Nueve hombres y una mujer de Pajares de Adaja que fueron fusilados en el verano de 1936 durante la Guerra Civil -Ángel Maroto Sáez, Antonio García Martín, Celestino Puebla Molinero, Emilio Caro García, Gerardo Ruiz Martín, Pedro Ángel Sanz Martín, Román González Enríquez, Valerico Canales Jorge, Víctor Blázquez del Oso y Flora Labajos Labajos-, serán homenajeados el sábado. Después de 68 años de olvido, sus cuerpos serán enterrados en el cementerio de la localidad, aunque solo se han encontrado algunos huesos de las seis personas que murieron en Aldeaseca. El acto, que lleva preparándose desde el año pasado y al que acudirán familiares, historiadores y representantes de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Valladolid (ARMH), no se ha celebrado hasta que no han finalizado las excavaciones e investigaciones que se estaban llevando a cabo para identificar las fosas y los cuerpos sepultados en ellas.
Las primeras exhumaciones se llevaron a cabo en Aldeaseca, donde se encontraron los cuerpos de una mujer y seis hombres, vecinos de Pajares de Adaja, que fueron fusilados el 20 de agosto de 1936 y arrojados a un pozo. Sin embargo, tan solo se han encontrado algunos pequeños huesos de manos y pies, un cráneo muy fragmentado, algunas minas de lápiz pertenecientes a los dos tenderos y un dedal de la mujer; el resto de los cuerpos fueron trasladados al Valle de los Caídos. Otras tres personas murieron en circunstancias similares en Barromán y las localidades segovianas de Melque de Cercos y Martín Muñoz de las Posadas, aunque sus restos no han podido ser identificados.
Problemas para identificar los cuerpos
Las cunetas, tierras de labor y hasta los cementerios civiles han custodiado durante años los cuerpos de los muertos de guerra. Según Juan Luis González Robledo, nieto de uno de los fallecidos y concejal en el Ayuntamiento de Pajares de Adaja, “el cuerpo del hombre que estaba enterrado en Melque de Cercos en una fosa junto a otras personas debería haber aparecido íntegro, teniendo en cuenta las indicaciones de algunos testigos que aseguraban que la sepultura no se había tocado, pero al comenzar las excavaciones se encontró un osario y todos los restos estaban mezclados”.
También en Barromán se han realizado algunas catas en una cuneta, pero la ampliación de la carretera ha complicado la búsqueda de unos restos que pudieron quedar sepultados bajo el asfalto o esparcidos por la superficie colindante al remover el terreno.
Del mismo modo, en Martín Muñoz de las Posadas se ha identificado una fosa en la que fue enterrado un hombre natural de Pajares, aunque la zona ha sido arada y sembrada de pinos y los huesos no han sido encontrados.
“Lo que se pretende es recuperar no solo los cuerpos, sino también la memoria de estas personas, dar a conocer las circunstancias en las que murieron y cerrar un capítulo de la historia y las heridas que están abiertas desde entonces”, ha asegurado González Robledo.
María Cuenca
Ávila Digital