor, pero que una vez más, con esta novela de acción, espionaje y tesis, Abel Caballero evidencia lo buen novelista que es.
Rebeca Mato
La Voz de Galicia

"Estupor" de los familiares ante una actuación que consideran "injusta"

"Estupor" de los familiares ante una actuación que consideran "injusta"

Los familiares de los fusilados, reunidos hace dos días, han mostrado en un escrito su "disconformidad y estupor por esta actuación impropia de un sistema judicial democrático que, soslayando la propia ley de enjuiciamiento criminal, ignora las recomendaciones y sugerencias de un decreto de la Junta de Andalucía sobre la recuperación de la memoria histórica y el reconocimiento institucional de las personas desaparecidas durante la Guerra Civil y la posguerra". Las familias están dispuestas "a llegar hasta el final" porque consideran que la actuación es "injusta". Por otro lado, el concejal de IU en Santaella, Francisco Urbano, denuncia "un hecho sin precedentes" el que un Juzgado "permita que los restos de unas personas que fueron asesinadas se estén trasladando de un sitio para otro constantemente".

Diario de Córdoba

Durruti, vida y mito de un rebelde

Durruti, vida y mito de un rebelde

La Esfera de los Libros ha reeditado la biografía de Buenaventura Durruti que Abel Paz publicó primero en francés en 1962 y que no pudo ver la luz en castellano hasta 1978. Más de 700 páginas en las que hace una revisión exhaustiva de la vida del dirigente anarquista leonés, su prodigiosa actividad revolucionaria y la leyenda que le rodeó tanto en vida como tras su oscura muerte.

Para escribir sobre Durruti, Paz necesitó más de 20 años de investigación en bibliotecas, hemerotecas y archivos. También pudo entrevistar a compañeros y familiares del militante anarquista. El relato resultante ha sido escrito desde un punto de vista muy diferente al del historiador o el académico. Abel Paz es uno de los muchos nombres bajo los cuales se ocultó Diego Camacho, también militante anarquista, detenido y encarcelado durante la guerra y el franquismo, después exiliado, y que terminó como escritor y propagandista libertario. Sólo la vida del autor, su participación en la primera línea de la historia española desde los años treinta, merece ya de por sí un libro.

Por eso el historiador José Luis Gutiérrez Molina dedica buena parte de su introducción de 'Durruti en la revolución española' a contar las sucesivas 'reencarnaciones' de Diego Camacho, un hijo de jornaleros almerienses que pasó buena parte de su vida en las cárceles y campos de concentración franquistas y nazis, mientras intentaba organizar y reorganizar la CNT por enésima vez. Una vez transformado definitivamente en Abel Paz, su empeño fue colocar a Buenaventura Durruti en el sitio que, a su juicio, le corresponde en la historia de España, lejos de la mitificación pero también de su reducción al bandidaje.

El sufrimiento

"Desde mi más tierna edad, lo primero que vi a mi alrededor fue el sufrimiento, no sólo de nuestra familia sino también la de nuestros vecinos. Por intuición, yo ya era un rebelde. Creo que entonces se decidió mi destino", le confiesa Durruti a su hermana Rosa en una carta. Y, en efecto, Buenaventura, el segundo de ocho hermanos, comenzó su militancia sindical muy pronto, en 1917, en el seno de la UGT, de la que fue expulsado por radical. En 1919 ya pertenecía a la CNT. Después creó Los Justicieros, Crisol, Los Solidarios, Nosotros... todos ellos grupos de autodefensa del proletariado contra la burguesía y el capital.

Según Gutiérrez Molina, "la rebelión de Durruti es la del pueblo español que no acepta el papel de comparsa que se le adjudica". Y la respuesta de las clases dirigentes, también las izquierdistas de la Segunda República, a la conflictividad social siempre fue reducirla a un mero problema de orden público. En su introducción destaca el historiador la incapacidad del "reformismo republicano" para solucionar los graves problemas de España, mientras los anarquistas intentaban seguir adelante con su revolución social.

Con su libro, Abel Paz da un primer paso para contar la Guerra Civil desde un punto de vista diferente, alejado de la propaganda del bando vencedor y de la historiografía oficial posterior a la Transición. Para José Luis Gutiérrez, esta última siempre ha obviado la importancia de los intentos de transformación social llevados a cabo por los anarquistas, sobre todo en Aragón, en lo que él llama la 'Edad de Oro' del anarquismo y Hans Magnus Enzensberger, en su famosa novela sobre Durruti, bautizó como 'el corto verano de la anarquía'.

La muerte del rebelde

Así que Abel Paz explica, con profusión de datos y fuentes, la épica aventura de Durruti en América de 1924 a 1926, o las peripecias de la Columna Durruti, que intentó liberar Zaragoza del control franquista en 1936. Tampoco olvida sus planes para atentar contra el rey Alfonso XIII en París, sus múltiples pasos por prisión, sus problemas dentro de la CNT y finalmente, las sospechas sobre su muerte. Durruti falleció durante un combate en la Ciudad Universitaria de Madrid el 19 de noviembre de 1936, a los 40 años. Recibió una bala y desde ese mismo momento, subraya Abel Paz, "los propios testigos del hecho se enredaron, al relatarlo, en contradicciones, e inmediatamente comenzaron a a circular versiones contradictorias (...) Es evidente que detrás de cada versión se ocultaba el interés político del que la sostiene".

Las conjeturas fueron múltiples: traición (la bala partió de las propias filas anarquistas), persecución estalinista, una bala perdida del enemigo fascista... Lo cierto es que su entierro en Barcelona fue multitudinario, una auténtica manfiestación de dolor popular. De la importancia del mito que se creó en torno a su figura cabe destacar que el libro de Paz ha sido traducido al inglés, portugués, italiano, alemán y japonés, más de 40 años después de su desaparición.

De hecho, ha pervivido más el mito que la utopía ácrata. El anarquismo fue decayendo hasta quedar como un movimiento residual según iba avanzando el siglo XX, pese a que España fue el país en que más cerca estuvo su sueño de hacerse realidad. León Felipe se equivocó al escribir -Abel Paz cierra su libro con la frase-: "La nobleza de la vida de Durruti inspirará en el avenir el nacimiento de una legión de Durruti".

Estrategia política y memoria (histórica) en el estado de mercado

Estrategia política y memoria (histórica) en el estado de mercado

El que no esté seguro de su memoria debe abstenerse de mentir
Michael de Montaigne

Llevamos ya una temporada larga a vueltas con la memoria (histórica) como si sacáramos del arcón de la nostalgia los recuerdos del abuelo republicano cada vez que los tiempos invitan a mostrar aquello que, en realidad, queremos ocultar. Este fenómeno de recuperación simbólica (política y psicológica) de la II República, de su tradición liberal de lucha por el progreso social, de sus descoloridas tricolores y de su talante democrático, está siendo organizado, con riqueza de medios materiales, desde las tranquilas orillas del pensamiento único. Poco importa que el evento en cuestión (el espectáculo capitalista gira al compás binario de acontecimientos programados por los poderes económicos y difundidos por su propaganda) sea una muestra antológica de fotografías de Robert Capa (con libro en tapa dura y tapa blanda, para todos los bolsillos), el aniversario de algún escritor olvidado y recuperado para distintas causas (Rafael Alberti, Manuel Azaña, Max Aub o María Zambrano por citar sólo algunos ejemplos recientes), una exposición sobre el exilio organizada por la Fundación Pablo Iglesias con sus discursos y carteles (que luego adornarán las casas de los bienpensantes junto al libro de Capa, se entiende) o un reciente e incalificable acto de desagravio sentimental (no político) con hilo musical de canciones protesta como el llevado a cabo por el Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid (el interesado desconocimiento de algunos ediles es sólo comparable con el tamaño de su vanidad organizativa).

Este concierto-homenaje, en una noche de estrellas y pequeñas llamas de mechero que recordaron emotivos instantes de la Transición (cuando matamos a Franco de muerte natural: la reforma política sin reforma política, los Pactos de la Moncloa –aquella definitiva claudicación sindical-, la legitimación constitucional de la hereditaria monarquía franquista o la dinámica del consenso y el olvido puesta en marcha por las cúpulas de los partidos) refleja, con triste exactitud, la esencia de lo correcto que se ha instalado, de forma mayoritaria, en el proceso de recuperación de la memoria (histórica). Con total desprecio de lo sucedido, sin secuencia argumental ni justificación política, sin saber de qué se trataba en realidad -ya que los hechos concretos del pasado se escamotearon-, sin mencionar ni una sola vez -para qué- la adscripción ideológica de los combatientes homenajeados (comunista, anarquista o socialista, ente otras variantes de la izquierda), sepultando la identidad bajo el genérico y nada comprometedor “republicanos", ignorando -como si fuera asunto menor- quiénes patrocinaron el evento, qué difusión mediática tuvo, quién le dio cobijo en sus o­ndas radiofónicas y, a modo de colofón, cuál ha sido la sorprendente trayectoria -cuando menos errática- de algunos de los participantes, el democrático ayuntamiento cubrió con brillantez el expediente, quedó bien con sus jóvenes votantes y alimentó la esperanza de una España mejor de la mano amable y mustia del presidente Rodríguez Z. Que el ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid (anfitrión del festival) esté en estos momentos gobernado por Izquierda Unida refleja tan sólo el descontrol ideológico y político que preside la vida cotidiana de esa triste organización. Sirva como significativa anécdota la ovación que recibió Paco Ibáñez, instantes antes de arrancarse por enésima vez con su célebre versión musical del poema de Alberti, A galopar, cuando recordó que el franquismo había terminado el 14 de marzo del 2004. Imagino que el insigne trovador del Olimpia parisino -una de las referencias musicales de la izquierda durante las grises tardes de la dictadura- incluyó en su contabilidad los catorce años del PSOE.

Esta supuesta reparación emocional, en la que participan desde asociaciones hasta partidos políticos del ámbito de la socialdemocracia -¿quién está, en realidad, fuera del reformismo?- está contando con la incorporación espontánea y activa de muchos artistas de variedades e intelectuales -del estelar elenco No a la Guerra- deseosos de reconquistar el tiempo perdido tras la oscuridad (para ellos, para todos) de dos furiosas y violentas legislaturas del PP, un período negro en el que, quizá, su proyección mediática como artistas progresistas -con la sustancial merma de ingresos económicos que eso representa- no ha sido como sus representantes deseaban. En fin, cosas que ocurren.

Tras la derrota electoral de PP, y coincidiendo -no deja de ser casualidad- con la boda real (la estudiada unión entre la católica monarquía hispana y una dinámica periodista formada en el singular universo PRISA-Sogecable), el PSOE se ha lanzado a una campaña de reivindicación de algunos de los valores de 1.931. La recuperación parcial e interesada de la memoria histórica (histérica y delirante en algunos casos) no es otra cosa que una enorme operación de maquillaje político, de relectura de un pasado marcado por el conflicto económico y militar (desde la lucha de clases a la lucha de trincheras) que ahora se presenta -gracias a la mediación del PSOE y sus satélites- como un conflicto de conciencias. En este sutil proceso recuperativo, la guerra de España (nombre preferible -por muchas razones- al de guerra civil) no es presentada como la expresión última, armas en mano, de la lucha de clases o como la resistencia de la república de trabajadores de todas clases contra el fascismo. En realidad, y al hilo del dulce revisionismo moral que se está instalando en el pensamiento colectivo, la guerra de 1936-1939 fue la consecuencia directa del empuje de los comunistas, anarquistas y demás fuerzas transformadoras que llevaron a la laica y burguesa república (una república moderada en sus planteamientos políticos y económicos aunque ambiciosa en la regeneración ética de la sociedad, algo parecido al no-programa de Rodríguez Z.) a una situación de caos, a una sovietización, que sólo pudo ser detenida -a golpe de crucifijo y fosa común- por el alzamiento militar.

En esta línea ideológica no sólo se encuentran los indescriptibles trabajos de los señores de la Cierva, Vidal o Moa sino todo un conjunto de historiadores y analistas (con el rigor científico por bandera rojigualda) que justifican el golpe militar africanista debido a esta supuesta y mencionada radicalización. Resulta curioso contemplar cómo el revisionismo (en un sentido amplio y en cualquiera de sus variantes teóricas e ideológicas) ha penetrado en la mentalidad colectiva con instrumentos tan variados como eficaces. Desde la aceptación de que en los dos “bandos" enfrentados -como si la palabra “bando" no estuviera ya cargada de significado- hubo tropelías y crímenes comparables, hasta la idea extendida de forma transclasista y casi transideológica de que, en el fondo, la guerra de España (y por extensión cualquier guerra) es un triste suceso del pasado que es preferible olvidar, evitando remover las subterráneas turbulencias de épocas ajenas en beneficio de nuestra nueva y feliz realidad democrática construida, entre todos, con mucho esfuerzo. La comparación no es inocente. Si se destaca la crueldad de la guerra, la injusticia y las barbaridades cometidas por “ambos frentes", se está insinuando que cualquier ataque a la línea de flotación de la democracia de mercado puede terminar con una involución del tipo que sea. De hecho, es costumbre nacional -como el bar y las tapas que tanto regocijo provocan en los turistas- que muchas conversaciones o debates políticos, en momentos de crispación electoral o tensión social, terminen con una invocación del estilo: “esto recuerda al 36".

Sin pretender llevar a cabo una tipología del revisionismo y de sus formas más comunes (materia más amplia que este breve comentario) y descartando lo que podríamos llamar el pensamiento tradicional-conservador español y de la reacción, dentro del abanico del moderno revisionismo moral, existe una fuerte corriente alimentada por la socialdemocracia, en la cual se pueden reconocer propuestas interpretativas de carácter mediático que atraviesan a la historia pasada y reciente con el fin de instruir deleitando a las jóvenes generaciones al tiempo que se reconstruye -de paso- la historia real. Sin pretender hacer un listado exhaustivo (se podría hacer), en esta línea pueden situarse fenómenos de apariencia dispar (aunque en el fondo responden a la misma lógica interna) como son la novela Soldados de Salamina (con una interpretación sui generis de los hechos y de las motivaciones) y la serie de TVE Cuéntame. Cuando se enarbola la bandera tricolor de la memoria (histórica) en lugar de hablar de la memoria de lucha de un pueblo, cuando se califica de histórico lo sucedido -apartándolo del presente- se está produciendo ya un fenómeno de alteración consciente del proceso en beneficio de un definitivo corte epistemológico: un ejercicio de manipulación. Como dice Vidal-Beneyto “el sepultamiento de la memoria política durante la transición, que se tradujo en una primera fase en una banalización de la dictadura, se ha transformado en una naturalización histórica del franquismo. El régimen del general Franco, se afirma, es un período más en la historia de España, un sistema autoritario necesario para poner fin al caos de la República, salvarnos del comunismo, modernizar el país, incorporarnos a Europa y proporcionarnos un rey demócrata.". Aunque la cita sea larga, la explicación que en ella se ofrece no deja lugar a dudas. Recordaba Bonaparte que una cabeza sin memoria era como una fortaleza sin guarnición. España es una cabeza sin memoria, o por mejor decir, un rabo de lagartija. Un pollo alocado al que le han cortado de un tajo, cimitarra africanista, la cabeza.

Si este proceso de desnaturalización ideológica del pasado reciente avanza, la construcción de una alternativa crítica será sólo una ilusión de café. Si la izquierda heredera de Octubre no consigue frenar el empuje de las huestes del pensamiento correcto -inclúyase aquí quizá por ignorancia, quizá por oportunismo, una parte sustancial de Izquierda Unida- en su desenfrenado camino hacia la asepsia histórica asistiremos, en un breve período de tiempo, a la pérdida total de la conciencia de sí de un pueblo. Por miedo e interés, por su natural deseo de situarse en la equidistancia de la componenda, con el fin de preservar los pactos con las fuerzas del franquismo aperturista -hoy llamada tecnocracia liberal-, la socialdemocracia escribe su pulcra historia a golpe de mentira y disfraz de raso. Bajo el manto de Soldados de Salamina y de Cuéntame, se esconde la otra historia de los perdedores. Esa historia que ninguna fuerza política mayoritaria tiene interés en contar.

María Toledano

Memoria Histórica y contrapoder

Memoria Histórica y contrapoder

Si hay un elemento diferencial, en lo que se refiere a la Memoria Histórica de la lucha antifascista, respecto al resto de Europa, es que, en España, se perdió la guerra contra el fascismo. En los países europeos, los estados, una vez terminada la II Guerra Mundial, pusieron manos a la obra e iniciaron un proceso inmediato de reconocimiento a las victimas, localización de desaparecidos, resarcimientos morales y económicos y persecución de aquellos que habían cometido crímenes contra la humanidad. El estado franquista hizo lo propio; reconoció, a lo largo de los casi cuarenta años que duró, a las víctimas del llamado “terror rojo",localizó a los desaparecidos de su propio bando, los resarció moralmente, con creces, mediante homenajes constantes y monumentos; proporcionó todo tipo de pensiones y privilegios a las familias, y persiguió sin descanso a todos sus opositores políticos. Sin embargo, los leales a la II República, las personas de diferentes ideologías que defendieron la legalidad republicana, el sistema democrático y de libertades de que se había dotado el pueblo español a partir del 14 de abril de 1931, nunca tuvieron oportunidad de ser reconocidos y resarcidos y, los criminales que les encarcelaron, torturaron y asesinaron nunca fueron perseguidos.

Durante el periodo de transición, la correlación de fuerzas existentes facilitó el olvido y la impunidad. La Ley de Amnistía de 1977, se transformó en una “ley de punto y final" que, transcurridos los años, se ha mostrado como barrera para impedir el paso hacía una democracia avanzada, toda vez que vulnera todos los acuerdos internacionales respecto a la defensa de los Derechos Humanos, y ha corrompido nuestra sistema de valores, que se encuentra asentado sobre la impunidad de los crímenes franquistas.

La generación que en estos momentos estamos llegando a la madurez, no nos sentimos identificados con los valores de la “Transición". Lo vemos como un periodo intermedio, como algo provisional con lo que hay que terminar de una vez. La Ley de Amnistía de 1977 sirvió para generar, entre el bloque franquista, las contradicciones necesarias que abriesen el paso a negociar la absorción de la oposición democrática en un estado neofranquista, para dotarlo de una imagen de democracia moderna y, al mismo tiempo, legitimaba el control del poder real del estado por parte de las oligarquías españolas, que habían usado el franquismo para mantener su dominio. Con esta Ley de “punto y final" se ponían las bases para que las clases dominantes usasen la democracia de la misma forma que habían usado el franquismo para mantener sus privilegios de clase.

En estos momentos, somos ya muchos los que consideramos que ha llegado la hora de la “ruptura democrática" que no se produjo en aquellos años. La Ley de Amnistía de 1977, y toda la legislación posterior que se apoyó en la misma, están impidiendo, en la actualidad, le evolución hacía una democracia avanzada. En nuestro horizonte se encuentra una sociedad defensora de los Derechos Humanos y dispuesta a luchar contra la Impunidad de aquellos que los vulneran, la República como marco de una democracia participativa y real, tanto en lo económico, como en lo político y cultural, y una sociedad civil fuertemente organizada, impregnada ideológicamente de estos valores, constituida como contrapoder frente a los grandes poderes económicos, políticos y militares que, capitaneados por el imperialismo norteamericano y sus cómplices de la Comunidad Europea, controlan este mundo globalizado.

Lo que se ha dado en llamar “Recuperación de la Memoria Histórica" en nuestro País tiene esta función (entre otras): la de poner en evidencia la impunidad del franquismo, que no es otra cosa que poner de relieve como la represión y el asesinato de miles de militantes sociales, sindicales y políticos ha servido de base para mantener unos privilegios de clase, tanto durante el franquismo como después de la muerte del dictador. Pero también, situando los hechos en el contexto histórico actual, en un mundo globalizado, explicar que lo ocurrido en España sirvió de modelo para derrotar las causas populares por conseguir mejores condiciones de vida, en muchas partes del mundo. El paralelismo existente entre lo ocurrido en España y cualquier otro país en el que, en un momento determinado, los pueblos, constituidos en contrapoder, amenazaban con conquistar el poder del estado y, con ello, acabar con los privilegios de las clases dominantes, éstas han usado los mismos métodos coercitivos para impedirlo. Lo ocurrido en Chile, Argentina, Guatemala y un largo etcétera son una copia de lo ocurrido en España.

Nos parece bien que el Estado Español persiga los crímenes contra la humanidad, en cualquier parte del mundo pero, al mismo tiempo, nos repugna la doble moral de la que hace gala al cerrar los ojos ante lo que ha ocurrido en nuestro País. Creemos que esta doble moral está asentada sobre el mantenimiento de los privilegios de clase de los grandes poderes económicos, las oligarquías españolas y, sobre todo la defensa de la Corona, que participó activamente en el régimen de terror impuesto por el franquismo, que es heredera de todos sus valores y, al mismo tiempo, piedra fundamental sobre la que se sustenta toda la estructura de poder en nuestro País. Hay que recordar que cuando el Dictador caía enfermo, el entonces príncipe, Juan Carlos de Borbón, asumía las funciones de Jefe del Estado, sin olvidar el apoyo económico y político de Alfonso XIII a los militares golpistas, o el ofrecimiento de Juan de Borbón para combatir como voluntario en el ejército franquista.

Estamos convencidos que la Casa Real Española se encuentra detrás de todo impedimento para perseguir la impunidad del régimen franquista en nuestro País, que gran parte de la Magistratura participó de aquel régimen y está controlada por muchas de las fuerzas que lo mantuvieron vivo, que ocurre lo mismo con una buena parte del ejército y las fuerzas de orden público, así como con las altas jerarquías de la Iglesia Católica y, por supuesto, con los grandes poderes económicos y financieros. No hay más que ver como muchos de los archivos de la represión están secuestrados por el Ejército, la Policía, la Guardia Civil y el Poder Judicial que actúan, respecto a este tema, como si fuesen entidades privadas a las que no afectan las leyes, ni los acuerdos parlamentarios. Las fuerzas democráticas siguen viviendo con miedo esta situación, y si se vive con miedo es que el régimen franquista ha perdurado en el tiempo, a pesar de la aparente democracia. De ahí viene la gran contradicción en la que estamos inmersos, en la cual se persigue tenazmente la vulneración de los Derechos Humanos en cualquier parte del mundo, pero se mira hacía otro lado cuando se ponen en evidencia los crímenes urdidos por el franquismo en nuestro País. Sino, como podemos entender que el PSOE plantease una Proposición no de Ley para anular los consejos de guerra del franquismo, durante la legislatura anterior, en la que el PP (partido ideológicamente heredero del franquismo) tenía mayoría absoluta y, en esto momentos, en que cuenta con la mayoría parlamentaria suficiente par hacerlo, se niega a aprobarlo ante una solicitud similar. Vivimos una democracia de miedo e impunidad. La recuperación de la Memoria Histórica está luchando contra ambas cosas, pero está haciendo mucho más como pasaremos a contar a continuación.

Como decíamos al principio, los hechos diferenciales respecto al resto de Europa, marcan también la iniciativa de quienes están impulsando la recuperación de la Memoria Histórica. Mientras que en Europa fueron los estados los impulsores, en España, debido a la situación explicada, no es el Estado el que está asumiendo la función de recuperar la Memoria Histórica (al ser heredero del estado franquista), sino la sociedad civil que, poco a poco, trabajando con voluntad, sin apenas medios, atacada en numerosas ocasiones, coaccionada y, en algunos casos, amenazada, está obligando a muchas instituciones a involucrarse, generando con ello la destrucción del franquismo ideológico que subyace en la sociedad española y, sobre todo, en muchas de las estructuras del Estado. Por eso, frente a la Memoria Histórica pasiva que se ha desarrollado en Europa, institucionalizada desde el comienzo, asentada a lo largo de los años, en España se está desarrollando una Memoria Histórica activa, asentada en un movimiento popular que crece por días, articulada alrededor de un cada vez mayor número de organizaciones que van viendo como su labor está obligando a las instituciones a asumir muchas de las reivindicaciones que van surgiendo y tener que apoyar la tarea que han emprendido. El reto está en que la actividad desarrollada esté impregnada de valores e ideas contrarias al “pensamiento único" neoliberal, hegemónico, hoy en día, en nuestra sociedad.

A menudo, se dice que como hay miles de desaparecidos en fosas comunes, que es imposible realizar la tarea por parte de las asociaciones, que se van a tardar miles de años en hacerlo, que hay que conseguir que sea el Estado el que asuma toda la responsabilidad, etc, etc, etc… Sin embargo, algunos estamos convencidos que la tarea debe desarrollarse por todos. Foro por la Memoria, no tiene como objetivo que el Estado asuma la tarea de recuperar las fosas, sino recuperar ideas y valores allá donde realiza una actuación (sea una excavación, unas jornadas o cualquier otra actividad). Si se deja la exclusividad en manos del estado, no estaremos recuperando la Memoria Histórica. Si deseamos articular fuertemente a la sociedad civil alrededor de valores contrarios a los actualmente hegemónicos del neoliberalismo y dejamos en manos de las instituciones el trabajo, no estaremos combatiendo su hegemonía cultural, sino transformando la tarea en una actividad administrativa, científica o privada, es decir, estaremos apuntalando la hegemonía cultural de la ideología dominante en la actualidad. Basta con ver como se están realizando las actuaciones en Euzkadi o la recientemente penosa actuación de la Generalitat en Catalunya. En el primer caso, el gobierno de Euzkadi firma un acuerdo con una sociedad de ciencias, transformando las excavaciones en una actividad científica sin ninguna incidencia en la vida política y social. En el segundo, en Catalunya, todavía es peor ya que la Generalitat, después de realizar una excavación a escondidas, con un equipo científico, con ánimo de elaborar un protocolo, sale diciendo que no va a realizar más excavaciones porque crea problemas sociales. Se excavan fosas sin participación de la sociedad civil, de forma totalmente aséptica, por lo que, al final, no se recuperan valores, pensamientos, e ideas de los republicanos asesinados, sino sus restos mortales con “nocturnidad" para no levantar “ampollas".

Las excavaciones deben realizarlas las organizaciones de recuperación de la Memoria Histórica, con la participación de las familias, la sociedad civil organizada (asociaciones de las zonas en las que se trabaje), los partidos políticos democráticos, los sindicatos, etcétera y el apoyo de las instituciones, cuya obligación es aportar los recursos económicos necesarios.

Es lógico que una asociación de familiares de un tratamiento ideológico aséptico al tema, ya que sus objetivos son los de devolver los restos a los familiares y que, por tanto, su objetivo sea el de obligar al Estado a que solucione el problema, pero una organización impregnada de valores de la izquierda transformadora no puede tener como objetivo lo mismo.

Foro por la Memoria, en su “Protocolo de Excavaciones" enumera sus objetivos:

-Respeto al contexto cultural, histórico, político y religioso.

-Localización de las víctimas.

-Identificación, documentación e interpretación de los restos.

-Recuperación y exhumación.

-Devolución y asistencia psicológica a los familiares

-Reparación y reconocimiento histórico.

-Divulgación de los resultados.

-Judicialización de las actuaciones.

-Implicación de las instituciones.

-Implicación de los militantes y vecinos de la zona.

El conjunto de objetivos da respuestas a todos los aspectos que concurren en la Memoria Histórica. En ellos se ve la interrelación de especialistas, la necesidad de los equipos multidisciplinares, la implicación institucional, la política y la social. Con ellos estamos sumando familiares, historiadores, documentalistas, arqueólogos, antropólogos, psicólogos, abogados, instituciones, militantes y sociedad civil. Se produce en cada excavación una construcción social que realiza una actividad que nada tiene que ver con los valores del mercado.

Nuestro objetivo es transformar la sociedad, construir el “bloque histórico" para ganar la hegemonía cultural e ideológica frente a los valores culturales del“pensamiento único" neoliberal. Para ello debemos dar dirección política al movimiento. ¿Pero, qué significa dar dirección política? Dar dirección política significa, por un lado, aportar ideología, por otro, aportar cuadros capaces de coordinar las actuaciones. A primera vista parece sencillo, pero reviste de una gran complejidad.

Cuando hablamos de aportar ideología, significa entender la pluralidad ideológica de las personas que participan en la actividad y encontrar los planteamientos ideológicos y valores que puedan unirlas. Se debe intentar dar cohesión al grupo de trabajo alrededor del antifascismo, a continuación, hacer hincapié en el sentido de actividad cultural alternativa y buscar elementos que compartir todo durante el periodo que dure la excavación. Ésta debe girar sobre tres ejes: el pueblo, los especialistas y los militantes. La integración de unos con otros, alrededor de símbolos políticos unitarios y claros (la bandera tricolor es esencial), de actividades paralelas (homenajes, lugares de encuentro, etc) y de trabajo común, provoca cambios positivos en lo personal y en lo colectivo, e impregna a todos los que participan de valores distintos a los hegemónicos. La dirección política de una excavación debe compartir todas las vivencias del equipo, en todos los sentidos, si desea que se de un estallido de sentimientos, conocimientos y política durante el proceso de la excavación. No debe imponer sus criterios, sino crear las condiciones y aportar los elementos necesarios para que ese estallido se dé. Cuando esto es así, la Memoria Histórica se transforma en un elemento de construcción de sociedad civil organizada alrededor de valores culturales e ideológicos basados en la Solidaridad, la Justicia Social, la Libertad y la Generosidad más absoluta y, por tanto, se convierte en elemento fundamental para la construcción de lo que llamamos contrapoder.

José Mª Pedreño

Leganés 26 de julio de 2004.