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MEMORIA HISTÓRICA

Amado Granell, el electricista alicantino que liberó París

Amado Granell, el electricista alicantino que liberó París Granell, un héroe olvidado por la Historia. Su blindado del ejército gaullista llegó el primero a las playas de Normandía; también fue el primer oficial de la División Leclerc que entró en París el día de su liberación; y su vehículo abrió la marcha en el desfile de la victoria por los Campos Elíseos. Tales honores le correspondieron al teniente Amado Granell, un electricista alicantino que mereció ser condecorado con la medalla de la Legión de Honor de la República Francesa y con la Cruz de Guerra.

Paradojas del destino: tras batirse con arrojo legendario en mil y una batallas, Granell fue dado de baja por problemas síquicos y se instaló en Alicante para regentar un pequeño negocio de electrodomésticos. Falleció, hace ahora treinta años, al volcar su coche cuando se dirigía desde su casa de Alicante al Consulado de Valencia para reclamar el cobro de una pensión como oficial del ejército galo.

Con la Guía Michelín

«¿Resistid, ya llegamos!». 24 de agosto de 1944. Al caer la tarde, Granell y sus hombres divisan la Torre Eiffel. A las 20,45 horas da la noticia a sus superiores: «Ya estamos en París. Enviad refuerzos». Con la ayuda de un vecino y, curiosamente, de la Guía Michelín, logran llegar al Ayuntamiento, donde se reúne con dirigentes de la resistencia. Esa noche, Granell y sus soldados son entrevistados por Radio Francia Libre. Eran protagonistas de uno de los momentos más emotivos de la Segunda Guerra Mundial. A la mañana siguiente, el diario «Liberation» abría con la noticia de la liberación y una foto de Granell. La buena nueva corre por toda Francia como un reguero de pólvora: París ha sido liberada.

Personaje de excepción de esta gesta fue el electricista alicantino, entonces teniente del ejército francés tras haber llegado a comandante de la 48 Brigada Mixta del Ejército Popular de la República española. Flaco y desgarbado, de clara inteligencia, tuvo una infancia y adolescencia ásperas en un humilde hogar español. «Pero su coraje sólo admitía parangón con su sentido de la justicia», cuentan las crónicas.

Se alistó en el Tercio de la Legión Extranjera Española para escapar de la pobreza rural. En él aprendió los secretos del arte de la guerra, que le servirían de mucho durante la contienda civil española al frente de la 49 División del Ejército Republicano «cuyos soldados ignoraban el significado de una palabra: rendición».

Amado Granell embarcó en Alicante rumbo a África el último día de la guerra civil española. Era uno de los miles de españoles que buscaron exilio en Francia y en sus dominios africanos. Convertido pronto en joven y brillante oficial galo, revolucionaba las teorías de la guerra con su propuesta de uso masivo de loa blindados. Quiso volver a enfrentarse con la causa antifascista y antinazi uniéndose a los Cuerpos Franceses de África, incorporados al III Batallón de Marcha del Chad, en la Segunda División Blindada del general Leclerc.

Gracias a su experiencia en la Guerra Civil española, este alicantino de adopción -nació en Burriana- fue nombrado jefe de una compañía de blindados «a cuyo frente consumó proezas de valor y sacrificio que hicieron leyenda... y también inmerecido silencio», según fuentes que recuerdan la historia del conflicto mundial. «Los españoles comandados por Leclerc se juramentaron para vengar la derrota a manos de los nazifascistas en España y se propusieron participar en la liberación de París, Berlín y Madrid».

Así, la compañía de Granell (conocida como «la Novena», porque muchos de sus componentes eran soldados españoles) siempre destacaba por su enorme coraje y valentía. Sus soldados fueron los primeros en entrar en la Orán liberada; el blindado del entonces teniente Granell fue el primero del ejército gaullista en tocar las playas de Normandía, al inicio de la liberación de Francia, y también el primero en anunciar a los parisinos que había llegado su liberación.

Pero ¿cómo recoge la Historia la entrada de los libertadores (es decir, de Granell y sus soldados) en la capital del Sena? Ese caluroso día del 24 de agosto, Leclerc ordena al valeroso teniente español que sus veintidós tanques exploren los suburbios de París, sin esperar a que los aliados de Eisenhower completen el cerco a la ciudad previo al asalto final. Granell y sus 120 hombres llegan al Ayuntamiento. «Al vernos, la gente se encerró en sus casas creyendo que éramos alemanes. Hasta que un viejo se acercó confundiéndonos con americanos. Al decirle que éramos la División Leclerc casi enloquece de entusiasmo», relataba Granell, años después. Poco a poco, una multitud llenó las calles a su paso: les aplaudían, cantaban la Marsellesa, les besaba y les abrazaba.

Las campanas de Notre Dame y demás iglesias repicaban, con sabor a victoria y a liberación.
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1 comentario

alfredo -

buen articulo
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