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MEMORIA HISTÓRICA

«Hay lectores cansados de cómo se ha tratado el franquismo en la ficción»

«Hay lectores cansados de cómo se ha tratado el franquismo en la ficción» El autor de 'El vano ayer' ha sido alabado por la crítica por escribir sobre la dictadura de una forma no contemplada hasta ahora, y él dice que es fruto de la distancia.

'El vano ayer' (Seix Barral-Biblioteca Breve), la segunda novela del escritor extremeño Isaac Rosa, ha recibido el beneplácito de los más renombrados críticos, que la han saludado como una original aproximación a la época franquista.

Tampoco ha pasado desapercibida para los lectores. De hecho, la novela se muestra en una lectura inicial como el apasionante juego de construcción de un personaje, un profesor universitario de Madrid sobre el que se cierne la duda de su colaboracionismo con el régimen franquista y cuyos perfiles se confunden con los de un estudiante que la dictadura hizo desaparecer.

Educado en Badajoz, ciudad a la que llegó cuando tan sólo contaba con 3 años, Isaac Rosa Camacho inició y abandonó los estudios de periodismo, ganó algunos premios de relato, hizo incursiones en el ensayo, escribió como free-lance y sacó una primera novela, 'La malamemoria', que fue editada por Los Libros del Oeste en 1999. En ella, un joven investiga el perdido rastro de un pueblo olvidado después de que sus vecinos fueran víctimas de una masacre durante la guerra civil.

En estos días, y de vacaciones, Isaac Rosa ha vuelto a Badajoz con la intención de presentar a familia y amigos a su primera hija de apenas dos meses.

-¿Le ha sorprendido el éxito de la novela, de la que se ha dicho que es una nueva forma de aproximarse al franquismo?¿Sabía que estaba haciendo eso cuando se puso a escribirla?

-Ha tenido buena acogida de crítica, pero también de lectores que me hacen llegar sus opiniones o a través de la editorial. Es cierto que ha tenido muy buena acogida y yo creo que fue por la crítica de Echevarría en Babelia, la más elogiosa de la novela, que titulaba 'una novela necesaria'. Yo cojo eso no en el sentido de mi novela en sí, sino de que hacía falta un tipo de novela -que ha sido la mía, pero podía haber sido otra- que responde a una cierta sensibilidad común que puede haber entre una parte de los lectores; quizá un cierto cansancio de cómo se ha tratado el franquismo en la ficción, de la propia ficción y de cómo se está escribiendo en España. Respecto a si estaba haciendo algo nuevo... pues no lo sé. Sí es cierto que la clave está cuando dicen que es una novela de alguien que no vivió el franquismo: la distancia con la que escribes, la perspectiva que tienes, cómo te enfrentas con ese discurso precisamente porque no lo has vivido... en todo ello está la explicación.

-No puede ser casual que las dos novelas tengan una temática común aunque el tratamiento sea muy diferente. ¿Está preocupado por este asunto en especial y va a seguir con él en el futuro?

-Con esta novela y con 'La malamemoria' ya he dicho lo que tenía que decir. No creo que vuelva sobre el tema, sino que hablaré de otros más contemporáneos. Sí es cierto que las dos están hermanadas por una preocupación común, que puede ser de alguien de mi generación que no ha conocido el franquismo y que sólo ha recibido un discurso creado que cuestiona. A lo mejor 'La malamemoria' era un novela más de juventud, más inmadura y responde a esa curiosidad inicial, a esas primeras preguntas, mientras que en 'El vano ayer' hay otro tipo de reflexiones.

-¿Pensaba que ni los novelistas ni el cine se han enfrentado al franquismo como había que hacerlo?

-Sí hay novelistas que lo han hecho y hay novelas más que interesantes y muy buenas. Pero hay una parte de creadores en general, novelistas, cinematógrafos, series de televisión que han tratado el franquismo y el antifranquismo de una forma bastante insatisfactoria. Yo quería hacer las preguntas de otra forma.

Otras preguntas

-¿Por qué lo hizo construyendo la novela junto con el lector?, eso indica saber muy bien cómo se hace una novela, algo que el público muchas veces ignora.

-Pues es el resultado de mi propia incapacidad para escribir la novela que me planteaba inicialmente. Yo me planteé una novela sobre el franquismo que tocase temas de una forma más o menos ensayística y me di cuenta, mientras escribía, que yo mismo era preso de aquello que criticaba en las novelas, que tenía la insatisfacción de ese discurso construído sobre franquismo y antifranquismo. Cuando ya tenía bastante escrito fue cuando me replantee todo y decidí, con los mismos materiales que estaba utilizando, aprovecharlos de otra forma, de construirlos y reconstruirlos otra vez y de esa forma presentar al lector, de una manera quizá más irónica o con más distancia o más desnuda, los materiales habituales con los que se habla del franquismo y antifranquismo.

-Hay mucho de toda la literatura en el libro. En la noche beoda del profesor Denis aparece Malcom Lowry, también se entrevé al 'Ulises' de Joyce. ¿Qué autores le han formado más?

-En general, un tipo de literatura más exigente con el lector, que huye de ciertas facilidades o concesiones, de tomar al lector como un ser pasivo que simplemente lee y asiente. Ese tipo de literatura exigente puede ir desde Joyce, Faulkner o Virginia Wolf hasta, en España, algunas exigencias que se han señalado en algunas críticas y que, aplicadas a la novela sobre el franquismo, pueden ser ciertas, tipo Juan Goytisolo, Martín Santos, Marsé...

-¿Se inscriben sus obras en ese intento de recuperación de la memoria histórica que está alimentando muchas cosas como la búsqueda de las tumbas anónimas de los asesinados en la guerra civil?

-Antes dije que la novela podía responder a una sensibilidad común en muchos sentidos. No solamente en la literatura sino en otras cuestiones que pueden ser generacionales, de gente más joven que no ha vivido el franquismo y están insatisfechos con el tratamiento que se ha dado a éste. Yo creo que es algo que no ha dejado de estar en el ambiente desde el franquismo; que nos hemos enfrentado a ello de distinta forma porque, en la transición, había cosas a las que no se podía llegar en favor de la reconciliación. Y en los años 80 no se hizo por otras cuestiones. Eso ha estado en el ambiente y el no haberlo resuelto satisfactoriamente es lo que hace que siga vivo y se plantee en el asunto de los enterrados al que hay que dar una solución digna, pero también se plantea en otras.

-¿Ha sido un lector voraz?

-No. He sido un lector tardío y autodidacta en el peor sentido del término, en el sentido de no tener una orientación o una cierta guía. Eso te hace leer de forma desordenada, mal, leer primero lo que tendrías que haber leído después. Yo he sido fruto de un sistema educativo que tampoco te da una formación como lector y tengo muchas carencias de las que todavía no me recupero. Aprovecho los veranos para ponerme al día.

-Ha trabajado como documentalista...

-Sí, como documentalista, como redactor, unas veces en plantilla y otras como free-lance...

-Lo digo porque hay mucho de investigación histórica en la novela. Por su edad no pudo haber estado en las carreras ante los grises en la Ciudad Universitaria, pero parece que hubiera estado.

-Me han dicho que está muy bien plasmada esa ambientación. Pero lo que hay sobre todo es -no para esta novela en sí sino fruto de lecturas anteriores- haber leído en torno a muchos temas que me han interesado y no sólo libros de historia o de ensayo, sino también de memorias y mucha novela sobre la época del franquismo.

-¿Cuándo se dio cuenta de que era escritor? Su primera novela la sacó al mercado una editora de la región y la segunda aparece publicada por Seix Barral, ¿funcionan bien los cazatalentos de las editoriales?

- 'El vano ayer' se ha publicado de la forma tradicional: yo envié la novela certificada y se fijó en ella el director literario de la editorial, Pere Gimferrer. Entonces me llamó para decirme que estaban interesados en publicarlas y todo fue bastante rodado desde el principio. Yo no he tenido nunca una vocación clara de escritor. Respondiendo a alguna necesidad concreta, he escrito algo y me he propuesto publicarlo y ha salido bien y ha tenido premios. Pero yo no soy de esos que escribe constantemente aunque no sea para publicar y con intereses muy claros de lo que ha de hacer en la escritura. Cada libro que he hecho ha respondido a una necesidad.

-¿Le cuesta escribir?

-No es que me cueste, pero tampoco tengo esa facilidad de cierta gente que parece que tiene que escribir todos los días una serie de páginas. Yo puedo pasarme meses y meses sin escribir no porque esté bloqueado, sino porque en esos momentos no necesito escribir y necesito leer.

-¿Cual su estado en este momento?

-De tomar notas. Lo hago entre una novela y otra y se reciben ideas y se desechan otras. Tomo notas para una posible novela que empezaré cuando ya tenga claro la voz desde la que quiero escribir. Y creo que será rápido, una vez que me pongo a escribir soy bastante rápido.

-¿Cual es su relación con Badajoz?. La ciudad sale también en la novela, en la que se citan los hechos de la Plaza de Toros. Se ha criado en Badajoz aunque en las reseñas hable de 'autor sevillano'.

-De Sevilla sólo tengo el nacimiento y me considero autor extremeño. La solapa de un libro es muy pequeña y sólo sale el nacimiento, pero yo, cada vez que me han hecho una entrevista, he recalcado lo de autor extremeño porque yo he vivido aquí desde que tenía tres años hasta que me fui a estudiar a Madrid con 19 años y volvía temporadas. Sigo teniendo aquí la familia, los amigos y me considero más bien de Badajoz.

-¿Qué estudió?

-Periodismo, pero no lo terminé.

-¿Se dio cuenta enseguida de por dónde va el periodismo hoy?

-En parte eso. En parte por la situación personal, esa edad joven en la que pasan otras cosas por la cabeza. Pero llegó un momento en que dejé la carrera, me puse a trabajar y no me replanteé volver a ella. Tampoco me hizo falta para trabajar porque trabajé en cosas relacionadas con el periodismo y no volví sobre ella.
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