MEMORIA HISTÓRICA


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A veces sueño, y entonces me siento culpable: los veo a todos, intactos y saludándome, igual de jóvenes que entonces, por que los tiempos no corre para ellos, igual de jóvenes y preguntándome por qué no estoy con ellos, como si los hubiera traicionado, por que mi lugar verdadero era allí; o como si yo estuviera usurpando el lugar de algún de ellos; o como si de hecho yo hubiera muerto hace sesenta años en cualquier cuneta de España o de África o de Francia y estuviera soñando una vida futura con una mujer y unos hijos, una vida que había de acabar aquí, en esta habitación de un asilo, charlando con usted ...

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01/10/2004

La unidad es posible o, ¿la unidad es posible?

repu1.jpgFrancisco Vega, es miembro de la Comisión Ejecutiva Federal de Izquierda Republicana y Secretario de Organización de IR-Andalucía.

Utilizaré un lenguaje, muy clarito y sencillo, que no simple, e iré directamente al grano, para que todos nos entendamos.

Recientemente, desde Ciudadanos por la República, se hace un llamamiento a la unidad de los republicanos. En mi artículo, "Por un Frente Republicano de Izquierdas", publicado, el pasado mes de julio, en Rebelión, en la web de Izquierda Republicana y de Unidad Cívica por la República, entre otros, me refería precisamente a esta cuestión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=1382

Algo debemos estar haciendo mal, cuando los llamamientos a la unidad, parecen caer en saco roto. Parece como si esa unidad tuviera que ser en torno a cada partido u organización existente. Así, vemos al "Partido de Manuel Azaña", en su setenta aniversario, trabajando el pro de la IIIª República, sin conseguir establecer mecanismos unitarios estables con otros colectivos.

El no posicionamiento claro de IU, respecto a la República, propicia que militantes de IU y del PCE, constituyan Unidad Cívica por la República. Parece evidente que, la sola existencia de UCR, demuestra que IU no aboga por la República.

CPR, integrada por el PCPE y Corriente Roja, entre otros colectivos, tampoco consigue aglutinar más allá de las propias organizaciones que la conforman.

El pasado 18 de abril, sí que coincidimos en la manifestación de Madrid, por la IIIª República. Probablemente, coincidamos, de nuevo, en la manifestación del próximo 6 de diciembre, pero eso, obviamente, es insuficiente.

La unidad de acción estable, no tan solo coyuntural, por la IIIª República, es posible. Al igual que, en su día fue posible la unidad contra el régimen franquista. No sé si hago bien en reflejar la afirmación, la unidad es posible o, por el contrario, tendría que escribir, ¿la unidad es posible?

Libertad, Igualdad y Fraternidad.
01/10/2004 11:19 Enlace permanente. Tema: Y digo yo ... Hay 2 comentarios.

“Venceréis pero no convenceréis”

UNAMUNO.jpgSe celebra el 12 de octubre de 1936 en la Universidad de Salamanca. Preside el rector, Miguel de Unamuno. Asisten la esposa del general Franco y el fundador de la Legión, general Millán Astray. Entre el hombre de cultura y el del sable se produce un enfrentamiento, de altísima intensidad, reflejo de dos diferentes estados de evolución de la mente humana


Catalunya y el País Vasco, el País Vasco y Catalunya, son cánceres en el cuerpo de la nación. El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí. La carne sana es la tierra, la enferma su gente. El fascismo y el ejército arrancarán a la gente para restaurar en la tierra el sagrado reino nacional.

Cada socialista, cada republicano y cada uno de ellos sin excepción y, huelga añadirlo, cada comunista es un rebelde contra el gobierno nacional, que será pronto reconocido por los estados totalitarios que nos auxilian, a pesar de Francia, democrática Francia, y la pérfida Inglaterra.

Y entonces, o incluso antes, cuando Franco lo quiera y con la ayuda de mis valientes moros, que si bien ayer me destrozaron el cuerpo, hoy merecen la gratitud de mi alma por combatir a los malos españoles..., porque dan la vida por la sagrada religión de España, escoltan al caudillo, prenden medallas y Sagrados Corazones en sus albornoces". Dijo Millán Astray y desde el fondo del paraninfo, una voz gritó el lema de Millán Astray: "¡Viva la muerte!". Millán Astray lanza el grito de "¡España!". Automáticamente, cierto número de personas contestaron: "¡Una!". "¡España!", volvió a gritar Millán Astray. "¡Grande!", replicó el auditorio. Y al grito final de "¡España!", contestan: "¡Libre!".

MIGUEL DE UNAMUNO. – "Todos estáis pendientes de mis palabras. Todos me conocéis y me sabéis incapaz de callar. No aprendí a hacerlo en los setenta y tres años de mi vida. Y ahora no quiero aprenderlo. Callar, a veces significa mentir porque el silencio puede interpretarse como aquiescencia. Yo no podría sobrevivir a un divorciado entre mi conciencia y mi palabra, que siempre han formado una excelente pareja.

Voy a ser breve. La verdad es más verdad cuando se manifiesta desnuda, libre de adornos y de palabrería. Quisiera comentar el discurso –por llamarlo de alguna forma– del general Millán Astray, quien se encuentra entre nosotros... Dejemos aparte el insulto personal que supone la repentina explosión de ofensas contra vascos y catalanes. Yo nací en Bilbao, en medio de los bombardeos de la segunda guerra carlista. Más adelante me casé con esta ciudad de Salamanca, tan querida, pero sin olvidar jamás mi ciudad natal. El obispo, quiéralo o no, es catalán nacido en Barcelona.

Acabo de oír el grito necrófilo y sin sentido de ¡Viva la muerte!, esto me suena lo mismo que ¡Muera la vida! Y yo que he pasado toda la vida creando paradojas que provocaron el enojo de los que no las comprendieron, he de deciros, con la autoridad en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. Puesto que fue proclamada en homenaje al último orador, entiendo que fue dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que él mimo es un símbolo de la muerte. ¡Y otra cosa! El general Millán Astray es un inválido. No es preciso decirlo en un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente, hay hoy demasiados inválidos en España. Y pronto habrá si Dios no nos ayuda... Me duele pensar que el general Millán Astray pueda dictar normas de psicología de las masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre –no un superhombre– viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido como dije, que carezca de esa superioridad del espíritu, suele sentirse aliviado viendo cómo aumenta el número de mutilados alrededor de él.

El general Millán Astray no es uno de los espíritus selectos, aunque sea impopular, o quizá por esta misma razón, porque es impopular. El general Millán Astray quisiera crear una España nueva –creación negativa sin duda– según su propia imagen. Y por ello desearía ver España mutilada, como inconscientemente dio a entender".

MILLÁN ASTRAY. – "¡Mueran los intelectuales! ¡Viva la muerte!". En este momento, el poeta José María Pemán, presente en el acto, exclama: "¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los falsos intelectuales, traidores!".

MIGUEL DE UNAMUNO. – "Éste es templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: la razón y derecho en la lucha. Me parece inútil que penséis en España. He dicho".

Carmen Polo le coge del brazo y así Unamuno puede abandonar el recinto sin ser agredido.
01/10/2004 11:06 Enlace permanente. Tema: Y digo yo ... Hay 2 comentarios.

22/09/2004

No al olvido

FUSILADOS.jpgEn los tiempos extraños de la Transición se impuso el dogma interesado de que la dictadura franquista era cosa del pasado remoto y tan poco recordable como el reinado de Ataúlfo o la batalla de las Navas de Tolosa. Aquí paz y después gloria, vinieron a decir quienes apoyaron, defendieron y colaboraron directamente con el régimen del tirano, y también vino a decirlo una izquierda timorata y desleída que no quiso proponer la revisión implacable de los crímenes franquistas en aras de una reconciliación nacional para cuyo supuesto éxito no había más remedio que sacrificar la memoria de las víctimas. Mientras, buena parte de los victimarios llegaban incluso a presidir comunidades autónomas allá por el noroeste, un poco más arriba de Portugal.

Décadas más tarde, las víctimas del horror franquista y sus herederos parecen dispuestos a mirar atrás para reivindicar el recuerdo de los hombres y mujeres que fueron asesinados por defender la República legítima. Se están desenterrando los restos de las más de 30.000 personas que se calcula fueron sepultadas de mala manera en las cunetas tras el preceptivo tiro de gracia. Se exige que se anule ese esperpento que se dio en llamar justicia franquista y que se recupere con minucioso detalle la historia de la represión, además de devolver la dignidad póstuma a los represaliados por el régimen. Alemania hace tiempo que hizo examen de conciencia dolorosa sobre las atrocidades del nazismo e Italia también acerca de los crímenes fascistas. Insuficientemente en ambos casos, pero lo han hecho.

España sin embargo dejó correr el más tupido de los velos para tapar las vergüenzas ensangrentadas de ese fragmento de su pasado y concedió la inmunidad de facto a los culpables de la represión. No se ha celebrado ni un solo homenaje a las víctimas del franquismo, ni siquiera siguiendo el ejemplo reciente del canciller Schröder en su país respecto a quienes sufrieron el delirio exterminador del nazismo. Algo profundamente injusto se pactó en los juegos de salón de la Transición española. A 68 años del inicio de la carnicería es imprescindible recuperar la memoria con nombres y apellidos si queremos que nuestros hijos sepan lo que sucedió en España a partir del 18 de julio de 1936. Porque no estamos hablando del Pleistoceno superior, ni siquiera de la rebelión de Don Pelayo: estamos hablando de hace apenas unas décadas y de hechos que dejaron marcado a este país para siempre. Tantos asesinados, torturados, ninguneados no merecen el olvido. En eso estamos por fin.

CARLOS PÉREZ URALDE

EL Correo Digital
22/09/2004 15:34 Enlace permanente. Tema: Y digo yo ... Hay 4 comentarios.

La libertad en el “contubernio de Munich”

madariaga.jpgEl diario falangista Arriba calificó la reunión como el "contubernio de Munich", pero para los 118 políticos españoles, de todas las tendencias, del interior y del exilio, que participaron, fue un acto de reconciliación. Madariaga, el 8 de junio de 1962, sintetizó aquel espíritu.
En circunstancias normales habría ocupado vuestra atención con opiniones sobre el tema general de este congreso: la democratización de las instituciones europeas, como vocal de la junta ejecutiva del Movimiento Europeo o como presidente de su Comisión de Cultura. Pero la ocasión me impone el deber de consagrar todo mi tiempo a la situación de España.

Hace poco decía Jean Rey en su admirable discurso que este congreso marcaría un día histórico en la evolución hacia Europa. Yo os aseguro que en la historia de España, el congreso de Munich será un día singular y preclaro. La guerra civil que comenzó en España el 18 de julio de 1936, y que el régimen ha mantenido artificialmente con la censura, el monopolio de la prensa y radio y los desfiles de la victoria, la guerra civil terminó en Munich anteayer, 6 de junio de 1962.

La delegación española a este congreso europeo es, con mucho, la más numerosa de todas. Ciento dieciocho españoles, ochenta del interior, treinta y ocho del destierro, se han reunido aquí para dar fe de su europeísmo. Con la modestia que conviene a un desterrado, yo me inclino ante estos ochenta que han venido de allá. Ni uno de ellos pudo hacerlo sin primero echar una mirada grave a su familia, a su profesión... Me he impuesto una severa regla de moderación y reserva al subir a esta tribuna y no diré más sobre este tema espinoso. Los que antaño escogimos la libertad perdiendo la tierra y los que escogimos la tierra perdiendo la libertad nos hemos reunido para otear el camino que nos lleve juntos a la tierra y a la libertad.

Aquí estamos todos menos los totalitarios de ambos lados; y mi amigo Gil-Robles que hablará después lo hará no sólo por los suyos, sino por todos los que de allá han venido y por nosotros los de fuera también. La coincidencia de miras ha sido tal que en el proceso de redacción de la resolución que voy a presentar a la asamblea, las dos veces que se discutió el texto sirvió de base el que traían los españoles del interior.

Leeré ahora esta resolución, que entiéndase bien, presentan los ciento dieciocho españoles unánimes, apoyados por los tres movimientos europeos, el socialista, el liberal y el cristiano demócrata.

El congreso del Movimiento Europeo reunido en Munich los días 7 y 8 de junio de 1962 estima que la integración, ya en forma de adhesión, ya de asociación de todo país a Europa, exige de cada uno de ellos instituciones democráticas, lo que significa en el caso de España, de acuerdo con la Convención Europea de los Derechos del Hombre y la Carta Social Europea, lo siguiente:

No voy a leer el detalle de lo que esto significa, ya que para una asamblea de europeos libres sería demasiado evidente. A la enumeración que omito por innecesaria, sigue el párrafo final que paso a leer:

El Congreso tiene la fundada esperanza de que la evolución con arreglo a las anteriores bases permitirá la incorporación de España a Europa, de la que es un elemento esencial; y toma nota de que todos los delegados españoles, presentes en el Congreso, expresan su firme convencimiento de que la inmensa mayoría de los españoles desean que esta evolución se lleve a cabo de acuerdo con las normas de la prudencia política, con el ritmo más rápido que las circunstancias permitan, con sinceridad por parte de todos y con el compromiso de renunciar a toda violencia activa o pasiva antes, durante y después del proceso evolutivo.

Así pues hemos venido aquí los españoles para cooperar a la incorporación de España a Europa. ¿Qué España? ¿Qué Europa? Puesto que me he impuesto una severa disciplina, en cuanto a España sólo diré una cosa, la España de que se trata es la verdadera. Y no diré más. En cuanto a Europa, es la que se crea al confluir las dos grandes tradiciones: la socrática, que pide libertad de pensamiento, y la cristiana, que pide respeto para la persona humana. Y por lo tanto, nosotros los españoles hemos venido aquí a hacer constar que no es admisible en Europa un régimen que todos los días envenena a sócrates y crucifica a Jesucristo.

Mucho se ha hablado aquí del mercado Común y del precio del carbón y del acero. No seré yo quien niegue su importancia, pero Europa no es sólo eso. Europa no es sólo un mercado común y el precio del carbón y del acero; es también y sobre todo una fe común y el precio del hombre y de la libertad.

Y si mañana los mercaderes volviesen a instalarse en el templo de la libertad, esta vez no sería el Cristo de blanco vestido quien los echaría a latigazos, sino un Anticristo de rojo que los sepultaría bajo las ruinas del templo y de la libertad.

Y se dirá: “Pero no hay que mezclarse en los asuntos interiores de ningún país” ¡Qué singular argumento! Pues, ¿qué hacemos aquí? ¿No estamos aquí para afirmar la unidad orgánica de Europa? Y si Europa no es más que un solo cuerpo europeo, ¿no le va a interesar lo que pasa en ese miembro suyo que es España? Claro que ninguna nación europea va a perder el tiempo en inmiscuirse en los pequeños detalles de la vida interior de los demás. Pero, ¿no va Europa a considerar la libertad para todos sus miembros? Y si Madame de Sévigné podía escribir a su hija: “Me duele tu estómago”, ¿por qué no ha de decirle Europa a España: “Me duele tu dictadura”?

La opresión es indivisible, como lo es la libertad. No hablaré de lo opresores de hoy, puesto que me he impuesto esta disciplina. hablaré de los de ayer: Lenin, Stalin, Mussolini, Hitler. ¿Creéis acaso que estos tiranos de ayer eran enemigos de la libertad? ¡Qué error más garrafal! Lejos de ser enemigos de la libertad, la ansían tanto que, no contentos con la suya, se quedan con la de todos los demás.

Si toleráis un tirano en cualquier provincia de Europa, la española o la yugoslava, ¿quién os dice que mañana no intentará quedarse también con vuestra libertad, por ejemplo ejerciendo presiones diplomáticas y consulares para que en vuestras asambleas no se discutan tales temas ni se presenten tales resoluciones?

No. No nos rindamos a tan falaces argumentos. Nada que concierna la vida constitucional de ninguna de sus provincias puede ser indiferente a Europa. Aquí hemos venido ciento dieciocho españoles para deciros que España quiere aportar a Europa los dones de que la dotaron la naturaleza y la historia para enriquecer el acervo común. España quiere darse a Europa. pero para darse hay que pertenecerse. España quiere pertenecerse, ser dueña de su voluntad para unirse a Europa. España viene a vosotros, según el verso del gran poeta francés:

Vetue de probité candide et de lin blanc, con las manos tendidas. Abrid los brazos para recibirla.

SALVADOR DE MADARIAGA
22/09/2004 15:07 Enlace permanente. Tema: Y digo yo ... Hay 11 comentarios.

16/09/2004

Es el momento de la memoria

repu2.jpgEl inesperado triunfo del partido socialista, el 14-M, generó una serie de expectativas lógicas en torno al desarrollo de políticas progresistas. Estas expectativas también contemplaban la "recuperación de la memoria histórica" en nuestro país a partir de la proclamación de la II República e incluye lo acontecido con el levantamiento militar y la represión franquista.

Eso es lo que puede explicar por qué en los últimos meses han tenido una gran proyección mediática las reivindicaciones de las asociaciones de víctimas del franquismo, el debate sobre los "papeles" del Archivo General de la Guerra Civil de Salamanca y las resoluciones aprobadas recientemente en el Parlamento, en el congreso del PSOE y en reunión del Consejo de Ministros. Esta reacción, además, se produce en primer lugar porque resulta manifiestamente mejorable el reconocimiento de los que sufrieron la represión franquista. Es hora de reconocer que el primer gobierno socialista no abordó este problema en profundidad, al considerar que se trataba de un asunto delicado y que resultaba inconveniente el abordarlo políticamente y contraproducente desde el punto de vista de la convivencia ciudadana. Paralelamente es justo reconocer que no se produjo en la década de los ochenta la demanda, sobre la recuperación de la memoria histórica, que se produce actualmente y que lo que se hizo en esa etapa no tuvo el alcance esperado en la opinión pública y en los medios de comunicación.

En segundo lugar está influyendo considerablemente la constatación de que la derecha política ha intentado en los últimos años, y sigue intentando, recuperar su "memoria histórica" en función de sus intereses partidistas con el propósito de condicionar el voto de los "nietos de los abuelos" que sufrieron la represión franquista. Todo ello sin ningún escrúpulo y rigor histórico con lo que aconteció en aquel entonces.

Como ejemplo nos debemos remitir al libro del apologista de la justificación de la guerra civil, Pío Moa, que culpa a la izquierda, a la República, y particularmente a Francisco Largo Caballero de todos los males que "justificaron" el levantamiento militar.

De la etapa anterior a la II República resulta significativo el esfuerzo por recuperar la imagen de políticos conservadores como Cánovas del Castillo y Eduardo Dato. Este último incluso ya cuenta con un monumento en la entrada del Ministerio de Trabajo inaugurado en la etapa del ministro Zaplana.

Por eso la democracia debe cerrar definitivamente este capítulo en positivo y de una manera justa y razonable, de lo contrario lo harán en negativo los enemigos de la democracia.

En este sentido la educación resulta fundamental. Los jóvenes no saben lo que ocurrió realmente en ese periodo de la historia de nuestro país. No conocen a Franco porque no se ha enseñado en las escuelas lo que aconteció en esa etapa, y si no se conoce la historia es difícil construir el futuro y evitar los horrores de la guerra que cada vez afecta a más civiles y, particularmente, a las mujeres y los niños.

Paradójicamente en un Estado laico se debate más sobre la enseñanza de la religión que sobre la enseñanza de lo que ocurrió en nuestro país hace más de 60 años. Incluso los jóvenes, en las últimas décadas, han conocido más las semblanzas de Don Pelayo, el Cid Campeador, Isabel la Católica, a los reyes de la Casa de los Austrias y de los Borbones... que la historia de los movimientos sociales y particularmente del movimiento obrero en el siglo XX, y desde luego no conocen los logros de la II República, ni el drama de la represión que vivieron miles y miles de familias, en el interior y en el exilio, bajo la bota franquista. Por eso tenemos que aplaudir, entre otras reivindicaciones, "la revisión y preparación de los libros de texto no actualizados, a todos los niveles de la enseñanza, con el relato de la realidad de la II República, Guerra Civil, imposición de la dictadura tras el golpe de estado y la represión ejercida durante décadas, estableciendo los tiempos lectivos o de difusión necesarios", propuesto por la asociación AFAR II República.

También se debe establecer un marco legal para que actúe la justicia dejando sin efecto los consejos de guerra sumarísimos celebrados durante la Guerra Civil, y una vez terminada ésta, como plantea el magistrado del Tribunal Supremo José Antonio Martín Pallín.

Hemos asistido en estos últimos años, con esperanza, a un gran protagonismo de la justicia española en la persecución de la violencia y la represión llevada a cabo en países de América Latina, concretamente y sobre todo en Chile -caso Pinochet- y en Argentina. Paradójicamente no se han levantado las mismas voces en la persecución de la depuración de los violentos y de los crímenes de guerra cometidos en nuestro país. Todavía, incluso en las plazas de los pueblos y en las fachadas de algunas iglesias, encontramos monumentos anacrónicos y homenajes a los caídos por Dios y por España del bando mal llamado nacional, lo que resulta verdaderamente incomprensible que pueda ocurrir en un país democrático integrado plenamente en la Unión Europea, como lamentable resulta la decisión que tomó en su día el Ayuntamiento de A Coruña, presidido por el socialista Francisco Vázquez, de rechazar una moción del BNG en la que se proponía la retirada de las imágenes y los nombres de los sublevados en 1936.

En este sentido nos sentimos solidarios con el informe NIZKOR, firmado por 17 asociaciones, cuando piden "declarar por Ley la nulidad de todas las acciones legales del régimen franquista, haciendo mención expresa a las Resoluciones de las Naciones Unidas adoptadas por unanimidad por la Asamblea General de la ONU, el 9 de febrero de 1946 (Res. 21(I)) y el 12 de diciembre de 1946 (Res. 39(I)), y a su carácter criminal según las normas de derecho internacional. Así como declarar la nulidad de todos los juicios penales y militares por arbitrarios e ilegales, adoptando las medidas adecuadas para el resarcimiento proporcional y actualizado de las víctimas, así como la reconstrucción de los archivos penales y judiciales afectados".

En el plano económico y social todavía comprobamos con sonrojo que algunas personas que sufrieron la separación de sus familias y el exilio -los llamados "niños de la guerra"- se encuentran con pensiones de miseria que no podemos aceptar sin escandalizarnos.

Tampoco la jerarquía de la iglesia ha cerrado esta etapa, desde la autocrítica y la responsabilidad histórica, donde intervino activamente a favor de los vencedores. Por lo tanto ya es hora de que respete la verdad y reconozca que los perdedores cumplieron escrupulosamente la legalidad de la Segunda República. Sin ningún tipo de "vendeta", pero con una decisión clara y terminante que ayude a la reconciliación definitiva. Para ello lo primero que tiene que hacer es pedir perdón al pueblo español por su apoyo nacional e internacional al régimen franquista.

JOSÉ ANTONIO SARACÍBAR SAÚTUA

Por otra parte, y a pesar de lo dicho, es justo reconocer la responsabilidad puesta de manifiesto en los últimos 30 años por el mundo progresista: las gentes de la universidad en general, de la cultura, de los partidos de izquierda, de los sindicatos, de algunos medios de comunicación y de asociaciones de todo tipo que han abordado esta etapa de nuestra historia con rigor y con seriedad, sin pretender abrir heridas. Precisamente se trata de todo lo contrario, de cerrar esta etapa en positivo para no seguir hablando más de las dos Españas. Ahora, es el momento de resolver este problema. Una nueva demora no tendría ninguna justificación. Desde luego el Gobierno y los partidos de centro-izquierda no lo pueden hacer todo, por eso deben ayudar en lo posible a las asociaciones, fundaciones y organizaciones que tienen como misión fundamental recuperar la verdad de lo que ocurrió en aquel entonces, impulsando y animando el desarrollo de políticas tendentes a recuperar la memoria histórica en sus ámbitos correspondientes.

Para ello hay que impulsar las medidas necesarias que pongan remedio a la actual situación en el marco político, jurídico, educativo y asociativo. Ello daría paso a un gran homenaje de la sociedad civil a las víctimas del franquismo, con la participación directa de todos los implicados en esta parte de nuestra historia, aprovechando que en este año 2004 conmemoramos el 65º aniversario de la terminación de la Guerra Civil.
16/09/2004 09:48 Enlace permanente. Tema: Y digo yo ... Hay 1 comentario.

Homenaje franquista en Huesca

elboj.jpgEl alcalde socialista de Huesca, Fernando Elboj, que goza de mayoría absoluta en el Ayuntamiento de la ciudad, ha decidido rendir un homenaje y erigir una gran estatua a la memoria del ex alcalde Vicente Campo Palacio, que no sólo rigió los destinos municipales en plena dictadura franquista entre los férreos años 1947-53, sino que ya antes había sido máximo regidor municipal, y concejal, con la otra dictadura, la de Primo de Rivera entre 1927 y 1930. Este hecho, no sólo es profundamente antidemocrático, anacrónico y hasta provocador, también es de todo punto innecesario. Vicente Campo tiene ya dedicada una importante calle en la ciudad y un busto en el parque municipal, donde también se piensa ubicar la estatua. Nuestro alcalde actual, que además es profesor de Historia, considera que Campo Palacio fue el mejor alcalde que ha tenido la ciudad, distinguiéndose por sus desvelos al servicio de sus conciudadanos. Los hechos, sin embargo, no prueban esta supuesta sensibilidad del!
alcalde franquista con sus vecinos, y sí la colaboración total y absoluta de Campo Palacio, nacionalcatólico a machamartillo, con "la gran obra de alcanzar la España una, grande y libre que soñara José Antonio y que hoy siente, con sentido heroico, nuestro gran caudillo Franco", según afirmó el día de su segunda toma de posesión, tras declarar: "Hoy vuelvo a ocupar este sitial sin ningún prejuicio".

Pero con ser inexplicable este reconocimiento, lo es menos todavía si consideramos que la escultura con que se piensa recordar al ex alcalde estaba dedicada originariamente al gran artista anarcosindicalista, pedagogo y articulista Ramón Acín, asesinado en Huesca el 6 de agosto de 1936. El escultor Alberto Gómez Ascaso, tras una conversación con Fernando Elboj, cambió la cara del personaje y la idea del monumento, aceptando dar cuerpo al nuevo encargo. De nada ha valido recordar públicamente que en Huesca fueron asesinados los ex alcaldes republicanos Manuel Sender, hermano del escritor Ramón J. Sender, y Mariano Carderera, concejales, diputados provinciales... y más de quinientas personas que defendieron la legalidad republicana y que no cuentan con un monolito donde leer sus nombres. Y recordarlo ahora que el propio PSOE promueve la exhumación de fosas comunes, la rehabilitación de la memoria histórica y la reparación moral y jurídica a las víctimas de la guerra civil y el!
franquismo. Parece que Huesca no se entere siquiera de los acuerdos del Consejo de Ministros.

Víctor Pardo Lancina - Huesca
EL PAÍS - Opinión - 15-09-2004
16/09/2004 09:44 Enlace permanente. Tema: Y digo yo ... Hay 1 comentario.

Carta abierta al alcade "socialista" de Huesca

A la atención de D. Fernando Elboj Broto, alcalde socialista de Huesca (Manifiesto Avergonzado)

EXCMO. SR. D. FERNANDO ELBOJ BROTO
Alcalde Socialista de Huesca

Sr. Alcalde:

En nombre de la asociación que represento, le transmito nuestro sentimiento de profunda consternación ante la noticia de la que se hacen ampliamente eco los medios de comunicación españoles, en relación con la decisión adoptada por el grupo socialista y refrendada por usted, a propósito del homenaje y la estatua con la que el Ayuntamiento de su presidencia proyecta ejemplarizar la trayectoria política del que fue alcalde franquista de Huesca D. Vicente Campo Palacio.

El talante personal y las aportaciones que pudieran exhibirse en favor del homenajeado, como fundamento para un gesto de exaltación con el que Vd. y su grupo, y algún otro grupo municipal en su caso, pudiera adherirse a tan vergonzosa iniciativa, no puede disociarse del hecho constatado de la implicación personal e institucional de D. Vicente como destacado colaboracionista con el régimen dictatorial del general Franco.

Mientras D. Vicente firmada decretos o repartía benéficas ronrisas entre los oscenses, miles de éllos sufrían prisión en las cárceles franquistas, mientras otros caían fusilados merced a los informes negativos que preceptivamente les eran requeridos por los juzgados militares de instrucción de Huesca.

Le manifestamos el inconmensurable sentimiento de estupor e indignación que nos invade, ante tal exhibición de desprecio hacia las víctimas del franquismo y sus familiares, así como la instrucción dada por la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE a los alcaldes socialistas para acabar, precisamente, con los símbolos de exaltación al franquismo, al propio tiempo que le informamos que esta asociación se personará en cualquier acción en el ámbito que se trate, INCLUÍDO EL JUDICIAL, que tenga por objeto impedir la ejecudición de tan degradante medida que solo puede inspira la más enérgica repulsa ante una acción calificable de intrínsecamente perversa en el plano democrático, en el humanitario y, por supuesto, en el moral.

Atentamente le saluda,

Floren Dimas Balsalobre
Presidente Regional
DNI 23.193.896-Y
16/09/2004 09:33 Enlace permanente. Tema: Y digo yo ... Hay 1 comentario.

13/09/2004

Resistencia y fe en los destinos de España

negrin.jpgTras los enfrentamientos de mayo de 1937, el doctor Negrín, socialista moderado, es el nuevo presidente del Gobierno republicano. Su objetivo para ganar la guerra es acabar con la revolución, apoyándose en los disciplinados comunistas, para así atraerse el apoyo de unas democracias temerosas del desorden. En este discurso del 30 de septiembre de 1938 se ratifica en la resistencia, a pesar del fiasco que para las aspiraciones de la República suponía el pacto de Munich.

Señores diputados. Permítase una pequeña digresión de tipo personal, quienes conocen mi breve historia política saben que nunca he aspirado a cargos políticos; por no ser, ni he querido ser diputado; posiblemente, de todos los que aquí toman asiento soy el único que ha sido elegido sin proclamación porque me negué a ser candidato. Quizá todos sepan que al ser designado para ministro de Hacienda opuse mi más viva resistencia, y sólo consideraciones de disciplina de partido y de patriotismo me llevaron a aceptar. No menos viva, y quizá rebasando en su negativa los linderos de la cortesía, fue mi oposición de aceptar el cargo de jefe del Gobierno en mayo de 1937. Pues bien, señores diputados, la única ocasión en mi vida en que he demandado, en que con mi autoridad de jefe de Gobierno he exigido asumir la responsabilidad de la dirección de la guerra desde el Ministerio de Defensa Nacional, ha sido en la noche del 29 al 30 de marzo en que en mí se produjo una crisis íntima. ¿Para qué evocar el recuerdo de aquellos lúgubres instantes? Deshecho el frente, sin frente, en desbandada y presa de pánico gran parte de nuestro ejército, desmoronada la moral de nuestra retaguardia, creí yo entonces, señores diputados, que a quien incumbió la responsabilidad de la política del país no podía rehuir en esos instantes el asumir la máxima responsabilidad, cual era la dirección de la guerra; no se podría gritar y exigir una política de resistencia si al mismo tiempo en el terreno de las realidades, en el terreno de las luchas no se asumía también la responsabilidad de la dirección. Por eso, señores diputados, se produjo el cambio con las modificaciones de Gobierno que entonces introduje. He tenido yo siempre la convicción, la sigo teniendo, de que el factor dominante en la lucha es la fe y que sin fe en la victoria no puede haber triunfo, no puede haber decisión. Simplemente, en estas palabras: en fe, en seguridad, en convicción, que había de llevarse al ánimo de todo el mundo, quería yo cifrar y basar en aquellos instantes una política de resistencia que había de ser una política de resistencia constructiva.

Y ahora, señores diputados, vamos a llegar al fin de la guerra. ¿Puede ganarse la guerra? ¿Ha de ganarse la guerra? Claro que puede y ha de ganarse la guerra. Lo podemos decir nosotros que hemos sobrevivido los tristes meses que hay de mayo a octubre. ¡Qué duda cabe! ¿Se ganará militarmente la guerra, que es la pregunta que hacen muchos? Ante la superioridad en material del enemigo, ante la superioridad en medios y recursos del enemigo, ¿podremos nosotros triunfar militarmente? Señores diputados, ¿quieren ustedes decirme qué guerra se ha ganado militarmente?

Yo quiero recordar con otras palabras lo que ya dije en Madrid. La guerra se pierde cuando da uno la guerra por perdida. El vencedor lo proclama el vencido; no es él quien se erige en vencedor. Y mientras haya espíritu de resistencia, hay posibilidad de triunfo. Y no es el triunfo exclusivamente militar: muchas veces se ha producido el fracaso militar por un desmoronamiento en el espíritu de resistencia y en la moral del enemigo. ¿Dónde está hoy la moral, señores diputados? ¿De parte de nuestros enemigos o de parte nuestra? ¿Por qué está de nuestra parte? Porque sabemos que no tenemos más remedio; defendemos nuestra vida, defendemos nuestros intereses y defendemos algo que yo quiero creer que para nosotros está por encima de todo eso: defendemos a nuestra España. Por eso triunfaremos, y podremos triunfar; con los éxitos militares y sin ellos, pero con un aumento de nuestro espíritu de resistencia y de nuestra moral y con un decaimiento, que ya se ha iniciado hace mucho tiempo que cada vez se acentúa más por parte de nuestros enemigos y que, a medida que su ficción y su ciegamiento se borren y se den cuenta de que luchan en contra de los intereses permanentes de España, será mayor y les llevará al hundimiento pleno y total. La guerra se puede ganar y se ha de ganar. Y, ¿cómo vamos a ganar la guerra? ¿Pactos, componendas, arreglos? Sí; podría terminarse con pactos, arreglos o componendas. Pero con este Gobierno, no. Este Gobierno no va a pactos, ni componendas, ni arreglos, porque los enormes sacrificios que ha hecho nuestro país serían estériles si nosotros fuéramos a algo que nos habría de llevar irremediablemente al nuevo sistema de dirección del país, al mismo sistema de dirección que se instauró en España después de la Restauración. Para eso no valía la pena ninguna de las vidas que se han sacrificado ni ninguna de las gotas de sangre que se han derramado en nuestro suelo.

¿Mediación? La hemos pedido siempre. La única mediación que cabe: la mediación con esos países que han invadido a España; mediación que hemos reclamado porque tenemos derecho a que medien, a que intervengan, a que les obliguen a que salgan, o sino que se pongan de nuestro lado los países que están ligados a este compromiso en virtud de un pacto. Pero, ¿mediación con los españoles? ¡Ah! Pero, ¿es que vamos a convertirnos nosotros en un país de capitulaciones? Eso es completamente inaceptable. Liquídese el problema de los extranjeros en España, y entonces nuestro problema se resolverá como tiene que resolverse, como debe resolverse.

Yo, midiendo pefectamente el alcance de mis palabras y la responsabilidad de lo que digo, me dirijo desde aquí a los españoles del otro lado e invoco su patriotrismo; no a nuestros amigos perseguidos, ocultos o enmascarados, que hay muchos amigos nuestros, ni a los indiferentes, materia deleznable e inerte que a nosotros políticamente y desde el punto de vista de Gobierno, ni aquí allí nos interesan; yo me dirijo a nuestros enemigos y les digo: “¿Hasta cuándo y hasta dónde tiene que durar esto? ¿No os dais cuenta de que estáis sacrificando y estáis destrozando completamente a España? Pactos, arreglos, componendas, no. Pero os ofrecemos una legalidad que está definida en los trece puntos de fines de guerra del Gobierno. ¿Es que hay aquí algún punto que no puedan suscribir los españoles que se sientan españoles por encima de todo y que quieran convivir con los demás aunque piensen de distinta manera y discrepen de ellos? ¿Es que no estamos todos conformes en que hay que asegurar la independenica de España, librarla de la invasión extranjera? ¿Es que, señores diputados, somos opuestos a una España vigorosa, con la forma republicana, que es la legal y que nosotros pedimos, pues la monarquía fracasó en España, no voy a discutir el principio monárquico; admito que teóricamente se pueda sostener el principio monárquico como conveniente, pero la monarquía fracasó y no hay sentimiento monárquico en España como en otros países?

Nosotros hemos aprendido mucho de la guerra y hemos querido corregir y corregimos nuestros errores, y yo les digo a esos españoles de enfrente si es que ellos no han aprendido nada y su obcecación, su vanidad, su soberbia puede consentir que llegue al exterminio de nuestra patria y a la división de zonas de influencia. Porque eso sí quiero advertirlo. El Gobierno, la España leal no consentirá eso nunca y bajo ningún pretexto; antes lo que sea, antes lo que sea que España pueda dividirse en zonas o repartirse entre tendencias políticas diferentes; antes lo que sea, con todas sus consecuencias.

Creo en el porvenir de España. Lo he dicho siempre. Quizá si no creyera en el porvenir de España, no tendría fuerzas para representar la República y ocupar el cargo que ocupo. Estoy plenamente convencido de ello. España es rica, España tiene la labor de sus hijos, tiene para sostener a todos sus hijos, cosa que ya es bastante riqueza; militarmente, geográficamente, una posición sin par en Europa. En cuanto a riqueza natural, no es comparable con ningún país. Dentro de un régimen de autarquía, quizá sea España el único país de Europa que pueda llevarlo sin quebranto de sus economía y bienestar. España tiene y puede tener un gran porvenir. Tengo fe absoluta en la reparación económica de España. Es precisamente para eso que los gobiernos a quienes esto incumba puedan gobernar y se les deje gobernar, y se sientan apoyados y sostenidos en su función de gobierno; pero sólo así, en estas condiciones, se podrá hacer una España a base de una reconciliación que es necesaria; una España; la de los españoles, después de este bautismo de sangre que nos ha depurado y redimido de todas las faltas y errores que podamos haber cometido; una España a la que tenemos derecho. Y yo, ante el porvenir de España, quizá por razones de interrogatoria de cuál será, o si será en una posición pesimista o de depresión. No; yo sé que hay que querer, que hay que tener un plan, y cuando se dirige y se gobierna, no puede uno preguntarse qué será, sino que hay que decir cómo ha de hacerse. Y yo aseguro, señores diputados, que las perspectivas son halagueñas aun después de tantas tristezas. Es más; que si se llega a que los españoles se den cuenta de cuáles son sus obligaciones como tales españoles, prescindiendo de discrepancias y de posiciones políticas, y cumplen con su deber como tales españoles, todos los sacrificios que se han hecho, todas las pérdidas en vidas y las pérdidas materiales no habrán sido inútiles ni estériles, y España resurgirá y estará como no ha estado nunca; eso es lo que yo anhelo, y con nuestros esfuerzos hemos de lograrlo todos. He dicho.
13/09/2004 15:58 Enlace permanente. Tema: Y digo yo ... No hay comentarios. Comentar.

franco balcon.jpgJefe del Estado durante casi cuarenta años, su dictadura ha marcado nuestra historia. El 17 de julio de 1941, el Generalísimo pronuncia ante el Consejo Nacional del Movimiento un discurso trascendental donde defiende el papel del ejército, realiza uno de sus alegatos más firmes a favor del Eje, convencido de que la guerra en el continente está decidida, y proclama, una vez más, su cruzada contra del comunismo soviético. (Extracto)

El ejército fue el crisol en que se fundió la común inquietud de nuestras juventudes. La unión sagrada que en sus filas se forjó hizo posible la victoria.

Por primera vez en la historia contemporánea podemos decir que España manda en sus propios destinos, y mandará tanto más cuanto se afiance la unión y solidaridad de los españoles para nuestra empresa. La gloria de España descansa y descansará siempre en su unidad. Quien contra ella labora, sirve a los propósitos de nuestros enemigos. No es nuevo el sistema. Nuestra historia repetidamente registra como, al no podernos vencer por la fuerza de las armas, se provocaron desde el exterior aquellos procesos internos de disolución, que acabaron enfrentando españoles con españoles y que deshicieron a España material y moralmente. Contra todo aquello nos alzamos y dimos la sangre generosa de los mejores; pero no lo realizamos para volver de nuevo al punto de partida. Si la España envilecida por la República colmó nuestra paciencia y movió nuestro brazo, tanto nos disgusta y nos repugna la decadente que hizo posible aquel engendro. Tan despreciable es para nuestra obra el rojo materialista como el burgués frívolo, el traficante codicioso o el aristócrata extranjerizado. Tan grande y tan extenso ha sido el mal, que explica fácilmente que si en la gran obra de resurgimiento de España han de colaborar todos los españoles, su encuadramiento y su dirección corresponda a esa minoría inasequible al desaliento, que cuando España se perdía, alzaba su bandera de combate y, ante los gloriosos caídos en lucha desigual, levanto el bosque de sus brazos con sus palmas abiertas.

Por eso he repetido tantas veces que terminada victoriosamente nuestra guerra, no acabó con ello nuestra lucha. Destruimos los ejércitos materiales que se oponían al restablecimiento del orden y al imperio de nuestro derecho; pero la guerra tenía una mayor profundidad. A la batalla militar sucedían la batalla política, la de desarraigar las causas de nuestra decadencia, la de educar y disciplinar a un pueblo en principios de solidaridad nacional, devolviendo a todos los españoles, como en frase feliz decía José Antonio, el orgullo de serlo. Pecan gravemente contra la patria los espíritus viejos que, pregonando ser enemigos del materialismo rojo, lo sirven, sin embargo, al aferrarse a viejos prejuicios, añorando aquellas ridículas minorías que les permitían lucir su decadente ingenio en círculos provincianos o en salones aristocráticos. Faltan también a sus deberes los que traicionando la limpia nobleza de sus progenitores sueñan con el restablecimiento de prerrogativas de casta, aunque con ello se torciera el destino histórico de nuestra patria. Y pecan igualmente los que, carentes de virtudes o esclavos de su egolatría, subordinan los intereses de la nación al de su torpe ambición o a las satisfacciones de su vanidad.

A estas diarias batallas por la unidad política de España se unen las económicas de la postguerra, y también en ellas los enemigos seculares han intentado explotar miserias, codicias y necesidades. En la España materialmente destruida que los jerifaltes rojos tanto pregonaron, se intentó presentar como si fuera obra de nuestro régimen como si la destrucción de nuestras fuentes de producción y de nuestros barcos y material ferroviario no fuera obra declarada y pregonada por sus propios autores.

Hemos pasado y superado los dos años más difíciles de la vida económica de nuestra nación. Con escasez de barcos y con limitación de divisas hubimos de transportar de lejanos países cerca de dos millones de toneladas de cereales para el abastecimiento, que si encontramos pueblos hermanos, como Argentina, que facilitaron su adquisición, el Consejo debe saber cómo otros han intentado obstaculizar el abastecimiento de nuestra patria.

Yo quisiera llevar a todos los rincones de España la inquietud de estos momentos, en que con la suerte de Europa se debate la de nuestra nación, y no porque tenga dudas de los resultados de la contienda. La suerte ya está echada. En nuestros campos se dieron y ganaron las primeras batallas. En los diversos escenarios de la guerra de Europa tuvieron lugar las decisivas para nuestro continente. Y la terrible pesadilla de nuestra generación, la destrucción del comunismo ruso, es ya de todo punto inevitable.

No existe fuerza humana capaz de torcer estos destinos, mas no por ello hemos de descartar el que la vesania, que rige la política de otros pueblos, intente arrojar sobre Europa nuevas miserias. Contra ello hemos de prepararnos ofreciendo al mundo el ejemplo sereno de un pueblo unido dispuesto a defender su independencia y su derecho.

Nadie más autorizado que nosotros para decirles que Europa nada ambiciona de América. La lucha entre los dos continentes es cosa imposible. Representaría sólo la guerra en el mar, larga y sin resultados; negocios fabulosos de unos pocos, miserias insospechadas para muchos; pérdidas ingentes de barcos y mercancías, la guerra de submarinos y de barcos rápidos dando zarpazos al antes comercio pacífico del mundo.

Dos costas enfrentadas, fuertes e inabordables para su enemigo; un mar repartido en zonas de influencia, europea y americana, y barridos los barcos del comercio universal.

La guerra en nuestro continente ha sido a tiempo clara y decidida. Quiso plantearse en análogos términos que la del año 14. Ilusión que se marchitó en flor. Rusia no quiso formar en el frente aliado; se reservaba y preparaba para el acto final. Polonia sucumbió sin la menor ayuda. La entrada de Italia cortó las rutas del Mediterráneo. La campaña de Noruega repartió el mar del Norte entre los beligerantes. La batalla de Flandes y la derrota total de los más poderosos ejércitos europeos, suprime el frente occidental, dando a Alemania la salida del Océano. El ingenio de estabilizar un frente en los Balcanes, se derrumbó con la victoriosa campaña de Grecia. Las costas de Noruega, las aguas del Canal y los mares de Creta, son escenarios en que la aviación arroja a las escuadras enemigas de las proximidades de las costas. Su eficacia en su defensa nadie puede ya discutirla.

Ni el continente americano puede soñar en intervenciones en Europa sin sujetarse a una catástrofe, ni decir, sin detrimento de la verdad, que pueden las costas americanas peligrar por ataques de las potencias europeas.

Así la libertad de los mares, monstruoso sarcasmo para la pueblos que sufren las consecuencias de la guerra, ni el derecho internacional, ultrajando por el bloqueo inhumano de un continente; ni la defensa de los pueblos invadidos, a los que se intenta arrastrar al hambre y a la miseria, son ya más que una grandiosa farsa en que nadie cree. En esta situación, el decir que la suerte de la guerra puede torcerse por la entrada en acción de un tercer país, es criminal locura, es encender una guerra universal sin horizontes; que puede durar años y que arruinaría definitivamente a las naciones que tienen su vida económica basada en su legítimo comercio con los países de Europa. Estos son los hechos que nadie puede contravertir. El bloqueo de Europa contribuye a que se cree una autarquía perjudicial a Sudamérica. La persistencia de la guerra perfeccionará la obra.

Se ha planteado mal la guerra y los aliados la han perdido. Así lo han reconocido, con la propia Francia, todos los pueblos de la Europa continental. Se confió la resolución de las diferencias a la suerte de las armas, y les ha sido adversa. Nada se espera ya del propio esfuerzo; clara y terminantemente lo declaran los propios gobernantes. Es una nueva guerra la que se pretende entre los continentes, que prolongando su agonía les dé una apariencia de vida, y ante esto, los que amamos a América, sentimos la inquietud de los momentos y hacemos votos porque no les alcance el mal que presentimos.

La campaña contra la Rusia de los Soviets, con la que hoy aparece solidarizado el mundo plutocrático, no puede ya desfigurar el resultado. Sus añoradas masas, sólo multiplicarán las proporciones de la catástofre. Veinte años lleva el mundo soportando la criminal agitación del comunismo ruso; raro es el país que haya podido escapar a su labor disociadora. España, que tanto sufrió por su criminal intervención, que la llevó al borde del abismo, y que dio contra él las primeras y más sangrientas batallas, puede apreciar como ninguno el alcance y dimensión de la lucha española.

Pudo hasta hoy el oro comunista y la prensa judía hurtar al mundo el conocimiento y divulgación de las sesiones de Komintern ruso, en que se contrastaban los progresos de su acción revolucionaria en los distintos países; pueden los pueblos hispano-americanos haber desconocido la atención preferente que se les dedicaba e ignorar el injuriante calificativo de “pueblos semicoloniales” con que la central comunista les distinguía; lo que ya no puede ocultarse a los ojos de nadie es lo que encerraba el oprobioso régimen soviético. La Cruzada emprendida contra la dictadura comunista ha destruido de un golpe la artificiosa campaña contra los países totalitarios. ¡Stalin, el criminal dictador rojo, es ya aliado de las democracias! Nuestro Movimiento alcanza hoy en el mundo justificación insospechada. En estos momentos en que las armas alemanas dirigen la batalla que Europa y el cristianismo desde hace tantos años anhelaban, y en que la sangre de nuestra juventud va a unirse a la de nuestros camaradas del eje, como expresión viva de solidaridad, renovemos nuestra fe en los destinos de nuestra patria, que han de velar estrechamente unidos nuestros ejércitos y la Falange.
13/09/2004 15:55 Enlace permanente. Tema: Y digo yo ... Hay 1 comentario.

La república esqueicida

ALEGORIA.jpgPor España hemos aprendido que puede tenerse toda la razón y ser vencidos, que la fuerza puede derrotar al espíritu y que hay tiempos en que el valor no es su propia recompensa"(Albert Camus en 1945).

"El 19 de julio de 1936 comenzó en España la Segunda Guerra Mundial. Esta guerra ha terminado en todas partes salvo, precisamente, en España. (...) La república española, en consecuencia, no ha cesado de ser traicionada o cínicamente utilizada. Por esto es quizá vano dirigirse, como lo hemos hecho otras veces, al espíritu de justicia y de libertad, a la conciencia de los gobiernos. Un Gobierno, por definición, no tiene conciencia. Tiene, a veces, una política, y eso es todo" (De un texto de Camus enviado a los jóvenes escritores españoles en el 20 aniversario de la guerra civil española).

El 24 de agosto en el homenaje que el Ayuntamiento de París rindió a los republicanos españoles que fueron vanguardia en la liberación en la capital francesa había banderas republicanas y nos encontrábamos allí ciudadanos españoles que nos sentimos republicanos. Pues bien, ya empezó a deleitarnos el señor Rojo, presidente del Senado, al no mencionar ni una sola vez la palabra república en su discurso, ni habló tampoco de republicanos españoles, cuando sí lo hicieron, con brillantez y valentía, el alcalde de París y la alcaldesa del distrito donde se celebraba el acto. Añádase a esto que el programa de la televisión pública, Informe Semanal, emitió un reportaje el día 4 de septiembre sobre la efeméride celebrada en París y no ofreció ni una sola imagen de las banderas republicanas que flameaban en el homenaje. Omisión significativa, a decir verdad, tanto que me atrevería a aseverar que no es en modo alguno inocente.

No entraba en lo esperado ni en lo esperable que el PSOE terminara por convertirse en un partido dinástico. Sin embargo, los hechos se están encargando de demostrarlo con nulo margen para las dudas. Pero se va más allá. Si el presidente del Senado habló de los españoles que lucharon contra el horror nazi, obvió algo que sabe cualquier ciudadano que haya pasado por la enseñanza obligatoria más elemental, es decir, que había otros españoles que combatían en la División Azul.

Así, la palabra república sigue proscrita, continua siendo una especie de anatema para los partidos que no se salen de lo políticamente correcto, incluidos los rojazos del PSOE. Se diría que en este país se puede ser todo, excepto republicano. Se diría que nombrar la palabra república es mentar al diablo, y no sólo para los nostálgicos del franquismo, sino también para un partido que se llama socialista.

La bandera de los españoles que entraron en la liberación de París era la tricolor. ¿Por qué esa bandera en Francia es un orgullo y tiene todas las gloriosas connotaciones de democracia, de libertad y de civilización, mientras que en una España teóricamente democrática se esconde como algo que escuece, que quema en las manos? Sería muy interesante que desde los partidos que, al menos en sus siglas, se proclaman de izquierdas se contestase a esta pregunta. ¿Por qué el presidente del Senado no menta la palabra república, por qué la televisión pública no emite imágenes de las banderas republicanas que había en el homenaje a los republicanos españoles que tanto contribuyeron a la liberación de París? Digamos de pasada que en el mencionado acto no o­ndeaba la bandera del actual estado monárquico, lo que no deja de ser significativo. Acaso tal cosa obedezca a que haya quien la pueda seguir identificando con la del franquismo, por muy desprovista que esté de yugo y de águila imperial. Insistimos en que fueron homenajeados republicanos españoles. A este respecto, convendría detenerse un instante en la función del sustantivo y del adjetivo.

Concluyamos con estas palabras del texto de Camus en el vigésimo aniversario de la guerra civil española: "Yo he encontrado en la historia, desde que tengo la edad de hombre, muchos vencedores con cara odiosa. Porque leía en ellos el odio y la soledad. Y es que no eran nada, cuando no eran vencedores. Solamente para existir, les era necesario matar y esclavizar. Pero hay otra raza de hombres que nos ayuda a respirar, que no ha encontrado la existencia y la libertad sino en la libertad y la felicidad de todos y que puede, por tanto, encontrar, hasta en la derrota, razones de vivir y de amar. Esos hombres no estarán nunca solos".

Al menos, siempre estarán con su bandera. Y con su república. La una y la otra no sólo eran tabúes en la España y en la televisión de Aznar. Parecen seguir siéndolo en la España y en la televisión de ZP. La república y su bandera, por prescripciones facultativas de la politiquería de pensamiento único, son proscritas y casi, casi malditas en la España de 2004. República esqueicida, España escocida.

Luis Arias Argüelles-Meres
13/09/2004 15:51 Enlace permanente. Tema: Y digo yo ... Hay 3 comentarios.

Rusia es culpable

SERRANO.jpgEl 24 de junio de 1941, 2 días después de que Hitler invada la URSS, el ministro de Exteriores, presidente de la Junta Política, "el cuñadísimo", arenga a los falangistas: "El exterminio de Rusia es una exigencia de la historia y del porvenir de Europa". Reproducimos la alocución anticomunista, que Radio Nacional transmitió el 27 de octubre con el objeto de captar voluntarios para la División Azul.

Con plena conciencia España lanzó al mundo, el mismo día que empezaba en los campos de batalla la lucha a muerte del orden nuevo contra el comunismo, una frase que brota de los recuerdos más terribles del alma nacional: ‘Rusia es culpable’".
Culpable de todos los crímenes, de todos los saqueos, de las más horrendas aberraciones políticas. El comunismo de Lenin y sus secuaces ha sido el bacilo que ha infestado a los individuos y a los pueblos. España podía gritarlo así al mundo porque durante tres años lo ha sentido en su carne. Lo podíamos gritar como españoles, como europeos y como hombres.

Como españoles, porque la alianza del comunismo con las izquierdas burguesas nos expuso al peligro de dejar de ser una nación soberana y libre, para convetirnos en tierra colonial de los eternos enemigos; en lugar de paso para que las tropas de color, reclutadas en cualquier sitio de África, por los países de imperio negro, acudieran en defensa de los capitalismos judaico-masónicos que tenían su cónclave en Ginebra.

Como españoles, porque ese virus rojo, operando en confabulación con los separatistas delirantes, quería convertir el "quehacer en la historia", que desde el siglo XV se llama España y ha cumplido la sagrada misión de engendrar veinte naciones de su fe y de su lengua, en un conglomarado informe de repúblicas pseudoindependientes, que se llamarían Catalunya, Euskadi, Galicia... y el Rif. El comunismo en España quería destruir la unidad de destino de los hombres, las tierras y las clases, y el honor nacional que en nuestro idioma y en nuestro sentimiento se llama independencia.

Como europeos, podíamos gritarlo también. Porque en España, aun sin olvidar las humillaciones infligidas a su dignidad en el curso de la historia por los pueblos más fuertes, observaba, lealmente, todas las reglas que regían la comunidad internacional. Y nunca regateó su colaboración y los esfuerzos para mejorarlas, según en las asambleas ginebrinas procuró –ingenuamente– con su voz y el aliento de su gloriosa tradición jurídica servir este objetivo. Pero el monstruo comunista abrió un profundo foso en Europa y separó en dos mundos distintos aquella continuidad de veinte siglos de civilización cristiana.

Frente a la odiosa e intolerable amenaza antihumana del puño cerrado, surgió otra concepción más generosa de la vida. El amor, la construcción, el orden, la fe y la armonía se opusieron al odio, la destrucción, la indisciplina, la desesperación y el caos. Lamentablemente, la riqueza del mundo prefirió cerrar el puño para conservar avaramente su opulencia, que abrir la mano de manera generosa para saludar y rectificar injusticias. Europa se partió en dos tremendas mitades cuando en los primeros días de verano de 1936, las democracias armaban a los asesinos para crear brigadas internacionales, mientras los países totalitarios enviaban sus hombres mejores a defender la civilización, amenazada de muerte en nuestro suelo.

Europa se rompió en aquel comité de no intervención, en el que –en el mismo Londres y entre gentes dignas– intrigaban feroces los salteadores de banco, los asesinos de una cultura y una tradición, los judíos sanguinarios que se llaman todavía Litvinof y Maisky. Aquel mundo, partido por la hoz comunista, sufre ahora más salvación que el triunfo de los ejércitos anticomunistas.

Como hombres, los españoles sabemos todo el horror y la ignominia de la dictadura del proletaridado armado en defensa del pueblo. Los lienzos rasgados a golpes de bayoneta; los Cristos decapitados, como los viejos sacerdotes; las eras quemadas, sin cosechar, como los viejos soldados de la fe; los palacios, los templos, las bibliotecas y los museos volados por la dinamita o convertidos en checas, donde la barbarie criminal de los instintos primitivos más feroces extremaba su crueldad y su refinamiento.

Por eso, hombres españoles y europeos, con su triple conciencia intacta, los falangistas se alzaron contra Rusia el mismo día que Alemania declaraba la guerra. Y por eso salieron a las calles de un Madrid que todavía tiene abiertas las bárbaras heridas de nuestra guerra contra el comunismo pidiendo armas para volver al combate. Por eso España les abrió banderines de enganche, en los que todos –sin distinción de edad, de oficio, de fortuna o jerarquía– corrieron a alistarse. Hubo que seleccionar y limitar el número de combatientes, pero los que quedaron aguardan todavía –arma al brazo– a que un toque de relevo les dé ocasión de ir a reunirse en el fragor de la batala con sus hermanos de generación que se cubren de gloria en los frentes del Este. España les despidió con frenesí exaltado y ahora piensa en ellos todos los días con silenciosa y esperanzada emoción. Allá lejos sigue violentísima la lucha empezada en nuestro suelo el 18 de julio de 1936, y en ella tenemos muchos agravios que vengar. Entre otros, el de nuestros niños robados de sus hogares para ir a las escuelas de experimentación comunista. Muchos de estos niños –en el borde de la adolescencia– han sido convertidos en soldados rojos, contra su ideal, sus creencias y su sangre.

Por todo esto es por lo que está en Rusia una División de voluntarios españoles, una División Azul, en la que figuran nuestros más entrañables camaradas, que combaten valerosa y conscientemente, junto a sus viejos camaradas alemanes e italianos, a quienes conocieron en las montañas de Santander, en las tierras de Aragón, junto a las riberas del Ebro, con otros nuevos, con quienes nos unen lazos de sangre, de fe o de ideales idénticos; los valerosos finlandeses, los húngaros, rumanos y eslovacos.

La victoria está próxima y es ya inminente. La justicia divina amenaza implacable a la horda que desterrara al Cristo de los corazones humanos. Y está próximo el día en que aplastado para siempre el horror bolchevique, la Historia recobre su cauce de trabajo y cultura, despertando de la trágica pesadilla de la que Rusia es culpable.

¡Viva Franco!

¡Arriba España!
13/09/2004 15:48 Enlace permanente. Tema: Y digo yo ... No hay comentarios. Comentar.

10/09/2004

“Más vale morir de pie que vivir de rodillas”

pasionaria.jpgDiscurso pronunciado por la dirigente comunista en París, el 8 de septiembre de 1936


Trabajadores de París! ¡Demócratas franceses!

Desde la España que lucha por su libertad y por la libertad de todos los pueblos, frente a la pérfida agresión de la reacción española y del fascismo internacional, venimos aquí, al París de la Comuna y de la Gran Revolución, a deciros en qué condiciones luchan nuestros combatientes, lucha y muere nuestro pueblo.

Venimos aquí en demanda de solidaridad para con la República Española, seguros de que nos ayudaréis; confiados en que vosotros, que tantas páginas gloriosas de luchas tenéis en vuestra historia, sabréis comprendernos, sabréis ayudarnos.

La sublevación del ejército ha dejado al Gobierno republicano sin los más elementales medios de defensa. Pero al levantarnos a cerrar el paso al devastador torrente fascista, que arrasa nuestras villas, que destruye nuestras ciudades, no nos detuvimos a contar cuántos era nuestros enemigos, ni pensamos tampoco en el desvalimiento en que la sublevación militar dejaba a la República, al privar a ésta de las armas fundamentales necesarias para su defensa.

Pensamos solamente, impulsados por un movimiento nacional, espontáneo, de dignidad, que ceder sin resistencia a la agresión sería innoble cobardía, que ni el pueblo ni la historia podrían jamás perdonarnos.

Y sin ninguna vacilación, unidos en el mismo sentimiento y con la misma decisión de cerrar el paso al fascismo y defender la República y la democracia, comunistas, socialistas, republicanos, anarcosindicalistas y nacionalistas vascos nos lanzamos a la lucha dispuestos a toda clase de sacrificios, porque no ignorábamos lo que el fascismo representa y de lo que es capaz la reacción española. La represión de Asturias es un ejemplo próximo y elocuente. Y no podíamos, sin abdicar de nuestra dignidad humana y española, ni someternos al degradante yugo fascista, ni poner mansamente la cabeza bajo el hacha del verdugo.

Consciente de lo que nuestra lucha significa, el pueblo español prefiere morir de pie a vivir de rodillas.

Al lado de los rebeldes, apoyándolos en su agresión contra la República y contra el pueblo, participan fuerzas fascistas extranjeras, cuyos aviones bombardean las abiertas ciudades españolas.

Y mujeres y niños, víctimas inocentes del odio salvaje de la reacción española, caen para siempre, abatidos por la metralla enemiga, y pagan con su sangre y con su vida el delito de vivir en la España republicana, en la España que no acepta ser convertida en una cárcel fascista, en una base de agresión de la reacción internacional.

Hemos venido a Francia en representación del Gobierno republicano y de los combatientes que en todos los frentes proclaman su voluntad de lucha, en defensa de la libertad de España, en defensa de la libertad de todos los pueblos, cuya suerte se decide en nuestra patria.

Hemos venido a deciros a vosotros, heroicos descendientes de los combatientes de la Comuna, de los vencedores de la Bastilla, a deciros la profunda inquietud que ha producido en nuestro pueblo, en nuestros combatientes, en nuestro Gobierno, la negativa del Gobierno francés a vender armas al Gobierno español, violando los acuerdos establecidos entre ambos y por los cuales el Gobierno francés se comprometía a vender al español las armas que necesitaba para su defensa.

Se han cerrado las fronteras con España. Con ello se priva a los combatientes españoles de la posibilidad de resistir. Con ello se coloca al pueblo español ante el terrible dilema de entregarse cobardemente a los agresores o de aceptar sin posibilidad de resistencia el exterminio por las bandas fascistas y reaccionarias de lo más joven, de lo más progresivo, de los más combativo de nuestro pueblo. Y nosotros nos negamos a aceptar esta disyuntiva, que entrañaría el horror de la victoria del fascismo en España. Que entrañaría para el pueblo francés la amenaza de agresión de guerra del otro lado de los Pirineos.

¡Camaradas y amigos franceses! ¡Hombres y mujeres de la Francia de la Gran Revolución, de los Derechos del Hombre y de la Comuna! ¡Ayudadnos! ¡Ayudad a nuestro pueblo a defenderse! Exigid a vuestro Gobierno que no nos coloque un dogal al cuello del pueblo español, que lucha por su libertad y por la vuestra.

¡Madres y mujeres de Francia! ¡No os pedimos que sacrifiquéis a vuestros hijos ni a vuestros hombres! Os pedimos solamente que nos ayudéis a hacer cambiar la decisión del Gobierno francés que nos ata los pies y las manos frente a la agresión fascista.

Sobra a nuestro pueblo heroísmo, pero el heroísmo no basta. A las armas de los rebeldes hay que poder oponer fusiles, aviones, cañones. Defendemos la causa de la libertad y de la paz. Necesitamos aviones y cañones para nuestra lucha, para defender nuestra vida, nuestra libertad, para impedir que los sublevados ataquen nuestras ciudades abiertas, asesinen a nuestras mujeres y a nuestros niños. ¡Necesitamos armas para defender la libertad y la paz! Y no olvidéis, y que nadie olvide, que si hoy nos toca a nosotros resistir a la agresión fascista, la lucha no termina en España. Hoy somos nosotros; pero si se deja que el pueblo español sea aplastado, seréis vosotros, será toda Europa la que se verá obligada a hacer frente a la agresión y a la guerra.

Ayudadnos a impedir la derrota de la democracia, porque la consecuencia de esta derrota sería una nueva guerra mundial, que todos estamos interesados en impedir y cuyos primeros combates se libran ya en nuestro país.

¡Por nuestros hijos y por los vuestros!

¡Por la paz y contra la guerra, exigid que se abran las fronteras!

¡Exigid que el Gobierno francés cumpla sus compromisos con el Gobierno republicano español!

¡Ayudadnos a tener las armas que necesitamos para defendernos!

¡El fascismo no pasará, no pasará, no pasará!
10/09/2004 11:47 Enlace permanente. Tema: Y digo yo ... No hay comentarios. Comentar.

08/09/2004

Afectados por la dictadura

GUERNICA.jpgJuan Carlos Manzanal Azpilicueta / (DNI: 15.912.253-W)

Soy el hijo de un afectado de la dictadura franquista, (Priscilo Manzanal Lastra), y quiero decir que he vivido desde niño la amargura de mi padre durante todo este tiempo. Su delito, luchar por los derechos de los más oprimidos que son los pobres, él lo hizo como joven comunista, estuvo primero en la cárcel de o­ndarreta, después en la de Martutene. Tenían que dormir sobre una esterilla en el todavía fresco cemento, esto y la malnutrición, pues era pobre y no tenía para comprar en el economato, le llevaron a contraer una enfermedad grave a los huesos, se libró de la mili pero no del control policial cada vez que venía el Azor.

Llevo dos años tratando de tramitar la indemnización de mi padre. Hoy en día estamos con el recurso por una circular mal hecha. Después de la revisión nos pidieron las causas de su encarcelamiento bien especificadas, han quedado bien claras en una nueva certificación gracias a un funcionario todo hay que decirlo. Tenemos la esperanza de que se lleve a cabo la indemnización, pues somos como otros tantos los que rozamos la necesidad, además nos pertenece ya que está aprobada en el Parlamento Vasco.

Sirva también la presente para que no caiga en el olvido el contencioso, ni en saco roto, ya que fueron los políticos los que pusieron en canción a las víctimas y en evidencia ante sus familiares y amigos. También sirva para que comprendan que aunque insuficiente, es a base de granitos de arena como se consigue la paz y valga de reconocimiento por todo el sufrimiento de tantos años.

Diario Vasco
08/09/2004 12:19 Enlace permanente. Tema: Y digo yo ... No hay comentarios. Comentar.

1936. Los mitos de la Guerra Civil

cartel sublevacion.jpgEn el orden financiero, la República tenía ventaja porque controlaba las sustanciales reservas de oro del Banco de España, cuya movilización serviría como medio de pago de los suministros importados del extranjero, en tanto que sus enemigos carecían de recursos constantes análogos y sólo disponían de sus posibilidades exportadoras para obtener divisas aplicables a las ineludibles compras exteriores. Esta ventaja inicial en recursos industriales y financieros por parte de la República hizo creer a algunos de sus dirigentes que la prueba de fuerza planteada por los sublevados podría ganarse. Así lo hizo explícito Indalecio Prieto en una alocución radiada el 8 de agosto [de 1936] de buscado tinte optimista (por más que la realidad conocida no fuera tan idílica):
"¿De quién pueden estar las mayores posibilidades de triunfo en una guerra? De quien tenga más medios, de quien disponga de más elementos. Esto es evidentísimo... Pues bien: todo el oro de España, todos los recursos monetarios válidos en el extranjero, todos, absolutamente todos, están en poder del Gobierno. (...) Todo el poder industrial de España... está en nuestras manos".
En términos militares, los sublevados contaban con la totalidad de las bien preparadas y pertrechadas fuerzas de Marruecos (especialmente, el contingente humano de la temible Legión y de las Fuerzas de Regulares Indígenas: "los moros") y con la mitad de las fuerzas armadas existentes en la propia Península, con una estructura, equipo y cadena de mando intactos y funcionalmente operativos. El mayor problema en este ámbito residía en las dificultades de transporte del llamado "Ejército de África" a la Península (habida cuenta de la falta de flota y aviones para llevarla a cabo), motivo por el cual el general Franco había emprendido sus propias gestiones para hacer posible la empresa mediante la solicitud del apoyo aéreo italiano y alemán. El 25 de julio, desde Tetuán, Franco solicitaba nuevamente al cónsul italiano en Tánger ese apoyo ("12 aviones de transporte, 10 aviones caza y 10 aviones de reconocimiento") y daba cuenta de la favorable situación militar presente: "Franco me asegura que con tal material y con fuerzas armadas y armas de que dispone es seguro éxito".
Frente a la relativa confianza militar que imperaba en el área sublevada, en la zona republicana las autoridades estaban realmente aterradas por la situación en su fuero interno. Tanto que Santiago Casares Quiroga dimitió de su cargo de jefe del Ejecutivo el mismo día 18, el republicano moderado Diego Martínez Barrio fracasó en su efímero intento de formar un gobierno para mediar con los rebeldes aquella tarde-noche y, por último y por exclusión, el azañista José Giral tuvo que sustituirlo al frente de un nuevo Gabinete exclusivamente republicano el 19 de julio de 1936.
Para entonces era evidente que el Gobierno había sufrido la defección de más de la mitad del generalato y de cuatro quintas partes de la oficialidad, viéndose obligado a disolver la casi totalidad de sus unidades por decreto de aquel 19 de julio: "Quedan licenciadas las tropas cuyos cuadros de mando se han colocado frente a la legalidad republicana". Ese mismo día, muy consciente de su falta de medios y pertrechos bélicos, Giral remitía su demanda telegráfica de ayuda militar al nuevo Gabinete del Frente Popular que había asumido el poder en Francia escasamente dos meses antes.
La gravedad de la situación se acentuaba porque, dada la ausencia de esos instrumentos coactivos, la defensa de la legalidad republicana había quedado en manos de milicias sindicales y populares improvisadas y a duras penas mandadas y dirigidas por los escasos mandos militares que se mantuvieron leales. Y había sido una combinación de esas fuerzas de seguridad leales y milicianos sindicales y partidistas la que había conseguido el aplastamiento de la sublevación en las grandes capitales y centros urbanos. Como reconocería después un periodista anarquista barcelonés que participó en los combates al lado de las fuerzas de la Guardia Civil y de la Guardia de Asalto: "La combinación fue decisiva. A pesar de su combatividad, de su espíritu revolucionario, la CNT sola no habría podido derrotar al ejército y a la policía juntos. De haber tenido que luchar contra ambos, en unas pocas horas no habría quedado ni uno de nosotros".
No obstante la catástrofe que supuso la práctica disolución de su Ejército, la República pudo congratularse por retener en sus manos casi dos tercios de la minúscula fuerza aérea y algo más de la anticuada flota de guerra, cuya marinería se había amotinado contra los oficiales rebeldes y había implantado un bloqueo del estrecho de Gibraltar para evitar el traslado de las decisivas tropas marroquíes al mando del general Franco.
En definitiva, aunque habían triunfado ampliamente en la España rural y agraria, el fracaso de los militares sublevados en las partes de España más modernizadas, incluyendo la propia capital del Estado (cuyo dominio conllevaba el reconocimiento jurídico internacional), les obligaba a emprender su conquista mediante verdaderas operaciones bélicas. El golpe militar parcialmente fallido devenía así en una verdadera y cruenta guerra civil. Y como ningún bando disponía de los medios y el equipo militar necesarios y suficientes para sostener un esfuerzo bélico de envergadura, ambos se vieron obligados a dirigirse de inmediato en demanda de ayuda a las potencias europeas más afines a sus postulados, abriendo así la vía al crucial proceso de internacionalización de la contienda.
La distribución inicial de fuerzas materiales entre los dos bandos contendientes ofrecía, por tanto, la imagen de un empate virtual imposible de alterar con la movilización de los recursos propios y endógenos. Y nada en esa situación coyuntural hacía presagiar una victoria total o una derrota sin paliativos por parte de ninguno de ambos contendientes.
Mediación internacional
Por si fuera poco, más adelante, en varias ocasiones durante el despliegue cronológico del conflicto (en virtud de razones internas tanto como exteriores), volvió a parecer sumamente improbable dicho final efectivo y tomó cuerpo como posibilidad viable la idea de una mediación internacional o una capitulación negociada para poner término al conflicto: en el verano de 1937, cuando las primeras ofensivas republicanas en Brunete y en Belchite demostraron la existencia de una máquina militar con cierta capacidad de ataque y maniobra (con el consecuente desánimo italo-germano y las paralelas gestiones anglo-francesas en pro de un armisticio); en el invierno de 1937-1938, cuando tiene lugar la única victoria ofensiva republicana con la ocupación efímera de la ciudad de Teruel (en el contexto de una tensión creciente de la entente anglo-francesa ante la anunciada anexión alemana de Austria), y en el verano de 1938, cuando el asalto republicano en la desembocadura del Ebro desbarata el avance franquista sobre Valencia y da origen a la batalla más larga y cruenta de toda la contienda española (en vísperas de la grave crisis germano-checa que puso a Europa al borde de la guerra general).
Sin embargo, ni un armisticio, ni una mediación internacional, ni una capitulación negociada y condicionada pusieron término al conflicto fratricida. Y no fue así al final por varias razones difíciles de aquilatar y ponderar en su medida exacta. El presidente Azaña, ya en su exilio en Francia desde febrero de 1939, enumeraría con notable perspicacia las razones de la abrumadora derrota republicana (más que los motivos de la victoria total franquista):
"El presidente considera que, por orden de importancia, los enemigos del Gobierno republicano han sido cuatro. Primero, la Gran Bretaña
[por su adhesión al embargo de armas prescrito por la política colectiva de No Intervención]; segundo, las disensiones políticas de los mismos grupos gubernamentales que provocaron una anarquía perniciosa que fue total para las operaciones militares de Italia y Alemania en favor de los rebeldes; tercero, la intervención armada italo-germana, y cuarto, Franco (...)".
En efecto, al igual que había sucedido con los beligerantes de la I Guerra Mundial, los dos bandos combatientes en la contienda civil española tuvieron que hacer frente a tres grandes y graves problemas inducidos por la Guerra Total en el plano estratégico-militar, en el ámbito económico-institucional y en el orden político-ideológico. En gran medida, el éxito o fracaso de sus respectivos esfuerzos bélicos dependió de la acertada resolución de estas tres tareas básicas. A saber:
1º. La reconstrucción de un Ejército combatiente regular, con mando centralizado y jerarquizado, obediencia y disciplina en sus filas y una logística de suministros bélicos constantes y suficientes, a fin de sostener con vigor el frente de combate y conseguir ulteriormente la victoria sobre el enemigo o, al menos, evitar la derrota.
2º. La reconfiguración del aparato administrativo del Estado en un sentido fuertemente centralizado para explotar y hacer uso eficaz y planificado de todos los recursos económicos internos o externos del país, tanto humanos como materiales, en beneficio del esfuerzo de guerra y de las necesidades del frente de combate.
3º. La articulación de unos "Fines de Guerra" comunes y compartidos por la gran mayoría de las fuerzas sociopolíticas representativas de la población civil de retaguardia y susceptibles de inspirar moralmente a esa misma población hasta el punto de justificar los grandes sacrificios de sangre y las hondas privaciones materiales demandados por esa cruenta y larga lucha fratricida.
A juzgar por el curso y desenlace de la Guerra Civil, parece evidente que el bando franquista fue superior al bando republicano en la imperiosa necesidad de configurar un Ejército combatiente bien abastecido, construir un Estado eficaz para regir la economía de guerra y sostener una retaguardia civil unificada y moralmente comprometida con la causa bélica. Y, sin duda, el contexto internacional en el que se libró la contienda española impuso unas condiciones favorables y unos obstáculos insuperables a cada uno de los contendientes. No en vano, sin la constante y sistemática ayuda militar, diplomática y financiera prestada por la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini, es harto difícil creer que el bando liderado por el general Franco hubiera podido obtener su rotunda victoria absoluta e incondicional. De igual modo, sin el asfixiante embargo de armas impuesto por la política europea de No Intervención y la consecuente inhibición de las grandes potencias democráticas occidentales, con su gravoso efecto en la capacidad militar, situación material y fortaleza moral, es altamente improbable que la República hubiera sufrido un desplome interno y una derrota militar tan total, completa y sin paliativos.
Informe confidencial
En este sentido, es bien revelador el juicio contenido en el siguiente informe confidencial elaborado por el agregado militar británico en España para conocimiento de las autoridades británicas: "Es casi superfluo recapitular las razones (de la victoria del general Franco). Éstas son, en primer lugar, la persistente superioridad material durante toda la guerra de las fuerzas nacionalistas en tierra y en el aire, y, en segundo lugar, la superior calidad de todos sus cuadros hasta hace nueve meses o posiblemente un año. (...) Esta inferioridad material [de las tropas republicanas] no sólo es cuantitativa, sino también cualitativa, como resultado de la multiplicidad de tipos [de armas]. Fuera cual fuera el propósito imparcial y benévolo del Acuerdo de No Intervención, sus repercusiones en el problema de abastecimiento de armas de las fuerzas republicanas han sido, para decir lo mínimo, funestas y sin duda muy distintas de lo que se pretendía".
"La ayuda material de Rusia, México y Checoslovaquia [a la República] nunca se ha equiparado en cantidad o calidad con la de Italia y Alemania [al general Franco]. Otros países, con independencia de sus simpatías, se vieron refrenados por la actitud de Gran Bretaña. En esa situación, las armas que la República pudo comprar en otras partes han sido pocas, por vías dudosas y generalmente bajo cuerda. El material bélico así adquirido tuvo que ser pagado a precios altísimos y utilizado sin la ayuda de instructores cualificados en su funcionamiento. Tales medios de adquisición han dañado severamente los recursos financieros de los republicanos". [Informe del mayor E. C. Richards, de 25 de noviembre de 1938].
El acierto de ese juicio del analista militar británico resulta corroborado por un informe remitido a Berlín por el embajador alemán en España, Eberhard von Stohrer, tras la ocupación de Cataluña y en vísperas del colapso de la resistencia republicana. A tenor del mismo, "las causas de la derrota roja" eran las siguientes: "La explicación de la decisiva victoria de Franco reside en la mejor moral de las tropas que luchan por la causa nacionalista, así como en su gran superioridad en el aire y en su mejor artillería y otro material de guerra. Los rojos, todavía sacudidos por la batalla del Ebro y en gran medida lastrados por su escasez de material bélico y sus dificultades de suministros alimenticios, fueron incapaces de resistir la ofensiva". [Despacho del 19 de febrero de 1939].
Todo lo anterior no quiere decir, ni mucho menos, que la política de No Intervención (la "traición de las democracias" que tanto denunciarían los líderes republicanos) fuera la razón única y exclusiva de la victoria de Franco y de la derrota de la República. De ningún modo parece posible o razonable suscribir este tipo de sencillas explicaciones unicausales y unilaterales. Frente a ese tipo de argumentaciones cabría subrayar, en todo caso, que tan importante en el desenlace de la guerra como esa persistente inhibición de la entente franco-británica habría sido la sistemática intervención italo-germana y las limitaciones de la asistencia soviética, por mencionar sólo las dimensiones internacionales presentes y operantes en la contienda. De todos modos, a nuestro juicio, lo que sí resulta innegable es otra dimensión más compleja y trascendental de esta faceta del asunto.
A saber: el hecho de que el contexto internacional conformado por la realidad práctica de la política europea de No Intervención incidió de manera directa y con resultados diferenciales sobre el esfuerzo de guerra de ambos bandos contendientes y sobre sus ineludibles tareas para hacer frente a la Guerra Total.
Dicho en otras palabras: los condicionamientos del marco internacional plantearon ventajas notorias e impusieron servidumbres sustanciales que cada uno de los bandos utilizó, sorteó o sobrellevó a fin de engrosar su capacidad de acción militar, fortalecer la moral de combate de su población civil de retaguardia, y acrecentar la eficacia de su aparato estatal y el aprovechamiento de sus recursos económicos. Y en este engarce y conexión dialéctica entre contexto internacional y circunstancias internas se fueron labrando las razones de una victoria total y los motivos de una derrota sin paliativos.
La opinión de Rojo
La justa ponderación de todos estos factores concurrentes a la hora de explicar el modo y manera de terminación de la guerra civil española cuenta con un precedente tentativo muy notable y distinguido. Se trata de la estimación realizada, apenas unos meses después de terminada la contienda, por el general Vicente Rojo Lluch (1894-1966), jefe del Estado Mayor Central del Ejército Popular de la República y auténtico estratega supremo del bando derrotado. Su balance, por eso mismo, tiene especial valor testimonial al proceder de quien fuera el antagonista fundamental que tuvo Franco en el plano militar durante la contienda. A juicio del general Rojo, "las causas del triunfo de Franco" se debían a un conjunto de razones correlacionadas que atendían a varios frentes distintos:
"En el terreno militar, Franco ha triunfado: 1º. Porque lo exigía la ciencia militar, el arte de la guerra. (...) 2º. Porque hemos carecido de los medios materiales indispensables para el sostenimiento de la lucha. (...) 3º. Porque nuestra dirección técnica de la guerra era defectuosa en todo el escalonamiento del mando. (...)
En el terreno político, Franco ha triunfado: 1º. Porque la República no se había fijado un fin político, propio de un pueblo dueño de sus destinos o que aspiraba a serlo. (...) 2º. Porque nuestro gobierno ha sido impotente por las influencias sobre él ejercidas para desarrollar una acción verdaderamente rectora de las actividades del país. (...) 3º. Porque nuestros errores diplomáticos le han dado el triunfo al adversario mucho antes de que pudiera producirse la derrota militar. (...)
En el orden social y humano, Franco ha triunfado: 1º. Porque ha logrado la superioridad moral en el exterior y en el interior. (...) 2º. Porque ha sabido asegurar una cooperación internacional permanente y pródiga". [Vicente Rojo, ¡Alerta los pueblos! Estudio político-militar del periodo final de la guerra española].
Cabría discutir el orden de prelación y la importancia respectiva de cada una de esas razones expuestas por el general Rojo con los característicos laconismo y contundencia castrenses. Pero apenas cabe dudar que todas ellas tuvieron su parte correspondiente, mayor o menor, en la conformación del resultado final de la Guerra Civil con su victoria absoluta y su derrota total. Así lo permitiría corroborar un repaso más detallado y minucioso a las tres grandes dimensiones interiores operantes en la contienda y al contexto exterior determinante que actuó como marco envolvente y condicionante de la misma.

Enrique Moradiellos
08/09/2004 11:41 Enlace permanente. Tema: Y digo yo ... Hay 1 comentario.

02/09/2004

Carta de Octavio Alberola, Luis Edo y Vicente Martí Dirigida al Ministro de Justicia

garrote vil.jpgOctavio Alberola, Luis Edo y Vicente Martí,se ofrecen para testificar a favor de Delgado y Granado La reapertura del caso de los anarquistas Francisco Granados y Joaquín Delgado, ejecutados en 17 de agosto de 1963 por atentados que no cometieron, ha traído cola. Excompañeros de ambos mandaron ayer una carta al ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, en la que solicitan al Gobierno del PSOE que "cumpla su palabra" y que anule "las sentencias pronunciadas por los tribunales represivos del franquismo".

Barcelona, 31 de agosto de 2004

Sr. D. Juan Fernando López Aguilar
Ministro de Justicia
Ministerio de Justicia
C/ San Bernardo, 45
28015 MADRID

Señor Ministro:

Como Ud. sabe, el 13 de junio de 2004, y por primera vez en 25 años de Transición y Democracia, el Tribunal Constitucional ha dado razón a las víctimas de la represión franquista amparando a las familias de los anarquistas Francisco Granado y Joaquín Delgado contra la resolución de la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo que denegó, el 3 de marzo de 1999, la revisión del Consejo de Guerra Sumarísimo que condenó a muerte a sus familiares el 13 de agosto de 1963.

Es verdad que esta histórica decisión del Tribunal Constitucional -que obliga al Tribunal Supremo a reexaminar el Recurso de Revisión (presentado el 3 de febrero de 1998 por la viuda de Granado y el hermano de Delgado) y a tomar en consideración nuestros testimonios que desestimó en 1999- ha sido aprobada por cuatro votos a dos, y no por unanimidad. Lo que prueba que hay aún magistrados renuentes a aceptar que España es hoy un Estado de derecho. No obstante, es incuestionable que en el Constitucional hay ahora una mayoría de magistrados dispuestos a aceptarlo y a proceder en consecuencia.

De ahí que no haya seguido esta vez la doctrina continuista (según la cual “la Constitución no tiene efectos retroactivos y no es aplicable a los actos del poder anteriores a su entrada en vigor”) defendida por los magistrados de la Sala Militar del Supremo y por lo menos los dos del Constitucional que votaron en contra, y que haya reconocido “la sistemática denegación” de las pruebas propuestas por los recurrentes, vulnerando el derecho a “utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa”. Además de considerar que nuestros testimonios constituían “pruebas claramente pertinentes por su relación con los hechos”.

Dado pues que esta sentencia retrotrae las actuaciones al momento anterior a aquel en que la Sala Militar debió resolver sobre las pruebas pedidas, entre ellas nuestros testimonios confirmando las declaraciones de Antonio Martín y de Sergio Hernández (que habían reconocido -ante notario y en un documental emitido en 1996 por ARTE y TVE- ser los verdaderos autores de las acciones por las cuales Granado y Delgado fueron detenidos, juzgados y ejecutados), consideramos necesario precisar lo que sigue:

Primero: Que estamos dispuestos a acudir, cuando se nos convoque, para aportar nuestros testimonios ante los magistrados de la Sala Militar del Tribunal Supremo que deberán proseguir las actuaciones para establecer si las declaraciones de Antonio Martín y Sergio Hernández son creíbles y, si lo son, acordar la revisión del Consejo de Guerra de 1963 que condenó a dos inocentes.

Segundo: Que somos conscientes de que esta revisión - que sería la primera en que los actos del poder anteriores a la entrada en vigor de la Constitución de la Democracia serían cuestionados judicialmente- sería acordada por razones jurídicas (el “hecho nuevo”: las declaraciones de Antonio Martín y Sergio Hernández) y no por razones políticas (el rechazo de la dictadura y la condena de la legalidad impuesta por el franquismo). Es decir: que la ruptura con la doctrina continuista no significa, necesariamente, que en los demás casos de revisiones solicitadas o que puedan serlo en el futuro (el de Julián Grimau, el del Presidente Lluis Companys, el de Joan Peiró o los de Salvador Puig Antich y de miles de fusilados al comenzar o terminar la Guerra Civil) el Tribunal Constitucional anularía también las resoluciones del Supremo denegando los recursos de revisión. Y ello por razones obvias, puesto que el argumento jurídico (el “hecho nuevo”) del caso Granado-Delgado no existe para la mayoría de los otros casos.

Tercero: Que la rehabilitación jurídica de la mayoría de las víctimas de la represión franquista no será pues posible si no hay una decisión institucional anulando las sentencias pronunciadas por los tribunales represivos del franquismo, puesto que la Ley de Amnistía de 1977 sólo suspendió su cumplimiento.

Así pues, y dado que la motivación de las familias demandantes de las revisiones sólo es la de rehabilitar moral y judicialmente a sus familiares y a las víctimas de la represión franquista en general, solicitamos su intervención para que se tomen - como lo piden el Parlament de Catalunya y la mayoría de los Grupos parlamentarios- las medidas adecuadas para decretar “la nulidad de todos los juicios y sentencias dictadas durante el franquismo”.

Tras más de 25 años de Constitución democrática y después de la histórica Resolución del 20 de noviembre de 2002 del Congreso de los Diputados, condenando el golpe militar de 1936 e instando a la rehabilitación de las víctimas de la represión franquista, es posible saldar definitivamente esta deuda. La revisión de los procesos políticos del franquismo es la asignatura pendiente de la Transición. La anulación de las sentencias pronunciadas por los tribunales represivos de la dictadura franquista convertiría en obsoleta la asignatura de las revisiones y daría razón y satisfacción a los familiares de las víctimas que las han solicitado.

Usted y su Gobierno pueden hacerlo.

Atentamente

Octavio Alberola / Luis Andrés Edo / Vicente Martí
02/09/2004 16:29 Enlace permanente. Tema: Y digo yo ... No hay comentarios. Comentar.

31/08/2004

Fraga, el último franquista que vuelve a postularse

fraga.jpgManuel Fraga, de 81 años de edad, antiguo ministro del ex dictador Francisco Franco y presidente regional de Galicia (noroeste, España) desde hace 14 años, anunció este lunes que volverá a presentarse como candidato del Partido Popular a las elecciones regionales del 2005.

''Don Manuel'', tal como se le conoce mayoritariamente entre el electorado de su conservadora y rural Galicia natal, confirmó a la prensa el rumor que corría tras su reciente entrevista con el secretario general del PP, Mariano Rajoy, quien aseguró su ``apoyo incondicional''.

Para los responsables del PP, del que es uno de los fundadores, nadie mejor que Fraga para lograr una quinta mayoría absoluta consecutiva en la región.

Antes de instalarse en su puesto de dirigente regional, Fraga fue entre 1962 y 1969 ministro de Información y Turismo del dictador Francisco Franco, al igual que él originario de Galicia. Una cartera que lo convirtió a la vez en primer censor de España, conocido y temido por los periodistas, y promotor de un sector que comenzaba a convertirse en la primera industria española.

En 1962, el ministro Fraga nombró director de la Radio Nacional de España a un periodista radiofónico experimentado llamado Manuel Aznar, padre del ex presidente del gobierno español José María Aznar, del que será mentor político cerca de 30 años más tarde.

Tras la vuelta de la democracia, Fraga fundó en 1977 la Alianza Popular, antecesor del Partido Popular, una formación que reúne a todo el espectro de la derecha española, incluida la extrema-derecha.

Figura tutelar de los conservadores reconvertidos a la democracia, Fraga eligió como sucesor a José María Aznar, a quien instaló en 1990 a la cabeza del PP.

Aznar honró al patriarca, al igual que hizo con el británico Tony Blair, haciéndole testigo de la fastuosa boda de su hija Ana, en septiembre del 2002.

Al confirmar este lunes su decisión de presentarse a las elecciones regionales del próximo año, que podrían mantenerlo en el poder hasta los 86 años, Fraga recordó al canciller alemán Konrad Adenauer, quien se retiró a los 87 años.

''Estoy en plena forma'', dijo a los periodistas, ``prepárense para soportarme al menos hasta la próxima legislatura''.

Agence France Presse
31/08/2004 09:41 Enlace permanente. Tema: Y digo yo ... Hay 3 comentarios.

27/08/2004

El Tribunal Constitucional y la memoria histórica

garrote vil.jpgEl 17 de agosto de 1963, la dictadura de Franco ejecutaba a los anarquistas Francisco Granado Gata y Joaquín Delgado Martínez, miembros de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias. Tras ser salvajemente torturados durante seis días, se les aplicó la pena de muerte por un delito de terrorismo, consistente en "provocar explosiones para atentar contra la seguridad pública y perturbar la tranquilidad, el orden y los servicios públicos, empleando medios y artificios capaces de ocasionar grandes estragos". A pesar de las condiciones de la detención, en todo momento afirmaron su inocencia.

En 1996, en un programa de la televisión franco-alemana Arte, y tras una previa declaración ante notario, Antonio Martín Bellido y Sergio Hernández declararon que eran ellos los verdaderos autores de la instalación de los explosivos en 1963. Esta revelación se reprodujo en otros medios de comunicación españoles y también en un programa de TVE en 1997.

Todo ello consta en los antecedentes de la sentencia de la Sala Primera del Tribunal Constitucional 123/2004, de 13 julio, pronunciada con el acuerdo de la mayoría de sus miembros, tras su reciente renovación, que estima el recurso de amparo presentado por familiares de uno de los dos anarquistas ejecutados en el sentido siguiente: se reconoce a los demandantes el derecho a utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa, de acuerdo con lo que establece el artículo 24.2 de la Constitución; se declara la nulidad del auto de la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo de 1999, por el que el máximo órgano de la jurisdicción ordinaria denegó a los demandantes la autorización para interponer recurso de revisión contra la sentencia de 13 de agosto de 1963 del consejo de guerra, dictada en un procedimiento sumarísimo que llevó a la muerte a los dos anarquistas; y, finalmente, dado que se reconoce que los familiares recurrentes no pudieron utilizar todos los medios de prueba pertinentes para sustentar sus pretensiones, el Tribunal Constitucional ordena al Tribunal Supremo retrotraer las actuaciones al momento procesal inmediatamente anterior a aquél en el que la Sala de lo Militar debió resolver en relación con las diligencias probatorias solicitadas por los recurrentes, para continuar la tramitación del procedimiento de revisión de la sentencia de 1963, de conformidad con el derecho a utilizar todos los medios de prueba que procedan.

Es decir, lo que jurídicamente pretendían los familiares, a la luz de las declaraciones de los también anarquistas Martín Bellido y Hernández -y en aplicación de lo establecido por la vigente Ley Orgánica 2/1989 Procesal Militar- era que se revisase una sentencia que contenía un error en el fallo. Un error que supuso la ejecución de dos penas de muerte. No hay duda de que la cuestión que plantea esta sentencia del Tribunal Constitucional es de una gran relevancia, más allá de las muy legítimas pretensiones de los familiares de los anarquistas ejecutados, destinadas a reparar su memoria y, probablemente, también a poner de manifiesto cómo se aplicaba la justicia contra el opositor político en aquella infame dictadura. Porque la estimación de este recurso de amparo, que obliga al Tribunal Supremo a reconocer en toda su integridad el derecho a utilizar los medios de prueba pertinentes, también constituye un peldaño más en la recuperación de la memoria histórica de aquellos ciudadanos que se opusieron a la dictadura. Y permite arrojar más luz al conocimiento de las instituciones jurisdiccionales franquistas como los consejos de guerra, sus integrantes y las resoluciones que dictaban, así como del arsenal de normas e instituciones de las que se dotó el régimen de Franco para la represión y, en su caso, la aniquilación de la oposición.

Por supuesto, el caso de estos dos anarquistas no era desconocido antes del recurso de revisión. En los antecedentes de la sentencia constan las referencias a diversos medios de comunicación que en España y fuera de ella han abordado el asunto. E incluso ha sido publicado un libro sobre el caso. Y ello a pesar del tiempo transcurrido, circunstancia que aquí resultó inevitable hasta el fin de la dictadura y sus coletazos. En este mismo sentido, alguna televisión autonómica se hizo eco en época todavía reciente de las declaraciones al respecto de un alto cargo de la seguridad del Estado franquista en aquellos tiempos, en las que no tenía empacho en afirmar que si bien no había certeza sobre la autoría de los atentados imputada a los anarquistas, la ejecución de las penas de muerte tenía un valor ejemplarizador y, en todo caso, una función disuasoria. No se olvide que eran unos tiempos -los inicios de la década de los sesenta- en los que tras las huelgas de Asturias de 1962 y la aparición en escena de las clandestinas Comisiones Obreras, el régimen respondía con la dureza habitual, ejecutando si era preciso a los opositores como mejor método disuasorio.Así, entre otros casos, en abril de 1963 ejecutaban al dirigente comunista Julián Grimau; en 1967 moría en las dependencias policiales Rafael Guijarro, y en 1969, el estudiante madrileño Enrique Ruano perecía al ser defenestrado tras un registro policial domiciliario. Mientras, en 1964, la dictadura celebraba los XXV años de su paz.

Pues bien, y volviendo al caso de los anarquistas, a pesar de los elementos de prueba citados, en 1999 la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo consideró que las pruebas aportadas sobre la autoría real del delito fueron escasas y débiles, por su carácter testifical, por el momento en que se propusieron y por la carencia de todo apoyo objetivo. Razón por la cual se consideró que no era posible evidenciar un error patente y manifiesto en el fallo de la sentencia del consejo de guerra de 1963. Pero hay que hacer notar que el Tribunal Supremo hizo abstracción de una parte de las pruebas testificales aportadas y, además, rechazó sin motivación explícita la solicitud de una comisión rogatoria para tomar declaración en Francia a uno de los dos inculpados, Sergio Hernández, residente en París, quien se negaba a hacerlo aquí -a pesar del tiempo transcurrido- por temor -según él- a la justicia española (sic). Secuelas, sin duda -por excesivo que pueda parecer- de los efectos colaterales de la larga noche franquista.

Ahora, el Tribunal Constitucional considera que la valoración por la jurisdicción ordinaria de las pruebas propuestas por los familiares de estos anarquistas no fue respetuosa con el derecho a la tutela judicial, en la medida en que vulneró el derecho de los demandantes a utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa. Porque, en efecto, la denegación sin mayor justificación de las pruebas relativas a las declaraciones de los diversos testigos acerca de la no autoría en la comisión de un delito por el que nada menos que fueron ejecutados Delgado y Granado, impidió a sus familiares fundamentar en toda su integridad la procedencia del recurso de revisión de la sentencia del consejo de guerra de 1963. A este respecto, el canon

interpretativo empleado por el tribunal, ya reiterado en su jurisprudencia, resulta de todas formas de especial interés para el caso, a saber: la revisión de sentencias firmes constituye una derogación del principio de cosa juzgada, que es una exigencia del principio constitucional de la seguridad jurídica, esto es, de la previsibilidad que ha de caracterizar al derecho. Por esta razón, la revisión es un recurso de carácter excepcional, que ha de ser objeto de una interpretación estricta.

En este sentido, la jurisprudencia constitucional ha insistido en que la revisión de sentencias penales está sometida, tanto en el ordenamiento jurídico español como en el derecho comparado, a una serie de cautelas, cuyo objeto no es otro que el de mantener un necesario equilibrio entre las exigencias de la justicia y de la seguridad jurídica. En el caso de estos anarquistas, la cuestión debatida se centra en procurar una decisión justa, que habría de pasar, eventualmente, por una revisión de la sentencia del consejo de guerra de 1963, pero de acuerdo a criterios con base constitucional. Y para ello es preciso que la revisión se fundamente en pruebas que muestren el error en la decisión judicial.

Y lo que ha dicho el Tribunal Constitucional es que, hasta el momento, ello no ha sido posible, porque la falta de motivación por parte del Tribunal Supremo a su negativa a practicar determinadas pruebas ha impedido a los demandantes hacer uso de todos los medios de prueba pertinentes. A este respecto, resulta de especial relevancia la posición jurídica adoptada por la jurisdicción constitucional, según la cual la revisión de sentencias no es tanto un recurso como una vía de impugnación autónoma que se aproxima al derecho del recurrente a acceder a la jurisdicción ordinaria, en este caso, al Tribunal Supremo. Por tanto, con la presentación de un recurso de revisión no se trata de apreciar, prima facie, desde ese primer momento procesal, si existen pruebas indubitadas suficientes para evidenciar el error en el fallo, sino de valorar si hay una base bastante para dar curso a la revisión.

En el caso planteado por los familiares de los anarquistas ejecutados, el Tribunal Constitucional ha considerado que siendo las pruebas propuestas pertinentes por su relación con los hechos, y resultando clara su relevancia, no puede entenderse razonable su denegación por la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo. Por esta razón, éste ha violado el derecho a la tutela judicial. Y sin que en defensa de su posición pueda argüirse que la Constitución no se aplica retroactivamente.

Por tanto, esas pruebas deberán tramitarse por el Tribunal Supremo y del resultado de las mismas habrá que deducir -entonces sí- si hay base suficiente para el recurso de revisión de la sentencia del consejo de guerra. Sólo por eso, que ya es importante, la sentencia de la Sala Primera del Tribunal Constitucional es una referencia para el lento proceso de recuperación de la memoria histórica de la represión.

Marc Carrillo es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Pompeu Fabra.
27/08/2004 09:29 Enlace permanente. Tema: Y digo yo ... No hay comentarios. Comentar.

23/08/2004

FEDERICA MONTSENY: “O matamos nosotros, o nos matan ellos”

federica montseny.jpg"¿QUÉ DE EXTRAÑO tiene que hayamos quemado iglesias? ¿Son controlables las masas desbordadas ante la injusticia y el atropello?"
"TENEMOS LA seguridad de que no se producirán luchas fraticidas que puedan malograr mañana la obra revolucionaria"


La realidad es ésta: un enemigo apoyado internacionalmente por potencias fascistas. Frente a este enemigo, un pueblo valiente, un pueblo entusiasta, un pueblo que, además de luchar contra el fascismo, comprende que ha sonado la hora de las grandes transformaciones sociales y que construye sobre la marcha. Junto a este pueblo, dos naciones unidas en la lucha a favor del proletariado español. El enemigo, armado y apoyado internacionalmente por esa farsa de neutralidad, ha conseguido algunas victorias; y aunque no las hubiera conseguido, ha concentrado su esfuerzo máximo en la conquista de Madrid, que representa para él la legalidad de la insurrección facciosa y para que los países legalicen su existencia de gobierno faccioso.

Es preciso que todo el pueblo de Catalunya, es preciso que Barcelona y España entera, que tienen la seguridad de la victoria por su heroísmo y energía y además por el apoyo de todo el mundo antifascista, se una en un esfuerzo máximo para batir de una vez para siempre esta intentona suicida.

Abordaré también con resolución otro de los aspectos del problema: hasta hoy, la revolución ha sido identificada con un sentido un poco frívolo. Pasadas las heroicas jornadas del 19 y 20 de julio, pasado este momento en que Barcelona supo conquistar los reductos en que se habían atrincherado los facciosos, se ha sucedido un momento de calma. Es preciso que todos se reintegren a la gran obra revolucionaria, impuesta por las circunstancias. Es preciso que termine este momento frívolo, en que los momentos se aprovechan viviendo lo mejor posible y preocupándose lo menos posible.

Tenemos la seguridad absoluta de que no se producirán entre nosotros luchas fratricidas que puedan malograr mañana la obra revolucionaria. Estamos aquí reunidos UGT, CNT, FAI y PSU; están aquí escuchándonos representantes de todos los partidos republicanos, desde los más extremistas a los más moderados, unidos en el mismo sentimiento que ha levantado al pueblo español contra el fascismo, ante la convicción clara de que el fascismo representaba la anulación de todos los derechos elementales conquistados por el pueblo. La España militarista, de clérigos, de pollos bien, de cocotas aristocráticas y burócratas, que ha arrastrado siempre su roña, sus piojos y sus vicios..., frente a esta España vieja y muerta se levanta la España nueva: la España del trabajo y de las organizaciones obreras conscientes de su misión y pleno espíritu de responsabilidad, para forjar sus destinos. ¿Era posible esto? ¿Sería posible esta reconstrucción, esta autocreación de España, sin que estuviéramos unidos de una manera lógica?

Hemos aspirado constantemente, UGT y CNT, a conseguir esta unidad sagrada, unidad a la cual no va unida solamente la victoria contra el fascismo, sino también la reconstrucción de España. Se necesitaba una revolución, que no se hizo el 14 de abril y la hacemos ahora. Esto no podrá conseguirse por los cauces legales. Los compañeros socialistas se habrán dado cuenta y por esto se lanzaron a la calle, a la lucha, y a nosotros los anarquistas también nos ha enseñado la experiencia que no era posible una transformación si no nos poníamos frente a los órganos del poder; esto han debido reconocerlo todos. Lo hemos reconocido y sostenido siempre. Hoy, en realidad, las diferencias ideológicas que nos separaban han desaparecido, por cuanto nosotros hemos aceptado los hechos consumados, que nos obligaban a tomar parte en la dirección del país; de los hechos que demostraban que sin la unión de las masas no podía insinuarse en España el socialismo.

Quisiera, camaradas; quisiera, trabajadores; quisiera, mujeres antifascistas, quisiera que todos vosotros os dierais cuenta de lo que nosotros somos en este instante para el mundo entero. Individualmente considerados, somos seres ni más ni menos que los otros; somos, en una palabra, hombres y mujeres condenados a ver transcurrir su vida, como transcurre la de los animales; pero, colectivamente, ¿sabéis lo que somos como pueblo enfrentado no sólo contra el fascismo interior, sino también contra el exterior? ¿Sabéis lo que es España con su lucha heroica, con su combate incesante? Si el fascismo triunfara en España, pronto esta Francia que tan poca solidaridad nos ha prestado, y que es una ofensa para España, pronto esta Francia sería víctima del fascismo, y lo sería también el pueblo belga. Por lo tanto, es necesario presentar esta unión a los ojos del mundo como un ejemplo para el triunfo de la clase trabajadora.

Si vemos fijos en nosotros los ojos afiebrados de todos los trabajadores; si nosotros representamos la esperanza de la resurrección espiritual democrática; si nosotros representamos esto, nuestra vida individualmente considerada no tiene importancia alguna; tiene importancia grandiosa nuestra existencia como colectividad y como pueblo, como nación rebelde colocada frente al fascismo internacional, en defensa de los derechos del hombre, continuadora del espíritu de la revolución rusa. Como colectividad y pueblo, nosotros lo somos todo, y a ello sometemos nuestra existencia individual. Si cada uno de vosotros sintiera desintegrarse, crecer dentro de sí mismo, este sentimiento de responsabilidad, estoy segura de que aunque nos faltaran las armas y la solidaridad internacional integrada por Rusia y México, tengo la seguridad, repito, de que hasta inermes venceríamos al fascismo. La victoria y el triunfo lo conquistan siempre los pueblos cuando quieren. Cuantos hayáis leído la revolución francesa, sabréis que para tomar la Bastilla fue preciso llenar los fosos de cadáveres; y cuando estuvieron llenos, el pueblo entró como un alud en la Bastilla, que no pudo resistir su ímpetu formidable.

¿Sabéis lo que ha sido la entrada de los fascistas en las poblaciones, valiéndose de los moros que han traído a España y de los soldados del Tercio, presidiarios reclutados en todas las penitenciarías del mundo? Pues sabed que en Villafranca de Bidasoa entraron los fascistas tras una lucha de muchas horas; ¿y sabéis lo que hicieron con una muchacha de quince años? La cogieron, la violaron, la crucificaron y, pareciéndoles poco, un mercenario le clavó la navaja en las partes, abriéndola hasta la barbilla. ¿Sabéis lo que hicieron con un compañero las bestias del requeté? Le cogieron, le torturaron, le mataron, le despedazaron y lo mandaron en una caja a los milicianos de Irún. ¿Sabéis lo que hicieron los fascistas en La Coruña al camarada Villaverde? Pues le prepararon una muerte digna de Vercingétorix; después de haberle fusilado, lo ataron a la cola de un caballo y lo arrastraron por las calles del pueblo. Otro ejemplo del sadismo de estos canallas: vivía en Ceuta un naturista, Miguel León; muchos de vosotros lo c