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MEMORIA HISTÓRICA

La historia leída desde abajo.

La historia leída desde abajo. Al amanecer de un día cualquiera de 1945 un padre despertó a sus chicos para que fuesen testigos del mayor crimen de la humanidad: una matanza de hombres. "Mañana hay que levantarse pronto porque vamos a ver pasar camiones con hombres que llevan a fusilar", les había advertido el padre antes de irse a dormir horas antes, en una casa humilde de Pueblo Nuevo, a pocas manzanas de lo que hoy es, imponente y lujosa, la sede del Fórum Universal de las Culturas. Efectivamente, al alba pasaron camiones sin toldos con hombres silenciosos que eran llevados hasta las tapias del Campo de la Bota para ser tiroteados. En apenas siete años, 3.000 fusilados en aquella tapia, un terrible lugar en el que hoy hunde sus cimientos el edificio principal del Fórum.

La voz de uno de los niños que vio aquella criminal amanecida retumbó ayer, grave y serena, en el Parlamento de las Religiones, a las 11.30 horas, al inicio de una mesa redonda organizada por Cristianos por el Socialismo con el título La historia leída desde abajo y el fatalismo de la pobreza desde la perspectiva de la fe. Jaume Botey tiene ahora 65 años y vivió en una de las barracas del Campo de la Bota entre 1967 a 1969, junto a su hermano Francesc, uno de los cientos de sacerdotes que dieron con sus huesos en la cárcel que el general Franco habilitó en Zamora para los curas, cuando la Iglesia romana empezó por fin a dar la espalda al sangriento dictador.

"Además de barracas, suburbio y marginación, el nombre de Campo de la Bota evoca ese otro recuerdo más siniestro: de 1939 [fecha de la caída de Barcelona en poder del ejército faccioso] hasta 1947 fue campo de fusilamiento de los opositores al franquismo", relató Jaume Botey ante una audiencia multirreligiosa sobrecogida, en su mayoría cristianos de todas las iglesias, budistas, musulmanes, judíos, brahma kumaris o teólogos y teólogas de la liberación.

Botey, coordinador ahora de Cristianos por el Socialismo en Barcelona, abrió la mesa redonda con ese recuerdo, que presentó como "consideraciones previas". Dijo: "El lugar en el que estamos fue, hasta hace sólo unos 20 años, un suburbio de barracas llamado Campo de la Bota". Y después, "el homenaje necesario" a los 3.000 hombres fusilados allí, algunos de los cuales vio Botey aquella mañana desde la ventana, de niño, su terrible memoria, el primer recuerdo que tiene. "Comunistas, anarquistas, cristianos o independientes fieles a las ideas republicanas. El baile de sangre duró hasta 1951 y el lugar del fusilamiento fue exactamente donde ahora estamos. Os recuerdo, pues, que la tierra que pisamos es sagrada. Estamos en un lugar sagrado, regado con la sangre inocente de aquellos mártires que nunca serán canonizados porque fueron ejecutados en el nombre de Dios y de la Iglesia. Ni el Fórum ni las bambalinas y oropeles que lo rodean deberían nunca olvidar que todo esto se levanta incluso físicamente sobre el sufrimiento inocente", remachó.

El silencio de Dios.

Botey planteó además una pregunta que considera "fundamental" a comienzos del siglo XXI: "Ante este inmenso Campo de la Bota de inmigrados, hambrientos y enfermos en que el sistema ha convertido al mundo, ¿de qué Dios estamos hablando?, ¿de qué sirve hablar de Dios?, ¿dónde estaba Dios mientras aquí se fusilaba en el nombre de Dios?".

Sobre parecidos asuntos -la historia leída desde los que sufren injusticia y violencia- también hablaron en la mesa redonda Teresa Jiménez Villarejo, que actuó de moderadora; el sacerdote chileno Diego Irarrázabal, presidente de la Asociación Ecuménica de Teólogos y Teólogas del Tercer Mundo; el líder musulmán de origen egipcio Tariq Ramadán, y la laica nicaragüense Michele Nijlis.

http://www.derechos.org/nizkor/espana/doc/crist.html
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