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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Y digo yo ....
01/10/2004
Francisco Vega, es miembro de la Comisión Ejecutiva Federal de Izquierda Republicana y Secretario de Organización de IR-Andalucía.Utilizaré un lenguaje, muy clarito y sencillo, que no simple, e iré directamente al grano, para que todos nos entendamos. Recientemente, desde Ciudadanos por la República, se hace un llamamiento a la unidad de los republicanos. En mi artículo, "Por un Frente Republicano de Izquierdas", publicado, el pasado mes de julio, en Rebelión, en la web de Izquierda Republicana y de Unidad Cívica por la República, entre otros, me refería precisamente a esta cuestión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=1382 Algo debemos estar haciendo mal, cuando los llamamientos a la unidad, parecen caer en saco roto. Parece como si esa unidad tuviera que ser en torno a cada partido u organización existente. Así, vemos al "Partido de Manuel Azaña", en su setenta aniversario, trabajando el pro de la IIIª República, sin conseguir establecer mecanismos unitarios estables con otros colectivos. El no posicionamiento claro de IU, respecto a la República, propicia que militantes de IU y del PCE, constituyan Unidad Cívica por la República. Parece evidente que, la sola existencia de UCR, demuestra que IU no aboga por la República. CPR, integrada por el PCPE y Corriente Roja, entre otros colectivos, tampoco consigue aglutinar más allá de las propias organizaciones que la conforman. El pasado 18 de abril, sí que coincidimos en la manifestación de Madrid, por la IIIª República. Probablemente, coincidamos, de nuevo, en la manifestación del próximo 6 de diciembre, pero eso, obviamente, es insuficiente. La unidad de acción estable, no tan solo coyuntural, por la IIIª República, es posible. Al igual que, en su día fue posible la unidad contra el régimen franquista. No sé si hago bien en reflejar la afirmación, la unidad es posible o, por el contrario, tendría que escribir, ¿la unidad es posible? Libertad, Igualdad y Fraternidad. Se celebra el 12 de octubre de 1936 en la Universidad de Salamanca. Preside el rector, Miguel de Unamuno. Asisten la esposa del general Franco y el fundador de la Legión, general Millán Astray. Entre el hombre de cultura y el del sable se produce un enfrentamiento, de altísima intensidad, reflejo de dos diferentes estados de evolución de la mente humana
Catalunya y el País Vasco, el País Vasco y Catalunya, son cánceres en el cuerpo de la nación. El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí. La carne sana es la tierra, la enferma su gente. El fascismo y el ejército arrancarán a la gente para restaurar en la tierra el sagrado reino nacional. Cada socialista, cada republicano y cada uno de ellos sin excepción y, huelga añadirlo, cada comunista es un rebelde contra el gobierno nacional, que será pronto reconocido por los estados totalitarios que nos auxilian, a pesar de Francia, democrática Francia, y la pérfida Inglaterra. Y entonces, o incluso antes, cuando Franco lo quiera y con la ayuda de mis valientes moros, que si bien ayer me destrozaron el cuerpo, hoy merecen la gratitud de mi alma por combatir a los malos españoles..., porque dan la vida por la sagrada religión de España, escoltan al caudillo, prenden medallas y Sagrados Corazones en sus albornoces". Dijo Millán Astray y desde el fondo del paraninfo, una voz gritó el lema de Millán Astray: "¡Viva la muerte!". Millán Astray lanza el grito de "¡España!". Automáticamente, cierto número de personas contestaron: "¡Una!". "¡España!", volvió a gritar Millán Astray. "¡Grande!", replicó el auditorio. Y al grito final de "¡España!", contestan: "¡Libre!". MIGUEL DE UNAMUNO. – "Todos estáis pendientes de mis palabras. Todos me conocéis y me sabéis incapaz de callar. No aprendí a hacerlo en los setenta y tres años de mi vida. Y ahora no quiero aprenderlo. Callar, a veces significa mentir porque el silencio puede interpretarse como aquiescencia. Yo no podría sobrevivir a un divorciado entre mi conciencia y mi palabra, que siempre han formado una excelente pareja. Voy a ser breve. La verdad es más verdad cuando se manifiesta desnuda, libre de adornos y de palabrería. Quisiera comentar el discurso –por llamarlo de alguna forma– del general Millán Astray, quien se encuentra entre nosotros... Dejemos aparte el insulto personal que supone la repentina explosión de ofensas contra vascos y catalanes. Yo nací en Bilbao, en medio de los bombardeos de la segunda guerra carlista. Más adelante me casé con esta ciudad de Salamanca, tan querida, pero sin olvidar jamás mi ciudad natal. El obispo, quiéralo o no, es catalán nacido en Barcelona. Acabo de oír el grito necrófilo y sin sentido de ¡Viva la muerte!, esto me suena lo mismo que ¡Muera la vida! Y yo que he pasado toda la vida creando paradojas que provocaron el enojo de los que no las comprendieron, he de deciros, con la autoridad en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. Puesto que fue proclamada en homenaje al último orador, entiendo que fue dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que él mimo es un símbolo de la muerte. ¡Y otra cosa! El general Millán Astray es un inválido. No es preciso decirlo en un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente, hay hoy demasiados inválidos en España. Y pronto habrá si Dios no nos ayuda... Me duele pensar que el general Millán Astray pueda dictar normas de psicología de las masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre –no un superhombre– viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido como dije, que carezca de esa superioridad del espíritu, suele sentirse aliviado viendo cómo aumenta el número de mutilados alrededor de él. El general Millán Astray no es uno de los espíritus selectos, aunque sea impopular, o quizá por esta misma razón, porque es impopular. El general Millán Astray quisiera crear una España nueva –creación negativa sin duda– según su propia imagen. Y por ello desearía ver España mutilada, como inconscientemente dio a entender". MILLÁN ASTRAY. – "¡Mueran los intelectuales! ¡Viva la muerte!". En este momento, el poeta José María Pemán, presente en el acto, exclama: "¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los falsos intelectuales, traidores!". MIGUEL DE UNAMUNO. – "Éste es templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: la razón y derecho en la lucha. Me parece inútil que penséis en España. He dicho". Carmen Polo le coge del brazo y así Unamuno puede abandonar el recinto sin ser agredido.
22/09/2004
 En los tiempos extraños de la Transición se impuso el dogma interesado de que la dictadura franquista era cosa del pasado remoto y tan poco recordable como el reinado de Ataúlfo o la batalla de las Navas de Tolosa. Aquí paz y después gloria, vinieron a decir quienes apoyaron, defendieron y colaboraron directamente con el régimen del tirano, y también vino a decirlo una izquierda timorata y desleída que no quiso proponer la revisión implacable de los crímenes franquistas en aras de una reconciliación nacional para cuyo supuesto éxito no había más remedio que sacrificar la memoria de las víctimas. Mientras, buena parte de los victimarios llegaban incluso a presidir comunidades autónomas allá por el noroeste, un poco más arriba de Portugal. Décadas más tarde, las víctimas del horror franquista y sus herederos parecen dispuestos a mirar atrás para reivindicar el recuerdo de los hombres y mujeres que fueron asesinados por defender la República legítima. Se están desenterrando los restos de las más de 30.000 personas que se calcula fueron sepultadas de mala manera en las cunetas tras el preceptivo tiro de gracia. Se exige que se anule ese esperpento que se dio en llamar justicia franquista y que se recupere con minucioso detalle la historia de la represión, además de devolver la dignidad póstuma a los represaliados por el régimen. Alemania hace tiempo que hizo examen de conciencia dolorosa sobre las atrocidades del nazismo e Italia también acerca de los crímenes fascistas. Insuficientemente en ambos casos, pero lo han hecho. España sin embargo dejó correr el más tupido de los velos para tapar las vergüenzas ensangrentadas de ese fragmento de su pasado y concedió la inmunidad de facto a los culpables de la represión. No se ha celebrado ni un solo homenaje a las víctimas del franquismo, ni siquiera siguiendo el ejemplo reciente del canciller Schröder en su país respecto a quienes sufrieron el delirio exterminador del nazismo. Algo profundamente injusto se pactó en los juegos de salón de la Transición española. A 68 años del inicio de la carnicería es imprescindible recuperar la memoria con nombres y apellidos si queremos que nuestros hijos sepan lo que sucedió en España a partir del 18 de julio de 1936. Porque no estamos hablando del Pleistoceno superior, ni siquiera de la rebelión de Don Pelayo: estamos hablando de hace apenas unas décadas y de hechos que dejaron marcado a este país para siempre. Tantos asesinados, torturados, ninguneados no merecen el olvido. En eso estamos por fin. CARLOS PÉREZ URALDE EL Correo Digital El diario falangista Arriba calificó la reunión como el "contubernio de Munich", pero para los 118 políticos españoles, de todas las tendencias, del interior y del exilio, que participaron, fue un acto de reconciliación. Madariaga, el 8 de junio de 1962, sintetizó aquel espíritu. En circunstancias normales habría ocupado vuestra atención con opiniones sobre el tema general de este congreso: la democratización de las instituciones europeas, como vocal de la junta ejecutiva del Movimiento Europeo o como presidente de su Comisión de Cultura. Pero la ocasión me impone el deber de consagrar todo mi tiempo a la situación de España. Hace poco decía Jean Rey en su admirable discurso que este congreso marcaría un día histórico en la evolución hacia Europa. Yo os aseguro que en la historia de España, el congreso de Munich será un día singular y preclaro. La guerra civil que comenzó en España el 18 de julio de 1936, y que el régimen ha mantenido artificialmente con la censura, el monopolio de la prensa y radio y los desfiles de la victoria, la guerra civil terminó en Munich anteayer, 6 de junio de 1962. La delegación española a este congreso europeo es, con mucho, la más numerosa de todas. Ciento dieciocho españoles, ochenta del interior, treinta y ocho del destierro, se han reunido aquí para dar fe de su europeísmo. Con la modestia que conviene a un desterrado, yo me inclino ante estos ochenta que han venido de allá. Ni uno de ellos pudo hacerlo sin primero echar una mirada grave a su familia, a su profesión... Me he impuesto una severa regla de moderación y reserva al subir a esta tribuna y no diré más sobre este tema espinoso. Los que antaño escogimos la libertad perdiendo la tierra y los que escogimos la tierra perdiendo la libertad nos hemos reunido para otear el camino que nos lleve juntos a la tierra y a la libertad. Aquí estamos todos menos los totalitarios de ambos lados; y mi amigo Gil-Robles que hablará después lo hará no sólo por los suyos, sino por todos los que de allá han venido y por nosotros los de fuera también. La coincidencia de miras ha sido tal que en el proceso de redacción de la resolución que voy a presentar a la asamblea, las dos veces que se discutió el texto sirvió de base el que traían los españoles del interior. Leeré ahora esta resolución, que entiéndase bien, presentan los ciento dieciocho españoles unánimes, apoyados por los tres movimientos europeos, el socialista, el liberal y el cristiano demócrata. El congreso del Movimiento Europeo reunido en Munich los días 7 y 8 de junio de 1962 estima que la integración, ya en forma de adhesión, ya de asociación de todo país a Europa, exige de cada uno de ellos instituciones democráticas, lo que significa en el caso de España, de acuerdo con la Convención Europea de los Derechos del Hombre y la Carta Social Europea, lo siguiente: No voy a leer el detalle de lo que esto significa, ya que para una asamblea de europeos libres sería demasiado evidente. A la enumeración que omito por innecesaria, sigue el párrafo final que paso a leer: El Congreso tiene la fundada esperanza de que la evolución con arreglo a las anteriores bases permitirá la incorporación de España a Europa, de la que es un elemento esencial; y toma nota de que todos los delegados españoles, presentes en el Congreso, expresan su firme convencimiento de que la inmensa mayoría de los españoles desean que esta evolución se lleve a cabo de acuerdo con las normas de la prudencia política, con el ritmo más rápido que las circunstancias permitan, con sinceridad por parte de todos y con el compromiso de renunciar a toda violencia activa o pasiva antes, durante y después del proceso evolutivo. Así pues hemos venido aquí los españoles para cooperar a la incorporación de España a Europa. ¿Qué España? ¿Qué Europa? Puesto que me he impuesto una severa disciplina, en cuanto a España sólo diré una cosa, la España de que se trata es la verdadera. Y no diré más. En cuanto a Europa, es la que se crea al confluir las dos grandes tradiciones: la socrática, que pide libertad de pensamiento, y la cristiana, que pide respeto para la persona humana. Y por lo tanto, nosotros los españoles hemos venido aquí a hacer constar que no es admisible en Europa un régimen que todos los días envenena a sócrates y crucifica a Jesucristo. Mucho se ha hablado aquí del mercado Común y del precio del carbón y del acero. No seré yo quien niegue su importancia, pero Europa no es sólo eso. Europa no es sólo un mercado común y el precio del carbón y del acero; es también y sobre todo una fe común y el precio del hombre y de la libertad. Y si mañana los mercaderes volviesen a instalarse en el templo de la libertad, esta vez no sería el Cristo de blanco vestido quien los echaría a latigazos, sino un Anticristo de rojo que los sepultaría bajo las ruinas del templo y de la libertad. Y se dirá: “Pero no hay que mezclarse en los asuntos interiores de ningún país” ¡Qué singular argumento! Pues, ¿qué hacemos aquí? ¿No estamos aquí para afirmar la unidad orgánica de Europa? Y si Europa no es más que un solo cuerpo europeo, ¿no le va a interesar lo que pasa en ese miembro suyo que es España? Claro que ninguna nación europea va a perder el tiempo en inmiscuirse en los pequeños detalles de la vida interior de los demás. Pero, ¿no va Europa a considerar la libertad para todos sus miembros? Y si Madame de Sévigné podía escribir a su hija: “Me duele tu estómago”, ¿por qué no ha de decirle Europa a España: “Me duele tu dictadura”? La opresión es indivisible, como lo es la libertad. No hablaré de lo opresores de hoy, puesto que me he impuesto esta disciplina. hablaré de los de ayer: Lenin, Stalin, Mussolini, Hitler. ¿Creéis acaso que estos tiranos de ayer eran enemigos de la libertad? ¡Qué error más garrafal! Lejos de ser enemigos de la libertad, la ansían tanto que, no contentos con la suya, se quedan con la de todos los demás. Si toleráis un tirano en cualquier provincia de Europa, la española o la yugoslava, ¿quién os dice que mañana no intentará quedarse también con vuestra libertad, por ejemplo ejerciendo presiones diplomáticas y consulares para que en vuestras asambleas no se discutan tales temas ni se presenten tales resoluciones? No. No nos rindamos a tan falaces argumentos. Nada que concierna la vida constitucional de ninguna de sus provincias puede ser indiferente a Europa. Aquí hemos venido ciento dieciocho españoles para deciros que España quiere aportar a Europa los dones de que la dotaron la naturaleza y la historia para enriquecer el acervo común. España quiere darse a Europa. pero para darse hay que pertenecerse. España quiere pertenecerse, ser dueña de su voluntad para unirse a Europa. España viene a vosotros, según el verso del gran poeta francés: Vetue de probité candide et de lin blanc, con las manos tendidas. Abrid los brazos para recibirla. SALVADOR DE MADARIAGA
16/09/2004
 El inesperado triunfo del partido socialista, el 14-M, generó una serie de expectativas lógicas en torno al desarrollo de políticas progresistas. Estas expectativas también contemplaban la "recuperación de la memoria histórica" en nuestro país a partir de la proclamación de la II República e incluye lo acontecido con el levantamiento militar y la represión franquista. Eso es lo que puede explicar por qué en los últimos meses han tenido una gran proyección mediática las reivindicaciones de las asociaciones de víctimas del franquismo, el debate sobre los "papeles" del Archivo General de la Guerra Civil de Salamanca y las resoluciones aprobadas recientemente en el Parlamento, en el congreso del PSOE y en reunión del Consejo de Ministros. Esta reacción, además, se produce en primer lugar porque resulta manifiestamente mejorable el reconocimiento de los que sufrieron la represión franquista. Es hora de reconocer que el primer gobierno socialista no abordó este problema en profundidad, al considerar que se trataba de un asunto delicado y que resultaba inconveniente el abordarlo políticamente y contraproducente desde el punto de vista de la convivencia ciudadana. Paralelamente es justo reconocer que no se produjo en la década de los ochenta la demanda, sobre la recuperación de la memoria histórica, que se produce actualmente y que lo que se hizo en esa etapa no tuvo el alcance esperado en la opinión pública y en los medios de comunicación. En segundo lugar está influyendo considerablemente la constatación de que la derecha política ha intentado en los últimos años, y sigue intentando, recuperar su "memoria histórica" en función de sus intereses partidistas con el propósito de condicionar el voto de los "nietos de los abuelos" que sufrieron la represión franquista. Todo ello sin ningún escrúpulo y rigor histórico con lo que aconteció en aquel entonces. Como ejemplo nos debemos remitir al libro del apologista de la justificación de la guerra civil, Pío Moa, que culpa a la izquierda, a la República, y particularmente a Francisco Largo Caballero de todos los males que "justificaron" el levantamiento militar. De la etapa anterior a la II República resulta significativo el esfuerzo por recuperar la imagen de políticos conservadores como Cánovas del Castillo y Eduardo Dato. Este último incluso ya cuenta con un monumento en la entrada del Ministerio de Trabajo inaugurado en la etapa del ministro Zaplana. Por eso la democracia debe cerrar definitivamente este capítulo en positivo y de una manera justa y razonable, de lo contrario lo harán en negativo los enemigos de la democracia. En este sentido la educación resulta fundamental. Los jóvenes no saben lo que ocurrió realmente en ese periodo de la historia de nuestro país. No conocen a Franco porque no se ha enseñado en las escuelas lo que aconteció en esa etapa, y si no se conoce la historia es difícil construir el futuro y evitar los horrores de la guerra que cada vez afecta a más civiles y, particularmente, a las mujeres y los niños. Paradójicamente en un Estado laico se debate más sobre la enseñanza de la religión que sobre la enseñanza de lo que ocurrió en nuestro país hace más de 60 años. Incluso los jóvenes, en las últimas décadas, han conocido más las semblanzas de Don Pelayo, el Cid Campeador, Isabel la Católica, a los reyes de la Casa de los Austrias y de los Borbones... que la historia de los movimientos sociales y particularmente del movimiento obrero en el siglo XX, y desde luego no conocen los logros de la II República, ni el drama de la represión que vivieron miles y miles de familias, en el interior y en el exilio, bajo la bota franquista. Por eso tenemos que aplaudir, entre otras reivindicaciones, "la revisión y preparación de los libros de texto no actualizados, a todos los niveles de la enseñanza, con el relato de la realidad de la II República, Guerra Civil, imposición de la dictadura tras el golpe de estado y la represión ejercida durante décadas, estableciendo los tiempos lectivos o de difusión necesarios", propuesto por la asociación AFAR II República. También se debe establecer un marco legal para que actúe la justicia dejando sin efecto los consejos de guerra sumarísimos celebrados durante la Guerra Civil, y una vez terminada ésta, como plantea el magistrado del Tribunal Supremo José Antonio Martín Pallín. Hemos asistido en estos últimos años, con esperanza, a un gran protagonismo de la justicia española en la persecución de la violencia y la represión llevada a cabo en países de América Latina, concretamente y sobre todo en Chile -caso Pinochet- y en Argentina. Paradójicamente no se han levantado las mismas voces en la persecución de la depuración de los violentos y de los crímenes de guerra cometidos en nuestro país. Todavía, incluso en las plazas de los pueblos y en las fachadas de algunas iglesias, encontramos monumentos anacrónicos y homenajes a los caídos por Dios y por España del bando mal llamado nacional, lo que resulta verdaderamente incomprensible que pueda ocurrir en un país democrático integrado plenamente en la Unión Europea, como lamentable resulta la decisión que tomó en su día el Ayuntamiento de A Coruña, presidido por el socialista Francisco Vázquez, de rechazar una moción del BNG en la que se proponía la retirada de las imágenes y los nombres de los sublevados en 1936. En este sentido nos sentimos solidarios con el informe NIZKOR, firmado por 17 asociaciones, cuando piden "declarar por Ley la nulidad de todas las acciones legales del régimen franquista, haciendo mención expresa a las Resoluciones de las Naciones Unidas adoptadas por unanimidad por la Asamblea General de la ONU, el 9 de febrero de 1946 (Res. 21(I)) y el 12 de diciembre de 1946 (Res. 39(I)), y a su carácter criminal según las normas de derecho internacional. Así como declarar la nulidad de todos los juicios penales y militares por arbitrarios e ilegales, adoptando las medidas adecuadas para el resarcimiento proporcional y actualizado de las víctimas, así como la reconstrucción de los archivos penales y judiciales afectados". En el plano económico y social todavía comprobamos con sonrojo que algunas personas que sufrieron la separación de sus familias y el exilio -los llamados "niños de la guerra"- se encuentran con pensiones de miseria que no podemos aceptar sin escandalizarnos. Tampoco la jerarquía de la iglesia ha cerrado esta etapa, desde la autocrítica y la responsabilidad histórica, donde intervino activamente a favor de los vencedores. Por lo tanto ya es hora de que respete la verdad y reconozca que los perdedores cumplieron escrupulosamente la legalidad de la Segunda República. Sin ningún tipo de "vendeta", pero con una decisión clara y terminante que ayude a la reconciliación definitiva. Para ello lo primero que tiene que hacer es pedir perdón al pueblo español por su apoyo nacional e internacional al régimen franquista. JOSÉ ANTONIO SARACÍBAR SAÚTUA Por otra parte, y a pesar de lo dicho, es justo reconocer la responsabilidad puesta de manifiesto en los últimos 30 años por el mundo progresista: las gentes de la universidad en general, de la cultura, de los partidos de izquierda, de los sindicatos, de algunos medios de comunicación y de asociaciones de todo tipo que han abordado esta etapa de nuestra historia con rigor y con seriedad, sin pretender abrir heridas. Precisamente se trata de todo lo contrario, de cerrar esta etapa en positivo para no seguir hablando más de las dos Españas. Ahora, es el momento de resolver este problema. Una nueva demora no tendría ninguna justificación. Desde luego el Gobierno y los partidos de centro-izquierda no lo pueden hacer todo, por eso deben ayudar en lo posible a las asociaciones, fundaciones y organizaciones que tienen como misión fundamental recuperar la verdad de lo que ocurrió en aquel entonces, impulsando y animando el desarrollo de políticas tendentes a recuperar la memoria histórica en sus ámbitos correspondientes. Para ello hay que impulsar las medidas necesarias que pongan remedio a la actual situación en el marco político, jurídico, educativo y asociativo. Ello daría paso a un gran homenaje de la sociedad civil a las víctimas del franquismo, con la participación directa de todos los implicados en esta parte de nuestra historia, aprovechando que en este año 2004 conmemoramos el 65º aniversario de la terminación de la Guerra Civil.  El alcalde socialista de Huesca, Fernando Elboj, que goza de mayoría absoluta en el Ayuntamiento de la ciudad, ha decidido rendir un homenaje y erigir una gran estatua a la memoria del ex alcalde Vicente Campo Palacio, que no sólo rigió los destinos municipales en plena dictadura franquista entre los férreos años 1947-53, sino que ya antes había sido máximo regidor municipal, y concejal, con la otra dictadura, la de Primo de Rivera entre 1927 y 1930. Este hecho, no sólo es profundamente antidemocrático, anacrónico y hasta provocador, también es de todo punto innecesario. Vicente Campo tiene ya dedicada una importante calle en la ciudad y un busto en el parque municipal, donde también se piensa ubicar la estatua. Nuestro alcalde actual, que además es profesor de Historia, considera que Campo Palacio fue el mejor alcalde que ha tenido la ciudad, distinguiéndose por sus desvelos al servicio de sus conciudadanos. Los hechos, sin embargo, no prueban esta supuesta sensibilidad del! alcalde franquista con sus vecinos, y sí la colaboración total y absoluta de Campo Palacio, nacionalcatólico a machamartillo, con "la gran obra de alcanzar la España una, grande y libre que soñara José Antonio y que hoy siente, con sentido heroico, nuestro gran caudillo Franco", según afirmó el día de su segunda toma de posesión, tras declarar: "Hoy vuelvo a ocupar este sitial sin ningún prejuicio". Pero con ser inexplicable este reconocimiento, lo es menos todavía si consideramos que la escultura con que se piensa recordar al ex alcalde estaba dedicada originariamente al gran artista anarcosindicalista, pedagogo y articulista Ramón Acín, asesinado en Huesca el 6 de agosto de 1936. El escultor Alberto Gómez Ascaso, tras una conversación con Fernando Elboj, cambió la cara del personaje y la idea del monumento, aceptando dar cuerpo al nuevo encargo. De nada ha valido recordar públicamente que en Huesca fueron asesinados los ex alcaldes republicanos Manuel Sender, hermano del escritor Ramón J. Sender, y Mariano Carderera, concejales, diputados provinciales... y más de quinientas personas que defendieron la legalidad republicana y que no cuentan con un monolito donde leer sus nombres. Y recordarlo ahora que el propio PSOE promueve la exhumación de fosas comunes, la rehabilitación de la memoria histórica y la reparación moral y jurídica a las víctimas de la guerra civil y el! franquismo. Parece que Huesca no se entere siquiera de los acuerdos del Consejo de Ministros. Víctor Pardo Lancina - Huesca EL PAÍS - Opinión - 15-09-2004 A la atención de D. Fernando Elboj Broto, alcalde socialista de Huesca (Manifiesto Avergonzado)
EXCMO. SR. D. FERNANDO ELBOJ BROTO Alcalde Socialista de Huesca Sr. Alcalde: En nombre de la asociación que represento, le transmito nuestro sentimiento de profunda consternación ante la noticia de la que se hacen ampliamente eco los medios de comunicación españoles, en relación con la decisión adoptada por el grupo socialista y refrendada por usted, a propósito del homenaje y la estatua con la que el Ayuntamiento de su presidencia proyecta ejemplarizar la trayectoria política del que fue alcalde franquista de Huesca D. Vicente Campo Palacio. El talante personal y las aportaciones que pudieran exhibirse en favor del homenajeado, como fundamento para un gesto de exaltación con el que Vd. y su grupo, y algún otro grupo municipal en su caso, pudiera adherirse a tan vergonzosa iniciativa, no puede disociarse del hecho constatado de la implicación personal e institucional de D. Vicente como destacado colaboracionista con el régimen dictatorial del general Franco. Mientras D. Vicente firmada decretos o repartía benéficas ronrisas entre los oscenses, miles de éllos sufrían prisión en las cárceles franquistas, mientras otros caían fusilados merced a los informes negativos que preceptivamente les eran requeridos por los juzgados militares de instrucción de Huesca. Le manifestamos el inconmensurable sentimiento de estupor e indignación que nos invade, ante tal exhibición de desprecio hacia las víctimas del franquismo y sus familiares, así como la instrucción dada por la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE a los alcaldes socialistas para acabar, precisamente, con los símbolos de exaltación al franquismo, al propio tiempo que le informamos que esta asociación se personará en cualquier acción en el ámbito que se trate, INCLUÍDO EL JUDICIAL, que tenga por objeto impedir la ejecudición de tan degradante medida que solo puede inspira la más enérgica repulsa ante una acción calificable de intrínsecamente perversa en el plano democrático, en el humanitario y, por supuesto, en el moral. Atentamente le saluda, Floren Dimas Balsalobre Presidente Regional DNI 23.193.896-Y
13/09/2004
Tras los enfrentamientos de mayo de 1937, el doctor Negrín, socialista moderado, es el nuevo presidente del Gobierno republicano. Su objetivo para ganar la guerra es acabar con la revolución, apoyándose en los disciplinados comunistas, para así atraerse el apoyo de unas democracias temerosas del desorden. En este discurso del 30 de septiembre de 1938 se ratifica en la resistencia, a pesar del fiasco que para las aspiraciones de la República suponía el pacto de Munich. Señores diputados. Permítase una pequeña digresión de tipo personal, quienes conocen mi breve historia política saben que nunca he aspirado a cargos políticos; por no ser, ni he querido ser diputado; posiblemente, de todos los que aquí toman asiento soy el único que ha sido elegido sin proclamación porque me negué a ser candidato. Quizá todos sepan que al ser designado para ministro de Hacienda opuse mi más viva resistencia, y sólo consideraciones de disciplina de partido y de patriotismo me llevaron a aceptar. No menos viva, y quizá rebasando en su negativa los linderos de la cortesía, fue mi oposición de aceptar el cargo de jefe del Gobierno en mayo de 1937. Pues bien, señores diputados, la única ocasión en mi vida en que he demandado, en que con mi autoridad de jefe de Gobierno he exigido asumir la responsabilidad de la dirección de la guerra desde el Ministerio de Defensa Nacional, ha sido en la noche del 29 al 30 de marzo en que en mí se produjo una crisis íntima. ¿Para qué evocar el recuerdo de aquellos lúgubres instantes? Deshecho el frente, sin frente, en desbandada y presa de pánico gran parte de nuestro ejército, desmoronada la moral de nuestra retaguardia, creí yo entonces, señores diputados, que a quien incumbió la responsabilidad de la política del país no podía rehuir en esos instantes el asumir la máxima responsabilidad, cual era la dirección de la guerra; no se podría gritar y exigir una política de resistencia si al mismo tiempo en el terreno de las realidades, en el terreno de las luchas no se asumía también la responsabilidad de la dirección. Por eso, señores diputados, se produjo el cambio con las modificaciones de Gobierno que entonces introduje. He tenido yo siempre la convicción, la sigo teniendo, de que el factor dominante en la lucha es la fe y que sin fe en la victoria no puede haber triunfo, no puede haber decisión. Simplemente, en estas palabras: en fe, en seguridad, en convicción, que había de llevarse al ánimo de todo el mundo, quería yo cifrar y basar en aquellos instantes una política de resistencia que había de ser una política de resistencia constructiva. Y ahora, señores diputados, vamos a llegar al fin de la guerra. ¿Puede ganarse la guerra? ¿Ha de ganarse la guerra? Claro que puede y ha de ganarse la guerra. Lo podemos decir nosotros que hemos sobrevivido los tristes meses que hay de mayo a octubre. ¡Qué duda cabe! ¿Se ganará militarmente la guerra, que es la pregunta que hacen muchos? Ante la superioridad en material del enemigo, ante la superioridad en medios y recursos del enemigo, ¿podremos nosotros triunfar militarmente? Señores diputados, ¿quieren ustedes decirme qué guerra se ha ganado militarmente? Yo quiero recordar con otras palabras lo que ya dije en Madrid. La guerra se pierde cuando da uno la guerra por perdida. El vencedor lo proclama el vencido; no es él quien se erige en vencedor. Y mientras haya espíritu de resistencia, hay posibilidad de triunfo. Y no es el triunfo exclusivamente militar: muchas veces se ha producido el fracaso militar por un desmoronamiento en el espíritu de resistencia y en la moral del enemigo. ¿Dónde está hoy la moral, señores diputados? ¿De parte de nuestros enemigos o de parte nuestra? ¿Por qué está de nuestra parte? Porque sabemos que no tenemos más remedio; defendemos nuestra vida, defendemos nuestros intereses y defendemos algo que yo quiero creer que para nosotros está por encima de todo eso: defendemos a nuestra España. Por eso triunfaremos, y podremos triunfar; con los éxitos militares y sin ellos, pero con un aumento de nuestro espíritu de resistencia y de nuestra moral y con un decaimiento, que ya se ha iniciado hace mucho tiempo que cada vez se acentúa más por parte de nuestros enemigos y que, a medida que su ficción y su ciegamiento se borren y se den cuenta de que luchan en contra de los intereses permanentes de España, será mayor y les llevará al hundimiento pleno y total. La guerra se puede ganar y se ha de ganar. Y, ¿cómo vamos a ganar la guerra? ¿Pactos, componendas, arreglos? Sí; podría terminarse con pactos, arreglos o componendas. Pero con este Gobierno, no. Este Gobierno no va a pactos, ni componendas, ni arreglos, porque los enormes sacrificios que ha hecho nuestro país serían estériles si nosotros fuéramos a algo que nos habría de llevar irremediablemente al nuevo sistema de dirección del país, al mismo sistema de dirección que se instauró en España después de la Restauración. Para eso no valía la pena ninguna de las vidas que se han sacrificado ni ninguna de las gotas de sangre que se han derramado en nuestro suelo. ¿Mediación? La hemos pedido siempre. La única mediación que cabe: la mediación con esos países que han invadido a España; mediación que hemos reclamado porque tenemos derecho a que medien, a que intervengan, a que les obliguen a que salgan, o sino que se pongan de nuestro lado los países que están ligados a este compromiso en virtud de un pacto. Pero, ¿mediación con los españoles? ¡Ah! Pero, ¿es que vamos a convertirnos nosotros en un país de capitulaciones? Eso es completamente inaceptable. Liquídese el problema de los extranjeros en España, y entonces nuestro problema se resolverá como tiene que resolverse, como debe resolverse. Yo, midiendo pefectamente el alcance de mis palabras y la responsabilidad de lo que digo, me dirijo desde aquí a los españoles del otro lado e invoco su patriotrismo; no a nuestros amigos perseguidos, ocultos o enmascarados, que hay muchos amigos nuestros, ni a los indiferentes, materia deleznable e inerte que a nosotros políticamente y desde el punto de vista de Gobierno, ni aquí allí nos interesan; yo me dirijo a nuestros enemigos y les digo: “¿Hasta cuándo y hasta dónde tiene que durar esto? ¿No os dais cuenta de que estáis sacrificando y estáis destrozando completamente a España? Pactos, arreglos, componendas, no. Pero os ofrecemos una legalidad que está definida en los trece puntos de fines de guerra del Gobierno. ¿Es que hay aquí algún punto que no puedan suscribir los españoles que se sientan españoles por encima de todo y que quieran convivir con los demás aunque piensen de distinta manera y discrepen de ellos? ¿Es que no estamos todos conformes en que hay que asegurar la independenica de España, librarla de la invasión extranjera? ¿Es que, señores diputados, somos opuestos a una España vigorosa, con la forma republicana, que es la legal y que nosotros pedimos, pues la monarquía fracasó en España, no voy a discutir el principio monárquico; admito que teóricamente se pueda sostener el principio monárquico como conveniente, pero la monarquía fracasó y no hay sentimiento monárquico en España como en otros países? Nosotros hemos aprendido mucho de la guerra y hemos querido corregir y corregimos nuestros errores, y yo les digo a esos españoles de enfrente si es que ellos no han aprendido nada y su obcecación, su vanidad, su soberbia puede consentir que llegue al exterminio de nuestra patria y a la división de zonas de influencia. Porque eso sí quiero advertirlo. El Gobierno, la España leal no consentirá eso nunca y bajo ningún pretexto; antes lo que sea, antes lo que sea que España pueda dividirse en zonas o repartirse entre tendencias políticas diferentes; antes lo que sea, con todas sus consecuencias. Creo en el porvenir de España. Lo he dicho siempre. Quizá si no creyera en el porvenir de España, no tendría fuerzas para representar la República y ocupar el cargo que ocupo. Estoy plenamente convencido de ello. España es rica, España tiene la labor de sus hijos, tiene para sostener a todos sus hijos, cosa que ya es bastante riqueza; militarmente, geográficamente, una posición sin par en Europa. En cuanto a riqueza natural, no es comparable con ningún país. Dentro de un régimen de autarquía, quizá sea España el único país de Europa que pueda llevarlo sin quebranto de sus economía y bienestar. España tiene y puede tener un gran porvenir. Tengo fe absoluta en la reparación económica de España. Es precisamente para eso que los gobiernos a quienes esto incumba puedan gobernar y se les deje gobernar, y se sientan apoyados y sostenidos en su función de gobierno; pero sólo así, en estas condiciones, se podrá hacer una España a base de una reconciliación que es necesaria; una España; la de los españoles, después de este bautismo de sangre que nos ha depurado y redimido de todas las faltas y errores que podamos haber cometido; una España a la que tenemos derecho. Y yo, ante el porvenir de España, quizá por razones de interrogatoria de cuál será, o si será en una posición pesimista o de depresión. No; yo sé que hay que querer, que hay que tener un plan, y cuando se dirige y se gobierna, no puede uno preguntarse qué será, sino que hay que decir cómo ha de hacerse. Y yo aseguro, señores diputados, que las perspectivas son halagueñas aun después de tantas tristezas. Es más; que si se llega a que los españoles se den cuenta de cuáles son sus obligaciones como tales españoles, prescindiendo de discrepancias y de posiciones políticas, y cumplen con su deber como tales españoles, todos los sacrificios que se han hecho, todas las pérdidas en vidas y las pérdidas materiales no habrán sido inútiles ni estériles, y España resurgirá y estará como no ha estado nunca; eso es lo que yo anhelo, y con nuestros esfuerzos hemos de lograrlo todos. He dicho.
Jefe del Estado durante casi cuarenta años, su dictadura ha marcado nuestra historia. El 17 de julio de 1941, el Generalísimo pronuncia ante el Consejo Nacional del Movimiento un discurso trascendental donde defiende el papel del ejército, realiza uno de sus alegatos más firmes a favor del Eje, convencido de que la guerra en el continente está decidida, y proclama, una vez más, su cruzada contra del comunismo soviético. (Extracto)El ejército fue el crisol en que se fundió la común inquietud de nuestras juventudes. La unión sagrada que en sus filas se forjó hizo posible la victoria. Por primera vez en la historia contemporánea podemos decir que España manda en sus propios destinos, y mandará tanto más cuanto se afiance la unión y solidaridad de los españoles para nuestra empresa. La gloria de España descansa y descansará siempre en su unidad. Quien contra ella labora, sirve a los propósitos de nuestros enemigos. No es nuevo el sistema. Nuestra historia repetidamente registra como, al no podernos vencer por la fuerza de las armas, se provocaron desde el exterior aquellos procesos internos de disolución, que acabaron enfrentando españoles con españoles y que deshicieron a España material y moralmente. Contra todo aquello nos alzamos y dimos la sangre generosa de los mejores; pero no lo realizamos para volver de nuevo al punto de partida. Si la España envilecida por la República colmó nuestra paciencia y movió nuestro brazo, tanto nos disgusta y nos repugna la decadente que hizo posible aquel engendro. Tan despreciable es para nuestra obra el rojo materialista como el burgués frívolo, el traficante codicioso o el aristócrata extranjerizado. Tan grande y tan extenso ha sido el mal, que explica fácilmente que si en la gran obra de resurgimiento de España han de colaborar todos los españoles, su encuadramiento y su dirección corresponda a esa minoría inasequible al desaliento, que cuando España se perdía, alzaba su bandera de combate y, ante los gloriosos caídos en lucha desigual, levanto el bosque de sus brazos con sus palmas abiertas. Por eso he repetido tantas veces que terminada victoriosamente nuestra guerra, no acabó con ello nuestra lucha. Destruimos los ejércitos materiales que se oponían al restablecimiento del orden y al imperio de nuestro derecho; pero la guerra tenía una mayor profundidad. A la batalla militar sucedían la batalla política, la de desarraigar las causas de nuestra decadencia, la de educar y disciplinar a un pueblo en principios de solidaridad nacional, devolviendo a todos los españoles, como en frase feliz decía José Antonio, el orgullo de serlo. Pecan gravemente contra la patria los espíritus viejos que, pregonando ser enemigos del materialismo rojo, lo sirven, sin embargo, al aferrarse a viejos prejuicios, añorando aquellas ridículas minorías que les permitían lucir su decadente ingenio en círculos provincianos o en salones aristocráticos. Faltan también a sus deberes los que traicionando la limpia nobleza de sus progenitores sueñan con el restablecimiento de prerrogativas de casta, aunque con ello se torciera el destino histórico de nuestra patria. Y pecan igualmente los que, carentes de virtudes o esclavos de su egolatría, subordinan los intereses de la nación al de su torpe ambición o a las satisfacciones de su vanidad. A estas diarias batallas por la unidad política de España se unen las económicas de la postguerra, y también en ellas los enemigos seculares han intentado explotar miserias, codicias y necesidades. En la España materialmente destruida que los jerifaltes rojos tanto pregonaron, se intentó presentar como si fuera obra de nuestro régimen como si la destrucción de nuestras fuentes de producción y de nuestros barcos y material ferroviario no fuera obra declarada y pregonada por sus propios autores. Hemos pasado y superado los dos años más difíciles de la vida económica de nuestra nación. Con escasez de barcos y con limitación de divisas hubimos de transportar de lejanos países cerca de dos millones de toneladas de cereales para el abastecimiento, que si encontramos pueblos hermanos, como Argentina, que facilitaron su adquisición, el Consejo debe saber cómo otros han intentado obstaculizar el abastecimiento de nuestra patria. Yo quisiera llevar a todos los rincones de España la inquietud de estos momentos, en que con la suerte de Europa se debate la de nuestra nación, y no porque tenga dudas de los resultados de la contienda. La suerte ya está echada. En nuestros campos se dieron y ganaron las primeras batallas. En los diversos escenarios de la guerra de Europa tuvieron lugar las decisivas para nuestro continente. Y la terrible pesadilla de nuestra generación, la destrucción del comunismo ruso, es ya de todo punto inevitable. No existe fuerza humana capaz de torcer estos destinos, mas no por ello hemos de descartar el que la vesania, que rige la política de otros pueblos, intente arrojar sobre Europa nuevas miserias. Contra ello hemos de prepararnos ofreciendo al mundo el ejemplo sereno de un pueblo unido dispuesto a defender su independencia y su derecho. Nadie más autorizado que nosotros para decirles que Europa nada ambiciona de América. La lucha entre los dos continentes es cosa imposible. Representaría sólo la guerra en el mar, larga y sin resultados; negocios fabulosos de unos pocos, miserias insospechadas para muchos; pérdidas ingentes de barcos y mercancías, la guerra de submarinos y de barcos rápidos dando zarpazos al antes comercio pacífico del mundo. Dos costas enfrentadas, fuertes e inabordables para su enemigo; un mar repartido en zonas de influencia, europea y americana, y barridos los barcos del comercio universal. La guerra en nuestro continente ha sido a tiempo clara y decidida. Quiso plantearse en análogos términos que la del año 14. Ilusión que se marchitó en flor. Rusia no quiso formar en el frente aliado; se reservaba y preparaba para el acto final. Polonia sucumbió sin la menor ayuda. La entrada de Italia cortó las rutas del Mediterráneo. La campaña de Noruega repartió el mar del Norte entre los beligerantes. La batalla de Flandes y la derrota total de los más poderosos ejércitos europeos, suprime el frente occidental, dando a Alemania la salida del Océano. El ingenio de estabilizar un frente en los Balcanes, se derrumbó con la victoriosa campaña de Grecia. Las costas de Noruega, las aguas del Canal y los mares de Creta, son escenarios en que la aviación arroja a las escuadras enemigas de las proximidades de las costas. Su eficacia en su defensa nadie puede ya discutirla. Ni el continente americano puede soñar en intervenciones en Europa sin sujetarse a una catástrofe, ni decir, sin detrimento de la verdad, que pueden las costas americanas peligrar por ataques de las potencias europeas. Así la libertad de los mares, monstruoso sarcasmo para la pueblos que sufren las consecuencias de la guerra, ni el derecho internacional, ultrajando por el bloqueo inhumano de un continente; ni la defensa de los pueblos invadidos, a los que se intenta arrastrar al hambre y a la miseria, son ya más que una grandiosa farsa en que nadie cree. En esta situación, el decir que la suerte de la guerra puede torcerse por la entrada en acción de un tercer país, es criminal locura, es encender una guerra universal sin horizontes; que puede durar años y que arruinaría definitivamente a las naciones que tienen su vida económica basada en su legítimo comercio con los países de Europa. Estos son los hechos que nadie puede contravertir. El bloqueo de Europa contribuye a que se cree una autarquía perjudicial a Sudamérica. La persistencia de la guerra perfeccionará la obra. Se ha planteado mal la guerra y los aliados la han perdido. Así lo han reconocido, con la propia Francia, todos los pueblos de la Europa continental. Se confió la resolución de las diferencias a la suerte de las armas, y les ha sido adversa. Nada se espera ya del propio esfuerzo; clara y terminantemente lo declaran los propios gobernantes. Es una nueva guerra la que se pretende entre los continentes, que prolongando su agonía les dé una apariencia de vida, y ante esto, los que amamos a América, sentimos la inquietud de los momentos y hacemos votos porque no les alcance el mal que presentimos. La campaña contra la Rusia de los Soviets, con la que hoy aparece solidarizado el mundo plutocrático, no puede ya desfigurar el resultado. Sus añoradas masas, sólo multiplicarán las proporciones de la catástofre. Veinte años lleva el mundo soportando la criminal agitación del comunismo ruso; raro es el país que haya podido escapar a su labor disociadora. España, que tanto sufrió por su criminal intervención, que la llevó al borde del abismo, y que dio contra él las primeras y más sangrientas batallas, puede apreciar como ninguno el alcance y dimensión de la lucha española. Pudo hasta hoy el oro comunista y la prensa judía hurtar al mundo el conocimiento y divulgación de las sesiones de Komintern ruso, en que se contrastaban los progresos de su acción revolucionaria en los distintos países; pueden los pueblos hispano-americanos haber desconocido la atención preferente que se les dedicaba e ignorar el injuriante calificativo de “pueblos semicoloniales” con que la central comunista les distinguía; lo que ya no puede ocultarse a los ojos de nadie es lo que encerraba el oprobioso régimen soviético. La Cruzada emprendida contra la dictadura comunista ha destruido de un golpe la artificiosa campaña contra los países totalitarios. ¡Stalin, el criminal dictador rojo, es ya aliado de las democracias! Nuestro Movimiento alcanza hoy en el mundo justificación insospechada. En estos momentos en que las armas alemanas dirigen la batalla que Europa y el cristianismo desde hace tantos años anhelaban, y en que la sangre de nuestra juventud va a unirse a la de nuestros camaradas del eje, como expresión viva de solidaridad, renovemos nuestra fe en los destinos de nuestra patria, que han de velar estrechamente unidos nuestros ejércitos y la Falange.  Por España hemos aprendido que puede tenerse toda la razón y ser vencidos, que la fuerza puede derrotar al espíritu y que hay tiempos en que el valor no es su propia recompensa"(Albert Camus en 1945). "El 19 de julio de 1936 comenzó en España la Segunda Guerra Mundial. Esta guerra ha terminado en todas partes salvo, precisamente, en España. (...) La república española, en consecuencia, no ha cesado de ser traicionada o cínicamente utilizada. Por esto es quizá vano dirigirse, como lo hemos hecho otras veces, al espíritu de justicia y de libertad, a la conciencia de los gobiernos. Un Gobierno, por definición, no tiene conciencia. Tiene, a veces, una política, y eso es todo" (De un texto de Camus enviado a los jóvenes escritores españoles en el 20 aniversario de la guerra civil española). El 24 de agosto en el homenaje que el Ayuntamiento de París rindió a los republicanos españoles que fueron vanguardia en la liberación en la capital francesa había banderas republicanas y nos encontrábamos allí ciudadanos españoles que nos sentimos republicanos. Pues bien, ya empezó a deleitarnos el señor Rojo, presidente del Senado, al no mencionar ni una sola vez la palabra república en su discurso, ni habló tampoco de republicanos españoles, cuando sí lo hicieron, con brillantez y valentía, el alcalde de París y la alcaldesa del distrito donde se celebraba el acto. Añádase a esto que el programa de la televisión pública, Informe Semanal, emitió un reportaje el día 4 de septiembre sobre la efeméride celebrada en París y no ofreció ni una sola imagen de las banderas republicanas que flameaban en el homenaje. Omisión significativa, a decir verdad, tanto que me atrevería a aseverar que no es en modo alguno inocente. No entraba en lo esperado ni en lo esperable que el PSOE terminara por convertirse en un partido dinástico. Sin embargo, los hechos se están encargando de demostrarlo con nulo margen para las dudas. Pero se va más allá. Si el presidente del Senado habló de los españoles que lucharon contra el horror nazi, obvió algo que sabe cualquier ciudadano que haya pasado por la enseñanza obligatoria más elemental, es decir, que había otros españoles que combatían en la División Azul. Así, la palabra república sigue proscrita, continua siendo una especie de anatema para los partidos que no se salen de lo políticamente correcto, incluidos los rojazos del PSOE. Se diría que en este país se puede ser todo, excepto republicano. Se diría que nombrar la palabra república es mentar al diablo, y no sólo para los nostálgicos del franquismo, sino también para un partido que se llama socialista. La bandera de los españoles que entraron en la liberación de París era la tricolor. ¿Por qué esa bandera en Francia es un orgullo y tiene todas las gloriosas connotaciones de democracia, de libertad y de civilización, mientras que en una España teóricamente democrática se esconde como algo que escuece, que quema en las manos? Sería muy interesante que desde los partidos que, al menos en sus siglas, se proclaman de izquierdas se contestase a esta pregunta. ¿Por qué el presidente del Senado no menta la palabra república, por qué la televisión pública no emite imágenes de las banderas republicanas que había en el homenaje a los republicanos españoles que tanto contribuyeron a la liberación de París? Digamos de pasada que en el mencionado acto no ondeaba la bandera del actual estado monárquico, lo que no deja de ser significativo. Acaso tal cosa obedezca a que haya quien la pueda seguir identificando con la del franquismo, por muy desprovista que esté de yugo y de águila imperial. Insistimos en que fueron homenajeados republicanos españoles. A este respecto, convendría detenerse un instante en la función del sustantivo y del adjetivo. Concluyamos con estas palabras del texto de Camus en el vigésimo aniversario de la guerra civil española: "Yo he encontrado en la historia, desde que tengo la edad de hombre, muchos vencedores con cara odiosa. Porque leía en ellos el odio y la soledad. Y es que no eran nada, cuando no eran vencedores. Solamente para existir, les era necesario matar y esclavizar. Pero hay otra raza de hombres que nos ayuda a respirar, que no ha encontrado la existencia y la libertad sino en la libertad y la felicidad de todos y que puede, por tanto, encontrar, hasta en la derrota, razones de vivir y de amar. Esos hombres no estarán nunca solos". Al menos, siempre estarán con su bandera. Y con su república. La una y la otra no sólo eran tabúes en la España y en la televisión de Aznar. Parecen seguir siéndolo en la España y en la televisión de ZP. La república y su bandera, por prescripciones facultativas de la politiquería de pensamiento único, son proscritas y casi, casi malditas en la España de 2004. República esqueicida, España escocida. Luis Arias Argüelles-Meres  El 24 de junio de 1941, 2 días después de que Hitler invada la URSS, el ministro de Exteriores, presidente de la Junta Política, "el cuñadísimo", arenga a los falangistas: "El exterminio de Rusia es una exigencia de la historia y del porvenir de Europa". Reproducimos la alocución anticomunista, que Radio Nacional transmitió el 27 de octubre con el objeto de captar voluntarios para la División Azul. Con plena conciencia España lanzó al mundo, el mismo día que empezaba en los campos de batalla la lucha a muerte del orden nuevo contra el comunismo, una frase que brota de los recuerdos más terribles del alma nacional: ‘Rusia es culpable’". Culpable de todos los crímenes, de todos los saqueos, de las más horrendas aberraciones políticas. El comunismo de Lenin y sus secuaces ha sido el bacilo que ha infestado a los individuos y a los pueblos. España podía gritarlo así al mundo porque durante tres años lo ha sentido en su carne. Lo podíamos gritar como españoles, como europeos y como hombres. Como españoles, porque la alianza del comunismo con las izquierdas burguesas nos expuso al peligro de dejar de ser una nación soberana y libre, para convetirnos en tierra colonial de los eternos enemigos; en lugar de paso para que las tropas de color, reclutadas en cualquier sitio de África, por los países de imperio negro, acudieran en defensa de los capitalismos judaico-masónicos que tenían su cónclave en Ginebra. Como españoles, porque ese virus rojo, operando en confabulación con los separatistas delirantes, quería convertir el "quehacer en la historia", que desde el siglo XV se llama España y ha cumplido la sagrada misión de engendrar veinte naciones de su fe y de su lengua, en un conglomarado informe de repúblicas pseudoindependientes, que se llamarían Catalunya, Euskadi, Galicia... y el Rif. El comunismo en España quería destruir la unidad de destino de los hombres, las tierras y las clases, y el honor nacional que en nuestro idioma y en nuestro sentimiento se llama independencia. Como europeos, podíamos gritarlo también. Porque en España, aun sin olvidar las humillaciones infligidas a su dignidad en el curso de la historia por los pueblos más fuertes, observaba, lealmente, todas las reglas que regían la comunidad internacional. Y nunca regateó su colaboración y los esfuerzos para mejorarlas, según en las asambleas ginebrinas procuró –ingenuamente– con su voz y el aliento de su gloriosa tradición jurídica servir este objetivo. Pero el monstruo comunista abrió un profundo foso en Europa y separó en dos mundos distintos aquella continuidad de veinte siglos de civilización cristiana. Frente a la odiosa e intolerable amenaza antihumana del puño cerrado, surgió otra concepción más generosa de la vida. El amor, la construcción, el orden, la fe y la armonía se opusieron al odio, la destrucción, la indisciplina, la desesperación y el caos. Lamentablemente, la riqueza del mundo prefirió cerrar el puño para conservar avaramente su opulencia, que abrir la mano de manera generosa para saludar y rectificar injusticias. Europa se partió en dos tremendas mitades cuando en los primeros días de verano de 1936, las democracias armaban a los asesinos para crear brigadas internacionales, mientras los países totalitarios enviaban sus hombres mejores a defender la civilización, amenazada de muerte en nuestro suelo. Europa se rompió en aquel comité de no intervención, en el que –en el mismo Londres y entre gentes dignas– intrigaban feroces los salteadores de banco, los asesinos de una cultura y una tradición, los judíos sanguinarios que se llaman todavía Litvinof y Maisky. Aquel mundo, partido por la hoz comunista, sufre ahora más salvación que el triunfo de los ejércitos anticomunistas. Como hombres, los españoles sabemos todo el horror y la ignominia de la dictadura del proletaridado armado en defensa del pueblo. Los lienzos rasgados a golpes de bayoneta; los Cristos decapitados, como los viejos sacerdotes; las eras quemadas, sin cosechar, como los viejos soldados de la fe; los palacios, los templos, las bibliotecas y los museos volados por la dinamita o convertidos en checas, donde la barbarie criminal de los instintos primitivos más feroces extremaba su crueldad y su refinamiento. Por eso, hombres españoles y europeos, con su triple conciencia intacta, los falangistas se alzaron contra Rusia el mismo día que Alemania declaraba la guerra. Y por eso salieron a las calles de un Madrid que todavía tiene abiertas las bárbaras heridas de nuestra guerra contra el comunismo pidiendo armas para volver al combate. Por eso España les abrió banderines de enganche, en los que todos –sin distinción de edad, de oficio, de fortuna o jerarquía– corrieron a alistarse. Hubo que seleccionar y limitar el número de combatientes, pero los que quedaron aguardan todavía –arma al brazo– a que un toque de relevo les dé ocasión de ir a reunirse en el fragor de la batala con sus hermanos de generación que se cubren de gloria en los frentes del Este. España les despidió con frenesí exaltado y ahora piensa en ellos todos los días con silenciosa y esperanzada emoción. Allá lejos sigue violentísima la lucha empezada en nuestro suelo el 18 de julio de 1936, y en ella tenemos muchos agravios que vengar. Entre otros, el de nuestros niños robados de sus hogares para ir a las escuelas de experimentación comunista. Muchos de estos niños –en el borde de la adolescencia– han sido convertidos en soldados rojos, contra su ideal, sus creencias y su sangre. Por todo esto es por lo que está en Rusia una División de voluntarios españoles, una División Azul, en la que figuran nuestros más entrañables camaradas, que combaten valerosa y conscientemente, junto a sus viejos camaradas alemanes e italianos, a quienes conocieron en las montañas de Santander, en las tierras de Aragón, junto a las riberas del Ebro, con otros nuevos, con quienes nos unen lazos de sangre, de fe o de ideales idénticos; los valerosos finlandeses, los húngaros, rumanos y eslovacos. La victoria está próxima y es ya inminente. La justicia divina amenaza implacable a la horda que desterrara al Cristo de los corazones humanos. Y está próximo el día en que aplastado para siempre el horror bolchevique, la Historia recobre su cauce de trabajo y cultura, despertando de la trágica pesadilla de la que Rusia es culpable. ¡Viva Franco! ¡Arriba España!
10/09/2004
Discurso pronunciado por la dirigente comunista en París, el 8 de septiembre de 1936
Trabajadores de París! ¡Demócratas franceses! Desde la España que lucha por su libertad y por la libertad de todos los pueblos, frente a la pérfida agresión de la reacción española y del fascismo internacional, venimos aquí, al París de la Comuna y de la Gran Revolución, a deciros en qué condiciones luchan nuestros combatientes, lucha y muere nuestro pueblo. Venimos aquí en demanda de solidaridad para con la República Española, seguros de que nos ayudaréis; confiados en que vosotros, que tantas páginas gloriosas de luchas tenéis en vuestra historia, sabréis comprendernos, sabréis ayudarnos. La sublevación del ejército ha dejado al Gobierno republicano sin los más elementales medios de defensa. Pero al levantarnos a cerrar el paso al devastador torrente fascista, que arrasa nuestras villas, que destruye nuestras ciudades, no nos detuvimos a contar cuántos era nuestros enemigos, ni pensamos tampoco en el desvalimiento en que la sublevación militar dejaba a la República, al privar a ésta de las armas fundamentales necesarias para su defensa. Pensamos solamente, impulsados por un movimiento nacional, espontáneo, de dignidad, que ceder sin resistencia a la agresión sería innoble cobardía, que ni el pueblo ni la historia podrían jamás perdonarnos. Y sin ninguna vacilación, unidos en el mismo sentimiento y con la misma decisión de cerrar el paso al fascismo y defender la República y la democracia, comunistas, socialistas, republicanos, anarcosindicalistas y nacionalistas vascos nos lanzamos a la lucha dispuestos a toda clase de sacrificios, porque no ignorábamos lo que el fascismo representa y de lo que es capaz la reacción española. La represión de Asturias es un ejemplo próximo y elocuente. Y no podíamos, sin abdicar de nuestra dignidad humana y española, ni someternos al degradante yugo fascista, ni poner mansamente la cabeza bajo el hacha del verdugo. Consciente de lo que nuestra lucha significa, el pueblo español prefiere morir de pie a vivir de rodillas. Al lado de los rebeldes, apoyándolos en su agresión contra la República y contra el pueblo, participan fuerzas fascistas extranjeras, cuyos aviones bombardean las abiertas ciudades españolas. Y mujeres y niños, víctimas inocentes del odio salvaje de la reacción española, caen para siempre, abatidos por la metralla enemiga, y pagan con su sangre y con su vida el delito de vivir en la España republicana, en la España que no acepta ser convertida en una cárcel fascista, en una base de agresión de la reacción internacional. Hemos venido a Francia en representación del Gobierno republicano y de los combatientes que en todos los frentes proclaman su voluntad de lucha, en defensa de la libertad de España, en defensa de la libertad de todos los pueblos, cuya suerte se decide en nuestra patria. Hemos venido a deciros a vosotros, heroicos descendientes de los combatientes de la Comuna, de los vencedores de la Bastilla, a deciros la profunda inquietud que ha producido en nuestro pueblo, en nuestros combatientes, en nuestro Gobierno, la negativa del Gobierno francés a vender armas al Gobierno español, violando los acuerdos establecidos entre ambos y por los cuales el Gobierno francés se comprometía a vender al español las armas que necesitaba para su defensa. Se han cerrado las fronteras con España. Con ello se priva a los combatientes españoles de la posibilidad de resistir. Con ello se coloca al pueblo español ante el terrible dilema de entregarse cobardemente a los agresores o de aceptar sin posibilidad de resistencia el exterminio por las bandas fascistas y reaccionarias de lo más joven, de lo más progresivo, de los más combativo de nuestro pueblo. Y nosotros nos negamos a aceptar esta disyuntiva, que entrañaría el horror de la victoria del fascismo en España. Que entrañaría para el pueblo francés la amenaza de agresión de guerra del otro lado de los Pirineos. ¡Camaradas y amigos franceses! ¡Hombres y mujeres de la Francia de la Gran Revolución, de los Derechos del Hombre y de la Comuna! ¡Ayudadnos! ¡Ayudad a nuestro pueblo a defenderse! Exigid a vuestro Gobierno que no nos coloque un dogal al cuello del pueblo español, que lucha por su libertad y por la vuestra. ¡Madres y mujeres de Francia! ¡No os pedimos que sacrifiquéis a vuestros hijos ni a vuestros hombres! Os pedimos solamente que nos ayudéis a hacer cambiar la decisión del Gobierno francés que nos ata los pies y las manos frente a la agresión fascista. Sobra a nuestro pueblo heroísmo, pero el heroísmo no basta. A las armas de los rebeldes hay que poder oponer fusiles, aviones, cañones. Defendemos la causa de la libertad y de la paz. Necesitamos aviones y cañones para nuestra lucha, para defender nuestra vida, nuestra libertad, para impedir que los sublevados ataquen nuestras ciudades abiertas, asesinen a nuestras mujeres y a nuestros niños. ¡Necesitamos armas para defender la libertad y la paz! Y no olvidéis, y que nadie olvide, que si hoy nos toca a nosotros resistir a la agresión fascista, la lucha no termina en España. Hoy somos nosotros; pero si se deja que el pueblo español sea aplastado, seréis vosotros, será toda Europa la que se verá obligada a hacer frente a la agresión y a la guerra. Ayudadnos a impedir la derrota de la democracia, porque la consecuencia de esta derrota sería una nueva guerra mundial, que todos estamos interesados en impedir y cuyos primeros combates se libran ya en nuestro país. ¡Por nuestros hijos y por los vuestros! ¡Por la paz y contra la guerra, exigid que se abran las fronteras! ¡Exigid que el Gobierno francés cumpla sus compromisos con el Gobierno republicano español! ¡Ayudadnos a tener las armas que necesitamos para defendernos! ¡El fascismo no pasará, no pasará, no pasará!
08/09/2004
Juan Carlos Manzanal Azpilicueta / (DNI: 15.912.253-W) Soy el hijo de un afectado de la dictadura franquista, (Priscilo Manzanal Lastra), y quiero decir que he vivido desde niño la amargura de mi padre durante todo este tiempo. Su delito, luchar por los derechos de los más oprimidos que son los pobres, él lo hizo como joven comunista, estuvo primero en la cárcel de ondarreta, después en la de Martutene. Tenían que dormir sobre una esterilla en el todavía fresco cemento, esto y la malnutrición, pues era pobre y no tenía para comprar en el economato, le llevaron a contraer una enfermedad grave a los huesos, se libró de la mili pero no del control policial cada vez que venía el Azor. Llevo dos años tratando de tramitar la indemnización de mi padre. Hoy en día estamos con el recurso por una circular mal hecha. Después de la revisión nos pidieron las causas de su encarcelamiento bien especificadas, han quedado bien claras en una nueva certificación gracias a un funcionario todo hay que decirlo. Tenemos la esperanza de que se lleve a cabo la indemnización, pues somos como otros tantos los que rozamos la necesidad, además nos pertenece ya que está aprobada en el Parlamento Vasco. Sirva también la presente para que no caiga en el olvido el contencioso, ni en saco roto, ya que fueron los políticos los que pusieron en canción a las víctimas y en evidencia ante sus familiares y amigos. También sirva para que comprendan que aunque insuficiente, es a base de granitos de arena como se consigue la paz y valga de reconocimiento por todo el sufrimiento de tantos años. Diario Vasco En el orden financiero, la República tenía ventaja porque controlaba las sustanciales reservas de oro del Banco de España, cuya movilización serviría como medio de pago de los suministros importados del extranjero, en tanto que sus enemigos carecían de recursos constantes análogos y sólo disponían de sus posibilidades exportadoras para obtener divisas aplicables a las ineludibles compras exteriores. Esta ventaja inicial en recursos industriales y financieros por parte de la República hizo creer a algunos de sus dirigentes que la prueba de fuerza planteada por los sublevados podría ganarse. Así lo hizo explícito Indalecio Prieto en una alocución radiada el 8 de agosto [de 1936] de buscado tinte optimista (por más que la realidad conocida no fuera tan idílica): "¿De quién pueden estar las mayores posibilidades de triunfo en una guerra? De quien tenga más medios, de quien disponga de más elementos. Esto es evidentísimo... Pues bien: todo el oro de España, todos los recursos monetarios válidos en el extranjero, todos, absolutamente todos, están en poder del Gobierno. (...) Todo el poder industrial de España... está en nuestras manos". En términos militares, los sublevados contaban con la totalidad de las bien preparadas y pertrechadas fuerzas de Marruecos (especialmente, el contingente humano de la temible Legión y de las Fuerzas de Regulares Indígenas: "los moros") y con la mitad de las fuerzas armadas existentes en la propia Península, con una estructura, equipo y cadena de mando intactos y funcionalmente operativos. El mayor problema en este ámbito residía en las dificultades de transporte del llamado "Ejército de África" a la Península (habida cuenta de la falta de flota y aviones para llevarla a cabo), motivo por el cual el general Franco había emprendido sus propias gestiones para hacer posible la empresa mediante la solicitud del apoyo aéreo italiano y alemán. El 25 de julio, desde Tetuán, Franco solicitaba nuevamente al cónsul italiano en Tánger ese apoyo ("12 aviones de transporte, 10 aviones caza y 10 aviones de reconocimiento") y daba cuenta de la favorable situación militar presente: "Franco me asegura que con tal material y con fuerzas armadas y armas de que dispone es seguro éxito". Frente a la relativa confianza militar que imperaba en el área sublevada, en la zona republicana las autoridades estaban realmente aterradas por la situación en su fuero interno. Tanto que Santiago Casares Quiroga dimitió de su cargo de jefe del Ejecutivo el mismo día 18, el republicano moderado Diego Martínez Barrio fracasó en su efímero intento de formar un gobierno para mediar con los rebeldes aquella tarde-noche y, por último y por exclusión, el azañista José Giral tuvo que sustituirlo al frente de un nuevo Gabinete exclusivamente republicano el 19 de julio de 1936. Para entonces era evidente que el Gobierno había sufrido la defección de más de la mitad del generalato y de cuatro quintas partes de la oficialidad, viéndose obligado a disolver la casi totalidad de sus unidades por decreto de aquel 19 de julio: "Quedan licenciadas las tropas cuyos cuadros de mando se han colocado frente a la legalidad republicana". Ese mismo día, muy consciente de su falta de medios y pertrechos bélicos, Giral remitía su demanda telegráfica de ayuda militar al nuevo Gabinete del Frente Popular que había asumido el poder en Francia escasamente dos meses antes. La gravedad de la situación se acentuaba porque, dada la ausencia de esos instrumentos coactivos, la defensa de la legalidad republicana había quedado en manos de milicias sindicales y populares improvisadas y a duras penas mandadas y dirigidas por los escasos mandos militares que se mantuvieron leales. Y había sido una combinación de esas fuerzas de seguridad leales y milicianos sindicales y partidistas la que había conseguido el aplastamiento de la sublevación en las grandes capitales y centros urbanos. Como reconocería después un periodista anarquista barcelonés que participó en los combates al lado de las fuerzas de la Guardia Civil y de la Guardia de Asalto: "La combinación fue decisiva. A pesar de su combatividad, de su espíritu revolucionario, la CNT sola no habría podido derrotar al ejército y a la policía juntos. De haber tenido que luchar contra ambos, en unas pocas horas no habría quedado ni uno de nosotros". No obstante la catástrofe que supuso la práctica disolución de su Ejército, la República pudo congratularse por retener en sus manos casi dos tercios de la minúscula fuerza aérea y algo más de la anticuada flota de guerra, cuya marinería se había amotinado contra los oficiales rebeldes y había implantado un bloqueo del estrecho de Gibraltar para evitar el traslado de las decisivas tropas marroquíes al mando del general Franco. En definitiva, aunque habían triunfado ampliamente en la España rural y agraria, el fracaso de los militares sublevados en las partes de España más modernizadas, incluyendo la propia capital del Estado (cuyo dominio conllevaba el reconocimiento jurídico internacional), les obligaba a emprender su conquista mediante verdaderas operaciones bélicas. El golpe militar parcialmente fallido devenía así en una verdadera y cruenta guerra civil. Y como ningún bando disponía de los medios y el equipo militar necesarios y suficientes para sostener un esfuerzo bélico de envergadura, ambos se vieron obligados a dirigirse de inmediato en demanda de ayuda a las potencias europeas más afines a sus postulados, abriendo así la vía al crucial proceso de internacionalización de la contienda. La distribución inicial de fuerzas materiales entre los dos bandos contendientes ofrecía, por tanto, la imagen de un empate virtual imposible de alterar con la movilización de los recursos propios y endógenos. Y nada en esa situación coyuntural hacía presagiar una victoria total o una derrota sin paliativos por parte de ninguno de ambos contendientes. Mediación internacional Por si fuera poco, más adelante, en varias ocasiones durante el despliegue cronológico del conflicto (en virtud de razones internas tanto como exteriores), volvió a parecer sumamente improbable dicho final efectivo y tomó cuerpo como posibilidad viable la idea de una mediación internacional o una capitulación negociada para poner término al conflicto: en el verano de 1937, cuando las primeras ofensivas republicanas en Brunete y en Belchite demostraron la existencia de una máquina militar con cierta capacidad de ataque y maniobra (con el consecuente desánimo italo-germano y las paralelas gestiones anglo-francesas en pro de un armisticio); en el invierno de 1937-1938, cuando tiene lugar la única victoria ofensiva republicana con la ocupación efímera de la ciudad de Teruel (en el contexto de una tensión creciente de la entente anglo-francesa ante la anunciada anexión alemana de Austria), y en el verano de 1938, cuando el asalto republicano en la desembocadura del Ebro desbarata el avance franquista sobre Valencia y da origen a la batalla más larga y cruenta de toda la contienda española (en vísperas de la grave crisis germano-checa que puso a Europa al borde de la guerra general). Sin embargo, ni un armisticio, ni una mediación internacional, ni una capitulación negociada y condicionada pusieron término al conflicto fratricida. Y no fue así al final por varias razones difíciles de aquilatar y ponderar en su medida exacta. El presidente Azaña, ya en su exilio en Francia desde febrero de 1939, enumeraría con notable perspicacia las razones de la abrumadora derrota republicana (más que los motivos de la victoria total franquista): "El presidente considera que, por orden de importancia, los enemigos del Gobierno republicano han sido cuatro. Primero, la Gran Bretaña [por su adhesión al embargo de armas prescrito por la política colectiva de No Intervención]; segundo, las disensiones políticas de los mismos grupos gubernamentales que provocaron una anarquía perniciosa que fue total para las operaciones militares de Italia y Alemania en favor de los rebeldes; tercero, la intervención armada italo-germana, y cuarto, Franco (...)". En efecto, al igual que había sucedido con los beligerantes de la I Guerra Mundial, los dos bandos combatientes en la contienda civil española tuvieron que hacer frente a tres grandes y graves problemas inducidos por la Guerra Total en el plano estratégico-militar, en el ámbito económico-institucional y en el orden político-ideológico. En gran medida, el éxito o fracaso de sus respectivos esfuerzos bélicos dependió de la acertada resolución de estas tres tareas básicas. A saber: 1º. La reconstrucción de un Ejército combatiente regular, con mando centralizado y jerarquizado, obediencia y disciplina en sus filas y una logística de suministros bélicos constantes y suficientes, a fin de sostener con vigor el frente de combate y conseguir ulteriormente la victoria sobre el enemigo o, al menos, evitar la derrota. 2º. La reconfiguración del aparato administrativo del Estado en un sentido fuertemente centralizado para explotar y hacer uso eficaz y planificado de todos los recursos económicos internos o externos del país, tanto humanos como materiales, en beneficio del esfuerzo de guerra y de las necesidades del frente de combate. 3º. La articulación de unos "Fines de Guerra" comunes y compartidos por la gran mayoría de las fuerzas sociopolíticas representativas de la población civil de retaguardia y susceptibles de inspirar moralmente a esa misma población hasta el punto de justificar los grandes sacrificios de sangre y las hondas privaciones materiales demandados por esa cruenta y larga lucha fratricida. A juzgar por el curso y desenlace de la Guerra Civil, parece evidente que el bando franquista fue superior al bando republicano en la imperiosa necesidad de configurar un Ejército combatiente bien abastecido, construir un Estado eficaz para regir la economía de guerra y sostener una retaguardia civil unificada y moralmente comprometida con la causa bélica. Y, sin duda, el contexto internacional en el que se libró la contienda española impuso unas condiciones favorables y unos obstáculos insuperables a cada uno de los contendientes. No en vano, sin la constante y sistemática ayuda militar, diplomática y financiera prestada por la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini, es harto difícil creer que el bando liderado por el general Franco hubiera podido obtener su rotunda victoria absoluta e incondicional. De igual modo, sin el asfixiante embargo de armas impuesto por la política europea de No Intervención y la consecuente inhibición de las grandes potencias democráticas occidentales, con su gravoso efecto en la capacidad militar, situación material y fortaleza moral, es altamente improbable que la República hubiera sufrido un desplome interno y una derrota militar tan total, completa y sin paliativos. Informe confidencial En este sentido, es bien revelador el juicio contenido en el siguiente informe confidencial elaborado por el agregado militar británico en España para conocimiento de las autoridades británicas: "Es casi superfluo recapitular las razones (de la victoria del general Franco). Éstas son, en primer lugar, la persistente superioridad material durante toda la guerra de las fuerzas nacionalistas en tierra y en el aire, y, en segundo lugar, la superior calidad de todos sus cuadros hasta hace nueve meses o posiblemente un año. (...) Esta inferioridad material [de las tropas republicanas] no sólo es cuantitativa, sino también cualitativa, como resultado de la multiplicidad de tipos [de armas]. Fuera cual fuera el propósito imparcial y benévolo del Acuerdo de No Intervención, sus repercusiones en el problema de abastecimiento de armas de las fuerzas republicanas han sido, para decir lo mínimo, funestas y sin duda muy distintas de lo que se pretendía". "La ayuda material de Rusia, México y Checoslovaquia [a la República] nunca se ha equiparado en cantidad o calidad con la de Italia y Alemania [al general Franco]. Otros países, con independencia de sus simpatías, se vieron refrenados por la actitud de Gran Bretaña. En esa situación, las armas que la República pudo comprar en otras partes han sido pocas, por vías dudosas y generalmente bajo cuerda. El material bélico así adquirido tuvo que ser pagado a precios altísimos y utilizado sin la ayuda de instructores cualificados en su funcionamiento. Tales medios de adquisición han dañado severamente los recursos financieros de los republicanos". [Informe del mayor E. C. Richards, de 25 de noviembre de 1938]. El acierto de ese juicio del analista militar británico resulta corroborado por un informe remitido a Berlín por el embajador alemán en España, Eberhard von Stohrer, tras la ocupación de Cataluña y en vísperas del colapso de la resistencia republicana. A tenor del mismo, "las causas de la derrota roja" eran las siguientes: "La explicación de la decisiva victoria de Franco reside en la mejor moral de las tropas que luchan por la causa nacionalista, así como en su gran superioridad en el aire y en su mejor artillería y otro material de guerra. Los rojos, todavía sacudidos por la batalla del Ebro y en gran medida lastrados por su escasez de material bélico y sus dificultades de suministros alimenticios, fueron incapaces de resistir la ofensiva". [Despacho del 19 de febrero de 1939]. Todo lo anterior no quiere decir, ni mucho menos, que la política de No Intervención (la "traición de las democracias" que tanto denunciarían los líderes republicanos) fuera la razón única y exclusiva de la victoria de Franco y de la derrota de la República. De ningún modo parece posible o razonable suscribir este tipo de sencillas explicaciones unicausales y unilaterales. Frente a ese tipo de argumentaciones cabría subrayar, en todo caso, que tan importante en el desenlace de la guerra como esa persistente inhibición de la entente franco-británica habría sido la sistemática intervención italo-germana y las limitaciones de la asistencia soviética, por mencionar sólo las dimensiones internacionales presentes y operantes en la contienda. De todos modos, a nuestro juicio, lo que sí resulta innegable es otra dimensión más compleja y trascendental de esta faceta del asunto. A saber: el hecho de que el contexto internacional conformado por la realidad práctica de la política europea de No Intervención incidió de manera directa y con resultados diferenciales sobre el esfuerzo de guerra de ambos bandos contendientes y sobre sus ineludibles tareas para hacer frente a la Guerra Total. Dicho en otras palabras: los condicionamientos del marco internacional plantearon ventajas notorias e impusieron servidumbres sustanciales que cada uno de los bandos utilizó, sorteó o sobrellevó a fin de engrosar su capacidad de acción militar, fortalecer la moral de combate de su población civil de retaguardia, y acrecentar la eficacia de su aparato estatal y el aprovechamiento de sus recursos económicos. Y en este engarce y conexión dialéctica entre contexto internacional y circunstancias internas se fueron labrando las razones de una victoria total y los motivos de una derrota sin paliativos. La opinión de Rojo La justa ponderación de todos estos factores concurrentes a la hora de explicar el modo y manera de terminación de la guerra civil española cuenta con un precedente tentativo muy notable y distinguido. Se trata de la estimación realizada, apenas unos meses después de terminada la contienda, por el general Vicente Rojo Lluch (1894-1966), jefe del Estado Mayor Central del Ejército Popular de la República y auténtico estratega supremo del bando derrotado. Su balance, por eso mismo, tiene especial valor testimonial al proceder de quien fuera el antagonista fundamental que tuvo Franco en el plano militar durante la contienda. A juicio del general Rojo, "las causas del triunfo de Franco" se debían a un conjunto de razones correlacionadas que atendían a varios frentes distintos: "En el terreno militar, Franco ha triunfado: 1º. Porque lo exigía la ciencia militar, el arte de la guerra. (...) 2º. Porque hemos carecido de los medios materiales indispensables para el sostenimiento de la lucha. (...) 3º. Porque nuestra dirección técnica de la guerra era defectuosa en todo el escalonamiento del mando. (...) En el terreno político, Franco ha triunfado: 1º. Porque la República no se había fijado un fin político, propio de un pueblo dueño de sus destinos o que aspiraba a serlo. (...) 2º. Porque nuestro gobierno ha sido impotente por las influencias sobre él ejercidas para desarrollar una acción verdaderamente rectora de las actividades del país. (...) 3º. Porque nuestros errores diplomáticos le han dado el triunfo al adversario mucho antes de que pudiera producirse la derrota militar. (...) En el orden social y humano, Franco ha triunfado: 1º. Porque ha logrado la superioridad moral en el exterior y en el interior. (...) 2º. Porque ha sabido asegurar una cooperación internacional permanente y pródiga". [Vicente Rojo, ¡Alerta los pueblos! Estudio político-militar del periodo final de la guerra española]. Cabría discutir el orden de prelación y la importancia respectiva de cada una de esas razones expuestas por el general Rojo con los característicos laconismo y contundencia castrenses. Pero apenas cabe dudar que todas ellas tuvieron su parte correspondiente, mayor o menor, en la conformación del resultado final de la Guerra Civil con su victoria absoluta y su derrota total. Así lo permitiría corroborar un repaso más detallado y minucioso a las tres grandes dimensiones interiores operantes en la contienda y al contexto exterior determinante que actuó como marco envolvente y condicionante de la misma. Enrique Moradiellos
02/09/2004
Octavio Alberola, Luis Edo y Vicente Martí,se ofrecen para testificar a favor de Delgado y Granado La reapertura del caso de los anarquistas Francisco Granados y Joaquín Delgado, ejecutados en 17 de agosto de 1963 por atentados que no cometieron, ha traído cola. Excompañeros de ambos mandaron ayer una carta al ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, en la que solicitan al Gobierno del PSOE que "cumpla su palabra" y que anule "las sentencias pronunciadas por los tribunales represivos del franquismo". Barcelona, 31 de agosto de 2004 Sr. D. Juan Fernando López Aguilar Ministro de Justicia Ministerio de Justicia C/ San Bernardo, 45 28015 MADRID Señor Ministro: Como Ud. sabe, el 13 de junio de 2004, y por primera vez en 25 años de Transición y Democracia, el Tribunal Constitucional ha dado razón a las víctimas de la represión franquista amparando a las familias de los anarquistas Francisco Granado y Joaquín Delgado contra la resolución de la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo que denegó, el 3 de marzo de 1999, la revisión del Consejo de Guerra Sumarísimo que condenó a muerte a sus familiares el 13 de agosto de 1963. Es verdad que esta histórica decisión del Tribunal Constitucional -que obliga al Tribunal Supremo a reexaminar el Recurso de Revisión (presentado el 3 de febrero de 1998 por la viuda de Granado y el hermano de Delgado) y a tomar en consideración nuestros testimonios que desestimó en 1999- ha sido aprobada por cuatro votos a dos, y no por unanimidad. Lo que prueba que hay aún magistrados renuentes a aceptar que España es hoy un Estado de derecho. No obstante, es incuestionable que en el Constitucional hay ahora una mayoría de magistrados dispuestos a aceptarlo y a proceder en consecuencia. De ahí que no haya seguido esta vez la doctrina continuista (según la cual “la Constitución no tiene efectos retroactivos y no es aplicable a los actos del poder anteriores a su entrada en vigor”) defendida por los magistrados de la Sala Militar del Supremo y por lo menos los dos del Constitucional que votaron en contra, y que haya reconocido “la sistemática denegación” de las pruebas propuestas por los recurrentes, vulnerando el derecho a “utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa”. Además de considerar que nuestros testimonios constituían “pruebas claramente pertinentes por su relación con los hechos”. Dado pues que esta sentencia retrotrae las actuaciones al momento anterior a aquel en que la Sala Militar debió resolver sobre las pruebas pedidas, entre ellas nuestros testimonios confirmando las declaraciones de Antonio Martín y de Sergio Hernández (que habían reconocido -ante notario y en un documental emitido en 1996 por ARTE y TVE- ser los verdaderos autores de las acciones por las cuales Granado y Delgado fueron detenidos, juzgados y ejecutados), consideramos necesario precisar lo que sigue: Primero: Que estamos dispuestos a acudir, cuando se nos convoque, para aportar nuestros testimonios ante los magistrados de la Sala Militar del Tribunal Supremo que deberán proseguir las actuaciones para establecer si las declaraciones de Antonio Martín y Sergio Hernández son creíbles y, si lo son, acordar la revisión del Consejo de Guerra de 1963 que condenó a dos inocentes. Segundo: Que somos conscientes de que esta revisión - que sería la primera en que los actos del poder anteriores a la entrada en vigor de la Constitución de la Democracia serían cuestionados judicialmente- sería acordada por razones jurídicas (el “hecho nuevo”: las declaraciones de Antonio Martín y Sergio Hernández) y no por razones políticas (el rechazo de la dictadura y la condena de la legalidad impuesta por el franquismo). Es decir: que la ruptura con la doctrina continuista no significa, necesariamente, que en los demás casos de revisiones solicitadas o que puedan serlo en el futuro (el de Julián Grimau, el del Presidente Lluis Companys, el de Joan Peiró o los de Salvador Puig Antich y de miles de fusilados al comenzar o terminar la Guerra Civil) el Tribunal Constitucional anularía también las resoluciones del Supremo denegando los recursos de revisión. Y ello por razones obvias, puesto que el argumento jurídico (el “hecho nuevo”) del caso Granado-Delgado no existe para la mayoría de los otros casos. Tercero: Que la rehabilitación jurídica de la mayoría de las víctimas de la represión franquista no será pues posible si no hay una decisión institucional anulando las sentencias pronunciadas por los tribunales represivos del franquismo, puesto que la Ley de Amnistía de 1977 sólo suspendió su cumplimiento. Así pues, y dado que la motivación de las familias demandantes de las revisiones sólo es la de rehabilitar moral y judicialmente a sus familiares y a las víctimas de la represión franquista en general, solicitamos su intervención para que se tomen - como lo piden el Parlament de Catalunya y la mayoría de los Grupos parlamentarios- las medidas adecuadas para decretar “la nulidad de todos los juicios y sentencias dictadas durante el franquismo”. Tras más de 25 años de Constitución democrática y después de la histórica Resolución del 20 de noviembre de 2002 del Congreso de los Diputados, condenando el golpe militar de 1936 e instando a la rehabilitación de las víctimas de la represión franquista, es posible saldar definitivamente esta deuda. La revisión de los procesos políticos del franquismo es la asignatura pendiente de la Transición. La anulación de las sentencias pronunciadas por los tribunales represivos de la dictadura franquista convertiría en obsoleta la asignatura de las revisiones y daría razón y satisfacción a los familiares de las víctimas que las han solicitado. Usted y su Gobierno pueden hacerlo. Atentamente Octavio Alberola / Luis Andrés Edo / Vicente Martí
31/08/2004
 Manuel Fraga, de 81 años de edad, antiguo ministro del ex dictador Francisco Franco y presidente regional de Galicia (noroeste, España) desde hace 14 años, anunció este lunes que volverá a presentarse como candidato del Partido Popular a las elecciones regionales del 2005. ''Don Manuel'', tal como se le conoce mayoritariamente entre el electorado de su conservadora y rural Galicia natal, confirmó a la prensa el rumor que corría tras su reciente entrevista con el secretario general del PP, Mariano Rajoy, quien aseguró su ``apoyo incondicional''. Para los responsables del PP, del que es uno de los fundadores, nadie mejor que Fraga para lograr una quinta mayoría absoluta consecutiva en la región. Antes de instalarse en su puesto de dirigente regional, Fraga fue entre 1962 y 1969 ministro de Información y Turismo del dictador Francisco Franco, al igual que él originario de Galicia. Una cartera que lo convirtió a la vez en primer censor de España, conocido y temido por los periodistas, y promotor de un sector que comenzaba a convertirse en la primera industria española. En 1962, el ministro Fraga nombró director de la Radio Nacional de España a un periodista radiofónico experimentado llamado Manuel Aznar, padre del ex presidente del gobierno español José María Aznar, del que será mentor político cerca de 30 años más tarde. Tras la vuelta de la democracia, Fraga fundó en 1977 la Alianza Popular, antecesor del Partido Popular, una formación que reúne a todo el espectro de la derecha española, incluida la extrema-derecha. Figura tutelar de los conservadores reconvertidos a la democracia, Fraga eligió como sucesor a José María Aznar, a quien instaló en 1990 a la cabeza del PP. Aznar honró al patriarca, al igual que hizo con el británico Tony Blair, haciéndole testigo de la fastuosa boda de su hija Ana, en septiembre del 2002. Al confirmar este lunes su decisión de presentarse a las elecciones regionales del próximo año, que podrían mantenerlo en el poder hasta los 86 años, Fraga recordó al canciller alemán Konrad Adenauer, quien se retiró a los 87 años. ''Estoy en plena forma'', dijo a los periodistas, ``prepárense para soportarme al menos hasta la próxima legislatura''. Agence France Presse
27/08/2004
 El 17 de agosto de 1963, la dictadura de Franco ejecutaba a los anarquistas Francisco Granado Gata y Joaquín Delgado Martínez, miembros de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias. Tras ser salvajemente torturados durante seis días, se les aplicó la pena de muerte por un delito de terrorismo, consistente en "provocar explosiones para atentar contra la seguridad pública y perturbar la tranquilidad, el orden y los servicios públicos, empleando medios y artificios capaces de ocasionar grandes estragos". A pesar de las condiciones de la detención, en todo momento afirmaron su inocencia. En 1996, en un programa de la televisión franco-alemana Arte, y tras una previa declaración ante notario, Antonio Martín Bellido y Sergio Hernández declararon que eran ellos los verdaderos autores de la instalación de los explosivos en 1963. Esta revelación se reprodujo en otros medios de comunicación españoles y también en un programa de TVE en 1997. Todo ello consta en los antecedentes de la sentencia de la Sala Primera del Tribunal Constitucional 123/2004, de 13 julio, pronunciada con el acuerdo de la mayoría de sus miembros, tras su reciente renovación, que estima el recurso de amparo presentado por familiares de uno de los dos anarquistas ejecutados en el sentido siguiente: se reconoce a los demandantes el derecho a utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa, de acuerdo con lo que establece el artículo 24.2 de la Constitución; se declara la nulidad del auto de la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo de 1999, por el que el máximo órgano de la jurisdicción ordinaria denegó a los demandantes la autorización para interponer recurso de revisión contra la sentencia de 13 de agosto de 1963 del consejo de guerra, dictada en un procedimiento sumarísimo que llevó a la muerte a los dos anarquistas; y, finalmente, dado que se reconoce que los familiares recurrentes no pudieron utilizar todos los medios de prueba pertinentes para sustentar sus pretensiones, el Tribunal Constitucional ordena al Tribunal Supremo retrotraer las actuaciones al momento procesal inmediatamente anterior a aquél en el que la Sala de lo Militar debió resolver en relación con las diligencias probatorias solicitadas por los recurrentes, para continuar la tramitación del procedimiento de revisión de la sentencia de 1963, de conformidad con el derecho a utilizar todos los medios de prueba que procedan. Es decir, lo que jurídicamente pretendían los familiares, a la luz de las declaraciones de los también anarquistas Martín Bellido y Hernández -y en aplicación de lo establecido por la vigente Ley Orgánica 2/1989 Procesal Militar- era que se revisase una sentencia que contenía un error en el fallo. Un error que supuso la ejecución de dos penas de muerte. No hay duda de que la cuestión que plantea esta sentencia del Tribunal Constitucional es de una gran relevancia, más allá de las muy legítimas pretensiones de los familiares de los anarquistas ejecutados, destinadas a reparar su memoria y, probablemente, también a poner de manifiesto cómo se aplicaba la justicia contra el opositor político en aquella infame dictadura. Porque la estimación de este recurso de amparo, que obliga al Tribunal Supremo a reconocer en toda su integridad el derecho a utilizar los medios de prueba pertinentes, también constituye un peldaño más en la recuperación de la memoria histórica de aquellos ciudadanos que se opusieron a la dictadura. Y permite arrojar más luz al conocimiento de las instituciones jurisdiccionales franquistas como los consejos de guerra, sus integrantes y las resoluciones que dictaban, así como del arsenal de normas e instituciones de las que se dotó el régimen de Franco para la represión y, en su caso, la aniquilación de la oposición. Por supuesto, el caso de estos dos anarquistas no era desconocido antes del recurso de revisión. En los antecedentes de la sentencia constan las referencias a diversos medios de comunicación que en España y fuera de ella han abordado el asunto. E incluso ha sido publicado un libro sobre el caso. Y ello a pesar del tiempo transcurrido, circunstancia que aquí resultó inevitable hasta el fin de la dictadura y sus coletazos. En este mismo sentido, alguna televisión autonómica se hizo eco en época todavía reciente de las declaraciones al respecto de un alto cargo de la seguridad del Estado franquista en aquellos tiempos, en las que no tenía empacho en afirmar que si bien no había certeza sobre la autoría de los atentados imputada a los anarquistas, la ejecución de las penas de muerte tenía un valor ejemplarizador y, en todo caso, una función disuasoria. No se olvide que eran unos tiempos -los inicios de la década de los sesenta- en los que tras las huelgas de Asturias de 1962 y la aparición en escena de las clandestinas Comisiones Obreras, el régimen respondía con la dureza habitual, ejecutando si era preciso a los opositores como mejor método disuasorio.Así, entre otros casos, en abril de 1963 ejecutaban al dirigente comunista Julián Grimau; en 1967 moría en las dependencias policiales Rafael Guijarro, y en 1969, el estudiante madrileño Enrique Ruano perecía al ser defenestrado tras un registro policial domiciliario. Mientras, en 1964, la dictadura celebraba los XXV años de su paz. Pues bien, y volviendo al caso de los anarquistas, a pesar de los elementos de prueba citados, en 1999 la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo consideró que las pruebas aportadas sobre la autoría real del delito fueron escasas y débiles, por su carácter testifical, por el momento en que se propusieron y por la carencia de todo apoyo objetivo. Razón por la cual se consideró que no era posible evidenciar un error patente y manifiesto en el fallo de la sentencia del consejo de guerra de 1963. Pero hay que hacer notar que el Tribunal Supremo hizo abstracción de una parte de las pruebas testificales aportadas y, además, rechazó sin motivación explícita la solicitud de una comisión rogatoria para tomar declaración en Francia a uno de los dos inculpados, Sergio Hernández, residente en París, quien se negaba a hacerlo aquí -a pesar del tiempo transcurrido- por temor -según él- a la justicia española (sic). Secuelas, sin duda -por excesivo que pueda parecer- de los efectos colaterales de la larga noche franquista. Ahora, el Tribunal Constitucional considera que la valoración por la jurisdicción ordinaria de las pruebas propuestas por los familiares de estos anarquistas no fue respetuosa con el derecho a la tutela judicial, en la medida en que vulneró el derecho de los demandantes a utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa. Porque, en efecto, la denegación sin mayor justificación de las pruebas relativas a las declaraciones de los diversos testigos acerca de la no autoría en la comisión de un delito por el que nada menos que fueron ejecutados Delgado y Granado, impidió a sus familiares fundamentar en toda su integridad la procedencia del recurso de revisión de la sentencia del consejo de guerra de 1963. A este respecto, el canon interpretativo empleado por el tribunal, ya reiterado en su jurisprudencia, resulta de todas formas de especial interés para el caso, a saber: la revisión de sentencias firmes constituye una derogación del principio de cosa juzgada, que es una exigencia del principio constitucional de la seguridad jurídica, esto es, de la previsibilidad que ha de caracterizar al derecho. Por esta razón, la revisión es un recurso de carácter excepcional, que ha de ser objeto de una interpretación estricta. En este sentido, la jurisprudencia constitucional ha insistido en que la revisión de sentencias penales está sometida, tanto en el ordenamiento jurídico español como en el derecho comparado, a una serie de cautelas, cuyo objeto no es otro que el de mantener un necesario equilibrio entre las exigencias de la justicia y de la seguridad jurídica. En el caso de estos anarquistas, la cuestión debatida se centra en procurar una decisión justa, que habría de pasar, eventualmente, por una revisión de la sentencia del consejo de guerra de 1963, pero de acuerdo a criterios con base constitucional. Y para ello es preciso que la revisión se fundamente en pruebas que muestren el error en la decisión judicial. Y lo que ha dicho el Tribunal Constitucional es que, hasta el momento, ello no ha sido posible, porque la falta de motivación por parte del Tribunal Supremo a su negativa a practicar determinadas pruebas ha impedido a los demandantes hacer uso de todos los medios de prueba pertinentes. A este respecto, resulta de especial relevancia la posición jurídica adoptada por la jurisdicción constitucional, según la cual la revisión de sentencias no es tanto un recurso como una vía de impugnación autónoma que se aproxima al derecho del recurrente a acceder a la jurisdicción ordinaria, en este caso, al Tribunal Supremo. Por tanto, con la presentación de un recurso de revisión no se trata de apreciar, prima facie, desde ese primer momento procesal, si existen pruebas indubitadas suficientes para evidenciar el error en el fallo, sino de valorar si hay una base bastante para dar curso a la revisión. En el caso planteado por los familiares de los anarquistas ejecutados, el Tribunal Constitucional ha considerado que siendo las pruebas propuestas pertinentes por su relación con los hechos, y resultando clara su relevancia, no puede entenderse razonable su denegación por la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo. Por esta razón, éste ha violado el derecho a la tutela judicial. Y sin que en defensa de su posición pueda argüirse que la Constitución no se aplica retroactivamente. Por tanto, esas pruebas deberán tramitarse por el Tribunal Supremo y del resultado de las mismas habrá que deducir -entonces sí- si hay base suficiente para el recurso de revisión de la sentencia del consejo de guerra. Sólo por eso, que ya es importante, la sentencia de la Sala Primera del Tribunal Constitucional es una referencia para el lento proceso de recuperación de la memoria histórica de la represión. Marc Carrillo es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Pompeu Fabra.
23/08/2004
"¿QUÉ DE EXTRAÑO tiene que hayamos quemado iglesias? ¿Son controlables las masas desbordadas ante la injusticia y el atropello?" "TENEMOS LA seguridad de que no se producirán luchas fraticidas que puedan malograr mañana la obra revolucionaria" La realidad es ésta: un enemigo apoyado internacionalmente por potencias fascistas. Frente a este enemigo, un pueblo valiente, un pueblo entusiasta, un pueblo que, además de luchar contra el fascismo, comprende que ha sonado la hora de las grandes transformaciones sociales y que construye sobre la marcha. Junto a este pueblo, dos naciones unidas en la lucha a favor del proletariado español. El enemigo, armado y apoyado internacionalmente por esa farsa de neutralidad, ha conseguido algunas victorias; y aunque no las hubiera conseguido, ha concentrado su esfuerzo máximo en la conquista de Madrid, que representa para él la legalidad de la insurrección facciosa y para que los países legalicen su existencia de gobierno faccioso. Es preciso que todo el pueblo de Catalunya, es preciso que Barcelona y España entera, que tienen la seguridad de la victoria por su heroísmo y energía y además por el apoyo de todo el mundo antifascista, se una en un esfuerzo máximo para batir de una vez para siempre esta intentona suicida. Abordaré también con resolución otro de los aspectos del problema: hasta hoy, la revolución ha sido identificada con un sentido un poco frívolo. Pasadas las heroicas jornadas del 19 y 20 de julio, pasado este momento en que Barcelona supo conquistar los reductos en que se habían atrincherado los facciosos, se ha sucedido un momento de calma. Es preciso que todos se reintegren a la gran obra revolucionaria, impuesta por las circunstancias. Es preciso que termine este momento frívolo, en que los momentos se aprovechan viviendo lo mejor posible y preocupándose lo menos posible. Tenemos la seguridad absoluta de que no se producirán entre nosotros luchas fratricidas que puedan malograr mañana la obra revolucionaria. Estamos aquí reunidos UGT, CNT, FAI y PSU; están aquí escuchándonos representantes de todos los partidos republicanos, desde los más extremistas a los más moderados, unidos en el mismo sentimiento que ha levantado al pueblo español contra el fascismo, ante la convicción clara de que el fascismo representaba la anulación de todos los derechos elementales conquistados por el pueblo. La España militarista, de clérigos, de pollos bien, de cocotas aristocráticas y burócratas, que ha arrastrado siempre su roña, sus piojos y sus vicios..., frente a esta España vieja y muerta se levanta la España nueva: la España del trabajo y de las organizaciones obreras conscientes de su misión y pleno espíritu de responsabilidad, para forjar sus destinos. ¿Era posible esto? ¿Sería posible esta reconstrucción, esta autocreación de España, sin que estuviéramos unidos de una manera lógica? Hemos aspirado constantemente, UGT y CNT, a conseguir esta unidad sagrada, unidad a la cual no va unida solamente la victoria contra el fascismo, sino también la reconstrucción de España. Se necesitaba una revolución, que no se hizo el 14 de abril y la hacemos ahora. Esto no podrá conseguirse por los cauces legales. Los compañeros socialistas se habrán dado cuenta y por esto se lanzaron a la calle, a la lucha, y a nosotros los anarquistas también nos ha enseñado la experiencia que no era posible una transformación si no nos poníamos frente a los órganos del poder; esto han debido reconocerlo todos. Lo hemos reconocido y sostenido siempre. Hoy, en realidad, las diferencias ideológicas que nos separaban han desaparecido, por cuanto nosotros hemos aceptado los hechos consumados, que nos obligaban a tomar parte en la dirección del país; de los hechos que demostraban que sin la unión de las masas no podía insinuarse en España el socialismo. Quisiera, camaradas; quisiera, trabajadores; quisiera, mujeres antifascistas, quisiera que todos vosotros os dierais cuenta de lo que nosotros somos en este instante para el mundo entero. Individualmente considerados, somos seres ni más ni menos que los otros; somos, en una palabra, hombres y mujeres condenados a ver transcurrir su vida, como transcurre la de los animales; pero, colectivamente, ¿sabéis lo que somos como pueblo enfrentado no sólo contra el fascismo interior, sino también contra el exterior? ¿Sabéis lo que es España con su lucha heroica, con su combate incesante? Si el fascismo triunfara en España, pronto esta Francia que tan poca solidaridad nos ha prestado, y que es una ofensa para España, pronto esta Francia sería víctima del fascismo, y lo sería también el pueblo belga. Por lo tanto, es necesario presentar esta unión a los ojos del mundo como un ejemplo para el triunfo de la clase trabajadora. Si vemos fijos en nosotros los ojos afiebrados de todos los trabajadores; si nosotros representamos la esperanza de la resurrección espiritual democrática; si nosotros representamos esto, nuestra vida individualmente considerada no tiene importancia alguna; tiene importancia grandiosa nuestra existencia como colectividad y como pueblo, como nación rebelde colocada frente al fascismo internacional, en defensa de los derechos del hombre, continuadora del espíritu de la revolución rusa. Como colectividad y pueblo, nosotros lo somos todo, y a ello sometemos nuestra existencia individual. Si cada uno de vosotros sintiera desintegrarse, crecer dentro de sí mismo, este sentimiento de responsabilidad, estoy segura de que aunque nos faltaran las armas y la solidaridad internacional integrada por Rusia y México, tengo la seguridad, repito, de que hasta inermes venceríamos al fascismo. La victoria y el triunfo lo conquistan siempre los pueblos cuando quieren. Cuantos hayáis leído la revolución francesa, sabréis que para tomar la Bastilla fue preciso llenar los fosos de cadáveres; y cuando estuvieron llenos, el pueblo entró como un alud en la Bastilla, que no pudo resistir su ímpetu formidable. ¿Sabéis lo que ha sido la entrada de los fascistas en las poblaciones, valiéndose de los moros que han traído a España y de los soldados del Tercio, presidiarios reclutados en todas las penitenciarías del mundo? Pues sabed que en Villafranca de Bidasoa entraron los fascistas tras una lucha de muchas horas; ¿y sabéis lo que hicieron con una muchacha de quince años? La cogieron, la violaron, la crucificaron y, pareciéndoles poco, un mercenario le clavó la navaja en las partes, abriéndola hasta la barbilla. ¿Sabéis lo que hicieron con un compañero las bestias del requeté? Le cogieron, le torturaron, le mataron, le despedazaron y lo mandaron en una caja a los milicianos de Irún. ¿Sabéis lo que hicieron los fascistas en La Coruña al camarada Villaverde? Pues le prepararon una muerte digna de Vercingétorix; después de haberle fusilado, lo ataron a la cola de un caballo y lo arrastraron por las calles del pueblo. Otro ejemplo del sadismo de estos canallas: vivía en Ceuta un naturista, Miguel León; muchos de vosotros lo conoceréis, un viejo de luengas barbas; pues le cogieron y le fusilaron despúes de haberle arrancado pelo a pelo toda la barba... Nosotros hemos hecho fusilamientos, pero ningún tormento, ningún refinamiento de crueldad, y lo hemos hecho porque, o matamos nosotros, o nos matan ellos. ¡Pero jamás se ha deshonrado la revolución o las milicias con el atropello o la violación! Al contrario, por exceso de generosidad hemos respetado a muchas mujeres, que luego hemos encontrado en los frentes sirviendo al espionaje. La crueldad, el sadismo, la barbarie, están en la reacción; el espíritu del fascismo, el espíritu de Anido y Arlegui, revividos en la figura de esos frailes trabucaires, en la persona de esos frailes que no vacilaron en traer a España regulares moros, alemanes e italianos, que no vacilaron en despedazar a España, ofreciendo a Alemania, Italia y Portugal trozos de nuestro suelo a cambio del apoyo más descarado. En cuanto a los periodistas extranjeros, ávidos de cazar noticias, es preciso decirles que los obispos no son de los nuestros, no del pueblo, del pueblo generoso y notable. ¿Qué de extraño tiene que en España hayamos quemado conventos e iglesias? ¿Acaso son controlables las masas desbordadas ante la injusticia y el atropello? En España no se ha destruido; y si se ha matado, ha sido por la convicción de que era preciso y con pleno conocimiento de causa. En Rusia, en los primeros días de la revolución, el pueblo lo destruyó todo y tardaron dos años en reconstruir las máquinas y vaciar de agua las minas, que el furor de las masas había anegado. Aquí no se ha hecho esto, y que lo sepan los periodistas extranjeros que recorren los frentes. Obreros de las fábricas, de los talleres, del campo, técnicos e intelectuales, que sentís en vosotros el sentimiento de la dignidad humana enfrentándola contra quienes prostituyen la libertad y el derecho, sumaos a nuestro movimiento gigantesco; ayudadnos a luchar en el frente. Os lo pedimos por solidaridad, por nosotros, que os movilicéis individualmente y colectivamente, y que todos se sientan soldados, no sólo para defender España contra el fascismo, sino para conseguir un máximo de bienestar, de justicia entre todos. Os lo pedimos a vosotros que representáis a la España donde se exaltan y se manifiestan los valores auténticos de la raza ibérica; os lo pedimos como españoles incluso. Dentro de cada uno de nosotros, aunque sea socialista, anarquista o republicano, hay el orgullo de una raza fuerte, que tiene características étnicas y regionales bien definidas, que forman el conglomerado de razas más bravas del mundo. El pueblo ha sido desde los tiempos más remotos el realizador de obras únicas y formidables. Sabemos de las pirámides de Egipto, pero no sabemos de parias, de ilotas que arrastraron los grandes bloques y que murieron aplastados bajo ellos. Las grandes obras las hemos hecho nosotros, las multitudes famélicas de todo el mundo, arrastrando el hambre y la sed de justicia que defendemos contra el fascismo, que es tiranía y destrucción de todos los valores morales y espirituales del hombre. -------------------------------------------------------------------------------- FEDERICA MONTSENY Primera mujer que ocupó una cartera ministerial en Europa. La participación de los anarquistas en el gobierno republicano, en contra de su ideario, se ha de entender en el clima excepcional que siguió al levantamiento militar. Es este clima de euforia, tras haber parado el golpe militar, el que se palpa en el mitin de la Monumental, el 25 de octubre de 1936, donde los líderes de las principales organizaciones obreras, Montseny por la FAI, exaltan la unidad de acción como el camino para el triunfo de la revolución. (Extracto) Artículo publicado en La Vanguardia en la sección "Grandes discursos del siglo XX" Mientras en Francia se homenajea a la resistencia española durante la II Guerra Mundial, en la España democrática se sigue negando el merecido reconocimiento a los luchadores antifascistas, decenas de miles aún yacen en fosas comunes, los pocos que aún quedan vivos son olvidados por la Administración, aún tienen antecedentes penales como vulgares delicuentes o asesinos, eso sí las calles, plazas y parques de las ciudades del Estado español siguen plagadas de nombres de sanginarios generales franquistas, de sanginarios políticos como Arias Narro (el carnicerito de Málaga) o de estatuas ecuestres o no del dictador Franco. Mientras aquí hace bien poco, Pedro J. director del diario EL MUNDO, escribía en una editorial que no había que remover el pasado, que había que olvidar... "¡París!, París ultrajado, París roto, París martirizado, pero también París liberado, liberado por sí mismo, liberado por su pueblo con la ayuda del Ejército francés, con el apoyo de toda Francia, de la Francia que lucha, la única Francia, la auténtica Francia, la Francia eterna". Son las palabras pronunciadas por el general Charles de Gaulle hace 60 años, el 25 de agosto, desde el balcón del Ayuntamiento de la capital francesa. Celebraba la liberación de la ciudad pero también intentaba darle un sentido histórico. De Gaulle reconocía el papel jugado por la Resistencia interior, es decir, por grupos sobre los que él ejercía un control muy relativo, al tiempo que procuraba reforzar el aspecto estrictamente nacional de la gesta. París se libera sin ayuda de nadie. La presencia de tropas estadounidenses, canadienses o británicas, desembarcadas en Normandía desde el 6 de junio, o de los 300.000 soldados franceses procedentes del Ejército colonial y que, con la ayuda aliada, avanzaban desde Provenza a partir del 15 de agosto, es olvidada por De Gaulle. Los parisienses que el día 24 de agosto ocupaban el Ayuntamiento salieron a recibir tres blindados que, a las 21.22, habían ocupado la plaza delante del edificio. Eran los liberadores llegados del exterior, los que iban a garantizar el éxito de la rebelión parisiense comenzada el día 10 a través de una huelga de ferroviarios, a la que se sumó la policía y, un día después, los empleados de correos. "Creíamos que eran americanos. Hablaban mal el francés pero resultaron ser españoles, los republicanos españoles de la División Leclerc", explica Léo Hamon, un resistente francés. Uno de esos republicanos, Lluís Royo Ibáñez, catalán, hijo de aragoneses, militante de Esquerra Republicana, había vivido una sorpresa semejante en noviembre de 1942. "Entonces estaba en Marruecos. Había cruzado la frontera [francesa] de Prats-de-Mollo tres años antes, después de la debacle, apenas cumplidos los 18. Durante casi un año, tras pasar unos meses por el campo de concentración de Agde, había podido trabajar como payés cuidando viñedos, pero tras la derrota francesa ante los alemanes la prefectura no quería renovarme los papeles. Los gendarmes empezaron a hacerme chantaje: o bien me iba a trabajar a Alemania reemplazando a un francés, o bien me expulsaban hacia España. Quedaba una tercera opción: apuntarse a la Legión extranjera". Y la Legión le llevó primero a Argelia, luego a Marruecos. "Ahí viví la llamada Operación Torch, el desembarco aliado en África. Los primeros americanos que vi hablaban español. ¡Eran mexicanos! Ellos tenían cigarrillos y yo chocolate. Yo estaba con un belga, teníamos que defender una posición con un mortero, pero ni él ni yo sabíamos manejarlo. Además, ¡no íbamos a dispararles a los aliados!". La nueva situación africana le permitió abandonar la Legión y sumarse a la mítica 2DB, la II División Blindada del general Leclerc, que venía de Chad. "Me integré en la novena compañía, la nueve, en español, porque ahí todos éramos españoles, excepto el capitán Dronne, que lo chapurreaba pero lo entendía todo. Él hablaba muy bien el alemán". Y muy pronto todos embarcaron para el Reino Unido. "No, Inglaterra no. Desembarcamos en Gales y luego nos llevaron a entrenar a Escocia. El trayecto marino, con un barco de fondo plano, es uno de los peores recuerdos de mi vida". Lluís Royo dice no haber tenido nunca miedo durante toda la II Guerra Mundial. "Todo el miedo posible ya lo había gastado durante la batalla del Ebro, en la trinchera, casi enterrado bajo tierra, aguantando cañonazos durante más de una semana". Llegar a Normandía en su blindado -"como todos los de la nueve, tenía un nombre de batalla española: Belchite, Guadalajara, Teruel, Guernica... Después de entrar en París los rebautizaron. El mío pasó a llamarse Libération"- no le impresionó, aunque guarda un mal recuerdo de "las exigencias reglamentarias de los yanquis, que te hacían saltar tan cargado de material que, si caías al agua, te ahogabas". Para Lluís Royo, que se ha quedado a vivir en Cachan, en las afueras de París, al lado de la calle dedicada a la División Leclerc, la misma calle por la que él transitó para liberar París, "la II Guerra Mundial era la continuación de la Guerra Civil de España. Yo no luché por liberar Francia, sino contra Hitler, Mussolini y Franco. Y esa lucha pasaba por entrar en París". En la capital tuvo que desalojar a los alemanes que ocupaban el edificio de Les Invalides, pero de eso no quiere hablar, prefiere recordar "a los soldados mutilados que estaban albergados allí: ciegos, sin piernas o sin brazos, desfigurados. Era espantoso". La liberación de París no fue un paseo, aunque los alemanes pusieron un empeño escaso en conservar la ciudad. La 2DB tendrá 130 bajas. Unos mil resistentes parisienses también perdieron la vida, así como 600 ciudadanos anónimos, atrapados por la batalla. Las bajas alemanas serán superiores a los 2.000 muertos. "La 2DB estaba integrada por 14.500 soldados, de los cuales unos 3.500 éramos españoles. De la nueve soy el único que sigue con vida". Royo no llegó, como alguno de sus camaradas, hasta Berchtesgaden, el refugio de Hitler. "Me hirieron en el Mosela, una región francesa que los alemanes consideraban alemana. Aún tengo metralla en los pulmones. Querían internarme en un hospital francés, pero mi capitán me envió a Inglaterra. Allí tenían penicilina y aquí, en Francia, todo lo arreglaban a base de agua y buenas palabras". Las buenas palabras para los españoles fueron escasas. Su condición de soldados de un Ejército derrotado, el republicano, les dejó sin glosadores. Los franceses andaban empeñados en evitar el oprobio de una Administración americana, como la que dirigía Italia. De Gaulle ponía todo el énfasis en la participación francesa en las operaciones militares que iban a llevar a los aliados hasta el corazón de Alemania. "Pero fueron los americanos los que no quisieron que los aliados cruzaran los Pirineos y acabaran con Franco, como sí acabaron en cambio con Hitler y Mussolini. Algunos de mis colegas de la nueve, una vez en París, dejaron el Ejército para participar en la tentativa guerrillera de liberación del Valle de Arán. La verdad es que entonces los franceses ya no nos necesitaban. En París había miles de jóvenes que querían enrolarse". Lluís Royo, que no volvió a España hasta finales de los años cincuenta -"mi familia había venido varias veces a verme aquí pero yo, cuando fui a Barcelona, recibí la visita de la policía, y si iba a visitar a viejos amigos luego ésos también eran interrogados por la policía"-, vive de una modesta pensión que cobra del Estado francés. "Y con una de mis hijas, que me cuida muchísimo". Está contento de que ahora Francia y París les recuerden, pero piensa "que todo eso había que haberlo hecho diez años después de acabada la guerra, cuando el poder francés ya estaba consolidado y nosotros ya hacía tiempo que no éramos ninguna amenaza para Franco". Como el Miralles de la novela de Javier Cercas, Soldados de Salamina, Royo ha combatido en medio mundo, bajo distintas banderas, pero siempre a favor de la libertad. Ahora es uno de los protagonistas de un filme de Jorge Amat para la televisión francesa, le conceden la Legión de Honor y una placa en la fachada del Ayuntamiento recordará el acento español de los libertadores de 60 años atrás. La fiesta de la historia El presidente francés, Jacques Chirac, y el alcalde de París, Bertrand Delanoë, presidirán el día 25 el acto central de conmemoración de la liberación de París. Un espectáculo musical de Jérôme Savary ocupará la plaza de la Bastilla y todos los parisienses han sido invitados a sumarse al baile vestidos a la moda zazou, la de principios de los años cuarenta. Antes, el día 24, se descubrirá la placa con la que el Ayuntamiento de la capital rinde homenaje a los republicanos españoles que entraron en la capital. El presidente del Senado español, Francisco Javier Rojo, acompañará al alcalde. La iniciativa que rinde homenaje a quienes comenzaron el combate en España en 1936 tiene un cierto valor de reparación, tal y como lo reconoce Anne Hidalgo, primera teniente de alcalde de París e hija de una familia de republicanos españoles. "Es una parte de la historia que ha sido ocultada. Estoy muy contenta de que se haga luz sobre los hechos precisamente durante mi mandato. Sólo lamento que no pueda estar presente Étienne Roda-Gil, que hubiera leído sus poemas. Para él, la causa de la República española era una parte importante de su vida". El poeta y letrista Roda-Gil, hijo de anarquistas catalanes, falleció el pasado mayo, sin poder hacer realidad la Fundación de Ayuda a la Creatividad que quería crear en Perpiñán.
20/08/2004
 El diagnóstico de amnesia a esclerosis múltiple es aplicable sólo a esos jóvenes fervorosos por consumir,que desprecian a nuestros mayores: esos sabios consejeros. Como alumno de Bachillerato en los años 70, me engañaron en la asignatura de Historia española, y como yo, supongo que la mayoría de los que estudiaron en esa época: las escuelas nos presentaron un modelo de transición ejemplar y exportable a países como Chile, donde parece que también se lo creyeron. Nos enseñaron que pasamos de una dictablanda -término costoso de aclarar- a una democracia, con unas figuras políticas -por ejemplo Suárez- a las que el pueblo debía de estar agradecido, por evitar derramamientos de sangre. La jubilación de los escuadrones de la muerte -como la triple A o el batallón vasco- no fué tarea fácil. ¿Una soterrada ley de punto final? Aparentemente, resulta incomprensible el paso de una dictadura a una democracia sólo mediante diálogo y buenas mañas -haría falta ser un mago con un buen conejo de la suerte para que todo salga bien- y es que cuando analizas con un poco de profundidad te enteras de que no cuadran las cuentas. La estampida de artistas como Picasso o Buñuel, Miguel Hernández en prisión, el corredera, el asesinato de García Lorca son sólo los casos más conocidos. La clandestinidad -un partido comunista de siniestra trayectoria como revela el papel que desempeñaron en esos años y cuya legalización implicó muchas más cosas-, Intelectuales rumbo a México o la Argentina, claro indicativo de las cabezas pensantes que pasaron a gobernar el país, que siguen ejerciendo su influencia, lo cual explica la trayectoria actual de la cultura, de la política, de las relaciones humanas... En los caminos de la historia hay paralelismos que son inevitables; ¿Tendrá la historia de España aspectos en común con la operación cóndor en el cono sur latinoamericano? Quizás el miedo, el uso del terror y los silencios pactados; los juicios sumariales sin garantías legales, el secuestro de obreros sindicales en horas de madrugada. Un patrimonio que va cambiando de dueño de la noche a la mañana, sin respeto a la sacrosanta propiedad privada. Campos de concentración como el de Gando o las Isletas, ambos en la isla de Gran Canaria, con fotos que son testimonios evidentes. Si en Chile eran lanzados desde un avión militar, en Gran Canaria eran empujados por un desfiladero, incluído un experto en lucha canaria que arrastró consigo al militar que lo empujaba a golpe de bayoneta: anécdota popular que sólo los viejos cuentan. Este desfiladero tiene por nombre la cima de Jinámar, y todavía algunos mayores recuerda,pero enseguida se les inundan los ojos de lágrimas. Tortugas de caparazón duro que no hablan mucho, algunos tampoco olvidan. Te los puedes encontrar en cualquier pueblo. El silencio pactado de las fosas comunes que ahora se empiezan a destapar revela la otra historia,la de una matanza de perfil ideológico. El contraargumento de que en una guerra tanto mataron falangistas como republicanos, todos por igual, -colorín colorado y corremos el telón apresuradamente- es un contraargumento falso. Si recuperamos la memoria histórica nos percatamos de que en 1936 triunfó el Frente popular; una coalición de centro izquierda, con iniciativas legislativas como las de proclamar un estado laico, una reforma militar y una reforma agraria. Altos oficiales del ejército, potentados terratenientes, y un sector de la burguesía financiera, con la venia de la Iglesia, están dispuestos a defender sus intereses a como dé lugar, iniciando el golpe militar de julio 1936, con una represión meticulosamente planeada. Refrescando la memoria nos encontramos con que quienes inician la guerra, creando caos y desorden, son esas fuerzas militares, aliadas con sectores de la burguesía, con el beneplácito de la Iglesia Católica, frente a un gobierno Republicano elegido por el pueblo, cuyas medidas no favorecían los intereses de estos sectores. Cada vez que se toman medidas populares, buscando atender las necesidades de la mayoría, la sospecha de derrocamiento está presente. Esclareciendo: nos encontramos con otra historia muy diferente de la que nos contaron en las escuelas. Isidro Espinosa Rebelión
17/08/2004
Felipe González tuvo la ocasión, en los años 80, de honrar la memoria de la guerra civil española, acaecida 50 años antes, pero no lo hizo porque la prioridad era "que España funcionara". Luego lo lamentó, como confiesa a Juan Luis Cebrián en El futuro no es lo que era , cuando dice sentirse "responsable en parte de la pérdida de nuestra memoria histórica".
A su amigo Helmut Kohl, a la sazón jefe de Gobierno de la República Federal Alemana, le ocurrió la misma amnesia cuando le sorprendió el medio siglo de la segunda guerra mundial, en los años 90, digiriendo la reunificación alemana, que era la prioridad política. La gravedad de ese olvido queda bien patente cuando la fecha del 8 de noviembre, que hasta la caída del muro en 1989 era recordada como "la noche de los cristales rotos", pasó a ser celebrada como el día del asalto popular al muro de la vergüenza.
Pero lo que los alemanes no hicieron cuando tocaba --los 50 años de cualquier acontecimiento no suelen pasar en vano-- lo están haciendo ahora, al cumplirse los 60: enfrentarse a la parte más dolorosa de su propio pasado. Para entender lo que significa para el pueblo alemán la memoria conviene tener presente la diferencia entre historia y memoria. La historia es un asunto del conocimiento, mientras que la memoria es una actitud moral. Libros alemanes de historia sobre lo ocurrido en Europa en esos 31 años que van de 1914 a 1945 --lo que el historiador Eric Hobsbawm llama la "era de la catástrofe"-- hay muchos y bien podemos decir que lo sabemos todo. La memoria, sin embargo, es un gesto moral que se encierra en dos palabras: duelo y deuda.
El duelo consiste en volver la mirada a la barbarie y fijar la mirada en las víctimas y sus herederos. Es lo que ha hecho Gerhard Schröder yendo hasta Varsovia para confesar públicamente la vergüenza de los alemanes actuales ante los polacos por la destrucción de su ciudad por los nazis, ante la pasividad, por cierto, del Ejército soviético. Willy Brandt ya se había humillado ante las víctimas del gueto de Varsovia, pero faltaba honrar a las víctimas polacas. Duelo igualmente por los generales autores de un atentado fallido el 20 de julio de 1944 y por un puñado de militares y civiles --entre ellos el famoso teólogo protestante Dietrich Bonhöffer-- que intentaron sin suerte un golpe de Estado en marzo de 1943 y fueron ahorcados unas semanas antes del final de la guerra. Esas víctimas no fueron traidores sino servidores de una eminente conciencia cívica.
Las víctimas no tienen colores políticos. Lo propio de la víctima es que es inocente y hay inocentes en todos los campos de batalla. Uno de los aspectos más reseñables que nos traen estos 60 años de distancia es el de haber abierto la mirada compasiva hacia las víctimas alemanas causadas por los vencedores en general y por el Ejército soviético en particular. Los sevicias que se cometieron contra alemanes de los Sudetes, por ejemplo, una vez acabada la guerra, están a la altura de las torturas en los campos de exterminio judío, como narra alguien tan poco sospechoso como el intelectual y dirigente socialista Peter Glotz. Duelo pues también por esas víctimas y con sus feudos en nombre de la justicia.
La deuda completa el duelo al reconocer la vigencia de la injusticia cometida a esas víctimas. La democracia posterior, la que hoy disfruta la sociedad alemana, tiene una deuda con estos compatriotas que arriesgaron su vida para acabar con la de Hitler. Es una deuda que no admite pago equivalente --¡habría que devolverles la vida!--, pero que tiene sentido si las generaciones posteriores se sienten deudores de esos gestos extremos y establecen una relación entre la democracia actual y la decisión de los Stauffenberg o Bonhöffer de poner fin al hitlerismo. Sólo entonces, sólo tras el ejercicio colectivo de duelo y deuda podemos convertir la memoria de la barbarie nazi en el mejor antídoto contra nuevas formas de opresión.
¿Y España? Tenemos por delante duelo y deuda con las víctimas de la guerra civil de la que hay mucha historia y poca memoria.
Cuando Felipe González confesaba su responsabilidad por la amnesia colectiva respecto de nuestro pasado más doloroso, pensaba en el daño que ese olvido infligía a los jóvenes: pueden crecer y vivir y hasta ser un día responsables políticos "sin que (el pasado) les conmueva porque ni siquiera conocen lo que ocurrió". Se les priva del antídoto más eficaz contra el peligro de repetición de la barbarie. Creerán que la democracia es un producto tan natural como las setas o hasta una emanación biológica de la dictadura. Les habremos privado de la gran lección moral que se desprende de la historia europea del siglo XX: que quien olvida la catástrofe está condenado a repetirla. Alemania, el país del hitlerismo, es consciente de esa lección y los españoles no deberíamos olvidar que nuestra guerra civil es una clave mayor de esa "era de la barbarie".
REYES MATE Diario de Córdoba
28/07/2004
El que no esté seguro de su memoria debe abstenerse de mentir Michael de Montaigne Llevamos ya una temporada larga a vueltas con la memoria (histórica) como si sacáramos del arcón de la nostalgia los recuerdos del abuelo republicano cada vez que los tiempos invitan a mostrar aquello que, en realidad, queremos ocultar. Este fenómeno de recuperación simbólica (política y psicológica) de la II República, de su tradición liberal de lucha por el progreso social, de sus descoloridas tricolores y de su talante democrático, está siendo organizado, con riqueza de medios materiales, desde las tranquilas orillas del pensamiento único. Poco importa que el evento en cuestión (el espectáculo capitalista gira al compás binario de acontecimientos programados por los poderes económicos y difundidos por su propaganda) sea una muestra antológica de fotografías de Robert Capa (con libro en tapa dura y tapa blanda, para todos los bolsillos), el aniversario de algún escritor olvidado y recuperado para distintas causas (Rafael Alberti, Manuel Azaña, Max Aub o María Zambrano por citar sólo algunos ejemplos recientes), una exposición sobre el exilio organizada por la Fundación Pablo Iglesias con sus discursos y carteles (que luego adornarán las casas de los bienpensantes junto al libro de Capa, se entiende) o un reciente e incalificable acto de desagravio sentimental (no político) con hilo musical de canciones protesta como el llevado a cabo por el Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid (el interesado desconocimiento de algunos ediles es sólo comparable con el tamaño de su vanidad organizativa). Este concierto-homenaje, en una noche de estrellas y pequeñas llamas de mechero que recordaron emotivos instantes de la Transición (cuando matamos a Franco de muerte natural: la reforma política sin reforma política, los Pactos de la Moncloa –aquella definitiva claudicación sindical-, la legitimación constitucional de la hereditaria monarquía franquista o la dinámica del consenso y el olvido puesta en marcha por las cúpulas de los partidos) refleja, con triste exactitud, la esencia de lo correcto que se ha instalado, de forma mayoritaria, en el proceso de recuperación de la memoria (histórica). Con total desprecio de lo sucedido, sin secuencia argumental ni justificación política, sin saber de qué se trataba en realidad -ya que los hechos concretos del pasado se escamotearon-, sin mencionar ni una sola vez -para qué- la adscripción ideológica de los combatientes homenajeados (comunista, anarquista o socialista, ente otras variantes de la izquierda), sepultando la identidad bajo el genérico y nada comprometedor “republicanos", ignorando -como si fuera asunto menor- quiénes patrocinaron el evento, qué difusión mediática tuvo, quién le dio cobijo en sus ondas radiofónicas y, a modo de colofón, cuál ha sido la sorprendente trayectoria -cuando menos errática- de algunos de los participantes, el democrático ayuntamiento cubrió con brillantez el expediente, quedó bien con sus jóvenes votantes y alimentó la esperanza de una España mejor de la mano amable y mustia del presidente Rodríguez Z. Que el ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid (anfitrión del festival) esté en estos momentos gobernado por Izquierda Unida refleja tan sólo el descontrol ideológico y político que preside la vida cotidiana de esa triste organización. Sirva como significativa anécdota la ovación que recibió Paco Ibáñez, instantes antes de arrancarse por enésima vez con su célebre versión musical del poema de Alberti, A galopar, cuando recordó que el franquismo había terminado el 14 de marzo del 2004. Imagino que el insigne trovador del Olimpia parisino -una de las referencias musicales de la izquierda durante las grises tardes de la dictadura- incluyó en su contabilidad los catorce años del PSOE. Esta supuesta reparación emocional, en la que participan desde asociaciones hasta partidos políticos del ámbito de la socialdemocracia -¿quién está, en realidad, fuera del reformismo?- está contando con la incorporación espontánea y activa de muchos artistas de variedades e intelectuales -del estelar elenco No a la Guerra- deseosos de reconquistar el tiempo perdido tras la oscuridad (para ellos, para todos) de dos furiosas y violentas legislaturas del PP, un período negro en el que, quizá, su proyección mediática como artistas progresistas -con la sustancial merma de ingresos económicos que eso representa- no ha sido como sus representantes deseaban. En fin, cosas que ocurren. Tras la derrota electoral de PP, y coincidiendo -no deja de ser casualidad- con la boda real (la estudiada unión entre la católica monarquía hispana y una dinámica periodista formada en el singular universo PRISA-Sogecable), el PSOE se ha lanzado a una campaña de reivindicación de algunos de los valores de 1.931. La recuperación parcial e interesada de la memoria histórica (histérica y delirante en algunos casos) no es otra cosa que una enorme operación de maquillaje político, de relectura de un pasado marcado por el conflicto económico y militar (desde la lucha de clases a la lucha de trincheras) que ahora se presenta -gracias a la mediación del PSOE y sus satélites- como un conflicto de conciencias. En este sutil proceso recuperativo, la guerra de España (nombre preferible -por muchas razones- al de guerra civil) no es presentada como la expresión última, armas en mano, de la lucha de clases o como la resistencia de la república de trabajadores de todas clases contra el fascismo. En realidad, y al hilo del dulce revisionismo moral que se está instalando en el pensamiento colectivo, la guerra de 1936-1939 fue la consecuencia directa del empuje de los comunistas, anarquistas y demás fuerzas transformadoras que llevaron a la laica y burguesa república (una república moderada en sus planteamientos políticos y económicos aunque ambiciosa en la regeneración ética de la sociedad, algo parecido al no-programa de Rodríguez Z.) a una situación de caos, a una sovietización, que sólo pudo ser detenida -a golpe de crucifijo y fosa común- por el alzamiento militar. En esta línea ideológica no sólo se encuentran los indescriptibles trabajos de los señores de la Cierva, Vidal o Moa sino todo un conjunto de historiadores y analistas (con el rigor científico por bandera rojigualda) que justifican el golpe militar africanista debido a esta supuesta y mencionada radicalización. Resulta curioso contemplar cómo el revisionismo (en un sentido amplio y en cualquiera de sus variantes teóricas e ideológicas) ha penetrado en la mentalidad colectiva con instrumentos tan variados como eficaces. Desde la aceptación de que en los dos “bandos" enfrentados -como si la palabra “bando" no estuviera ya cargada de significado- hubo tropelías y crímenes comparables, hasta la idea extendida de forma transclasista y casi transideológica de que, en el fondo, la guerra de España (y por extensión cualquier guerra) es un triste suceso del pasado que es preferible olvidar, evitando remover las subterráneas turbulencias de épocas ajenas en beneficio de nuestra nueva y feliz realidad democrática construida, entre todos, con mucho esfuerzo. La comparación no es inocente. Si se destaca la crueldad de la guerra, la injusticia y las barbaridades cometidas por “ambos frentes", se está insinuando que cualquier ataque a la línea de flotación de la democracia de mercado puede terminar con una involución del tipo que sea. De hecho, es costumbre nacional -como el bar y las tapas que tanto regocijo provocan en los turistas- que muchas conversaciones o debates políticos, en momentos de crispación electoral o tensión social, terminen con una invocación del estilo: “esto recuerda al 36". Sin pretender llevar a cabo una tipología del revisionismo y de sus formas más comunes (materia más amplia que este breve comentario) y descartando lo que podríamos llamar el pensamiento tradicional-conservador español y de la reacción, dentro del abanico del moderno revisionismo moral, existe una fuerte corriente alimentada por la socialdemocracia, en la cual se pueden reconocer propuestas interpretativas de carácter mediático que atraviesan a la historia pasada y reciente con el fin de instruir deleitando a las jóvenes generaciones al tiempo que se reconstruye -de paso- la historia real. Sin pretender hacer un listado exhaustivo (se podría hacer), en esta línea pueden situarse fenómenos de apariencia dispar (aunque en el fondo responden a la misma lógica interna) como son la novela Soldados de Salamina (con una interpretación sui generis de los hechos y de las motivaciones) y la serie de TVE Cuéntame. Cuando se enarbola la bandera tricolor de la memoria (histórica) en lugar de hablar de la memoria de lucha de un pueblo, cuando se califica de histórico lo sucedido -apartándolo del presente- se está produciendo ya un fenómeno de alteración consciente del proceso en beneficio de un definitivo corte epistemológico: un ejercicio de manipulación. Como dice Vidal-Beneyto “el sepultamiento de la memoria política durante la transición, que se tradujo en una primera fase en una banalización de la dictadura, se ha transformado en una naturalización histórica del franquismo. El régimen del general Franco, se afirma, es un período más en la historia de España, un sistema autoritario necesario para poner fin al caos de la República, salvarnos del comunismo, modernizar el país, incorporarnos a Europa y proporcionarnos un rey demócrata.". Aunque la cita sea larga, la explicación que en ella se ofrece no deja lugar a dudas. Recordaba Bonaparte que una cabeza sin memoria era como una fortaleza sin guarnición. España es una cabeza sin memoria, o por mejor decir, un rabo de lagartija. Un pollo alocado al que le han cortado de un tajo, cimitarra africanista, la cabeza. Si este proceso de desnaturalización ideológica del pasado reciente avanza, la construcción de una alternativa crítica será sólo una ilusión de café. Si la izquierda heredera de Octubre no consigue frenar el empuje de las huestes del pensamiento correcto -inclúyase aquí quizá por ignorancia, quizá por oportunismo, una parte sustancial de Izquierda Unida- en su desenfrenado camino hacia la asepsia histórica asistiremos, en un breve período de tiempo, a la pérdida total de la conciencia de sí de un pueblo. Por miedo e interés, por su natural deseo de situarse en la equidistancia de la componenda, con el fin de preservar los pactos con las fuerzas del franquismo aperturista -hoy llamada tecnocracia liberal-, la socialdemocracia escribe su pulcra historia a golpe de mentira y disfraz de raso. Bajo el manto de Soldados de Salamina y de Cuéntame, se esconde la otra historia de los perdedores. Esa historia que ninguna fuerza política mayoritaria tiene interés en contar. María Toledano  Si hay un elemento diferencial, en lo que se refiere a la Memoria Histórica de la lucha antifascista, respecto al resto de Europa, es que, en España, se perdió la guerra contra el fascismo. En los países europeos, los estados, una vez terminada la II Guerra Mundial, pusieron manos a la obra e iniciaron un proceso inmediato de reconocimiento a las victimas, localización de desaparecidos, resarcimientos morales y económicos y persecución de aquellos que habían cometido crímenes contra la humanidad. El estado franquista hizo lo propio; reconoció, a lo largo de los casi cuarenta años que duró, a las víctimas del llamado “terror rojo",localizó a los desaparecidos de su propio bando, los resarció moralmente, con creces, mediante homenajes constantes y monumentos; proporcionó todo tipo de pensiones y privilegios a las familias, y persiguió sin descanso a todos sus opositores políticos. Sin embargo, los leales a la II República, las personas de diferentes ideologías que defendieron la legalidad republicana, el sistema democrático y de libertades de que se había dotado el pueblo español a partir del 14 de abril de 1931, nunca tuvieron oportunidad de ser reconocidos y resarcidos y, los criminales que les encarcelaron, torturaron y asesinaron nunca fueron perseguidos. Durante el periodo de transición, la correlación de fuerzas existentes facilitó el olvido y la impunidad. La Ley de Amnistía de 1977, se transformó en una “ley de punto y final" que, transcurridos los años, se ha mostrado como barrera para impedir el paso hacía una democracia avanzada, toda vez que vulnera todos los acuerdos internacionales respecto a la defensa de los Derechos Humanos, y ha corrompido nuestra sistema de valores, que se encuentra asentado sobre la impunidad de los crímenes franquistas. La generación que en estos momentos estamos llegando a la madurez, no nos sentimos identificados con los valores de la “Transición". Lo vemos como un periodo intermedio, como algo provisional con lo que hay que terminar de una vez. La Ley de Amnistía de 1977 sirvió para generar, entre el bloque franquista, las contradicciones necesarias que abriesen el paso a negociar la absorción de la oposición democrática en un estado neofranquista, para dotarlo de una imagen de democracia moderna y, al mismo tiempo, legitimaba el control del poder real del estado por parte de las oligarquías españolas, que habían usado el franquismo para mantener su dominio. Con esta Ley de “punto y final" se ponían las bases para que las clases dominantes usasen la democracia de la misma forma que habían usado el franquismo para mantener sus privilegios de clase. En estos momentos, somos ya muchos los que consideramos que ha llegado la hora de la “ruptura democrática" que no se produjo en aquellos años. La Ley de Amnistía de 1977, y toda la legislación posterior que se apoyó en la misma, están impidiendo, en la actualidad, le evolución hacía una democracia avanzada. En nuestro horizonte se encuentra una sociedad defensora de los Derechos Humanos y dispuesta a luchar contra la Impunidad de aquellos que los vulneran, la República como marco de una democracia participativa y real, tanto en lo económico, como en lo político y cultural, y una sociedad civil fuertemente organizada, impregnada ideológicamente de estos valores, constituida como contrapoder frente a los grandes poderes económicos, políticos y militares que, capitaneados por el imperialismo norteamericano y sus cómplices de la Comunidad Europea, controlan este mundo globalizado. Lo que se ha dado en llamar “Recuperación de la Memoria Histórica" en nuestro País tiene esta función (entre otras): la de poner en evidencia la impunidad del franquismo, que no es otra cosa que poner de relieve como la represión y el asesinato de miles de militantes sociales, sindicales y políticos ha servido de base para mantener unos privilegios de clase, tanto durante el franquismo como después de la muerte del dictador. Pero también, situando los hechos en el contexto histórico actual, en un mundo globalizado, explicar que lo ocurrido en España sirvió de modelo para derrotar las causas populares por conseguir mejores condiciones de vida, en muchas partes del mundo. El paralelismo existente entre lo ocurrido en España y cualquier otro país en el que, en un momento determinado, los pueblos, constituidos en contrapoder, amenazaban con conquistar el poder del estado y, con ello, acabar con los privilegios de las clases dominantes, éstas han usado los mismos métodos coercitivos para impedirlo. Lo ocurrido en Chile, Argentina, Guatemala y un largo etcétera son una copia de lo ocurrido en España. Nos parece bien que el Estado Español persiga los crímenes contra la humanidad, en cualquier parte del mundo pero, al mismo tiempo, nos repugna la doble moral de la que hace gala al cerrar los ojos ante lo que ha ocurrido en nuestro País. Creemos que esta doble moral está asentada sobre el mantenimiento de los privilegios de clase de los grandes poderes económicos, las oligarquías españolas y, sobre todo la defensa de la Corona, que participó activamente en el régimen de terror impuesto por el franquismo, que es heredera de todos sus valores y, al mismo tiempo, piedra fundamental sobre la que se sustenta toda la estructura de poder en nuestro País. Hay que recordar que cuando el Dictador caía enfermo, el entonces príncipe, Juan Carlos de Borbón, asumía las funciones de Jefe del Estado, sin olvidar el apoyo económico y político de Alfonso XIII a los militares golpistas, o el ofrecimiento de Juan de Borbón para combatir como voluntario en el ejército franquista. Estamos convencidos que la Casa Real Española se encuentra detrás de todo impedimento para perseguir la impunidad del régimen franquista en nuestro País, que gran parte de la Magistratura participó de aquel régimen y está controlada por muchas de las fuerzas que lo mantuvieron vivo, que ocurre lo mismo con una buena parte del ejército y las fuerzas de orden público, así como con las altas jerarquías de la Iglesia Católica y, por supuesto, con los grandes poderes económicos y financieros. No hay más que ver como muchos de los archivos de la represión están secuestrados por el Ejército, la Policía, la Guardia Civil y el Poder Judicial que actúan, respecto a este tema, como si fuesen entidades privadas a las que no afectan las leyes, ni los acuerdos parlamentarios. Las fuerzas democráticas siguen viviendo con miedo esta situación, y si se vive con miedo es que el régimen franquista ha perdurado en el tiempo, a pesar de la aparente democracia. De ahí viene la gran contradicción en la que estamos inmersos, en la cual se persigue tenazmente la vulneración de los Derechos Humanos en cualquier parte del mundo, pero se mira hacía otro lado cuando se ponen en evidencia los crímenes urdidos por el franquismo en nuestro País. Sino, como podemos entender que el PSOE plantease una Proposición no de Ley para anular los consejos de guerra del franquismo, durante la legislatura anterior, en la que el PP (partido ideológicamente heredero del franquismo) tenía mayoría absoluta y, en esto momentos, en que cuenta con la mayoría parlamentaria suficiente par hacerlo, se niega a aprobarlo ante una solicitud similar. Vivimos una democracia de miedo e impunidad. La recuperación de la Memoria Histórica está luchando contra ambas cosas, pero está haciendo mucho más como pasaremos a contar a continuación. Como decíamos al principio, los hechos diferenciales respecto al resto de Europa, marcan también la iniciativa de quienes están impulsando la recuperación de la Memoria Histórica. Mientras que en Europa fueron los estados los impulsores, en España, debido a la situación explicada, no es el Estado el que está asumiendo la función de recuperar la Memoria Histórica (al ser heredero del estado franquista), sino la sociedad civil que, poco a poco, trabajando con voluntad, sin apenas medios, atacada en numerosas ocasiones, coaccionada y, en algunos casos, amenazada, está obligando a muchas instituciones a involucrarse, generando con ello la destrucción del franquismo ideológico que subyace en la sociedad española y, sobre todo, en muchas de las estructuras del Estado. Por eso, frente a la Memoria Histórica pasiva que se ha desarrollado en Europa, institucionalizada desde el comienzo, asentada a lo largo de los años, en España se está desarrollando una Memoria Histórica activa, asentada en un movimiento popular que crece por días, articulada alrededor de un cada vez mayor número de organizaciones que van viendo como su labor está obligando a las instituciones a asumir muchas de las reivindicaciones que van surgiendo y tener que apoyar la tarea que han emprendido. El reto está en que la actividad desarrollada esté impregnada de valores e ideas contrarias al “pensamiento único" neoliberal, hegemónico, hoy en día, en nuestra sociedad. A menudo, se dice que como hay miles de desaparecidos en fosas comunes, que es imposible realizar la tarea por parte de las asociaciones, que se van a tardar miles de años en hacerlo, que hay que conseguir que sea el Estado el que asuma toda la responsabilidad, etc, etc, etc… Sin embargo, algunos estamos convencidos que la tarea debe desarrollarse por todos. Foro por la Memoria, no tiene como objetivo que el Estado asuma la tarea de recuperar las fosas, sino recuperar ideas y valores allá donde realiza una actuación (sea una excavación, unas jornadas o cualquier otra actividad). Si se deja la exclusividad en manos del estado, no estaremos recuperando la Memoria Histórica. Si deseamos articular fuertemente a la sociedad civil alrededor de valores contrarios a los actualmente hegemónicos del neoliberalismo y dejamos en manos de las instituciones el trabajo, no estaremos combatiendo su hegemonía cultural, sino transformando la tarea en una actividad administrativa, científica o privada, es decir, estaremos apuntalando la hegemonía cultural de la ideología dominante en la actualidad. Basta con ver como se están realizando las actuaciones en Euzkadi o la recientemente penosa actuación de la Generalitat en Catalunya. En el primer caso, el gobierno de Euzkadi firma un acuerdo con una sociedad de ciencias, transformando las excavaciones en una actividad científica sin ninguna incidencia en la vida política y social. En el segundo, en Catalunya, todavía es peor ya que la Generalitat, después de realizar una excavación a escondidas, con un equipo científico, con ánimo de elaborar un protocolo, sale diciendo que no va a realizar más excavaciones porque crea problemas sociales. Se excavan fosas sin participación de la sociedad civil, de forma totalmente aséptica, por lo que, al final, no se recuperan valores, pensamientos, e ideas de los republicanos asesinados, sino sus restos mortales con “nocturnidad" para no levantar “ampollas". Las excavaciones deben realizarlas las organizaciones de recuperación de la Memoria Histórica, con la participación de las familias, la sociedad civil organizada (asociaciones de las zonas en las que se trabaje), los partidos políticos democráticos, los sindicatos, etcétera y el apoyo de las instituciones, cuya obligación es aportar los recursos económicos necesarios. Es lógico que una asociación de familiares de un tratamiento ideológico aséptico al tema, ya que sus objetivos son los de devolver los restos a los familiares y que, por tanto, su objetivo sea el de obligar al Estado a que solucione el problema, pero una organización impregnada de valores de la izquierda transformadora no puede tener como objetivo lo mismo. Foro por la Memoria, en su “Protocolo de Excavaciones" enumera sus objetivos: -Respeto al contexto cultural, histórico, político y religioso. -Localización de las víctimas. -Identificación, documentación e interpretación de los restos. -Recuperación y exhumación. -Devolución y asistencia psicológica a los familiares -Reparación y reconocimiento histórico. -Divulgación de los resultados. -Judicialización de las actuaciones. -Implicación de las instituciones. -Implicación de los militantes y vecinos de la zona. El conjunto de objetivos da respuestas a todos los aspectos que concurren en la Memoria Histórica. En ellos se ve la interrelación de especialistas, la necesidad de los equipos multidisciplinares, la implicación institucional, la política y la social. Con ellos estamos sumando familiares, historiadores, documentalistas, arqueólogos, antropólogos, psicólogos, abogados, instituciones, militantes y sociedad civil. Se produce en cada excavación una construcción social que realiza una actividad que nada tiene que ver con los valores del mercado. Nuestro objetivo es transformar la sociedad, construir el “bloque histórico" para ganar la hegemonía cultural e ideológica frente a los valores culturales del“pensamiento único" neoliberal. Para ello debemos dar dirección política al movimiento. ¿Pero, qué significa dar dirección política? Dar dirección política significa, por un lado, aportar ideología, por otro, aportar cuadros capaces de coordinar las actuaciones. A primera vista parece sencillo, pero reviste de una gran complejidad. Cuando hablamos de aportar ideología, significa entender la pluralidad ideológica de las personas que participan en la actividad y encontrar los planteamientos ideológicos y valores que puedan unirlas. Se debe intentar dar cohesión al grupo de trabajo alrededor del antifascismo, a continuación, hacer hincapié en el sentido de actividad cultural alternativa y buscar elementos que compartir todo durante el periodo que dure la excavación. Ésta debe girar sobre tres ejes: el pueblo, los especialistas y los militantes. La integración de unos con otros, alrededor de símbolos políticos unitarios y claros (la bandera tricolor es esencial), de actividades paralelas (homenajes, lugares de encuentro, etc) y de trabajo común, provoca cambios positivos en lo personal y en lo colectivo, e impregna a todos los que participan de valores distintos a los hegemónicos. La dirección política de una excavación debe compartir todas las vivencias del equipo, en todos los sentidos, si desea que se de un estallido de sentimientos, conocimientos y política durante el proceso de la excavación. No debe imponer sus criterios, sino crear las condiciones y aportar los elementos necesarios para que ese estallido se dé. Cuando esto es así, la Memoria Histórica se transforma en un elemento de construcción de sociedad civil organizada alrededor de valores culturales e ideológicos basados en la Solidaridad, la Justicia Social, la Libertad y la Generosidad más absoluta y, por tanto, se convierte en elemento fundamental para la construcción de lo que llamamos contrapoder. José Mª Pedreño Leganés 26 de julio de 2004.
27/07/2004
 La controvertida personalidad de Azaña conquistó alabanzas e insultos. Así, Unamuno escribió de él, en abril del 31: “Es un escritor sin lectores. Sería capaz de hacer la revolución para que le leyeran”. Claro que Azaña tampoco se quedaba atrás: “Ayer en el Ateneo pronunció Unamuno su anunciada conferencia... ha sido lastimosa. Una estupidez o una mala acción”. Su opinión sobre los poetas tampoco era mejor, hasta que J. J. Domenchina se convirtió en su secretario y le hizo cambiar de idea. Y escribió:“Resulta que los poetas cuando se ponen a trabajar, también trabajan”. En su Dietario, Josep Pla anota el 14 de octubre de 1931: “Azaña me ha recordado a menudo a un cirujano chino implacable y glacial manejando el bisturí con aire suave y delicado. [...] A mi entender , en un país constituido y en circunstancias normales, habría sido una figura política de primer orden. En las actuales circunstancias, difícilmente su capacidad va a encontrar oportunidades para manifestarse. Lo más probable es que quede como un gran estadista... fracasado. Es lo mismo que les ha ocurrido a la inmensa mayoría de los estadistas importantes del país”. Por su parte, Francisco Umbral lo describe así: “Azaña, feo y grande, miope y antipático, lleva dentro un dandy madrileño que luego se afinaría en París, entre putas y libros, hasta llegar a la displicencia desplanchada de los grandes indiferentes, que son los grandes apasionados [...]. Es el que se queda plantado entre la política y la literatura; en Azaña, el verbo se hace carne republicana y habita entre nosotros”. ********************************************************************************** “Ola de sangre, ola de estupidez” El 25 de abril de 1939, Azaña le explicaba a Esplá su negativa asuscribir el manifiesto de una Asociación Republicana de amigos de Francia: “…esa Asociación está dividida en tres secciones, española, catalana y vasca, y sus respectivos presidentes (Companys presidente de Cataluña, Aguirre, Presidente de Euskadi) firman con esa calidad. En este texto del mensaje se habla de españoles, catalanes y vascos etc..., y aunque no tuviera otras razones (que las tengo), para abstenerme, me bastaría esa división inadmisible para negarme a firmar. Si catalanes y vascos quieren continuar en la emigración los costosísimos dislates que han cometido durante la guerra, allá ellos; si piensan recobrar la República, y la posibilidad de hacer la burra nuevamente, sobre la base de las nacionalidades y dels pobles iberiques están lucidos”. Manuel AZAÑA La guerra civil, insurrección contra la inteligencia:“Todas las informaciones que recojo prueban que sin haberse retirado la ola de sangre, ya se abate sobre España la ola de la estupidez en que se traduce el pensamiento de sus salvadores. Por comparación, la CEDA era una asamblea de filósofos y poetas. El desastre para todo el país, debe ser aún mayor de lo que yo me imaginaba y temía. Para cubrirlo, unos pedantes esquizofrénicos se encaraman sobre las ruinas acumuladas por los militares, y vomitan palabras sin sentido. Quieren hacer un imperio ‘vertical y azul’. Todo lo ocurrido en España es una insurrección contra la inteligencia.” Manuel AZAÑA
26/07/2004
Esta nota salió hoy lunes 26 de julio en el diario La República de Montevideo, Uruguay. Astillas del espejo roto de la memoria republicana. ¿Será posible que la voluntad del autor de la carta sea cumplida?A 68 AÑOS DE UNA TRAGEDIA DE LA HISTORIA
* Cuando se están cumpliendo en este mes los 68 años de una tragedia conocida como guerra civil, España comienza a reconocer y homenajear a los combatientes que se apostaron en el bando de los republicanos.
RUBEN BORRAZAS
Muchos ya están muertos, pocos son los que aún viven, varios siguen desaparecidos. Estos últimos parecen no estar en el reconocimiento público. Hace alrededor de veinte días LA REPUBLICA informaba que en la localidad de Rivas Vaciamadrid, en las cercanías de Madrid, se habían dado cita unas diez mil personas para homenajear a 550 ex combatientes, quienes entre los años 1936 y 1939, defendieron la causa de la 2ª República Española contra el levantamiento del general Francisco Franco. En uno de los párrafos del manifiesto leído en ese acto se dice con sentido estremecimiento: "Pasaron casi treinta años de la muerte de Franco. Sin embargo, nunca alguno de vuestros verdugos, de vuestros torturadores, se ha sentado en el banquillo (...) Lo hemos visto en películas de otros países luchando contra el nazismo, el fascismo, la impunidad. Eran italianos, argentinos, que lucharon contra sus dictaduras, pero no erais vosotros, ni vosotras... Hemos venido aquí para quitarle las rejas a la celda de vuestra memoria para que seáis un ejemplo para nosotros, para nuestros hijos e hijas", recuerda el manifiesto, y de eso se trata. Un testimonio desde nuestro país José Manuel Fernández Prado llegó a nuestro país desde su Galicia natal hace más de cincuenta años, previo a un pasaje por Brasil. "Cuando leí en LA REPUBLICA que se había realizado este homenaje, se me presentaron los recuerdos y todo el terror de mi niñez en aquellos años y, sobre todo, la muerte de mi padre y no saber, hasta hoy, donde fue enterrado junto con varios de sus camaradas detenidos en una prisión franquista", recuerda este español en su casa de un típico barrio montevideano. Su padre, Ramón Fernández Rico, era tornero en carpintería y fabricante de muebles en la población La Estrada de la provincia de Pontevedra. Defensor de la República española, ocupaba el cargo de alcalde cuando fue detenido, a los dos meses del levantamiento franquista, y alojado en la cárcel local. Posteriormente conocería otros lugares de reclusión hasta su traslado definitivo a la prisión denominada Isla de San Simón. Allí su esposa y una de sus hijas, eran nueve hermanos, lo pudieron visitar en varias oportunidades bajo las estrictas medidas que indicaba el fiero carcelero. "Después de su detención le confiscaron el taller, la maquinaria, herramientas y demás bienes. Quedamos, junto con mi madre, viviendo las angustias de una situación desesperante y comenzamos a trabajar en lo que se presentara", relata un José Fernández, para agregar inmediatamente. "Mi padre fue fusilado el 3 de setiembre de 1937 y no fuimos enterados de nada. Mi madre fue a visitarlo y le comunicaron que había fallecido por causa de un ataque cardíaco. Nunca le dijeron dónde fue enterrado. Con los años fuimos llegando a la conclusión de que fue fusilado junto con varios de sus compañeros de celda", afirma su hijo. Pequeña carta al mundo Si llegáis ya tarde un día y encontráis frío mi cuerpo; de nieve, a mis camaradas entre sus cadenas muertos... recoged nuestras banderas, nuestro dolor, nuestro sueño, los nombres que en las paredes con dulce amor grabaremos. Marcos Ana, poeta Unos meses antes de morir, el destituido alcalde de La Estrada, junto con varios de sus compañeros de prisión, redactaron una carta, enviada a sus vecinos y compañeros, que es un verdadero testimonio político, en el cual no dejaban de soñar con el triunfo de la causa republicana, mientras que el temor a ser fusilados, el miedo a morir se les iba arrinconando en el cuerpo, en los ojos y en el alma. Esta carta está en nuestro país y en manos de su hijo José Manuel Fernández. En sus partes medulares, la carta dice: "Estos compañeros nuestros que el barómetro de la existencia les puso en el grado de tener que sucumbir a merced de la calumnia y la infamia; estos hombres que con espíritu fuerte han tenido que ser víctimas de una sentencia inicua, para ser inmolados en aras del ideal puro e inmaculado de la República, que aun después de ejecutados resurgirá siempre por donde caiga una sola gota de nuestra sangre... Pues bien, estos hombres (cadáveres vivientes) os recomiendan ante todo serenidad, mucha serenidad, para soportar el duro trance, cuando os digan que estos queridos amigos vuestros han sido ejecutados; y luego, invariables de la causa, os rogamos no abandonéis a nuestras esposas y nuestros queridos hijos, a éstos decidles que sus padres han muerto por la República..." Líneas más abajo se puede leer la convicción que todos ellos tenían del triunfo republicano: "Vosotros que sois honrados, que sois hombres que tenéis el corazón con fibras de republicanismo como nosotros, sentís a la par de nosotros, como embarga nuestro pecho el dolor, no por morir, pues demasiado sabéis la entereza que nos caracteriza. Sino por tener que dejar la hora bendita del triunfo que se aproxima y no poder verlo... en esta hora en que todos al grito unísono de ¡Viva la República!, en esta hora en que la bandera tricolor ondeará en la cúspide más alta de La Estrada, en esta hora la más grande quizá para nosotros que los siglos vieron..." Retoñarán aladas de savia sin otoño reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida. Porque soy como el árbol talado que retoño, porque aún tengo la vida Miguel Hernández (poeta) En las últimas líneas se dirigen a los a los vecinos de La Estrada, para que luego del triunfo republicano esta carta sea incluida en el Libro de Actas del Ayuntamiento y que los nombres de todos aquellos que puedan ser fusilados, por el régimen franquista, sean colocados en una calle de la población con la inscripción "Mártires de La Estrada", y finalizan diciendo: "...seremos firmes y enteros ante el piquete, gritaremos con toda la fuerza de nuestros pulmones ¡Viva la República!, ¡Viva el Frente Popular!, ¡Viva la libertad!, ¡Viva la democracia y abajo la tiranía!... Salud camaradas hasta la eternidad". Y firman Ramón Fernández Rico y Manuel Nogueira González *
25/07/2004
La II República paró el golpe, y fue capaz de resistir durante tres años, gracias, precisamente, a la inteligencia militar de un brillante oficial de Estado Mayor, demócrata y republicano, Vicente Rojo, ... No hace muchos días, el sobado chiste volvía a oírse en una de esas tertulias radiofónicas sin cuyas orientaciones y comentarios uno no sabe cómo el mundo había podido funcionar hasta aquí: «Hablar de inteligencia militar es una contradicción en los términos». El ingenioso tertuliano, poco antes o después, se jactaba de su republicanismo, para cerrar el círculo de su talante progresista comme il faut. Pero la proclama republicana, aunque él seguramente no lo supiera, dejaba un poco tocado el chiste anterior: si la II República aguantó más de dos meses el empuje de los militares fascistas sublevados, no fue desde luego por los tertulianos radiofónicos, que no existían, ni por los bocazas que aullaban consignas pero luego escurrían el bulto en el frente. La II República paró el golpe, y fue capaz de resistir durante tres años, gracias, precisamente, a la inteligencia militar de un brillante oficial de Estado Mayor, demócrata y republicano, Vicente Rojo, que organizó la hasta entonces caótica y precaria resistencia de las milicias populares y demostró una y otra vez un superior conocimiento estratégico frente a la ramplonería táctica de Franco y sus acólitos. Aloysius, buen y recalcitrante monárquico, me afea este gesto de nostalgia republicana, y me pregunta qué demonios tiene que ver con la temática habitual de estos apuntes. Pero sí que viene a cuento. No hace mucho se hablaba de cómo atraer titulados superiores al ejército, para prestar servicios como militares de empleo y paliar la escasez de efectivos que padecen las Fuerzas Armadas. Ahora les cuesta incluso cubrir las plazas de sanidad, porque claro, no es lo mismo ir a pasar consulta en un hospital militar que a Afganistán con chaleco antibalas. La relación entre Universidad y milicia está muy arraigada en otros países. Como es bien sabido, muchos de los que se alistan en el ejército estadounidense lo hacen por las suculentas becas que reciben, y que permiten a los hijos de familias pobres acceder al prohibitivo y clasista sistema universitario yanqui. Pero al margen de estas tretas (basadas en una sociedad restrictiva del acceso a la educación superior que no deberíamos tratar de emular), resulta indudable que una mejor, más desprejuiciada y fluida relación iría en beneficio de ambas partes. Al ejército le permitiría ampliar las capacidades de su personal. Para ello, claro, tendría que mejorar las condiciones y las perspectivas de futuro de los militares profesionales. La Universidad, por su parte, podría acceder a un campo de conocimiento, la ciencia militar, que normalmente ha despreciado la intelectualidad española, con resultados funestos, tanto en cuanto a la formación y el carácter de muchos militares como en cuanto a su rendimiento en lo que les compete. Ahí tiene Bono, creo, un reto más provechoso que jugar con medallas. SANTIAGO MACÍAS VICEPRESIDENTE Y FUNDADOR DE LA ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA EL PASADO 27 de junio el doctor en Derecho, Isidoro Álvarez, publicaba en estas mismas páginas una Tribuna bajo el título: La amnistía de la historia . Explicaba allí que las leyes promulgadas durante la transición habían resuelto los problemas de la sociedad española con el pasado de la guerra civil y de la dictadura franquista. Añadía el autor que esas leyes terminaron definitivamente con las discriminaciones y aludía a dos publicaciones acerca del «terror rojo»; además de indicar que la actual apertura de fosas comunes de republicanos era una forma de levantar el rencor. Pero a pesar de que el derecho debe guiarse por la concreción y por la ley, no se debe evitar una mirada más global sobre un tema de enorme trascendencia. Una vez terminada la guerra civil el régimen franquista detuvo a cientos de miles de españoles que habían participado en el llamado bando republicano. Todos fueron juzgados por tribunales cuya legitimidad no había surgido de un proceso de selección en democracia si no de la victoria en una guerra. Las sentencias de esos tribunales llevaron a ser fusiladas a 55.000 personas («Morir, matar, sobrevivir» Julián Casanova y otros. Ed Crítica) que pagaron por los delitos que supuestamente cometieron durante la guerra civil. Inmediatamente después del final de la contienda en 1939, se inició la llamada Causa General, encargada de averiguar quiénes y cuántas habían sido las personas muertas en la contienda sólo si habían luchado en el bando franquista o simpatizaban con los golpistas. La autoridades de la dictadura nombraron un fiscal especial que se dirigió a todos los ayuntamientos de España para solicitarles información acerca de quiénes había sido los muertos «por Dios y por España». Está escrito y todavía se puede comprobar si alguien visita una hemeroteca y lee un periódico de tirada nacional entre los años 1939 y 1942. No habrá día en una semana en el que no aparezca la noticia de la exhumación de una fosa con restos de «caídos y mártires» o un homenaje a los mismos. Esos trabajos se llevaron a cabo con el dinero de todos los españoles, especialmente con el de los que perdieron la guerra civil y que fueron juzgados por una Ley de Responsabilidades Políticas que en muchos casos hizo que les fueran incautados todos sus bienes. Por el contrario, los familiares de los muertos franquistas tuvieron facilidades para reconstruir sus vidas: becas para estudios, puntos en oposiciones, puestos en la administración, etcétera. La dictadura franquista, que había derrocado a un sistema gobernado por un presidente elegido democráticamente, agradecía así los servicios prestados. Pero los millones de españoles que habían decidido democráticamente, en febrero de 1936, que Manuel Azaña fuera su presidente tuvieron que renunciar a sus derechos, sin poder enterrar dignamente a sus muertos y sin que la historia les diera la oportunidad de disfrutar de las libertades que habían conquistado sin pegar un solo tiro el 14 de abril de 1931. Hoy, los restos mortales de aquel brillante presidente yacen en una pequeña localidad francesa donde murió poco antes de ser apresado por la Gestapo para ser entregado a Franco. Éste, mientras tanto, reposa en el Valle de los Caídos, monumento faraónico construido, para más escarnio, con la sangre y el sudor de cientos de republicanos. Pretender que con las leyes de amnistía de la transición los bandos quedan equiparados y «se acabaron las discriminaciones» como afirma Isidoro Álvarez es pretender perpetuar un agravio comparativo evidente. Los miles de familias que desde hace unos años se han puesto en marcha para buscar a sus seres queridos y darles una sepultura digna tienen todo el derecho del mundo a hacerlo. Nadie debe estar enterrado en una cuneta o en un monte independientemente de las ideas políticas que tenga. Y ese derecho fundamente no puede verse derogado por unas leyes de amnistía que en buena parte fueron elaboradas por autoridades del régimen franquista que pilotaron y tutelaron la transición. Ninguno de los franquistas que participó en violaciones de derechos humanos durante la guerra y la posterior dictadura se ha sentado jamás en un banquillo¿ y se trataba de delincuentes. Mientras, miles de republicanos fueron asesinados, encarcelados y enviados al exilio. Ninguna ley puede acabar con una discriminación de esa dimensión, porque las leyes no pueden cambiar el pasado. Lo que ahora piden los familiares de aquellos republicanos es dar una sepultura digna a sus muertos. Ninguna ley puede determinar que una persona enterrada en una cuneta está enterrada dignamente. Por eso lo que tiene que hacer una democracia madura, como cualquier persona responsable, es saldar sus deudas. Y luego, que cada uno opine lo que quiera y que lo pueda manifestar en una Tribuna igual de libre que ésta.
19/07/2004
 En primer lloc, voldria començar agraint-li a la Inma Mayol la seva presència aquí i la presentació. I m’agradaria fer-ho també per dos motius que són molt importants per mi. No sols en tant que dona d’esquerres, amb la qual em sento molt identificada, si no també perquè ella és la mostra més evident què la política no està vedada a la participació femenina, i que podem arribar –o al menys això vull creure- als mateixos llocs que l’home. Aprofitant la relació que facilita aquesta presentació entre la participació de la dona en la política actual –personificada per la Inma- i la participació de la dona en la política dels anys trenta –tema del que tracta el llibre- m’agradaria explicar-vos, perquè se’m va ocorre escriure Con voz y voto. Jo pertanyo a la primera generació que va començar la EGB amb la transició. Aquest fet hauria d’haver significat que 8 anys després, en plena democràcia, quan jo vaig començar el BUP, rebria unes classes d’història on m’explicarien des de l’arribada dels tartessos, fins a l’actualitat. Res no va ser així. Vam estudiar de tot (o gairebé) d’història mundial, una mica d’història antiga de la Península i, en arribar a la història de l’Espanya contemporània vam acabar amb la pèrdua de les colònies. I, des de el 98, ens vam retrobar de cop amb la participació d’Espanya a la Comunitat Econòmica Europea i la nefasta entrada a l’OTAN. La veritat és que, en aquell moment, si he de ser sincera, no vaig trobar a faltar cap període històric. De fet no em vaig assabentar dels anys que ens saltàvem i va ser, poc a poc que vaig adonar-me que va haver un període, entre 1900 i 1976 que no estava gaire llunyà en el temps i del què jo desconeixia tot el que havia passat en aquest país, perquè ningú no en parlava, però que, sense cap mena de dubte, havia afectat i molt tant a la generació de la meva avia, com a la generació dels meus pares i el fet que nosaltres no l’estudiéssim ni haguéssim gairebé sentit a parlar d’ell volia dir que també ens afectaria. Molt poc a poc, perquè a casa meva com a moltes altres cases, el tema de la guerra civil i la dictadura era gairebé tabú, vaig començar a comprendre per què a la meva família la presència femenina era molt més gran que la masculina i a què eren degudes aquestes absències i vaig començar a intuir per què no es parlava d’aquella època. A partir d’aquell moment, estava clar que els llibres eren l’única forma que jo tenia de començar a assabentar-me i em vaig posar a llegir, aprofitant que entràvem a un període, mitjans dels noranta, en que cada vegada es publicaven més llibres sobre la guerra civil, la dictadura i la segona república es van posar de moda més trad. I coincidint amb una època en la que jo tenia cada vegada més inquietuds polítiques i per tant històriques. I així vaig adonar-me que, casualment, tot el que llegia estava escrit per homes que ens donaven una versió de la història en la que podia semblar que ells eren els únics que havien participat. Però, poc a poc, i de forma aïllada, anaven apareixent dones que militaven en aquest o aquell partit polític, que feien una o una altre reivindicació, o que creaven una associació, i van ser aquests noms els que em van servir a mi per començar a buscar directament el seu testimoni. Ja que, el que jo tenia clar és que alguna explicació i havia d’haver a la qual jo no arribava que m’aclarís per què alguna de les dones de la meva família havia estat empresonada o havia anat voluntària als hospitals del front de Madrid durant la guerra civil. Si les dones, segons semblava, gairebé no participaven en res en aquells anys, què sentit tenia que rebessin la mateixa repressió que els homes i actuessin als mateixos llocs? I així vaig veure que les dones en els anys trenta no només existien sinó que, i això ho vaig comprendre a mesura que llegia, vam tenir una participació molt més gran o més representativa fins i tot que la tenim avui, que encara estem demanant en molts sectors que ens tractin d’iguals. Era evident que faltava informació, i molta, sobre la participació de la dona no sols en la seva intervenció a la guerra civil, si no també en la construcció de la societat republicana. I trenta anys de transició era temps suficient per a poder parlar, avui diríem sense acritud, no només de la dictadura, sinó també de la guerra civil i la república i de reivindicar el paper d’aquestes dones, gairebé silenciades des de les hores. I pel que a mi em sembla molt més modernes que moltes d’ara. Vaig creure que havia arribat el moment que les dones que havien participat en aquells esdeveniments parlessin i els hi poguéssim reconèixer la seva lluita i els seus mèrits. I parlo de mèrits, perquè meritòria i molt va ser la participació de la dona en la formació de la construcció de l’Espanya moderna de la Segona República fonamentalment a un sector tradicionalment reservat als homes com és la política i gràcies a aquesta participació vam gaudir, no només del sufragi universal, sinó també, d’una legislació laboral igualitària, un dret a l’educació de nens i nenes, o una llei del divorci, entre d’altres millores. Una construcció d’Espanya en la que la dona es va sentir molt implicada perquè era la primera vegada que era tractada com a igual: No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, el sexo, la filiación, la clase social, la riqueza, las ideas políticas, ni las creencias religiosas Leeremos ya en la Constitución española del 31 Y en esta Constitución, y en muchas otras reformas, participaron mujeres tan conocidas internacionalmente, y con tanto peso político en aquel entonces como Victoria Kent, Margarita Nelken, Dolores Ibárruri, Federica Montseny o Clara Campoamor y, a pesar de ello, en España prácticamente no hemos oído hablar de su labor. Y tan sorprendente, por abundante, me resultó la implicación de la mujer en la sociedad española, dentro de asociaciones, partidos, sindicatos, agrupaciones... que no pude más que seguir sorprendiéndome cuando en la biografía de Irene Falcón, leí: En los estudios sobre la guerra se ha subestimado, en general, el papel de las mujeres. No se ha destacado el hecho de que las propias circunstancias hicieron que ocuparan puestos de responsabilidad en todas partes. En los frentes menos, porque aunque en principio sí hubo una avalancha de mujeres a la lucha, después se incorporaron a otros trabajos. De hecho, añade Irene, «en todos los aspectos de la vida económica del país, los puestos importantes, decisivos, los ocuparon mujeres. Las organizaciones sindicales y los partidos políticos acabaron siendo dirigidos localmente por mujeres. A pesar de ello, una vez finalizada la guerra civil, el ejército sublevado consigue que la misma mujer sea la encargada de obligar a otras mujeres a ser “el ángel del hogar”, situación contra la que tanto se había luchado, y la obligan a reducir su participación en la sociedad casi única y exclusivamente al ámbito familiar y al eclesiástico, cuando no deciden que aquellas que no piensen como ellas deben ingresar en prisión. Y pasamos en menos de diez años de una afirmación rotunda hecha por Clara Campoamor que dice: El siglo XX será, no lo dudéis, el de la emancipación femenina... Es imposible imaginar una mujer de los tiempos modernos que, como principio básico de individualidad, no aspire a la libertad. a otra no menos contundente de Pilar Primo de Rivera en la que leemos Las mujeres nunca descubren nada: les falta, desde luego, el talante creador, reservado por Dios para inteligencias varoniles, nosotras no podemos hacer nada más que interpretar mejor o peor lo que los hombres han hecho. Y este cambio radical, que en el caso de la última cita se repitió hasta la saciedad a lo largo de cuarenta años, en el que se pasí de tener casi todo o poder pedir y reivindicar aquello que no se tenía, a no tener nada fue el que me ayudó a delimitar los años en los que centraría el libro: desde 1931, la instauración de la Segunda República, y la aplicación de legislación que competía y beneficiaba directamente a la mujer, hasta los primeros años de dictadura franquista, también con legislación específica dedicada a la mujer. Todo ello interrumpido por un conflicto bélico, la guerra civil, en el que las mujeres, en este caso sólo las de iquierda, se implicaron en el frente y en otras tareas en la defensa de la constitucionalidad vigente igual que el hombre mientras pudieron. Y, aunque toda la sociedad española sufrió las transformaciones en esos años, hice protagonista del libro a la mujer por cuatro motivos: - no sólo porque había sido la que menos atención había recibido en los estudios históricos hasta el momento, - sino porque era el sector que más afectado resultó con la entrada de la república y con la dictadura, - porque se habían involucrado de forma muy clara en la política con el claro convencimiento de que era la única herramienta válida de mejorar la sociedad en que vivían - y, en último lugar, porque tradicionalmente en España su papel no ha sido valorado. Y ella es, ellas para ser más exactos, las que nos cuentan estos quince años en el libro y nos explican aquellos aspectos en los que están más claramente involucradas, cómo los viven, cómo inician sus primeras reivindicaciones, cómo defienden y luchan por la libertad y a favor de la democracia constitucional, cómo participan en el frente, y cómo, ante la sorpresa de la derrota, reciben los primeros castigos tras perder una guerra en la que se impone el ejército franquista o cómo se ven obligadas a exiliarse responsabilizándose, en la mayoría de casos no sólo de su propia supervivencia, sino también de la de sus hijos, padres o hermanos. Sin embargo, antes de acabar, me gustaría aclarar que no es un libro en el que se quiere mostrar cómo escribir la historia sin la ayuda de los hombres, sino de cómo se puede aspirar a construir una sociedad con la participación de todos sus miembros, independientemente del sexo al que pertenezcan y de cómo los sueños de igualdad pueden verse truncados si la cultura de un país no insiste en el respeto a las distintas ideolgías. Y en el que, precisamente por eso, todas las tendencias ideológicas están reflejadas, porque todas formaban parte de la sociedad española (independientemente de que yo me sienta más o menos identificada con ellas), aunque algunas tuvieran que imponer la fuerza de las armas para lograrlo durante cuarenta años y, a pesar de que, en el caso de las franquistas, sólo aceptaron reivindicar la igualdad de la mujer cuando tuvieron que imponer penas de muerte o de cárcel. Es un libro con el que he querido reconocerle a cada mujer el papel que tuvo, dejar que hablen voces que llevan años calladas, voces que sufrieron no sólo una guerra sino la injusticia de una dictadura que duró cuarenta años, voces que se soprenden de que occidente las deje solas, voces que tuvieron que callar porque las amenazas duraron prácticamente hasta 1976, voces que un día escribieron un diario o unas memorias de sus vivencias y que han permanecido, en el mejor de los casos, en un estante de biblioteca y en el peor ni siquiera nos queda un ejemplar de muestra. En definitiva, un libro a través del cual he querido hacer un homenaje que permita reconocer y valorar a casi un centenar de mujeres, aunque la realidad nos demuestra que son sólo unas pocas voces las que reflejan los pensamientos, las vivencias y los sufrimientos de miles de ellas. Con voz y voto es, en definitiva, un trabajo escrito desde el presente para entender el pasado, porque sin él dificilmente podremos construir un futuro libre. Es un libro en el que he querido devolverles la voz y el voto que les han negado durante más de cuarenta años a muchas mujeres que vivieron no sólo la alegría de la España republicana, sino también el drama de la guerra civil y la tremenda represión del franquismo. Y ya, para acabar, me gustaría darle las gracias a Silvia Querini que ha confiado en mí y me ha dado la oportunidad de escribir sobre un tema con el que tenía una deuda pendiente y creo que he conseguido saldar. Muchas gracias  Al amanecer de un día cualquiera de 1945 un padre despertó a sus chicos para que fuesen testigos del mayor crimen de la humanidad: una matanza de hombres. "Mañana hay que levantarse pronto porque vamos a ver pasar camiones con hombres que llevan a fusilar", les había advertido el padre antes de irse a dormir horas antes, en una casa humilde de Pueblo Nuevo, a pocas manzanas de lo que hoy es, imponente y lujosa, la sede del Fórum Universal de las Culturas. Efectivamente, al alba pasaron camiones sin toldos con hombres silenciosos que eran llevados hasta las tapias del Campo de la Bota para ser tiroteados. En apenas siete años, 3.000 fusilados en aquella tapia, un terrible lugar en el que hoy hunde sus cimientos el edificio principal del Fórum. La voz de uno de los niños que vio aquella criminal amanecida retumbó ayer, grave y serena, en el Parlamento de las Religiones, a las 11.30 horas, al inicio de una mesa redonda organizada por Cristianos por el Socialismo con el título La historia leída desde abajo y el fatalismo de la pobreza desde la perspectiva de la fe. Jaume Botey tiene ahora 65 años y vivió en una de las barracas del Campo de la Bota entre 1967 a 1969, junto a su hermano Francesc, uno de los cientos de sacerdotes que dieron con sus huesos en la cárcel que el general Franco habilitó en Zamora para los curas, cuando la Iglesia romana empezó por fin a dar la espalda al sangriento dictador. "Además de barracas, suburbio y marginación, el nombre de Campo de la Bota evoca ese otro recuerdo más siniestro: de 1939 [fecha de la caída de Barcelona en poder del ejército faccioso] hasta 1947 fue campo de fusilamiento de los opositores al franquismo", relató Jaume Botey ante una audiencia multirreligiosa sobrecogida, en su mayoría cristianos de todas las iglesias, budistas, musulmanes, judíos, brahma kumaris o teólogos y teólogas de la liberación. Botey, coordinador ahora de Cristianos por el Socialismo en Barcelona, abrió la mesa redonda con ese recuerdo, que presentó como "consideraciones previas". Dijo: "El lugar en el que estamos fue, hasta hace sólo unos 20 años, un suburbio de barracas llamado Campo de la Bota". Y después, "el homenaje necesario" a los 3.000 hombres fusilados allí, algunos de los cuales vio Botey aquella mañana desde la ventana, de niño, su terrible memoria, el primer recuerdo que tiene. "Comunistas, anarquistas, cristianos o independientes fieles a las ideas republicanas. El baile de sangre duró hasta 1951 y el lugar del fusilamiento fue exactamente donde ahora estamos. Os recuerdo, pues, que la tierra que pisamos es sagrada. Estamos en un lugar sagrado, regado con la sangre inocente de aquellos mártires que nunca serán canonizados porque fueron ejecutados en el nombre de Dios y de la Iglesia. Ni el Fórum ni las bambalinas y oropeles que lo rodean deberían nunca olvidar que todo esto se levanta incluso físicamente sobre el sufrimiento inocente", remachó. El silencio de Dios. Botey planteó además una pregunta que considera "fundamental" a comienzos del siglo XXI: "Ante este inmenso Campo de la Bota de inmigrados, hambrientos y enfermos en que el sistema ha convertido al mundo, ¿de qué Dios estamos hablando?, ¿de qué sirve hablar de Dios?, ¿dónde estaba Dios mientras aquí se fusilaba en el nombre de Dios?". Sobre parecidos asuntos -la historia leída desde los que sufren injusticia y violencia- también hablaron en la mesa redonda Teresa Jiménez Villarejo, que actuó de moderadora; el sacerdote chileno Diego Irarrázabal, presidente de la Asociación Ecuménica de Teólogos y Teólogas del Tercer Mundo; el líder musulmán de origen egipcio Tariq Ramadán, y la laica nicaragüense Michele Nijlis. http://www.derechos.org/nizkor/espana/doc/crist.html  En estos últimos años, todo el mundo ha oído hablar en España de algo llamado "Recuperación de la Memoria Histórica". La mayor parte sabe que se trata de algo que hace referencia a la guerra civil y a la represión franquista, pero todo son ideas vagas. Desde los medios de comunicación se dan noticias sobre actividades y opiniones sesgadas de especialistas en diversas materias que dan una imagen distorsionada del tema. Casi todo se está viendo reducido a reivindicaciones nostálgicas y privadas de familiares y protagonistas de una época que no sólo se ha pretendido olvidar, sino que, en la actualidad, se trata de mostrar como algo histórico que nada tiene que ver con nuestro presente. El intento de igualar a los muertos de ambas zonas, sin profundizar en las causas del conflicto, la situación política nacional e internacional, los principios y valores defendidos por unos y otros, etc., tan sólo sirve para arrojar más oscuridad sobre el asunto y, en vez de explicar, se confunde, todavía más, a la sociedad española. En lo cultural, los estudios rigurosos se entremezclan con libros redactados de forma oportunista y acercamientos científicos, inconexos y aislados de la sociedad civil, nos llevan a un tratamiento del tema que transforma la Memoria Histórica en objeto de museo alejado de la realidad social actual. La Recuperación de la Memoria Histórica se ha transformado, en nuestra sociedad, para unos, en una reivindicación privada, para otros, en un gran negocio de venta de libros, un instrumento para dar satisfacción a una curiosidad científica e, incluso, en una forma de obtener votos. Y a las pruebas debemos remitirnos viendo cómo el acuerdo parlamentario del 20 de noviembre de 2002 respecto a la Memoria Histórica no se ha sustanciado, salvo excepciones puntuales y localizadas territorialmente, en ninguna medida concreta, ni el homenaje a las víctimas del franquismo, realizado por todos los grupos de la oposición el 1 de diciembre de 2003, ha servido para que la situación se aclare. Y no es que pensemos que la Recuperación de la Memoria Histórica no debe tener un uso instrumental, sino que se hace necesario realizar un acercamiento al tema desde un punto de vista ideológico capaz de romper con la dinámica en la que ese uso instrumental se ha anclado en los valores individualistas y de mercado que el neoliberalismo ideológico propugna. Vamos a hablar, pues, de lo que es la Memoria Histórica y de su instrumentalización para fortalecer la democracia, como elemento de lucha contra la impunidad, como arma para la defensa de los derechos humanos y como elemento ideológico de construcción y vertebración de la sociedad. El concepto de Memoria Histórica Hay una frase que, equivocadamente, pretende resumir todo el contenido y el concepto de Memoria Histórica. Nos referimos a "el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla". Para que evoque realmente lo que es la Memoria Histórica, deberíamos matizarla añadiendo que "el pueblo que no conoce su historia no comprende su presente y, por lo tanto, no lo domina, por lo que son otros los que lo hacen por él". Ese dominio se manifiesta en lo ideológico-cultural, en lo económico y en lo político. El desconocimiento provoca falta de comprensión sobre los procesos históricos que han dado como resultado nuestro presente, generando un profundo déficit democrático que se sustancia día a día en una sociedad despolitizada y poco participativa. Vivimos una democracia de bajo nivel y una de las causas es que está asentada sobre el olvido. Estamos construyendo nuestra historia como pueblo no con nuestro guión, sino con el de los que promovieron (y promueven) el olvido. No somos, realmente, dueños de nuestro presente, porque sólo conocemos nuestro pasado vagamente. Si quisiéramos resumir el concepto "Recuperación de la Memoria Histórica", en breves palabras, podríamos decir que es un movimiento socio-cultural, nacido en el seno de la sociedad civil, para divulgar, de forma rigurosa, la historia de la lucha contra el franquismo y sus protagonistas, con el objetivo de que se haga justicia y recuperar referentes para luchar por los derechos humanos, la libertad y la justicia social. Y cuando hablamos de justicia, hablamos de reconocimiento y reparación, en ningún caso de actitudes revanchistas. Hay que hacer esta puntualización porque, en muchas ocasiones, se ha querido tildar a este movimiento de revanchista y no es lo mismo buscar la justicia y la verdad que la revancha. Además hay una necesidad de establecer la verdad histórica y, hasta ahora, tan sólo el bando vencedor de la guerra civil tuvo acceso a los medios de difusión y el apoyo institucional necesario para acometer esta tarea. El franquismo tuvo su "comisión de la verdad" con la instrucción de la "Causa General", nada más terminar la guerra civil, y aún no se ha dado a la otra parte la posibilidad de llegar a conocer y divulgar la verdadera naturaleza y magnitud de la represión que se ejerció sobre los defensores de la legalidad republicana y, ni mucho menos, acceder a la justicia. Sin embargo, esta definición tampoco profundiza demasiado en la cuestión. Se hace necesaria una mayor disección del asunto para que el lector pueda adentrarse en el tema y comprenderlo. En un primer acercamiento, descubrimos que la memoria debe ser tratada desde todos los aspectos posibles. En ese primer acercamiento, distinguimos que confluyen aspectos humanos, aspectos culturales y aspectos políticos claramente perceptibles. Los aspectos humanos Son los seres humanos los que construyen la historia (de forma consciente o inconsciente) y son los que se ven afectados por la misma. Cuando hablamos de la guerra civil y la dictadura franquista estamos hablando de personas que fueron asesinadas, perseguidas, encarceladas, humilladas... Ha pasado demasiado tiempo, disfrutamos de un régimen de libertades imperfecto -pero régimen de libertades al fin y al cabo- desde hace veintiséis años y, sin embargo, estas personas no han sido atendidas debidamente. Han sufrido, tras la represión, el silencio y la falta de reconocimiento, si cabe tan (o más) doloroso que la anterior. La atención a las personas debe estar en la primera página de cuestiones a resolver. El homenaje, la localización y recuperación de los restos de personas asesinadas, la explicación de la verdad a los familiares, la atención psicológica, el reconocimiento social e institucional y la justicia reparadora, tanto en lo moral como en lo material, son tareas que forman parte de la Recuperación de la Memoria Histórica. El miedo sigue siendo dueño de muchas de estas personas, en especial en medios rurales, un profundo miedo que lleva a la negación de la verdad. Hemos encontrado casos de militantes asesinados, con documentación probatoria de su militancia, de su actividad política en defensa de la legalidad republicana y, en un alto porcentaje de ocasiones, nos hemos encontrado con la negación de los hechos por parte de los familiares. Hemos constatado que existe un miedo planificado por el franquismo para derrotar cultural y psicológicamente a todo el pueblo español. Cuando las familias niegan, se avergüenzan, intentan despolitizar la cuestión... ¿no nos estamos encontrando ante la victoria ideológica del franquismo? La atención a colectivos de supervivientes (presos políticos, exguerrilleros, exmilitares leales, exiliados...) es otra de las cuestiones de las que se ocupa la Recuperación de la Memoria Histórica. ¿Cómo puede una sociedad defender la libertad y la democracia si a los que lo hicieron en otro tiempo se les castiga con la amargura del silencio y con la vergüenza? La Recuperación de la Memoria Histórica, al atender estos aspectos, entra de lleno en la recuperación de la dignidad de todas estas personas y, por tanto, en la recuperación de nuestra dignidad como pueblo. Sin embargo, la atención exclusiva a los aspectos humanos no nos da la verdadera dimensión de la Recuperación de la Memoria Histórica. Si no avanzamos más, nos quedamos en una primera fase que sólo atiende reivindicaciones individuales o de colectivos aislados. Sin tratamiento desde el punto de vista cultural aún no estamos hablando de Memoria Histórica, sino de memoria privada y de cuestiones exclusivamente humanitarias. La vertiente cultural Respecto a los aspectos culturales, en un primer estadio, se encuentra la investigación histórica y científica, no como elementos aislados, sino como instrumentos interrelacionados con los demás aspectos. El derecho a saber la verdad tanto por las familias como por la sociedad española no podría satisfacerse sin el conocimiento riguroso de los hechos. La labor de los historiadores, archiveros, documentalistas, arqueólogos, antropólogos, sociólogos, etc. se transforma en herramienta para conocer la verdad. En un segundo estadio, se encontrarían los medios de divulgación: los libros y publicaciones, los documentales, las exposiciones, los seminarios, charlas y debates para dar a conocer los hechos. Y, por último, en un tercer estadio, la creación artística: la novela, la película, la obra de teatro, la poesía, la pintura, la escultura, etc. Sumando los aspectos humanos y los culturales, empezamos a tener parte del rompecabezas de la Memoria Histórica. El problema comienza cuando la investigación histórica determina que el tema tratado es, también, profundamente político. Hablamos de una lucha profundamente ideológica, de persecuciones políticas, de asesinatos -en su mayor parte- políticos, de presos antifascistas, de guerrillas antifranquistas, etc., etc., etc. La dimensión política Quizás la parte más compleja y la que más escollos ha encontrado hasta ahora sea el tratamiento de los aspectos políticos de la Memoria. Para abordarlos adecuadamente, los hemos divido en institucionales, jurídicos, ideológicos y sociales. La implicación institucional es clara. Sin ella, ha sido prácticamente imposible realizar ninguna labor de Recuperación de la Memoria Histórica. Sólo desde las instituciones se puede legislar y librar los recursos necesarios para acometer la tarea. La eliminación de los símbolos y callejeros franquistas, la inclusión en los libros de texto de lo que supuso la larga lucha por las libertades en nuestro país y arbitrar medidas de reconocimiento institucional y justicia reparadora en lo económico sólo puede hacerse desde las instituciones. La deslegitimación de la dictadura franquista sólo podrá verse realizada totalmente cuando se sustancie en la legislación adecuada. Adentrándonos en lo jurídico, comenzamos a hablar, de forma inmediata, de "Derechos Humanos" y "Lucha contra la Impunidad". Son los tribunales de justicia los que deben investigar los asesinatos, aplicando la legislación y convenios internacionales que el Estado español ha asumido como suyos. En lo ideológico, entendemos que, mientras que el franquismo acabó con un régimen democrático de libertades y derechos, sus víctimas eran defensoras de ese régimen. Eso sin entrar en los distintos matices ideológicos de las víctimas, que formaría parte de la memoria de sus correligionarios actuales. Hablamos claramente de socialistas, comunistas, anarquistas, republicanos, nacionalistas periféricos, sindicalistas, incluso de conservadores de fuertes convicciones democráticas (que los hubo y fueron asesinados por oponerse al golpe de estado), etc., todos ellos de ideas contrarias a las fuerzas alzadas militarmente contra la II República. Hablamos, también, del uso de banderas propias de las víctimas, defensores de la libertad, la justicia social y la legalidad republicana; de la necesidad de rituales de memoria propios, vinculados a lo político-social, dando cabida a lo privado, pero compatibilizándolo con lo público y dando prioridad a esto último, toda vez que estamos hablando de víctimas por causas sociales y políticas. Estas personas fueron perseguidas, humilladas, encarceladas o asesinadas no por el hecho de ser padres, abuelos, hermanos, maridos, sino por su condición política y social, por sus prácticas políticas y sociales. Si esto no se tiene en cuenta, el franquismo habrá triunfado plenamente en lo ideológico al enterrarse a sus víctimas no de la forma que ellas hubieran deseado, sino con los rituales propios de sus verdugos. Se trataría de la destrucción del franquismo ideológico que todavía subyace en nuestra sociedad. En lo social, hablamos de fortalecer los valores democráticos, de libertad, de justicia social, de articulación y vertebración de la sociedad civil alrededor de estas actividades. Se trataría de dar cohesión al pueblo español usando como crisol la exaltación de esos valores. La suma de todos los elementos La suma de todos estos elementos, en los que hay que seguir profundizando, da como resultado el que la Memoria Histórica sea algo más que la búsqueda de un familiar desaparecido, el logro de una pensión para un expreso político, la publicación de un libro, la excavación arqueológica de una fosa común. Sólo la suma de todos estos elementos nos da su verdadera dimensión. Cada aspecto individualizado y separado del resto no podemos considerarlo Recuperación de la Memoria Histórica. La búsqueda de un familiar desaparecido con el objetivo de llevar los restos al cementerio, sin tener en cuenta las causas de la desaparición, las implicaciones ideológicas, la investigación histórica rigurosa, la judicialización de la investigación, la participación institucional y el homenaje con rituales que respeten los pensamientos del muerto, se transforma en memoria privada. La excavación arqueológica de una fosa común, los estudios antropológicos, por muy rigurosos que sean, si no van acompañados del resto de elementos humanos, jurídicos, institucionales, ideológicos y sociales se transformarán en simples investigaciones científicas, pero poco más. Solamente cuando se tengan en cuenta todos los aspectos relacionados, en todos y cada uno de los casos, estaremos hablando de verdadera Recuperación de la Memoria Histórica. Es la suma de todos los elementos la que nos da algo más que el todo y ese algo más es la Memoria Histórica. ---------- José Mª Pedreño es presidente del Foro por la Memoria. Este artículo fue publicado en el n° 12 (especial sobre derechos humanos) de la edición impresa de la revista Pueblos, verano de 2004, pp. 10-12.
14/07/2004
 El director de cine Basilio Martín Patino afirmó ayer en Bilbao, donde asistió al curso 'Documental y memoria', que «el documental ha pasado a la historia, ya que todo es inventado». Autor de películas como 'Nueve cartas a Berta' y 'Canciones para después de una guerra', explicó durante el coloquio previo a la proyección del documental 'Madrid' que su «motor» para dirigir ha sido siempre «una necesidad de utilizar el cine para enterarme yo mismo de qué pasaba, para conocer el mundo mejor y reflexionar sobre el entorno». En la misma línea, el realizador recalcó que nunca ha necesitado «hacer cine para los demás, en el sentido de utilizarlo de una forma didáctica». Según admitió, los miembros de su generación se encontraban «totalmente desolados ante una realidad que no nos gustaba», refiriéndose a la dictadura franquista, y «teníamos que liberarnos de cómo nos habían hecho». La situación de represión vivida entonces es lo que le llevó a hacer su primera película, 'Nueve cartas a Berta'. Un desarrollo inmobiliario, detrás de la intención de exhumar los restos del poetaGranada. En el ancestral paraje árabe de la Fuente de las Lágrimas revive el fantasma del mayor poeta de estas tierras, Federico García Lorca, junto con el llanto casi inaudible de casi 5 mil víctimas de los fusilamientos del golpe franquista de julio y agosto de 1936, cuyos restos, como los del autor de Bodas de sangre, se encuentran esparcidos en fosas comunes entre los pueblos de Alfacar y Viznar. "Mi corazón reposa junto a la fuente fría", escribió premonitoriamente en su primera obra lírica, Libro de poemas, pero hoy vuelve a palpitar por razones más patéticas que poéticas. Desde el año pasado, la polémica por exhumar los restos del creador de Yerma se han convertido en el motivo de una soterrada pugna entre sus familiares, las autoridades andaluzas y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). La razón es la solicitud de desenterrar los restos de García Lorca, junto con los de las otras tres víctimas fusiladas con él entre el 18 y 19 de agosto de hace 68 años: el maestro nacional Dióscoro Galindo González y los banderilleros anarquistas Joaquín Arcollas Cabezas y Francisco Galadí Melgar. Los sobrinos del dramaturgo, con Laura García Lorca a la cabeza, han expresado de distintas maneras su oposición a "remover los huesos" porque, argumentan, es un pretexto para permitir el negocio de la especulación inmobiliaria en esa zona donde se han construido lujosos chalés y casas de campo. "Eso sería desvirtuar la memoria", expresaron en un comunicado los hermanos Vicenta, Concepción y Manuel Fernández García, y Gloria, Isabel y Laura García Lorca. "Estamos convencidos -subrayaron desde septiembre del año pasado-, y en ello basamos nuestras opiniones, que las circunstancias de la muerte de Federico García Lorca, por lo que se refiere a la constatación de la memoria histórica, son lo suficientemente conocidas para que en su caso particular no haya que remover los huesos." No opinan lo mismo los familiares de Dióscoro Galindo y Francisco Galadí. Ellos han acudido a la ARMH y a las autoridades de Andalucía para permitir que se exhumen los cadáveres. El falso debate ha generado una aparente oposición entre ambas descendencias. Sin embargo, Francisco Galadí declaró a la prensa local: "El que mi abuelo comparta fosa con García Lorca es sin duda la razón por la que hemos podido encontrarlo, y por eso celebro la casualidad, pero no tengo ningún interés especial en que se exhumen los restos del poeta. Sólo quiero dar a mi abuelo una digna sepultura". El pasado 25 de junio, el escritor Benjamín Prado exhortaba así en un artículo de El País a los sobrinos del autor de Poeta en Nueva York: "Por favor, liberen a Federico, arrebátenlo a esta tierra sin nombre con que lo cubrieron sus verdugos; incluso, vuélvanlo a enterrar en el mismo sitio, si quieren, pero bajo una pequeña lápida con su nombre, donde todos podamos honrarlo". Para Carmen Morente, catedrática y escritora de Granada, no se requiere exhumar el cadáver para honrar siempre a quien presagiara la brutal represión golpista en sus versos del Romance de la Guardia Civil Española: "¡Oh, ciudad de los gitanos!/ La Guardia Civil se aleja/ por un túnel de silencio/ mientras las llamas te cercan./ ¡Oh, ciudad de los gitanos!/ ¿Quién te vio y no te recuerda?/ Que te busquen en mi frente./ Juego de luna y arena." "Se trata de que una vez que desentierren al gran poeta, la figura más renombrada, se pueda extender el negocio inmobiliario -subraya Morente-. ¿Por qué no hacerlo también con las más de 3 mil osamentas de tantas víctimas anónimas que yacen bajo el mismo paraje?" Las autoridades de Andalucía han prometido financiar la apertura de las fosas de la Guerra Civil. Ante la resistencia de los familiares de García Lorca, la Junta de Andalucía decidió declarar "bien de interés cultural" los lugares lorquianos para que se conserve el recuerdo de la tragedia del poeta y de otras víctimas. Sin embargo, nadie puede garantizar que la zona de la Fuente de las Lágrimas no sea devorada por la ambición inmobiliaria, cual si de una venganza del alma avariciosa de Bernarda Alba se tratara. Muerte en GranadaGarcía Lorca ha despertado no sólo las pasiones artísticas sino también las históricas y las políticas de una nación que mantiene abiertas las cicatrices dejadas por el genocidio que llevó al poder al Generalísimo o Funeralísimo Francisco Franco. Ian Gibson, meticuloso historiador lorquiano, documenta en su libro El asesinato de García Lorca, que inspiró la película Muerte en Granada, que durante décadas el franquismo atribuyó un supuesto carácter "apolítico" al poeta y pretendió difundir la versión de que su asesinato fue producto de un "crimen pasional" entre homosexuales, valiéndose de la teoría de Schonberg, seudónimo del barón L. Stinglhamber, que en 1956 escribió en Le Figaro la tesis de que el autor granadino había sido víctima de una secreta rivalidad homosexual entre el pintor Gabriel Morillo y Luis Rosales. "El hecho es que Lorca sí era republicano; que era explícita y públicamente antifascista; que rechazó la España tradicionalista y católica, la España imperial de Fernando e Isabel y sus sucesores, tan añorada entonces por mucha gente de derechas; que deploró, otra vez en público, la represión política llevada a cabo durante el 'trienio negro' de 1933 a 1936; que apoyó públicamente la campaña electoral del Frente Popular en 1936, y valoró su triunfo como la 'reconquista de la República'", escribió Gibson al inicio de su obra. La investigación de Gibson también documenta las ácidas críticas de García Lorca a la burguesía granadina, días antes de su fusilamiento. El 10 de junio de 1936, antes de partir hacia Granada, el poeta declaró al rotativo madrileño El Sol que la caída de esta ciudad en manos de Isabel y Fernando en 1492 "fue un momento malísimo, aunque digan lo contrario en las escuelas. Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza única en el mundo, para dar paso a una ciudad pobre y acobardada; a una 'tierra de chavico' donde se agita actualmente la peor burguesía de España". Estas opiniones nunca se las perdonó, ni entonces ni ahora, la "peor burguesía de España", la misma que vuelve a mirar con desconfianza al moro y menosprecia a "los rojos" de aquellos tiempos. La Granada profunda a la que inmortalizó García Lorca, "la de los perseguidos, el gitano, el negro, el judío, el morisco que todos llevamos dentro", no reclama la exhumación de su cadáver, sino el respeto a su memoria, al paraje de la Fuente de las Lágrimas donde están sus restos que tanto perjudican a los fraccionadores de la historia. JENARO VILLAMIL http://www.jornada.unam.mx/2004/jul04/040710/044n1con.php?origen=index.html&fly=1
13/07/2004
 Ya han celebrado el sesenta aniversario del desembarco de Normandía y ya ha vuelto el pensamiento neoliberal a recordarnos que aquel día de junio Norteamérica liberó por segunda vez a Europa, en esta ocasión del nazismo y del comunismo. La Historia es un juez venal; si no no se entendería que la escriban los herederos intelectuales de los canallas que mediados los años treinta veían en Musolini al hombre de moda y se sentían íntimamente seguros y regocijados con Hitler en el poder y un grupo de militares asfixiando la legalidad republicana en España. Los fascistas no surgieron por generación espontánea. Como señaló un autor que tuvo que soportarlos, detrás de cada nazi había un liberal asustado. Y ahora, son esos mismos liberales los que pretenden que olvidemos para llevar el agua al molino de sus nuevos temores. No me importaría especialmente quién tiene el poder para escribir la historia si no fuera porque su versión expulsa a las tinieblas el sacrificio de miles de europeos que no desmerecieron en noblez frente a los manidos muchachos de Dakota, Indiana y Oklahoma. Este país, que no fue liberado en Normandía y que doce años después del desembarco vio pasearse la rubicunda sonrisa de Eisenhower por las calles de un Madrid atribulado y ceniciento al lado de un dictador sanguinario, este país, digo, vivirá en la paradoja mientras no cancele adecuadamente su historia. No se entiende que Soldados de Salamina fuera el libro más vendido hace unos años y que, sin embargo, su verdad más íntima haya calado tan poco. Y eso que Miralles, el personaje de Cercas, aún tendría un 'pero' a los ojos de los republicanos que simboliza. Mariano Constante, un crío de veinte años en aquella época turbulenta, lo ha narrado: cuando Francia, en 1939, ofrece a los refugiados españoles la posibilidad de enrolarse en la Legión Extranjera, en el campo de Argeles se celebraron asambleas y, respetando la decisión de cada uno, se impuso como criterio mayoritario declinar la oferta del gobierno galo porque como excombatientes del Ejército Popular de la República, los españoles no podían aceptar la condición de mercenarios y luchar por un sueldo. Se integraron masivamente en los Batallones de Trabajadores Internacionales y fueron trasladados al norte para intervenir en la construcción de la Línea Maginot. La derrota aliada y la impetuosa irrupción de las columnas blindadas nazis obligaron a aquellos veteranos de Guadalajara y del Ebro a tomar nuevamente las armas y hoy es verdad cada vez más aceptada que su experiencia aportó una providencial serenidad en la debacle general. Algunos, los menos, fueron repatriados con los ingleses en Dunquerque y tiempo después darían con sus huesos en un maladado desembarco en Noruega cubriendo, otra vez, la retirada. Otros escaparon al interior de Francia y destacaron en la organización de la Resistencia. Pero un nutrido grupo cayó prisionero y hubo de protagonizar la, quizás, más terrible historia que cupo en suerte a los españoles en el siglo XX. Internados en Mauthausen, los roter spanien debían ser exterminados en lo que se conoció como Operación Noche y Niebla. Trabajando y muriendo en la cantera, sin estatuto político ni gobierno que los reconociera, solo los judíos, y más tarde los rusos, fueron objeto de peor trato que ellos. Y, empero, aquellos jóvenes, a los que al contrario que a los americanos la vida les negaba el derecho a encarar la muerte con un semblante de alegre confianza, no se rindieron. Condenados al peor infierno creado por el hombre, al poco de llegar ya organizaban el primer acto de protesta colectivo y ante el estupor de sus guardianes impusieron, en cerrada formación, un minuto de silencio por la muerte del primer caído. Boix, el fotógrafo de eterna sonrisa adolescente que rayó a la altura de Capa, estuvo allí. Él fue el único español en Nüremberg y ni su menguada figura atormentada por dos guerras, ni su nervioso francés apresurado, son capaces de mermar la dignidad de su porte alzándose en el banquillo para señalar a los verdugos. Pero no fue el único. Los españoles organizaron la resistencia clandestina y lo que llamaron Aparato Militar Internacional, el AMI, que operó bajo el mando de un jacetano formado en la Academia Militar de Zaragoza, el comandante Malle Julvez. En este país no se conoce suficientemente un dato: Mathausen no fue liberado. Cuando el coronel Seybl, el oficial americano que comandaba la columna, llegó al campo de exterminio, se topó con las imágenes pavorosas que esperaba encontrar, pero halló también a unos hombres famélicos, semidesnudos, de mirada febril y con el cráneo acribillado de mataduras, desplegados a lo largo del Danubio en escalonamiento defensivo y a uno de ellos que con una solemnidad entre trágica y patibularia, le hacía formal entrega del campo y de un tesoro: un recio puente tendido sobre el río que permitía el paso de los blindados. Toda la noche anterior, el AMI, precariamente armado, había defendido aquel puente repeliendo a los S.S. que intentaban su voladura. Constante, con cierta perplejidad, insiste en el empeño de Malle por preservar el puente. Confieso que a mí también me inquietaba esa fijación obsesiva, pero creo hallarle una explicación desoladamente humana. Malle Júlvez era un hombre de la 43 División, la Pirenaica, que tras defender la Bolsa de Bielsa con el frente aragonés desmoronado, se replegó a Francia y se reincorporó al Ejército Popular en plena Batalla del Ebro. La 43 estaba en el alto de Caballs, frente a Gandesa, cuando la artillería franquista realizó uno de los más intensos bombardeos de nuestra contienda y, retirado el V Cuerpo de Ejército, aún volvió a repasar el Ebro para colaborar en el repliegue del XV. No es disparatado imaginar que en la madrugada del 15 al 16 de Noviembre de 1938, Malle Júlvez viera el resplandor de la voladura del puente de Flix que Tagüeña había ordenado dinamitar. Y estoy persuadido que para Malle Júlvez, aquella detonación, el postrer acto de la batalla, sonó como el final lapidario de la guerra. Siete años más tarde, a las orillas de otro río tan lejano del suyo aragonés, defender un puente era mostrarle los dientes a la historia y retenerlo, una revancha frente a un destino de derrotas, cobrada en nombre de los muertos. Ni Malle, ni Boix, ni Ponzán, ni Tagüeña, ni tantos miles como fueron, estuvieron en las celebraciones de Caen. Su memoria no parece preocupar a los nuevos 'bolonios' que reescriben la historia. No importa; si Normandía está llamada a ser un mito europeo, estará, como Itaca, cuajada de playas ignotas a las que arribaremos todos como Ulises, aparentemente sin memoria, pero con el viaje cumplido. Los impíos filósofos cortejarán a Penélope que les entretendrá en tejer y destejer la historia. Nosotros sabremos el nombre de los nuestros. JESÚS RODRÍGUEZ RUBIO. MIEMBRO DE INICIATIVA CIUDADANA
11/07/2004
En la patriótica emisión de radio que diariamente se da con el título «La Voz de España», ha sido divulgada la siguiente alocución del ilustre poeta don Antonio Machado:A todos los españoles:Más de una vez he dicho, y nunca me cansaré de repetirlo, que mi ideario político se ha limitado siempre a aceptar como legítimo solamente el Gobierno que representa la voluntad del pueblo, libremente expresada. He de añadir que la palabra `pueblo' no tiene para mí una marcada significación de clase: del pueblo español forman parte todos los españoles. Por eso estuve siempre al lado de la República Española, en cuyo advenimiento trabajé en la modesta medida de mis fuerzas y dentro de los cauces que yo estimaba legales. Cuando la República se implantó en España, como una inequívoca expresión de la voluntad política de nuestro pueblo, la saludé con alborozo y me apresté a servirla, sin aguardar de ella ninguna ventaja material. Si ella hubiera venido como consecuencia de un golpe de mano, como imposición de la astucia o de la violencia, yo hubiera estado siempre enfrente de ella. Yo sé muy bien que dentro de una República se plantean problemas mucho más hondos que el estrictamente político --son ellos de índole económica, social, religiosa, cultural, en suma--, y que, dentro de esa República, caben ideologías no sólo diversas, sino hasta encontradas. Pero por muy honda y enconada que sea la lucha, la República conserva su legitimidad mientras la voluntad del pueblo, libremente expresada, no la condene. Por eso cuando un grupo de militares volvió contra el legítimo Gobierno de la República las armas que de él había recibido para defenderla de agresiones injustas, yo estuve, sin vacilar, al lado de ese gobierno desarmado. Sin vacilar, digo, y también sin la menor jactancia; porque creía cumplir un deber estricto. Los profesionales de las armas no eran ya el ejército de España; el ejército de España era entonces, para mí, aquel que el pueblo hubo de improvisar con los mejores de sus hijos; un ejército tan débil e insuficientemente armado por fuera, como fuerte y superabundantemente provisto, por dentro, de razón y de energía moral. Improvisado, digo, con los mejores de sus hijos, y no vacilo en añadir: con un pequeño grupo de voluntarios propiamente dichos, de hombres abnegados y generosos que venían a España, sin la más leve ambición material, a verter su sangre en defensa de una causa justa. Con todo ello, y convencido de la ceguera, de los errores, de la injusticia de nuestros adversarios, de cuya índole facciosa no dudé un momento, confieso que nunca pude aborrecerlos; con todos sus yerros, con todos sus pecados, eran españoles; y el lazo fraterno, hondamente fraterno de la patria común, no podía romperse ni con la más enconada guerra civil. ºPero se inició el hecho monstruoso de la invasión extranjera. De un modo subrepticio y cobarde, la invasión se produjo, y fue tomando cuerpo y realidad innegable a medida que el tiempo avanzaba. Dos pueblos extranjeros habían penetrado en España para disponer de su destino futuro y para borrar por la fuerza y la calumnia su historia pasada. En el trance trágico y decisivo que hoy vivimos, no puede haber dudas ni vacilaciones para un español. Ya no le es dado elegir bando ni bandería: Ha de estar necesariamente con España y en contra de los invasores. Dejemos a un lado la parte de culpa que en la invasión de España hayan podido tener los españoles mismos. Si este pecado existe, alguien lo cometió conscientemente, es de índole tal que escapa al poder de sanción de todo tribunal humano. Reparad también en que ni siquiera he hablado del fascismo ni de marxismo. No creo que haya nadie en España que diste más que yo del ideario fascista. Siempre he creído, sin embargo, que, desde un punto de vista teórico, cabe ser fascista sin por ello dejar de ser español. Mas siempre he afirmado que no se puede ser español y entregar el territorio y los destinos de España a la codicia imperialista del fascio italiano o del racismo alemán. No creo que nadie, hoy, en España, pueda pretender honradamente que esto sea posible. Se nos ha calumniado, dentro y fuera de España, diciendo que nosotros también servimos una causa extranjera; que trabajamos por cuenta de Rusia. La calumnia es doblemente pérfida, pero tan grosera, que no ha podido engañar a nadie que no sea perfectamente imbécil. Porque todos saben (están hartos de saber) que Rusia, ese pueblo admirable, que renunció a su imperio para libertar a sus pueblos, no atentó nunca a la libertad de los ajenos y que no tuvo jamás la más leve ambición territorial en España. Esto lo saben todos, aunque muchos disimulen ignorarlo. Ha llegado el día, hombres de España, de España entera --quiero decir de todos los pueblos hispánicos cuyo territorio está invadido-- en que hemos de reconocer esta verdad inconcusa: nuestro deber más imperioso es luchar por nuestra independencia terriblemente amenazada. Y España es fuerte, mucho más fuerte de lo que piensan nuestros enemigos, porque, como he dicho una vez, y no me importa repetirlo. España no es una invención de la diplomacia extranjera o la resultante de tratados de paz más o menos ineptos. Lleva siglos de vida propia, perfectamente definida por su raza, por su lengua, por su geografía, por su historia y por su aportación a la cultura universal. No dudéis un momento que traiciona a su patria quien se niega a defenderla contra la invasión extranjera. El gobierno de nuestra República, en el ejercicio de un derecho incuestionable, y en el cumplimiento de su más alto deber, ha formulado en el documento del doctor Negrín, de todos conocido, las líneas generales de los fines de guerra para España entera. Nada en ellos se prejuzga; nada en ellos implica coacción o amenaza. Todo en ellos significa atención y respeto para todas las buenas voluntades de España. Meditadlo bien. Y escuchad, al par, el dictado de vuestra conciencia. El os señalará el único camino para ser españoles.  La mujer ha sido considerada tradicionalmente como un sector atrasado de la sociedad, baluarte de la Iglesia y de la reacción. Este carácter "atrasado" no es innato a la mujer, como nos han querido hacer creer. La explicación a esto no hay que buscarla en aspectos biológicos, sino en la doble explotación que sufre bajo el sistema capitalista, como bien explicaba Bebel : "En su conjunto, el sexo femenino sufre doblemente: de una parte sufre bajo la dependencia social de los hombres (...) y de otra parte, mediante la dependencia económica en que se hallan las mujeres en general, y las mujeres proletarias en particular, lo mismo que los hombres proletarios" (La mujer, A. Bebel).Pero la historia nos ha demostrado que en los períodos revolucionarios, las mujeres han estado siempre en primera línea, y en muchos casos han jugado un papel decisivo en la lucha. En la Revolución Francesa de 1789 las mujeres del Tercer Estado estuvieron en todos los acontecimientos importantes, reivindicando el derecho al trabajo, luchando contra la carestía de la vida; las mujeres de los suburbios de París participaron activamente en la toma de la Bastilla o en la Marcha sobre Versalles.En la Comuna de París en 1871 estuvieron en las barricadas junto al resto de los trabajadores, logrando impedir el avance de las tropas mandadas por Thiers que querían apoderarse de los cañones guardados en Montmartre y Belleville.Lo mismo ocurrió durante todo el proceso que culminó con la Revolución Rusa de 1917. El Día Internacional de la Mujer se celebró en Petrogrado con una manifestación de 10.000 obreras del textil, a la que se fueron uniendo trabajadores acabando en una huelga general: fue el inicio de la Revolución de Febrero. De la misma manera vimos este carácter combativo de la mujer en los acontecimientos que se desarrollaron durante los años 30 en el Estado español. A diferencia de otros países industrializados de Europa como Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia, etc., en el Estado español la incorporación de la mujer al mundo laboral fue tardía, pero cuando ésta empezó, lo hizo imprimiendo su propio sello. A principios de siglo el Estado español era un país económicamente atrasado con dos tercios de la población dedicada a la agricultura. El hecho de mantenerse neutral en la I Guerra Mundial tuvo como consecuencia el aumento de las inversiones extranjeras que buscaban nuevos y más seguros mercados dentro de una Europa en guerra. Esto favoreció un auge económico que permitió el desarrollo de la industria y su expansión a otras provincias. Pero este auge no repercutió directamente en las condiciones de vida de la clase obrera y el campesinado, sino todo lo contrario. La explotación de la mujerEn 1930 había aproximadamente seis millones de familias de las cuales el 85% eran familias obreras y campesinas. En cinco millones de éstas, las mujeres realizaban las tareas del hogar única y exclusivamente. La incorporación de la mujer al trabajo estaba jalonada de dificultades. Por un lado con una tasa de analfabetismo mayor que la de los hombres, superior al 50%, lo que la hacía estar en inferioridad de condiciones a la hora de conseguir un trabajo, y además sin ningún tipo de infraestructura que facilitase a las mujeres con hijos tal incorporación. No existían escuelas infantiles donde las mujeres pudiesen dejar a los niños durante su jornada laboral, y además se carecía de suficientes plazas escolares para todos los niños, menos por supuesto para los hijos de los trabajadores y campesinos. La burguesía no hacia nada para mejorar esta situación, en la medida que le interesaba mantener a la mujer entre las cuatro paredes del hogar, llevando adelante las tareas imprescindibles para la reproducción de la especie y la reposición de la fuerza de trabajo obrera. A pesar de todas estas dificultades, la población activa femenina fue aumentando progresivamente. Una de las razones era que según se iba desarrollando el proceso de industrialización y urbanización, las mujeres jóvenes y solteras emigraban a la ciudad buscando un empleo remunerado y una independencia económica difícil de encontrar en el campo. Además, el incremento del paro obrero en la agricultura, a causa de las malas cosechas y de la existencia de enormes latifundios sin cultivar, impedía que miles de mujeres pudieran acceder a un puesto de trabajo en el campo, donde incluso los patronos llegaban a prohibir expresamente la contratación de mujeres. En 1930 la población activa femenina era del 24% sobre el total. El 80% de estas mujeres eran solteras y viudas. Cuando el marido moría la mujer se veía obligada a trabajar para sacar adelante a sus familias, porque no existía ningún tipo de pensión de viudedad. Por otra parte las mujeres casadas se encontraban con más dificultades: había leyes que dificultaban su acceso al trabajo, necesitaban tener permiso del marido para poder trabajar, no podían disponer libremente de su salario, y si el marido se oponía a que la mujer cobrase el salario, lo podía cobrar él directamente, e incluso si se separaban judicialmente el marido seguía teniendo el derecho a cobrar el salario de la mujer. Dos tercios de las mujeres asalariadas eran trabajadoras temporales, o estaban en el servicio doméstico (que carecía de todo tipo de derechos laborales), y el otro tercio restante eran obreras cualificadas, fundamentalmente en el sector del textil y vestido (82%). En cuanto a derechos laborales la legislación existente en ese momento concedía pocos derechos a las mujeres por no decir que ninguno Esperanzas en la II República La llegada de la II República en 1931 trajo enormes esperanzas para los trabajadores y campesinos de este país, y de hecho en el terreno social se dieron pasos adelante, especialmente para las mujeres. En la Constitución de 1931 se reconoció el derecho al voto de la mujer y el derecho a ser elegidas para cualquier cargo público. En 1932 se aprueban la Ley de Matrimonio Civil y la Ley del Divorcio, en ese momento la más progresista de Europa, ya que reconocía el divorcio por mutuo acuerdo y el derecho de la mujer a tener la patria potestad de los hijos. Ambas leyes supusieron un duro revés para la Iglesia que veía recortadas sus funciones e influencia en el seno de la familia, y un gran paso adelante para que la mujer saliese de su órbita de influencia. En 1936 el Gobierno de la Generalitat de Catalunya despenalizó y legalizó el aborto. No es casualidad que esto se consiguiese en una zona donde las mujeres estaban más incorporadas al trabajo industrial. En 1935 se decretó la abolición de la prostitución reglamentada, dado que hasta ese momento el cuerpo de la mujer era considerado legalmente por la burguesía como una mercancía en venta, como lo podía ser un saco de patatas o una silla.En el terreno laboral se dieron algunos pasos adelante para todos los trabajadores, por ejemplo se reconoció el derecho a asociación y sindicación, y el 1 de julio de 1931 se decretó la jornada laboral de 8 horas. Además se regularizó el trabajo nocturno, obligando a los patronos a dar un descanso de 8 horas para dormir, y se aprobó la Ley del Descanso Dominical para todos los trabajadores, excepto para el servicio doméstico donde prácticamente todos eran mujeres. Se prohibió contratar mujeres en trabajos considerados como peligrosos o duros y que pudiesen minar su salud o su futura maternidad. Pero a pesar de todo, las condiciones laborales siguieron siendo duras para los trabajadores, y para la inmensa mayoría de las mujeres trabajadoras no supuso una gran mejora. El tercio que trabajaba en el sector doméstico quedó excluido de la jornada de 8 horas, no tenía derecho a las prestaciones de los seguros sociales, no tenía subsidio de paro, ni de maternidad, ni eran beneficiarias de la Ley de Accidentes de Trabajo; trabajaban casi en régimen de esclavitud para las "damas" de la burguesía. En los otros sectores, por ejemplo, el 35% de los telares incumplía la jornada de 8 horas, y se trabajaban más de 9 horas diarias; además en el textil, vestido, confección, etc., mientras que a los hombres se les pagaba por horas trabajadas, las mujeres tenían que trabajar a destajo, por kilogramos o unidades producidas, lo que las obligaba a trabajar a ritmos mayores si querían conseguir un salario mínimamente digno. En la práctica tampoco podían acceder al subsidio de desempleo. En 1933 cobraban el subsidio 200.000 obreros, de estos 100 eran mujeres (el 0,5%). Para poder cobrar este subsidio era necesario estar afiliados a las Sociedades Mercantiles y a éstas no podían afiliarse los trabajadores eventuales, caso de la mayoría de las trabajadoras de este país.Otro problema constante era la discriminación salarial que sufrían las mujeres, algo que continúa en la actualidad. En 1930, el salario de una jornalera en la recogida de la aceituna era el 50% del que cobraba un jornalero por el mismo trabajo; una obrera metalúrgica cobraba el 41,3%, y en el sector textil la diferencia era de un 47,6%. En todos y cada uno de los sectores, en ningún caso, el salario máximo de una trabajadora alcanzaba el mínimo de lo que cobraba un trabajador por el mismo trabajo. Y además había que unir a esto los trabajos que estaban considerados como "femeninos", fundamentalmente el servicio doméstico, el sector que sufría las mayores jornadas laborales y el que estaba peor remunerado. A pesar de todo, sí que se consiguieron derechos importantes para las trabajadoras con hijos, por ejemplo la Ley de Maternidad, que regulaba por primera vez el período de lactancia, el tiempo de baja por maternidad, etc. La mujer participa en las luchas obrerasEn el campo la situación no era mejor; en este sector trabajaba el 24% de la población activa femenina, que en muchos casos no recibían ninguna remuneración, ni tenían ningún derecho laboral, porque este trabajo era considerado oficialmente como "ayuda familiar".Durante todos estos años se sucedieron muchas luchas y huelgas por parte de los trabajadores, para intentar cambiar sus condiciones de vida y mejorarlas, y en todas, las mujeres participaron enérgicamente, por un lado en su condición de asalariadas junto a los trabajadores, reivindicando subidas saláriales, mejora de sus condiciones de trabajo, etc., y por otro, en su condición de esposa, madre, hermana... del trabajador, intentando mantener unas condiciones de vida dignas para sus familias. Por ejemplo en 1932, el 97,1% de las obreras participaron en huelgas junto con el 95,2% de los obreros, y en 1934 más del 50% de las horas perdidas en huelgas, lo fueron en el sector textil, confección, alimentación y tabaco, sectores donde predominaba la mano de obra femenina. Además las amas de casa durante todo este período protagonizaron multitud de luchas y manifestaciones, sobre todo contra la carestía de la vida, una constante en estos años, especialmente cuando subía el precio del pan, que era el alimento básico de las familias obreras, y que, entre 1931 y 1934, fue objeto de numerosos incrementos debido a la escasez de cereales producida por las malas cosechas. No sólo se hicieron manifestaciones, sino que en los primeros meses de 1933 se produjeron asaltos a los vagones, camionetas y tranvías que transportaban alimentos, confiscándolos y repartiéndolos entre las familias obreras, en Vizcaya, Almería, Málaga, Granada, Valencia... y Madrid donde las mujeres asaltaron los mercados de abastos. Politización crecienteLa mujer había dejado de tener una actitud pasiva y resignada para empezar a tomar parte activa en la lucha. Al mismo tiempo que aumentaba su incorporación al mundo laboral y a las movilizaciones, iba aumentando su participación en los sindicatos y partidos obreros. Hasta 1930 su afiliación estaba centrada en los sindicatos católicos, que contaban con 35.000 afiliadas, pero, según aumentaban las luchas y la radicalización, estos sindicatos no sólo dejaron de crecer, sino que vieron descender significativamente su militancia, tanto de hombres como mujeres, produciéndose al mismo tiempo un fortalecimiento del sindicalismo de clase. Los sindicatos obreros comienzan a comprender la necesidad de incorporar a la mujer a sus filas y atraerlas a la lucha de clases para conseguir la transformación de la sociedad. En el Congreso de la UGT de 1932 se aprobó bajar la cuota para la mujer como una manera de facilitar su afiliación, debido a la inferioridad de sus salarios, y también se aprobó incrementar la propaganda entre las trabajadoras, que hasta ese momento había sido más bien escasa. Es en este Congreso cuando por primera vez se incluye en su programa la consigna "A igual trabajo, igual salario".Esta orientación hacia las trabajadoras tuvo un rápido efecto: de 18.000 afiliadas que tenía la UGT en 1929, pasó a tener en los primeros meses de 1936 más de 100.000. La CNT siguió el mismo camino y en 1936 tenía más de 142.000 afiliadas. Una de las características más importantes en este proceso de incorporación de la mujer a la lucha, es que en todo momento lo que predominó fueron las reivindicaciones de clase. No hubo cabida para ningún tipo de reivindicación feminista burguesa. De hecho, el país de Europa donde menos eco tuvieron los movimientos sufragistas y feministas burgueses fue en el Estado español. El PSOE empezó muy pronto a incluir en su programa las reivindicaciones propias de la mujer obrera, uniéndolas a la lucha del resto de los trabajadores como la única manera de conseguir la igualdad, y ésta a su vez sólo se podía conseguir a través de la transformación socialista de la sociedad. En 1902 se crearon las Agrupaciones Femeninas Socialistas, pero no como organismos autónomos del partido cuya única función fuese reivindicar los problemas de las mujeres. Eran agrupaciones dependientes del partido y planteaban tres deberes básicos para sus afiliadas: hacer propaganda de los principios e ideas socialistas, leer y propagar la prensa obrera, El Socialista, y participar en todos los actos públicos que celebrase la clase trabajadora. No obstante, en el PSOE existían sectores que tenían una enorme confusión respecto a la cuestión de la mujer, aunque su programa parlamentario publicado en julio de 1931 sí incluía: "La igualdad de derechos entre uno y otro sexo"; defendía la necesidad de "creación de guarderías" y "la consecución de todos los derechos femeninos incluido el derecho al trabajo y esto solo se conseguiría completamente con la implantación de la sociedad socialista", (Programa Parlamentario del PSOE, julio 1931).En lo referente al derecho al voto de la mujer existían serias discrepancias. Indalecio Prieto y Margarita Nelken, entre otros, se oponían, porque pensaban que la mujer aún no estaba preparada para tal responsabilidad y concedérselo sería dar más votos a la reacción. En el movimiento anarquista el proceso fue más difícil ya que había distintos sectores con posturas bastante dispares. Desde aquellos que defendían que el único papel de la mujer era el de apoyar al hombre: "La mujer tiene que desempeñar un papel accesorio de apoyo al hombre militante. Su misión central es la de cuidar a sus hijos y compañero en el seno del hogar y, sobre todo, actuar de apoyo al hombre". (Tierra y Libertad, Delia, 5/12/1931). "Su misión es animar al hombre y actuar como un ángel tutelar". (La mujer y sus ideas, Salvador Majó, Solidaridad Obrera, 18/6/1932).A otros, entre los que destacaba Federica Montseny, que luchaban contra cualquier concepción feminista y negaban que existiese ningún problema específico de la mujer y por tanto no había que prestar demasiada atención a ese tema. También existía otro sector que sí defendía incorporar al programa de la CNT las reivindicaciones específicas de la mujer: defender su derecho al trabajo, al voto, etc. La mujer en la Guerra CivilEl PCE desde sus comienzos tuvo una orientación decidida hacia la mujer, intentando su captación para el movimiento comunista, logrando pasar entre 1936 y 1938 de 179 afiliadas a 4.203.Al estallar la guerra civil en julio de 1936 se produce un cambio cualitativo. Al incorporarse miles de milicianos al frente, la mujer tiene que participar masivamente en la producción, ocupando los puestos de trabajo vacantes dejados por los hombres que iban al frente. Esto supuso un aumento importante de su conciencia de clase al integrarse al trabajo fuera del hogar y alcanzar en muchos casos una independencia económica que antes no tenía. Además no dudaron en participar decididamente en el frente, dentro de las milicias, no sólo como enfermeras, lavanderas... sino como soldados. Las primeras mujeres que se incorporaron al combate fueron las militantes anarquistas, las de UGT y las del POUM. Las milicias obreras fueron el segundo ejército del mundo que incorporó a la mujer, tras haberlo hecho el ruso por primera vez en 1917.Es precisamente en este período en el que se produce la mayor afiliación femenina a las organizaciones obreras. Incluso llegaron a existir organizaciones de mujeres de masas que estaban vinculadas y controladas por las organizaciones obreras. Mujeres Libres era una organización de la CNT-FAI. Surgió al principio como portavoz de un pequeño grupo de militantes anarquistas, con el único propósito de sacar un periódico y distribuirlo dentro del movimiento anarquista. En mayo de 1936 contaba sólo con 500 afiliadas, pero según iba avanzando la guerra y la revolución fueron creciendo rápidamente y se convirtieron en una de las organizaciones más importantes, llegando a contar con 30.000 afiliadas en 1938.Sus objetivos eran facilitar a la mujer los medios prácticos para que ésta pudiese incorporarse a la producción, creando para ello guarderías, comedores... que facilitaban las tareas de las mujeres, al mismo tiempo que proporcionaban formación técnica y profesional, para que pudiesen adquirir mayor cualificación en el trabajo. La Unión de Mujeres AntifascistasLa organización femenina más importante en estos años fue la Unión de Mujeres Antifascistas (UMA). Surgió en 1933 como sección española de "Mujeres contra la Guerra y el Fascismo", creada por la Internacional Comunista tras el triunfo de Hitler en Alemania. Comenzaron a tener fuerza en 1934, y tras los acontecimientos de Octubre fue prohibida, aunque siguió existiendo con el nombre de "Pro Infancia Obrera", dedicada a ayudar a las mujeres e hijos de los mineros muertos o encarcelados en Asturias tras la insurrección. En 1936 pasó a denominarse UMA, y se fortalece notablemente cuando el gobierno republicano declara a Comisión de Auxilio Femenino, organización subsidiaria de la UMA, organismo encargado de la organización del trabajo de la mujer en la retaguardia, dependiendo directamente del Ministerio de Guerra. Aunque su militancia era heterogénea, un 80% eran militantes de la UGT, un 16% del PCE y un 4% de la CNT, su política estuvo dirigida en todo momento por el PCE y las Juventudes Socialistas Unificadas, que controlaban el 35% de los comités de la UMA. En este período su presidenta fue Dolores Ibárruri. No obstante, las posiciones políticas del estalinismo, negando la revolución española y sometiendo toda la acción del proletariado español al apoyo a la república democrático burguesa, tuvo sus consecuencias prácticas en la política de la UMA.En julio de 1936 tenían ya 50.000 afiliadas, pero en vez de incorporar a las mujeres a la revolución que estaba en marcha, y concienciarlas de que su liberación sólo se podría llevar adelante liberando al conjunto de la clase obrera en lucha por la transformación de la sociedad, basaron su política en limitar la acción de la mujer a un respaldo constante a las acciones y decisiones del gobierno del Frente Popular: Esto se tradujo inmediatamente en la aceptación de la desaparición de las milicias obreras y, por tanto, de la incorporación de la mujer como combatiente. La UMA y el PCE se opusieron a que la mujer luchase en el frente, defendiendo que el papel de la mujer en la lucha contra el fascismo se limitase a las tareas de la retaguardia, haciendo labores de cocina, lavandería, enfermería, producción, importantes sin duda alguna. Por ejemplo en la Columna Pasionaria, las más de 25 mujeres que se encuadraban en sus filas se dedicaban sólo a estas tareas (una continuación de las que hacían en su casa), y se las prohibía coger un arma para luchar.La postura del POUM era distinta. El Secretariado Femenino del POUM no defendía una organización de mujeres aparte y abogaban por un Frente Revolucionario de Mujeres Proletarias que tuviese un contenido revolucionario. Su principal objetivo era atraer a las mujeres al partido y plantear la lucha de las mujeres unida a la de los trabajadores, como la única forma de derrocar al sistema y hacer triunfar la revolución. Su actividad durante la guerra fue hacer propaganda para incorporar a las mujeres al frente, no sólo en labores de enfermería a través del Socorro Rojo, (organización creada por el POUM para proporcionar asistencia sanitaria en el frente), sino como soldado para lo cual daban cursillos de entrenamiento militar, además de otras tareas dedicadas al abastecimiento en tiempo de guerra. Su trabajo no estuvo exento de dificultades. A cada paso se encontraban con el boicoteo del estalinismo: en la Segunda Conferencia Nacional de Mujeres del PSUC celebrada en 1938, se especificó entre los quince intereses principales para las mujeres comunistas, la "lucha contra emboscados, provocadores y trotskistas", en clara alusión al POUM y otros sectores del proletariado revolucionario. (Treball, 4/10/1938).Cuando Largo Caballero, Ministro de Guerra en el gobierno del Frente Popular, apoyado por el PCE, y más tarde por los anarquistas, decretó la prohibición de que las mujeres luchasen en el frente y que su labor se limitase a realizar las tareas domésticas dentro de los batallones, produjo una enorme decepción y frustración entre miles de ellas, que iban al frente reivindicando la igualdad, y veían de nuevo que se las relegaba para las tareas de las que ansiaban salir. Pero no sólo fue una decepción para ellas. Los trabajadores se opusieron a esto y tuvieron que intervenir las direcciones de los sindicatos para poner fin a la situación de descontento que se estaba creando en el frente. Con esta política seguida por los dirigentes del Frente Popular y de los partidos obreros, frenando el ímpetu y la ofensiva revolucionaria, tanto de las mujeres como del conjunto de los trabajadores, no se ganaba la batalla, sino más bien todo lo contrario, se preparaba el camino hacia la derrota. Tras el triunfo de la contrarrevolución fascista más de 400.000 obreros fueron encarcelados o encerrados en campos de trabajo; unos 30.000 fueron fusilados después de la guerra; entre 1939 y 1940 había 30.000 mujeres encarceladas; sólo en la cárcel de Ventas, en Madrid, fueron fusiladas 1.000.Otro castigo reservado para las mujeres por la dictadura, no sólo para las que habían tomado parte activa en la lucha, sino también para las mujeres de los milicianos, para sus hijas, madres etc., fue que eran encarceladas, rapadas al cero y paseadas por las calles de sus pueblos y ciudades. Al mismo tiempo las mujeres retrocedieron más de medio siglo en sus condiciones de vida y en sus derechos, se prohibieron todas sus conquistas: el derecho al aborto, el divorcio, los matrimonios civiles; y además se las prohibió prácticamente el derecho a trabajar por medio del Fuero del Trabajo, quedando de nuevo confinada a las cuatro paredes del hogar. Juana Cobo
09/07/2004
 La mitología griega sitúa en los infiernos la llamada Fuente del Olvido o Fuente de Lete, la hija de Éride, la Discordia. En ella bebían los muertos para olvidar su vida terrestre, y también, según añadiera Platón, con su brebaje las almas se olvidaban del infierno antes de regresar a una nueva vida en la tierra. Una alegoría aleccionadora: en los tiempos míticos correspondía a los vivos beber de la Fuente de la Memoria (Mnemósine) y a la Historia cultivar los recuerdos, para escrutarlos o revivirlos, para expiarlos o para sufrirlos una y otra vez. No son conscientes de esa idea los que no entienden la legitimidad y la fuerza que ha cobrado el -tal vez mal llamado- Movimiento por la recuperación de la memoria histórica. No lo son. Y sorprende que no lo sean a estas alturas de los tiempos -cuando la Guerra Civil terminó hace 75 años- esa mayoría de ayuntamientos del Valle del Roncal que, para justificar su negativa a apoyar en su tierra un homenaje a los 'esclavos del franquismo' que entre 1939 y 1941 realizaron la carretera que une las localidades de Roncal, Vidángoz e Igal, han aducido que semejante reconocimiento público es rechazable por tratarse de «una cuestión política». ¿Acaso siguen todavía mu- chos ediles roncaleses el consejo de aquel caudillo que no quería que nos metiéramos en política? Bromas aparte, ¿no sorprende que hoy por hoy se pueda explicar tan pobremente una actitud tan trascendente? Sorprende según se mire. Tampoco en las más altas instancias de la vida política faltan los malos ejemplos. Porque ya éramos conscientes de que la Historia ni lo ilumina todo ni todo lo va superando. No lo hizo durante el franquismo y tampoco a lo largo de la transición. De hecho, pareciera que muchos hayan estado esperando a que llegara la era Aznar para bramar con más fuerza que nunca contra el franquismo, no tanto a favor de la reparación de una justicia histórica como contra el propio Aznar y lo que representa. Contra Aznar quisieron promover los estudios históricos mayormente en el País Vasco. Contra Aznar hablaron de recuperar la memoria de los silenciados. Y contra Aznar prometieron com- pensar económicamente a las víctimas de la represión franquista. ¿Y ahora qué? Al menos en Euskadi ha resultado ser bastante falso (o una impostura o un incumplimiento, el tiempo lo acabará dilucidando del todo). Si hubieran cumplido sus promesas, nada se les podría reprochar. Pero tanto el consejero vasco de Izquierda Unida Javier Madrazo como el resto de miembros del Gobierno tripartito han demostrado ser bastante demagogos y puede que incluso algo necios. Madrazo prometió ayudas y, a la hora de la verdad, lejos de reconocer que se pasó de valiente y que no tiene fondos para acometerlas, ha decidido pasarse de listo y autojustificar los miles de rechazos de peticiones con argumentos impropios de la izquierda y con excusas historicistas que a veces recuerdan a Pío Moa o al mismísimo Ricardo de la Cierva. Lamentable. Debemos ser duros en el juicio porque ese amagar y no dar del consejero Javier Madrazo no es sólo una actitud cicatera. Es pura hipocresía, una mentira manifiesta, por ejemplo, en lo que se refiere a esos represaliados que la historiografía más seria ya viene considerando 'esclavos del franquismo', esto es, miles de soldados de la República que una vez derrotados, sobre todo entre 1939 y 1941, fueron castigados a hacer 'otra mili' en Batallones de Trabajadores o Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores. Según han demostrado brillantemente los historiadores navarros Fernando Mendiola y Edurne Beaumont, aquellos soldados esclavizados fueron considerados por el régimen «las mulas de la Nueva España». Pero para Madrazo eran simples soldados de Franco que estaban haciendo la 'mili'. Patético. Decepcionante. Y muy triste. Si Madrazo ha bebido de la Fuente del Olvido, si es la Discordia la que confunde al consejero, sólo cabe desearle que beba de la Fuente de la Memoria y que algún día la Historia lo perdone (o, como dirían esos otros: que no se meta en política de izquierdas). PEDRO OLIVER/PROFESOR DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA EN LA UNIVERSIDAD DE CASTILLA-LA MANCHA
08/07/2004
 Todos tendríamos que hacer una colecta para levantar un monumento a los chicos y chicas que tiraron huevos rellenos de pintura a la ignominiosa placa franquista de la fachada del Gobierno Militar de Las Palmas. Esa placa era una provocación. Ese trozo de fachada marmórea era como la lengua de Franco tratando de imitar a las ya famosas de Mick Jagger y Albert Einstein, a pesar de que el dictador bajito de bigote irrisorio (como el de Hitler, como el de Chaplin, como el de Aznar, como el de Soria) no era ni artista ni científico. Siento vergüenza por que en tantas décadas de muro de la vergüenza en pleno centro de la ciudad, frente mismo al parque de San Telmo, nadie haya sido capaz de enfrentarse a esa placa periclitada y ridícula que provocaba a los transeúntes demócratas y a los turistas despistados que caminaban por Triana pensando que efectivamente España es a veces repugnantemente diferente. Tengo cargo de conciencia por no haber acompañado a los imputados el otro día en el juzgado para que no se sintieran solos. Me consta que no se sintieron solos porque estuvieron acompañados por un grupo de amigos y correligionarios, pero eso es insuficiente. Teníamos que haber sido muchos más los que debimos mostrarles nuestra adhesión y nuestro agradecimiento. Porque han pasado muchas décadas para que las autoridades (militares, por supuesto) osaran descolgar tal barrabasada. Las placas no muerden, pero sí sus rememoraciones. Duele que te recuerden día a día, machaconamente, que un militar golpista y dictador acabó con una república democrática partiendo de esta islas de ultramar. Hay cosas de las que los canarios no debemos sentirnos satisfechos y ésta es una de ellas. Saludo a esos jóvenes lúcidos y valientes que se han atrevido a tirar huevos con pintura a esa placa de la vergüenza, que sólo tiene sitio en un museo castrense. Sin embargo, esta desagradecida sociedad, en vez de subirlos a un altar, tiene la osadía de juzgarlos como delincuentes comunes. Hubo un fiscal que tuvo el atrevimiento institucional y cómodo de pedir una multa infinitamente mayor al coste de la propia placa. Hubo un perito que tuvo la desvergüenza de reconocer en el juicio que se fió de la tasación que le dieron en el Gobierno Militar. Todos somos esos pobres chicos imputados que sólo han cometido el crimen de la cordura, el civismo, la democracia y el pacifismo. Ellos han conseguido lo que muchas organizaciones políticas, culturales y sociales no pudieron en muchos años. Aunque algunos consideren su acto como una gamberrada, se ha demostardo que era la única forma de cortar por lo sano con una injusticia histórica y un agravio a los perdedores de la guerra civil, que eran justamente los que defendieron con su vida la legalidad vigente. Un fiscal que pida una condena por tirar unos huevos a una placa que nunca debió existir no vive en este mundo. Las leyes hay que saberlas interpretar y no ejecutarlas al pie de la letra. ¿Pero en qué país vivimos y sobre todo en qué época? Yo me autoinculpo. Yo también tiré huevos, aunque en realidad me quedé con las ganas. Ya lo dijo el anterior ministro de Defensa: ¡manda huevos! Pues eso: manda. Cristóbal D. Peñate  Las cosas no desaparecen, sólo se esconden o se recuerdan, se buscan o se olvidan. O, cuando caen en malas manos, se oculta una de sus mitades y se enseña la otra, como si eso fuera todo. La realidad es un iceberg, piensan los cínicos y suponen los desmemoriados; pero un iceberg es una trampa, y una trampa es una mentira. Así de fácil. Una buena muestra de todo eso es el modo en que se está presentando el centenario del pintor Salvador Dalí, un artista que apoyó con nitidez la dictadura de Franco; que vivió en las cercanías del general sedicioso y obtuvo todas las ventajas posibles de aquel régimen corrompido al que sirvió de coartada y sobre el que jamás hizo pública la más mínima crítica. Aquel régimen que había derribado el Gobierno legítimo de la República y exterminado toda la política cultural de la que tanto se benefició en su juventud el propio Dalí, desde la Institución Libre de Enseñanza a la Residencia de Estudiantes; el mismo régimen que había ejecutado a su íntimo amigo García Lorca; el mismo que había obligado al destierro a su otro camarada inseparable de la Residencia de Estudiantes, el director de cine Buñuel, y a la mayoría de sus contemporáneos, gente que le había sido cercana, como Alberti; poetas como Cernuda, Salinas o Guillén; pintores como Gaya, o maestros suyos como Picasso, Mallo y el escultor Alberto Sánchez. El mismo régimen que, tras causar cientos de miles de muertos con su golpe de Estado, siguió asesinando a tantos miles de personas tras acabar la Guerra Civil que aún hoy quedan alrededor de 35.000 republicanos sin tumba, vergonzosamente tirados en fosas comunes. Dalí nunca dijo nada de todo eso y vivió en la España de Franco como un auténtico rey. En uno de los primeros actos montados para celebrar los 100 años de su nacimiento, cinco reputados especialistas coincidieron en una sola cosa: Dalí no fue franquista. El Museo Reina Sofía acaba de inaugurar una exposición, Huellas dalinianas, en la que se rúnen obras de 40 creadores en los que la influencia de Dalí es evidente. La muestra se refiere a los ecos que produjo su obra entre 1927 y 1939: el problema ideológico queda solucionado por omisión. Y lo primero que se encuentra el visitante es una serie de dibujos de García Lorca, empezando por un Retrato de Dalí, que parece querer recordar la gran relación de Lorca y Dalí, quien después de la guerra hizo comentarios detestables sobre su antiguo compinche de tantas cosas, fue más que comprensivo con su fusilamiento y llegó a airear supuestas aficiones sexuales del autor del Romancero gitano, una indiscreción que delató, sin duda, una falta de respeto extraordinaria por su memoria. Para la posteridad, sin embargo, parece que sólo ha quedado un Dalí cuyas virtudes y pecados quedan resumidos por la palabra "excéntrico". Eso, al parecer, lo justifica todo. Y, por si no fuera así, los gestores de esta exposición se han curado en salud acotando las fechas, 1927 y 1939, lo que va de la camaradería a la traición, pero sin entrar en las arenas movedizas del franquismo. Aunque, la verdad, si ni Dalí era franquista, lo que habría que preguntarse es: ¿existió el franquismo? Yo empiezo a creer que no, después de oír 800.000 veces -una por muerto- que Cela no era franquista, ni Diego, ni Rosales, ni Panero, ni Torrente, ni González Ruano, ni Vivanco, ni siquiera el propio Dalí, ése que se ríe con el Funeralísimo en tantas fotos de la época. Aquí hubo monárquicos o falangistas críticos, pero franquista no lo fue ni doña Carmen. Resulta preocupante que, cada vez más, así se escriba la historia, dulcificándola o, directamente, tergiversándola a base de hacerla selectiva: lo que no interesa, se quita, y asunto resuelto. La Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales es especialista en eso: si se celebra el centenario de Alberti -a los 101 años, para no coincidir con el de Cernuda-, pues se elimina toda referencia a la militancia comunista del autor de Sobre los ángeles. Si el centenario es el de Dalí, se le lima el franquismo y problema solucionado. Quizá haya quien considere esta visión de la cultura y la historia apropiada para los tiempos que corren. Otros consideramos una pena desaprovechar la oportunidad que brindan esta clase de celebraciones para hacer una verdadera reflexión ideológica que ayude a esclarecer los hechos más significativos de una parte de nuestra historia y sirva para lo que deberían servir estas conmemoraciones: para poner a cada uno en su sitio a base de decir la verdad. Dalí no sería peor ni mejor pintor por eso. Benjamín Prado, El País  REVISIÓN DE LA FIGURA DEL MILITAR GOLPISTA Enrique Sacanell Ruiz de Apodaca se ha valido de cartas y documentos inéditos para renovar una parte importante de la historia española a través de la figura del ‘General Sanjurjo. Héroe y víctima’ (La Esfera de los Libros), su tío abuelo y un personaje fundamental en los acontecimientos del siglo pasado, ya que en sus manos estuvo evitar la dictadura franquista. ¿Un accidente? Él instigó al Alzamiento militar que en 1936 desató el conflicto civil. Él se consolidó como uno de los mayores competidores de Franco. Pero Sanjurjo acabó muriendo en un accidente de avioneta cuando regresaba de su destierro para encabezar la insurrección. Al igual que la muerte de Mola, los investigadores guardan ciertas dudas en torno a este supuesto accidente y se han empeñado en varias ocasiones en recuperar supuestas verdades que invitan a plantearse innumerables incógnitas. Uno de esos intentos por rebatir la Historia, está en manos de Enrique Sacanell, sobrino nieto de Sanjurjo, que ha publicado una extensa biografía a través de documentos inéditos que descomponen algunos aspectos sumidos en supuesta nebulosa, y destapan incluso los rasgos más oscuros de Franco. Al igual que hiciera María Teresa Weyler con su abuelo, el denostado general Weyler, Sacanell pretende dar ciertos retoques a la imagen de su pariente con nuevas informaciones. Así, califica al general de “víctima y héroe”, ya que su imagen ha sido desfigurada desde todos los flancos posibles: “Los republicanos le condenaron como reo de alta traición; los monárquicos jamás le perdonarían que no montara a caballo y que sostuviera un trono que se hundía; los que, tras vencer en una cruenta guerra civil, edificaron un Estado que dio vida a una dictadura falsearon su figura y la utilizaron, como harían con la de tantos otros, ocultando su talante regeneracionista, unificador y de tinte liberal...”. Un hombre acosado y mujeriego Los propios historiadores también son culpables, según el autor, de la distorsión de la vida de este personaje que, sin embargo, desempeñó "un papel clave" antes del estallido del conflicto civil: “Su inestimable concurso en los primeros compases de la República y su afán posibilista comenzaron a quebrantarse con los graves sucesos que asolaron la geografía peninsular en mayo de 1931”. Enrique Sacanell revela también el lado más íntimo del general, trazando un perfil de su personalidad y sus aficiones particulares. Aparte de ser un hombre batallador y famoso por sus hazañas como soldado, Sanjurjo también destacó por su promiscuidad sexual, que le llevó incluso a enfermar de sífilis. Por otra parte, su familia quedó resquebrajada con la muerte de su mujer, Esperanza, y sus dos hijos se criaron con su abuela Carlota sin perder, no obstante, la admiración y el amor hacia su padre. Después llegó la muerte de uno de sus ellos y el general cayó en un profundo abatimiento, acrecentado por otros problemas, como la ruina económica y la existencia de un hijo nacido fuera del matrimonio. Con esta serie de infortunios y agravios el autor justifica el posicionamiento ideológica del general contra la República: “Con estas circunstancias no puede extrañar que, insatisfecho con el devenir del régimen republicano, sintiéndose perseguido por sus gobernantes, acosado incluso en la esfera personal y espoleado por amplios sectores, tanto en lo político como en lo militar, que le incitaban a la sublevación, se dejase persuadir de que la salida a la caótica situación que percibía era la Restauración...”  FOTO: 'IN MEMORIAM'. Monumento, en Agua Amarga, a los que intentaron liberar a José Antonio. Los falangistas propusieron que la ciudad se llamara 'Alicante de José Antonio' «Hay nombres que dan repelús y deben suprimirse», opina el cronista oficialLo decía el historiador Javier Tusell, por esta fechas del verano del 2000: «No hace tanto tiempo que quien consultara el nomenclátor de las calles de Alicante, una capital que no puede ser considerada como derechista, podía encontrar nada menos que 24 nombres relacionados con los vencedores de la Guerra Civil. En la práctica, todos los generales del Ejército de Franco tenían una calle...» Hoy el panorama es bien distinto. La mayoría de símbolos, connotaciones y semántica del régimen franquista han desaparecido incluso de la conciencia colectiva. Pero aún quedan en la provincia resquicios de aquella época, sobre todo en zonas de la Vega Baja. Algunos han sido centro de polémica reciente. Como en Orihuela, donde la oposición planteó al Pleno la retirada o no del monolito dedicado a Franco, en la Glorieta. El tema está por resolver. Mientras el alcalde (PP) ofrece «un debate en silencio sin abrir heridas», Izquierda Verde, PSOE y Centro Liberal le exigen acato a la resolución del Congreso de los Diputados de hace un año. En la mayoría de lugares, las connotaciones franquistas se han obviado, permanecen por consenso, perduran sin pena ni gloria, o fueron retiradas sin conflictos, explican Enrique Cerdán Tato, cronista oficial de la ciudad de Alicante, y el escritor Mariano Sánchez Soler. En Agua Amarga persiste, prácticamente en abandono, el monumento erigido a los cincuenta falangistas «llegados de la Vega baja para liberar a Primo de Rivera y que fueron acribillados en el Barranco de las Ovejas por la Guardia de Asalto al mando del capitán Rubio Funes», recuerda Cerdán. «El alicantino ha pasado mucho de ese monumento, típico de las obras fascistas». Y que, según añade Mariano Sánchez, «fue realizado con parte del material del monumento a los Mártires de la Libertad que existía en la Explanada». Alicante ciudad mantiene el nombre de José Antonio para uno de sus barrios y al menos una docena de calles rememoran a falangistas o militares fascistas «que participaron en la Guerra Civil pero sin ser personajes relevantes o con una fama tan fugaz que los alicantinos de hoy ignoran esa vinculación», explica Cerdán Tato. Tucumán Curiosa es la historia del destructor argentino Tucumán, que primero bombardeó Alicante y luego sirvió de huida a personajes franquistas «que refugiados en el consulado argentino huyeron disfrazados de marineros». Tras la guerra se puso Destructor Tucumán a un calle (antes Mariana Pineda) y actualmente se mantiene sólo con Tucumán «por lo que poca gente sabe a qué hace referencia». Aún más interesante la anécdota que conserva, documentada, el cronista alicantino: en los años 40 el Ayuntamiento debatió una moción, respaldada por falangistas, para que la ciudad se llamara Alicante de José Antonio. «Por fortuna, no fructificó», apunta Enrique Cerdán. Para él «hay nombres de la Dictadura que provocan repelús y deben ser suprimidos; pero otros, que no crispan a nadie, se podrían conservar perfectamente». Así es el panorama en el resto de la provincia. En Elda, la Cruz de los Caídos se mantiene erguida en el Parque de la Concordia, antes Plaza del Caudillo. En Novelda aún puede verse el águila franquista en un edificio público. En Crevillent perdura un monumento a José Antonio Primo de Rivera «donde cada 20 de noviembre los falangistas depositan una corona de laurel y entonan el Cara al Sol», explica José Vicente Más. Del casco urbano crevillentino han ido desapareciendo las calles con significados nombres de la Dictadura, excepto en el caso de personajes locales. Aquí, como en algunas otras localidades, se mantiene el nombre de José Antonio en un centro escolar. Cruz sin placa En Torrevieja no quedan rastros del antiguo régimen. Nada en calles o plazas recuerda a Franco o a la guerra civil. Desaparecieron todos los símbolos en los años ochenta, cuando regía la ciudad la alcaldesa socialista Rosa Mazón, informa Luisa Sánchez. El concejal de Tráfico de aquellos años, y luego Alcalde, Joaquín García, recuerda que «en la Plaza de Miguel Hernández, entonces llamada de Los Caídos, había una gran cruz con una placa que recordaba a los caídos por Dios y por España. Quitamos la placa y se quedó la cruz sin leyenda». Nunca hubo en Torrevieja monumentos a Franco. Sólo su perfil en un bajorrelieve del Salón de Plenos, en conmemoración de la ampliación del municipio en los años 50. Sí había amplia representación de nombres del antiguo régimen en el callejero: plazas o calles del Caudillo, José Antonio, General Mola, General Sanjurjo... «Los cambiamos por Miguel Hernández, Antonio Machado, Blasco Ibáñez.» Así, la Plaza del Caudillo se llamó de la Constitución y los paseos costeros pasaron a ser de Vista Alegre y de la Libertad. Nunca se han vuelto a cambiar nombres y apenas los más mayores recuerdan a las vías con nombres de próceres de la dictadura. La excepción son dos referentes de la dictadura, Ramón Gallud y Juan Aparicio, pero más por razones de vinculación a la localidad que por su condición ideológica. Gallud fue jefe de Falange de Torrevieja, fusilado en Alicante durante la Guerra Civil; y Juan Aparicio, director general de Prensa del Movimiento, fundador de la Falange y padre del Certamen de Habaneras, desde los años cincuenta da nombre a lo que fue durante muchos años el Paseo de las Rocas. Entrevista con Gonzalo Puente Ojea, diplomático español.La transición política de 1978 fue demasiado turbia El "consenso" legitimó la mayor trampa de la historia moderna del país. El dictador era previsor y el franquismo encontró inmejorables interlocutores: un grupo de dirigentes empecinados en la oligarquización de los partidos políticos. Testigo excepcional de la vida política española, debido a los cargos propios de la carrera diplomática, Gonzalo Puente Ojea (Cienfuegos, Cuba, 1925) conoció a los más importantes políticos franquistas y a los principales personajes que llevaron adelante la transición política. Decano del cuerpo de embajadores de España, autor de varios libros sobre temas históricos y religiosos (casi todos reditados en Siglo XXI de España), Puente Ojea representó a su país ante el Vaticano (1985-87) después de ser subsecretario en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Un destino que causó revuelo entre quienes pensaban que su ateísmo declarado (a más de divorciado), resultaba ofensivo para desempeñar el cargo. De consulta obligada a la hora de situar en la balanza medio siglo de política española, el embajador Puente Ojea participó en el seminario Por el Progreso del Mundo. Contra el Imperialismo (celebrado en Oviedo), capítulo español del foro En Defensa de la Humanidad, constituido en México en octubre pasado. A continuación, pasajes de la entrevista concedida a La Jornada, en su casa de Madrid. El mito del consenso -En los umbrales de un nuevo gobierno, ¿qué opinión le merece el cuarto de siglo cumplido por la transición política española? -La transición peca de un grave equívoco semántico. ¿Transición de quiénes, hacia dónde y para qué? Desde el punto de vista de los frentes de oposición al franquismo, la oposición real, efectiva, no transitó hacia la democracia. -En América Latina la Constitución de 1978 es vista como paradigma de la democracia moderna... -Me sorprende usted. En España ningún tratadista serio discute que en España no existió un proceso constituyente democrático. En Italia y Grecia el proceso se adaptó a los principios de la democracia y hubo ruptura institucional en el sentido de suprimir mediante una negociación la etapa anterior, la monarquía. En cambio, el predominio de las fuerzas católicas y monárquicas en España evidencia las anomalías en que se gestó la Constitución. -¿Qué presuponen tales principios? -En primer lugar la formación de un gobierno provisional encargado de organizar la transición del régimen anterior al nuevo; segundo, la elección de unas cortes por sufragio universal, encargadas de redactar la Constitución; tercero, que las elecciones se realicen con plenas garantías de libre asociación política, discusión pública de modelos o programas, y con igual acceso a los medios de comunicación. Estos requisitos no fueron respetados. Los procuradores de unas cortes, vigiladas por la Iglesia y elegidas a dedo por el rey y los líderes del franquismo, se convirtieron en constituyentes sin serlo. -Pero hubo consenso... -El "consenso" legitimó la mayor trampa de la historia moderna de España. El dictador era previsor y el franquismo encontró inmejorables interlocutores: un grupo de dirigentes empecinados en la oligarquización de los partidos políticos. Si la Constitución monárquica de 1876 fue aquel sucio proceso de arreglo entre profesionales de la política y la intriga a espaldas de la voluntad popular, la transición de 1978 fue aún más turbia: "transformar" una dictadura exhausta tras 40 años de existencia y lavar su cara con el hechizo del "consenso", cuya máxima virtud es el conformismo y talismán de todo acomodo y todo abandono. -¿Y durante la "segunda república"? -Es notable que las dos repúblicas españolas (1873 y 1931), formaran gobiernos provisionales que convocaron elecciones generales a cortes constituyentes. Ambas se fundaron en la legitimidad de un proceso iniciado con una consulta basada en el sufragio universal. En 1869, la Constitución recibió su sanción por 214 votos del órgano constituyente contra sólo 55, y la de 1931, aprobada por unas cortes en las que sólo figuraba un diputado monárquico, se elaboró en sesiones públicas que el país siguió paso a paso. Monarquía y partidocracia -¿Qué papel jugaron los partidos políticos en el decenio de 1970? -Los partidos políticos propiciaron la desmemorización colectiva. No de olvido, sino de algo más preciso: la capacidad de volverse desmemoriado: 'Franco ha muerto. ¡Viva el rey!' La enorme brecha generacional abierta en la sociedad en el larguísimo tiempo transcurrido facilitó las cosas. Generaciones aún jóvenes en 1976 fueron mediatizadas por una mentalidad neofranquista de la que participaba, inconscientemente, buena parte de la oposición antifranquista. Los partidos se volcaron a proteger sus intereses económicos: sustituyeron la dictadura por un sistema de representación democrática, pactaron al margen de la opinión pública y aseguraron la continuidad de instituciones ilegítimas, derivadas del golpe militar del 18 de julio de 1936, y la subsiguiente guerra civil. En suma, no hubo tránsito de la dictadura a la democracia. -¿Cómo define usted el estatuto jurídico del gobierno español? -En España hay un régimen democrático de derecho. El proyecto de democratización promovió que el rey siga reinando y una ley de reforma política que permitió a las cortes ordinarias del franquismo transformarse en constituyentes por decisión del rey. El rey pidió a los partidos políticos, cuatro gatos de la oposición virtual, pues la oposición real estaba disuelta, que fuesen "razonables" y "realistas". La muerte de Franco (1975) no representó cambio ni deseo de cambio institucional. Sin embargo, los dirigentes del proceso entendieron que la dictadura tampoco podía eternizarse. Debía llegarse a formas de transacción entre una oposición nominada, con relieve propio, y un franquismo aferrado a una oposición que contaba con la potencialidad estratégica para legitimar un gobierno provisional. Luego, a puerta cerrada, se dieron los pasos para legitimar el paso de un régimen autoritario dictatorial a uno de tipo representativo democrático. -¿Qué papel jugó el rey Juan Carlos en el proceso? -En el otoño de 1962, habiéndome quedado de encargado de la embajada en Atenas, tuve la oportunidad de conversar frecuentemente, sin testigos, con el príncipe Juan Carlos. Recuerdo que me chocó su apología de Franco. Mostraba gran indiferencia sobre el mundo de la cultura y una notable insensibilidad ante los graves problemas derivados de la guerra civil. Quedé sorprendido ante su postura a favor de una vía intermedia que no cuestionase los fundamentos del régimen. Los hechos disiparon mis expectativas en el joven príncipe. En julio de 1969, ante el pleno de las cortes franquistas, Juan Carlos juró tres cosas: lealtad a Franco; fidelidad a los principios del Movimiento Nacional y a "las demás leyes fundamentales del reino". El PSOE va a misa -¿Y Felipe González? -Felipe González es el gran culpable de haber traicionado las esperanzas de la izquierda en un cambio profundo y real. En el congreso de Suresnes (1974), González declaró que el Partido Obrero Socialista Español (PSOE) debía coligarse con el "proceso de transición" de los sectores que integraban "la burguesía que se despega del régimen". Frase clave, habilidosamente envuelta en una retórica obrerista de camuflaje. La verdad es que fue él, Felipe, quien se estaba despegando de sus aliados naturales. Estábamos ya ante el camarada Isidoro, protegido por la policía. Después empezó la singladura que llevó al PSOE a fundar la Plataforma de Convergencia Democrática (1975), mediante un acuerdo con la Democracia Cristiana, liberales, neoconservadores del exterior, socialdemócratas y con instancias franquistas del interior. La maniobra se captó muy bien en los despachos oficiales del régimen y era coherente con los contactos secretos de González y otros bajo su batuta, con medios pro estadunidenses. -Usted me decepciona. El rey Juan Carlos no ha resultado tan democrático como pensaba y Felipe no es hombre de izquierda... -¿Felipe de izquierda? A inicios de los años 70, Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y Alemania descubrieron en Sevilla a un grupo de jóvenes del PSOE en condiciones de refundar el partido y hacer una operación de envergadura antes de la muerte de Franco. Felipe tenía entonces un ideal confuso, procedente de la escuela católica del profesor Jiménez Fernández. No era hombre de lectura, no era socialista, no sabía nada de socialismo. Las hermandades obreras de Acción Católica le dieron una beca para estudiar en la Universidad de Lovaina. Felipe anhelaba entrar al grupo de Ruiz Jiménez, de la Democracia Cristiana (DC). Le dijeron: "¡Pero hombre, si en la DC están todos los asientos ocupados. ¿No quieres hacer carrera política?". -Sin embargo, el PSOE es un partido de tradición laica y republicana. -El PSOE desapareció con la república, en los últimos dos años de la guerra civil. En la época de Francisco Largo Caballero (1869-1946), de los Alvarez Albornoz y de los grandes líderes en los años de exilio y lucha contra el franquismo, el PSOE fue laico y republicano. El viraje fue posible a partir de las graves divergencias que en 1970 se dieron entre los socialistas del exilio y del interior. Dos años después, el partido se dividió. Surgió entonces un PSOE renovado, protegido por el franquismo y dominado por los católicos. Lo contrario del PSOE que conducía su secretario general, Rodolfo Llopis. La clericalización, tecnocratización y traición de Felipe González a las bases del PSOE entrañó, en último término, la traición de la oposición de la mayoría antifranquista, que representaba los ideales democráticos del pueblo español. Jose Steinsleger La Jornada  El portavoz del BNG en el Ayuntamiento de A Coruña, Henrique Tello, aseguró hoy que el alcalde, Francisco Vázquez, "se siente cómodo entre los fascistas" y lo tachó de "mentiroso, falso, autoritario e hipócrita" por su negativa a retirar la simbología franquista del callejero de la ciudad. El nacionalista indicó que Vázquez sostiene su gestión municipal en tres pilares, "el poder clerical, el militar y el económico", y subrayó que su defensa de las calles con nombres fascistas demuestra su talante "antidemocrático". Así, señaló que no se pueden mantener en el callejero personajes como Juan Canalejo, "que paseó a media ciudad" en la Guerra Civil, y advirtió de que el BNG pondrá en conocimiento de la FEMP, del PSOE y de los organismos internacionales la actitud del alcalde. "Alguien que quiere conmemorar la memoria del franquismo no merece ningún respeto como político", dijo Tello en rueda de prensa. El portavoz nacionalista también acusó al alcalde de apoyar la construcción del Puerto Exterior por motivos económicos para consolidar "el negocio del puerto". Aseguró que la ratificación del convenio de la dársena de Punta Langosteira se incluyó en el orden del día del pleno del pasado lunes 20 minutos antes de su inicio, algo que calificó de "indecente". "Al alcalde le importa un comino el Puerto Exterior y un pimiento Alvedro", añadió tras insistir en que detrás de su respaldo a la dársena exterior se esconden intereses inmobiliarios. CRISIS BNG Henrique Tello se mostró partidario del diálogo para afrontar la crisis que atraviesa la agrupación nacionalista y aseguró que "las cosas podrían ir manifiestamente mejor". "Habrá que intentar arreglar las cosas", dijo Tello, quien indicó que estos días "tiene que haber reuniones importantes" dentro de la agrupación. En un encuentro con los medios de comunicación, el nacionalista aseguró "no tener constancia" de que el portavoz nacional, Anxo Quintana, pensase poner su cargo a disposición de la organización. En cualquier caso, restó importancia a la crisis al asegurar que las organizaciones "son cíclicas" porque pasan por "épocas diferentes que a veces dependen de circunstancias externas". Asimismo, Tello señaló que el BNG coruñés atraviesa "un buen momento". "Esta vez el temporal nos afecta menos que nunca", dijo. http://www.elcorreogallego.es/periodico/20040707/ultimahora/N264019.asp
07/07/2004
 El pasado 25 de junio tuvo lugar en Madrid el encuentro “Recuperando Memoria”, que pretendía rendir un homenaje en vida a los supervivientes de quienes lucharon entre 1936 y la década de los cincuenta por defender la II República Española. Al evento acudieron combatientes y brigadistas internacionales que lucharon por la libertad, perdieron una guerra civil -probablemente la última guerra romántica de la historia- y sufrieron una casi interminable dictadura fascista. Hoy, 28 años después de la muerte del General Franco, aún impactados por la cercanía de esos hombres y mujeres que lo dieron todo y a los que todo se les negó, recordamos la frase de S. Serrano respecto a los guerrilleros antifranquistas: “hay una manera de evocar el pasado que potencia la libertad, y otra que la colapsa”. En este sentido, la cercanía con estos hombres, que sólo a lo largo de los últimos años y cuando ya eran realmente ancianos han podido evocar y transmitir su pasado, nos está dando a las generaciones más jóvenes la libertad de conocer y comprender la historia que nuestros padres no tuvieron. Nos permite a los jóvenes españoles escenificar una ruptura real con el pasado franquista de nuestro país, frente a la reforma que nuestros padres y abuelos tuvieron que asumir en su día. La historia parcial de los vencedores es un relato continuo de cómo la iglesia y el bando nacional (franquista) fueron perseguidos por la maldad intrínseca del ejército rojo y los milicianos que les apoyaban. Se mostraba a los milicianos de la República Española como seres sin piedad, sedientos de sangre, lanzados a una orgía de odio y muerte, cuando no eran en realidad más que hombres y mujeres que se limitaron a defender al gobierno legítimo de su país de la agresión de un ejército apoyado por Hitler y Mussolini. Desde muchas familias españolas y desde los sucesivos gobiernos se decidió educar a los jóvenes en el olvido y la mentira. Y desde la Universidad, se decidió utilizar un método “democrático” y, si cabe, más vergonzoso, en la teoría del 50% de responsabilidad compartida entre leales al gobierno democrático y fascistas. Un relato en primera persona Desgraciadamente, hemos sido pocos los que nos hemos sentado a leer y a escuchar a los viejos que tenían otra historia que contar. Contra reiteradas peticiones de silencio, contra insistentes peticiones familiares para olvidar cualquier cosa que tuviese que ver con aquella época, y a partir de la localización de ciertos papeles de mi abuelo, comencé a conocer parte de la historia de mi familia. Como pude leer en esos documentos, mi abuelo, a la sazón agente de información en retaguardia de la Falange Española, se desempeñó “con celo y sentido del deber en la búsqueda y persecución de rojos huidos por los montes”. Investigando y chocando una y otra vez contra el muro de silencio construido insistentemente en torno a la historia de España, he podido conocer un poco más de lo sucedido en aquellos años. Al menos, he podido escuchar un relato en primera persona. La historia necesita ser reescrita, incluso desde lo más individual. Por eso, quiero pedirle perdón a esa mujer que hace apenas unos días me relató en primera persona cómo mi abuelo y su hermano -enfundados en sus uniformes falangistas de “camisa vieja”, correas y pistola al cinto-, irrumpieron en su casa para arrestar al señor Pedrayes, socialista asturiano cuyo único delito fue precisamente ése, ser socialista. Quiero pedir perdón por los insultos y los golpes que sus hijos recibieron sin saber qué estaba pasando; quiero pedir perdón por sentir que parte de mi familia fue responsable de que esta mujer y su hermano hayan crecido huérfanos y asustados, sin tener una tumba en la que depositar flores. Quiero pedir perdón porque esta mujer creció, cuando niña, sabiendo quiénes habían asesinado a su padre por un delito que nunca cometió. Fue insultada y vejada por ellos y nunca tuvo, presa del miedo, valor para contar su calvario personal. Quiero pedir perdón porque se acusó a su padre de asesinar en 1937 a un sacerdote que en realidad falleció por causas naturales en 1982. Existen miles de historias como ésta, que no tiene absolutamente nada de original. Muchos tenemos historias familiares en la misma dirección. La mayoría de los abuelos se han muerto o están a punto de morirse sin haber dejado nunca constancia o relato de qué fue lo que realmente les sucedió a lo largo de aquellos oscuros años. Y si esta tendencia no se revierte, España continuará creciendo hacia el futuro sobre los miles de muertos sin nombre que yacen en las carreteras, por fuera de las tapias de los cementerios o en miles y miles de sumarios de los Tribunales de Excepción franquistas que condenaban al paredón bajo la acusación de “auxilio a la rebelión” a quienes en realidad defendían al gobierno legítimo de la República. Causa perplejidad observar cómo, en Chile y Argentina, la justicia española -en función del principio de justicia sin fronteras y cuando se trata de crímenes de lesa humanidad- actúa, incluso contra la voluntad de sus gobiernos, para juzgar a los responsables de violaciones de derechos humanos en ambos países. Constituyendo éste un comportamiento que responde sin lugar a dudas a un afán de justicia y descubrimiento de la verdad, absolutamente elogiable, no es comprensible, en cambio, el mantenimiento de un silencio sepulcral sobre lo sucedido en España. Ni el gobierno actual ni ninguno de los anteriores han comenzado a desenterrar los miles de fosas comunes que hay a lo largo y ancho del país para, al menos, cerrar la inmensa lista de desaparecidos y ejecutados sin causa que nuestra historia soporta. Cuando se pregunta por la verdad se califica de “querer abrir heridas del pasado”. La Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) -auténtico detonante de la apertura progresiva de fosas comunes-, continúa sin recibir apoyo público y sigue trabajando desde el desinteresado altruismo de sus miembros frente al silencio oficial. Esta asociación ha logrado la inclusión de algunos guerrilleros antifranquistas (“maquis”) en el informe del Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias de la Comisión de Derechos Humanos de la onU. Además, desde que la ARMH desenterró en 2002 la fosa con los “trece de Priaranza” en el Bierzo o se abrió la fosa de Valdediós en Asturias (que además cuenta con el relato preciso de la orgía de violaciones y torturas previas a la ejecución de los aproximadamente 35 trabajadores del Hospital de Valdediós que allí fueron asesinados), cientos de fosas han sido denunciadas y documentadas. ¿Cuántos cadáveres republicanos reposan en estas fosas?. Es imposible saberlo, pero contando con que sólo en la fosa común del cementerio de Gijón se habla de más de 3000 cuerpos o en la matanza de la plaza de toros de Badajoz se mencionan cifras similares, los desaparecidos que la democracia española debe recuperar superan según las diversas asociaciones la cifra de 30.000 personas. En la mayoría de los casos, cuando se localiza una fosa común, no existen los medios económicos ni legales para recuperar e identificar los cadáveres. Aquí es donde el gobierno debe intervenir a través de la dotación de los medios técnicos y cobertura legal que permitan desarrollar con dignidad estos trabajos. Y hay prisa. Hay mucha prisa. Las personas que vivieron aquellos hechos superan en la gran mayoría de casos los 80 años. Y ellos son la única fuente de documentación existente sobre la localización de las fosas comunes. Lo que no se avance en estos próximos años quedará sepultado en un silencio absolutamente indigno e irrespetuoso para con las víctimas y sus familias. Como ha señalado recientemente en el diario “El País” el escritor Benjamín Prado, la apertura de la fosa de Federico García Lorca, perfectamente ubicada e identificada, constituiría un gran paso adelante en esta lucha debido a la relevancia pública del poeta. De cara a la opinión pública, sería probablemente el mejor detonante para que nadie pudiese excusarse ya de apoyar la continuación de los trabajos pendientes. España sigue siendo un país sin memoria. Es necesario comenzar a hablar y conseguir que el homenaje del día 25 de junio en Madrid no sea el último que los viejos republicanos españoles puedan presenciar. Y además se debe garantizar que, al menos en los últimos años de su vida, los miles de personas que no tienen un lugar donde recordar a sus muertos puedan recuperar la dignidad que se les arrebató al arrojar a sus familiares inocentes en miles de fosas comunes. * Alberto Arce. Analista de la Fundación CIDOB. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=1575
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