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MEMORIA HISTÓRICA

Y digo yo ...

Memoria de los republicanos por el mundo

Memoria de los republicanos por el mundo Esta nota salió hoy lunes 26 de julio en el diario La República de Montevideo, Uruguay. Astillas del espejo roto de la memoria republicana. ¿Será posible que la voluntad del autor de la carta sea cumplida?

A 68 AÑOS DE UNA TRAGEDIA DE LA HISTORIA

* Cuando se están cumpliendo ­en este mes­ los 68 años de una tragedia conocida como guerra civil, España comienza a reconocer y homenajear a los combatientes que se apostaron en el bando de los republicanos.

RUBEN BORRAZAS


Muchos ya están muertos, pocos son los que aún viven, varios siguen desaparecidos. Estos últimos parecen no estar en el reconocimiento público.

Hace alrededor de veinte días LA REPUBLICA informaba que en la localidad de Rivas Vaciamadrid, en las cercanías de Madrid, se habían dado cita unas diez mil personas para homenajear a 550 ex combatientes, quienes entre los años 1936 y 1939, defendieron la causa de la 2ª República Española contra el levantamiento del general Francisco Franco. En uno de los párrafos del manifiesto leído en ese acto se dice con sentido estremecimiento: "Pasaron casi treinta años de la muerte de Franco. Sin embargo, nunca alguno de vuestros verdugos, de vuestros torturadores, se ha sentado en el banquillo (...) Lo hemos visto en películas de otros países luchando contra el nazismo, el fascismo, la impunidad. Eran italianos, argentinos, que lucharon contra sus dictaduras, pero no erais vosotros, ni vosotras... Hemos venido aquí para quitarle las rejas a la celda de vuestra memoria para que seáis un ejemplo para nosotros, para nuestros hijos e hijas", recuerda el manifiesto, y de eso se trata.

Un testimonio desde nuestro país
José Manuel Fernández Prado llegó a nuestro país desde su Galicia natal hace más de cincuenta años, previo a un pasaje por Brasil.

"Cuando leí en LA REPUBLICA que se había realizado este homenaje, se me presentaron los recuerdos y todo el terror de mi niñez en aquellos años y, sobre todo, la muerte de mi padre y no saber, hasta hoy, donde fue enterrado junto con varios de sus camaradas detenidos en una prisión franquista", recuerda este español en su casa de un típico barrio montevideano. Su padre, Ramón Fernández Rico, era tornero en carpintería y fabricante de muebles en la población La Estrada de la provincia de Pontevedra. Defensor de la República española, ocupaba el cargo de alcalde cuando fue detenido, a los dos meses del levantamiento franquista, y alojado en la cárcel local. Posteriormente conocería otros lugares de reclusión hasta su traslado definitivo a la prisión denominada Isla de San Simón.

Allí su esposa y una de sus hijas, eran nueve hermanos, lo pudieron visitar en varias oportunidades bajo las estrictas medidas que indicaba el fiero carcelero. "Después de su detención le confiscaron el taller, la maquinaria, herramientas y demás bienes. Quedamos, junto con mi madre, viviendo las angustias de una situación desesperante y comenzamos a trabajar en lo que se presentara", relata un José Fernández, para agregar inmediatamente. "Mi padre fue fusilado el 3 de setiembre de 1937 y no fuimos enterados de nada. Mi madre fue a visitarlo y le comunicaron que había fallecido por causa de un ataque cardíaco. Nunca le dijeron dónde fue enterrado. Con los años fuimos llegando a la conclusión de que fue fusilado junto con varios de sus compañeros de celda", afirma su hijo.

Pequeña carta al mundo

Si llegáis ya tarde un día

y encontráis frío mi cuerpo;

de nieve, a mis camaradas

entre sus cadenas muertos...

recoged nuestras banderas,

nuestro dolor, nuestro sueño,

los nombres que en las paredes

con dulce amor grabaremos.

Marcos Ana, poeta

Unos meses antes de morir, el destituido alcalde de La Estrada, junto con varios de sus compañeros de prisión, redactaron una carta, enviada a sus vecinos y compañeros, que es un verdadero testimonio político, en el cual no dejaban de soñar con el triunfo de la causa republicana, mientras que el temor a ser fusilados, el miedo a morir se les iba arrinconando en el cuerpo, en los ojos y en el alma. Esta carta está en nuestro país y en manos de su hijo José Manuel Fernández. En sus partes medulares, la carta dice: "Estos compañeros nuestros que el barómetro de la existencia les puso en el grado de tener que sucumbir a merced de la calumnia y la infamia; estos hombres que con espíritu fuerte han tenido que ser víctimas de una sentencia inicua, para ser inmolados en aras del ideal puro e inmaculado de la República, que aun después de ejecutados resurgirá siempre por donde caiga una sola gota de nuestra sangre... Pues bien, estos hombres (cadáveres vivientes) os recomiendan ante
todo serenidad, mucha serenidad, para soportar el duro trance, cuando os digan que estos queridos amigos vuestros han sido ejecutados; y luego, invariables de la causa, os rogamos no abandonéis a nuestras esposas y nuestros queridos hijos, a éstos decidles que sus padres han muerto por la República..."

Líneas más abajo se puede leer la convicción que todos ellos tenían del triunfo republicano: "Vosotros que sois honrados, que sois hombres que tenéis el corazón con fibras de republicanismo como nosotros, sentís a la par de nosotros, como embarga nuestro pecho el dolor, no por morir, pues demasiado sabéis la entereza que nos caracteriza. Sino por tener que dejar la hora bendita del triunfo que se aproxima y no poder verlo... en esta hora en que todos al grito unísono de ¡Viva la República!, en esta hora en que la bandera tricolor ondeará en la cúspide más alta de La Estrada, en esta hora la más grande quizá para nosotros que los siglos vieron..."

Retoñarán aladas de savia sin otoño

reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.

Porque soy como el árbol talado que retoño,

porque aún tengo la vida

Miguel Hernández (poeta)

En las últimas líneas se dirigen a los a los vecinos de La Estrada, para que luego del triunfo republicano esta carta sea incluida en el Libro de Actas del Ayuntamiento y que los nombres de todos aquellos que puedan ser fusilados, por el régimen franquista, sean colocados en una calle de la población con la inscripción "Mártires de La Estrada", y finalizan diciendo: "...seremos firmes y enteros ante el piquete, gritaremos con toda la fuerza de nuestros pulmones ¡Viva la República!, ¡Viva el Frente Popular!, ¡Viva la libertad!, ¡Viva la democracia y abajo la tiranía!... Salud camaradas hasta la eternidad".

Y firman Ramón Fernández Rico y Manuel Nogueira González *

Inteligencia militar

Inteligencia militar La II República paró el golpe, y fue capaz de resistir durante tres años, gracias, precisamente, a la inteligencia militar de un brillante oficial de Estado Mayor, demócrata y republicano, Vicente Rojo, ...

No hace muchos días, el sobado chiste volvía a oírse en una de esas tertulias radiofónicas sin cuyas orientaciones y comentarios uno no sabe cómo el mundo había podido funcionar hasta aquí: «Hablar de inteligencia militar es una contradicción en los términos». El ingenioso tertuliano, poco antes o después, se jactaba de su republicanismo, para cerrar el círculo de su talante progresista comme il faut. Pero la proclama republicana, aunque él seguramente no lo supiera, dejaba un poco tocado el chiste anterior: si la II República aguantó más de dos meses el empuje de los militares fascistas sublevados, no fue desde luego por los tertulianos radiofónicos, que no existían, ni por los bocazas que aullaban consignas pero luego escurrían el bulto en el frente. La II República paró el golpe, y fue capaz de resistir durante tres años, gracias, precisamente, a la inteligencia militar de un brillante oficial de Estado Mayor, demócrata y republicano, Vicente Rojo, que organizó la hasta entonces caótica y precaria resistencia de las milicias populares y demostró una y otra vez un superior conocimiento estratégico frente a la ramplonería táctica de Franco y sus acólitos.

Aloysius, buen y recalcitrante monárquico, me afea este gesto de nostalgia republicana, y me pregunta qué demonios tiene que ver con la temática habitual de estos apuntes. Pero sí que viene a cuento. No hace mucho se hablaba de cómo atraer titulados superiores al ejército, para prestar servicios como militares de empleo y paliar la escasez de efectivos que padecen las Fuerzas Armadas. Ahora les cuesta incluso cubrir las plazas de sanidad, porque claro, no es lo mismo ir a pasar consulta en un hospital militar que a Afganistán con chaleco antibalas.

La relación entre Universidad y milicia está muy arraigada en otros países. Como es bien sabido, muchos de los que se alistan en el ejército estadounidense lo hacen por las suculentas becas que reciben, y que permiten a los hijos de familias pobres acceder al prohibitivo y clasista sistema universitario yanqui.

Pero al margen de estas tretas (basadas en una sociedad restrictiva del acceso a la educación superior que no deberíamos tratar de emular), resulta indudable que una mejor, más desprejuiciada y fluida relación iría en beneficio de ambas partes.

Al ejército le permitiría ampliar las capacidades de su personal. Para ello, claro, tendría que mejorar las condiciones y las perspectivas de futuro de los militares profesionales. La Universidad, por su parte, podría acceder a un campo de conocimiento, la ciencia militar, que normalmente ha despreciado la intelectualidad española, con resultados funestos, tanto en cuanto a la formación y el carácter de muchos militares como en cuanto a su rendimiento en lo que les compete. Ahí tiene Bono, creo, un reto más provechoso que jugar con medallas.

Las deudas de la Historia

Las deudas de la Historia SANTIAGO MACÍAS VICEPRESIDENTE Y FUNDADOR DE LA ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA

EL PASADO 27 de junio el doctor en Derecho, Isidoro Álvarez, publicaba en estas mismas páginas una Tribuna bajo el título: La amnistía de la historia . Explicaba allí que las leyes promulgadas durante la transición habían resuelto los problemas de la sociedad española con el pasado de la guerra civil y de la dictadura franquista. Añadía el autor que esas leyes terminaron definitivamente con las discriminaciones y aludía a dos publicaciones acerca del «terror rojo»; además de indicar que la actual apertura de fosas comunes de republicanos era una forma de levantar el rencor. Pero a pesar de que el derecho debe guiarse por la concreción y por la ley, no se debe evitar una mirada más global sobre un tema de enorme trascendencia.

Una vez terminada la guerra civil el régimen franquista detuvo a cientos de miles de españoles que habían participado en el llamado bando republicano. Todos fueron juzgados por tribunales cuya legitimidad no había surgido de un proceso de selección en democracia si no de la victoria en una guerra. Las sentencias de esos tribunales llevaron a ser fusiladas a 55.000 personas («Morir, matar, sobrevivir» Julián Casanova y otros. Ed Crítica) que pagaron por los delitos que supuestamente cometieron durante la guerra civil.

Inmediatamente después del final de la contienda en 1939, se inició la llamada Causa General, encargada de averiguar quiénes y cuántas habían sido las personas muertas en la contienda sólo si habían luchado en el bando franquista o simpatizaban con los golpistas. La autoridades de la dictadura nombraron un fiscal especial que se dirigió a todos los ayuntamientos de España para solicitarles información acerca de quiénes había sido los muertos «por Dios y por España».

Está escrito y todavía se puede comprobar si alguien visita una hemeroteca y lee un periódico de tirada nacional entre los años 1939 y 1942. No habrá día en una semana en el que no aparezca la noticia de la exhumación de una fosa con restos de «caídos y mártires» o un homenaje a los mismos. Esos trabajos se llevaron a cabo con el dinero de todos los españoles, especialmente con el de los que perdieron la guerra civil y que fueron juzgados por una Ley de Responsabilidades Políticas que en muchos casos hizo que les fueran incautados todos sus bienes. Por el contrario, los familiares de los muertos franquistas tuvieron facilidades para reconstruir sus vidas: becas para estudios, puntos en oposiciones, puestos en la administración, etcétera. La dictadura franquista, que había derrocado a un sistema gobernado por un presidente elegido democráticamente, agradecía así los servicios prestados. Pero los millones de españoles que habían decidido democráticamente, en febrero de 1936, que Manuel Azaña fuera su presidente tuvieron que renunciar a sus derechos, sin poder enterrar dignamente a sus muertos y sin que la historia les diera la oportunidad de disfrutar de las libertades que habían conquistado sin pegar un solo tiro el 14 de abril de 1931. Hoy, los restos mortales de aquel brillante presidente yacen en una pequeña localidad francesa donde murió poco antes de ser apresado por la Gestapo para ser entregado a Franco. Éste, mientras tanto, reposa en el Valle de los Caídos, monumento faraónico construido, para más escarnio, con la sangre y el sudor de cientos de republicanos.

Pretender que con las leyes de amnistía de la transición los bandos quedan equiparados y «se acabaron las discriminaciones» como afirma Isidoro Álvarez es pretender perpetuar un agravio comparativo evidente.

Los miles de familias que desde hace unos años se han puesto en marcha para buscar a sus seres queridos y darles una sepultura digna tienen todo el derecho del mundo a hacerlo. Nadie debe estar enterrado en una cuneta o en un monte independientemente de las ideas políticas que tenga. Y ese derecho fundamente no puede verse derogado por unas leyes de amnistía que en buena parte fueron elaboradas por autoridades del régimen franquista que pilotaron y tutelaron la transición.

Ninguno de los franquistas que participó en violaciones de derechos humanos durante la guerra y la posterior dictadura se ha sentado jamás en un banquillo¿ y se trataba de delincuentes. Mientras, miles de republicanos fueron asesinados, encarcelados y enviados al exilio. Ninguna ley puede acabar con una discriminación de esa dimensión, porque las leyes no pueden cambiar el pasado. Lo que ahora piden los familiares de aquellos republicanos es dar una sepultura digna a sus muertos. Ninguna ley puede determinar que una persona enterrada en una cuneta está enterrada dignamente. Por eso lo que tiene que hacer una democracia madura, como cualquier persona responsable, es saldar sus deudas. Y luego, que cada uno opine lo que quiera y que lo pueda manifestar en una Tribuna igual de libre que ésta.

Presentació llibre: "Con voz y voto", de Carmen Domingo

Presentació llibre: "Con voz y voto", de Carmen Domingo En primer lloc, voldria començar agraint-li a la Inma Mayol la seva presència aquí i la presentació.

I m’agradaria fer-ho també per dos motius que són molt importants per mi. No sols en tant que dona d’esquerres, amb la qual em sento molt identificada, si no també perquè ella és la mostra més evident què la política no està vedada a la participació femenina, i que podem arribar –o al menys això vull creure- als mateixos llocs que l’home.

Aprofitant la relació que facilita aquesta presentació entre la participació de la dona en la política actual –personificada per la Inma- i la participació de la dona en la política dels anys trenta –tema del que tracta el llibre- m’agradaria explicar-vos, perquè se’m va ocorre escriure Con voz y voto.

Jo pertanyo a la primera generació que va començar la EGB amb la transició. Aquest fet hauria d’haver significat que 8 anys després, en plena democràcia, quan jo vaig començar el BUP, rebria unes classes d’història on m’explicarien des de l’arribada dels tartessos, fins a l’actualitat.

Res no va ser així.

Vam estudiar de tot (o gairebé) d’història mundial, una mica d’història antiga de la Península i, en arribar a la història de l’Espanya contemporània vam acabar amb la pèrdua de les colònies. I, des de el 98, ens vam retrobar de cop amb la participació d’Espanya a la Comunitat Econòmica Europea i la nefasta entrada a l’OTAN.

La veritat és que, en aquell moment, si he de ser sincera, no vaig trobar a faltar cap període històric. De fet no em vaig assabentar dels anys que ens saltàvem i va ser, poc a poc que vaig adonar-me que va haver un període, entre 1900 i 1976 que no estava gaire llunyà en el temps i del què jo desconeixia tot el que havia passat en aquest país, perquè ningú no en parlava, però que, sense cap mena de dubte, havia afectat i molt tant a la generació de la meva avia, com a la generació dels meus pares i el fet que nosaltres no l’estudiéssim ni haguéssim gairebé sentit a parlar d’ell volia dir que també ens afectaria.

Molt poc a poc, perquè a casa meva com a moltes altres cases, el tema de la guerra civil i la dictadura era gairebé tabú, vaig començar a comprendre per què a la meva família la presència femenina era molt més gran que la masculina i a què eren degudes aquestes absències i vaig començar a intuir per què no es parlava d’aquella època.

A partir d’aquell moment, estava clar que els llibres eren l’única forma que jo tenia de començar a assabentar-me i em vaig posar a llegir, aprofitant que entràvem a un període, mitjans dels noranta, en que cada vegada es publicaven més llibres sobre la guerra civil, la dictadura i la segona república es van posar de moda més trad. I coincidint amb una època en la que jo tenia cada vegada més inquietuds polítiques i per tant històriques.

I així vaig adonar-me que, casualment, tot el que llegia estava escrit per homes que ens donaven una versió de la història en la que podia semblar que ells eren els únics que havien participat.

Però, poc a poc, i de forma aïllada, anaven apareixent dones que militaven en aquest o aquell partit polític, que feien una o una altre reivindicació, o que creaven una associació, i van ser aquests noms els que em van servir a mi per començar a buscar directament el seu testimoni. Ja que, el que jo tenia clar és que alguna explicació i havia d’haver a la qual jo no arribava que m’aclarís per què alguna de les dones de la meva família havia estat empresonada o havia anat voluntària als hospitals del front de Madrid durant la guerra civil.

Si les dones, segons semblava, gairebé no participaven en res en aquells anys, què sentit tenia que rebessin la mateixa repressió que els homes i actuessin als mateixos llocs?

I així vaig veure que les dones en els anys trenta no només existien sinó que, i això ho vaig comprendre a mesura que llegia, vam tenir una participació molt més gran o més representativa fins i tot que la tenim avui, que encara estem demanant en molts sectors que ens tractin d’iguals.

Era evident que faltava informació, i molta, sobre la participació de la dona no sols en la seva intervenció a la guerra civil, si no també en la construcció de la societat republicana. I trenta anys de transició era temps suficient per a poder parlar, avui diríem sense acritud, no només de la dictadura, sinó també de la guerra civil i la república i de reivindicar el paper d’aquestes dones, gairebé silenciades des de les hores. I pel que a mi em sembla molt més modernes que moltes d’ara.

Vaig creure que havia arribat el moment que les dones que havien participat en aquells esdeveniments parlessin i els hi poguéssim reconèixer la seva lluita i els seus mèrits. I parlo de mèrits, perquè meritòria i molt va ser la participació de la dona en la formació de la construcció de l’Espanya moderna de la Segona República fonamentalment a un sector tradicionalment reservat als homes com és la política i gràcies a aquesta participació vam gaudir, no només del sufragi universal, sinó també, d’una legislació laboral igualitària, un dret a l’educació de nens i nenes, o una llei del divorci, entre d’altres millores. Una construcció d’Espanya en la que la dona es va sentir molt implicada perquè era la primera vegada que era tractada com a igual:

No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, el sexo, la filiación, la clase social, la riqueza, las ideas políticas, ni las creencias religiosas

Leeremos ya en la Constitución española del 31

Y en esta Constitución, y en muchas otras reformas, participaron mujeres tan conocidas internacionalmente, y con tanto peso político en aquel entonces como Victoria Kent, Margarita Nelken, Dolores Ibárruri, Federica Montseny o Clara Campoamor y, a pesar de ello, en España prácticamente no hemos oído hablar de su labor.

Y tan sorprendente, por abundante, me resultó la implicación de la mujer en la sociedad española, dentro de asociaciones, partidos, sindicatos, agrupaciones... que no pude más que seguir sorprendiéndome cuando en la biografía de Irene Falcón, leí:

En los estudios sobre la guerra se ha subestimado, en general, el papel de las mujeres. No se ha destacado el hecho de que las propias circunstancias hicieron que ocuparan puestos de responsabilidad en todas partes. En los frentes menos, porque aunque en principio sí hubo una avalancha de mujeres a la lucha, después se incorporaron a otros trabajos.

De hecho, añade Irene, «en todos los aspectos de la vida económica del país, los puestos importantes, decisivos, los ocuparon mujeres. Las organizaciones sindicales y los partidos políticos acabaron siendo dirigidos localmente por mujeres.

A pesar de ello, una vez finalizada la guerra civil, el ejército sublevado consigue que la misma mujer sea la encargada de obligar a otras mujeres a ser “el ángel del hogar”, situación contra la que tanto se había luchado, y la obligan a reducir su participación en la sociedad casi única y exclusivamente al ámbito familiar y al eclesiástico, cuando no deciden que aquellas que no piensen como ellas deben ingresar en prisión.

Y pasamos en menos de diez años de una afirmación rotunda hecha por Clara Campoamor que dice:

El siglo XX será, no lo dudéis, el de la emancipación femenina... Es imposible imaginar una mujer de los tiempos modernos que, como principio básico de individualidad, no aspire a la libertad.

a otra no menos contundente de Pilar Primo de Rivera en la que leemos

Las mujeres nunca descubren nada: les falta, desde luego, el talante creador, reservado por Dios para inteligencias varoniles, nosotras no podemos hacer nada más que interpretar mejor o peor lo que los hombres han hecho.

Y este cambio radical, que en el caso de la última cita se repitió hasta la saciedad a lo largo de cuarenta años, en el que se pasí de tener casi todo o poder pedir y reivindicar aquello que no se tenía, a no tener nada fue el que me ayudó a delimitar los años en los que centraría el libro: desde 1931, la instauración de la Segunda República, y la aplicación de legislación que competía y beneficiaba directamente a la mujer, hasta los primeros años de dictadura franquista, también con legislación específica dedicada a la mujer.

Todo ello interrumpido por un conflicto bélico, la guerra civil, en el que las mujeres, en este caso sólo las de iquierda, se implicaron en el frente y en otras tareas en la defensa de la constitucionalidad vigente igual que el hombre mientras pudieron.

Y, aunque toda la sociedad española sufrió las transformaciones en esos años, hice protagonista del libro a la mujer por cuatro motivos:
- no sólo porque había sido la que menos atención había recibido en los estudios históricos hasta el momento,
- sino porque era el sector que más afectado resultó con la entrada de la república y con la dictadura,
- porque se habían involucrado de forma muy clara en la política con el claro convencimiento de que era la única herramienta válida de mejorar la sociedad en que vivían
- y, en último lugar, porque tradicionalmente en España su papel no ha sido valorado.

Y ella es, ellas para ser más exactos, las que nos cuentan estos quince años en el libro y nos explican aquellos aspectos en los que están más claramente involucradas, cómo los viven, cómo inician sus primeras reivindicaciones, cómo defienden y luchan por la libertad y a favor de la democracia constitucional, cómo participan en el frente, y cómo, ante la sorpresa de la derrota, reciben los primeros castigos tras perder una guerra en la que se impone el ejército franquista o cómo se ven obligadas a exiliarse responsabilizándose, en la mayoría de casos no sólo de su propia supervivencia, sino también de la de sus hijos, padres o hermanos.

Sin embargo, antes de acabar, me gustaría aclarar que no es un libro en el que se quiere mostrar cómo escribir la historia sin la ayuda de los hombres, sino de cómo se puede aspirar a construir una sociedad con la participación de todos sus miembros, independientemente del sexo al que pertenezcan y de cómo los sueños de igualdad pueden verse truncados si la cultura de un país no insiste en el respeto a las distintas ideolgías. Y en el que, precisamente por eso, todas las tendencias ideológicas están reflejadas, porque todas formaban parte de la sociedad española (independientemente de que yo me sienta más o menos identificada con ellas), aunque algunas tuvieran que imponer la fuerza de las armas para lograrlo durante cuarenta años y, a pesar de que, en el caso de las franquistas, sólo aceptaron reivindicar la igualdad de la mujer cuando tuvieron que imponer penas de muerte o de cárcel.

Es un libro con el que he querido reconocerle a cada mujer el papel que tuvo, dejar que hablen voces que llevan años calladas, voces que sufrieron no sólo una guerra sino la injusticia de una dictadura que duró cuarenta años, voces que se soprenden de que occidente las deje solas, voces que tuvieron que callar porque las amenazas duraron prácticamente hasta 1976, voces que un día escribieron un diario o unas memorias de sus vivencias y que han permanecido, en el mejor de los casos, en un estante de biblioteca y en el peor ni siquiera nos queda un ejemplar de muestra.

En definitiva, un libro a través del cual he querido hacer un homenaje que permita reconocer y valorar a casi un centenar de mujeres, aunque la realidad nos demuestra que son sólo unas pocas voces las que reflejan los pensamientos, las vivencias y los sufrimientos de miles de ellas.

Con voz y voto es, en definitiva, un trabajo escrito desde el presente para entender el pasado, porque sin él dificilmente podremos construir un futuro libre. Es un libro en el que he querido devolverles la voz y el voto que les han negado durante más de cuarenta años a muchas mujeres que vivieron no sólo la alegría de la España republicana, sino también el drama de la guerra civil y la tremenda represión del franquismo.

Y ya, para acabar, me gustaría darle las gracias a Silvia Querini que ha confiado en mí y me ha dado la oportunidad de escribir sobre un tema con el que tenía una deuda pendiente y creo que he conseguido saldar.
Muchas gracias

La historia leída desde abajo.

La historia leída desde abajo. Al amanecer de un día cualquiera de 1945 un padre despertó a sus chicos para que fuesen testigos del mayor crimen de la humanidad: una matanza de hombres. "Mañana hay que levantarse pronto porque vamos a ver pasar camiones con hombres que llevan a fusilar", les había advertido el padre antes de irse a dormir horas antes, en una casa humilde de Pueblo Nuevo, a pocas manzanas de lo que hoy es, imponente y lujosa, la sede del Fórum Universal de las Culturas. Efectivamente, al alba pasaron camiones sin toldos con hombres silenciosos que eran llevados hasta las tapias del Campo de la Bota para ser tiroteados. En apenas siete años, 3.000 fusilados en aquella tapia, un terrible lugar en el que hoy hunde sus cimientos el edificio principal del Fórum.

La voz de uno de los niños que vio aquella criminal amanecida retumbó ayer, grave y serena, en el Parlamento de las Religiones, a las 11.30 horas, al inicio de una mesa redonda organizada por Cristianos por el Socialismo con el título La historia leída desde abajo y el fatalismo de la pobreza desde la perspectiva de la fe. Jaume Botey tiene ahora 65 años y vivió en una de las barracas del Campo de la Bota entre 1967 a 1969, junto a su hermano Francesc, uno de los cientos de sacerdotes que dieron con sus huesos en la cárcel que el general Franco habilitó en Zamora para los curas, cuando la Iglesia romana empezó por fin a dar la espalda al sangriento dictador.

"Además de barracas, suburbio y marginación, el nombre de Campo de la Bota evoca ese otro recuerdo más siniestro: de 1939 [fecha de la caída de Barcelona en poder del ejército faccioso] hasta 1947 fue campo de fusilamiento de los opositores al franquismo", relató Jaume Botey ante una audiencia multirreligiosa sobrecogida, en su mayoría cristianos de todas las iglesias, budistas, musulmanes, judíos, brahma kumaris o teólogos y teólogas de la liberación.

Botey, coordinador ahora de Cristianos por el Socialismo en Barcelona, abrió la mesa redonda con ese recuerdo, que presentó como "consideraciones previas". Dijo: "El lugar en el que estamos fue, hasta hace sólo unos 20 años, un suburbio de barracas llamado Campo de la Bota". Y después, "el homenaje necesario" a los 3.000 hombres fusilados allí, algunos de los cuales vio Botey aquella mañana desde la ventana, de niño, su terrible memoria, el primer recuerdo que tiene. "Comunistas, anarquistas, cristianos o independientes fieles a las ideas republicanas. El baile de sangre duró hasta 1951 y el lugar del fusilamiento fue exactamente donde ahora estamos. Os recuerdo, pues, que la tierra que pisamos es sagrada. Estamos en un lugar sagrado, regado con la sangre inocente de aquellos mártires que nunca serán canonizados porque fueron ejecutados en el nombre de Dios y de la Iglesia. Ni el Fórum ni las bambalinas y oropeles que lo rodean deberían nunca olvidar que todo esto se levanta incluso físicamente sobre el sufrimiento inocente", remachó.

El silencio de Dios.

Botey planteó además una pregunta que considera "fundamental" a comienzos del siglo XXI: "Ante este inmenso Campo de la Bota de inmigrados, hambrientos y enfermos en que el sistema ha convertido al mundo, ¿de qué Dios estamos hablando?, ¿de qué sirve hablar de Dios?, ¿dónde estaba Dios mientras aquí se fusilaba en el nombre de Dios?".

Sobre parecidos asuntos -la historia leída desde los que sufren injusticia y violencia- también hablaron en la mesa redonda Teresa Jiménez Villarejo, que actuó de moderadora; el sacerdote chileno Diego Irarrázabal, presidente de la Asociación Ecuménica de Teólogos y Teólogas del Tercer Mundo; el líder musulmán de origen egipcio Tariq Ramadán, y la laica nicaragüense Michele Nijlis.

http://www.derechos.org/nizkor/espana/doc/crist.html

¿Qué es la Memoria Histórica?

¿Qué es la Memoria Histórica? En estos últimos años, todo el mundo ha oído hablar en España de algo llamado "Recuperación de la Memoria Histórica". La mayor parte sabe que se trata de algo que hace referencia a la guerra civil y a la represión franquista, pero todo son ideas vagas. Desde los medios de comunicación se dan noticias sobre actividades y opiniones sesgadas de especialistas en diversas materias que dan una imagen distorsionada del tema. Casi todo se está viendo reducido a reivindicaciones nostálgicas y privadas de familiares y protagonistas de una época que no sólo se ha pretendido olvidar, sino que, en la actualidad, se trata de mostrar como algo histórico que nada tiene que ver con nuestro presente.

El intento de igualar a los muertos de ambas zonas, sin profundizar en las causas del conflicto, la situación política nacional e internacional, los principios y valores defendidos por unos y otros, etc., tan sólo sirve para arrojar más oscuridad sobre el asunto y, en vez de explicar, se confunde, todavía más, a la sociedad española. En lo cultural, los estudios rigurosos se entremezclan con libros redactados de forma oportunista y acercamientos científicos, inconexos y aislados de la sociedad civil, nos llevan a un tratamiento del tema que transforma la Memoria Histórica en objeto de museo alejado de la realidad social actual. La Recuperación de la Memoria Histórica se ha transformado, en nuestra sociedad, para unos, en una reivindicación privada, para otros, en un gran negocio de venta de libros, un instrumento para dar satisfacción a una curiosidad científica e, incluso, en una forma de obtener votos. Y a las pruebas debemos remitirnos viendo cómo el acuerdo parlamentario del 20 de noviembre de 2002 respecto a la Memoria Histórica no se ha sustanciado, salvo excepciones puntuales y localizadas territorialmente, en ninguna medida concreta, ni el homenaje a las víctimas del franquismo, realizado por todos los grupos de la oposición el 1 de diciembre de 2003, ha servido para que la situación se aclare. Y no es que pensemos que la Recuperación de la Memoria Histórica no debe tener un uso instrumental, sino que se hace necesario realizar un acercamiento al tema desde un punto de vista ideológico capaz de romper con la dinámica en la que ese uso instrumental se ha anclado en los valores individualistas y de mercado que el neoliberalismo ideológico propugna. Vamos a hablar, pues, de lo que es la Memoria Histórica y de su instrumentalización para fortalecer la democracia, como elemento de lucha contra la impunidad, como arma para la defensa de los derechos humanos y como elemento ideológico de construcción y vertebración de la sociedad.

El concepto de Memoria Histórica

Hay una frase que, equivocadamente, pretende resumir todo el contenido y el concepto de Memoria Histórica. Nos referimos a "el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla". Para que evoque realmente lo que es la Memoria Histórica, deberíamos matizarla añadiendo que "el pueblo que no conoce su historia no comprende su presente y, por lo tanto, no lo domina, por lo que son otros los que lo hacen por él". Ese dominio se manifiesta en lo ideológico-cultural, en lo económico y en lo político. El desconocimiento provoca falta de comprensión sobre los procesos históricos que han dado como resultado nuestro presente, generando un profundo déficit democrático que se sustancia día a día en una sociedad despolitizada y poco participativa. Vivimos una democracia de bajo nivel y una de las causas es que está asentada sobre el olvido. Estamos construyendo nuestra historia como pueblo no con nuestro guión, sino con el de los que promovieron (y promueven) el olvido. No somos, realmente, dueños de nuestro presente, porque sólo conocemos nuestro pasado vagamente.

Si quisiéramos resumir el concepto "Recuperación de la Memoria Histórica", en breves palabras, podríamos decir que es un movimiento socio-cultural, nacido en el seno de la sociedad civil, para divulgar, de forma rigurosa, la historia de la lucha contra el franquismo y sus protagonistas, con el objetivo de que se haga justicia y recuperar referentes para luchar por los derechos humanos, la libertad y la justicia social. Y cuando hablamos de justicia, hablamos de reconocimiento y reparación, en ningún caso de actitudes revanchistas. Hay que hacer esta puntualización porque, en muchas ocasiones, se ha querido tildar a este movimiento de revanchista y no es lo mismo buscar la justicia y la verdad que la revancha. Además hay una necesidad de establecer la verdad histórica y, hasta ahora, tan sólo el bando vencedor de la guerra civil tuvo acceso a los medios de difusión y el apoyo institucional necesario para acometer esta tarea. El franquismo tuvo su "comisión de la verdad" con la instrucción de la "Causa General", nada más terminar la guerra civil, y aún no se ha dado a la otra parte la posibilidad de llegar a conocer y divulgar la verdadera naturaleza y magnitud de la represión que se ejerció sobre los defensores de la legalidad republicana y, ni mucho menos, acceder a la justicia.

Sin embargo, esta definición tampoco profundiza demasiado en la cuestión. Se hace necesaria una mayor disección del asunto para que el lector pueda adentrarse en el tema y comprenderlo. En un primer acercamiento, descubrimos que la memoria debe ser tratada desde todos los aspectos posibles. En ese primer acercamiento, distinguimos que confluyen aspectos humanos, aspectos culturales y aspectos políticos claramente perceptibles.

Los aspectos humanos

Son los seres humanos los que construyen la historia (de forma consciente o inconsciente) y son los que se ven afectados por la misma. Cuando hablamos de la guerra civil y la dictadura franquista estamos hablando de personas que fueron asesinadas, perseguidas, encarceladas, humilladas... Ha pasado demasiado tiempo, disfrutamos de un régimen de libertades imperfecto -pero régimen de libertades al fin y al cabo- desde hace veintiséis años y, sin embargo, estas personas no han sido atendidas debidamente. Han sufrido, tras la represión, el silencio y la falta de reconocimiento, si cabe tan (o más) doloroso que la anterior. La atención a las personas debe estar en la primera página de cuestiones a resolver. El homenaje, la localización y recuperación de los restos de personas asesinadas, la explicación de la verdad a los familiares, la atención psicológica, el reconocimiento social e institucional y la justicia reparadora, tanto en lo moral como en lo material, son tareas que forman parte de la Recuperación de la Memoria Histórica.

El miedo sigue siendo dueño de muchas de estas personas, en especial en medios rurales, un profundo miedo que lleva a la negación de la verdad. Hemos encontrado casos de militantes asesinados, con documentación probatoria de su militancia, de su actividad política en defensa de la legalidad republicana y, en un alto porcentaje de ocasiones, nos hemos encontrado con la negación de los hechos por parte de los familiares. Hemos constatado que existe un miedo planificado por el franquismo para derrotar cultural y psicológicamente a todo el pueblo español. Cuando las familias niegan, se avergüenzan, intentan despolitizar la cuestión... ¿no nos estamos encontrando ante la victoria ideológica del franquismo?

La atención a colectivos de supervivientes (presos políticos, exguerrilleros, exmilitares leales, exiliados...) es otra de las cuestiones de las que se ocupa la Recuperación de la Memoria Histórica. ¿Cómo puede una sociedad defender la libertad y la democracia si a los que lo hicieron en otro tiempo se les castiga con la amargura del silencio y con la vergüenza? La Recuperación de la Memoria Histórica, al atender estos aspectos, entra de lleno en la recuperación de la dignidad de todas estas personas y, por tanto, en la recuperación de nuestra dignidad como pueblo.

Sin embargo, la atención exclusiva a los aspectos humanos no nos da la verdadera dimensión de la Recuperación de la Memoria Histórica. Si no avanzamos más, nos quedamos en una primera fase que sólo atiende reivindicaciones individuales o de colectivos aislados. Sin tratamiento desde el punto de vista cultural aún no estamos hablando de Memoria Histórica, sino de memoria privada y de cuestiones exclusivamente humanitarias.

La vertiente cultural

Respecto a los aspectos culturales, en un primer estadio, se encuentra la investigación histórica y científica, no como elementos aislados, sino como instrumentos interrelacionados con los demás aspectos. El derecho a saber la verdad tanto por las familias como por la sociedad española no podría satisfacerse sin el conocimiento riguroso de los hechos. La labor de los historiadores, archiveros, documentalistas, arqueólogos, antropólogos, sociólogos, etc. se transforma en herramienta para conocer la verdad. En un segundo estadio, se encontrarían los medios de divulgación: los libros y publicaciones, los documentales, las exposiciones, los seminarios, charlas y debates para dar a conocer los hechos. Y, por último, en un tercer estadio, la creación artística: la novela, la película, la obra de teatro, la poesía, la pintura, la escultura, etc.

Sumando los aspectos humanos y los culturales, empezamos a tener parte del rompecabezas de la Memoria Histórica. El problema comienza cuando la investigación histórica determina que el tema tratado es, también, profundamente político. Hablamos de una lucha profundamente ideológica, de persecuciones políticas, de asesinatos -en su mayor parte- políticos, de presos antifascistas, de guerrillas antifranquistas, etc., etc., etc.

La dimensión política

Quizás la parte más compleja y la que más escollos ha encontrado hasta ahora sea el tratamiento de los aspectos políticos de la Memoria. Para abordarlos adecuadamente, los hemos divido en institucionales, jurídicos, ideológicos y sociales.

La implicación institucional es clara. Sin ella, ha sido prácticamente imposible realizar ninguna labor de Recuperación de la Memoria Histórica. Sólo desde las instituciones se puede legislar y librar los recursos necesarios para acometer la tarea. La eliminación de los símbolos y callejeros franquistas, la inclusión en los libros de texto de lo que supuso la larga lucha por las libertades en nuestro país y arbitrar medidas de reconocimiento institucional y justicia reparadora en lo económico sólo puede hacerse desde las instituciones. La deslegitimación de la dictadura franquista sólo podrá verse realizada totalmente cuando se sustancie en la legislación adecuada.

Adentrándonos en lo jurídico, comenzamos a hablar, de forma inmediata, de "Derechos Humanos" y "Lucha contra la Impunidad". Son los tribunales de justicia los que deben investigar los asesinatos, aplicando la legislación y convenios internacionales que el Estado español ha asumido como suyos.

En lo ideológico, entendemos que, mientras que el franquismo acabó con un régimen democrático de libertades y derechos, sus víctimas eran defensoras de ese régimen. Eso sin entrar en los distintos matices ideológicos de las víctimas, que formaría parte de la memoria de sus correligionarios actuales. Hablamos claramente de socialistas, comunistas, anarquistas, republicanos, nacionalistas periféricos, sindicalistas, incluso de conservadores de fuertes convicciones democráticas (que los hubo y fueron asesinados por oponerse al golpe de estado), etc., todos ellos de ideas contrarias a las fuerzas alzadas militarmente contra la II República. Hablamos, también, del uso de banderas propias de las víctimas, defensores de la libertad, la justicia social y la legalidad republicana; de la necesidad de rituales de memoria propios, vinculados a lo político-social, dando cabida a lo privado, pero compatibilizándolo con lo público y dando prioridad a esto último, toda vez que estamos hablando de víctimas por causas sociales y políticas. Estas personas fueron perseguidas, humilladas, encarceladas o asesinadas no por el hecho de ser padres, abuelos, hermanos, maridos, sino por su condición política y social, por sus prácticas políticas y sociales. Si esto no se tiene en cuenta, el franquismo habrá triunfado plenamente en lo ideológico al enterrarse a sus víctimas no de la forma que ellas hubieran deseado, sino con los rituales propios de sus verdugos. Se trataría de la destrucción del franquismo ideológico que todavía subyace en nuestra sociedad.

En lo social, hablamos de fortalecer los valores democráticos, de libertad, de justicia social, de articulación y vertebración de la sociedad civil alrededor de estas actividades. Se trataría de dar cohesión al pueblo español usando como crisol la exaltación de esos valores.

La suma de todos los elementos

La suma de todos estos elementos, en los que hay que seguir profundizando, da como resultado el que la Memoria Histórica sea algo más que la búsqueda de un familiar desaparecido, el logro de una pensión para un expreso político, la publicación de un libro, la excavación arqueológica de una fosa común. Sólo la suma de todos estos elementos nos da su verdadera dimensión. Cada aspecto individualizado y separado del resto no podemos considerarlo Recuperación de la Memoria Histórica. La búsqueda de un familiar desaparecido con el objetivo de llevar los restos al cementerio, sin tener en cuenta las causas de la desaparición, las implicaciones ideológicas, la investigación histórica rigurosa, la judicialización de la investigación, la participación institucional y el homenaje con rituales que respeten los pensamientos del muerto, se transforma en memoria privada. La excavación arqueológica de una fosa común, los estudios antropológicos, por muy rigurosos que sean, si no van acompañados del resto de elementos humanos, jurídicos, institucionales, ideológicos y sociales se transformarán en simples investigaciones científicas, pero poco más. Solamente cuando se tengan en cuenta todos los aspectos relacionados, en todos y cada uno de los casos, estaremos hablando de verdadera Recuperación de la Memoria Histórica. Es la suma de todos los elementos la que nos da algo más que el todo y ese algo más es la Memoria Histórica.

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José Mª Pedreño es presidente del Foro por la Memoria. Este artículo fue publicado en el n° 12 (especial sobre derechos humanos) de la edición impresa de la revista Pueblos, verano de 2004, pp. 10-12.

El director de cine Basilio Martín Patino afirma que «el documental ha pasado a la historia»

El director de cine Basilio Martín Patino afirma que «el documental ha pasado a la historia» El director de cine Basilio Martín Patino afirmó ayer en Bilbao, donde asistió al curso 'Documental y memoria', que «el documental ha pasado a la historia, ya que todo es inventado». Autor de películas como 'Nueve cartas a Berta' y 'Canciones para después de una guerra', explicó durante el coloquio previo a la proyección del documental 'Madrid' que su «motor» para dirigir ha sido siempre «una necesidad de utilizar el cine para enterarme yo mismo de qué pasaba, para conocer el mundo mejor y reflexionar sobre el entorno». En la misma línea, el realizador recalcó que nunca ha necesitado «hacer cine para los demás, en el sentido de utilizarlo de una forma didáctica». Según admitió, los miembros de su generación se encontraban «totalmente desolados ante una realidad que no nos gustaba», refiriéndose a la dictadura franquista, y «teníamos que liberarnos de cómo nos habían hecho». La situación de represión vivida entonces es lo que le llevó a hacer su primera película, 'Nueve cartas a Berta'.

García Lorca desata nueva pugna.

García Lorca desata nueva pugna. Un desarrollo inmobiliario, detrás de la intención de exhumar los restos del poeta

Granada. En el ancestral paraje árabe de la Fuente de las Lágrimas revive el fantasma del mayor poeta de estas tierras, Federico García Lorca, junto con el llanto casi inaudible de casi 5 mil víctimas de los fusilamientos del golpe franquista de julio y agosto de 1936, cuyos restos, como los del autor de Bodas de sangre, se encuentran esparcidos en fosas comunes entre los pueblos de Alfacar y Viznar. "Mi corazón reposa junto a la fuente fría", escribió premonitoriamente en su primera obra lírica, Libro de poemas, pero hoy vuelve a palpitar por razones más patéticas que poéticas.

Desde el año pasado, la polémica por exhumar los restos del creador de Yerma se han convertido en el motivo de una soterrada pugna entre sus familiares, las autoridades andaluzas y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). La razón es la solicitud de desenterrar los restos de García Lorca, junto con los de las otras tres víctimas fusiladas con él entre el 18 y 19 de agosto de hace 68 años: el maestro nacional Dióscoro Galindo González y los banderilleros anarquistas Joaquín Arcollas Cabezas y Francisco Galadí Melgar.

Los sobrinos del dramaturgo, con Laura García Lorca a la cabeza, han expresado de distintas maneras su oposición a "remover los huesos" porque, argumentan, es un pretexto para permitir el negocio de la especulación inmobiliaria en esa zona donde se han construido lujosos chalés y casas de campo. "Eso sería desvirtuar la memoria", expresaron en un comunicado los hermanos Vicenta, Concepción y Manuel Fernández García, y Gloria, Isabel y Laura García Lorca.

"Estamos convencidos -subrayaron desde septiembre del año pasado-, y en ello basamos nuestras opiniones, que las circunstancias de la muerte de Federico García Lorca, por lo que se refiere a la constatación de la memoria histórica, son lo suficientemente conocidas para que en su caso particular no haya que remover los huesos."

No opinan lo mismo los familiares de Dióscoro Galindo y Francisco Galadí. Ellos han acudido a la ARMH y a las autoridades de Andalucía para permitir que se exhumen los cadáveres.

El falso debate ha generado una aparente oposición entre ambas descendencias. Sin embargo, Francisco Galadí declaró a la prensa local: "El que mi abuelo comparta fosa con García Lorca es sin duda la razón por la que hemos podido encontrarlo, y por eso celebro la casualidad, pero no tengo ningún interés especial en que se exhumen los restos del poeta. Sólo quiero dar a mi abuelo una digna sepultura".

El pasado 25 de junio, el escritor Benjamín Prado exhortaba así en un artículo de El País a los sobrinos del autor de Poeta en Nueva York: "Por favor, liberen a Federico, arrebátenlo a esta tierra sin nombre con que lo cubrieron sus verdugos; incluso, vuélvanlo a enterrar en el mismo sitio, si quieren, pero bajo una pequeña lápida con su nombre, donde todos podamos honrarlo".

Para Carmen Morente, catedrática y escritora de Granada, no se requiere exhumar el cadáver para honrar siempre a quien presagiara la brutal represión golpista en sus versos del Romance de la Guardia Civil Española: "¡Oh, ciudad de los gitanos!/ La Guardia Civil se aleja/ por un túnel de silencio/ mientras las llamas te cercan./ ¡Oh, ciudad de los gitanos!/ ¿Quién te vio y no te recuerda?/ Que te busquen en mi frente./ Juego de luna y arena."

"Se trata de que una vez que desentierren al gran poeta, la figura más renombrada, se pueda extender el negocio inmobiliario -subraya Morente-. ¿Por qué no hacerlo también con las más de 3 mil osamentas de tantas víctimas anónimas que yacen bajo el mismo paraje?"

Las autoridades de Andalucía han prometido financiar la apertura de las fosas de la Guerra Civil. Ante la resistencia de los familiares de García Lorca, la Junta de Andalucía decidió declarar "bien de interés cultural" los lugares lorquianos para que se conserve el recuerdo de la tragedia del poeta y de otras víctimas.

Sin embargo, nadie puede garantizar que la zona de la Fuente de las Lágrimas no sea devorada por la ambición inmobiliaria, cual si de una venganza del alma avariciosa de Bernarda Alba se tratara.

Muerte en Granada

García Lorca ha despertado no sólo las pasiones artísticas sino también las históricas y las políticas de una nación que mantiene abiertas las cicatrices dejadas por el genocidio que llevó al poder al Generalísimo o Funeralísimo Francisco Franco.

Ian Gibson, meticuloso historiador lorquiano, documenta en su libro El asesinato de García Lorca, que inspiró la película Muerte en Granada, que durante décadas el franquismo atribuyó un supuesto carácter "apolítico" al poeta y pretendió difundir la versión de que su asesinato fue producto de un "crimen pasional" entre homosexuales, valiéndose de la teoría de Schonberg, seudónimo del barón L. Stinglhamber, que en 1956 escribió en Le Figaro la tesis de que el autor granadino había sido víctima de una secreta rivalidad homosexual entre el pintor Gabriel Morillo y Luis Rosales.

"El hecho es que Lorca sí era republicano; que era explícita y públicamente antifascista; que rechazó la España tradicionalista y católica, la España imperial de Fernando e Isabel y sus sucesores, tan añorada entonces por mucha gente de derechas; que deploró, otra vez en público, la represión política llevada a cabo durante el 'trienio negro' de 1933 a 1936; que apoyó públicamente la campaña electoral del Frente Popular en 1936, y valoró su triunfo como la 'reconquista de la República'", escribió Gibson al inicio de su obra.

La investigación de Gibson también documenta las ácidas críticas de García Lorca a la burguesía granadina, días antes de su fusilamiento. El 10 de junio de 1936, antes de partir hacia Granada, el poeta declaró al rotativo madrileño El Sol que la caída de esta ciudad en manos de Isabel y Fernando en 1492 "fue un momento malísimo, aunque digan lo contrario en las escuelas. Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza única en el mundo, para dar paso a una ciudad pobre y acobardada; a una 'tierra de chavico' donde se agita actualmente la peor burguesía de España".

Estas opiniones nunca se las perdonó, ni entonces ni ahora, la "peor burguesía de España", la misma que vuelve a mirar con desconfianza al moro y menosprecia a "los rojos" de aquellos tiempos. La Granada profunda a la que inmortalizó García Lorca, "la de los perseguidos, el gitano, el negro, el judío, el morisco que todos llevamos dentro", no reclama la exhumación de su cadáver, sino el respeto a su memoria, al paraje de la Fuente de las Lágrimas donde están sus restos que tanto perjudican a los fraccionadores de la historia.

JENARO VILLAMIL
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